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	<title>CIPER Chile &#187; Horacio Verbitsky</title>
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	<description>Centro de Investigación e Información Periodística</description>
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		<title>La Corte del Rey Gabo</title>
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		<pubDate>Wed, 10 Sep 2008 22:45:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Horacio Verbitsky</dc:creator>
				<category><![CDATA[Actualidad y Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Horacio Verbitsky]]></category>
		<category><![CDATA[John Dinges]]></category>
		<category><![CDATA[Periodismo]]></category>
		<category><![CDATA[Premio]]></category>

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		<description><![CDATA[Verbitsky integra el Consejo Rector de la Fundación de García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano. Esta semana participó en México en el seminario sobre calidad periodística, la entrega de premios 2008 y el seminario con los ganadores. Esta es su crónica.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="excerptdestacado"><img class="left size-full wp-image-1064" src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/garciamarquez.jpg" alt="" width="300" height="217" />Verbitsky integra el Consejo Rector de la Fundación de García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano. Esta semana participó en México en el seminario sobre calidad periodística, la entrega de premios 2008 y el seminario con los ganadores. Esta es su crónica.</p>
<p>El seminario sobre Calidad Periodística que organiza aquí la Fundación del Nuevo Periodismo Iberoamericano y la ceremonia de entrega de sus premios anuales tienen el aire perturbador de un déjà vu para quienes asisten todos los años. Pero es una fiesta renovada para aquellos que llegan por primera vez con los ojos y el corazón abiertos, razón principal para que los veteranos se resignen a cada nueva edición.</p>
<p>Encerrados siempre en el mismo hotel de siete estrellas, que tanto podría estar en Karachi como en Madrid, Alaska o la Luna, los participantes se someten a un programa recurrente. En los paneles se cuentan experiencias y se discuten propuestas, con exposiciones breves y debate escueto, bajo el reloj atento de un moderador apurado por dejar el sitio para el panel siguiente. Todo muy conceptual y reglado. Como tiene 87 años y un reconocimiento general por su obra, José Salgar dice sin medias tintas que este año allí se hablaron pavadas. Fue el primer editor periodístico de Gabriel García Márquez, que piensa lo mismo, y el primer homenajeado de la Fundación por su trayectoria. Los premios son entregados en el MARCO, un Museo de Arte Contemporáneo que nunca hay tiempo para admirar como se merecería, y el formato es el de un programa de televisión. Por ese medio la transmisión llega a todo México y a otros países.</p>
<p>Siempre el mismo locutor comienza por presentar al presidium, una horrenda palabra que en México se pronuncia con ingenua naturalidad. García Márquez ocupa el sitial de honor, flanqueado por el gobernador del Estado de Nuevo León, quien hace campaña entre celebridades, y por Lorenzo Zambrano, el principal accionista de la tercera cementera del mundo, CEMEX, que pone la plata para pagar los premios mejor dotados al periodismo de calidad. El tercer socio de la Fundación creada por Gabo hace tres lustros es la Corporación Andina de Fomento, CAF, que este año tuvo tanta mala suerte que su presidente, Enrique García, y su secretario, José Luis Ramírez, terminaron en el hospital, con una intoxicación alimentaria y una operación urgente de peritonitis. Completan la mesa Mercedes Barcha, quien desde siempre impera sobre García Márquez, un miembro del Consejo Rector de la Fundación y su infatigable director ejecutivo, Jaime Abello Banfi. Este año se sumó entre los patrocinantes la Fundación Carolina, creada para promover las relaciones culturales entre España y sus antiguas colonias. Cuando las formalidades terminan y la noche se disuelve en una pista de baile, el descomunal Jaime cobra la elegancia de un avión de gran porte, feliz de romper la ley de la gravedad y dejar la tierra donde todos los movimientos son penosos para mostrar en el aire su gracia y su potencia únicas, en cuanto suena un vallenato. Los finalistas y premiados suelen ser muy jóvenes y es una ternura ver sus caras radiantes cuando reciben el diploma y Gabo les toma una mano entre las dos suyas y les dice algo al oído. Aunque no les entregaran plata, y les entregan mucha, 25.000 dólares a los ganadores, se darían por bien pagados con ese momento glorioso. Después de entregar el premio y antes de la parranda final, Gabo participa en una ceremonia paralela que, aunque cueste creerlo, le da placer. Cada año se forma una cola que nadie convocó en la que centenares de regiomontanos esperan cada uno con su ejemplar de Cien años de soledad para que le aplique su firma de caligrafía seudo gótica y a veces una breve frase o el dibujo de una flor. Cuando la órbita imperturbable de la FNPI se cruza con esa realidad terrenal de vecinos endomingados que tratan con exquisita delicadeza a su ídolo, todo adquiere sentido. Ellos son felices y Gabo también.</p>
<h2>Al fin solos</h2>
<p>Ese es el momento en que las rutinas ceden paso al goce. La felicidad es completa el último día, cuando a solas entre periodistas, todos los premiados cuentan cómo hicieron su trabajo, qué obstáculos tuvieron que superar y cómo debería ser el oficio que casi todos prefieren a cualquier otro. Casi, porque el proyecto del fotógrafo Alfredo Srur es poner un bar en La Boca. El periodista español Iñaki Gabilondo no le creyó porque dice que Alfredo es un reportero de raza, pero por las dudas prometió ir a tomarse unos tragos si lo inaugura. El miembro del jurado Pablo Corral Vega, de Ecuador, dijo que el secreto de la buena fotografía es la proximidad. Para hacer la mejor foto hay que acercarse y exponerse, desnudarse ante quien se va a fotografiar. Vaya si l@s premiad@s de este año lo han hecho.</p>
