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	<title>CIPER Chile &#187; Marcelo Cantelmi</title>
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	<description>Centro de Investigación e Información Periodística</description>
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		<title>La salida del embajador chileno pone en evidencia debilidades del gobierno de Piñera</title>
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		<pubDate>Thu, 10 Jun 2010 18:22:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Cantelmi</dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Argentina]]></category>
		<category><![CDATA[Derechos Humanos]]></category>
		<category><![CDATA[Diplomacia]]></category>
		<category><![CDATA[Marcelo Cantelmi]]></category>
		<category><![CDATA[Miguel Otero]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>

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		<description><![CDATA[La decisión del presidente de Chile de relevar a su embajador en Buenos Aires, tras una entrevista de Clarín en la que Miguel Otero justificó la dictadura de Pinochet, desnuda la debilidad de las alianzas que Sebastián Piñera construyó para alcanzar el poder, derrotando a la Concertación.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/portada-columnaotero2.jpg" alt="" title="" width="370" height="247" class="alignnone size-full wp-image-14686" /></p>
<p class="excerptdestacado">La decisión del presidente de Chile de relevar a su embajador en Buenos Aires, tras una entrevista de Clarín en la que Miguel Otero justificó la dictadura de Pinochet, desnuda la debilidad de las alianzas que Sebastián Piñera construyó para alcanzar el poder, derrotando a la Concertación.</p>
<p>El gobierno de Sebastián Piñera hizo bien en no demorar el relevo de su embajador en Buenos Aries desnudado en su cavernaria mirada histórica por un oportuno reportaje en Clarín. El presidente le quitó así a la oposición chilena un argumento de batalla que estaba realmente en la mesa de saldos. Pero no debería conformarse con eso. Este episodio exhibió con crudeza la fragilidad y especialmente los costos de las alianzas que el flamante presidente chileno construyó para lograr poner fin a 20 años de gobiernos de la Concertación y alcanzar el principal sillón de La Moneda.</p>
<p>Esta percepción es tan así, que es posible que este hecho haya sido el menor de los que cualquiera podría apostar que le seguirán. La descarnada admiración pinochetista del embajador dimitido Miguel Otero no es un caso aislado y Piñera es quien mejor debe saberlo porque existe toda una galería de esos personajes que lo rodea. En su gabinete hay figuras que nunca renegaron de su alianza con la dictadura, entre ellos de modo relevante el actual ministro de Educación Joaquín Lavín. Si hubo algun distanciamiento de estos sectores con aquella pesadilla lo fue solo cuando tomaron conocimiento que su líder había hecho lo que mucho otros dueños del poder por las botas, es decir sumarse a la lista de los que robaron dineros públicos.</p>
<p>Pero si ese desvío taimado los enfrió, hoy de la mano del surgimiento de este gobierno de derechas en Chile vuelve a haber una mirada benevolente. El problema aquí no es solo ético. La cuestión es que si no se logra poner en su lugar lo que significan esos hechos históricos, es decir si no se entiende lo que Otero no acepta comprender: que un golpe militar no es un pronunciamiento sino la violación de la Constitución, el desprecio de los derechos y las libertades y un retroceso a las cavernas, se activa el peligro de suponer que todo es posible. No se puede hablar bien de eso. No puede asimilarse puntos de vista divergentes en relación a eso. Lo que esta mal, esta mal.</p>
<p>Para Piñera es un corredor muy estrecho. Vale recordar que el Partido Socialista en la oposición, está redescubriendo el significado de los viejos emblemas y consignas que lo llevaron a ser una de las agrupaciones de referencia para la izquierda latinoamericana. Aunque viene de dos décadas de sostener un modelo de acumulación que, en verdad, mucho no parece diferir en términos económicos con lo que trajo en sus mochilas este nuevo mandatario, el viejo partido de Salvador Allende, aunque europeizado y centrista, no perderá la oportunidad de recuperar identidad sobre los errores y subestimaciones en los que insiste el todavía flamante gobierno trasandino.</p>
<p>Pero hay otra dimensión que exhibe este hecho. Y es el poder que la prensa mantiene para ayudar a ordenar la realidad. Y justamente advertir ahí las razones por las cuales es atacada.</p>
<p>Un entrevista, un artículo, puede servir para muchas cosas, pero su objetivo ideal es que se conozca de qué se trata. El reportaje que publicó Clarín este último domingo sirvió para que se supiera qué tipo de ideas y principios alienta el diplomático que representaba nada menos que los intereses de Chile en Argentina, un país particularmente clave para Buenos Aires. En este caso, incluso, eso se supo sin que necesariamente se tratara de una investigación especial. Fue el propio embajador quien abrió la boca sin pudores. Nadie se esperaba semejante tipo de confesiones. Pero estas cosas ocurren y es el peligro que corren los funcionarios públicos cuando se olvidan de tapar algo que pretendían mantener oculto o lo escamotean del modo que ya es sabido. Cuando se ataca a la prensa y se la pretende amordazar con presiones políticas o económicas, lo que se busca es evitar en otras esferas y con otros secretos, episodios como el que llevó de vuelta a su casa, y a un conveniente silencio al fallido embajador Otero. No hay que confundirse, siempre que se va contra la prensa es para que el pueblo, la sociedad, la gente o como se la quiera llamar, no se entere en qué anda su gobierno, o qué ocultan sus funcionarios.</p>
<p><strong>*<a href="http://ciperchile.cl/tag/marcelo-cantelmi/"target="_blank">Marcelo Cantelmi</a> es editor internacional del diario <em>Clarín</em> de Argentina</strong></p>
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		<title>Neofascismos circulando</title>
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		<pubDate>Tue, 29 Sep 2009 22:49:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Cantelmi</dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Internacional]]></category>
		<category><![CDATA[Marcelo Cantelmi]]></category>

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		<description><![CDATA[La cumbre mundial económica de Pittsburgh tenía originalmente un racimo de objetivos destinados a una mudanza profunda de una estructura de acumulación caótica. De esa agenda quedará la consagración del G-20 como nuevo grupo de diálogo en la cumbre. El problema –dice el editor internacional de Clarín- es el tipo de futuro que se construye con 60 millones de desempleados nuevos, lo que eleva a 240 millones los cesantes en todo el mundo, según la ONU. Esto pone al mundo en una realidad que suena diferente a la agenda entusiasta de Pittsburgh y con el agravante de cierto socialismo que es sólo una máscara que oculta hábitos reaccionarios, intolerancia y autoritarismo.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/portada-summitcantelmi.jpg" alt="" title="" width="370" height="247" class="alignnone size-full wp-image-8987" /></p>
<p class="excerptdestacado">La cumbre mundial económica de Pittsburgh tenía originalmente un racimo de objetivos destinados a una mudanza profunda de una estructura de acumulación caótica. De esa agenda quedará la consagración del G-20 como nuevo grupo de diálogo en la cumbre. El problema –dice el editor internacional de Clarín- es el tipo de futuro que se construye con 60 millones de desempleados nuevos, lo que eleva a 240 millones los cesantes en todo el mundo, según la ONU. Esto pone al mundo en una realidad que suena diferente a la agenda entusiasta de Pittsburgh y con el agravante de cierto socialismo que es sólo una máscara que oculta hábitos reaccionarios, intolerancia y autoritarismo.</p>
<p>En casi las mismas horas que el Consejo de Seguridad de la ONU proclamaba a un mundo escéptico que había firmado el final de las armas atómicas, a un rato de New York, en Pittsburgh, los líderes de este planeta se reunían para imaginar cambios radicales en el sistema financiero global e imponer controles sin precedentes a los mercados. </p>
<p>Las armas atómicas y los operadores creativos del sistema financiero no son lo mismo, pero pueden tener semejanzas. Una de ellas, seguramente, será su supervivencia. La decisión del Consejo, de un mundo sin bombas nucleares, es una ilusión moral. ¿Quién se opondría a esa meta? Pero la pregunta correcta, con respuesta innecesaria, es si eso es posible. </p>
<p>Así como el propósito del máximo organismo de poder en la ONU es menos pacifista que destinado a detener la proliferación atómica y particularmente la de Irán, la mirada sobre el mundo financiero dista de llegar a poner los cepos que impidan otra pesadilla. Ni se irán las armas nucleares ni se acabará con la fragilidad de un sistema de acumulación que garantiza ganancias abultadas y veloces. La mirada, insistente, respecto a que la crisis ya ha dado vuelta la página, observa sólo la recuperación de ese poder acumulativo. Pero es apenas una parte de una fotografía con esquinas inquietantes. </p>
<p><img src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/presidentes-summit-2009.jpg" alt="" title="" width="350" height="233" class="right" />La noción de hasta dónde debería ir el puñal se aprecia en la historia. Cuando Richard Nixon desarmó en 1971 los acuerdos de <em>Bretton Woods</em> y declaró la inconvertibilidad del dólar para fortalecer la posición de Washington, acabó con el mundo hasta entonces previsible. Lo que vino después fue una competencia feroz entre las monedas, sus paridades y las tasas. Las industrias, para financiarse, apelaron a la naciente banca de inversión, que creaba instrumentos para generar liquidez. De ahí a las ganancias fáciles, lo que ahora se denomina con horror &#8220;la codicia&#8221;, no hubo más que un salto de unos años. No hay retroceso a la época de la previsibilidad. </p>
