Los 98 procesamientos dictados esta semana por el ministro de fuero Víctor Montiglio hablan de la magnitud de la organización detrás de la Operación Colombo, que terminó con el asesinato y desaparición de 119 opositores a la dictadura de Pinochet. Pero en la decisión judicial faltan actores: la prensa y el hombre que orquestó la campaña de desinformación, Álvaro Puga, así como los periodistas y miembros de los organismos de seguridad argentinos que participaron activamente en el más masivo de los asesinatos políticos de esa época.

Los 98 procesamientos dictados esta semana por el ministro de fuero Víctor Montiglio hablan de la magnitud de la organización detrás de la Operación Colombo, que terminó con el asesinato y desaparición de 119 opositores a la dictadura de Pinochet. Pero en la decisión judicial faltan actores: la prensa y el hombre que orquestó la campaña de desinformación, Álvaro Puga, así como los periodistas y miembros de los organismos de seguridad argentinos que participaron activamente en el más masivo de los asesinatos políticos de esa época.
El 24 de julio de 1975 los chilenos se encontraron en los kioscos con titulares sangrientos: “El MIR asesina a 60 de sus hombres en el exterior” (La Tercera), “Identificados 60 miristas ejecutados por sus propios camaradas” (El Mercurio), “Sangrienta pugna del Mir en el exterior” (Las Últimas Noticias) y el emblemático “Exterminados como ratones” (La Segunda).
Los cuatro diarios dejaban impresas para la historia el sinnúmero de mentiras fabricadas para ocultar la Operación Colombo, la misma por la que esta semana el ministro de fuero Víctor Montiglio procesó a 98 personas por su responsabilidad en el asesinato de 119 opositores a la dictadura de Pinochet.
Pese al casi centenar de personas imputadas, el juez no se adentró en el rol de la prensa de aquellos días, que fue clave para conseguir el “éxito del plan”. De esa historia se hizo cargo hace dos años el Tribunal de Ética del Colegio de Periodistas, que en un fallo de 35 páginas estableció quiénes redactaron y publicaron esas informaciones falsas, decretando sanciones.
El sumario estableció responsabilidades de los entonces directores de El Mercurio, René Silva Espejo, y La Segunda, Mario Carneyro, aunque ambos fueron declarados inimputables por haber fallecido. También se sancionó con censura pública y suspensión de seis meses de colegiatura a los ex directores de Las Últimas Noticias, Fernando Díaz Palma, y La Tercera, Alberto Guerrero. Además, se sancionó a la periodista de El Mercurio, Beatriz Undurraga con tres meses de suspensión. A la autora de este reportaje se le amonestó por no declarar en el proceso.
Si bien el sumario se remite al momento culmine de la operación, ésta comenzó antes, con una noticia publicada por los diarios La Tercera, El Mercurio, Las Ultimas Noticias y La Segunda el 12 y 13 de junio de 1975, días de toque de queda, de autos sin patente que recorrían calles y casas capturando ciudadanos que luego desaparecían. Días de terror.
“Extremistas chilenos se adiestran en Tucumán”, fue el título de uno de los matutinos. Otros despachos provenientes de Argentina dieron cuenta en los días siguientes de nuevos movimientos de ese ejército insurgente que se aprestaba a cruzar la cordillera para derrocar a la Junta Militar. Y entre medio de esa información destinada a infundir terror entre aquellos partidarios de la dictadura que comenzaban a manifestar sus críticas por la violencia extrema de la represión, se deslizaba otro contrabando que preparaba el golpe mayor: “Se destacó también que entre los extremistas hay gran cantidad de elementos del Mir y otros grupos marxistas que públicamente figuran como desaparecidos” (La Tercera, 13 de junio).
Otro supuesto despacho de la Cancillería argentina, difundido por Reuters Latin, informaba el 16 de junio: “Gendarmería argentina cerca a guerrilleros” en los alrededores de la frontera.
Hasta que el 24 de julio se publicaron los titulares que encabezan este reportaje y que daban cuenta de un ajusticiamiento dentro de las filas del Mir en el exterior.
Durante varios días se destacó que por todos los muertos se habían presentado recursos de amparo, “lo que demuestra la mentira que los marxistas han fabricado sobre la acción de los servicios de seguridad”.
Sólo un dato entregado por la prensa era verídico: los 119 chilenos que aparecían como abatidos por sus camaradas figuraban con recurso de amparo, en los que se entregaban datos y pruebas de cómo habían sido detenidos y hasta la dirección de la cárcel secreta donde se les vio por última vez con vida. Pero los jueces sin más trámite los rechazaban con sólo anexar el informe del Ministerio del Interior en que se negaba la detención.
