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	<title>CIPER Chile &#187; Política</title>
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	<description>Centro de Investigación e Información Periodística</description>
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		<title>Dictadura: sentido y contexto de un concepto político</title>
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		<pubDate>Thu, 12 Jan 2012 17:37:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nicolás Ocaranza</dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>

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		<description><![CDATA[En relación al reemplazo de la palabra “dictadura” por “régimen militar” en los textos escolares, el historiador Nicolás Ocaranza explica que “de manera consciente o inconsciente, el lenguaje nunca está desprendido de su propia capacidad para construir sentidos sobre la realidad de la que habla”. Y agrega que en los principales textos académicos y diccionarios de ciencia política que abordan el concepto de dictadura, como el <em>Diccionario de Política</em>, “se puede constatar que las características propias del régimen cívico-militar presidido por el general Augusto Pinochet responden claramente a la definición politológica de una dictadura moderna”]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En la <em>Condición Humana</em>, Hanna Arendt plantea que solo a través del lenguaje podemos estar en el mundo: ‹‹Desde que la función del lenguaje está en juego, el problema se torna político por definición, puesto que es el lenguaje lo que hace del hombre un animal político››. Si la realidad del mundo político se vuelve tangible a través de las palabras, el lenguaje es el fundamento a través del cual se funda y construye lo político.</p>
<p>Para J.G.A. Pocock, por su parte, la enunciación de los conceptos en la historia también deviene un acto político desde el momento mismo en que en una palabra o concepto se convierte en una imagen cuya potencia y sensibilidad remiten inmediatamente a un sentido contemporáneo que la vuelve siempre actual. Es por eso que difícilmente cuando hablamos de política los conceptos puedan reflejar el falso atributo de la neutralidad, aunque un buen manejo de la retórica pueda hacerlos parecer como tal. Sea de manera consciente o inconsciente, el lenguaje nunca está desprendido de su propia capacidad para construir sentidos sobre la realidad de la que habla. Esto es lo que Pierre Manent define como la fuerza política de la palabra.</p>
<p>Estas premisas, que pueden ser obvias para muchos, no lo son en el caso del polémico cambio de la palabra dictadura por régimen militar en el currículo escolar chileno. Detrás del llamado de la Unidad de Curriculum y Evaluación del Ministerio de Educación a usar un concepto más neutral, se oculta un sofisma que, a través de un artificio retórico, pretende desprender de sentido a un proceso histórico que se proyectó durante 17 años bajo la excusa de la carga negativa que la palabra dictadura de suyo posee. En el caso de la historia contemporánea de Chile que estudia el golpe de Estado de 1973 y la posterior dictadura militar, resulta inquietante desestimar la precisión conceptual de la palabra dictadura reemplazándola por otra aparentemente neutral pero desprendida de toda historicidad.</p>
<p>Si los técnicos del Ministerio de Educación y de la Comisión Nacional de Educación carecen de competencias técnicas para hacerse cargo de este tema, sería importante que antes de tomar una decisión de este tipo realizaran una simple revisión de los principales textos académicos y diccionarios de ciencia política que abordan el concepto de dictadura. En el <em>Diccionario de Política</em>, escrito por Norberto Bobbio, Niccola Matteucci y Gianfranco Pasquino, por citar solo uno de los más conocidos, se puede constatar que las características propias del régimen cívico-militar presidido por el general Augusto Pinochet responden claramente a la definición politológica de una dictadura moderna, cuyos ejes centrales son:</p>
<p>a) La concentración y el carácter absoluto del poder político.<br />
b) La supresión de los procedimientos democráticos y su legitimidad no autorizada inicialmente por reglas constitucionales.<br />
c) Una instauración de facto que establece la ley marcial y el estado de sitio como fundamentos del orden social.<br />
d) El trastorno del orden político preexistente movilizando a una parte de la sociedad y sometiendo con violencia a la otra.<br />
e) Instauración de un poder que no sufre límites jurídicos y carece de reglas claras para su propia sucesión.<br />
f) Legitimación del orden de facto mediante una nueva constitución, lo que la convierte en una dictadura constitucional.<br />
f) Su duración no está fijada con anticipación, pese a que se presenta como temporal, sino que depende de las vicisitudes históricas en las que se desenvuelve, convirtiéndose en una forma de gobierno “normal” y permanente.</p>
<p>Junto a esta precisión terminológica, ciertamente necesaria, es preciso no olvidar que además de los conceptos, hay ciertos acontecimientos y procesos conflictivos de la historia que son vulnerables a determinados usos políticos del pasado. En este caso, pretender una asepsia conceptual de uno de los períodos más sombríos y violentos de la historia de Chile, en el cual la tortura, el exilio y las desapariciones de miles de compatriotas estuvieron a la orden del día, no solo es de una ambigüedad y una ceguera intelectual inaceptable sino también de un descriterio a la hora de enseñar a los futuros ciudadanos de Chile los valores de la democracia y los derechos humanos. El humanismo moderno, escribe Tzvetan Todorov, se distingue por dos características ‹‹el reconocimiento del horror de que son capaces los seres humanos (&#8230;) y la posibilidad del bien.››</p>
<p>La historia, en tanto estudio de los hombres en la sociedad y relato interpretativo a partir de los indicios que el pasado nos lega, es una disciplina que debe aportar un sentido crítico y para ello el uso correcto de los conceptos políticos en su aplicación a la historia es un imperativo. Solamente a través de su correcta transmisión a las futuras generaciones podremos construir una sociedad que sea capaz de mirarse a sí misma lejos del resentimiento causado por aquellas heridas que jamás serán cerradas con una mirada autocomplaciente de nuestro pasado reciente. Por ello, el uso crítico de los conceptos que refieren al pasado no solo es esencial para todo ciudadano como parte central de la vida política, sino que también es un ejercicio de honestidad intelectual para quienes estudian y enseñan la historia, sin mirar si esta interfiere o no con las intenciones del gobierno de turno.</p>
<p>En definitiva, las autoridades deberían velar por una enseñanza de la historia con un sentido público fundado en el reconocimiento, pero para ello es preciso no revestir con eufemismos aquellos conceptos que remiten correctamente al horror del pasado reciente. De lo contrario, seguiremos mirándonos en un espejo trizado sin poder observar jamás el verdadero rostro de nuestra democracia imperfecta.</p>
<div id="cifras-dispares" class="recuadro">
<h5>Notas</h5>
<p>Hanna Arendt, <em>La condition de l&#8217;homme moderne</em>. Paris: Agora Pocket, 2001.</p>
<p>Norberto Bobbio, Niccola Matteucci y Gianfranco Pasquino, <em>Diccionario de Política</em>. Buenos Aires: Siglo XXI editores, 2005.</p>
<p>J. G. A. Pocock. <em>Political Thougt and History. Essays on Theory and Method</em>. Cambridge, Cambridge University Press, 2011.</p>
<p>Tzvetan Todorov, <em>Memoria del mal, tentación del bien. Indagación sobre el siglo XX</em>. Barcelona: Península, 2002.</p>
</div>
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		<title>Las sugerencias de Libertad y Desarrollo para la reforma electoral</title>
		<link>http://ciperchile.cl/2011/09/30/las-sugerencias-de-libertad-y-desarrollo-para-la-reforma-electoral/</link>
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		<pubDate>Fri, 30 Sep 2011 20:15:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Álvaro Bellolio</dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>

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		<description><![CDATA[En medio de la discusión sobre una eventual reforma electoral y la falta de representatividad parlamentaria, el Instituto Libertad y Desarrollo (LyD) presentó un extenso informe sobre esta materia. La siguiente columna, escrita por uno de los autores del documento, explica las motivaciones de LyD para intervenir en este debate y resume los aspectos centrales de las propuestas contenidas en el texto, las que no excluyen cambios en el sistema binominal.  ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p><a href="http://www.lyd.com/wp-content/uploads/2011/09/ESTUDIO-SISTEMA-BINOMINAL-LYD-SEPTIEMBRE-20111.pdf"target="_blank">Vea el informe completo publicado por el Instituto Libertad y Desarrollo</a>.</p></blockquote>
<p>Estamos en el momento justo para realizar un análisis del sistema político, que incluya tanto al sistema electoral como todo el régimen electoral. Esto, debido a la evidencia existente en los datos del padrón electoral y a las constantes propuestas para mejorar el sistema, así como las críticas y sugerencias que han hecho políticos, académicos y representantes de la sociedad civil.</p>
<p>La motivación principal del trabajo de Libertad y Desarrollo en este tema es analizar por completo la situación, desde las evidencias disponibles sobre el funcionamiento del sistema binominal hasta la representatividad, efectividad y participación electoral, en el marco más objetivo posible. Además, en el informe se simularon los escenarios de las principales propuestas de cambio al sistema electoral que se han hecho, para ver sus méritos y obtener un diagnóstico de estas distintas soluciones que han sido planteadas.</p>
<p>En el informe de LyD se plantean lineamientos de reforma, basados en la experiencia internacional y casos analizados, que apuntan a maximizar la madurez de nuestra democracia, pero siempre teniendo en cuenta las variables de representatividad, efectividad y participación, de manera de no tomar una posición sesgada ante la evidencia mostrada.</p>
<p>Lo que muestran los datos es que el sistema binominal originalmente fue pensado para dar gobernabilidad al país y generar consensos mediante la reducción de la fragmentación y el número de los partidos políticos. Y si bien ha dado pruebas de que genera gobernabilidad, no ha cumplido con el objetivo relacionado con los partidos y está cuestionado por su nivel de representatividad. Esto último, principalmente por los beneficios que este sistema ha otorgado a las dos coaliciones más grandes. Efectivamente, en tres elecciones ha beneficiado a la Concertación (1989, 1997 y 2001) y en otras tres, a la Alianza (1993, 2005 y 2009).</p>
<p>El politólogo Diether Nohlen describe las principales falencias del sistema binominal, señalando que excluye a los partidos que no son capaces de incorporarse a las coaliciones y que la competencia se traslada al interior de cada coalición, pues la disputa se genera en la directiva de los partidos para definir a los candidatos, lo que le quita incertidumbre a los resultados.</p>
<p>Por ello, nuestra propuesta se basa principalmente en aumentar la competencia en una primera etapa. Luego, un período de evaluación y perfeccionamiento de la representatividad, como segunda etapa.</p>
<p>Para aumentar la competencia, en la primera etapa se plantean varias reformas al régimen político:</p>
<p>a) Más y nuevos electores: Es fundamental incorporar a los cuatro millones de chilenos que actualmente no tienen la posibilidad de votar. Por ello la urgencia de aprobar el proyecto de inscripción automática, voto en el extranjero (sin vínculo) y un sistema de primarias vinculantes para generar que más chilenos puedan elegir a sus representantes y que la decisión sea validada por ellos, generando una mayor incertidumbre sobre los candidatos finales que presentan los partidos y acerca del resultado último de la elección. </p>
<p>b) Primarias: Voluntarias, vinculantes, simultáneas y nacionales entre los partidos, de manera de generar posibles pactos electorales; organizadas por el Servicio Electoral y sujetas a las regulaciones de la ley sobre gasto electoral, para generar más transparencia, competencia y participación, todos factores que según diferentes encuestas son las peticiones más requeridas por la ciudadanía. Este tipo de primarias potencian la confianza en los sistemas políticos y que los ciudadanos tomen conciencia de que son actores clave del proceso de determinación de los candidatos, al tiempo que generan un ambiente próspero de información, participación y vinculación de las personas con la política.</p>
<p>c) Redistritaje: Es necesario que la desproporcionalidad territorial existente se reduzca, para tratar de honrar el principio de “un elector, un voto”. Nuestra Cámara de Diputados actualmente tiene subrepresentación en las áreas de mayor población. Por ejemplo, el voto de un ciudadano del distrito 6 (Alto del Carmen, Caldera, Freirina, Huasco, Tierra Amarilla y Vallenar) vale seis veces el de uno del distrito 20 (Cerrillos, Maipú y Estación Central), ya que el distrito 6 posee 20.000 electores por diputados, y el 20 tiene 120.000. En ese sentido, calculando el Malapportionent (forma de medir la desproporcionalidad del voto), un 15% de los escaños están situados en distritos que podrían no haberlos recibido si hubiese un sistema totalmente proporcional al principio “un elector, un voto”. Eso sí, se debe buscar un equilibrio para que el principio mencionado no desconsidere el aporte al país de los ciudadanos que viven en áreas con menor densidad urbana, como es el caso de las zonas aisladas. Un redistritaje puede considerar el análisis completo del sistema actual o la creación de nuevos distritos al dividir los territorios con más electores.</p>
<p>d) Otras medidas: Límite de reelección a las autoridades en cargos de elección popular, presentación de un mayor número de candidatos por pacto y elevar o eliminar los umbrales de gasto electoral a los candidatos desafiantes.</p>
<p>Una segunda etapa contempla la evaluación de las medidas anteriormente descritas y si aún perdura la desproporcionalidad y exclusión de sectores políticos minoritarios, sería totalmente razonable considerar alternativas que entreguen cupos compensatorios a esos grupos. Una alternativa es la propuesta de Tomás Duval (2006), que plantea asignar 30 nuevos escaños a diputados nacionales. Otra es la de Pepe Auth, que incorpora 30 escaños a las listas que superen el 5% de los votos a nivel nacional.</p>
<p>Nuestro régimen electoral necesita un nuevo aire y creo que una propuesta incremental en dos etapas es lo ideal para concretar modificaciones que sean aprobadas de forma transversal y logren apoyo político, ya que realizar cambios drásticos en el corto plazo es difícil por el <em>status quo</em> de los incumbentes (parlamentarios) que deben aprobarlos. Los grandes cambios siempre son graduales, pero eso no significa que no sean necesarios o que no se deba empezar a trabajar en ellos lo antes posible.</p>
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		<title>Lo que hay que cambiar para que nuestros políticos nos representen</title>
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		<pubDate>Fri, 16 Sep 2011 13:14:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gabriela Guevara Cue</dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>

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		<description><![CDATA[A partir de las cifras que entregó <a href="http://ciperchile.cl/2011/09/12/las-reveladoras-cifras-de-la-crisis-de-representatividad-de-los-parlamentarios/"target="_blank">la investigación de CIPER sobre la crisis de representatividad del Parlamento</a> y mediante comparaciones con las normas electorales de otros países, la especialista Gabriela Guevara desnuda los mitos y excusas con que los partidos y parlamentarios han bloqueado los cambios para hacer de esta una sociedad más democrática, privilegiando los mecanismos que les permiten mantenerse en el poder. Una mirada crítica a los estándares de un país que, en este nuevo aniversario de la independencia, puede jactarse de figurar en buenos lugares en los rankings internacionales económicos, pero tiene mucho que avanzar en la calidad de su democracia.