<p>La cumbre de Pittsburgh tenía originalmente un racimo de objetivos destinados a una mudanza profunda de esa estructura de acumulación caótica. Figuraban ahí el incremento de las reservas obligatorias, los encajes que deben retener los bancos para operar; el aumento del poder de voto de los emergentes dentro del FMI, una idea que EE.UU., cuyo nivel económico coincide con su poder de voto, avala a costas de los europeos, donde hay claros desequilibrios. Además, cuestiones más políticamente correctas como la reducción de los premios a los ejecutivos de los trapecios financieros y algún anuncio sobre cambio climático.</p>
<p>De esa agenda quedará la consagración del G-20 como nuevo grupo de diálogo en la cumbre. Y un avance hoy un poco difuso para que economías pujantes como Brasil, China e India tengan, en al menos dos años, mayor capacidad de incidencia en el FMI. Pero el tema al que Washington ha dado más prioridad, no está en esa lista. Es el que demanda una presión decidida para que China se haga cargo de la crisis mundial, aumentado sus importaciones y liquidando el preferencial ahorro de sus ciudadanos (40% contra 3% de los norteamericanos). Es un mercado de 1.300 millones de consumidores que el capitalismo real quiere dentro del plato para recuperar los ritmos anteriores de crecimiento. </p>
<p>&#8220;Querríamos ver a países como China importando más. Muchas veces las reservas no se usan de forma constructiva&#8221;, dijo el premier británico Gordon Brown, corriendo en apoyo de Washington. El diario <em>El País</em> de España, recordó las razones de esas palabras. Brown dejó en el camino sus compromisos de acompañar la gran reforma financiera (de la que la alemana Angela Merkel habló y mucho pero porque tenía elecciones cruciales el domingo pasado), debido a que en su país ese sector equivale al 15% del PBI, cota sin precedentes en otras economías.</p>
<p><img src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/edificio-naciones-unidas1.jpg" alt="" title="" width="231" height="350" class="left" />Es cierto, el aumento de la actividad económica aliviaría la enorme deuda social que causó la crisis global. Hay 60 millones de desempleados nuevos, con lo que los desocupados suman 240 millones en todo el mundo, según la ONU. Un documento del FMI revelado en Washington hace dos días pinta de oscuridad el porvenir. &#8220;El producto per cápita no se recuperará al nivel anterior a la crisis porque el capital por trabajador, la tasa de desocupación y la productividad no mejorarán hasta dentro de siete años&#8221;. Esto pone al mundo en una realidad que suena diferente a la agenda entusiasta de Pittsburgh.</p>
<p>El problema es el tipo de futuro que se construye. En Europa, la Primera Guerra y los efectos económicos entre los derrotados (el tratado de Versalles, que puso a Alemania en un cepo) además de la asfixia que trajo la Gran Depresión, armaron el ambiente para sistemas populistas ultra nacionalistas que derivaron en el fenómeno fascista aupado por una burguesía muy asustada. La experiencia de los &#8217;90, que construyó una pirámide que acumuló sólo en su vértice y dejó océanos de pobres y desempleados, sumada a la actual pesadilla económica y financiera, obliga a una mirada alerta del escenario que se ha montado. </p>
<p>El presente insiste en evocar aquel pasado. Cierto socialismo actual es sólo una máscara que oculta hábitos reaccionarios; que usa el discurso libertario y revolucionario pero tiene perfiles neofascistas. El caso del actual Irán de Mahmud Ahmadinejad es elocuente. Venezuela es otro experimento en riesgo de padecer esa deformación. Y no es el único ejemplo en la región. A todos los une el eje del control de la comunidad, un nacionalismo exacerbado, la visión paranoica de la prensa no tutelada y la instauración del concepto del gran hermano, que es un fenómeno netamente fascista. Es intolerancia y autoritarismo. El problema con el fascismo, como se dijo hace tiempo con talento, es no sólo lo que no deja hacer sino lo que obliga a hacer, a elegir, a leer, a mirar.</p>
<p><img class="size-full wp-image-96 alignleft" src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/marcelo-cantelmi.jpg" alt="" width="100" height="100" /><strong>*<a href="http://ciperchile.cl/tag/marcelo-cantelmi/"target="_blank">Marcelo Cantelmi</a> es editor internacional del diario Clarín de Argentina.</strong></p>
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		<title>Obama: El dilema de la enfermedad fiscal y la reforma a la salud</title>
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		<pubDate>Thu, 27 Aug 2009 17:14:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Cantelmi</dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Estados Unidos]]></category>
		<category><![CDATA[Marcelo Cantelmi]]></category>

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		<description><![CDATA[El presidente Barack Obama heredó una pesada mochila fiscal de George W. Bush: un déficit que crece a cada segundo. El desempleo seguirá siendo un problema por un largo tiempo y la popularidad de Obama va en baja. En ese escenario, debe sacar adelante una reforma a la salud que busca dar protección a 46 millones de estadounidenses que no tienen protección, muestra de uno de lo peores sistemas sanitarios del mundo. Reformarlo cargará aún más la mochila y para mantener a raya el déficit anuncia compensaciones que no gustan a los republicanos.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-8125" src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/portada-obamareforma.jpg" alt="" width="370" height="247" /></p>
<p class="excerptdestacado">El presidente Barack Obama heredó una pesada mochila fiscal de George W. Bush: un déficit que crece a cada segundo. El desempleo seguirá siendo un problema por un largo tiempo y la popularidad de Obama va en baja. En ese escenario, debe sacar adelante una reforma a la salud que busca dar protección a 46 millones de estadounidenses que no tienen protección, muestra de uno de lo peores sistemas sanitarios del mundo. Reformarlo cargará aún más la mochila y para mantener a raya el déficit anuncia compensaciones que no gustan a los republicanos.</p>
<p>Nunca es buena idea jugar con los números, pero a veces una grotesca comparación ayuda a observar el tamaño de la fotografía. Imagine que en el efímero instante que demora en pestañear se diluyen 57.870 dólares. Y otra vez y una más. Eso es lo que cada segundo aumenta el déficit fiscal norteamericano; si prefiere 3.472.222 dólares cada minuto, casi 5.000 millones de dólares que a diario hinchan una bola de nieve de tamaño extraordinario, sin precedentes en la historia moderna norteamericana.</p>
<p>Barack Obama tiene esa espada sobre su cabeza; que no puso él ahí, es cierto, sino que le legó el gobierno republicano aunque ya muchos prefieren olvidar que hubo tal herencia. Hablamos de un país que gastará la próxima década, cada año, 1,84 billones de dólares (millones de millones) en el peor de los casos o 1,20 billones en el mejor. Y que deberá caminar con el peso de una deuda de 11,5 billones de dólares, casi 80% de su PBI, que suele remover el sueño de sus acreedores, especialmente los chinos.</p>
<p><img class="right" src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/obama-y-bush.jpg" alt="" width="350" height="233" />Son estas las cifras de una crisis que en el llano se expresa con la escalada de la desocupación (de 7,6% en enero a 9,5% en junio) y sus consecuencias sociales. El economista Nouriel Roubini, célebre porque anticipó esta crisis global, que desde los altares técnicos se insiste que está ya en su punto de culminación, acaba de reconocer que el desempleo seguirá trepando a 10,5% en octubre y a 11% el año entrante, para quedarse por largo tiempo debajo de esos niveles pero no muy lejos de ellos.</p>
<p>Si se observa el pronóstico de largo plazo de la Oficina de Presupuesto del Congreso, queda claro que en el 2020, aunque haya pleno empleo, los números rojos seguirán en alza. Es decir que para balancear el gasto se requeriría un aumento de 44% de los impuestos y eso teniendo en cuenta un gasto de defensa que cayó de 9% del producto en los ‘60 al 3% en el 2000, según señala pesimista y abrumado Robert Samuelson en The Washington Post.</p>
<p>Obama está obligado a intentar modificar este desafío antes de que se torne inmanejable. Debe restaurar una estructura de acumulación quemada por la anarquía creativa que soportó el país y el mundo la última década de fundamentalismo neoliberal. No es sencillo. Tiene que hacerlo negociando con la oposición, al costo de secundarizar temas cruciales (¿Honduras? ¿Irán?) y lidiando con la persistencia en proteger esas formas de apropiación del capital que los responsables del presente caos esgrimen sin abrir los ojos a los daños que también los afectan. Es paradójico que esos grupos, que alimentaron la vía más espartana y nacionalista de EE.UU., no adviertan ahora que están parados en las causas de la pérdida de liderazgo de la potencia.</p>
<h2>La difícil reforma a la Salud</h2>
<p>En cualquier caso, esta confrontación y aquellos números están en el corazón de la batalla que ha venido librando Obama para intentar que se apruebe una reforma sanitaria que observa que puede servirle a mediano plazo como una herramienta para apaciguar los rojos fiscales en los cuales el desafío de la salud ocupa y ocupará un lugar prevalente.</p>
<p>Veamos esto de un modo simple. En EE. UU. poco más de 46 millones de los 300 millones de habitantes, no tienen seguro de salud. Es decir, deben resolver sus problemas sanitarios con dinero cash que obtienen malamente de la venta urgente de sus viviendas. O endeudándose de un modo explosivo. El resto está atrapado en seguros de salud que no tienen cláusulas para eliminar o al menos limitar los abusos. Sólo gente en la pobreza o ancianos (síndrome en crecimiento debido al envejecimiento de la población) tienen una mínima protección por parte del Estado vía los programas Medicaid y Medicare. Pero desde las épocas de George Bush, se amplió la participación de empresas privadas en esos planes que agregan al Estado gruesos sobrecostos. Es una sangría anual de 2,5 billones de dólares, el sistema de salud más caro del mundo y quizá uno de los más ineficientes.</p>