La desesperación invadió a los familiares y amigos de los 119 chilenos allí nombrados. Golpearon cientos de puertas intentando que alguien escuchara y examinara las pruebas que demostraban que sus seres queridos estaban presos en Chile en alguna cárcel secreta. Fue inútil.
También en las cárceles y campos de detención, entonces repletas de prisioneros políticos, se vivieron momentos de dura tensión. Muchos prisioneros habían sido testigos de las brutales torturas a que gran parte de los 119 chilenos supuestamente asesinados por sus propios compañeros en Salta, Argentina, habían sido sometidos en las cárceles de la Dina. La huelga de hambre, encabezada entre otros por el encarcelado periodista José Carrasco (asesinado en 1986 por un comando de la CNI), tampoco provocó ni una sola reacción de la justicia.
Grafica el clima que se vivía esos días el relato que hizo ante el tribunal del Colegio la entonces dirigente de los familiares de las víctimas, Alicia Lorca, ante el tribunal del Colegio de Periodistas: “Pedimos la entrevista con el director del diario El Mercurio. Nos recibieron muy amablemente, y cuando le dijimos al director a lo que íbamos, se puso tan furioso que nos echó a grito pelado. Con decirle que mucha gente que estaba en el edificio salió a ver lo que pasaba. Tuvimos que bajar corriendo la escalera porque incluso nos amenazó con hacernos sacar con la guardia”.
Tampoco les aceptaron una inserción pagada. No había posibilidad de que se supiera la verdad.
O’Día y Lea: un milagro editorial
Las fuentes de la información difundida fueron el diario Novo O’Día de Curitiba, Brasil, que el 25 de junio informó del asesinato de 59 militantes del MIR –y daba los nombres- en “enfrentamientos con fuerzas del gobierno argentino en Salta”; y la revista Lea de Buenos Aires del 15 de julio, que entregó otra nómina de 60 “extremistas chilenos eliminados por sus propios compañeros de lucha”.

Deberían pasar más de 10 años para desentrañar el misterio de O’Día, un antiguo diario de Brasil que sólo reapareció el 25 de junio con el único objetivo de hacer pública la nómina de los 59 extremistas “asesinados” por sus compañeros.
En agosto de 1992, la autora de esta crónica con una investigación en mano concurrió a las oficinas de la Intendencia metropolitana donde se desempeñaba como jefe de Comunicaciones Gerardo Roa, quien en democracia seguía ocupando el mismo cargo que en dictadura. No le quedó más remedio que asumir que efectivamente él había sido el hombre que negoció la reaparición de O’Día, y que las instrucciones, así como la nómina de muertos, se las había entregado Manuel Contreras.
Lo primero era cierto, lo segundo, no. Porque quien le entregó el artículo que saldría publicado fue Álvaro Puga, director de Asuntos Civiles de la Junta Militar y jefe de Operaciones Sicológicas de la Dina.
Lo anterior fue publicado en el diario La Nación (13 de agosto de 1992), pero Roa continuó por largo tiempo en su sillón en la Intendencia.
En cuanto a Lea, su edición en la que figura como director Juan Carlos Viera, fue editada por Codex, dependiente del Ministerio de Bienestar Social de Argentina, cuyo titular era José López Rega, el jefe del grupo paramilitar “Triple A” que ya por esos días comenzaba a dejar un balance de muertos en el vecino país. También esa edición de 20 mil ejemplares fue la única. Nunca más salió a los kioscos.
El nombre de esta operación así como los detalles de su planificación en el exterior se hallaron en el archivo secreto de la Dina que conservaba su agente en Buenos Aires, Enrique Arancibia Clavel (condenado a prisión perpetua por el crimen del general Carlos Prats y su esposa, pero hoy en libertad condicional) y que la autora de esta crónica hallaría en los archivos judiciales de ese país en 1986. Fue por esos documentos que se supo que la Dina había bautizado a ese crimen masivo como “Operación Colombo”.
En esos papeles está la copia del oficio N° 3 del 16 de mayo de 1975 enviado por Arancibia Clavel desde Buenos Aires al cuartel central de la Dina en Santiago: “Caso Colombo: Vicente me informó que Interpol Argentina envió todos los antecedentes como se habían solicitado el viernes 9 de mayo por vía aérea. Con esa información y previo consentimiento de COPIHUE SANTIAGO el operativo publicidad comenzará utilizando los servicios de Carlos Manuel Acuña, director de la Agencia periodística Prensa Argentina y también periodista del diario La Nación de Buenos Aires. Se tiene contactado un servicio de recortes de diarios para este caso”.