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>“Esas son las reglas del juego (…) por eso no creo que exista  una crisis (…) si no estás en el padrón, no cuentas”, afirmó hace un par de días el Diputado Pérez (RN) a CIPER frente a la consulta de su escasa representatividad. Esta es, precisamente, parte importante de la crisis.<br />
Las reglas del juego político y de acceso al poder -el sistema electoral- deben cumplir criterios universales de transparencia, gobernabilidad, representatividad y competitividad,  porque constituyen la base de sustentación de una democracia madura. En efecto, uno de los desafíos primarios que confronta la democracia representativa moderna es contar con un sistema electoral que permita corregir las asimetrías inherentes a las relaciones de distintos grupos de interés,<br />
con la asignación y el acceso al poder de decisión, de dirección y definición de los destinos del país y las arcas fiscales.</p>
<p>En este sentido, la legitimidad del parlamento es fundamental para garantizar el balance entre los poderes del Estado.  La relación entre el poder ejecutivo y legislativo está en el corazón de la cuestión republicana, más aún considerando que nuestra democracia es presidencialista y que, por lo tanto, nuestros presidentes gozan de amplios poderes formales.</p>
<p>El sistema electoral chileno conspira contra esta necesaria legitimidad: genera exclusión, desincentiva la competencia y produce desigualdades territoriales importantes  desde el punto de vista de la representación. Cuento aparte es la debilidad que tiene en materia de financiamiento, de representatividad de los partidos políticos y las cifras de abstención electoral. En otras palabras,  admite críticas no sólo en cuanto a su origen (una dictadura), sino también en cuanto a su desapego de los principios básicos de un sistema electoral democrático.  Diagnósticos hay muchos, la mayoría coincide en que existe una crisis de representatividad y legitimidad del sistema. Lo que toca ahora es enfrentar el desafío que implica hacerse cargo de esta situación, y la pregunta inevitable es cómo.</p>
<p><img src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/Elecciones-3.jpg" alt="" title="" width="235" height="350" class="right" />Primero, suscribo que negarse a la discusión política es una forma  mediocre de fijar la agenda. La tarea democrática va más allá de la democracia electoral: debe organizar la sociedad para asegurar y expandir los derechos ciudadanos de los individuos. Esta tarea es <strong>eminentemente política</strong>. Por tanto, debe ponerse sobre la mesa.</p>
<p>Segundo, es imperioso asumir la crisis y discutir el tipo de sistema que el país requiere, el tipo de democracia al que aspiramos los chilenos. En la capacidad que Gobierno y oposición tengan para abrir el debate –de cara y no de espalda a los movimientos sociales-, para cuestionar al modelo, buscar  y negociar alternativas de solución, se juega en buena medida la superación o agudización de la crisis de representación  que hoy vive nuestra democracia.</p>
<p>Elecciones primarias, financiamiento de la política y de las campañas electorales; inscripción automática y voto voluntario; voto de los chilenos en el extranjero; fortalecimiento efectivo de los organismos de administración y control electoral (SERVEL); modificación del mapa electoral, etc. son buenas intenciones que se ven coartadas por el <em>“no se puede”</em> de siempre. Chile se jacta de estar en los mejores lugares en todo tipo de rankings internacionales (normalmente de tipo económico) en comparación con el vecindario. De forma tal que es interesante ver si en los temas políticos esto se repite. Vamos viendo:</p>
<p><strong>Elecciones primarias</strong>: Validan a los candidatos y le dan legitimidad indudable a la actividad política. Costa Rica, Uruguay, Paraguay, Bolivia, Panamá, Honduras y Venezuela las reconocen legalmente hace años. En Chile dependen de la voluntad de los involucrados (la experiencia más nefasta es la primaria de la Concertación del año 2009). </p>
<p>Chile debe avanzar en este tema, tiene todas las capacidades y oportunidades para hacerlo, sólo falta la voluntad.  Al día de hoy, el ejecutivo tiene presentado un proyecto de Ley, en mi opinión bastante vago y que no recoge la rica experiencia internacional en la materia.</p>
<p><strong>Inscripción automática y voto voluntario: </strong>Aquí nos encontramos con la manifestación más vergonzosa de inconsistencia. <em>“Me parece que el registro civil no cuenta con las condiciones técnicas para implementar un sistema de estas características”</em> es la frase comodín que nuestros parlamentarios han repetido casi al unísono el último tiempo. </p>
<blockquote class="destacadonews left"><p> “La investigación publicada por CIPER destacó que algunos diputados representan un 7 u 8 por ciento del total de mayores de edad que residen en sus distritos. A esto yo agregaría que el proceso de diseño del mapa electoral de Chile, no existió el más mínimo resguardo del principio de representatividad”.</p></blockquote>
<p>La experiencia internacional indica que para votar en un sistema de estas características, es posible pedir al elector que se registre en un sistema, indicando sus datos básicos y su domicilio. Todo esto antes de la elección por supuesto, de hecho antes de cada elección. Así, el día D, el individuo en cuestión sabrá dónde debe concurrir a votar. Todo el escenario dantesco que argumentan quienes indican que no estamos preparados, no es tal, toda vez que al momento de registrarse, el sistema le asignaría un local de votación al elector y éste será informado (tal como hasta ahora) de cómo debe proceder. </p>
<p>Aunque la mayoría de los países latinoamericanos ha impuesto el derecho al voto como una obligación<a href="#notas-pie">(1)</a>, (Colombia, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, México, Panamá, Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador, Honduras, Paraguay, Perú, Uruguay) me parece adecuado implementar en Chile la voluntariedad, entendiendo el acto de votar como un derecho ciudadano que se puede ejercer o no. </p>
<p>Tenemos infraestructura y capital para implementar sistemas de registro, para diseñar un modelo de gestión que soporte los flujos de electores de manera adecuada, lo que no he visto es (nuevamente) voluntad para implementarlo, asumir el cambio del electorado potencial e invertir en la implementación del sistema.</p>
<p><strong>Financiamiento de la política: </strong>La frase célebre en este ámbito viene de la derecha: <em>“Eso no es lo que le importa a la señora en su casa”</em>.</p>
<p>La calidad de la democracia depende, entre muchos factores, de la limpieza y equidad de la competencia electoral y la transparencia de la acción del gobierno. Financiamiento y crisis de representación están así profundamente vinculados. </p>
<p>Chile cuenta con una ley sobre transparencia, límite y control del gasto electoral, que no tiene nada que ver con financiar la <em>“actividad política”</em> y que, por lo demás, muchos administradores de campaña no saben utilizar. El país requiere una ley “madura” que, por ejemplo, en un escenario de primarias legales, defina las normas de financiamiento que debieran regular también esa etapa del proceso. Lo que no tenemos es la voluntad (nuevamente) de invertir recursos en esto.</p>
<p><strong>Redistritaje: </strong>La investigación publicada por CIPER destacó que algunos diputados representan un 7 u 8 por ciento del total de mayores de edad que residen en sus distritos. A esto yo agregaría que en el proceso de diseño del mapa electoral de Chile, no existió el más mínimo resguardo del principio de representatividad <a href="#notas-pie">(2)</a> y que el resultado final no tiene ninguna relación con las características geográficas ni mucho menos demográficas de nuestro país <a href="#notas-pie">(3)</a>. En este sentido, genera una escandalosa diferencia en la relación de habitantes por escaño provocando que, como el peso de cada voto es tan disímil, pueda ocurrir que una fuerza política obtenga la mayoría de los votos nacionales y quede en minoría en la Cámara. </p>
<p><img src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/Elecciones-7.jpg" alt="" title="" width="254" height="350" class="right" />Es evidente la necesidad de intervenir el mapa electoral, pero ¿cómo?  Identificando y atacando las causas primero. Buscando después en la experiencia internacional y recogiendo los ejercicios hechos por investigadores nacionales que indican que, sea cual sea el nuevo distritaje, debe ser producto de la aplicación de una fórmula donde criterios tales como contigüidad, compacidad, el incremento en número de representantes a elegir por distrito, la frecuencia con que este mapa debe revisarse y ajustarse, la distribución geográfica y las características demográficas de la población entre otros, deben estar presentes. </p>
<p>Todo esto sin perder de vista que los distritos electorales son piezas de una geografía que cobra sentido sólo en el contexto electoral y que siempre existirá la posibilidad de manipularlas a favor o en contra de uno o más sectores y considerando, al final del día, que la &#8220;redistritación&#8221; es un problema de representación y, en este sentido, su valor no se relaciona con el grado de sofisticación de las aplicaciones utilizadas o lo complejo e innovador que pueda llegar a ser, sino con el hecho que los distritos resultantes sean adecuados para garantizar la representación de la población y que estos sean válidos y legítimos.</p>
<p><strong>Voto de los chilenos en el exterior:</strong> Existe una serie de condiciones propuestas para aceptar este punto, tales como haber estado en el país cierto tiempo, mantener vínculos económicos, familiares y otros. ¿Cuál es el espíritu de estos requerimientos? Evitar que un universo no conocido de electores se sume al padrón, cambiando el comportamiento de éste, agregando incertidumbre a la elección de autoridades. Muchas  suposiciones y limitaciones sin mucho fundamento, que se relacionan más bien con mantener el <em>status quo </em>de los parlamentarios actuales y futuros que con la calidad de nuestro sistema. </p>
<p>Países como Perú, Argentina, Brasil, Colombia, Honduras, Venezuela y otros, ya han legislado sobre este tema. ¿Qué nos falta para dar el paso?, una vez más (a riesgo de ser reiterativa) voluntad para debatir en profundidad y presupuesto para ejecutar.</p>
<p>Lo que está claro es que el modelo está agotado. Hay que cambiarlo. La legitimidad debe recuperarse definiendo un nuevo sistema electoral desde sus fundamentos hasta los procedimientos. Lamentablemente, todo indica que por ahora el país no ha sido invitado a la mesa donde se discuten estos asuntos, es más, lamentablemente nos tocará presenciar sólo los debates poco sofisticados que se reeditan cada año electoral: <em>¿Puede Chile implementar un sistema de voto electrónico?, ¿cuánto sueldo se debe pagar a los vocales de mesa?, ¿feriado irrenunciable el día de la elección?&#8230; </em>y que no apuntan al verdadero problema, no están alineados con ningún plan ni proyecto de mejora sustantivo y menos corresponden a una expresión de voluntad política de mejorar efectivamente el problema de representatividad del parlamento.<br />
Nos hace falta invertir en un cambio profundo. Repensar las reglas del juego, definir nuevas y mejores <strong>(porque estas sí pueden cambiarse si no son buenas)</strong> y, de una vez por todas, actuar en consecuencia. El punto es que los parlamentarios no tienen ningún incentivo para hacerlo, por el contrario, la posibilidad de perder poder es un más bien un desincentivo. Sin embargo, nos queda aún la esperanza de llevar la discusión desde la calle al parlamento, ya que al día de hoy, este poncho a nuestros representantes les sigue quedando grande, y las reformas menores que se han propuesto, sólo intentan vestir a nuestra democracia con un traje que le queda largo de mangas. </p>
<div class="recuadro" id="notas-pie">
<h5>Notas</h5>
<p>1) El voto obligatorio, para quienes lo consideran una fórmula adecuada, parte del principio que la participación es una responsabilidad, no simplemente un derecho. La idea principal aquí es que la baja concurrencia electoral sí constituye un problema e incluso una amenaza a la estabilidad democrática, por lo que la obligatoriedad ayuda a mantener elevada la participación y dota de mayor legitimidad al gobierno y sobre todo al sistema.</p>
<p>2) Cantillano y Navia (2005) demostraron que los distritos electorales en Chile, diseñados a partir del trabajo realizado por las comisiones Ortúzar y Fernández (Gamboa, 2006) fueron definidos para sobre-representar la votación a favor de la Derecha después del plebiscito de 1988. Estos autores identificaron una correlación positiva entre la votación contra Pinochet y el número de habitantes de los distritos.</p>
<p>3) El caso más dramático es el de la Región del Bío-Bío, en la que los distritos 41 y 42 están divididos a pesar de ser completamente contiguos y pertenecer ambos a la provincia de Ñuble.</p></div>
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		<title>Las reveladoras cifras de la crisis de representatividad de los parlamentarios</title>
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		<pubDate>Mon, 12 Sep 2011 17:53:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Pablo Figueroa</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reportajes de Investigación]]></category>
		<category><![CDATA[Diputados]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://ciperchile.cl/?p=30051</guid>
		<description><![CDATA[El gobierno decidió esta semana que las reformas políticas, como la eliminación del sistema binominal, no son su prioridad. Esta investigación que publicamos en septiembre da cuenta de la grave crisis de representatividad que vive el sistema político y electoral en Chile y muestra que sí hay urgencia en este campo. Con 5,5 millones de personas que no votaron por alguno de los diputados electos, sólo el 32,5% de los ciudadanos está representado en la Cámara Baja. ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><em> El ministro vocero de gobierno, Andrés Chadwick, anunció la noche del lunes 9 de enero que para el gobierno no es prioritaria una reforma al sistema electoral binominal. La reforma fue desestimada por falta de consenso al interior de los partidos oficialistas. Ante el anuncio, CIPER vuelve a publicar su investigación sobre la crisis de representatividad de los parlamentarios elegidos bajo la fórmula binominal. Dicho artículo fue acompañado de una <a href=" http://ciperchile.cl/2011/09/12/roberto-mendez-adimark-gfk-%E2%80%9Ccon-los-datos-que-plantea-ciper-queda-claro-que-el-sistema-se-agoto%E2%80%9D/" target="_blank">entrevista a Roberto Méndez</a>, director de Adimark, quien sostuvo que las cifras aportadas por CIPER confirman que el sistema electoral “está agotado”. Además, publicamos dos columnas de opinión sobre la materia, una con la <a href=" http://ciperchile.cl/2011/09/30/las-sugerencias-de-libertad-y-desarrollo-para-la-reforma-electoral/" target="_blank">propuesta de cambio al sistema electoral del Instituto Libertad y Desarrollo</a> y otra con la opinión de la especialista Gabriela Guevara sobre <a href=" http://ciperchile.cl/2011/09/16/lo-que-hay-que-cambiar-para-que-nuestros-politicos-nos-representen/" target="_blank"> “lo que hay que cambiar para nuestros polìticos nos representen”</a>. </em></strong></p>