<p><img class="left" src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/3818237174_2bea42c192_o.jpg" alt="" width="350" height="233" />Obama pretende que esos 46 millones de desamparados ingresen al esquema sanitario. El costo adicional sería de 1,5 billones de dólares. Para sus críticos republicanos, y también demócratas, eso aumentará el rojo profundo que muestran todas las cuentas fiscales. El incremento o ampliación de los seguros, sostienen, impactará en las pequeñas y medianas empresas que se verán obligadas a eliminar trabajadores. El presidente no se resigna y afirma que esa plata puede salir de la racionalización de los costos de la medicina, eliminando los abusos en los hospitales y, en última instancia, aumentando los impuestos a quienes tengan los mayores ingresos del país.</p>
<p>Ese punto, que revertiría una política clave de Bush, alimenta el escándalo republicano, algunos de cuyos gladiadores no dudan en calificar de socialista -aclaremos, usado como adjetivo negativo y no sólo caracterización (equivocada)-, lo que hace Obama. Es difícil comprender que el país que acaba de celebrar haber llegado hace 40 años a la luna, tenga semejante estructura sanitaria y que se discuta si conviene mejorarla.</p>
<p>El bloque demócrata en el Congreso difundió testimonios de gente que quedó atrapada en pesadillas por el error de enfermarse. Una mujer, con cáncer y con seguro médico, comentó que recibió costos adicionales de hasta 6.000 dólares por una sola inyección y facturas de 4 páginas por hasta 35.000 dólares en extras. Apenas logró evitar perder su casa, cuyas cuotas se retrasaron por la enfermedad y los nuevos gastos, cuestiones que su banco consideró irrelevantes para admitir un tratamiento diferencial.</p>
<p>Es cierto que estas reformas sanitarias se han intentado antes. Pero conviene ir con cautela a la hora de comparar esta iniciativa con la que buscó y tampoco logró en 1993 Bill Clinton. Aunque son pocos los años que median y el tema sigue siendo cómo aliviar una mercantilización ilimitada de la salud, los universos son diferentes. Una dimensión es enfrentar este tema con leve desempleo y una situación económica estable. Y otra en la actual encrucijada. Obama tiene frente a sus narices un enojo social y desencanto que explica la caída de su popularidad de 72% a 49% (encuesta conjunta de The Washington Post y la cadena ABC) en apenas seis meses y el aumento de las dudas respecto a si este líder podrá serenar tantas calamidades.</p>
<p>Como F. D. Roosevelt, con quien gusta compararse, tiene que canalizar esa rabia social creciente y negociar y apretar callos para obtener recursos. Es también una reconstrucción. Quizá también como Roosevelt, advierta que lo logrará solo al costo de ser juzgado menos por sus virtudes que por los enemigos que haya hecho en este desfiladero.</p>
<p><img class="size-full wp-image-96 alignleft" src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/marcelo-cantelmi.jpg" alt="" width="100" height="100" /><strong>* Marcelo Cantelmi es editor internacional del diario <em>Clarín</em> de Argentina</strong></p>
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		<title>El empuje inicial de la política exterior de Obama comienza a enfriarse</title>
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		<pubDate>Mon, 17 Aug 2009 19:35:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Cantelmi</dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Estados Unidos]]></category>
		<category><![CDATA[Marcelo Cantelmi]]></category>

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		<description><![CDATA[Tras un arranque aperturista y autocrítico de las violaciones de derechos humanos del gobierno de Bush, lo que prometía ser un giro radical ha ido entibiándose. La Casa Blanca primero revocó la decisión de publicar las fotos de los abusos en la cárcel de Abu Ghraib, luego anunció el mantenimiento de los controvertidos tribunales militares en Guantánamo, bloqueó una investigación sobre tortura en la guerra -una virtual amnistía para agentes de la CIA- y resiste que se investiguen las políticas "antiterroristas" de dupla Bush-Cheney. El abandono de la urgencia para resolver el conflicto en Honduras, es otra señal de este enfriamiento que celebran los conservadores.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/portada-usacantelmi.jpg" alt="" title="" width="370" height="256" class="alignnone size-full wp-image-7936" /></p>
<p class="excerptdestacado">Tras un arranque aperturista y autocrítico de las violaciones de derechos humanos del gobierno de Bush, lo que prometía ser un giro radical ha ido entibiándose. La Casa Blanca primero revocó la decisión de publicar las fotos de los abusos en la cárcel de Abu Ghraib, luego anunció el mantenimiento de los controvertidos tribunales militares en Guantánamo, bloqueó una investigación sobre tortura en la guerra -una virtual amnistía para agentes de la CIA- y resiste que se investiguen las políticas &#8220;antiterroristas&#8221; de dupla Bush-Cheney. El abandono de la urgencia para resolver el conflicto en Honduras, es otra señal de este enfriamiento que celebran los conservadores.</p>
<p>El triunfo del neofascista Mahmud Ahmadinejad en las recientes y cuestionadas elecciones en Irán, cuya victoria acaba de consagrar el maltrecho poderío de la teocracia persa, fue celebrado por enemigos de Barack Obama a los que no hay que ubicar sólo en el campo del fundamentalismo ultraislámico. Y quizá, con la misma copa, estén los mismos individuos brindando por la negativa evolución de la crisis en Honduras, donde las autoridades golpistas siguen resistiendo. ¿Es entonces que se está diluyendo tan velozmente el viento de cambio que trajo este presidente?<br />
Quizá no haya sólo que mirar en aquellas cuestiones.</p>
<p>Desde que Obama llegó al poder hace poco más de seis meses, mostró un formidable empuje obligado por la necesidad de construir una etapa diferente debido a las limitaciones objetivas del liderazgo de Washington. Esos movimientos se dieron con contradicciones entre lo prometido y lo realizado, y con una insistente búsqueda de equilibrios con el resultado de que, en muchos casos, quedó la frustración por lo que parece que es pero que no llega a ser del todo.</p>
<p>Si la pregunta correcta es si existe una agenda completa de política exterior, es decir con objetivos definidos en una situación global tan compleja, la respuesta debería ser afirmativa. Pero esa agenda posiblemente diste hoy, y mucho más en el futuro, de lo que se supuso en los albores de este cambio.</p>
<p><img src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/hillary-clinton.jpg" alt="" title="" width="350" height="231" class="right" />El discurso de la canciller Hillary Clinton en el Consejo de Asuntos Exteriores en Washington en julio, fue un esperado momento para intentar develar esas dudas. No lo hizo. Hillary derramó una mirada global epidérmica. Y reactivó su calendario de viajes, paralizado por su fractura del codo derecho, lesión que, es cierto, le había impedido  acompañar a Obama a Rusia, una gira crucial en la que se habló menos de reducción de misiles que del destino de Georgia y Ucrania, los sitios donde Moscú dibuja su patio trasero. </p>
<p>Ese discurso y otras declaraciones posteriores de la canciller mostraron el creciente pesimismo de Washington con Irán debido a la instauración de la línea de poder más cerrada. De ahí que también la funcionaria exhibía ya el pesimismo en el destino del diálogo propuesto a Teherán, pero sin plazos, por el presidente. Hillary se ocupó de aclarar a los persas que no esperarían indefinidamente por una respuesta que el gobierno iraní no quiere dar, pese a que estén atascados en un camino que debilita como ninguna otra amenaza a la revolución iniciada en 1979. </p>
<p>Esa marcación de límites no fue necesariamente una diferencia con los puntos de vista de Obama. Quienes insisten en la especulación de un doble comando de EE.UU. en las cuestiones internacionales, se entusiasmaron con lo que creyeron una evidencia. Pero lo de Hillary fue cualquier cosa menos una ruptura. En aquel mensaje clave de julio, el primero substancial de su gestión, Hillary citó a Obama ocho veces en apenas 30 minutos, un machaqueo que buscó marcar que aquella rivalidad que sostuvo en la campaña no le reduce la lealtad con quien ahora es su jefe.</p>
<p>Asimismo, la ausencia de una descripción detallada del escenario  mundial de parte de quien esta sentada en ese comando inigualable, no parece consecuencia de disidencias en la cumbre del poder. Sucede que la agenda internacional la está produciendo Obama con formas y contenidos que su ministra no objeta, sino que avala con tal sumisión que la columnista Tina Brown, en el blog <em>The Daily Beast</em>, describió con un consejo cruel: &#8220;Es tiempo ya para que Obama permita a Hillary sacarse la burka&#8221;. </p>
<p><img src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/barack-obama.jpg" alt="" title="" width="350" height="230" class="left" />No es una misión sencilla. En estos meses Hillary descubrió cómo es el terreno minado en el que intenta marchar. Obama bochó, por un amigo y contribuyente de su campaña, al candidato de la canciller para la embajada en Tokio, y mantiene un veto para los nombres que ella propuso para la oficina de desarrollo internacional (Usaid). <em>The New York Times</em> reveló hace pocas semanas que Obama le avisó apenas por teléfono que decidió sacar al principal &#8220;iranólogo&#8221; de la cancillería, Dennis Ross, es decir de su ministerio, y pasarlo al Consejo Nacional de Seguridad que depende de la Casa Blanca.</p>