Allí estaba el nexo de Arancibia y de la Dina con Interpol y con los grupos ejecutores para hacer aparecer en esos días cuerpos atrozmente quemados como sin fueran chilenos asesinados por el Mir, cuyas fotografías también guardaba Arancibia en su archivo y cuya identidad aun se desconoce.
Pero faltaba otro protagonista clave. En otros oficios que Arancibia despacha a Santiago, está el detalle. Para la confección de las fichas de extranjería falsa que probaban el paso de los 119 chilenos a la Argentina se contó con la ayuda de Héctor García Rey, entonces subsecretario de Seguridad Interior y posteriormente hombre de confianza del ex presidente Carlos Menem. Y en un acápite especial estaban también hojas manuscritas con los nombres de los 119 chilenos agrupados detrás de cada paso cordillerano por donde se les haría aparecer cruzando la cordillera.
Todo aquello fue coordinado por el entonces jefe del Departamento exterior de la Dina, coronel Raúl Eduardo Iturriaga Neumann.

En Chile, el hombre encargado de orquestar la difusión de la información relativa a Colombo fue Álvaro Puga. Así lo probó el sumario realizado por el Colegio de Periodistas al recibir los testimonios de los periodistas que redactaron las informaciones de esos días y que dan cuenta de que Puga la entregó en el propio edificio Diego Portales, donde funcionaba la Junta Militar. Por esos días, además de trabajar junto a Pinochet y a Manuel Contreras, Puga escribía columnas en La Segunda, las que firmaba con el seudónimo de Alexis.
Todavía se hace llamar de esa forma algunas veces en Despierta Chile, el sitio web ultrapinochetista que dirige hace algunos años. Su discurso no ha cambiado ni un ápice. Hace tres años dio una entrevista a The Clinic y repitió una versión sobre los desaparecidos que a estas alturas suena a ciencia ficción: “Muchos de ellos murieron en combate. Según lo que dicen los militares”.
Así lo ven treinta años después
Uno de los elementos mas reveladores del sumario del organismo gremial es la transcripción de las versiones entregadas por distintos periodistas requeridos.
El sancionado Fernando Díaz Palma, entonces director de Las Últimas Noticias, reconoció que fue una operación y un fraude. “30 años después hemos venido a escuchar muchas cosas de lo que estaba pasando… Muertos, desaparecidos, desenterrando gente… Claro, si nosotros hubiéramos podido o hubiésemos sabido esas cosas las habríamos tenido que investigar sin perjuicio de correr riesgos… Faltó haber cubierto las cosas y haber hecho las investigaciones propias”.
Mirando hacia atrás, Alberto Guerrero, director de La Tercera de la época, declaró: “A lo mejor habría preferido tener más alma de héroe y habérmelas jugado pero con el ambiente que vivíamos…, no sé, uno tiene familia, cuida su fuente de trabajo… Con la perspectiva del tiempo a lo mejor diría me da lo mismo jugármela y que pase lo que pase”.
El actual editor de servicios informativos de El Mercurio y entonces subdirector de La Tercera, Héctor Olave, también reflexionó sobre los tiempos que se vivían. “La pregunta es por qué se publica y por qué no se constata, por qué no se “chequea”. Y hay que estar haber viviendo en aquellos años…. No era tan simple la cuestión”, declaró.
John Dinges: revelaciones sobre Álvaro Puga
Uno de los testimonios más gravitantes del sumario del Colegio de Periodistas fue el del codirector de CIPER, John Dinges. Estaba en Chile en esos días y hasta 1978 como corresponsal del Washington Post, las revistas Time y Latin America Press y la radio ABC.
“A fines de julio de 1975 viajé a Buenos Aires con amplia documentación sobre el caso de los 119 y el resultado de mi investigación periodística. Con mi jefe de Time, Rudolf Rauch, consideramos que era demasiado peligroso escribir sobre el caso desde Chile, por lo que Rauch me pidió viajar a Buenos Aires.
Mi investigación demostró la falsedad de las noticias aparecidas en Chile, basado en Lea y O’ Día, y que las personas nombradas en las listas habían desaparecido en Chile. El primer reportaje salió en Time, sin mi firma. Después, escribí un reportaje más completo en la revista National Catholic Reporter, bajo el seudónimo “Ramón Marsano”. En ese ultimo, hablo de la actuación de Álvaro Puga como uno de los responsables de la elaboración del plan y distribución del material tanto a los órganos de prensa argentina y brasileña como a periodistas en Chile.”
