Auner, Pitbull y El Chele huyen, como muchos de sus compatriotas, desde El Salvador a Estados Unidos. Escapan de la muerte y no saben quién está detrás de ella. Quizás las pandillas, tal vez otros. En cada esquina hay un nuevo peligro y ellos pisan, inexpertos, un terreno desconocido en la ruta mexicana de los migrantes centroamericanos, donde la muerte parece estar en cada rincón. ¿Dónde están, cómo están?
Nunca me habían recibido con un lanzagranadas. Roberto, un corpulento moreno con la cabeza rapada como militar, se asomó al portal de su casa con el tubo verde olivo, no muy largo, que sostenía en su hombro derecho, apuntándolo hacia mí, mientras yo temblaba en medio de la calle, garabateando con dificultad en la libreta la palabra “mortero” para disimular el miedo.
Neck es uno más entre las decenas de miles de pandilleros que hay en Centroamérica. Lo corrieron de su casa cuando tenía 12 años. Vagó, pasó hambre y terminó en el único lugar que le brindó consuelo: una pandilla. Se tatuó, robó, disparó. Salió de su Honduras natal, conoció El Salvador y se instaló en Guatemala a finales de los 90. Desde el año 2000 purga una condena de 36 años en un penal guatemalteco. Hasta aquí, una historia de pandilleros más, una entre decenas de miles. Pero Neck hoy tiene 30 años, familia y una pregunta que lo atormenta. ¿Qué hace un pandillero cuando el muchacho de 13 años que quiere seguir sus pasos es su propio hijo?
En un sector del penal de Támara, el más grande de Honduras, se sientan juntos presos que llevan tatuajes del Barrio 18 y de la Mara Salvatrucha, las pandillas que libran una guerra a muerte en Centroamérica. Son pesetas. Desertores de las maras que se han vuelto blanco de sus ex compañeros y también de los presos comunes. Unos los odian por traicioneros; los otros creen que tiene que pagar por haber sido pandilleros. El 20 de abril pasado, la venganza tomó la forma de una granada. Tres reclusos se sumaron a la lista de pesetas asesinados.
En octubre de 2008 mataron a dos jóvenes en la comunidad Sierra Alta de Mejicanos, un municipio en el extrarradio de San Salvador, la capital de El Salvador. Cuatro de los cinco pandilleros que participaron en el crimen han sido asesinados desde entonces. Los vecinos aparentan normalidad pero saben que la mara decide quién vive y cómo vive. El miedo y el silencio intentan frenar la amenaza pero solo forman parte de la condena.
De acuerdo a distintos autores hay guerras necesarias, opcionales, pero también las hay estúpidas. La guerra contra la droga en América Latina –y su piedra angular, el Plan Colombia- caería en esta última categoría. No es simple estupidez. Es un negocio de miles de millones de dólares que explican muchas de las decisiones de Estados Unidos en la región.
El poderío narco en México alcanza los US$19.000 millones al año, cifra que supera las divisas que deja el turismo en ese país. Este verdadero imperio emplea a medio millón de personas –25% más de las que trabajan para Mc Donald’s en todo el mundo-. y tiene en el bolsillo a casi el 80% de los policías municipales aztecas. Estas impactantes cifras surgen de la exhaustiva investigación realizada por la periodista Ana Arana.
Este reportaje acaba de ser publicado en la revista Expansión de México
Desde el año 2000 han sido asesinados 49 periodistas en México, ocho están desaparecidos y decenas han recibido amenazas. Según Reporteros Sin Fronteras, es el segundo país más peligroso del mundo para ejercer el periodismo. El primero es Iraq. Hace poco más de tres años, unos encapuchados atacaron el diario El Mañana de Nuevo Laredo, una ciudad enclavada en la frontera norte. El reportero Jaime Orozco Tey, quien aquel 6 de febrero de 2006 cumplía 43 años, resultó gravemente herido de cinco disparos. Quedó en silla de ruedas. Esta es la reconstrucción de un atentado por el que aún no hay ni un solo detenido.
Estados Unidos ha invertido miles de millones de dólares para combatir el narcotráfico a través del Plan Colombia. Pero mientras entrega apoyo militar y financiero para terminar con los cultivos de coca, esta exhaustiva e impactante investigación revela que parte del dinero que busca fomentar siembras alternativas fue entregado a empresas productoras de palma ligadas a narcotraficantes y paramilitares. Los mismos que por años aterrorizaron a los campesinos, asesinando y saqueando sus tierras para después arrebatárselas y cultivar allí miles de hectáreas de palma que funcionaron como una buena pantalla del lavado de dinero.
Mauricio Mazza fue declarado culpable de delitos contra leyes que previenen el blanqueo de activos y sancionan el negocio de transferir dinero sin licencia estadounidense. Se estableció que las transacciones del dueño de la casa de cambio Turismo Costa Brava ascendieron a “cientos de millones de dólares” y se reveló cómo operaba en Estados Unidos. El cambista –investigado por la DEA por lavado de dinero- había contratado inicialmente en dicha causa al abogado Jorge Schaulsohn. Éste ya ha tenido que declarar en un caso que se sigue en Chile contra el mismo clan y se pesquisan sus transacciones de divisas, luego de que un primo de Mazza asegurara haberle pagado 125 mil dólares de dudoso origen. Él niega haber recibido el dinero.
La dura batalla contra el narcotráfico y el lavado de dinero iniciada por el gobierno de Felipe Calderón se convirtió en el centro de la polémica en México. De allí que la caída del avión en que viajaba el ministro Juan Camilo Mouriño haya agravado la situación al generalizarse la sospecha de que fue un atentado en represalia. El siguiente reportaje de investigación de la revista Expansión, da cuenta del alcance del crimen organizado en el sector financiero y sus amplias redes internacionales.
George Dan Rusu, el protagonista del segundo mayor decomiso de cocaína en Chile, es de Transilvania. Fue sorprendido en 2004 con 1.320 kilos y los pinchazos a su teléfono fueron el principal medio de prueba en su contra. Tres años después, estando en Colina II, otra interceptación telefónica lo comprometió con un plan para enviar ropa impregnada con cocaína a Europa. En Austria piden su extradición por asaltos a bancos y se cree que estuvo vinculado a los servicios de inteligencia de Ceaucescu. Dan Rusu alega inocencia, trato inhumano y persecución.
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