<blockquote><p>Vea también:<br />
<a href="http://ciperchile.cl/multimedia/30056/" target="_blank">Vea la representatividad real de los parlamentarios de su distrito</a><br />
<a href="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/Diputados-detalle2.pdf" target="_blank">Vea el cuadro con la representatividad real distrito por distrito</a><br />
<a href="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/Nacional-Diputados.pdf" target="_blank">Vea el cuadro con la representatividad real a nivel nacional</a></p></blockquote>
<p>Elizabeth Oliva (40 años) es auxiliar paramédico de odontología, vive en Pudahuel, es casada y tiene un hijo. Nunca se inscribió en los registros electorales y jamás ha puesto una raya junto al nombre de un candidato en una papeleta. Ella es parte de los 5,5 millones de chilenos que en la última elección parlamentaria, de acuerdo con la investigación desarrollada por CIPER, optaron por no elegir un representante al Congreso. Pero no se engañe, Elizabeth Oliva tiene opinión política. Una opinión crítica y preñada de descontento, especialmente con el manejo económico de las cúpulas gobernantes:</p>
<p>-Los políticos se preocupan más de los indigentes y no de la clase media. Nos tienen descuidados. Y esto viene de años, ya que ningún gobierno ha establecido reformas para corregir las desigualdades -dice Elizabeth, quien cuenta que le quedan nueve años para saldar su préstamo hipotecario, por el que paga $ 58 mil mensuales, que debe $700 mil a una caja de compensación y otros $600 mil en multitiendas.</p>
<p>Admite que la única vez que sintió deseos de votar fue en la última presidencial: “Quise participar en el cambio del gobierno de la Concertación al de la derecha. Pero el cambio prometido no ha sido tan así, porque lo que se prometió no se cumplió”.</p>
<p>Elizabeth Oliva no es anarquista ni bolchevique. Ni ecologista ni hippie. Tampoco ha salido a marchar con los estudiantes. Es una mujer de clase media, con estudios, empleada y endeudada, como la mayoría de los chilenos que han decidido permanecer al margen del sistema político y electoral. Un grupo que de continuar la tendencia actual, será mayoritario al cabo de unos diez años. Hoy, según la investigación de CIPER, suman el 45,68% de los chilenos mayores de 18 años. En 1988 eran sólo el 17,9%, pero subieron a 29,1% en 1999 y a 38,5% en 2005. De continuar la tendencia y si no hay reformas que impulsen la participación electoral, al 2021 superarán con comodidad el 50%.</p>
<h2>Errázuriz, Platovsky y los estudiantes</h2>
<p>-Los partidos no tienen conexión con el ciudadano y está agotado el sistema (político) que tenemos. Es muy bueno que se analice el cambio del sistema binominal y la renovación de los políticos, porque en 20 años hemos creado una casta. De senador pasan a ministro y luego volverán a ser senador o presidente de partido (…). La población se ha dado cuenta de que estos señores que son profesionales de la política no los representan.</p>
<p><img class="right" src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/Hemiciclo-cámra-de-diputados.jpg" alt="" width="350" height="244" />Estas palabras, que retratan con acierto a quienes comparten la posición de Elizabeth Oliva, resonaron en un salón universitario sólo un día después de la marcha del 9 de agosto que congregó a más de 100 mil manifestantes. Pero no las pronunció un dirigente estudiantil ante una asamblea. Fueron dichas en las aulas de la conservadora Universidad Finis Terrae. Para mayor precisión, en el encuentro mensual del Club Monetario de esa casa de estudios. Y su autor fue nada menos que el principal “gurú” de los inversionistas chilenos, el hombre cuyas decisiones iluminan el mercado y señalan el camino a quienes buscan el lucro: Jorge Errázuriz Grez, presidente de Celfin Corredores de Bolsa y miembro del consejo directivo del Centro de Estudios Públicos (CEP).</p>
<p>El “hombre fuerte” del mercado chileno debía hablar sobre los riesgos de la crisis económica internacional, pero -según la versión de <a href="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/Articulo-La-Segunda.pdf" target="_blank">La Segunda</a>- sacudió a la audiencia indicando que los problemas de Chile no están en las ruedas bursátiles: “Están en la calle y son mucho más serios (…). El interlocutor del gobierno no es la oposición, sino dirigentes estudiantiles. Y la democracia republicana que tenemos, no sabe cómo reaccionar”.</p>
<p>En esos días el gobierno se esforzaba por radicar el quemante conflicto estudiantil en el Congreso Nacional y los presidentes de las dos cámaras legislativas se apuraban a ofrecer el Parlamento para albergar las negociaciones. La respuesta de los jóvenes fue un “no” rotundo. Entre las razones que esgrimieron, señalaron que el Congreso ya no es representativo de la sociedad chilena y que sus integrantes surgen de un sistema electoral excluyente.</p>
<p>Si ya resultaba curiosa la sintonía de Errázuriz y los líderes estudiantiles en sus diagnósticos sobre el agotamiento del sistema político y electoral, se les sumó el empresario Daniel Platovsky, amigo del Presidente Sebastián Piñera y militante de Renovación Nacional:</p>
<p>-El que se exija más calidad en la educación demuestra que tenemos una ciudadanía ilustrada, que se da cuenta de que no hay igualdad de oportunidades (…). Al inicio de la transición se produjo un acuerdo de actores políticos, que le dio estabilidad al país (…). Hoy la realidad es diametralmente distinta, por lo que la gente exige un nuevo pacto social, donde todos se sientan integrados –dijo en <em>La Tercera</em> del 22 de agosto.</p>
<p>¿Cuán divorciado está el sistema político de las demandas de la ciudadanía? ¿Cuán profunda es la falta de representatividad del Congreso Nacional? CIPER intentó responder estas preguntas y revisó, distrito por distrito, los resultados de la última elección de diputados, comparando el número de chilenos que dieron su voto a un candidato y la cifra de compatriotas que optó por no elegir representante. Las conclusiones son decidoras (<a href="http://ciperchile.cl/multimedia/30056/" target="_blank">vea la representatividad real de los parlamentarios de su distrito</a>).</p>
<h2>¿Jubilados o estudiantes?</h2>
<p><img class="left" src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/Elecciones.jpg" alt="" width="350" height="233" />El 45,68% del universo total de chilenos mayores de 18 años prefirió no elegir un candidato a diputado en las votaciones de 2009. Sólo el 54,32 % de la población que cumple con el requisito de ser mayor de edad efectivamente eligió un postulante. Y apenas el 32,54% de todos los mayores de 18 años está representado en el Congreso por el candidato al que le dio su voto. Más alarmante aún es que en el hemiciclo hay diputados que se sientan en sus escaños aunque sólo obtuvieron el respaldo del 7 u 8 por ciento del total de mayores de edad que residen en sus distritos.</p>
<p>La falta de representatividad se agrava en los distritos más populosos, como lo son San Bernardo-Buin, Maipú-Estación Central y La Pintana-Puente Alto (<a href="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/Diputados-detalle2.pdf" target="_blank">vea los cuadros de representatividad distrito por distrito</a> y a <a href="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/Nacional-Diputados.pdf" target="_blank">nivel nacional</a>).</p>
<p>Los especialistas en materia electoral señalan que en Chile cerca del 60% de las personas con derecho a voto están inscritas en el registro electoral. Un porcentaje aceptable en comparación a otras democracias consolidadas, tales como Alemania (64,6%) y Reino Unido (61%). Y francamente superior al de Francia (43%) y Estados Unidos (38,46%).</p>
<p>No obstante, la representatividad del sistema político chileno es bastante más baja de lo que indican estas cifras. En primer lugar, porque hay más de 1,6 millón de chilenos que estando inscrito, no vota o lo hace en blanco o nulo. Y en segundo término, porque a diferencia de lo que ocurre en sistemas como los de Francia y Estados Unidos, donde el padrón es bajo pero representa equitativamente los diversos grupos sociales, en Chile el registro electoral no es una “foto” fiel de la ciudadanía: es más “viejo” que el país real.</p>
<p>Así se dio la paradoja de que en la elección presidencial de 2005 el principal tema de campaña de los candidatos Bachelet, Piñera y Lavín fue la reforma al sistema de pensiones, pero a tres meses de iniciado el nuevo gobierno se produjo una revuelta estudiantil que puso en agenda un tema que nunca estuvo en los cálculos de las cúpulas -la reforma educacional- y que cinco años después sigue siendo el mayor foco de conflicto social.</p>
<h2>Los que no eligen: 5,5 millones</h2>
<p>Las multitudinarias marchas de las últimas semanas han dejado en evidencia que existe un amplio grupo de chilenos interesados en las políticas públicas, pero que no están inscritos en los registros electorales, no votan ni se sienten representados en el Parlamento. De hecho, el Presidente Piñera sorprendió al mundo político este martes 6 al anunciar que su gobierno está estudiando una reforma al sistema electoral: “Llegó el momento de reaccionar y no simplemente quedarnos indiferentes ante estos signos y gritos que la ciudadanía está dando, con mucha fuerza y claridad”.</p>
<p><img class="right" src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/Movilización.jpg" alt="" width="234" height="350" />Un día antes se había conocido <a href="http://www.adimark.cl/es/estudios/documentos/08_ev_gob_agos_2011.pdf" target="_blank">la encuesta Adimark</a>, uno de los oráculos más esperados por los políticos, que indicó que el 66% de los consultados desaprueba al bloque oficialista, el 71% a la Concertación, el 64 % a la Cámara de Diputados, el 69% al Senado, el 68% al Presidente Piñera y el 70% al gobierno. La representatividad del sistema político está en crisis y el director de Adimark, Roberto Méndez, tras conocer las cifras de la investigación de CIPER, señaló que “con los datos que ustedes plantean queda claro que el sistema se agotó” (<a href="http://ciperchile.cl/2011/09/12/roberto-mendez-adimark-gfk-%E2%80%9Ccon-los-datos-que-plantea-ciper-queda-claro-que-el-sistema-se-agoto%E2%80%9D/" target="_blank">vea la entrevista a Méndez</a>).</p>
<p>CIPER tomó las proyecciones de población para el 2009 hechas por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) en cada comuna del país y las cruzó con las cifras de la elección parlamentaria de ese mismo año consignadas por el Servicio Electoral (Servel). La investigación arrojó una extensa base de datos que indica que en 2009 había 12.180.403 chilenos que cumplían con el requisito que exige la ley para votar: ser mayor de 18 años. De ellos, más de 5,5 millones prefirieron no votar por un candidato en la elección de diputados de 2009.</p>
<p>En los registros electorales hay 8.285.186 inscritos. Es decir, cerca de 3,9 millones de chilenos no están en el padrón. A éstos últimos, en la elección de diputados de 2009 se sumaron 1.021.649 personas que no concurrieron a votar, aunque estaban inscritas. Y se les agregaron también aquellos que fueron a sufragar, pero no manifestaron preferencia por alguno de los candidatos, es decir, los que votaron nulo o blanco (442.161 y 205.520, respectivamente).</p>
<p>En total, en la última elección de diputados, 5.564.547 chilenos no marcaron una preferencia para elegir un representante en el Parlamento. En contraste, sí votaron por una de las candidaturas en competencia un total de 6.615.856 personas (54,32% de todos los mayores de 18 años).</p>
<p>Los ciudadanos que votaron por un postulante que resultó electo y que son los únicos que con toda propiedad pueden sentirse representados en el Congreso Nacional, sumaron 3.963.651 electores, que corresponden sólo a un 32,54% del total de chilenos mayores de 18 años.</p>
<p>La subrepresentación se agrava en los distritos más populosos. En La Pintana-Puente Alto, por ejemplo, había 649.010 mayores de 18 años en 2009, pero los que no votaron por un candidato alcanzaron al 71,56% de esa cifra. Aunque los datos del Servicio Electoral (descontados los votos blancos y nulos, que se contabilizan dentro de quienes no eligieron candidato) indican que los diputados Osvaldo Andrade (PS) y Leopoldo Pérez (RN) fueron electos con un 26,34% y 21,71% de los sufragios, esos porcentajes se diluyen si se comparan con la población total de mayores de edad del distrito: la votación que obtuvo Andrade sólo representa el 8,5% de ese universo y la de Pérez, el 7,1%.</p>
<p>En San Bernardo-Buin, los que no votaron por un postulante suman el 64,99% de los 319.120 mayores de edad que hay en el distrito. Ahí los diputados Ramón Farías (PPD) y José Antonio Kast (UDI), representan el 9,19% y el 16,74%, respectivamente, de la población total que podría votar.</p>
<p>Y en Maipú-Estación Central, los que optaron por no elegir representante en el Parlamento alcanzan al 64,8% de los 686.395 mayores de edad que residen en el distrito. En esa zona, los votos que obtuvo el diputado Pepe Auth (PPD) corresponden al 7,28% del total de los mayores de edad y los que consiguió la diputada Mónica Zalaquett (UDI) suman el 8,18% de ese mismo universo.</p>
<h2>El perfil de los desencantados</h2>
<p><img class="left" src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/Mónica-Zalaquett.jpg" alt="" width="222" height="350" />Diversos son los estudios que demuestran que el padrón electoral chileno está envejeciendo. En 1988 los inscritos que tenían entre 18 y 29 años correspondían al 36% de los votantes, constituyendo el grupo etário con mayor representación. Hoy sólo conforman el 8,1% del padrón.</p>
<p>En contrapartida, el grupo de “70 años y más” representaba el 5,4% del total de inscritos en 1988, pero ahora se empina sobre el 11,8%. Las estadísticas indican que hace 15 años el 50% de los inscritos tenían menos de 40 años y ahora sólo un 27% corresponde a ese rango de edad.</p>
<p>Circunscribir el fenómeno de los no votantes a una caricatura de jóvenes rebeldes y anarquistas o personas sin educación, es un grave error. Entre quienes hoy optan por no elegir a las autoridades, va aumentando paulatinamente el perfil de personas que superan los 30 años de edad, de clase media, con mayor escolaridad. Son jefes de familia, empleados, endeudados y críticos de un sistema electoral que no genera incertidumbre sobre sus resultados, pues dicen que siempre ganan los mismos -Concertación o Alianza-, sectores con los que no se sienten representados.</p>
<p>Con dos hijos y separada, Paulina Parada (36 años) es una jefa de hogar de Cerro Navia, trabaja en una carnicería, tiene deudas por $600 mil en ABC y Líder. No está inscrita y dice que los políticos la decepcionaron: “Yo me separé y estaba súper mal. Un político me prometió una mediagua si me inscribía en los registros electorales. Eran puras mentiras”. La única vez que tuvo ganas de votar, cuenta, fue en la elección presidencial de 2005. “Sentía simpatía por la Bachelet y por ella habría votado”.</p>