<p>Pueden ser movimientos menores, si se quiere, pero brindan otra óptica para evaluar las medidas adoptadas hasta ahora, muchas de ellas contradictorias y otras que revelan una clara impericia. Recordemos que esta Casa Blanca arrancó con un giro muy aperturista y de autocrítica a las violaciones a los derechos humanos cometidas por el gobierno anterior de George Bush, pero aún así revocó en mayo la decisión de publicar las fotos de los abusos en la cárcel de Abu Ghraib, en Irak. Por la misma fecha anunció el mantenimiento de los controvertidos tribunales militares en Guantánamo que, como senador en 2006, Obama había rechazado vivamente. </p>
<p>Asimismo, bloqueó una investigación sobre los casos de tortura en la guerra, en una virtual amnistía para los agentes de la CIA involucrados. Y, en igual camino, resiste que se investiguen las políticas &#8220;antiterroristas&#8221;, que diseñó la temible dupla George Bush-Dick Cheney.</p>
<p>Obama acertó en la posición de equilibrio -muy repudiada por la derecha norteamericana, que preservó en la crisis iraní para no alimentar el discurso del fundamentalismo y mantener flotando aquel diálogo. Pero viró totalmente con respecto a sus planteos en el Cáucaso al ordenar aumentar la ayuda a Azerbaiján y reducir la de Armenia, desequilibrando a esos países en momentos que están en el foco de creciente tensión y temores de un choque armado como el que sostuvieron en los &#8217;90 por el dominio del enclave armenio de Nagorno Karabaj. </p>
<p>El conflicto es menos de lo que sugiere en términos geopolíticos. Pero es la señal -y el costo- del acercamiento de Washington a Turquía, enemigo de Armenia, aliado de Azerbaiján, de Israel y últimamente de Rusia, que también esta haciendo buenas migas con Tel Aviv. Es otro mapa en construcción con extremos imprevisibles y desconocidos. </p>
<p><img src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/vice-presidente-joe-binde.jpg" alt="" title="" width="350" height="249" class="right" />La cumbre con Putin es otro ejemplo. Obama se mostró amplio y considerado y llovieron amables gestos de uno y otro gobierno. Pero el encantamiento se desplomó apenas unas semanas después cuando el vicepresidente Joe Biden, enviado por el mandatario, llegó a Georgia para postular que ese país y Ucrania deberían ingresar ya a la OTAN, todo ello proclamado con la promesa de una defensa sin igual de Washington sobre los dos enemigos de Moscú.</p>
<p>Por estas orillas, el caso de Honduras es otro paradigma. Tanto Obama como Hillary, calificaron como un golpe lo sucedido en ese país y demandaron la reposición del derrocado Manuel Zelaya. Obama, sin embargo, no retiró a su embajador, lo que hubiera forzado a ese final. La demanda de reposición mudó a la dudosa mediación de Oscar Arias en Costa Rica, y a una declaración de Hillary respecto a que en charlas con México y Canadá no se planteó el regreso del bolivariano Zelaya como requisito excluyente. El mandatario norteamericano aclaró con gestos de quién ha sido la decisión de operar de este modo. Obama repudió a quienes se quejaban antes de una gran injerencia y ahora de que no es suficiente. En verdad no parece comprenderse la consecuencia del huevo de una serpiente que se ha puesto a entibiar en el calor del Caribe.</p>
<p>La deriva hondureña quizá nos muestre algún cambio interno, una sucesión dentro del gobierno de facto hacia el jefe del Congreso o el titular de la Corte Suprema para llegar a las elecciones de noviembre rasgando en las piedras alguna legitimidad. Es la fantasía de creer en un equilibrio que no existe. Una mala decisión que no solo pega a sus autores, sino que puede desestabilizar a la región y, en fin, hacer estallar a la OEA, un destino que apreciará como un regalo inesperado Hugo Chávez y su caballería bolivariana.</p>
<p><strong>* Marcelo Cantelmi es editor internacional del diario <em>Clarín</em> de Argentina</strong></p>
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		<title>El efecto dominó del experimento golpista en Honduras</title>
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		<pubDate>Thu, 13 Aug 2009 22:14:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Cantelmi</dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[América Latina]]></category>
		<category><![CDATA[Honduras]]></category>
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		<description><![CDATA[Transcurrido ya más de un mes y medio del Golpe de Estado en Honduras, el solo hecho de que se discuta su legitimidad es ya una alerta sobre la debilidad democrática en Latinoamérica, abollada por sus propios protagonistas de sello progresista. Y que ese experimento golpista sea exitoso hasta ahora, para el editor internacional del diario <em>Clarín</em> es una “extorsión”: abre la posibilidad para que cualquier sector al que no le resulten las cosas como las planeó patee el tablero y se alce sobre el poder de la gente.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/portada-hondurasefecto.jpg" alt="" title="" width="370" height="262" class="alignnone size-full wp-image-7816" /></p>
<p class="excerptdestacado">Transcurrido ya más de un mes y medio del Golpe de Estado en Honduras, el solo hecho de que se discuta su legitimidad es ya una alerta sobre la debilidad democrática en Latinoamérica, abollada por sus propios protagonistas de sello progresista. Y que ese experimento golpista sea exitoso hasta ahora, para el editor internacional del diario <em>Clarín</em> es una “extorsión”: abre la posibilidad para que cualquier sector al que no le resulten las cosas como las planeó patee el tablero y se alce sobre el poder de la gente.</p>
<p>El hecho más grave que la región enfrenta en estas horas respecto al golpe en Honduras es que se lo discuta. El simple ejercicio de que se eleve una duda de legitimidad frente a esta ruptura institucional, alerta como casi ningún otro gesto respecto de la debilidad larvada en las estructuras republicanas de Latinoamérica. </p>
<p>El golpe hondureño del domingo 28 de junio, hace ya más de un mes y medio, dilapidó casi 30 años de fe -quizá muy ingenua- en que la democracia había llegado para quedarse en la región. Y abrió un puente hacia la noche de inestabilidad de los &#8217;70, porque si en Honduras sucede y se acepta la duda posible que implica la extensa negociación abierta y cerrada sobre la mesa de Costa Rica, y antes en la OEA, entonces en cualquier otro sitio es posible. </p>
<p>La referencia a la ingenuidad se valida debido a que por estas orillas justamente la democracia ha venido siendo maltratada de más formas de lo que se reconoce. Lo ha hecho un <em>establishment</em> de mirada corta que supone como &#8220;burdo populismo&#8221; la vieja noción del brasileño Celso Furtado sobre que el verdadero crecimiento de la economía es aquel que se establece a partir del aumento de la calidad de vida de las comunidades que lo experimentan. </p>
<p>Y también los gobiernos que al mismo tiempo que se visten de colorido progresismo, mantienen abismos sociales. Porque es ahí donde atan su mayor caudal de votantes y cualquier cosa que signifique la mejora de la situación vital de esos sectores, conllevaría la pérdida del voto clientelado.</p>
<p><img src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/bachelet-zelaya.jpg" alt="" title="" width="350" height="253" class="right" />Veámoslo con otras palabras: tiene una clara connotación de atropello el hecho de imponer políticas que apartan a un amplio sector de la población de la torta distributiva, convirtiendo el ejercicio republicano en una ventanilla de poca gente. </p>
<p>Pero también, el desvío autocrático que justifica excesos como el que, por ejemplo, autorizó el gobierno de Hugo Chávez contra el alcalde de Caracas, quien fue vaciado de poder, ingresos fiscales y autonomía hasta el extremo de desalojarlo del edificio municipal por el simple hecho de haber ganado las elecciones y oponerse al mandamás bolivariano.</p>
<p>El propio Manuel Zelaya, víctima del golpe hondureño, venía desde hace tiempo abollando las instituciones por el poder real del que carecía para impulsar cambios radicales por la vía correcta del Parlamento. Quienes lo derrocaron, y sí tenían el poder para procesarlo, incluso por mucho más de lo que hasta ahora se sospecha, lo sometieron al mejor estilo del militarismo fascista de los ‘70, también revelando la inexistente importancia que ellos y sus socios neoconservadores en los Estados Unidos le atribuyen a las cuestiones republicanas.</p>
<p>La constitución hondureña, que no admite la figura de la inmunidad, autoriza la destitución inmediata de cualquier funcionario que la viole. Pero Zelaya no fue destituido sino derrocado y, luego de que los autores del estropicio advirtieron las consecuencias, armaron documentos incluyendo una supuesta carta de renuncia, maniobra tan pueril que prefirieron luego cubrir de silencio.</p>
<p>Si se alza la mirada no se requiere de un gran esfuerzo para advertir dónde el tejido institucional en la región exhibe espacios de peligro que este antecedente puede amplificar. La coalición paraguaya que sostiene al controvertido presidente Fernando Lugo se ha despedazado. La confrontación crónica en Bolivia, que también suele estimular el propio gobierno de Evo Morales, tiene entre la dirigencia de la media luna rica de ese país, individuos que hace rato olvidaron las normas. El puñado de países pobres en las Américas confrontan, por esa condición, graves debilidades en la estructura de poder.</p>
<p>Pero, además, un antecedente golpista exitoso en Honduras tendría las formas vivas de una extorsión: la posibilidad de que se podría patear el tablero si las cosas no son como las pretende algún sector con fuerza para alzarse sobre el poder de la gente. Con la democracia, lo que corresponde es ir por más y no inventar alquimias que generan memorias tenebrosas. </p>
<p><img src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/honduras-2.jpg" alt="" title="" width="350" height="223" class="left" />A mitad de julio pasado se produjo un episodio poco informado pero que tiene un grueso valor simbólico. Estados Unidos devolvió a Bolivia al ex ministro del Interior Luis Arce Gómez, un cruel represor quien, en el arranque de la década de los &#8217;80, convirtió en negocio del Estado el narcotráfico de la mano del golpe del general Luis García Meza. </p>