<p>La amargura no es con el oficio, sino con la forma en que las empresas quieren que se practique. Alfredo contó su experiencia con el diario La Nación, de Buenos Aires, donde le dijeron que no podía fotografiar morochos. Cuando trajo la toma de una capoeira bailada en una plaza de Palermo Viejo, su jefe le explicó que no había entendido la orden. &#8220;Cultura africana no. Sólo gente linda consumiendo.&#8221; Terminaron por echarlo de la tribuna de doctrina. El trabajo por el que fue finalista es la historia de Carlitos, un pibe de la villa del norte del conurbano donde asesinaron al Frente Vital. Carlitos estuvo preso y al salir tuvo una hija que le cambió la perspectiva de su vida. &#8220;Aprendí muchas cosas. La cárcel es un lugar muy intelectual, puro pensamiento&#8221;, dijo Srur, quien es fotógrafo de este diario.</p>
<h2>¿Dónde está la libertad?</h2>
<p><a href="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/panorama.jpg"><img class="none size-full wp-image-1062" title="García Márquez con todos los asistentes al Seminario." src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/panorama.jpg" alt="" width="500" height="135" /></a></p>
<p>La otra nominada que asistió al seminario fue la mexicana Patricia Aridjis. Su reportaje en blanco y negro &#8220;Las horas negras&#8221; fue realizado en distintas cárceles de mujeres de su país. Las fotos de Patricia son de una gran belleza y se aproximan a esas personas no con el pintoresquismo del intruso sino con la intimidad de una compañera más, que trabajó a lo largo de siete años hasta terminar el reportaje y que conserva relación con varias de esas mujeres. Una de ellas le dijo que la fotografiara porque de ese modo podría salir de allí. Al presentar sus fotos Patricia leyó un texto que muestra la calidad de su prosa y la originalidad de su mirada. La temida cárcel es el único lugar donde ellas se sienten libres, y por eso muchas vuelven. &#8220;Afuera están perdidas. Adentro, en cambio, están a salvo de sí mismas y de la sociedad&#8221;, sobre la que esta conclusión dice algo más terrible que las imágenes.</p>
<p>María Eugenia Cerutti había sido nominada hace dos años en el concurso de la FNPI por otro trabajo sobre la cárcel de mujeres en Ezeiza. Este año se ganó el premio mayor de fotografía por &#8220;Un barrio, demasiadas ausencias&#8221;, con texto de Silvina Heguy, que se publicó en la revista peruana Etiqueta Negra, en el libro 132.000 volts, el caso Ezpeleta y en la revista Viva. María Eugenia y Silvina trabajan en la redacción de Clarín. Luego de tres años de convivencia con la gente de ese barrio bonaerense, entregaron al diario su reportaje sobre la proliferación de distintas formas de cáncer, que los vecinos atribuyen a las radiaciones de una usina de alta tensión. De 1900 habitantes que viven en once manzanas enfermaron 231 y la mitad murió. María Eugenia les pidió a los sobrevivientes que se desnudaran para mostrar las secuelas en sus cuerpos. La abrumadora mayoría de quienes aceptaron fueron mujeres, como ocurre cada vez que se trata de poner el cuerpo. El resultado es una serie de retratos muy austeros sobre un hecho tremendo, que muestran tanto la fragilidad como la dignidad de esas personas, que accedieron porque así también luchaban por sus vidas. Pero las autoras debieron esperar seis meses, hasta que un juez ordenó a la empresa que suspendiera el plan de incrementar la potencia de la subestación, para que Clarín se decidiera a publicar la investigación en su revista dominical. El miércoles el diario anunció que &#8220;Una fotógrafa de Clarín recibió en México el Premio Nuevo Periodismo&#8221;. Mencionó en otro título a García Márquez y consignó que &#8220;María Eugenia Cerutti retrató los efectos sobre la salud de la contaminación&#8221;. Pero la nota no menciona que la empresa contaminante es Edesur y que, pese a la publicación y al fallo judicial, insiste ahora con aumentar la tensión de la planta, mientras los vecinos exigen que la disminuya a los niveles previos a la privatización, en los malditos &#8217;90. El tema del seminario de este año había sido la &#8220;Responsabilidad Social Empresarial&#8221;, es decir el nuevo nombre de las desgastadas Public Relations, así como la oficina de personal se llama ahora Recursos Humanos.</p>
<h2>Los textos</h2>
<p>Cristina Marcano, autora de una excelente biografía del teniente coronel Hugo Chávez integró el jurado de texto. Dijo que decidir había sido una tortura, y se la comprende al leer cada trabajo y escuchar a sus autores.</p>
<p>&#8220;Los olvidados del Casita&#8221; es un reportaje del muy joven periodista nicaragüense Carlos Salinas Maldonado. Luego de varios días de fuertes lluvias, se le ocurrió averiguar cómo la estaban pasando quienes habían sido víctimas del huracán Match. Descubrió que la tragedia que esa gente había pasado, cuando una ladera del volcán Casita se derrumbó sobre diez comunidades por las que pasó el alud arrasando todo, era mucho peor de lo que se sabía. Entrevistó a sobrevivientes que habían perdido hasta cincuenta familiares, a la alcaldesa que pidió ayuda al gobierno de Arnoldo Alemán y no le hicieron caso porque era de un partido opositor. El fotógrafo que lo acompañaba no pudo aguantar y salió llorando de la choza donde una mujer contaba cómo el barro se llevó a dos de sus hijas.</p>
<p>El peruano Juan Manuel Robles presentó una crónica desenvuelta sobre un cajero de banco que desfalcó varios millones de dólares para gastárselos en farras con las diosas de la farándula marginal del Perú. Para Juan Manuel, Cromwell es un producto de la ilusión neoliberal, de la riqueza instantánea y la salvación individual. Tal vez es demasiado joven para saber que en todo tiempo y lugar, los cajeros que desfondan un banco pasan a ser ídolos populares. Esa pretensión sociológica algo ligera no le quita mérito a su relato.</p>
<p>El periodista argentino Leonardo Faccio, quien vive en Barcelona, cobró 500 euros como conejillo de Indias para un ensayo clínico sobre un nuevo analgésico. Esta explotación despiadada de los inmigrantes ilegales relega a un segundo plano la de la revista peruana Etiqueta Negra, que no le pagó nada por publicar el reportaje. Durante un mes se dejó inocular mientras los médicos estudiaban sus reacciones con análisis de sangre y electrodos pegados en su frente. El ensayo se realizó en el muy famoso hospital de la Santa Creu i Sant Pau, un falso castillo medieval en la ciudad de Gaudí, al que los turistas peregrinan por sus cúpulas modernistas. Leonardo contó que ése es el único trabajo para el que no se exigen papeles y que personas sanas se someten a la prueba de medicamentos que pueden poner su vida en peligro pero que, si enfermaran, no tendrían plata para comprar. Ese texto poderoso puede ser la base para un libro a fondo sobre Big Pharma y apartheid farmacéutico.</p>