<p>José Pérez (44 años) es un desencantado. Se inscribió en 1988, pero después dejó de votar. Trabaja en la construcción, vive en La Florida, es casado, tiene dos hijos y está endeudado por los estudios universitarios de su hija mayor: &#8220;Ya no voto porque me decepcionó la política. Está muy lejos de la gente. Mira lo que ocurre con los estudiantes. Y la gente de clase media es la que más se da cuenta de esto, porque ha estudiado más. A las clases populares les cuesta comprender eso. Solamente voté para el Sí y el No. Ahora no me motiva ninguno de los sectores”.</p>
<h2>“Si no estás en el padrón, no existes”</h2>
<p>En el distrito Nº 20, donde Mónica Zalaquett (UDI) compitió para representar a las comunas de Cerrillos, Estación Central y Maipú, en 2009 sólo votó por algunas de las listas el 35,18% de todos los mayores de 18 años. Ella obtuvo el 20,99% de los votos, lo que equivale a una representación efectiva en la Cámara de sólo un 8,19%. Si se suma el porcentaje que obtuvo el diputado Pepe Auth (PPD), entre los dos hacen un 15,47%: ese es el porcentaje de chilenos de ese distrito que tiene representación en el Parlamento.</p>
<p>Zalaquett recibió a CIPER en su oficina del Congreso. Allí tiene una vista privilegiada al puerto de Valparaíso, una foto de su hermano Pablo y otra de Jaime Guzmán. De entrada, aseguró que está conciente de la falta de representatividad en el Parlamento. Calculó que tres de cada diez personas votan. Según ella, fue precisamente por eso que compitió.</p>
<p>Después de ver las cifras del estudio de CIPER, Zalaquett dijo que la representatividad debe medirse en relación a la masa votante y no a la población mayor de 18 años. A su juicio, sólo habría que considerar a los que están inscritos y cumplen con su deber cívico: “Muchos alegan por sus derechos, pero no están conscientes de sus deberes”.</p>
<p><img class="right" src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/Ramón-Farías.jpg" alt="" width="237" height="350" />Mientras hablaba recibió un llamado. Dijo que debía bajar a votar y que al rato seguiría con la entrevista. La diputada bajó a votar el proyecto sobre el plebiscito que exigen los estudiantes. Antes de que esa propuesta se rechazara por 52 votos contra 48, el diputado Edmundo Eluchans, del mismo partido de Zalaquett, argumentó que los plebiscitos no correspondían porque el país tiene representación en el Congreso para esos temas. Tras la votación, el presidente de la Cámara, Patricio Melero, también UDI, dijo: “Este mayoritario rechazo deja en evidencia que la democracia representativa y la aprobación de distintos proyectos de ley son los caminos por los cuales se deben generar las modificaciones al sistema educacional”.</p>
<p>Zalaquett volvió a su oficina. Uno de los votos en contra del plebiscito fue el suyo. Consultada por qué se sumó a su partido bajo el argumento de que la representación política está en el Congreso, si recién había reconocido que había una crisis de representatividad en el Parlamento, respondió que aunque la poca participación electoral podría poner en peligro la democracia, el Congreso es la institución representativa del país. Y soltó una máxima dramática: “Si se quiere plebiscitar todo, que se acabe con el Congreso, pero mientras yo esté aquí no lo voy a permitir”.</p>
<p>El diputado Leopoldo Pérez (RN) revisó las cifras del estudio de CIPER y reconoció que su representación es bajísima: 7,01% de los mayores de edad que hay en La Pintana-Puente Alto:</p>
<p>-Claro que es bajo, pero esas son las reglas del juego. Por eso no creo que exista una crisis de representatividad. Guste o no, es el sistema que hay (…). La única forma de manifestarse es dentro del sistema. Si no estás dentro, no existes, no eres un voto. Si no estás en el padrón, no cuentas.</p>
<p>Uno de los chilenos que a juicio de Pérez no cuenta es Marcelo Arriagada (34 años), quien trabaja en Saxoline, vive en Santiago, estudia Administración de Empresas en la Universidad de las Américas y tiene una deuda por un año de estudios que cursó en la Universidad de Chile. Nunca se inscribió y para él, todos los parlamentarios tampoco cuentan: “Para mí, la política es un montón de tipos sentados en el Senado haciendo nada. Las revueltas sociales son reflejo del malestar popular”.</p>
<p>El diputado Pérez intenta explicar la baja participación electoral de su distrito con dos argumentos: que los jóvenes de esas comunas tienen poco interés en los temas públicos, ya que el 40% provienen de hogares vulnerables carentes de uno de los jefes del hogar; y que su distrito se ha poblado con erradicaciones de familias que vienen de otras comunas, por lo que sus habitantes votan en sus lugares de origen.</p>
<p>Efectivamente, hay comunas donde residen muchos ciudadanos que están inscritos en otros distritos. Por eso la investigación de CIPER hizo también el cálculo a nivel nacional, para corregir esas distorsiones. Se dan casos, por ejemplo, de comunas rurales donde hay más inscritos que residentes mayores de edad, porque muchas personas se sumaron al padrón antes de independizarse de sus familias y mudarse a otros lugares. También hay casos, como en Santiago, donde hay más inscritos que residentes en edad de votar porque muchas personas se inscriben en su lugar de trabajo.</p>
<h2>La reforma en el clóset</h2>
<p>Pepe Auth (PPD), diputado por Maipú al igual que Mónica Zalaquett, representa al 7,28% de los mayores de 18 años de su distrito. Pero a diferencia de sus colegas, sí cree que hay una profunda crisis en el sistema y la divide en dos áreas: participación y representación.</p>
<p><img class="left" src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/Pepe-Auth.jpg" alt="" width="226" height="350" />-La crisis de participación es porque el padrón ha ido envejeciendo y el país electoral cada vez se corresponde menos con el país real, que es más joven. Entonces, la oferta de los candidatos se centra en los temas que interesan a las personas de más edad -dice Auth, quien paradójicamente llegó exhausto a la cita con CIPER después de bailar en Estación Central con una centena de veteranas que celebraban haber pasado agosto.</p>
<p>“Y la crisis de representación se refleja en que lo que está en el Parlamento no representa a toda la sociedad. Y con cada elección que pasa, el Congreso representa a un sector menor”, agrega.</p>
<p>A juicio de Auth, el principal escollo para mejorar la participación es el sistema electoral binominal: “El problema del binominal es doble. En primer lugar, la mayoría empata con la minoría y no puede generar cambios de fondo. Y el segundo problema es que excluye a todo aquel que no es de la primera o segunda mayoría. Uno puede constituir una fuerza del 20% o 25% y no existir. El binominal es un sistema proporcional distorsionado, porque proporciona entre los dos actores más fuertes y excluye al resto”.</p>
<p>Para Auth, la corrección pasa, en primer lugar, porque se cumpla con la <a href="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/Mundo-electoral.pdf" target="_blank">reforma constitucional aprobada en 2009</a> que ya consagró la inscripción automática de los mayores de edad y el voto voluntario, un cambio que no se ha concretado porque el gobierno y los parlamentarios no han hecho las modificaciones a la ley orgánica que regula las votaciones:</p>
<p>-Cada día que pasa aumenta la deuda del sistema político con el país, porque la Constitución ya asegura el voto voluntario para todos los mayores de 18 años y alguien podría, incluso, acusar a las autoridades de notable abandono de deberes por negarle ese derecho constitucional- dice Auth.</p>
<p>De materializarse esa reforma, se ampliaría automáticamente el padrón a casi cuatro millones de nuevos electores. Y eso, dice Auth, aterroriza a algunos partidos y parlamentarios que temen perder sus escaños si hay más competencia: “Entre la derecha y una parte de la DC han bloqueado el cambio. El voto voluntario para millones de electores nuevos obligará a los candidatos a plantear temas de interés real para la gente, que pueden ser incómodos en algunos partidos. La próxima campaña podría enfrentar, por ejemplo, a los que están por el lucro y los que estamos en contra”.</p>
<h2>Libertad y Desarrollo, por el cambio</h2>
<p>Pero, a pesar de lo que sostiene Auth, no toda la derecha se opone a los cambios. José Francisco García y Álvaro Bellolio, expertos del Instituto Libertad y Desarrollo, que presta asesoría legislativa a las bancadas oficialistas, trabajan actualmente en un texto con propuestas para activar la participación electoral, las que no excluyen eventuales cambios al binominal (<a href="http://ciperchile.cl/2011/09/12/oxigeno-democratico/" target="_blank">vea la columna que ambos prepararon para CIPER</a>).</p>
<p>Bellolio plantea que factores como la inscripción automática, voto voluntario, voto de chilenos en el extranjero, límite a la reelección, mayor financiamiento para candidatos que &#8220;desafían&#8221; a los autoridades que intentan reelegirse y primarias reguladas por el Servel, “podrían tener un impacto a corto plazo, al generar mayor representatividad y darle un aire fresco al padrón”. Otra opción, dice, es el redistritaje y/o aumentar el número de parlamentarios.</p>
<p><img class="right" src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/Leopoldo-Pérez-diputado.jpg" alt="" width="350" height="269" />Ambos indican que para hacer modificaciones al sistema electoral debe consensuarse primero, cuál es el objetivo: más gobernabilidad o más proporcionalidad. El binominal privilegia la gobernabilidad. “Si el diagnóstico es que nuestro sistema adolece de niveles de proporcionalidad que son atentatorios contra principios de igualdad básicos, podrían darse perfeccionamientos”, dicen. Uno de ellos podría ser asignar un número de diputados “a las coaliciones que obtengan más del 5%, 6% ó 7% de la votación a nivel nacional”</p>
<p>-El sistema binominal está empantanado porque se están reforzando sus atributos de gobernabilidad. Aquello que uno querría que tuviera un sistema electoral, que es una competencia muy robusta, está frenado. Y las directivas de los partidos estarían teniendo demasiado poder (para designar candidatos con el triunfo casi asegurado) cuando uno querría un sistema más competitivo -acota García.</p>
<p>El poder de los partidos, en contraposición al principio de representatividad, llega al extremo cuando se trata de reemplazar a un parlamentario. En esos casos las directivas eligen sencillamente “a dedo”. A continuación, los tres casos que se han dado en la actual Cámara de Diputados, para que juzgue usted:</p>
<p>1. Gonzalo Uriarte fue designado senador en reemplazo de Evelyn Matthei, luego de que ésta asumiera como ministra del Trabajo, en enero de 2011. El cupo que dejó en la Cámara ahora lo ocupa el diputado Cristian Letelier, quien perdió con el 1,67% de los votos cuando en 2009 compitió en la Tercera Circunscripción Senatorial.</p>
<p>2. El diputado Alejandro García-Huidobro remplazó a principios de agosto a Andrés Chadwick en el Senado, luego de que éste asumiera la vocería del gobierno. García-Huidobro fue reemplazado en la Cámara por el historiador Issa Kort, ex seremi de Cultura de la VI Región. Kort nunca ha participado en una elección.</p>
<p>3. En abril de este año, el diputado Juan Lobos falleció en un accidente vehicular. En su reemplazo asumió a principios de mayo Joel Rosales. Éste último, al menos, había sido electo alcalde de Los Ángeles en 2008 con 33.739 votos.</p>
<blockquote><p><strong>(*) Esta investigación contó con la colaboración del estudiante en práctica Jorge Aliaga, y contempló sólo el universo de la Cámara de Diputados por ser esa entidad la que se renovó completamente en la última elección a nivel nacional.</strong></p></blockquote>
]]></content:encoded>
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		</item>
		<item>
		<title>Roberto Méndez (Adimark GfK): “Con los datos que plantea CIPER queda claro que el sistema se agotó”</title>
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		<pubDate>Mon, 12 Sep 2011 17:49:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Pablo Figueroa</dc:creator>
				<category><![CDATA[Actualidad y Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Diputados]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://ciperchile.cl/?p=30079</guid>
		<description><![CDATA[Roberto Méndez, conoce muy bien la crisis de representatividad del sistema político. La última encuesta de Adimark GfK, institución que dirige, arrojó que el rechazo a todos los sectores de la política –gobierno, Presidente, oposición, oficialismo, parlamentarios– se alza por sobre el 64%. Méndez opinó después de revisar la investigación de CIPER que evidencia la escasa representatividad del Congreso. Los datos, dice, confirman una serie de señales que apuntan a un agotamiento del sistema político y electoral. Para él, los tres pilares que se deben revisar son el binominal, la estructura democrática de los partidos y el sistema de reelección ilimitada que ha transformado a los parlamentarios en “profesionales” de la política.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>-¿Qué pasa con un sistema que permite que algunos diputados sean electos con un 7% de representatividad respecto del total de mayores de edad que hay en sus distritos, como lo demuestra <a href="http://ciperchile.cl/2011/09/12/las-reveladoras-cifras-de-la-crisis-de-representatividad-de-los-parlamentarios/" target="_blank">la investigación de CIPER</a>?</strong><br />
Es una señal del agotamiento de nuestro sistema político y electoral. Creo que ya es bastante evidente y estos datos son una evidencia más que se agrega a este hecho. Probablemente ésta es una reacción de las personas a esta falta de representatividad en el sistema. Esto no sólo es producto de los que no están inscritos, que es el caso de los más jóvenes, sino que también de los que estando inscritos no van a votar o no se manifiestan o votan en blanco o nulo.</p>
<p><strong>-¿Esto es algo que se extrapola a todo el espectro político o sólo se concentra en el Congreso? </strong><br />
Las encuestas de opinión nos indican que las personas no se sienten representadas especialmente por el Congreso. Este sistema electoral que se aplica al Parlamento no es el mismo que corre para el presidente o para los alcaldes. Hay una mezcla de cosas, pero lo general es que en Chile tenemos una crisis de representación. Sobre eso se está generando un consenso y los datos de CIPER son un elemento muy valioso para confirmar la idea de que el sistema político se agotó. Hay distintas opiniones del rol que tuvo el sistema político que se creó y que nos ha regido durante los últimos 20 años.</p>
<p><img class="right" src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/Roberto-Méndez-director-Adimark-4.jpg" alt="" width="350" height="269" /><strong>-Cuando se refiere al sistema, ¿es al sistema político completo o sólo al binominal?</strong><br />
