La guerrilla policial y política que se desató para dar con el paradero de Cristián Edwards y luego para capturar a sus secuestradores tuvo varios episodios inéditos. Testimonios de frentistas y de policías que participaron en la operación, además de informes de inteligencia desconocidos, permiten reconstruir las tres hebras que llevaron a la identificación de los autores y el rol principal de “La Oficina” y su informante estrella hasta hoy nunca mencionado en este caso. Una historia que muestra a Carabineros, a espaldas de La Moneda, asesorando al dueño de El Mercurio, detectives sacando de quicio a Agustín Edwards al acusarlo de tener oculto a su hijo en su casa de Lo Curro y a los agentes de la BIOC de Investigaciones llegando hasta las puertas de la casa donde mantenían cautivo al ex ejecutivo de The New York Times.
Vea también:
La historia secreta del secuestro de Cristián Edwards I
La historia secreta del secuestro de Cristián Edwards II: La negociación
Fueron 17 los avisos clasificados de El Mercurio que transmitieron en clave los términos del rescate de Cristián Edwards. Su padre resultó un duro negociador. Agustín Edwards fue asesorado por un ex agente del servicio secreto británico, quien le aconsejaba cuánto ceder. Su primera oferta publicada en el diario fue de US$ 420 mil. La cifra distaba de los US$ 4 millones que le exigían. Las tratativas se tradujeron en un largo regateo que culminó en enero de 1992. Exasperado y presionado por la delicada salud de su rehén, el jefe del comando -”Ramiro”- se comunicó personalmente para lanzar la más dura amenaza. El ultimátum le reportó un millón de dólares. Los cinco meses de cautiverio culminaron con la intermediación del jesuita Renato Poblete y tras una angustiosa grabación en que Cristián Edwards rogaba a su familia que pagara. Según uno de sus captores, llegó a ofrecerles financiar su propio rescate.
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Desde el año 2000 han sido asesinados 49 periodistas en México, ocho están desaparecidos y decenas han recibido amenazas. Según Reporteros Sin Fronteras, es el segundo país más peligroso del mundo para ejercer el periodismo. El primero es Iraq. Hace poco más de tres años, unos encapuchados atacaron el diario El Mañana de Nuevo Laredo, una ciudad enclavada en la frontera norte. El reportero Jaime Orozco Tey, quien aquel 6 de febrero de 2006 cumplía 43 años, resultó gravemente herido de cinco disparos. Quedó en silla de ruedas. Esta es la reconstrucción de un atentado por el que aún no hay ni un solo detenido.
Estados Unidos ha invertido miles de millones de dólares para combatir el narcotráfico a través del Plan Colombia. Pero mientras entrega apoyo militar y financiero para terminar con los cultivos de coca, esta exhaustiva e impactante investigación revela que parte del dinero que busca fomentar siembras alternativas fue entregado a empresas productoras de palma ligadas a narcotraficantes y paramilitares. Los mismos que por años aterrorizaron a los campesinos, asesinando y saqueando sus tierras para después arrebatárselas y cultivar allí miles de hectáreas de palma que funcionaron como una buena pantalla del lavado de dinero.
Si bien el último año registró una baja en la tasa de homicidios en relación a 2006, las estadísticas desde mediados de los noventa han ido en alza. Pero no sólo han variado las cifras, sino también la calidad de los hechos de sangre, que han tendido a ser cada vez más brutales y en su mayoría motivados por situaciones absurdas. En este reportaje, que revisa los casos más emblemáticos y feroces del último tiempo, se da a conocer un ranking del homicidio en las comunas de la Región Metropolitana. La lista es encabezada por Puente Alto, que concentra el 10% del total de los casos en la región.
María Cartagena, ex temporera, cuenta una historia increíble. Luego de convertirse en uno de los rostros en la lucha por los derechos humanos y de pasar 17 años tratando de dar con su hermana Eloísa, se llevó la sorpresa de su vida: en vez de militares o agentes de la dictadura, acá el victimario fue su cuñado.
Karina Delfino, la ex líder de la “rebelión de los pingüinos”, está empeñada en cambiarse de carrera. Su primer año universitario lo pasó en las aulas de Geografía de la Universidad Católica y no le gustó. Por eso, ya decidió que en 2008 tomará la mayor cantidad de cursos de sociología -la profesión que desea seguir- “para que después me convaliden esos ramos”.
En los 13 meses que estuvo a la cabeza del estratégico Ministerio de Defensa, como la segunda mujer en ocupar ese cargo después de la propia Michelle Bachelet, Vivianne Blanlot apreció innumerables síntomas de la “notoria resistencia” que generó en el mundo político masculino la instalación de un liderazgo femenino.
Karina Delfino camina hoy por el centro cívico capitalino y nadie la reconoce. Una escena impensable en 2006 cuando la gente la paraba en cada esquina para saludarla y alentarla reconociéndola como una de las líderes de la famosa “rebelión de los pingüinos”, la revuelta estudiantil que puso en jaque el inicio del gobierno de Michelle Bachelet.
Por Pedro Ramírez, Hugo Arias y Mónica González, CIPER
Michelle Bachelet no escogió cualquier escenario para mandar un mensaje que perdurara. El 24 de abril de 2007, cuando las críticas a su gestión arreciaban desde todos los flancos, especialmente por el fracaso del nuevo plan de transporte colectivo de la capital (Transantiago), aprovechó la inauguración de un Centro de Salud Familiar para replicar. Allí se sintió segura, como doctora y mujer: “En Chile, gracias al buen nivel de desarrollo que tenemos, estamos viviendo más años.
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