<p>El escritor y periodista Andrés Felipe Solano presentó &#8220;Seis meses con el salario mínimo&#8221;. Luego de un desengaño amoroso huyó de Bogotá y pasó seis meses como empleado raso en una empresa textil de Medellín, contando las monedas para pagar el alquiler en una casa de familia. Así fue descubriendo las cicatrices que dejó en Medellín la guerra entre bandas de traficantes de sustancias prohibidas por las autoridades sanitarias. Su prosa es de calidad superior, pero el enfoque del reportaje no alcanza la misma consistencia. En el seminario Solano dijo que había vivido una situación límite, lo cual es elocuente sobre la situación de los periodistas de la clase media, que sienten como un peligroso descenso a los infiernos el acercamiento a la vida real de nueve de cada diez de sus compatriotas. Así se lo hizo notar su colega de la televisión de Antioquia, Natalia Acevedo, quien los fines de semana trabaja como vendedora en una tienda, porque su salario como periodista no le alcanza para vivir.</p>
<p><a href="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/cristobal-pena.jpg"><img class="left size-full wp-image-1069" title="cristobal-pena" src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/cristobal-pena.jpg" alt="cristóbal peña, ganador del premio" width="316" height="210" /></a>El ganador fue Cristóbal Peña con su &#8220;Viaje al fondo de la biblioteca del general Pinochet&#8221;, publicado por el Centro de Investigación Periodística que dirigen Mónica González Mugica y John Dinges, CIPER Chile. Cristóbal supo que allí había un tema cuando un ex profesor le contó que lo habían contratado como perito porque luego del descubrimiento de las cuentas secretas de Pinochet en el banco Riggs, el juez Carlos Cerda quería tasar todos sus bienes. Pinochet cultivó siempre la imagen de un hombre común, sin caprichos intelectuales, pero la biblioteca de 55.000 títulos que atesoró con fondos públicos vale no menos de tres millones de dólares. Contiene incunables, documentos históricos, libros preciosos que no se encuentran en las bibliotecas públicas, ejemplares dedicados como uno del almirante argentino Fernando Milia, al &#8220;reconocido geopolítico ayer y pilar antimarxista hoy&#8221;. También este trabajo puede ser la primera aproximación a un libro de fondo, al estilo de la maravillosa investigación del puertorriqueño Héctor Feliciano &#8220;El museo desaparecido&#8221;, sobre el pillaje de obras de arte organizado por Hitler y Goering en la Europa ocupada. Espigando las marcas y anotaciones de Pinochet, Peña encontró esta cita del almirante de la marina nazi Erich Bauer, quien describió así al comandante de la Flota de Mar derrotado en la Primera Guerra Mundial: &#8220;Resultaba difícil adivinar su pensamiento íntimo, pues no descubría jamás sus planes a los ojos de los demás de manera abierta&#8221;.</p>
<h2>Foro de las culturas</h2>
<p>El año pasado, Monterrey fue sede del Foro Universal de las Culturas. Con ese motivo, la Fundación organizó un concurso especial, en las categorías Conocimiento, Paz, Sustentabilidad y Diversidad Cultural. El equipo de JC Online, de Pernambuco, ganó en la primera categoría con &#8220;Limites, formaçao e trabalho&#8221;, un reportaje sobre la situación de los discapacitados. En Diversidad Cultural el premio fue para la periodista científica de Televisión Nacional de Chile Carol Schoihet, con un trabajo sobre &#8220;Transexualidad masculina&#8221;. Es notable la diferencia de tratamiento sobre temas sexuales entre la televisión argentina, donde la mayor libertad visual no compensa la ramplonería de los enfoques, y la chilena, en la que esas cuestiones se abordan con pudor y profundidad. Las entrevistas con Michel y con su madre, que lo apoyó en la afirmación de su identidad masculina y en las operaciones necesarias para darle forma, son ejemplares. La ganadora en la Categoría Paz fue la colombiana Natalia Acevedo por su reportaje &#8220;Desenterrando la verdad&#8221;, en el que acompañó a los familiares de víctimas del paramilitarismo a la exhumación e identificación de sus restos. En contraste con el modesto canal antioqueño para el que trabajó Natalia, &#8220;Terra do Meio: Brasil invisible&#8221;, fue realizado por un equipo de la poderosa TV Globo, dirigido por Marcelo Canellas, quien insistió durante tres años hasta que le aceptaron el tema. En seis capítulos, el equipo penetró en cinco reservas naturales de selva virgen en la Amazonia, en el Estado de Pará, donde madereros, hacendados, pistoleros y bandidos varios corren a la población indígena y destruyen áreas naturales. Marcelo entrevistó a tres generaciones de una familia que no existe para el estado brasileño. A los 75 años, Francisco Feitosa y sus hijos y nietos nunca estudiaron, ni votaron, ni tuvieron documentos de identidad ni seguro médico. Este trabajo obtuvo el premio en la categoría Sustentabilidad.</p>
<h2>El plato fuerte</h2>
<p>Iñaki Gabilondo, el más conocido y reconocido periodista de su país, obtuvo el premio Homenaje, que por primera vez se entregó a un español y a un trabajador de radio. Ahora se ha pasado a la televisión, que le parece más holly- woodense, porque te pintan, te planchan, te limpian. Cuando alguien te dice que tenías la corbata corrida, ya ha interferido la lógica del espectáculo. Sus dos décadas de hacer el programa más escuchado e influyente de España le han impreso carácter. Se levantaba a las 4, pero los primeros 25 minutos despierto los dedicaba a leer un libro, sobre cualquier cosa que no tuviera que ver con el trabajo del día. Recién después empezaba a preparar el programa que iba de las 6 hasta pasado el mediodía, con dos horas de noticias duras del día y el resto dedicado a entrevistas y tertulias sobre distintos temas. Iñaki fue el plato fuerte, por su discurso de aceptación del premio y por su intervención en el seminario de ganadores. Tiene 66 años y acompañó desde el micrófono la transición de la dictadura franquista a las formas democráticas