Fundamentalmente, al sistema binominal. En el sistema de elección presidencial hay un mayor grado de legitimidad al ser unipersonal. Pero es el sistema binominal el que le ha hecho perder legitimidad al Congreso, aunque no es sólo eso. Esto se explica también por la falta de legitimidad que tienen los partidos. La crisis del sistema político no sólo incluye al sistema binominal, sino que también una reforma al sistema de los partidos. Hay que revisar su estructura democrática interna porque la verdad es que en un sistema binominal, los partidos son muy poderosos: al final, son los que nominan a los representantes, pero carecen de un sistema democrático transparente. Uno ve que los partidos están cautivos de grupos, de cúpulas, de máquinas. Entonces no es sólo el binominal, sino que el fenómeno de los partidos también forma parte, y a eso se le suma un tercer tema: la reelección prácticamente indefinida que presentan los diputados y senadores, donde vemos a algunos que se han eternizado en los cargos.</p>
<p><strong>-Uno de los factores que inciden en la baja participación política, principalmente en los jóvenes, es que elección tras elección los parlamentarios son casi los mismos.</strong><br />
Efectivamente. Muchos de ellos llevan más de 20 años en el Congreso, lo que ha dado origen a una profesionalización de la política. Lo que vemos es que hoy, lo que llamamos “clase política”, es en realidad un grupo de personas que se ha dedicado de forma profesional a la política como una carrera de vida, como si fuera su carrera profesional. Eso tiende a separarlos, desde el punto de vista de la ciudadanía, de la gente común. Este agotamiento del sistema político requiere revisar el binominal, que es parte del problema, pero además está el tema de los partidos, la reelección y, probablemente lo más complejo que es la inscripción automática, que por sí sola no soluciona mucho. Si al final, con o sin inscripción automática, la gente que no quiere votar no lo va a hacer. Ese no es el tema. Lo que hay que hacer es lograr que la gente se sienta representada y para eso, creo que los tres pilares son una revisión tanto del binominal, como de la democracia al interior de los partidos y la reelección indefinida.</p>
<p><img class="left" src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/Elecciones-5.jpg" alt="" width="234" height="350" /><strong>-¿Cómo se mejora la estructura de los partidos para acercarlos a la gente?</strong><br />
Probablemente por medio de primarias vinculantes al interior de los partidos. Con eso, la gente participaría en las nominaciones y dejaría de ser un acuerdo de estas mismas cúpulas no representativas. La misma elección de las cúpulas y su renovación es un tema. La gente ve a los partidos y se encuentra con directivos que llevan 20 ó 30 años en sus cargos, que van rotando. Todo esto ha sido un atentado para la legitimidad de los sectores políticos.</p>
<p><strong>-Pero todos esos cambios son a largo plazo.</strong><br />
No es fácil cambiarlo porque tampoco tenemos claro cómo se cambia ni por qué se cambia. Podemos cambiar el sistema binominal, pero hay muchas opiniones y muchos sistemas, todos con sus ventajas y desventajas. Creo que trabajos como el que están haciendo ustedes son elementos para abrir una discusión que tiene que ser amplia. No es sólo el sistema binominal.</p>
<p><strong>-En el oficialismo son pocos los que consideran la opción de cambiar el binominal. Algunos dicen que sirvió para equilibrar las fuerzas políticas y que podría ser momento de revisarlo, pero no estiman que necesariamente influya en la poca participación de la ciudadanía.</strong><br />
Con los datos que ustedes plantean queda claro que el sistema ya se agotó. Creo que no es momento de una discusión más académica, de mirar hacia atrás y ver si fue bueno o malo. Sentarse en una discusión eterna para evaluar lo que fue este sistema, si viene de la dictadura y si es legítimo o no, no es lo más relevante. Cumplió un rol y un ciclo, pero eso hay que dejárselo a los historiadores y analistas. La evidencia que muestran estos datos, las encuestas, la insatisfacción de las personas en la calle y los estudiantes que no quieren llevar la conversación al Congreso porque no lo encuentran legítimo como lugar de discusión, demuestran que hoy ese ciclo ya se agotó y hay que pensar en una cosa nueva. Lo importante es ver cómo modificamos este sistema para hacerlo representativo, para que la gente se sienta representada en las instituciones políticas. Y no sólo en el Congreso, sino que también en los partidos, que están completamente deslegitimados.</p>
<p><strong>-Gran parte del descontento social tiene que ver con temas cruciales que no se han solucionado en el Congreso. ¿Cuáles son las grandes deudas que la gente le cobra a los parlamentarios?</strong><br />
Creo que la reforma del sistema político es un tema bastante técnico que la mayoría de la gente no entiende demasiado. Deben ser los cientistas políticos y los que conocen la experiencia internacional los que deben buscar, evaluar y proponer alternativas, porque al final lo que la gente siente son los efectos de los sistemas. Efectivamente, nuestro Congreso no ha sabido responder a las inquietudes de las personas, algo que ha quedado más que claro con las demandas estudiantiles. Obviamente que resulta irritante para los jóvenes que algunos de los acuerdos que se tomaron en 2006, con el movimiento de los pingüinos, han demorado unos cinco años en aprobarse o aún están en discusión. Todo eso ha significado un fracaso de un Congreso que no está respondiendo a los ritmos ni a las inquietudes de las personas. Se han sentido estafados. Entonces aparece otro tema: la falta de legitimidad también viene de eso, no sólo de la estructura del sistema. Mucho tiene que ver la incapacidad de responder a los intereses ciudadanos. Ahí también están todas las comisiones investigadoras que se han formado y que al final no llegan a ninguna parte. Es un conjunto de elementos que hoy tenemos que enfrentar y que le han pasado la cuenta al Congreso.</p>
<p><img class="right" src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/Roberto-Méndez-director-Adimark-2.jpg" alt="" width="232" height="350" /><strong>-Muchos diputados están de acuerdo en que la inscripción automática y el voto voluntario, que incluso está garantizado por la Constitución desde 2009, son un paso adelante. Pero la Ley Orgánica de Elecciones que permitiría ese derecho aún no se ha aprobado. </strong><br />
La gente siente que el Congreso se ha deslegitimado en su origen, hay una duda sobre su generación, pero actualmente hay también una fuerte crítica a su manera de actuar. Eso crea esta situación que hoy es insostenible y muy incómoda para los parlamentarios, además de dificultar el sistema político. Si no tenemos un Congreso legítimo, la discusión política queda afuera de él y se empieza a destruir la institucionalidad. Así ha pasado con las discusiones y negociaciones del conflicto estudiantil. Es vergonzoso para el Congreso que el gobierno y los estudiantes estén discutiendo directamente sin la presencia del Parlamento. Es una demostración de la humillación a la que ha llegado esta situación y de lo crítica que es la situación de nuestro Congreso.</p>
<p><strong>-¿A eso responde el llamado a plebiscito que han hecho los estudiantes?</strong><br />
De alguna manera, ese llamado es una forma de saltarse la institución donde están representados los ciudadanos, que es el Congreso Nacional. Hay varias señales bastante complejas, porque en definitiva es una deslegitimación del Congreso y las instituciones. El gran orgullo que hemos tenido en estos años, desde el Presidente Ricardo Lagos, es que las instituciones funcionan. Y en estos últimos meses, está claro que no están funcionando.</p>
<p><strong>-Tanto en las encuestas como en las manifestaciones ciudadanas se ha demostrado que una gran parte de la población rechaza tanto a la derecha como a la Concertación. Hay sondeos que indican que los líderes del movimiento estudiantil tienen más apoyo que los dos principales conglomerados políticos.</strong><br />
Eso es notable: el movimiento estudiantil ha logrado un nivel de unanimidad, adhesión y simpatía en la opinión pública que es sorprendentemente alto, un grado de legitimidad que no tienen las instituciones. Eso les ha dado un poder inmenso que muy probablemente para ellos mismos es muy difícil de manejar. Son instituciones muy difíciles. Ellos son dirigentes que tienen que responder a una confederación que también es difícil de dirigir. Es una situación anómala y muy peligrosa, porque no es un poder institucionalizado, sino que es un poder de facto que se ha creado precisamente por la debilidad del sistema político y que los estudiantes no saben cómo administrar. Es un arma de doble filo muy compleja. Pero la adhesión ha sido impresionante. Es una de las pocas causas que actualmente gozan de acuerdo general, porque tiene que ver con un problema real y representa una situación que afecta a la clase media chilena, algo que los estudiantes han sabido comunicar muy bien.</p>
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		<title>El sistema político está podrido</title>
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		<pubDate>Mon, 12 Sep 2011 17:49:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Genaro Arriagada</dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Diputados]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>

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		<description><![CDATA[El mayor problema que enfrenta Chile, afirma el autor, es el grave desgaste de su sistema político. Uno a Uno, Arriagada desnuda los factores de esta crisis: una democracia de electores viejos, sin competencia real, con partidos en decadencia, con candidatos únicos que se eternizan en los cargos y financistas de campañas que constituyen una verdadera plutocracia. “Un mal sistema político puede arruinar más a un país que un mal manejo económico; en tanto que uno bueno contribuye más al progreso de una nación que abundantes recursos naturales”, afirma.     ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Chile vive hoy un peligroso desgaste de su sistema político y ese es, tal vez,  el mayor problema que enfrenta nuestra sociedad.    </p>
<p>Algunos dicen -especialmente en la derecha- que este es un falso problema pues la reforma de la política no figura en las encuestas como una demanda ciudadana. Es efectivo, pero esa es una manera muy mediocre de fijar la agenda de una sociedad, pues hay asuntos esenciales que no serán nunca objeto de prioridad en las encuestas. Nadie demanda equilibrios macroeconómicos ni tampoco mayor electricidad, petróleo o gas. Pero no hay progreso material sin una economía en orden; ni salud ni educación ni empleo sin disponibilidad de energía. </p>
<p>El sistema electoral o una ley de partidos no será nunca una demanda que registren las encuestas (como no lo será la regla fiscal), pero sí tal vez lo sean los frutos que debe proveer un buen sistema político: estabilidad, justicia, paz, orden, igualdad de oportunidades. En este sentido, la importancia del sistema político es una de las mayores. Un mal sistema político puede arruinar más a un país que un mal manejo económico; en tanto que uno bueno contribuye más al progreso de una nación que la disposición de abundantes recursos naturales.  </p>
<p>Las evidencias del deterioro de nuestro sistema político son enormes. Analicémoslas. </p>
<h2>UN  PADRÓN  NO  REPRESENTATIVO</h2>
<p>En Chile votan cada vez menos personas. La comparación entre los que tienen derecho a votar, los que están inscritos en los registros electorales y los que sufragan, muestra una peligrosa tendencia.   En 1989, sobre un total de 8,5 millones de personas con derecho a voto, estaban inscritos 7,5 millones, el 88 por ciento; y sufragaron 7 millones, esto es el 82 por ciento. Veinte años después, la situación es la siguiente: sobre un total de 12,4 millones de chilenos con derecho a voto, sólo está inscrito el 67 por ciento y sufragan apenas 7 millones, esto es el 56 por ciento.</p>
<p>Esos casi 4 millones de no inscritos son jóvenes entre 18 y 38 años de edad, lo que significa que el padrón electoral chileno entrega una abrumadora sobre representación a adultos en que los más jóvenes abandonaron los colegios y liceos hace 20 y más años.</p>
<h2>FALTA  DE  COMPETENCIA</h2>
<p>La inscripción electoral es la piedra fundamental sobre la que descansa la integración al sistema político, pero aunque ella fuera casi perfecta, sería un derecho ilusorio si la posibilidad de ser candidato a los cargos de representación fuera muy difícil o gravemente restringida. Y esto último es lo que ocurre en nuestra política.</p>
<p><img src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/Elecciones-3.jpg" alt="" title="" width="235" height="350" class="right" />De partida, el sistema binominal sólo permite dos candidatos por distrito o circunscripción pues sólo dos son los cargos a elegir en cada lugar. Si a ello se agrega que en más del 80 por ciento de los lugares (50 de 60 distritos en los diputados,  y 17 de 19 circunscripciones senatoriales) se sabe que la Concertación elegirá uno y la Alianza el otro, entonces es posible determinar con una alta probabilidad qué partido dentro de cada coalición tiene la ventaja y por esa vía se da en muchos casos  -bastante más que la mayoría-  la regla de “candidato propuesto, candidato elegido”. En estos casos la clave para llegar al Congreso no está en el voto popular sino en ser incorporado a la lista.  </p>
<p>Por esta razón, a los parlamentarios en ejercicio  -los incumbentes-  los une un mismo reclamo: que se les asigne el único lugar que a su partido le corresponde en la lista. Ellos encubren esta demanda en un término latino, el “uti possidetis”, que significa que “como tu lo posees (el distrito), lo continuarás poseyendo”.  El resultado es lo que Oscar Godoy, actual embajador en Italia, denunció como “la destrucción de todo vestigio de libertad para elegir”, escapando el proceso electoral del control ciudadano “y quedando radicado en las minorías dirigentes que atribuyen las candidaturas” o, para decirlo más directamente, en las oligarquías parlamentarias que controlan los partidos a nivel nacional o regional.</p>
<h2>CANDIDATOS  UNICOS</h2>
<p>Los defensores de las dictaduras comunistas solían decir que en las democracias populares el pueblo tenía derecho a elegir libremente a sus representantes… pero que desgraciadamente no había más que candidatos únicos. Candidaturas únicas -cierto que al interior del propio pacto- es lo que está creando cada vez más la derecha y con una tendencia de la Concertación a imitarla.</p>
<p>Como hay dos candidatos por zona electoral, basta una pequeña manipulación para asignar senadurías y diputaciones seguras: o se decide llevar un solo candidato y no dos en la lista o, si se quiere ofender menos al pudor, entonces se lleva a un candidato fuerte pero acompañado por otro que no va a hacer campaña. Es lo que sucedió en la elección senatorial de 2001, donde se renovaban 9 circunscripciones. La derecha admitió competencia en sólo dos de ellas: en la Primera Región, entre Julio Lagos (RN) y Jaime Orpis (UDI) y en la Novena Sur, entre José García (RN) y Eduardo Díaz (UDI). En otras cuatro llevó candidatos únicos: en la Tercera, Baldo Procurika (RN); en la Quinta Costa a Jorge Patricio Arancibia (UDI); en la Novena Norte a Alberto Espina (RN); y en la Décimo Primera a Antonio Horvath. En tres de estos cuatro casos, la candidatura única se logró defenestrando con rudeza a candidatos alternativos: Herman Chadwick (UDI), en la Tercera; Sebastián Piñera (RN) en la Quinta; y Francisco Prat (RN) en la Novena Norte, donde era senador.  Finalmente, en las otras tres los candidatos nombrados por los partidos –Sergio Romero (RN) en la Quinta Interior, Juan Antonio Coloma (UDI) en la Séptima Norte y Hernán Larraín (UDI) en la Séptima Sur- fueron acompañados por candidatos que no eran una amenaza para nadie como lo prueba el que obtuvieron el 2,9, el 1,6 y el 2,6 por ciento de los votos, respectivamente.</p>