“En los dos años posteriores tuve oportunidad de conocerlo y de confirmar su trabajo en la Dina. La primera vez fue en 1977. Puga ejercía funciones de supervigilancia a los corresponsales extranjeros y me citó a su oficina para presentarle oficialmente a Karen DeYoung, corresponsal jefe para América Latina del Washington Post. Yo ya había tenido problemas serios con el gobierno: en febrero de ese año, me había decretado la expulsión por supuestos “actos contra Chile”. Por intervención del embajador norteamericano David Popper, el decreto fue dejado sin efecto. Popper, según cables desclasificados que tengo en mi poder, argumentó en dos conversaciones confidenciales con el entonces ministro de RR EE que semejante acción en mi contra causaría graves problemas a Chile con EE UU. Así que cuando meses más tarde fui a ver a Puga con la señora De Young, este me ordenó entrar en su oficina a solas. Allí me dijo que fue un error que el gobierno no pudiera expulsarme porque mis trabajos periodísticos eran anti-chilenos. Más o menos textualmente dijo que, como no me pudieron echar, tampoco me podían proteger, y que andaban ‘muchos terroristas’ por las calles que me podían atropellar mientras caminaba.
“A través de los años, por mis investigaciones para los dos libros que he escrito sobre las dictaduras en Chile y en el Cono Sur, pude saber más sobre Álvaro Puga y su ligazón con Dina, de su trabajo en el departamento “psicológico” y directamente con Manuel Contreras. Más recientemente he descubierto documentos secretos que también establecerían una ligazón entre Puga y los trabajos internacionales de Dina, especialmente relacionados con Argentina.”

¿El próximo paso sería los dueños de los medios?
Los periodistas que escribieron los citados artículos, lo hicieron de voluntad o fueron presionados por los directores o propietarios de los medios aludidos . Por analogía con lo que ocurrió en las FF.AA y de Orden , que hubiera pasado si sencillamente los periodistas se niegan a publicar lo que se les ordena. Los temas se deben abordar sin tanta pasión , ya que muchas veces por el temor al desempleo , periodistas publicaron cosas en contra de su voluntad , distinto es haberlo hecho con voluntad y sabiendo que todo era una falsedad o porqué eran miembros de servicios de inteligencia y parte de su trabajo, consistía en la publicación.
Gracias Mónica ojala estos "periodistas" hubieran sido como usted y no complices de la dictadura. Esperemos que sus conciencias les recuerden sus crimenes.
A propósito del comportamiento de tales medios, reproduzco mi comentario sobre ellos ya publicado anteriormente: "S.O.S. Ciudadano Al margen de que aún no hayamos alcanzado una democracia en serio, en que se dé el gobierno de la mayoría y no el cogobierno de aquélla con una minoría sobre representada -merced a una institucionalidad ad hoc legada por la Dictadura y cuya llave maestra es el antidemocrático sistema binominal-, hay que recordarle a nuestra autocomplaciente y extraviada clase política que tampoco resultará posible una situación de Estado de Derecho y democracia plena mientras no exista un verdadero pluralismo en un escenario de la más amplia libertad de prensa, lo que estamos muy lejos de cumplir. Como bien destaca el investigador norteamericano Ken Dermota en su trabajo traducido al castellano como “Chile Inédito” (Ediciones B Chile S.A., 2002), mientras en Estados Unidos (así como en las principales democracias occidentales) la libertad de prensa y el pluralismo constituyen basamentos fundamentales e imprescindibles de la democracia y el Rule of Law, en nuestro país, en cambio, se los considera como “la guinda de la torta”, i.e., como un plus deseable, pero que no representa un pre requisito o conditio sine qua non de la democracia. Quisiera destacar aquí lo que a mí me significa la pobreza extrema de nuestra prensa duopólica de derecha, a la que he motejado en varias ocasiones como la más pobre del Continente Americano, con la sola excepción de Cuba, como una forma de ejemplificar desde un punto de vista muy personal, conocido por experiencia propia, el grave problema de falta de pluralismo y libertad de prensa que sufrimos en esta democracia de mentira o Transición eterna en que vivimos prisioneros desde 1990. Puedo testimoniar que sufro de dicha situación de pobreza en forma muy directa a través del rechazo permanente para mis envíos de comentarios a los diversos medios nacionales. Efectivamente, no obstante haber dirigido siempre simultáneamente dichos comentarios a todos los diarios impresos de Santiago (salvo La Cuarta), junto a otras publicaciones periódicas y a El Sur de Concepción, es éste el único diario que, de vez en cuando, publicaba mis cartas (cosa que ya no ocurre), aunque casi siempre reducidas a no más de un tercio de su extensión original. También han acogido mis envíos las publicaciones periódicas El Periodista, Punto Final y The Clinic, lo que agradezco. En El Mercurio de Santiago, hace ya siete años