Ya era una ceremonia austera después del terremoto. Pero nadie previó las violentas réplicas que marcaron el antes, durante y después del traspaso físico del poder entre Michelle Bachelet y Sebastián Piñera. Tampoco que segundos antes del mismo se avisara a la testera que la alerta de tsunami –con el Congreso a cuadras de la costa- era tal que la Escuadra se había retirado a alta mar. Menos que a la banda del nuevo Presidente no se le podía colgar la piocha de O’Higgins por un error de diseño, que dos de las puertas del Salón de Honor estaban bloqueadas y que terminado el fugaz acto habría que evacuar el edificio. Lo que se llama un cambio de mando de emergencia.
Sebastián Piñera asume con una limitación diseñada por sus propios partidarios, un contrapeso al poder presidencial que limitará su capacidad de tomar decisiones. La Constitución fue pensada para que la mayoría que fue opositora al régimen militar no pudiera gobernar sin la venia de sus partidarios. Pero ahora que un presidente de derecha vuelve a ocupar La Moneda, su precariedad parlamentaria se transformará en un problema debido a los “amarres” que quienes lo apoyan dejaron.
Aunque el Presidente electo ignoró la más importante demanda de la UDI –incluir a uno de sus hombres “históricos” en el comité político del flamante gabinete–, el gremialismo optó por apoyarlo en público y aceptar como propios ministros que tachaba de “ajenos” hasta hace pocos días: Larroulet y Von Baer. Todo, con tal de silenciar el extendido malestar en la tienda ante la “aplanadora” que con razón temían hace semanas, y que amenaza con desbancar a su timonel Juan Antonio Coloma a manos de un indignado Pablo Longueira, quien ahora intenta negociar con Piñera las subsecretarías. Ni siquiera la fórmula de sumar a parlamentarios y dirigentes a las futuras sesiones ministeriales fue aceptada por el ala más dura de la tienda, que en privado la calificó de “espúrea”. ¿Los 40 diputados? El nuevo mandatario tiene en mente un gobierno de más gestión y decretos que de reformas y luchas legislativas.
Se toparon en los pasillos de la UC, iniciaron sus carreras en el departamento de Estudios del Grupo Cruzat y volvieron a las aulas en Chicago o Harvard. Se reencontraron en el exclusivo mundo chileno de los negocios, donde afianzaron amistades y ganaron millones al alero de los grandes grupos económicos. El alumno más aventajado los llevó al gobierno. Son los mismos de siempre, ahora en la cima del poder político.
Los antecedentes financieros que la Fundación Futuro debe entregar al Ministerio de Justicia para su fiscalización son información pública. Así lo determinó el organismo encargado de zanjar las controversias por la aplicación de la Ley de Transparencia luego de que la fundación del presidente electo intentara evitar que salieran a la luz. La decisión se tomó el mismo día en que el gobierno aprobó los estatutos de la Fundación Cultura y Sociedad, a la que Sebastián Piñera pretende transferir Chilevisión. Ahora sus memorias y balances, así como los de casi 20.000 corporaciones y fundaciones sin fines de lucro, podrán ser conocidos por cualquier ciudadano.
El Consejo para la Transparencia escuchó este viernes 22 los argumentos de la Fundación Futuro, el Ministerio de Justicia y CIPER para determinar si las memorias y balances de la fundación que preside Sebastián Piñera y que se encuentran en manos del gobierno para su fiscalización constituyen información pública o no.
La euforia del triunfo de una derecha que no conquistaba La Moneda por las buenas desde 1958, cedió paso de inmediato a la urgencia del Presidente electo por echar a andar su proyecto liberal original. La estrategia es clara: si no quiere ser sólo un paréntesis de cuatro años, Piñera debe refundar al costo que sea al mismo sector que intentó derribarlo –a veces violentamente- por casi dos décadas. “Este no va a ser un gobierno de derecha” dijo la noche del domingo su cuasi ministro, Cristián Larroulet. Una frase que repitieron varios dirigentes del sector. El gabinete que anunciará a más tardar en una semana dará la primera señal. Piñera aplica un silencio glacial respecto de los elegidos y desde ya el senador Jovino Novoa plantea que su partido, más poderoso que nunca antes, debe estar representado en el comité político.
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Aproximadamente 470 mil votos separan a Sebastián Piñera de La Moneda. Sólo un paso. Nadie en la derecha se ha puesto en el escenario de la derrota. Planes y cargos de gobierno están en plena ejecución. Y discusión. En el comando de Eduardo Frei ni siquiera se menciona la batalla por puestos de gobierno. Si hoy Piñera es el elegido, habrá firmado al acta de defunción del oficialismo. Su muerte, sin embargo, es anterior. No fue el fallecimiento de Pinochet el que despojó de sustancia al proyecto oficialista. A partir de hoy el oficialismo deberá buscar dónde perdió el piloto dejando el espacio libre para que irrumpiera el más claro representante de una nueva derecha que está por verse si logra reinventarse. Porque todo indica que en el año del Bicentenario habrá refundación y galope.