de convivencia. Sus palabras fueron una lección de periodismo y de vida, que comunicó con una sencillez que no dejó a nadie sin cautivar. Al aceptar el homenaje se rindió ante los jóvenes periodistas americanos, cuyo entusiasmo y compromiso cuestionaban su escepticismo. En Europa sabemos que en el combate entre los mercantilistas y los idealistas han ganado los malos, pero estos jóvenes te hacen pensar que tal vez la batalla no terminó. Dijo que un programa de radio es vivir en tiempo presente la realidad del misterio de un día que no se va a repetir, porque el amanecer de hoy es el último y nadie conoce la importancia de aquello que está viviendo. Aristóteles no sabía que nació en el año 382 antes de Cristo. Nadie dijo me voy a la guerra de los cien años. En La cartuja de Parma de Stendhal el protagonista está en un campo de batalla con los pies embarrados entre cadáveres, pero no sabe qué es la batalla de Waterloo ni su resultado. Los mejores compañeros son el reloj y la duda. Cada periodista tiene su ideología, pero sus puntos de vista deben ser elásticos. Hay noticias que provocan estupor a los oyentes. Yo comparto su estupor pero lo pongo en una perspectiva distinta. Mis referencias son estables, el derecho, la justicia, pero mi compañero es la duda. Digo lo que sabemos, lo que creemos y lo que nos gustaría. Y cuando no sé, digo que no sé. A veces comienzo el programa con una idea y durante su transcurso la modifico. Me pregunto si estamos en condiciones de relatar la complejidad y cómo se acomoda nuestro trabajo a la nueva vida de la sociedad. Cuando los medios buscan un rápido culpable o un rápido vencedor están a cinco segundos de la propaganda, el spot o la publicidad. A diferencia del periodismo escrito en la radio no hay tercer tiempo, para escuchar la grabación y desechar esos primeros veinte minutos que no sirven, sino la palpitación en tiempo real. Siempre hay que recordar al destinatario. El sujeto, el predicado y el verbo tenían un orden antes de que yo naciera y no pienso acabar con él. No tengo amigos políticos y trato de mantenerme a la distancia justa, porque cada metro de acercamiento a una fuente te hace perder un kilómetro de independencia. Quieras o no se produce un compromiso afectivo con la fuente, y nosotros trabajamos para la audiencia. Este tiempo de polarización es peligroso. Un alambrado puede trazarlo uno solo, pero divide a todos. Las citas no llevan comillas porque quien las transcribe no usa grabador, pero esto es exactamente lo que Iñaki dijo.</p>
<h2>Tres conclusiones</h2>
<p>Visto y oído todo, las conclusiones son agridulces: las mujeres son superiores a los hombres, los hombres maduros a los hombres jóvenes y los brasileños al género humano.</p>
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		<title>El triunfo del Hipo</title>
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		<pubDate>Tue, 09 Sep 2008 17:22:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Horacio Verbitsky</dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Horacio Verbitsky]]></category>
		<category><![CDATA[Periodismo]]></category>

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		<description><![CDATA[La tediosa sesión sobre Responsabilidad Social Empresarial dejó lugar a una jubilosa sobremesa, en la que Gabriel García Márquez conversó con su primer editor, José Salgar, a quien todavía llaman El Mono, porque en Colombia así les dicen a los rubios y a sus 87 años todavía se le ve el color del pelo. El tema fue el periodismo, para conmemorar los 60 años desde que Gabo dijo que se dedicaría al periodismo porque con la literatura no iba a ganar plata.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignrnone size-full wp-image-1052" src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/cristobal_gabo.jpg" alt="" width="360" height="212" /></p>
<p><span class="excerptdestacado">La tediosa sesión sobre Responsabilidad Social Empresarial dejó lugar a una jubilosa sobremesa, en la que Gabriel García Márquez conversó con su primer editor, José Salgar, a quien todavía llaman El Mono, porque en Colombia así les dicen a los rubios y a sus 87 años todavía se le ve el color del pelo. El tema fue el periodismo, para conmemorar los 60 años desde que Gabo dijo que se dedicaría al periodismo porque con la literatura no iba a ganar plata.</span></p>
<p class="datosautor datosinterior">Por Horacio Verbitsky, desde Monterrey</p>
<p>La tertulia fue bajo una carpa junto a la cascada artificial del hotel de esta ciudad del norte de México, tan parecida a muchas de los Estados Unidos, donde todos los años realiza su seminario sobre calidad periodística la Fundación del Nuevo Periodismo Iberoamericano. Gabo la creó hace tres lustros, como una escuela itinerante que  organiza talleres con reconocidos maestros del oficio para jóvenes profesionales de todos los países de habla hispana.</p>
<p>Desde hace ocho años también entrega premios a la excelencia en distintas categorías. El venezolano Teodoro Petkof, director del pequeño pero incisivo periódico “Tal Cual”, con el cual dice que no hace periodismo sino política, recordó cuando Gabo ganó el premio Rómulo Gallegos y entregó los 100.000 dólares que le dieron para que la izquierda venezolana creara el diario “Punto”, que sobrevivió cuatro años. “Se lo bebieron”, comentó alguien. Petkoff lo negó, no se sabe si con el ascetismo del guerrillero marxista o con la manía contable del ministro de Economía neoliberal, que fueron sus dos encarnaciones antes de devenir editor. “salió hasta que se acabaron los 100.000”, lo ayudó alguien. Mercedes Barcha, que según García Márquez es su dueña pero no su jefa, suspiró por no haber sido consultada antes de la donación, lo cual pone en duda su teoría del matriarcado.</p>
<p>Salgar (Bogotá, 1921), negó la autoría de la orden que el escritor le atribuye en “Vivir para contarla”, de torcerle el cuello al cisne para escribir periodismo. “Yo ni sabía qué eran los cisnes”, se disculpa. La frase es una exhortación de un poeta a sus colegas para librarse de la influencia de Rubén Darío. El Mono tampoco se cree la historia de que esa directiva, real o imaginada, señalara el camino de la objetividad y la precisión, de las que ni el jefe ni el reportero eran fanáticos, como dejaron en claro en el diálogo, para espanto de algunos funcionarios de la FNPI que hubieran querido tapar los oídos de los muchos jóvenes que escuchaban. Salgar dijo que en cada generación los periodistas deben contar las mismas historias, aumenta el costo de vida, hay guerras. El desafío consiste en inventar otra forma de tratar esas noticias y para eso es mejor la mística periodística que “todas estas pavadas que hemos escuchado durante la mañana”.</p>