que no se me publica nada, no obstante haber reclamado en forma explícita por ello en varias ocasiones, sin siquiera recibir un acuse de recibo al respecto. Como buena prueba de la grosera censura que sufro en dicho medio, puedo agregar que el desaparecido Diario Siete, durante su corta existencia de poco más de un año, me publicó más de 50 cartas, todas las cuales, fueron simultáneamente enviadas a El Mercurio (de hecho, varías de ellas daban respuesta o se referían a cartas o artículos publicados por dicho diario), así como al resto de los medios mencionados, sin que el decano publicara ninguna. Lo más exasperante de esta situación, es que no tengo explicación alguna de esta actitud discriminatoria hacia mí de parte de “la Tribu”, y sólo puedo especular acerca de un capricho de nuestro Rupert Murdoch criollo, lo que dista de ser un consuelo. Lo que sí hay que reconocer es que en El Mercurio se da una singular esquizofrenia editorial entre su versión impresa y el blog, donde se brinda amplia acogida a las más variadas opiniones. Ello, en tanto no critiquen a la primera o al blindado Hermógenes Pérez de Arce, cuyas panfletarias monsergas pinochetista de los días miércoles, en las que semanalmente insulta a medio mundo, hace años que sólo trasuntan senilidad y decadencia. En el caso del diario La Nación, éste tampoco me publica nada desde hace años, pese ha haber reclamado el año 2006 directamente ante Jorge Olave por recomendación de Felipe Portales, sin resultado alguno. Lo último que recuerdo publicado, eran cartas que decían relación con el caso Spiniak y sus protagonistas, tales como Longueira y el abogado Espejo (el mismo que pretendió ser nombrado Fiscal Nacional). Ello coincide con el término de la dirección de Alberto Luengo en La Nación, quien entiendo fue despedido por presión de la UDI, en uno más de los tantos actos de amedrentamiento que abundaron durante dicho período. La Tercera no recuerdo que me haya publicado nunca una carta, con excepción de una de ya muy antigua data, en que sugería, entre otros aportes a nuestra Transición, negociar con el Gobierno de Su Majestad británica el destierro de Pinochet en Santa Elena, para beneficio y satisfacción de todas las partes involucradas, incluido el ex dictador. Las Últimas Noticias, en tanto, me ha publicado muy esporádicamente una que otra carta. Como le ha de constar a cualquiera que haya leído páginas web como (hace tiempo desaparecida), , , elmostrador.cl> o (también desaparecido como blog), la ausencia de mis cartas en la prensa nacional, no tiene su explicación en que yo no las escriba. Finalmente, pregunto: ¿es que no hay nadie entre nuestros representantes que pueda influir en alguna forma para poner fin a esta situación de censura de que doy cuenta, si no en el duopolio El Mercurio-Copesa, al menos en el diario La Nación?; ante tal situación de miseria periodística, ¿cómo puede nuestro actual Gobierno, a través de su Ministro de Economía, tener el desparpajo para afirmar que se dispone a pedir la nulidad del fallo de CIADI -cuyo cumplimiento conllevaría la anunciada aparición de un nuevo medio que nos signifique un mínimo de pluralismo- "por una cuestión de principios"? Rafael Enrique Cárdenas Ortega.".
Sorprende la parcialidad del articulo, la falta de rigurosidad que uno siempre espera en un equipo periodístico, que sea capaz de colocar los hechos en el contexto histórico que se vivía, con un terrorismo organizado que mataba a mansalva también a victimas inocentes con bombas en la vía publica. Se transforman en un instrumento mas de la parcial y falsa información que la izquierda se ha encargado de difundir contando su propia verdad de un periodo complejo de nuestra historia. Que pobreza de recursos, cuanto espera este país un periodismo mas objetivo, es una nueva desilusión que contribuye a la "mentira organizada" que coloca a los próceres "democráticos" de hoy, antiguos seguidores de la dictadura del proletariado, como amantes de la pluralidad y de la libertad. No justifico las acciones de exceso cometidas, solo pido un poco mas de ecuanimidad de quienes tienen la enorme responsabilidad de difundir y analizar el pasado y sus enseñanzas para sacar las experiencias necesarias en el presente
Es increible que a casi 40 años del Pronunciamiento Militar, se continue con el desfile de militares por los Tribunales de Justicia o es decir Tribunales de Injusticia y Corrupción, hasta cuando vamos a continuar y que psa con los que undiron a este país en los 70, hasta cuando los jueces van a saltar acorde con el Gobierno de turno, los que en los últimos años han ido de izquierda y de extrema como el actual, hay que recordar qu nos esta gobernando una ex mienbro de un grupo terrorista y que fun los causante de un grn número de victimas en este país, de eso se olvidan los jueces y no lo investigan. lo mejoes que de una vez por todas se termine con este show qe lo único queestn tratando de lograr, es sacar mas plata de lo que ya obtenido.