<p>Hay senadores que llevan 16 años ocupando un sillón parlamentario supuestamente elegido por el pueblo, sin que jamás hayan tenido una competencia por el cargo.  Su designación la deben a los partidos que les asignan un “cupo” seguro, en tanto que al pueblo le corresponde el derecho a ratificar -sí o sí- la única oferta parlamentaria que le han hecho.</p>
<p>En las próximas elecciones de alcaldes el sistema expondrá, una vez más y de modo casi obsceno, estas carencias: 350 alcaldes, de gobierno y oposición, reclamarán el “uti possidetis” y serán la única opción por la que puedan votar sus coaliciones. El derecho del pueblo a elegir habrá sido reducido a la mera “ratificación” de lo que decidan los partidos. En concejales, en cambio, aunque con imperfecciones, el sistema será más abierto pues habrá representación proporcional.</p>
<h2>“NOMBRAMIENTO”  DE  PARLAMENTARIOS</h2>
<p><img src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/Elecciones-6.jpg" alt="" title="" width="350" height="233" class="left" />A la anterior distorsión se agrega otra en que se ha reparado algo más en meses recientes y que ha causado enorme daño al prestigio y a la legitimidad del Parlamento, particularmente al Senado. Se trata de la práctica iniciada por la Concertación de nombrar parlamentarios (Carolina Tohá) en cargos ministeriales y que los partidos procedan a designar sus reemplazantes. Bajo el actual gobierno esto ha significado que cuatro senadores electos y tal vez los de mayor influencia de la derecha (Evelyn Mathei, Pablo Longueira, Andrés Chadwick y Andrés Allamand) hayan sido reemplazados por nominados de los partidos, la mayoría de los cuales no tenían vinculación con las zonas que hoy representan.</p>
<h2>PODEROSO  ELECTOR  ES  “DON  DINERO”</h2>
<p>Otra falla fundamental del actual orden electoral es el financiamiento de las campañas pues pocas cosas hay que deslegitimen más a un sistema político que el rol desmedido, no regulado y no transparente del dinero en la política. Su efecto es como una metástasis que daña por igual a políticos y empresarios; a los primeros proyectándolos como sirvientes del poder económico y a los segundos como corruptores. </p>
<p>En las pequeñas ciudades y comunidades esta relación es denunciada en los peores términos: es el rico del pueblo, o un puñado de ellos, con “su” parlamentario o “su” alcalde y por esa vía las trenzas de influencia escalan hacia las autoridades administrativas. Esa es, a mi parecer, una imagen excesiva pues sigo sosteniendo que Chile no es un país corrupto, pero de todos los campos donde la amenaza se da es esta relación entre el dinero y la política la que más daña. </p>
<p>La democracia se destruye cuando permea la idea de que la voluntad popular no es nada frente al poder de la riqueza. Además, el sistema se hace menos competitivo y plutocrático, pues si una persona quiere entrar a renovar la política no sólo le será muy difícil lograr un lugar en una lista de candidatos  sino que, a continuación, se le agregará una nueva barrera de entrada que es la plata para financiar su campaña.</p>
<h2>PARTIDOS  EN  DECADENCIA</h2>
<p>En una democracia el rol de los partidos es insustituible. Si funcionan bien, articulan en proyectos nacionales las demandas diversas y contradictorias de la sociedad; ordenan los miles de puntos de vista en unas pocas alternativas viables; capacitan al personal político; son los principales proveedores de candidatos para los cargos de elección popular y para las más altas funciones de la administración; dan sustento a los gobiernos y ayudan a disciplinar a las bancadas parlamentarias.  Si ellos no funcionan todas estas tareas se desempeñan mal: no logran controlar las camarillas ni tampoco los personalismos; no generan proyectos nacionales sino que se comportan como ONGs; carentes de formación se transforman en meras máquinas de poder y muy luego en cerradas oligarquías que intentan monopolizar candidaturas y cargos; y en vez de ofrecer orden contribuyen a hacer más difíciles los gobiernos.</p>
<p>Los partidos políticos chilenos están enfermos, sin excepción. Sus padrones de militantes viven bajo la acusación de ser manipulados. Mientras la población se expande, el número de sus militantes no hace sino caer. Por ejemplo, la Democracia Cristiana, que en la década del ‘80 fue pionera en la captación de adherentes, se estima que en 1990 tenía 100 mil militantes activos y veinte años después no supera los 40 mil, realidad que es similar o peor en las demás colectividades. </p>
<p>Mientras en las elecciones a nivel del Estado jamás se escuchan acusaciones de fraudes, los comicios internos de los partidos son objeto frecuente de escándalos. El atropello a la institucionalidad interna es endémico, como lo acaba de mostrar el reciente golpe de “los coroneles” en la UDI. Decisiones como el nombramiento de candidatos se adoptan “en habitaciones llenas de humo” y ajenas a procedimientos democráticos. Es lamentable que una de las organizaciones que mayor influencia puede tener en la vida pública del país, esté ajena a regulaciones, al cumplimiento de normas mínimas que hagan obligatorio su funcionamiento democrático.  </p>
<h2>URGENCIA  DE  UNA  REFORMA  POLÍTICA</h2>
<p><img src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/Elecciones-7.jpg" alt="" title="" width="254" height="350" class="right" />Es urgente la reforma de un sistema político desacreditado,  incapaz de solucionar con legitimidad los múltiples problemas que tiene nuestra sociedad. La vida política se empieza a dividir en mundos que no se tocan. Que “los viejos” se queden con las inscripciones electorales, sus elecciones de parlamentarios sin competencia, sus partidos cada vez menos representativos; y “los jóvenes”, con una mezcla de razones y soberbia, condenan a un orden político del cual en parte se automarginan -como cuando torpemente rechazan inscribirse-  pero que de modo aún más claro los excluye de las candidaturas, de los medios para competir y les ofrece una participación de segundo rango  en una vida ciudadana que ya no calienta a nadie.  </p>
<p>En esta dinámica, “los viejos” se mantienen en las instituciones que, reconocen, son cada vez más débiles; y los “jóvenes” van a la agitación. “Los viejos” les ofrecen competir en un padrón electoral envejecido, en un sistema que facilita la manipulación, que es poco transparente y donde es muy difícil integrar las listas de candidatos y prácticamente imposible superar el “uti possidetis” de los incumbentes. Entonces no es extraño que la política no se canalice a través del Parlamento, no la representen las elites, no la interpreten los partidos y vaya a las calles, las demandas sean representadas en protestas y la fuerza de las demostraciones sea un argumento más fuerte que la razón o el diálogo.</p>
<p>Esta reforma de la política es urgente y debe ser muy profunda. Pero no será fácil pues ella inevitablemente afectará a poderosos intereses creados, siendo uno de los más activos el de los actuales parlamentarios -de gobierno y oposición- que se sienten cómodos en un sistema que con todas sus fallas los favorece. A su vez, una parte mayoritaria de la derecha seguirá aferrada a la idea de que la política no importa y que las reformas políticas son “cosas de políticos”. Es la derecha que no aprende nada. La misma que entre 1973 y 1990, por dejar entregada la política a un general sin escrúpulos, recibió la peor mancha en su prestigio moral y republicano; aquella cuyo desprecio por la política en los dos últimos años casi arruinó a su gobierno.  </p>
<p>El país, a su vez, debe saber que siempre las reformas políticas -en Chile y en todos los países- ha sido una dura lucha contra la derecha. La derecha es la que se opuso al sufragio universal, al término de las Cámaras fundadas no en la elección sino en el linaje, al sufragio femenino, a las leyes contra el cohecho, a la regulación del dinero en la política. Es obvio que la reforma política no vendrá de ahí sino de una exigencia de los partidos que hoy conforman la Concertación. Si ellos no la exigen con enorme decisión, la crisis política en que vivimos no hará sino agravarse.</p>
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		<title>Opinión de Libertad y Desarrollo: Oxígeno democrático</title>
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		<pubDate>Mon, 12 Sep 2011 17:48:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Francisco García</dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Diputados]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>

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		<description><![CDATA[Los expertos del Instituto Libertad y Desarrollo, que presta asesoría legislativa a las bancadas oficialistas, están preparando un texto con propuestas para reactivar la participación electoral y, eventualmente, efectuar modificaciones al sistema electoral binominal. En la siguiente columna, preparada especialmente para CIPER, abordan algunas de las ideas que están analizando para “oxigenar” el sistema político.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>¿Está fatigada nuestra joven democracia? Las últimas encuestas de opinión así lo demuestran. El problema es que el diagnóstico en torno a las causas de la “fatiga” –término acuñado por el Presidente Piñera– no es compartido. Por lo mismo, no hay acuerdo respecto de las teclas precisas que se deben tocar para oxigenar nuestra democracia. Ello sucede por dos motivos; en primer lugar, por legítimas diferencias –académicas y políticas– en torno a cómo equilibrar los diversos bienes que hay en juego: participación, representatividad, gobernabilidad, transparencia, por nombrar algunos. En segundo lugar, porque las reglas de la política –y sus modificaciones– son definidas por los propios jugadores. Ello explica que el debate político sea tan reformista en lo discursivo, pero extraordinariamente conservador a la hora de las reformas.</p>
<p>La agenda de reformas políticas que está impulsando el Gobierno dan cuenta de que existe un diagnóstico claro: nuestra democracia requiere de cuotas mayores de competencia, de incertidumbre en torno a los resultados finales de las elecciones, de entregarle mayor participación y responsabilidad a los ciudadanos en la cosa pública, y por cierto, remozar a nuestros partidos políticos.</p>
<p>Lo anterior explica la importancia de aprobar el nuevo esquema de inscripción automática-voto voluntario-voto de los chilenos en el extranjero (sin exigir vínculo). Se trata de incorporar un potencial de cuatro millones de electores que podrían cambiar dramáticamente la forma de hacer política en Chile. No se trata de un grupo –así lo mostró un estudio pionero en la materia de LyD el 2009– que sea extraordinariamente distinto del de los inscritos desde la perspectiva de sus valores o conductas; pero requerirá de dosis nunca antes vista de seducción programática. El establecimiento de primarias apunta en la misma dirección: no sólo los actuales representantes serán desafiados por nuevos candidatos; todos deberán ir directamente al corazón de la comunidad para buscar apoyos en activistas, militantes, clubes y juntas de vecinos.</p>
<p>Existen otras reformas que nos parecen fundamentales: repensar la conformación de nuestros distritos y circunscripciones, permitiéndonos acercar al ideal de “1 persona, 1 voto” efectivo, a la vez que emparejando dramáticamente la cancha entre incumbentes y desafiantes; segundo, limitar el número de reelecciones para alcaldes y parlamentarios; y tercero, repensar los límites de gasto electoral que enfrentan los candidatos nuevos.</p>
<p>Finalmente, no podemos dejar de mencionar que las anteriores reformas corrigen el binominal de algún modo, sin reemplazarlo. La crítica en torno a la exclusión que genera respectos de ciertas minorías significativas requerirá ser evaluada una vez que se hayan implementado las reformas anteriores –no olvidemos que es posible romper el binominal, como lo ha hecho el PC y algunos partidos regionalistas–. Sin embargo, de persistir sistemáticamente la exclusión de minorías relevantes, es posible pensar en fórmulas que apunten a generar cupos compensatorios, que superen umbrales sensatos.</p>
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		<item>
		<title>“Los políticos, sin sonrojarse, nos recuerdan que no están aquí para representarnos”</title>
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		<pubDate>Wed, 07 Sep 2011 14:49:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Domingo Lovera Parmo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>

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		<description><![CDATA[La crisis producida por la mala calidad de la educación ha sobrepasado largamente la capacidad de reacción de la clase política. Mientras los dirigentes universitarios convocan a miles a sus marchas, los líderes de gobierno y oposición son golpeados por encuestas donde el rechazo es masivo.  ¿Qué deben hacer en este incómodo trance? ¿Debe representan a las mayorías en su reclamo de cambio? ¿Debe representar sus propias ideas y convicciones aunque la gente se desgañite en la calle?  El académico Domingo Lovera reflexiona, en esta columna: “Cuando alguien de fuera de la burocracia se pronuncia, como lo han hecho los estudiantes, la clase política es capaz de recordarnos, sin sonrojarse, que no está ahí para representar a nadie sino para administrar nuestro bienestar”.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><strong>1.</strong></p>
<p>Para los antiguos, la política estaba vinculada a los asuntos más relevantes de una comunidad. Las decisiones relevantes para la ciudad, esas decisiones relativas a la vida en común, eran materia de atención de todos, con algunas restricciones solo comprensibles en el contexto de dicha época, y sobre las cuales no es necesario jugar deshonestamente— “pero en Atenas los esclavos no eran ciudadanos,” expresión típica que se utiliza para criticar la organización ciudadana de los antiguos y, de paso, avisar que hoy, pese a que rasgamos vestiduras con la igualdad, no estamos dispuestos a darle voz, menos voto, a cualquiera.</p>
<p>En un escenario tal, el antiguo no distinguía entre lo público y lo privado. Sus decisiones eran, al mismo tiempo, las de la comunidad y viceversa. Lo que yo decido, es lo que decide la comunidad, lo que la comunidad decide, es decisión propia. Existían buenas razones para preocuparse de la suerte de los demás—y no solo cuando algún trágico suceso nos recuerda que hay otros y otras que comparten nuestras vidas—pero tampoco es que se tratara de una decisión conciente; uno nacía (nace), vivía (vive) y moría (muere) en los brazos de su república.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>2.</strong></p>