<p>Como a Zelaya, Arce Gómez sacó a punta de pistola a la presidenta Lydia Gueiler. Fue uno de los últimos levantamientos militares en la región, armado con la ayuda de la dictadura argentina y personal del tercer cuerpo de Ejército de Luciano Benjamín Menéndez, como pudo comprobar este columnista en aquellos años en La Paz.</p>
<p>Los autores del golpe de Honduras abrieron las puertas del infierno a esas mismas postales y sus efectos perniciosos desbordan incluso un debate ideológico, debido a que un efecto dominó puede comprometer cualquier escenario. </p>
<p>Este atrevimiento que hoy tiene a Tegucigalpa en el mapa, sobrevuela las realidades latinoamericanas y es dudoso que esté ahí sólo para poner en vereda a la polémica progresía regional. En verdad, hace parte de una discusión en las usinas conservadoras del norte mundial que plantean que la democracia, su defensa, no debería ser un fin en sí mismo. </p>
<p>El columnista ultraderechista norteamericano Cal Thomas, un reconocido islamofóbico -entre otras características-, al aludir a la cuestión de Honduras, lo hizo con palabras elocuentes: <em>&#8220;las elecciones pueden llevar al poder a sinvergüenzas&#8221;</em> y se debe hacer algo al respecto. </p>
<p><img src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/honduras.jpg" alt="" title="" width="350" height="247" class="right" />La gravedad de este planteo digno de la Guerra Fría tiene antecedentes. George Bush utilizó el atajo de la construcción democrática para maquillar la ofensiva sobre el Golfo. Pero en las urnas de Irak, Washington no pudo imponer su candidato. Y cuando Hamas ganó las elecciones palestinas en 2006, lo que fue claramente un voto castigo a la corrupción en la dirigencia del partido Al Fatah, caballo perdedor de la Casa Blanca, esa elección  fue desconocida por EE. UU. y Europa mientras Israel encarcelaba a los líderes elegidos y el territorio de Gaza, uno de los dos que componen el espacio palestino, era sitiado para provocar un estallido social del cual sólo pudiera culparse al grupo fundamentalista sunnita que se habían atrevido a elegir. </p>
<p>La noción de una democracia tamizada, desinfectada preventivamente, bajo control pero no de la ciudadanía, es de lo que se trata lo que experimenta la desventurada Honduras, abandonada en su callejón. </p>
<p><em>* Marcelo Cantelmi es editor internacional del diario </em><em>Clarín</em> de Argentina</p>
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		<title>La crisis no ha terminado: lo peor está por llegar</title>
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		<pubDate>Fri, 05 Jun 2009 01:29:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Cantelmi</dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Internacional]]></category>
		<category><![CDATA[Marcelo Cantelmi]]></category>

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		<description><![CDATA[Los optimistas anuncios de que la peor fase de la crisis ha terminado son desmentidos por la OIT, la que estima que los desempleados en todo el mundo podrían alcanzar entre "210 y 239 millones de personas" a fines de este año. Un récord absoluto cuyos efectos confirma el Banco Mundial y que hizo al FMI advertir el 16 de abril pasado que <em>la crisis llevará a millones de personas a la pobreza, con consecuencias devastadoras</em>. Lo que viene es de tal gravedad que el jefe de la inteligencia de Estados Unidos, Dennis Blair, sostiene que las consecuencias de la recesión reemplazaron al terrorismo como la mayor amenaza para la seguridad del país. Blair apunta justo a la raíz de la violencia: habrá movimientos de población y sufrimiento humano a gran escala, reducción de la actividad económica, menos comercio y crecerán los espacios ingobernados que pueden ser explotados por terroristas.
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			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/economia-global-columna.jpg" alt="" title="" width="370" height="250" class="alignnone size-full wp-image-5758" /></p>
<p class="excerptdestacado"> Los optimistas anuncios de que la peor fase de la crisis ha terminado son desmentidos por la OIT, la que estima que los desempleados en todo el mundo podrían alcanzar entre &#8220;210 y 239 millones de personas&#8221; a fines de este año. Un récord absoluto cuyos efectos confirma el Banco Mundial y que hizo al FMI advertir el 16 de abril pasado que la crisis llevará a millones de personas a la pobreza, con consecuencias devastadoras. Lo que viene es de tal gravedad que el jefe de la inteligencia de Estados Unidos, Dennis Blair, sostiene que las consecuencias de la recesión reemplazaron al terrorismo como la mayor amenaza para la seguridad del país. Blair apunta justo a la raíz de la violencia: habrá movimientos de población y sufrimiento humano a gran escala, reducción de la actividad económica, menos comercio y crecerán los espacios ingobernados que pueden ser explotados por terroristas.</p>
<p>El mensaje entusiasta que llega desde el hemisferio Norte respecto a que la crisis económica ha dado ya vuelta a su peor página, expresa un fascinante sistema de organización de la realidad que merece una observación atenta. El estallido de la burbuja inmobiliaria y su estela de desastres en los mercados, generó una transformación global cuyos alcances aún no se han definido. Pero es en su costado social donde se vislumbran los peores efectos. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que la crisis sumará 59 millones de personas al abismo de la falta de empleo, una enorme alza en relación a los 39 millones que se agregaron en 2007. </p>
<p>Pero la profundidad del desastre lo da otra cifra con la elocuencia de una patada: según el mismo organismo <strong>el número total de desempleados en todo el mundo podría alcanzar entre &#8220;210 y 239 millones de personas&#8221; a fines de este año</strong>, marcando así un récord absoluto. </p>
<p>Lo que encierran esas cifras no debería ser observado como la verificación clásica sobre quiénes acaban siempre pagando los costos. En una perspectiva más amplia, el análisis por hacer es qué puede esperar el mundo de tal acumulación de desesperados. Hay mucho de ese escenario inquietante en el trasfondo de la batalla verbal entre el presidente de Estados Unidos Barack Obama y la derecha republicana, que le demanda mantener la mano dura en la represión del fantasma terrorista, incluyendo el mantenimiento de la tortura que legó como una &#8220;barbarie legal&#8221; el gobierno de George Bush.</p>
<p><img src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/no-hay-vacantes-edificio.jpg" alt="" title="" width="350" height="229" class="right" />Veamos primero qué sucede con la gran crisis. El cambio en su evolución es concreto, limitado y consecuencia de dos importantes pasos. Uno fue la cumbre del G-20 en Londres el mes pasado. Allí las mayores economías del mundo y un puñado de las emergentes -encabezadas por China-, no crearon un nuevo sistema económico mundial como se fantaseó. Pero sí confirmaron un par de medidas prácticas ampliamente anticipadas: fortalecieron al FMI con casi un billón de dólares, cuya mayor parte será para contener la bancarrota en el Este europeo, la principal espada que pende sobre los bancos de Europa Central. Y se comprometieron a recapitalizar las entidades de crédito evitando efectos letales como los que causó el cadáver de Lehman Brothers.</p>
<p>El otro paso fue la evaluación <em>(stress test)</em> a los 19 bancos más grandes de Estados Unidos a la que los sometió el gobierno de Obama. Ese puñado de entidades, entre ellas Citibank y Bank of America, explica el 75% de los activos del sistema bancario estadounidense y la mitad de los préstamos. La sola idea del examen estremeció inicialmente a los mercados, seguros de que aceleraría y no impediría las quiebras al desnudar las miserias de estos gigantes. Walter Molano, un inclaudicable analista mexicano neoliberal, llegó a plantear que &#8220;el pánico bancario no debería sorprender. Los bancos de EE.UU. están insolventes y algunos requerirían la estatización&#8221;. (!)</p>
<p>Pero el examen dio resultados de salud tan sorprendentes como inesperados. El rojo de todas estas entidades, que estuvieron balanceándose por meses en la cornisa de la quiebra, apenas llegaba a US$ 75 mil millones. Y ya a los pocos días, los bancos habían reunido la mitad de esa suma. De modo que las cosas no eran tan graves y se podía pasar sin mayores traumas al capítulo central de este carrusel: la compra por parte del Estado de los activos tóxicos de estas entidades; esto es, los instrumentos con que armaron el fraude de la burbuja inmobiliaria y que ahora valen tanto como nada. </p>
<p><img src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/pasaje-poblacion.jpg" alt="" title="" width="350" height="232" class="left" />¿Qué paso? No importa. Todo fue otro &#8220;ejercicio&#8221; creativo cargado de suspicacias. Sirvió para que regrese el optimismo. Al fin de cuentas son números. Así de irónico lo graficó<br />
Martín Wolf en el <em>Financial Times: ¿Cuánto capital necesita un banco? ¿Cuál es el largo de un elástico?</em> El problema es que ése no es el único foco de esta crisis. No se resume esta cuestión en el salvataje de los bancos. Hay una serie de desafíos que no están siendo atendidos con el mismo entusiasmo. </p>
<p>Uno, es la carencia del crédito pese incluso al derrumbe de las tasas en EE.UU. y Europa. China, tercera economía mundial y segunda potencia comercial, logró un crecimiento de 6%, excepción en un páramo de gigantes en recesión. Y se encamina a redondear un 8 %, según el último registro de la revista <em>The Economist</em> que admite la sorpresa de los especialistas que esperaban todo lo contrario a comienzos de año. Y lo obtuvo porque concentró en cuatro bancos estatales una formidable maquinaria para estimular la economía. </p>