Lo que resulta en verdad increible es que a veinte años del triunfo del NO y la derrota de la dictadura en el plebiscito de 1988, con el exdictador ya muerto, al igual que su ideólogo, Jaime Guzmán, sigamos regidos por la institucionalidad autoritaria que nos impuso aquel régimen de facto y que creíamos haber derrotado en aquel acto cívico ejemplar de participación ciudadana. No es presentable ni decente y resulta completamente irracional e incomprensible en el concierto internacional de las democracias representativas, seguir prisioneros del legado institucional que nos dejaron dos finados de siniestra memoria.
Querida Mónica Gonzalez, no se que edad tienes, pero por tu lenguaje te imagino muy joven. El problema con tu falta de objetividad es el tinte político con el que escribes. Estoy de acuerdo con el comentario de Roberto Ramirez. No puedes escribir en forma objetiva si sólo tomas en cuenta un lado de la historia. Este es el problema con ustedes los periodistas cuando abrazan un color político, que les falta objetividad para presentar los hechos a la luz del contexto en que sucedieron, o mas bien dicho a la falta de luz en que ellos ocurrieron. Para los que vivimos los tres años de la UP, y posteriormente el golpe de Estado, sabemos que lo menos que se decía era la verdad. Debo recordarte que el golpe de Estado ocurrió porque CHILE ESTABA QUEBRADO EN TODOS LOS SENTIDOS. Todas las instituciones estaban intervenidas políticamente. El quiebre político, social, económico y moral era total. Las divisiones eran tales, los odios, los deseos de venganza lo oscurecían todo, y de este pasado debieran hacerse cargo todos los actores políticos de la época. Estos odios, este quiebre moral eran tan patentes que no sólo los políticos hacían cosas malas. Si tu vecino o tu compañero de trabajo te caia mal, bastaba que le inventeras algo y lo llevaban detenido. De este modo pagaron muchos inocentes que no tenían ninguna culpa. En esos dias no podías no estar de acuerdo. Por otra parte tu misma admites el poder de la prensa cuando se colude con el poder gobernante del momento, y calla porque no puede o no le conviene decir la verdad. En las dictaduras, sean de derecha o de izquierda no puedes ser dicidente, no puedes estar en contra del régimen establecido. Aun hoy en esta seudodemocrácia o democrácia en pañales, los medios de comunicación pintan la verdad con su tinte político favorito y entonces es una verdad a medias. Ningún actor político reconoce su responsabilidad en los hechos que oscurecieron nuestra historia reciente de 40 años. Todos son blancas palomas, el culpable es el otro, cada cual se considera mejor que el otro, y la mayoria de los periodistas les hacen el juego por desgracia.
Trato de no leer artículos. Conocer los detalles de lo que paso, deja una depresión de varios días, hasta que la cotidianeidad te obliga a suavizar la memoria. Lo dicho por los periodistas involucrados en este fraude, es verdad; "...pero con el ambiente que vivíamos…" " ...viviendo en aquellos años..." Pero sin ser periodista, supongo que si no se pueden constatar los hechos por la razón fuese, no se publica. Y menos con los titulares que se hicieron. Lo que hicieron, no fue cuidar a la familia, fue colaboran con los que estaban cometiendo el crimen. Supongo también, que los Diarios involucrados tienen alguna responsabilidad ética consigo mismos y hacia sus lectores. Me disculpo si me equivoco, pero no vivo en Chile, y no he sabido de ninguna disculpa publica, y menos hecha en la magnitud en que colaboraron con el fraude. The new Republic hace algunos años atrás descubrió que uno de sus periodistas inventaba gran parte de sus artículos. La revista hizo una investigación, publico una lista de todos los artículos involucrados, e hizo un mea culpa. Ahora, ninguno de esos artículos estaba relacionado a muerte, tortura, ni nada parecido. La soberbia de los que dirigen estas instituciones tiene una consecuencia terrible, que es colaborar a que aun allá gente que piense y justifique lo injustificable como personas que ha escrito comentarios sobre este articulo. Mostrar arrepentimiento ante la gravedad de los hechos ayudaria enormemente a que la gente pensara distinto. Salí del país recientemente y no por razones políticas, para que no se me descalifique de entrada. Y me siento aliviado de no vivir en Chile, porque el caminar junto a directores, editores, periodistas de esos medios, y gente con una soberbia que da susto, y que siguen diciendo barbaridades ante cualquier hecho, da miedo.