<p>Para los modernos, en cambio, la decisión de los asuntos comunes se encuentra fuera de sus propias manos. Los modernos, como se nos ha convencido a punta de ideología, no querían pasar toda su vida debatiendo, deliberando y decidiendo sobre el curso de  la comunidad. Ello demandaría demasiado tiempo y, además, ¿quién se encargaría de hacer funcionar la economía? Por eso, el moderno prefiere retirarse a sus asuntos privados, sobre todo a la producción de bienes y servicios, dejando el manejo de los asuntos (materialmente) comunes a unos pocos que actúan por cuenta de otros.</p>
<p>Amén de la ideología del mercado, la extensión de los territorios y el crecimiento de las poblaciones sirvió de argumento pragmático para idear un mecanismo de toma de decisiones en el que la ciudadanía no comparece directamente, sino que a través de sus representantes.</p>
<p>Pero que las decisiones políticas se encuentren <em>fuera de las manos</em> de los modernos no quiere decir que se encuentren <em>lejos de su alcance</em>. A la base del pensamiento liberal se encuentra el mínimo deber cívico a que abre espacio esta forma de organizar la vida y las decisiones (aunque cada vez menos) comunes: la de estar atento a vigilar la forma en que nuestros representantes llevan a cabo la tarea que se les ha encomendado, la decisión de los asuntos comunes. Otra vez; esos pocos que comparecen al espacio público lo hacen por cuenta de sus mandantes, quienes están ocupados en sus asuntos privados.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>3.</strong></p>
<p>¿Dónde se ubica la política chilena? Desde luego lejos del primer modelo y haciendo muy poca fe del segundo. Lejos del primero, pues una república que pretenda reclamar identificación de todos y todas con sus decisiones públicas, debe comenzar por incorporarlos a todos y todas al debate. Por cierto que minorías sexuales, migrantes, pueblos indígenas, entre otros grupos marginados, poseen pocas razones para sentir las decisiones estatales como propias. Y el reclamo, en este sentido, no es sustantivo sino procedimental. Los grupos sociales marginados no sienten las decisiones estatales como propias, no porque no comulguen sustantivamente con las decisiones ahí plasmadas (mal que mal, uno puede perder el debate), sino porque su sentido de justicia siquiera ha sido tomado en cuenta (no los han incorporado al debate).</p>
<p>Pero la política chilena, además, presenta la peor versión posible de la democracia representativa, misma que convierte en realidad los reclamos de quienes veían en ella el camino sin retorno a una nueva forma de aristocracia: la de entregar la decisión de los asuntos comunes a unas pocas manos, quienes quieren actuar sin rendir cuentas y transformando la política, antes que en los asuntos comunes, en la administración del bienestar de otros: “la administración funcional del Estado vigente, realizada por un conglomerado de intermediarios y funcionarios que han hecho de eso—de la política <em>a la chilena</em>—una especialización funcional” (Gabriel Salazar, <em>Del poder constituyente de asalariados e intelectuales</em>, LOM: 2009, p . 5).</p>
<p style="text-align: center;"><strong>4. </strong></p>
<p>Por eso es que nuestros políticos y políticas se molestan cuando se les pide explicación sobre sus decisiones (“se trata de una facultad entregada al Presidente por la Constitución, por lo que no tiene que dar explicaciones”, se ha dicho sobre algunas designaciones) o cuando la comunidad le hace sentir su malestar sobre sus actuaciones. Porque para nuestra (mala) clase política la representación sirve, antes que como mecanismo de designación y atribución de funciones por cuenta de mandantes, para la decisión de asuntos comunes pero <em>sin los comunes</em> y por la cual, luego, piden recompensa (el voto, el aplauso y casi, como nos ha enseñado la ex ministra de vivienda, la beatificación).</p>
<p>Por ello es que no debe extrañar que una de las primeras objeciones que se conocieron contra el reclamo estudiantil, y en contra de otros reclamos presentados por medio de la protesta, hayan adoptado, justamente, la forma (pero solo eso, la cáscara) de la respuesta representativa: “hay que dejar que las instituciones funcionen” y “si quieren que sus demandas sean escuchadas, preséntense a las elecciones.” Porque nuestra política, una de las peores formas que podría haber adoptado la representación, nos ha hecho creer que quienes ocupan los escaños públicos son titulares de una técnica especial sobre la cual nadie puede pronunciarse (“¿cuál es la propuesta <em>técnica</em> de los estudiantes?”, se reclamó). Y cuando alguien fuera de esa administración y de dicha burocracia se pronuncia, como lo han hecho los estudiantes, entonces la <em>clase política</em> es capaz de recordarnos, sin sonrojarse, que no están ahí para representar a nadie—aunque sigamos refiriéndonos al Primer Mandatario—sino que para administrar nuestro bienestar. Eso, hasta el período de elecciones, cuando vendrán a por la recompensa.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Bicentenario del Congreso: La decadencia de un poder del Estado</title>
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		<pubDate>Tue, 19 Jul 2011 15:49:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pablo Contreras</dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Congreso]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>

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		<description><![CDATA[¿Qué tan legitima es la existencia del Congreso Nacional en nuestro actual sistema democrático? El autor plantea que mientras el Parlamento no cuenta con las atribuciones para cumplir su rol, con el intercambio de parlamentarios por funcionarios del gobierno de turno –y viceversa- se han erosionado los principios de representatividad popular y legitimación democrática. El último ejemplo de esa embestida es la salida del gabinete de la ahora ex ministra Ena von Baer, la que pasará al  Senado por designación de los partidos a pesar de que su opción fue rechazada en las últimas elecciones.   ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hace unos días el país celebró el bicentenario del Congreso Nacional. Sin embargo, cabe preguntarse si hay algo que celebrar. La reciente coyuntura política ha puesto en relieve la decadencia de uno de los poderes clásicos del Estado. El diagnóstico es claro: no tiene poder o atribuciones para desempeñar su rol, carece de representatividad y legitimación democrática y se le desconfía como arena de deliberación pública. Los ejemplos recientes demuestran tal afirmación.</p>
<p>El primero de ellos responde a la insignificancia del Congreso como legislador, que se grafica claramente en la reciente decisión del Tribunal Constitucional (TC) sobre el post natal. La (exigua) mayoría del TC estimó que era inconstitucional la votación de un artículo que permitía al Congreso elevar el gasto público y alterar la iniciativa exclusiva del Presidente en materia de leyes sobre seguridad social. El Tribunal ha respaldado históricamente las atribuciones especiales del Presidente en materias presupuestarias. En los gobiernos de la Concertación, el TC confirmó la autoridad del Jefe de Gobierno en materia de administración financiera del Estado. Sin entrar al mérito de la decisión, el problema de fondo se encuentra en el desequilibrio de atribuciones entre el Parlamento y el Ejecutivo. Que un Congreso no tenga la potestad de elevar el gasto público y no pueda legislar –por su iniciativa– las cuestiones políticas básicas de las sociedad –como son las materias laborales, tributarias y de seguridad social, entre otras– configuran la irrelevancia de este poder del Estado. Esta insignificancia contribuye a la trivialidad de su acción, reduciéndose a legislar sobre delitos y monumentos nacionales.</p>
<p>El segundo problema constituye la rotación sin pudor de parlamentarios al gabinete presidencial y viceversa. La situación, como se sabe, comenzó hacia el final del último gobierno de la Concertación. Con la entrada de la entonces diputada Carolina Tohá al gabinete de la presidenta Michelle Bachelet, se validaba una práctica que erosiona los principios fundamentales de separación de poderes y de representatividad popular. Lo curioso proviene del hecho de que la Alianza gobernante –que lleva menos de dos años en el poder– ha acelerado el menoscabo del Parlamento, cuando las promesas apuntaban a la renovación y el cambio. En todo caso, parece que no hay sorpresas: a la derecha chilena le importa poco la representación popular como eje de legitimidad democrática. Como se sabe, el esquema funciona de la siguiente forma: los cargos de diputados y senadores son incompatibles con otra función pública, como la jefatura de algún ministerio. En caso que un parlamentario asuma como ministro, su cargo queda vacante. Las vacancias parlamentarias, desde la reforma constitucional del 2005, se suplen mediante la decisión adoptada por el partido del ex diputado o senador. </p>
<p>El problema de representatividad y legitimidad se ilustra paradigmáticamente en la ex ministra Von Baer.  Quien fuera candidata al Senado y perdiera una elección, fue reclutada para servir como ministra de Estado. Cuando su desempeño político se demostró insatisfactorio, se le requiere la renuncia y se le asegura, como un premio de consuelo (¿?), el cargo de senadora de la República. Es decir, la misma persona que perdió una elección, se ve recompensada para ocupar el mismo cargo que los votantes le negaron, por la mera decisión de los partidos con la aquiescencia del Presidente de la República. La expropiación de la voluntad popular –amparada en una extremadamente permisible lectura de la Constitución– constituye un fraude democrático. </p>
<p>Así las cosas, no debiera extrañar la desconfianza de los actores sociales por la resolución de problemas políticos a través de la intervención del Congreso. Los estudiantes, por ejemplo, rechazaban “desviar” la discusión educacional hacia los legisladores. El diagnóstico de la falta de representatividad ha impulsado la propuesta de mecanismos de democracia directa, como el uso intensivo del plebiscito o la iniciativa popular de ley. Sin perjuicio de las ventajas e inconvenientes de tales mecanismos, las soluciones planteadas parecen contribuir a la estrepitosa decadencia del otrora “poder” del Estado. </p>
]]></content:encoded>
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		<title>El Obispo Cristián Contreras y las deudas sociales del Chile de hoy</title>
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		<pubDate>Tue, 05 Jul 2011 21:11:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cristián Contreras Villarroel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Iglesia]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[Responsabilidad Social]]></category>

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		<description><![CDATA[Las deudas sociales del Chile de hoy fueron abordadas por el obispo Cristián Contreras en su Homilía para el Bicentenario del Congreso: “Hay situaciones graves. Particularmente, las insostenibles desigualdades económicas y sociales que excluyen del progreso a amplios sectores de la población. Aunque hay avances significativos en la cobertura de políticas públicas, no hay soluciones de calidad para todos en educación, salud, vivienda. Y recordó a Camilo Henríquez quien proclamara la necesidad de <strong>“una integridad severa en hacer justicia a todos y en proteger al débil contra la tiranía del rico”</strong>.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Nos reunimos en esta iglesia Catedral de Santiago, a petición de los Honorables Presidentes del Senado de la República y de la Cámara de Diputados, para conmemorar el Bicentenario de la solemne instalación del Primer Congreso Nacional. Lo hacemos en estos muros que han sido testigos de los gozos y las esperanzas, de las tristezas y las angustias de los hombres de nuestra patria, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren. <strong>Me hago eco del saludo cordial de nuestro Arzobispo, monseñor Ricardo Ezzati</strong>, quien actualmente se encuentra en Roma, con ocasión de la recepción del palio Arzobispal de manos del Papa Benedicto XVI.</p>
<p>Un 4 de julio de 1811, la nación chilena quería volver a ser lo que poeta Alonso de Ercilla cantó de nuestros padres: <strong><em>“La gente que produce es tan granada, tan soberbia, gallarda y belicosa, que no ha sido por rey jamás regida ni a extranjero dominio sometida”</em></strong>. Para ello se requería, al igual como lo describió el poeta español en el canto segundo de su inmortal Araucana, un senado consulto. Tres siglos de Colonia no destruyeron el amor patrio por la libertad republicana que volvió a renacer aquella mañana de 1811 en la que dos hombres hablaron a nombre de la nación chilena entera. El religioso de la Buena Muerte, Fray Camilo Henríquez y el abogado penquista, mendocino de nacimiento, Juan Martínez de Rozas.</p>
<p>Don Camilo Henríquez proclamó en su discurso el amor a una patria que permitiría a todos los chilenos que <strong><em>“tengan alguna parte, alguna influencia en la administración de los negocios públicos, para que no se consideren extranjeros y para que las leyes sean ante sus ojos los garantes de la libertad civil”</em></strong>. Y sin disociar la libertad de la ley y ésta de la  justicia, agregaba que  <strong><em>“lo que es aún más necesario, y lo más difícil de existir fuera de las repúblicas, es una integridad severa en hacer justicia a todos y en proteger al débil contra la tiranía del rico</em></strong>.</p>
<p>Juan Martínez de Rozas, reclamó la fuerza de la nación chilena para alcanzar el más noble objetivo, la felicidad pública, es decir, el bien común: <strong><em>“Feliz pueblo que, dominando los acontecimientos, superior a todos los poderes e intereses momentáneos, y cautivando todas las pasiones, os halláis en estado de recoger vuestros pensamientos, de medir el espacio en que debéis de establecer la justicia y la igualdad de remover los obstáculos, y de elevar sobre un suelo llano el grande edificio de la pública felicidad”</em></strong>. Se trataba de querer ser república, comunidad independiente que se autogobierna, integrada por hombres y mujeres libres e iguales que buscan la común felicidad.</p>
<p>Los cristianos podemos, con propiedad, estar orgullosos de nuestra tradición republicana. Cuando en el mundo gobernaban abrumadoramente reyes, tiranos y emperadores, en Chile, a partir de 1839, la oposición se organiza en el Congreso para fiscalizar a un Presidente que es elegido por mandato fijo. El senado se elige en forma directa a partir de 1870. La competencia política parlamentaria se consolida antes que Bélgica, los Países Bajos, Suecia, Italia, Francia, Alemania. En 1846 sólo votaban los varones propietarios y alfabetos. Tardíamente se confirió voto a la mujer. Hoy todos los chilenos y chilenas gozamos de igual libertad para escoger a nuestros representantes en las urnas electorales. ¡Hemos conquistado nuestra democracia!</p>