<p>De este lado del mundo las políticas de estímulo aparecen lentamente o no llegan, sin perder de vista la bomba inflacionaria que se ha armado con la tremenda emisión que autorizaron las potencias presionadas por la &#8220;emergencia&#8221;. Pero hay más. Según el escenario más probable que proyectan numerosos centros de estudios, incluyendo el de la mencionada revista liberal británica, habrá recuperación el año entrante aunque los números positivos no serán en absoluto parecidos a los que marcaron este lustro. Eso se traducirá en sobrante humano y así volvemos al desafío social señalado más arriba. </p>
<p>Un informe del FMI, fechado el 16 de abril pasado y consignado por la politóloga española María Luisa Fernández <em>(Crisis económica: repercusiones a la paz y la estabilidad global)</em>, advierte que <em>la crisis llevará a millones de personas a la pobreza, con consecuencias devastadoras</em>. La cuestión es de tal gravedad que el jefe de la inteligencia nacional estadounidense, Dennis Blair, sostiene que las consecuencias de la recesión reemplazaron al terrorismo como la mayor amenaza para la seguridad del país. El planteo del funcionario tiene la lucidez de apuntar justo a la raíz de la violencia: Habrá movimientos de población y sufrimiento humano a gran escala, reducción de la actividad económica, menos comercio y crecerán los espacios ingobernados que pueden ser explotados por terroristas. </p>
<p><img src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/guantes-de-obrero.jpg" alt="" title="" width="350" height="232" class="right" />No es el único cargando de fuego las advertencias que si no son escuchadas no es precisamente porque no sean estridentes. El presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, le dijo sin vueltas a <em>El País</em>: &#8220;Lo que empezó como una gran crisis financiera y se convirtió en una gran crisis económica, ahora está derivando en una gran crisis del desempleo. Si no tomamos medidas, hay riesgo de que llegue a ser una grave crisis humana y social, con implicaciones políticas muy importantes&#8221;.</p>
<p>Si ayer fue lícito sospechar que detrás de la guerra antiterrorista, Bush buscó reducir las libertades individuales para proteger de las amenazas sociales el sistema de acumulación concentrado, vertical y especulativo que alentó y que terminó del modo que sabemos; hoy podemos extraer otra idea vinculada a la distribución del ingreso. Si es cierto que los espacios de pobreza provocan violencia, no hay que ser un especialista en inteligencia ni detective para adivinar cuál es el generador principal de la amenaza que se cierne en buena parte del mundo bajo la mascarilla del terrorismo. Y menos misterioso aún resultaría determinar qué habría que hacer para empezar a poner en orden lo que se avecina.</p>
<p><em><strong>(*) Marcelo Cantelmi es Editor Internacional del diario Clarín de Argentina</strong></em></p>
<p><strong>Nota:</strong> <em>Los comentarios pueden tardar en aparecer. Son bienvenidas todas las opiniones pero no se publicarán<br />
</em></p>
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		<title>De la G-20 a la G-2:cumbre sobre economía y seguridad entre Obama y Hu Jintao</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Apr 2009 17:01:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Cantelmi</dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Internacional]]></category>
		<category><![CDATA[Marcelo Cantelmi]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>

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		<description><![CDATA[La reunión del G-20 no será la Bretton Woods del año 44, cumbre que creó el FMI y el Banco Mundial entre otros. El poder económico del FMI se amplificará, pero no su democracia. La fragilidad del momento la describe este reputado analista internacional a partir de la factura que le cobra la crisis a EE.UU., con su déficit fiscal por encima del billón de dólares cada año de la próxima década, una deuda pública por encima de los US$ 10 billones y la dependencia de su economía de las potencias asiáticas. El tema a resolver: el poder. De allí la importancia de la “G-2”, entre los presidentes Obama y Hu Jintao en Londres, cumbre sobre economía y seguridad entre el “imperio occidental” y el “imperio del centro”, una bipolaridad que los chinos por ahora ya dan por cierta.
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-4379" src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/principal-g_20.jpg" alt="" width="350" height="251" /></p>
<p class="excerptdestacado">La reunión del G-20 no será la Bretton Woods del año 44, cumbre que creó el FMI y el Banco Mundial entre otros. El poder económico del FMI se amplificará, pero no su democracia. La fragilidad del momento la describe este reputado analista internacional a partir de la factura que le cobra la crisis a EE.UU., con su déficit fiscal por encima del billón de dólares cada año de la próxima década, una deuda pública por encima de los US$ 10 billones y la dependencia de su economía de las potencias asiáticas. El tema a resolver: el poder. De allí la importancia de la “G-2”, entre los presidentes Obama y Hu Jintao en Londres, cumbre sobre economía y seguridad entre el “imperio occidental” y el “imperio del centro”, una bipolaridad que los chinos por ahora ya dan por cierta.</p>
<p>Frente al páramo de un mundo que comienza a tomar conciencia del verdadero alcance de la economía real, la cumbre del G-20 de este jueves en Londres difícilmente podía ser el faro que muchos fantaseaban.</p>
<p>No lo ha sido no sólo porque aún no hay claridad sobre las formas definitivas de este tsunami que ha destruido riqueza y creado montañas de desocupados como nunca antes en la historia. Sino también, porque no es ésta una era de grandes liderazgos fundacionales; no lo es ni en los países centrales ni en la periferia, pese a una retórica tediosa que pretende convencer de lo contrario. Hay, a veces, épocas así. La actual viene tropezando desde antes de los ‘90 en una parálisis atada al modelo de acumulación capitalista y cuya restauración, más que modificación, está en el centro de todos los debates de esta hora.</p>
<p>En otras palabras, esta cumbre de desarrollados y en desarrollo no configurará un nuevo <em>Bretton Woods</em>. Quizá la principal y tal vez única comparación importante que pueda establecerse con aquella conferencia de julio de 1944 que creó, entre otras iniciativas, el FMI y el Banco Mundial pero como herramientas estabilizadoras, sea la importancia relativa que aún retiene la principal potencia global, los Estados Unidos.</p>
<p>Si entonces el mundo salía debilitado de la Segunda Guerra y consolidaba el liderazgo norteamericano, hoy los estragos devienen de este enorme desastre económico global. La <strong>diferencia</strong> es que esta vez no cristalizará el poder de Washington, sino más bien un escenario multipolar. La <strong>semejanza</strong> es que, en valores comparativos, Estados Unidos aparece golpeado y con mucho de su perfil mutado, pero con menos daños respecto a los otros grandes jugadores de esta pesadilla y sigue explicando más del 25% del PBI mundial.</p>
<p><img class="right" src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/jintao_01.jpg" alt="" width="350" height="232" />Bastante más que especulaciones anticipan que la cumbre decidirá amplificar el poder económico del FMI; no ampliará el voto dentro del organismo como demandan Brasil o Rusia, y sí se crearán formas de financiamiento para emergencias severas, como la del Este Europeo cuyos países están quebrando uno tras otro. Esa región es un barco que se ha hundido pero mantiene una cadena atada a sus padrinos del Occidente europeo. Si no se hace algo para cortar ese vínculo férreo, no solo los ex comunistas acabarán bajo el agua. Hay en todo el Este europeo inversiones por 1,5 billones de euros, que son créditos librados por la banca occidental. Esta cumbre intentará agregar formas para que ese dinero u otro, proveniente de Asia o, incluso, de los árabes petroleros, resuelva el quebranto y salve de la noche a esos bancos.</p>
<p>La intención es que los chinos sean quienes integren la mayor parte de ese esfuerzo. El FMI recibirá unos 200 mil millones adicionales, en partes iguales de EE.UU. por un lado y Japón y Europa por el otro. China colocaría 50 mil millones de dólares aunque es un paso por ahora extremadamente dudoso. La cuestión es cómo se resolverá la cuestión del voto en el organismo, o dicho de otro modo: el poder. Cuanto mayor sea el aporte de un miembro, mayor es su derecho a votación, es decir resolver y marcar políticas, si es que ese derecho es reconocido. Y naturalmente es lo mínimo que espera Beijing. Pero es también lo último que esta dispuesto a resignar Estados Unidos, por ahora.</p>
<p>La certeza de que no convenía esperar demasiado de esta cumbre, la dibujó con claridad la propia administración de Barack Obama al proponer un programa doméstico de casi un billón de dólares para absorber los activos tóxicos de los bancos.</p>
<p>Ahí se tiene un modelo de lo que se espera de modo global. El plan se financia con recursos públicos y para críticos como Paul Krugman o Jospeh Stiglitz, no solo serán desperdiciados sino que atornillarán a EE.UU. en la crisis. Una alternativa desechada ha sido la nacionalización de los bancos que, con el respaldo estatal, mejorarían su solvencia y podrían ser vendidos en el auge recuperándose la inversión pública.</p>
<p><img class="left" src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/obama-jintao.jpg" alt="" width="250" height="320" />No es precisamente lo que pretenden los mercados, que han vuelto a descubrir al Estado pero sólo como bombero y jamás como enterrador. Esta persistencia en más de lo mismo no oculta la noción respecto a que EE.UU. saldrá de esta crisis en uno o dos años como potencia pero no ya como <em>hegemonía</em>. Es la factura que la crisis le cobra a Estados Unidos por la combinación de un déficit fiscal indigerible por encima del billón de dólares cada año de la próxima década y una deuda pública por encima de los 10 billones de dólares. Ello, además de la destrucción de empleo y riqueza en las clases media y baja; los más de treinta millones de norteamericanos que viven bajo la línea de la pobreza y constituyen una explosiva demanda social en ciernes y la tremenda dependencia de la economía estadounidense de las potencias asiáticas que le financian el quebranto fiscal.</p>