<p><a href="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/gabovesre.jpg"><img class="left size-full wp-image-1057" title="Gabriel García Márquez" src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/gabovesre.jpg" alt="" width="300" height="227" /></a>Cuando la jarana ya era general, el Mono y Gabo agregaron una precisión oportuna.<br />
-Con cada noticia había que inventar el periodismo- dijo Salgar.<br />
-Nosotros no inventábamos las noticias, las promovíamos- acotó Gabo, para referirse a una guerra que empezó después de que la escribieran.</p>
<p>Salgar, quien dijo que celebraba las bodas de plata de sus bodas de oro con el periodismo, contó a dúo con Gabo una historia de aquellos años, cuando supo del prolongado hipo de Pío XII y se anunció que si en dos días más no paraba, el Papa se moría. Mientras todas las redacciones se documentaban sobre la biografía del papa Pacelli y preparaban sus ditirambos, ellos acopiaron toda la información accesible sobre el hipo y prepararon una crónica que no se titulaba “Murió el Papa” sino “Triunfó el hipo”. Pero el hipo paró, Pío XII vivió otros diez años y la nota no fue a parar a las historias papales sino al cesto de los papeles. La gozadera había terminado y debía reiniciarse el seminario sobre la Responsabilidad Social Empresarial, que por piedad se resume como RSE.</p>
<p><em>*Periodista y columnista político del diario argentino Página/12. Autor de los siguientes libros: Prensa y poder en el Perú (1974), La última batalla de la Tercera Guerra Mundial (1984), Ezeiza (1985), La posguerra sucia (1985), Rodolfo Walsh y la prensa clandestina (1986), Civiles y Militares (1987), Medio siglo de proclamas militares (1987), La educación presidencial (1990), y últimamente El Vuelo, El Silencio, Doble Juego y Cristo Vence</em></p>
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		<title>Juan Gelman, al rescate de la memoria histórica</title>
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		<pubDate>Thu, 24 Apr 2008 22:43:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Horacio Verbitsky</dc:creator>
				<category><![CDATA[Actualidad y Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Derechos Humanos]]></category>
		<category><![CDATA[Horacio Verbitsky]]></category>
		<category><![CDATA[Justicia]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>

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		<description><![CDATA["Ahí está la poesía, de pie contra la muerte”, dijo el poeta y periodista en su discurso al recibir el miércoles, de manos del rey de España, el Premio Cervantes. Recordó a los desaparecidos, la herida que aún representa la dictadura y comparó Hiroshima con Irak. Su mujer y sus nietos lo escucharon con los ojos húmedos de ternura. Una ovación de tres minutos e inusual intensidad respondió a sus palabras.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="excerptdestacado"><img class="left alignleft" src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/juangelman1.jpg" alt="" width="245" height="366" />&#8220;Ahí está la poesía, de pie contra la muerte”, dijo el poeta y periodista en su discurso al recibir el miércoles en la Universidad de Alcalá de Henares, de manos del rey de España, el Premio Cervantes. Recordó a los desaparecidos, la herida que aún representa la dictadura y comparó Hiroshima con Irak, donde cientos de miles de seres humanos son privados “de la propia muerte”. La mujer y los nietos de Gelman escucharon con los ojos húmedos de ternura. Una ovación de tres minutos e inusual intensidad respondió a sus palabras. Vea el <a href="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/discursojuangelman.pdf" target="_blank">texto completo</a> de su discurso.</p>
<p>El poeta y periodista argentino Juan Gelman y el Rey de España Juan Carlos de Borbón exaltaron la lucha por los derechos humanos, la verdad y la justicia, durante la ceremonia de entrega del Premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes, que un jurado internacional otorgó al autor de Mundar. El premio fue entregado por el monarca ante la mirada complacida del recién reelecto presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, la ciudad en la que nació el autor de Don Quijote hace 461 años.</p>
<p>Gelman pronunció su discurso de aceptación desde un púlpito tallado con una policromía de verdes, rojos y dorados, bajo el artesonado morisco del paraninfo, construido en el siglo XVI. Al pie del púlpito lo custodiaban dos alabarderos de la Casa Real, ataviados con sus vestimentas medievales. Cuando el niño de Villa Crespo, enfundado en un frac con la elegancia de quien lo usó toda la vida y que motivó admirativas observaciones femeninas, leyó sus conmovedoras palabras sobre el exilio, los desaparecidos por la dictadura militar argentina y el consuelo que encontró en Cervantes y en la poesía, desde un palco lateral lo observaban con los ojos húmedos su compañera de la vida, Mara La Madrid, y lo que Juan y Mara llaman “La nietada”. Este colectivo inseparable incluye a una hija y dos nietos de Mara (Paola, Andrea e Iván) y a dos nietos de Gelman: Jorge y Macarena.</p>
<p>En la primera fila estaban sentados dos de los miembros del jurado, el poeta español Antonio Gamoneda, premiado en la edición anterior del Cervantes, y el novelista argentino Martín Caparrós. Entre los invitados personales de Gelman estaba el artista Hermenegildo Sábat, quien pintó el retrato del poeta que será colocado en la galería de los autores que recibieron el premio Cervantes; el cineasta Jorge Denti, quien acaba de filmar un documental sobre la vida y la obra de Gelman; el bandoneonista Rodolfo Mederos; el rector de la Universidad Nacional de San Martín, Carlos Ruta; Silvia Vesco de Gorriarena, la viuda del pintor Carlos Gorriarena, amigo de Gelman desde la juventud hasta su muerte; la médica y escritora Mónica Muller; el periodista Juan Carlos Algañaraz, quien trabajó con Gelman en el diario <em>La Opinión </em>en 1971 y ahora corresponsal de <em>Clarín</em> en España, y el poeta mexicano Eduardo Hurtado.</p>