<p>Un dato que expresa la estrecha unión entre la Iglesia y la tradición republicana, y en especial con el Poder Legislativo, es que el Congreso Nacional de 1811, primera manifestación del régimen representativo en nuestro país ya tuvo entre sus miembros a seis eclesiásticos.</p>
<p>Esa íntima relación Iglesia-Estado se manifiesta en forma patente por el reconocimiento desde los albores del Estado de Chile a la religión católica como oficial, hecho que se comprueba desde los primeros ensayos constitucionales y se reafirma en la Constitución de 1833 que rigió hasta 1925. Hubo una vinculación natural y estratégica a la vez, porque el Estado necesitaba contar con la Iglesia Católica como aliada, por la estrecha vinculación con el pueblo chileno. Así, la Iglesia fue y es portadora de demandas sociales y promotora de la libertad y la dignidad humana para todos los miembros de la nación.</p>
<p>Damos gracias a Dios porque el Congreso chileno, como fiel representante de la sociedad, ha sido un buen entendedor de las demandas de la gente y ha escuchado en distintas épocas a hombres de Iglesia que han propuesto caminos a seguir, como los obispos Rafael Valentín Valdivieso, don Manuel Larraín, el Cardenal Raúl Silva Henríquez, y la estremecedora voz de San Alberto Hurtado, que clamó por la justicia social en medio nuestro.</p>
<h2>La sede legislativa, un lugar de encuentro</h2>
<p>Desde el 4 de julio de 1811, el Congreso Nacional ha jugado un rol fundamental en la vida de la sociedad chilena, concurriendo, entre otras funciones, a la formación de leyes, a la fiscalización de procesos y la aprobación de tratados internacionales que han permitido el desarrollo institucional, político y social de nuestro pueblo.<br />
Las cámaras legislativas han sido espacio de encuentro de las diversas sensibilidades de la sociedad para buscar el bien de todos. El diálogo y la búsqueda de consensos ha sido un norte seguro para avanzar por la historia como un pueblo de hermanos.<br />
Así como los pasillos del Parlamento han sido testigos de los momentos más amargos de nuestra historia política, de la polarización y desencuentro que ha marcado las grandes crisis de la institucionalidad, también en sus mismas dependencias se han logrado grandes acuerdos nacionales y se han sellado hitos clave hacia la reconciliación y la paz.<br />
Al mirar los doscientos años de vida independiente de nuestro país y sus innegables progresos, sin duda tenemos que dar gracias a Dios por el aporte valioso del poder Legislativo y de quienes, en representación de la ciudadanía, han servido en el Senado y en la Cámara de Diputados.</p>
<h2>Hacia un desarrollo humano integral</h2>
<p>Como espacio de encuentro de los distintos sectores del país, el Congreso Nacional ha debido estar a la altura de los desafíos de la historia. Hoy nuestro país vive un momento particular, una coyuntura crítica entre muchos avances y esperanzas; un tiempo también de muchos desafíos pendientes. Puede ser ésta una oportunidad propicia para preguntarnos cuál es el rol de nuestras instituciones, entre ellas las cámaras legislativas, frente a los acuciantes desafíos que enfrentamos, y que podríamos sintetizar en la pregunta: ¿cómo construir un Desarrollo Humano Integral para todos los habitantes de nuestra Patria?<br />
El Desarrollo Humano Integral es una noción que aporta la enseñanza social de la Iglesia y que hace referencia al conjunto de variables que deben concurrir para alcanzar el bienestar de las personas y la sociedad. Estas variables son mucho más que la pura economía, que es sólo una dimensión del desarrollo, necesaria pero insuficiente para dar cuenta de la riqueza del ser humano y sus múltiples dimensiones, como la social, la cultural y la espiritual y su vocación trascendente.<br />
El Desarrollo Humano Integral involucra, además, aquellos bienes colectivos como el medioambiente. El cuidado de la creación, a través de modos de vida, de producción y consumo responsable y solidario con las actuales y futuras generaciones es, sin duda, un reto fundamental de la sociedad actual y requerimos leyes y políticas que lo favorezcan.<br />
Este Desarrollo Humano Integral es desarrollo de <strong>toda</strong> la persona. Y también de <strong>todas</strong> las personas. Y ciertamente, sabemos que en este aspecto nuestro país está al debe. Son conocidos los indicadores que reflejan nuestro desarrollo: alto crecimiento, disminución significativa de la pobreza, incremento del ingreso <em>per cápita</em>, bajo nivel de corrupción, estabilidad política y tranquilidad social, entre otros.<br />
Pero también sabemos que junto a estos aspectos positivos, hay situaciones graves. Particularmente, las insostenibles desigualdades económicas y sociales que excluyen del progreso a amplios sectores de la población. Aunque hay avances significativos en la cobertura de las políticas públicas, no hay soluciones de calidad para todos en educación, salud, vivienda.</p>
<h2>El malestar y la función política</h2>
<p>Nuestros déficits sociales y económicos probablemente están asociados también a la incapacidad del sistema político para generar mayor reconocimiento y adhesión ciudadana. Politólogos y sociólogos hablan de crisis de los sistemas de representación, que la participación política es baja y que existe una brecha entre el mundo político y la sociedad. </p>
<p>En efecto, crece en el país un conjunto de manifestaciones sociales vinculadas inicialmente a la protesta por el proyecto de una hidroeléctrica en el extremo sur de Chile y las demandas educacionales, entre otras. Estas expresiones de descontento social no se limitan sólo a demandas específicas o sectoriales, sino que expresan un malestar más generalizado con un sistema, al que se le critica la falta de participación real en lo político y la exclusión de los beneficios del desarrollo en lo socio-económico, incluso para quienes han logrado cursar estudios superiores. Se trata de manifestaciones que no responden a la conducción de los partidos políticos y que reivindican un liderazgo alternativo que los sobrepasa, convocándose a través de un intensivo uso de las redes sociales.</p>
<p>Esta situación de malestar o indignación social frente al tipo de desarrollo impulsado por Estados y el mundo de las empresas no es propia y exclusiva de nuestro país, sino que es parte una tendencia internacional.</p>
<p>El desprestigio de la política y el surgimiento de expresiones sociales alternativas a la lógica institucional generan un desafío importante para la legitimidad y capacidad de las sociedades de dotarse de mecanismos de gobierno. Y antes de ello, por la necesidad de una adecuada comprensión de estas dinámicas sociales emergente. Recientemente, en una jornada de conmemoración de los 50 años de la Encíclica Mater et Magistra, el Papa Benedicto XVI expresaba: <strong><em>“La cuestión social actual es, sin duda, cuestión de justicia social mundial. Es, además, cuestión de distribución equitativa de los recursos materiales e inmateriales, de globalización de la democracia sustancial, social y participativa”</em></strong>. Ciertamente, el poder Legislativo es un espacio privilegiado para reflexionar sobre este tema y para buscar los puntos de encuentro entre una sociedad civil activa y protagonista y la institucionalidad política, para sustentar una auténtica democracia.</p>
<h2>Un nuevo modo de hacer política</h2>
<p>¿Cómo podemos poner a dialogar a distintas generaciones cuya relación con la política, las leyes y el servicio público pudiera ser tan disímil? ¿Cómo explicar la nobleza de la actividad política junto a las impopulares cifras de desconfianza en las instituciones políticas? ¿Cómo valorar la amistad cívica y el ejercicio de los acuerdos en tiempos en que a la consigna se suma el marketing en apenas 140 caracteres de <em>Twitter</em>?</p>
<p>Estas preguntas nos llevan a otras, quizás mucho más autocríticas: ¿quién asume hoy el servicio de educar a la llamada “clase política”? ¡Si hasta los representantes de la religión cristiana hemos relegado a un lugar secundario este rol de formación cívica! La alta política, la que tiene como fin a la persona, su dignidad y el bien común o la felicidad de la sociedad, esa no se educa con libros de autoayuda o con gurús del extranjero. ¿De qué manera las instituciones del Estado y de la sociedad civil podemos ayudar a que se comprenda el ejercicio de la autoridad y el rol político como un servicio público? Sin lugar a dudas, el testimonio y la coherencia de vida en quienes han dedicado su vida a la cosa pública es un pilar fundamental en este propósito.</p>
<p>Tarde o temprano, el inevitable filtro de los medios de comunicación masiva no dejará de exhibir en columnas destacadas y en horario <em>“prime”</em> lo peor de los políticos: la trifulca en el hemiciclo, los epítetos gruesos, las anécdotas y los episodios vergonzosos. Y grandes proyectos de ley tendientes a cambiar la historia social del país podrían quedar relegados, con mucha suerte, a las notas más breves. ¿No es éste un síntoma de los tiempos convulsionados que vivimos? ¿Tendremos entonces que resignarnos a desatender lo importante para proveer de circo al consumidor demandante?</p>
<h2>Construir sobre cimientos seguros</h2>
<p>En la lectura del evangelio que hemos escuchado, Jesús nos invita a construir la casa sobre la roca firme de su Palabra. La casa es también la patria, la nación, aquel lugar donde vive, se reúne, crece y se desarrolla la familia. En este caso, es la inmensa familia chilena, una familia de hijos e hijas con una vocación común de fraternidad y comunión, con vocación de entendimiento y no de enfrentamiento.</p>
<p>Oramos por Ustedes. Todos, en mayor o menor grado, somos o tenemos autoridad: autoridad como servidores del Señor, autoridad como servidores públicos, autoridad como papás, mamás, abuelos; autoridad como jefes.</p>
<p>Ser autoridad es una grave responsabilidad; por eso San Pablo pide que elevemos oraciones por las autoridades. Y no puede ser de otro modo, sabiendo que la doctrina de la Iglesia nos enseña que <strong>“toda autoridad proviene de Dios”</strong>. Pero debemos entender bien esta afirmación, porque si efectivamente toda autoridad proviene de Dios, eso no significa que quienes estamos constituidos en autoridad la ejerzamos siempre al modo de Dios, es decir, promoviendo la vida; haciendo que esta crezca; procurando que la persona alcance la estatura de hijo adoptivo de Dios. Autoridad, etimológicamente <strong><em>“augere”</em></strong>, significa ser autor, nada menos, que del ser de otro; hacerlo crecer. Autoridad es ser “padre” y es ser “pastor”. En efecto, pastores en el Antiguo Testamento eran los sacerdotes, los reyes, los jueces y todos quienes tenían autoridad en el ámbito civil y religioso.</p>
<p>Sabemos que “a Dios nadie lo ha visto jamás”; y que “el Hijo único, que es Dios y que está en el seno del Padre, nos lo ha contado” (Jn 1, 18). Toda la vida de Jesús es revelarnos ese rostro de Dios Todopoderoso e invisible. En la imagen del Buen Pastor, él nos muestra y enseña cómo debe ejercerse la autoridad al modo de Dios. Es bueno recordar los anatemas del profeta Ezequiel contra los malos pastores y el anuncio de que un día, Dios vendrá en persona a mostrar cómo se es pastor (cfr. Ez 34). Por eso, no es de extrañar que los Evangelios nos hablen de que Jesús, el enviado del Padre Dios, sintió lástima de la muchedumbre “porque estaban como ovejas sin pastor”. Es así que Jesús se presentará él mismo como figura auténtica del pastor, es decir, de la autoridad de Dios: <strong>“Yo soy el Buen Pastor”</strong> (Jn 10, 11).</p>
<p>Es responsabilidad de todos los que son autoridades con mandato de la ciudadanía, superando los partidismos e ideologías, procurar ser los “éticos” de la “polis”, es decir, los primeros testigos y “hacedores” de la ética de la ciudad.</p>
<p>Chile es una patria de hombres y mujeres creyentes. El anhelo de Dios se debe verificar en la construcción de una sociedad basada en la verdad acerca de la persona humana. Esta verdad es la consideración absoluta de su dignidad de persona, del respeto básico de sus derechos a la vida y al desarrollo pleno, en libertad, de todas sus capacidades. Dios quiere hombres y mujeres libres y liberados de cualquier obstáculo que los plenifique en su condición humana. La promoción y el respeto de esos derechos han pasado y pasan actualmente de manera inexorable por el aporte que desde el Poder Legislativo pueden realizar todos ustedes, buscando esa roca firme de la verdad y la justicia.</p>
<h2>Aporte de los cristianos</h2>
<p>Esta convicción profunda acerca de la verdad del hombre ha impulsado siempre a la Iglesia a defender la vida, desde la concepción hasta su muerte natural, y a promover la familia, basada en la unión de varón y mujer, como núcleo esencial de la sociedad. Lo hizo con especial ahínco cuando no hubo Poder Legislativo que ayudara a resguardarla, y lo sigue haciendo hoy cuando diversas corrientes de pensamiento amenazan la solidez de estas realidades que nos dio por baluarte el Señor. La Patria chilena contará siempre con la voz de la Iglesia y de las confesiones cristianas para iluminar la vida social. Y en especial el Congreso Nacional tendrá a su disposición nuestra colaboración eclesial para fortalecer todo aquello que ennoblezca y dignifique a quienes nacen, viven, sirven y mueren en y por nuestra Patria.</p>
<h2>Un futuro con esperanza</h2>
<p>Hace algunos años hubo un diálogo maravilloso entre el entonces Cardenal Joseph Ratzinger, hoy Papa Benedicto XVI, y el presidente del Senado italiano, el Honorable Marcello Pera, agnóstico y hombre de profundo humanismo. En el libro que reproduce esos diálogos, Marcello Pera decía en la introducción: <strong><em>“Peor que vivir sin raíces, existe solamente seguir adelante aguantando sin ninguna esperanza para el futuro”</em></strong>.</p>
<p>Muy probablemente los honorables Senadores y Diputados de la república de Chile tengan hoy, en los 200 años del Congreso Nacional, la posibilidad histórica de inaugurar un nuevo futuro en la política chilena, un tiempo de diálogos profundos y transparentes, de acuerdos realistas y generosos, de una búsqueda incesante del mayor bien para la sociedad. Eso se construye mirando de frente a los interlocutores y no a las cámaras de televisión; poniendo sobre la mesa la verdad -dificultades y esperanzas, problemas y sueños- y no las simples promesas; aportando a Chile desde nuestra identidad propia, y no desde el discurso “políticamente correcto”.</p>
<p>Las futuras generaciones agradecerán el gesto de los políticos de este comienzo de siglo, del mismo modo en que el país valora hoy la nobleza de quienes se pusieron de acuerdo, hace 26 años, para el renacer de la democracia. Que el Señor bendiga a nuestro Congreso Nacional, a quienes sirven en el Senado y en la Cámara de Diputados, a sus familias, y a todos aquellos que han consagrado su vida al servicio público, al bien común, a la patria de todos. Que Chile sea una Mesa para todos.</p>
<p>Así sea.</p>
<p><strong><em>+Cristián Contreras Villarroel<br />
Obispo Auxiliar de Santiago<br />
Vicario General</em></strong></p>
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