<p>No es sólo Krugman quien se toma la cabeza. El desconcierto sobre el tamaño de la crisis y la polémica en torno a las medidas adoptadas, llega a un punto tal que William Galston, ex asesor de Bill Clinton, especuló con estas dos alternativas oscuras: “el equipo de Obama no sabe qué es lo que se debe hacer” o “no cree que pueda reunir la fuerza política suficiente para hacer lo que se debe hacer”.</p>
<p>El riesgo es que en este juego de dudas, el presidente recién llegado y envuelto en esperanzas, se desgaste como si se tratara más del culpable que de la víctima.</p>
<p>Es en ese galimatías que debe colocarse la polémica que sí rodea al G-20 respecto a las propuestas de que una nueva moneda de reserva reemplace al dólar. Estados Unidos ignoró el tema cuando lo planteó Rusia, pero al impulsarlo China, el mayor acreedor de Washington -dueño de casi 900.000 millones de dólares en bonos del tesoro norteamericano-, el ministro de Economía, el jefe de la FED (el Banco Central) y hasta el propio presidente estadounidense debieron salir a cruzar el comentario de Beijing.</p>
<p>No deberían adivinarse intenciones diferentes al puro realismo en el planteo chino. Por todo lo dicho, el mundo se encamina a una multipolaridad con mayores riesgos y efectos dominó originados en sitios imprevisibles.</p>
<p><img class="right" src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/obama_01.jpg" alt="" width="250" height="334" />En medio de sus fortalezas, la multitud de debilidades objetivas en que quedará Estados Unidos explica la necesidad de caminar hacia nuevos diseños, que tampoco es claro si serán suficientes. Es que aunque los mercados compitan en ceguera, los cambios lo son para todos. La propia China, si bien es la única de las cuatro mayores economías mundiales (tercera junto a EE.UU., Japón y Alemania y la segunda potencia comercial del globo) que no está en recesión, su crecimiento previsto de 6,5% puede parecer un éxito comparado a sus pares, pero es agónico y casi un desplome frente a las necesidades objetivas de su desarrollo.</p>
<p>¿Qué podría evitar que una nación más pequeña de Asia, presionada para conseguir liquidez debido a la sequía de la crisis, decida desprenderse de sus bonos estadounidenses desatando un alud que desintegraría la moneda norteamericana? En otras épocas esa pregunta se perdería como un delirio malintencionado. Hoy todo parece posible.</p>
<p>No debe haber pesadilla peor que esa y no solo para Estados Unidos, pero así de frágil es el momento. Es por ello que para Beijing menos que el G-20, importa el “G-2”, el encuentro entre los presidentes Obama y Hu Jintao en Londres, el diálogo en la cumbre sobre economía y seguridad entre el “imperio occidental” y el “imperio del centro”, una bilpolaridad que, los chinos por ahora, ya dan por cierta. Y también Washington. Ello explica la decisión del presidente estadounidense de visitar China en junio de este año.</p>
<p><em>*Editor internacional del diario Clarín de Argentina</em></p>
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		<title>El fin de la era Bush: Una tragedia histórica</title>
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		<pubDate>Tue, 23 Dec 2008 16:21:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Cantelmi</dc:creator>
				<category><![CDATA[Actualidad y Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Bush]]></category>
		<category><![CDATA[Estados Unidos]]></category>
		<category><![CDATA[Marcelo Cantelmi]]></category>

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		<description><![CDATA[¿Fue la era Bush un accidente o una consecuencia histórica? En su libro <em>El fin de la era Bush: Una tragedia histórica</em>, recién lanzado en Buenos Aires, el jefe de Política Internacional del diario Clarín, Marcelo Cantelmi, arranca de esa pregunta crucial para desarrollar un ilustrador balance de la catastrófica administración. El autor se inclina claramente por la segunda opción y sostiene que lo que ha vivido EE.UU. (y por añadidura la humanidad) durante los últimos ocho años, compone una curva económica, política y cultural de dimensiones trágicas. Lea aquí un adelanto exclusivo del libro.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-2346" title="Portada del Libro" src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/principal-portadalibro.jpg" alt="" width="258" height="350" /></p>
<p class="excerptdestacado">¿Fue la era Bush un accidente o una consecuencia histórica? Les entregamos un adelanto del el libro <em>El fin de la era Bush: Una tragedia histórica</em>, recién lanzado en Buenos Aires. En el texto, Marcelo Cantelmi –jefe de Política Internacional de Clarín– arranca de esa pregunta crucial para desarrollar un meditado balance de la catastrófica administración. El autor se inclina claramente por la segunda opción y sostiene que lo que ha vivido Estados Unidos (y por añadidura la humanidad) durante los últimos ocho años, compone una curva económica, política y cultural de dimensiones trágicas. Citando al historiador Paul Kennedy, Cantelmi adhiere a los que subrayan la ceguera y la soberbia de Bush y sus aliados.</p>
<p>Muchos de estos últimos pensaban que las acciones desarrolladas tras el ataque a las Torres Gemelas eran una especie de Star Wars, sin tener en cuenta que las cosas no funcionan igual en un portaaviones que en la ciudad iraquí de Fallujah. Sobre el final del libro Cantelmi recuerda un dato sobrecogedor: el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, el PNUD, detectó que el gasto provocado por la ocupación de Irak y Afganistán hubiese sido más que suficiente para acabar dos veces con la pobreza en el mundo.</p>
<h2>Del autor</h2>
<p style="text-align: left;">Este libro fue escrito en la redacción, muchas veces después de la hora de cierre, entre medio de la edición, a veces, muy pocas, por la mañana temprano. Se usaron, entre otras, notas del autor compiladas a lo largo de los ocho años de gobierno de George W. Bush. Y una montaña de artículos revisados también en esos momentos entrecortados del día y de la noche.</p>
<p style="text-align: left;">Sirvió también y mucho la memoria. El periodista ha dirigido las coberturas de elecciones en Estados Unidos desde que Bill Clinton ganó su segundo mandato superando a Bob Dole en 1996. Y la memoria permite comparar y es también polémica. Hay un mérito adicional en este recorrido. El autor, su medio, su equipo y muy especialmente quien escribe el prólogo de este libro, fueron tripulantes de una nave muy poco poblada que anticipó desde aquellos momentos iniciales lo que Bush era en verdad. Y no se cedió en la mirada crítica ni siquiera al calor de los atentados del 11 de setiembre que habían convertido a la mayoría de los colegas del norte, y no pocos del resto del mundo -sin olvidar los locales-, en voceros de un nuevo gladiador que merecía ser protegido incluso de la verdad.</p>
<p style="text-align: left;">Cuando la gestión de Bush concluyó técnicamente (aunque no prácticamente) el 4 de noviembre de 2008 este periodista publicó en su diario una breve columna en las ediciones de esa elección histórica.</p>
<p>Decía:</p>
<p style="text-align: left;">EE.UU. inicia hoy otro capítulo de la mano de su primer presidente negro. Pero será difícil cerrar la etapa de ocho años que secuestró a ese país y al mundo. Esa es la gigantesca misión que viene. George W. Bush en sus gobiernos fue demoledor. Arrasó con las libertades individuales, instauró la tortura como método, arrestó a supuestos sospechosos sin formularles cargos ni permitirles defensa legal. Sus principales medidas se basaron en la mayoría de los casos en mentiras. La confusa guerra contra el terrorismo dejó un mundo mucho más peligroso e inerme. Conflictos que podrían haberse serenado, fueron agitados al extremo que hoy difícilmente hallen una solución. Se inventaron guerras sin sentido con el saldo de decenas de miles de muertos. El antinorteamericanismo se ha extendido como una peligrosa incitación. La enorme victoria ha sido llegar a estas elecciones. El mundo al fin puede suspirar.</p>
<p style="text-align: left;">El título <em>“Llegamos”</em> para esa breve columna, escondía un código. <em>“Llegamos”</em> había sido el título principal del diario Clarín cuando regresó la democracia en Argentina tras la victoria en 1983 de Raúl Alfonsín cerrando la  noche de la dictadura. Es cierto, Bush no fue un dictador. Pero bajo su amparo se masacró, se violó la justicia, se torturó, se generaron divisiones antipáticas y explosivas y se aceptó la noción de que cualquier oposición a la mirada hegemónica implicaba una alianza con el terror. Bush no fue un dictador. Lo grave es que fue elegido.</p>
<p style="text-align: right;"><strong>Marcelo Cantelmi</strong><br />
<em>Noviembre de 2008</em></p>
<h2>Prólogo</h2>
</p>
<p style="text-align: left;">En las páginas que siguen Marcelo Cantelmi intenta resolver uno de los acertijos más intrigantes de esta década: saber si las dos presidencias de George W. Bush en los Estados Unidos fueron parte del proceso evolutivo o, cómo él mismo autor lo pone, “un accidente inesperado”. El interrogante sigue estando abierto, más allá de que resulte claro –y lo es también en este texto&#8211; que Bush en la Casa Blanca es adonde conduciría inevitablemente el giro conservador que se operó en la sociedad estadounidense en la segunda mitad de los 70 y que plasmó su visión de modo intinterrumpido desde la asunción de Ronal Reagan en 1982.</p>
<p style="text-align: left;">Es valioso este ensayo porque aparece cuando no se ha asentado la polvareda originada de la experiencia Bush y porque el legado real se insinúa de tal magnitud que solo podremos conocerlo con el tiempo, y quizás, no todo de modo explícito. El autor no se ha dejado abrumar por lo temprano de su texto, algo siempre riesgoso.</p>