<h2>Conversación en el jardín</h2>
<p><img class="right" title="Gelman y su nieta Macarena" src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/juangelman2.jpg" alt="" /> Al término de la ceremonia, la reina Sofía estuvo charlando en los jardines de la universidad con su nieta Macarena, hoy de 31 años, que nació en cautiverio en el Uruguay y fue entregada a un comisario policial por los mismos militares y policías que luego de su nacimiento asesinaron a su madre, María Claudia Irureta Goyena.</p>
<p>Bajo la sombra de un árbol Sofía le pidió que le hablara de su vida y de la tarea que realizaron sus abuelos Juan y Mara para localizarla, hace nueve años, y permitirle que conociera su identidad y recuperara su apellido. Macarena accedió al pedido con su bello rostro encendido por la emoción. La Reina también quiso conocer a Andrea, la nieta adolescente que no quiere soltarse de la mano de su abuelo, con quien parecen dos enamorados.</p>
<p>La nietada había recibido el encargo de guardar la caja de fulgurante cuero rojo de la que el Rey extrajo la medalla con la que condecoró a Gelman, y que no cabía en ninguna cartera. Como parte de la farra, los chicos la llamaban “El portacervantes”.</p>
<h2>Mudos testigos</h2>
<p>Las paredes del paraninfo lucían en letras doradas los nombres de alumnos ilustres de la Universidad de Alcalá. Estos fueron los mudos testigos del homenaje al gran poeta argentino: el historiador, arqueólogo y lingüista Ambrosio de Morales, que sólo escribía luego de investigar los hechos en los lugares donde habían sucedido; el historiador jesuita Juan de Mariana, autor de la doctrina del tiranicidio que justificó el magnicidio si un monarca imponía impuestos a los ciudadanos sin su consentimiento, les expropiaba su propiedad o impedía la reunión de un parlamento democrático; el médico y escritor renacentista Francisco Vallés de Covarrubias, el primero que enseñó anatomía con cadáveres humanos; el humanista y gramático Antonio de Nebrija; los escritores Lope de Vega y Francisco de Quevedo.</p>
<p>También figuran allí el responsable de la primera edición políglota de la Biblia, en ocho volúmenes publicados en 1572, Benito Arias Montano; el clérigo Juan de Avila, procesado por la Inquisición a mediados del siglo XVI por llamar mártires a los quemados por herejes y sostener que las puertas del cielo estaban cerradas para los ricos; el teólogo Bartolomé de Carranza, quien también fue denunciado al Santo Oficio por postular limitaciones al poder papal; el filósofo Juan de Vergara, procesado por la Inquisición debido a su correspondencia con Erasmo; el místico agustino Santo Tomás de Villanueva, que agotó su fortuna y vendió hasta el jergón en que dormía para ayudar a los pobres; el dominico Domingo de Soto, profesor de teología y de economía, que desarrolló la teoría sobre la usura desde una perspectiva tomista, en la que el diferencial de precios se asimilaba al precio justo; el secretario de Estado de Felipe II, Antonio Pérez, el mayor coleccionista privado de arte de su tiempo; el filósofo y político de la Ilustración Gaspar Melchor de Jovellanos; pero también el fundador de la Compañía de Jesús, Ignacio de Loyola; el teólogo dominico Juan Ginés de Sepúlveda, defensor de la esclavitud de los americanos en el debate con Bartolomé de las Casas y el historiador Francisco López de Gomara, quien exaltó sin mucho apego por la verdad de los hechos la conquista de México por Hernán Cortés.</p>
<h2>Los colores del saber</h2>
<p><img class="left" title="El rey entrega el premio a Gelman" src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/juangelman3.jpg" alt="" /> A la izquierda del Rey se sentaron los decanos y vicedecanos de las distintas facultades de Alcalá, todos con sus togas negras, pero cada uno con una museta de distinto color, según la respectiva especialidad: azul los de ciencias, rojo los de derecho, celeste los de humanidades, marrón los de ingeniería, naranja los de ciencias económicas y amarillo los de medicina. Los decanos tenían además birretes del mismo color que su museta.</p>
<p>El discurso de Gelman fue saludado por una ovación que sorprendió a los habituados a estas ceremonias, por su intensidad y duración. Terminados los mensajes, una solista y un coro entonaron el himno universitario Gaudeamus Igitur también llamado De brevitate vitae. Su letra, que suele considerarse originaria del siglo XIII, comienza:</p>
<p><em>Alegrémonos pues,<br />
mientras seamos jóvenes.<br />
Tras la divertida juventud,<br />
tras la incómoda vejez,<br />
nos recibirá la tierra.</em></p>
<p>Sin inmutarse por estos versos cantados en latín, Gelman, quien dentro de diez días cumplirá 78 años, cuando esté en vuelo desde Madrid a México,  inauguró después una muestra en su homenaje organizada por la Universidad de Alcalá, titulada “El emperrado corazón amora”.</p>
<p>La muestra incluye una selección de los últimos cuadros que pintó Gorriarena, cada uno acompañado por un poema de Juan; la proyección de la película de Jorge Denti; una biografía literaria de Gelman compuesta sobre el diseño de las tres constelaciones de Centauro y la Cruz del Sur, con fotografías de los autores que ama, entre ellos Shakespeare y Cervantes, los desaparecidos por la dictadura Rodolfo Walsh, Paco Urondo, Haroldo Conti y Miguel Angel Bustos; Cortázar, Marechal, Pound, Pavese, Homero Manzi, Marcelo Ravoni, Baudelaire y Van Gogh; una caricatura de Rep y otra de Sábat, en la que Cervantes acaricia las alas de Gelman; las tapas en facsímil de las primeras ediciones de cada libro de Gelman, desde <em>Violín y otras cuestiones</em>, de 1956, hasta <em>Mundar</em>, de 2007; un capítulo sobre la obra periodística de Gelman, que incluye facsímiles de las tapas de las revistas <em>Crisis</em>, <em>Panorama</em>, el suplemento cultural del diario <em>La Opinión</em>, la tapa del diario Noticias que con la mera palabra “Dolor” anunció la muerte de Perón; la tapa del primer número de <em>Página/12 </em>y la nota que Juan escribió en esa edición sobre el juicio en Francia a Klaus Barbie.</p>
<h2>El emperrado corazón</h2>