detengan a este mundo loco, que me quiero bajar. los que hicieron esta carniceria son las pobres victimas y los que murieron injustamente son los malos, porque quien dice que fueron juzgados.
Periodistas que creía objetivos, han demostrado que no lo son , los periodistas investigativos son transparentes y buscan la verdad , pero la verdad objetiva y no la que sirve a determinados grupos.
Roberto Ramírez, Antonia y Cía., opinen y defiendan a la dictadura con toda su añeja retórica...nadie los matar como ratones.
Hice mi seminario para optar la título de periodista sobre la Operación Colombo, cuestión en la que me mantuve ocupado durante un año. Realicé una amplia investigación periodística, entevisté a muchas personas, hice una completa revisión del material bibliográfico y hemerográfico relativo a este caso, incluso, conversé con la periodista Mercedes Garrido, ex editora del diario La Segunda, a quien se sindica como autora intelectual del emblemático titular "EXTERMINADOS COMO RATONES", en fin, me lo tomé en serio. Mi tesis se titula "Estudio de la estrategia de los diarios El Mercurio, La Segunda y La Tercera en la Operación Colombo". Un selecto grupo de profesores de la Escuela de Periodismo de la USACH - sin militancia política alguna y con vasta experiencia académica - calificó este trabajo con nota máxima 7.0; lo mismo que mi examen de grado. En consecuencia, puedo - así lo imagino - hablar con cierta propiedad respecto a este montaje periodístico, el que no sólo se ha convertido en el capítulo más siniestro del periodismo chileno, sino que se sitúa entre los más deleznables de la prensa mundial. Toda una vergüenza. Con profunda humildad, le rogaría a quienes le niegan veracidad a los hechos descubiertos en relación a la Operación Colombo, y justicia y respeto a sus 119 víctimas, que, en primer lugar, se informen, para ello hay suficiente material; y en segundo término, que hagan ese imprescindible ejercicio cartesiano de deshacerse de todo lo sabido, que duden de todo, y luego, se armen su propia opinión, y que no continuén con esa gabela tan invalidante de la autocompasión. Soy periodista. A mucha honra. Y me provoca prurito leer tanta impresición. Informarse bien equivale a educarse bien. No vaya a ser cosa que después de treinta años terminemos leyendo en la prensa las disculpas de quienes opinaron a tientas y a locas, sin recabar, analizar y poner en circulación algo más que una primera impresión. Decía un antiguo jefe: "Nunca existe una segunda posiblidad de causar una primera buena impresión". Lo señalo como una reflexión respecto a quienes hoy me suenan como fascistas, a través de sus opiniones mal construidas, irracionales, y hasta, esquizoides. En cambio, me gustaría, aunque fuera un ejercicio lato y estéril, poder, en una segunda vuelta, conocer sus opiniones más sólidas, más informadas, y por qué no decirlo, más cultas y civilizadas. Esto no es farándula. No se trata de unos gramos de silicona de más o de menos, en los pechos de una rubia a la fuerza, se trata de 100 hombres y 19 mujeres que fueron arrancados de "entre nosotros" - según nos relata la periodista Lucía Sepúlveda; se trata, por nombrar sólo a dos ex compañeros de universidad, de Julio Fidel Flores Pérez, 22 años, soltero, estudiante de Ingeniería en Minas (sede Antofagasta), su hermana Arcadia, quien fue abatida en 1981, estudió Periodismo en la U. de Chile y fue editora del periódico El Miliciano, y una de las fundadoras de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos. Julio fue detenido el 10 de enero de 1975 y visto por última vez en Villa Grimaldi…hoy tendría 54 años, y de Hugo Daniel Ríos Videla, 21 años, casado, un hijo, estudió Ingeniería Mecánica. Antonio, para sus seres queridos y amigos, escuchaba rancheras y boleros, también cantaba las canciones de Serrat, fue detenido el 14 de febrero de 1975 y visto por última vez en Villa Grimaldi… hoy tendría 53 años. Ambos tenían sueños, como nosotros; amaban la vida, como nosotros; y, a no mediar la mano de sus asesinos, hoy serían profesionales, como nosotros… De eso se trata, no de mera imaginería de unos otrora derrotados por el fascismo y ahora ufanos triunfadores de la democracia, cuya una misión en la vida es la venganza; no, no es eso; se trata de 119 personas que nos faltan... al final del día. Patricio Araya Periodista, a mucha honra.