<p style="text-align: left;">Una observación particularmente valiosa -y para nada exagerada- que realiza Cantelmi sobre estos pasados ocho años y que conviene tener presente si realmente queremos entender qué paso es la siguiente: <em>“Es difícil hallar desde la época del Fuhrer Adolf Hitler una estructura tan aceitada para la mentira.”</em></p>
<p style="text-align: left;">Cabria agregar que desde aquellos mismo tiempos nadie ha usado la política del miedo con la misma maestría, como lo prueba todo lo dicho y hecho desde los atentados del 11S, aun cuando Bush esté convencido que las relevaciones sobre la autoría de los mismos es suficiente. No lo es.</p>
<p style="text-align: left;">Del mismo modo lo que lo llevó a invadir Afganistán e Irak tampoco ha quedado, aún, en blanco sobre negro. Y otro tanto es posible decir de la crisis económica internacional que es la estela del cometa de su herencia.</p>
<p style="text-align: left;">Cantelmi está perfectamente equipado para esta aproximación no solo por la calidad del periodismo que practica, sino porque durante toda la era Bush fue editor jefe de la sección internacionales del diario Clarín y como tal mantuvo una constante perspectiva crítica, sobre todo en los primeros años en los que Bush no era este guiñapo de impopularidad que ahora deja Washington. El autor reúne también su experiencia enla cobertrua de la economía internacional, algo que aporta a este trabajo.</p>
<p style="text-align: left;">Al terminar el texto, uno espera que Cantelmi retome el tema en algún momento del futuro cuando aquel legado de Bush haya cobrado al menos una dimensión aproximada. Porque, aquí en la distancia del sur profundo de América, vamos a necesitar explicaciones, no tanto de lo que ha pasado, sino de lo que ha dejado.</p>
<p style="text-align: right;"><strong>Oscar Raúl Cardoso, analista político del diario Clarín</strong><br />
<em>Buenos Aires, 17 de noviembre de 2008</em></p>
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		<title>El otro salto adelante del imperio chino</title>
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		<pubDate>Mon, 05 Nov 2007 18:49:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Cantelmi</dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Marcelo Cantelmi]]></category>

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		<description><![CDATA[Un extraordinario cambio de ciclo acaba de producirse silenciosamente en China. No se trata de una modificación radical de la revolución aperturista iniciada por Deng Xiao Ping hace 28 años, pero sí de un nuevo salto hacia adelante muy diferente al de Mao Tse Tung. Esta vez el salto está destinado a enmendar las consecuencias de la velocidad de crecimiento que ha tomado el gigante asiático; un ajuste de vías para asegurar el destino del Imperio del Centro con su probeta capitalista.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Si lo ocurrido es asombroso, más lo es el hecho de que se haya advertido lo que debería ocurrir: un temblor de la conciencia aunque no del humanismo. Una carencia que no solo se percibe en China.</p>
<p>En lo formal el giro se produjo en el XVII Congreso Nacional del Partido Comunista Chino el pasado octubre. En ese cónclave, que se celebra cada cinco años, el Presidente Hu Jintao (refrendado como líder hasta 2012) y su primer ministro Wen Jiabao, desplazaron a las líneas más conservadoras encabezadas por el ex jefe de Estado Jiang Zemin.<br />
En el PCCh, la única estructura política admitida en el gigante asiático y que con 70 millones de militantes regula a los 1.200 millones de chinos, hay corrientes internas que remedan en sus formas, excesos y limitaciones las que cruzan por el universo capitalista.</p>
<p>Zemin, del denominado grupo de Shangai, representa a un sector conocido como los elitistas o princelings (príncipes, porque son hijos de la alta clase política fundacional), de las provincias costeras. El eje central de ese sector es su vínculo con las áreas que más expansión han mostrado en el fenómeno de crecimiento continuado de China. Los mismos que han venido presionando para que el esquema aplicado hasta ahora continúe sin variaciones a despecho de los cientos de millones de ciudadanos del interior del país que observan desde la galería el espectacular avance económico. Y lo han hecho ignorando las consecuencias en el medio ambiente y ecológicas que factura el incesante ciclo de negocios. Para esa ala, el crecimiento debe seguir sostenido en un modelo fundado sobre la eficiencia y la apertura económica. El cimiento, por ejemplo, de una megalópolis como Shangai.</p>
<p>Algunos datos de balance pueden ayudar a observar la foto completa. El Producto Bruto Interno de China creció 11,5% en el tercer trimestre del año y se prevé que llegará a 11 % a final de 2007, repitiendo un ciclo exitoso de décadas. Ese ritmo se apoya, entre otras herramientas, en una gigantesca avenida para el comercio: el gigante tiene una de las economías más abiertas del mundo con un nivel arancelario promedio de 9% contra 15 % en el resto del globo. Pero si se revisa con cuidado los números, el balance no es pura fiesta: la renta per cápita en ciudades como Shangai ronda los 1.500 dólares, pero en el campo, en la zona no bendecida por el milagro, el ingreso gira hacia los 400 dólares. Según informes del Banco Mundial, China cuenta con 1.300 millones de habitantes, de los cuales 318 millones viven en la miseria.</p>
<p>Esta máquina simultánea de hacer dinero y hacer pobres tiene variedad de espejos donde reflejarse en este lado del mundo. Es una ola similar -aunque de contenido diferente- a la que se experimenta desde la finalización del efecto concentrador único del Consenso de Washington. Una ola que viene acompañada de una demanda de ampliación de la presencia del Estado para contener a las víctimas del modelo, pero que intenta centralmente resolver dos cuestiones: una, la ideal, integrar a los pobres al mercado; y la necesaria, mejorar el status quo para que no se repitan los gobiernos rebeldes efectos de la inequidad y del discurso único, como Bolivia y Venezuela si se quiere tomar algún ejemplo en nuestro continente, aunque el fenómeno es mundial.</p>
<p>La otra corriente en China, afincada en el actual gobierno, parte de la base de que un imperio para ser tal debe resolver las inequidades antes de que se tornen explosivas. Además, porque el aumento del producto bruto per cápita que se duplica cada cinco años, si bien desde una base exigua, implica el ingreso paulatino al mercado de una enorme masa de consumidores que deben ser contenidos por el Estado. No es difícil para este mundo nuestro entender lo que sucede en aquel otro. No hace falta aclarar que la motivación central no es humanista sino puramente pragmática.</p>
<p>Hu encabeza esta facción conocida como la Liga de las Juventudes Comunistas -y en términos más vulgares los &#8220;populistas&#8221;-, remedo también bastardeado hasta el hartazgo en Occidente y reservado por los mercados a cualquier administración que apunte a programas económicos inclusivos o desarrollistas.</p>
<p>La dupla gobernante, presidente y premier, propuso en este Congreso de octubre dos grandes formulaciones detrás de esa preocupación que el sinólogo español Mario Esteban Rodríguez traduce en &#8220;el desarrollo científico&#8221; por un lado y &#8220;la sociedad armoniosa&#8221; por el otro. El primero, señala, promueve un modelo de desarrollo más conciliable con la protección del medio ambiente, giro que, remarca Rodríguez, &#8220;la inmensa mayoría de los chinos aplaude&#8221;.</p>
<p>La segunda formulación, subraya el camino hacia una mayor cohesión social frente a la obsesión de la anterior generación de líderes por un crecimiento macroeconómico sin anotar las consecuencias. &#8220;Hu Jintao y Wen Jiabao se encontraron con un país que si bien es la locomotora de la economía mundial está plagado de desastres medioambientales; alberga 16 de las 20 ciudades más contaminadas del mundo y es uno de los 13 países con más escasez de agua&#8221;. En buena compañía con esas calamidades se suma el soportar el mayor incremento en las desigualdades sociales de todo el planeta en los últimos 20 años, un efecto medido, entre otros, por el índice Gini.</p>
<p>En China nacen cada año 20 millones de chicos. Sobre ese universo que no deja de crecer, reina un centenar de personas que tienen fortunas de más de mil millones de dólares. Luego, una segunda línea de alrededor de cien millones que integra la estrecha clase media. Hu entrevé que ese sector debería incluir a 600 millones de chinos en tres lustros.</p>
<p>Estos cambios no deberían ser confundidos. Si en algo coincide Hu con su antecesor, es en el tipo de vuelo y en el plumaje: ambos son halcones. Hu no es un líder que vaya a abrir la puerta de la democracia en China. El Presidente viene de plantear en su discurso central la urgencia tanto de no detenerse como de no retroceder, porque cualquier alternativa que no sea avanzar implicaría la destrucción. Pero el avance no es romántico.</p>
<p>Es interesante en esta formulación anotar que el Congreso del PC colocó entre los nueve miembros del Comité Permanente, el máximo organismo partidario, a dos candidatos seguros a suceder a Hu en 2012. Uno es de su propia línea, Li Changchun. El otro es hombre de Zemin, aunque no fundamentalista, Xi Jinping. Si el programa de cambio se consolida, irá Li; si se debe reajustar para garantizar la acumulación del gigante, será Xi. Una puerta no cierra la otra. Y ninguna de ellas conduce  a un esquema político diferente al actual que sume la apertura política a la económica. El control total. Y Hu lo tiene como Presidente, líder del Partido Comunista y de las Fuerzas Armadas, todo en simultáneo. Es la clave, no la única, pero ciertamente una de las más importantes y monárquica en sí misma para consolidar el Imperio del Centro. También en ese espejo no resulta difícil observarse a los de este lado del mundo.</p>
<p><strong>*Marcelo Cantelmi es editor Internacional del diario Clarín de Buenos Aires</strong></p>
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