<p>También se exhiben varios poemas de Juan, entre ellos el manuscrito <em>Sí</em>, que dice: <em>Celebrando su máquina / el emperrado corazón amora / como si no le dieran de través / de atrás alante en su porfía / alante de ala de volar / que no otra cosa intenta / molestándole piedras / como especie de pies / pies que piesan en vez de alar o cómo / sería el mundo el buey lo que se hija/ si no nos devoráramos / si amorásemos mucho / si fuéramos o fuésemos / como rostros humanos / empezando de a dos / completos en el resto.</em></p>
<p><img class="left" title="Horacio Verbitsky" src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/horacio-verbitsky.jpg" alt="" /></p>
<p><em>*Horacio Verbitsky es periodista y columnista del diario argentino Página/12. Autor de los libros: La última batalla de la Tercera Guerra Mundial (1984), Ezeiza (1985), La posguerra sucia (1985), Civiles y Militares (1987), La educación presidencial (1990), y últimamente El Vuelo, El Silencio, Doble Juego y Cristo Vence.</em></p>
<div id="cifras-dispares" class="recuadro">
<h5>Manantiales de consuelo</h5>
<p>Con palabras de Cervantes, Gelman dijo que la poesía era “una doncella tierna y de poca edad y en todo extremo hermosa”. Luego de mencionar la pregunta de Hölderlin, “¿Para qué poetas?”, Gelman inquirió qué hubiera dicho hoy el poeta romántico alemán “en un mundo en el que cada tres segundos y medio un niño menor de cinco años muere de enfermedades curables, de hambre, de pobreza”.</p>
<p>Gelman relató luego su encuentro con Santa Teresa y San Juan de la Cruz durante “el exilio al que me condenó la dictadura militar argentina. Su lectura desde otro lugar me reunió con lo que yo mismo sentía, es decir, la presencia ausente de lo amado, Dios para ellos, el país del que fui expulsado para mí”. Como Teresa de Avila “yo moría muchas veces y más con cada noticia de un amigo o compañero asesinado o desaparecido que agrandaba la pérdida de lo amado. La dictadura militar argentina desapareció a 30.000 personas y cabe señalar que la palabra desaparecido es una sola, pero encierra cuatro conceptos: el secuestro de ciudadanas y ciudadanos inermes, su tortura, su asesinato y la desaparición de sus restos en el fuego, en el mar o en suelo ignoto. El Quijote me abría entonces manantiales de consuelo”.</p>
<p>En un autorretrato Cervantes mencionó “sus alegres ojos”. A Gelman esto le hizo oír “sus carcajadas cuando acostaba al Caballero de la Triste Figura en el papel. Sólo quien, desde el dolor, ha escrito con verdadero goce puede dar a sus lectores un gozo semejante. Cómico es el rostro de la tragedia cuando se mira a sí misma”.</p>
<p>Cuando Cervantes critica las injusticias de su época, Gelman acota que “son las mismas de hoy: la pobreza, la opresión arriba y la impotencia abajo, la imposibilidad de mejorar los tiempos de penurias que Hölderlin nombró”.</p>
<p>En una observación luminosa sobre la modernidad de Cervantes, Gelman citó el espanto de Don Quijote por los “endemoniados instrumentos de la artillería”, con la cual es posible que “un infame y cobarde brazo quite la vida a un valeroso caballero y que sin saber cómo o por dónde, en la mitad del coraje y brío que enciende y anima a los valientes pechos, llega una desmandada bala (disparada de quien quizá huyó y se espantó del resplandor que hizo el fuego al disparar la maldita máquina) y corta y acaba en un instante los pensamientos y la vida de quien la merecía gozar luengos siglos”.</p>
<p>El también periodista apuntó que con esa queja del presunto caballero andante por la sustitución de las espadas por las armas de fuego, que tornan inútil el valor personal que exige el combate cuerpo a cuerpo, Cervantes destacó “un hecho que ha modificado por completo la concepción de la muerte en Occidente: es la aparición de la muerte a distancia, cada vez más segura para el que mata, cada vez más terrible para el que muere”. El poeta asoció esta observación quijotesca con la aniquilación de 200.000 personas en Hiroshima y con los centenares de miles de seres humanos privados hoy en Irak “de la propia muerte”.</p>
<p>Gelman cervanteó también su propia militancia, cuando “quisimos hacer quijotadas en alguna ocasión, ayudar a flacos y menesterosos” y luchar “contra molinos de aspas de acero, que ya no de madera”. Ni siquiera omitió la coyuntura política local, celebrando su “llegada a una España que no acepta las aventuras bélicas y que rompe clausuras sociales que hieren la intimidad de las personas”. Una alusión al retiro de las tropas de Irak y al matrimonio sin restricciones de género.</p>
<p>Encomió además, el empeño de España por “rescatar su memoria histórica, único camino para construir una conciencia cívica sólida que abra las puertas al futuro”. Los seres amados desaparecidos por las dictaduras “siempre están ahí y muestran su rostro sin descanso”. Ellos alimentan preguntas incesantes en cada familia, cada compañero, cada amigo: “¿cómo murieron?, ¿quiénes los mataron?, ¿por qué?, ¿dónde están sus restos para recuperarlos y darles un lugar de homenaje y de memoria? ¿Dónde está la verdad, su verdad? La nuestra es la verdad del sufrimiento. La de los asesinos, la cobardía del silencio. Así prolongan la impunidad de sus crímenes y la convierten en impunidad dos veces.</p>
<p>Ante un silencio absoluto en el paraninfo, Gelman desdeñó a quienes “vilipendian este esfuerzo de memoria” y les respondió que el único tratamiento para las heridas, que aun no están cerradas, es la verdad. “Y luego, la justicia. Sólo así es posible el olvido verdadero.” Así como Don Quijote limpiaba sus armas “hay que limpiar el pasado para que entre en su pasado. Y sospecho que no pocos de quienes preconizan la destitución del pasado en general, en realidad procuran la destitución de su pasado en particular”. Esta frase tuvo especial resonancia, porque se refiere a la Argentina, pero también a España.</p>
<p>En su respuesta al poeta, el monarca Juan Carlos encomió su obra poética y agradeció a todos los escritores que en España y América hacen del castellano (en realidad dijo del español) “este hermoso, rico, sonoro y claro idioma de cultura, de creación y de creciente peso internacional”. El rey repasó también las dramáticas marcas personales y familiares que la dictadura le dejó a Gelman, para quien “la palabra ha representado el reencuentro, en el exilio, con su patria y con sus raíces más profundas. No en vano ha definido la poesía como el territorio más libre del mundo”. Atravesó “el dolor por los amigos desaparecidos, por su alejamiento de la tierra que le vio nacer, sin que se haya visto mermado su compromiso a favor de la dignidad humana, así como en defensa de los derechos humanos, de la verdad y de la justicia”.</p></div>