Felicitaciones a Patricio Araya Gonzalez por su comentario, y tambien por las excelentes calificaciones al titularse. Lástima que don Guillermo no entendió mi comentario anterior. Mi retórica no es añeja, ni virulenta. En 1972, cuando tenía 15 años deje decreer en la izquierda, porque me di cuenta no practicaba lo que predicaba. Desde esa edad mi pensamiento es profundamente independiente y analítico. No pretendo restarle importancia al artículo de Monica Gonzalez, ni mucho menos desconocer los hechos en que se fundamenta. Viví en calama desde 1969 hasta 1977, y allí tambien sucedieron cosas tan terribles como ésta, las vi de cerca, y por eso le recuerdo a Mónica tener en cuenta los terribles odios y deseos de venganza que se agitaban en esa època. Odios y deseos de venganza que algunas personas aun hoy alimentan, y ello no contribuye a honrrar el sacrificio de todos los que murieron por sus ideales en tan horribles circunstancias. Si la prensa de esa época contribuyó a esconder la verdad de los terribles sucesos, y con ello legitimó tan tremenda mentira, esto debe hacer pensar a los periodistas en la importancia de su rol de comunicadores y presentar los hechos sin matices políticos personales. Reitero mis felicitaciones a Patricio Araya, y ojalá haya mas periodistas como el, que con su lenguaje contribuyan a un periodismo con altura de miras.
Querida Mónica González: Felicitaciones por el artículo. Tengo la cultura suficiente para saber y reconocer quien eres. Ni soñaría darte cátedra sobre periodismo, ni ética, ni valor. Por deformación reviso casi toda la prensa on line. Poco antes de entrar a CIPER visité LUN y su portada era un póster de unas pechugas con silicona. Lo primero que pensé fue: "Vaya, la derecha está apoyando el paro de camioneros, aliados de siempre" (a diferencia de las portadas de LUN durante la revolución pingüina del 2006, que demostraban la inquietud derechista porque les tocaran uno de sus negocios). ¡Y después encuentro tanto pinochetista intentando denostarte por este artículo! ¡Estupendo! están preocupados, asustados quizás, de que exista prensa que no pueden controlar y que además es instantánea masiva y sin fronteras. Bien por CIPER. Un abrazo sincero.
En mi modesta opinión, ellos no dispararon pero si faltaron gravemente a la verdad sobre los deudos y eso es una falta que pudieron reparar hace mucho tiempo y no lo hicieron. Entiendo el temor que les provocaba la dictura, pero pudieron hacer un mea culpa, no lo hicieron y eso es lo que agrava su falta !!! Pudieron dar todo de si para encontrar a los culpables hace mucho tiempo, pero hicieron como el avestruz !! Habían vidas, sueños, esperanzas !! Eso fue pulverizado, solo por pensar distinto ??
""PREOCUPASION"" ES UNA LASTIMA, QUE DESPUES DE CUATRO GOBIERNOS DE LA CONCERTACION, EN ESTE PAIS AUN SE HABLE DE LAS PERSONAS DEL PASADO TANTO DE TENDENCIA DE DERECHA COMO DE IZQUIERDA, CON TANTO ODIO - REVANCHISMO-PIENSO QUE ASI COMO VAMOS VAN A PASAR CIEN AÑOS Y TODABIA VAMOS A ESTAR EN LO MISMO, MAS LASTIMOSO ES NO PENSAR EN EL PAIS QUE LE ESTAMOS LEGANDO A NUESTROS HIJOS, LOS QUE SEGUIRAN ESCUCHANDO HABLAR DE LA - UP- DE LA DICTADURA- DE DERECHA E IZQUIERDA- CONSTRUYAMOS UN PAIS DEL QUE NOS SINTAMOS ORGULLOSOS DE NUESTROS MILITARES Y DE TODA NUESTRA CLASE POLITICA, QUE NO SEA EL TEMA DIARIO EL DE LA CORRUPCION- LA PROBIDAD -LA ETICA -PORQUE YA TODOS ESOS MALES DEL PASADO LOS SUPERAMOS, Y PODREMOS DECIR CON MUCHO ORGULLO SOY ""CHILENO MIERDA""
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