Que Eduardo Frei obtuvo mayor apoyo entre los votantes con bajo nivel de escolaridad y que la fortaleza de Sebastián Piñera estuvo en las comunas más ricas y en las más pobres son algunas de las conclusiones del estudio “Las bases electorales de los candidatos presidenciales 2009”, elaborado por del Instituto de Investigación en Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales (ICSO-UDP). Su autor, el cientista político Mauricio Morales, toma los resultados de la primera vuelta de diciembre y los cruza con variables geográficas, económicas, sociales y políticas para elaborar una radiografía electoral de la última votación.
A diez días de una elección que da por ganada, la UDI “químicamente pura” intenta digerir el veto para integrar su gabinete a figuras ligadas a la dictadura, impuesto por Piñera y sus hombres de confianza. Pero hay otros que no se han hecho públicos: no tendrán acceso a los ministerios de Interior, vocería de Gobierno, Educación ni Cultura. Y en el gremialismo ni siquiera reconocen como propio a Cristián Larroulet, virtual ministro Secretario de la Presidencia. Un íntimo de Piñera remata: de la veintena de ministerios y sus subsecretarías, “la UDI debería tener 5 ó 6”. Otro de los problemas que debe resolver el candidato opositor es cuál de los dos líderes del partido con 40 diputados será ministro de Vivienda o Mideplan, trampolines presidenciales para el 2014. Gracias a la presión del influyente Larroulet y de financistas de la UDI, el derrotado Joaquín Lavín ahora le disputa a Longueira una opción que éste tenía casi segura.
Concentrado en evitar que se le escape el porcentaje de votos que dejó ME-O, el candidato opositor excluyó al gremialismo –partiendo por Joaquín Lavín- de la primera línea de la campaña, repitiendo un diseño que el 2005 no le permitió derrotar a Michelle Bachelet. Bajo forzoso silencio a fin de garantizar el triunfo en enero, la UDI optó por apurar las negociaciones para el gabinete, pero dividida por el cuestionado rol de su presidente, Juan Antonio Coloma, y del grupo liderado por Andrés Chadwick, Andrés Allamand y Alberto Espina, que monopolizan la interlocución con Piñera. Éstos preparan una agenda legislativa que parte por regular las uniones civiles homosexuales, la que declaran “intransable”. Víctor Pérez, secretario general del partido más poderoso de Chile contesta: “Si alguien quiere un conflicto, que no olvide que ahora tenemos 40 diputados”.
El editor internacional del diario argentino Clarín analiza las elecciones presidenciales chilenas, advirtiendo que un triunfo de Sebastián Piñera puede significar el fin de la Concertación. Pero aun si ganara Eduardo Frei, duda de que su gobierno sea muy distinto que el que haría el empresario de derecha. A su juicio se trata de “espejos ideológicos” que reflejan un fenómenos regional, en que muchos gobiernos o coaliciones se consideran de izquierda pese a estar en muchos sentidos más cerca de la derecha o a que sólo tienen un ligero tinte socialdemócrata.
La que fue presentada como la “vedette” de la propaganda electoral de este año, una impresora en PVC que el candidato compró para sí, nunca pasó por las instalaciones de la ex Machasa, como se ha dicho hasta ahora. Fue la Editorial Los Andes –de propiedad del candidato– la que pagó US$ 100 mil a una empresa de Sonda para importar la máquina, que imprime desde la empresa XL Print, ligada a El Mercurio. La fiebre por el PVC, material con el que se hacen las palomas y letreros monumentales, ha cambiado el mercado de los impresores de propaganda electoral.
Esta vez Sebastián Piñera preparó con tiempo su carrera a La Moneda. Hace ya más de un año diseñó una estructura piramidal que opera como una más de sus empresas para reunir, ordenar, destinar y ejecutar las platas de campaña. Todo planificado con mucha anticipación: acuerdos para emitir avisos en radios locales, asegurar ubicaciones para gigantografías, comprar una imprenta de última generación e importar directamente desde China el material de propaganda, que se almacena en la ex Machasa. Sólo sus hombres de extrema confianza –José Cox, Santiago Valdés, Jorge Pinochet y Rodrigo Hinzpeter– deciden en qué se gastan los fondos que, a diferencia del 2005, provienen en parte de otros empresarios que han estado dispuestos a financiar la campaña de uno de los hombres más ricos de Chile.
La reciente biografía de Piñera, escrito por el periodista Manuel Salazar, generó molestia en el comando del abanderado de derecha, en particular por el capítulo referido al Banco de Talca que reproducimos de manera íntegra.
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