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		<title>Von Wernich: Responsabilidades</title>
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		<pubDate>Mon, 05 Nov 2007 21:42:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Horacio Verbitsky</dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Horacio Verbitsky]]></category>

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		<description><![CDATA[El tribunal que condenó a reclusión perpetua a Christian Federico Von Wernich por su participación en siete homicidios y 34 casos de tormentos sostuvo que ese “torturador y asesino formó parte de un comprobado plan criminal y para llevar adelante su tarea utilizó los hábitos sacerdotales de la Iglesia Católica Apostólica Romana auto atribuyéndose una misión pastoral”.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="left alignnone" src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/von-wernich.jpg" alt="Christian Federico Von Wernich" width="300" height="255" /></p>
<p class="excerptdestacado">El tribunal que condenó a reclusión perpetua a Christian Federico Von Wernich por su participación en siete homicidios y 34 casos de tormentos sostuvo que ese “torturador y asesino formó parte de un comprobado plan criminal y para llevar adelante su tarea utilizó los hábitos sacerdotales de la Iglesia Católica Apostólica Romana auto atribuyéndose una misión pastoral”.</p>
<p>En octubre de este año Von Wernich se convirtió así en el primer cura condenado por su participación en los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la dictadura que gobernó la Argentina entre 1976 y 1983. Pero ya hay otro: Miguel Angel Regueiro, sometido a proceso y a la espera del juicio.</p>
<p>Von Wernich era capellán de la policía de la provincia de Buenos Aires, Regueiro del Batallón de Ingenieros del Ejército en San Nicolás.</p>
<p>El Episcopado declaró que se trataba de una responsabilidad individual. Por supuesto, los juicios penales sólo determinan la culpa o la inocencia de las personas, pero es imposible analizarlas fuera del contexto de la institución que integran.</p>
<p>También fueron denunciados por complicidad con la tortura el superior de Von Wernich y ex arzobispo de La Plata, Antonio Plaza, y el ex vicario general castrense, José Miguel Medina, pero ambos murieron antes de que la justicia se hiciera cargo de ellos. En mayo del año pasado también murió inocente el cardenal Raúl Primatesta, quien fue el presidente de la Iglesia argentina desde 1976. La justicia de Córdoba nunca investigó la denuncia que presenté contra él por la retención, ocultación, sustitución de identidad y distribución a familias de militares de los hijos de detenidos-desaparecidos que eran reciclados en instituciones con personal religioso.</p>
<p>Von Wernich huyó a Chile, donde conservó los hábitos a cambio de perder su nombre. Los fieles que asistían a la parroquia de El Quisco lo conocían como Christian González. Esto no hubiera sido posible sin la protección eclesiástica. La misma rotación en busca del anonimato se dispensa a los sacerdotes pedófilos, según la investigación que realizó el año pasado la BBC.</p>
<p>Desde hace doce años trabajo en una historia política de la Iglesia argentina, de la que forman parte hasta ahora mis libros El Vuelo, El Silencio, Doble Juego y Cristo Vence. Además de investigar los hechos, intento entenderlos.</p>
<p>¿Cómo fue posible, por ejemplo, que en la finca de fin de semana en la que comía sus asados y dormía su siesta el cardenal Juan Carlos Aramburu y donde festejaba su fin de curso cada nueva promoción de seminaristas, haya funcionado un campo de concentración?</p>
<p>¿A qué se debe que mientras los Episcopados de Chile, Brasil y Uruguay, ampararon a los perseguidos de las respectivas dictaduras, el de la Argentina fuera su azote?</p>
<p>Una hipótesis que propongo parte del incompleto proceso de secularización de la Argentina, que tampoco concretó la plena separación de la Iglesia del Estado, mientras Brasil la constitucionalizó en 1891, Uruguay en 1919 y<br />
Chile en 1925.</p>
<p>En 1884 el presidente Julio Roca expulsó al delegado apostólico por inmiscuirse en la política local y a comienzos del siglo pasado un sacerdote no podía salir con sotana a las calles sin riesgo de ser apedreado. Pero la revolución bolchevique fallida de 1905 y la simultánea agitación anarquista y socialista en Buenos Aires, aterraron a la burguesía liberal, que no tenía un discurso idóneo para enfrentar ese desafío y se arrojó en brazos de la Iglesia, que le proveyó su concepción de un orden jerárquico inmutable y sagrado.</p>
<p>Esa burguesía tampoco supo crear un partido político que defendiera sus intereses en la competencia electoral republicana, como sí lo hicieron las de los países vecinos. Por eso recurrió a un actor externo al sistema institucional, que a partir de 1930 produjo por lo menos un golpe de Estado por década, hasta el intento fallido de 1990. La conversión de las Fuerzas Armadas en Partido Militar fue la obra suprema de la Iglesia, que descreía<br />
de la soberanía popular y le oponía otra legitimidad basada en el origen divino del poder.</p>
<p>Los crímenes de Von Wernich, en defensa de esa Santa Alianza, son la consecuencia extrema de una concepción que ha hecho tanto daño a la Iglesia como a la sociedad argentina y que requiere de una inaplazable revisión.</p>
<p><img class="left" src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/horacio-verbitsky.jpg" alt="Horacio Verbitsky" /><em>(Periodista y columnista político del diario argentino Página/12. Autor de los siguientes libros: Prensa y poder en el Perú (1974), La última batalla de la Tercera Guerra Mundial (1984), Ezeiza (1985), La posguerra sucia (1985), Rodolfo Walsh y la prensa clandestina (1986), Civiles y Militares (1987), Medio siglo de proclamas militares (1987), La educación presidencial (1990), y últimamente El Vuelo, El Silencio, Doble Juego y Cristo Vence).</em></p>
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