De acuerdo a distintos autores hay guerras necesarias, opcionales, pero también las hay estúpidas. La guerra contra la droga en América Latina –y su piedra angular, el Plan Colombia- caería en esta última categoría. No es simple estupidez. Es un negocio de miles de millones de dólares que explican muchas de las decisiones de Estados Unidos en la región.
El presidente Barack Obama heredó una pesada mochila fiscal de George W. Bush: un déficit que crece a cada segundo. El desempleo seguirá siendo un problema por un largo tiempo y la popularidad de Obama va en baja. En ese escenario, debe sacar adelante una reforma a la salud que busca dar protección a 46 millones de estadounidenses que no tienen protección, muestra de uno de lo peores sistemas sanitarios del mundo. Reformarlo cargará aún más la mochila y para mantener a raya el déficit anuncia compensaciones que no gustan a los republicanos.
Tras un arranque aperturista y autocrítico de las violaciones de derechos humanos del gobierno de Bush, lo que prometía ser un giro radical ha ido entibiándose. La Casa Blanca primero revocó la decisión de publicar las fotos de los abusos en la cárcel de Abu Ghraib, luego anunció el mantenimiento de los controvertidos tribunales militares en Guantánamo, bloqueó una investigación sobre tortura en la guerra -una virtual amnistía para agentes de la CIA- y resiste que se investiguen las políticas “antiterroristas” de dupla Bush-Cheney. El abandono de la urgencia para resolver el conflicto en Honduras, es otra señal de este enfriamiento que celebran los conservadores.
Este fin de semana Trinidad y Tobago será la sede del primer cara a cara entre el presidente Barack Obama y sus pares del resto de América, entre ellos la presidenta Michelle Bachelet. Ahí podría plasmarse el cambio de actitud de Estados Unidos hacia la región, consolidando temas como la relación con Cuba, una nueva forma de mirar el problema del narcotráfico y la búsqueda de una solución a la falta de créditos internacionales.
El recién asumido presidente estadounidense, Barack Obama, inauguró su relación con Hugo Chávez acusando a Venezuela de exportar el terrorismo. Algunos se sorprendieron pero desde el comienzo ha dado señales de que mantendrá la actitud y el discurso que George Bush tuvo hacia el presidente venezolano. Incluso una de las personas que más se menciona para asesorarlo en su política hacia la región ha trabajado en un centro que financió a grupos antichavistas.
¿Fue la era Bush un accidente o una consecuencia histórica? En su libro El fin de la era Bush: Una tragedia histórica, recién lanzado en Buenos Aires, el jefe de Política Internacional del diario Clarín, Marcelo Cantelmi, arranca de esa pregunta crucial para desarrollar un ilustrador balance de la catastrófica administración. El autor se inclina claramente por la segunda opción y sostiene que lo que ha vivido EE.UU. (y por añadidura la humanidad) durante los últimos ocho años, compone una curva económica, política y cultural de dimensiones trágicas. Lea aquí un adelanto exclusivo del libro.
Las encuestas que calientan los ánimos para la elección del próximo martes hablan de un cambio histórico. Estados que han sido tradicionalmente republicanos están apostando por Obama. Y si él gana, se impondrá una nueva forma de hacer política que tendrá impacto en todo el mundo.
La creciente violencia que vive México está siendo alimentada por el tráfico ilegal de armas de Estados Unidos. De acuerdo a este reportaje publicado por la revista PODER de México, por primera vez los estadounidenses están colaborando de manera importante para evitar el problema.
Un cable desclasificado por el gobierno estadounidense revela la hasta ahora desconocida y “amistosa” cita entre el candidato republicano y Augusto Pinochet, en plena dictadura. El documento también cuenta detalles inéditos de lo que pasaba en 1985 en la Junta de gobierno: el almirante Merino le dijo a McCain haberle advertido a Pinochet que ni él ni los otros miembros de la Junta lo apoyarían para un “ridículo” plebiscito y que habría elecciones libres, en las que el dictador no participaría. Además, el ex canciller Hernán Cubillos le confesó que él quería ser el candidato presidencial de la derecha.
Barack Obama es el candidato negro para la presidencia de Estados Unidos: ¿verdadero o falso? La respuesta no es tan simple. En forma cínica, la pregunta no es cuán negro es Obama, sino cuán negro los republicanos y sus aliados tienen que pintarlo para asegurar su derrota.
El problema para Barack Obama es el mismo del Partido Demócrata como tal: el votante blanco de mediano y bajo ingreso. Y la apuesta de Hillary Clinton es transformar ese problema en su última oportunidad de ganar la nominación. Y ello, porque la mayoría de los blancos de la clase trabajadora transfirieron su lealtad al Partido Republicano, con su plataforma de reducción de impuestos y eliminación de programas sociales para negros. No obstante, los estudios dan cuenta de otro fenómeno: la disminución de la clase trabajadora y el crecimiento de una nueva clase media alta de profesionales que apoyan la plataforma liberal de los demócratas.
El gobierno chileno parece estar “atacando al mensajero” cuando critica a The New York Times por un reportaje sobre los problemas sanitarios de las salmoneras y un editorial que cuestiona las represas en la Patagonia. En vez de responder con hechos, pone en duda lo publicado simplemente por ser un diario extranjero. Un argumento arrogante.
Mientras no se decida un vencedor entre Hilarry y Obama, los demócratas pueden llegar sin candidato a la última semana de agosto, sólo nueve semanas antes de las elecciones nacionales del 4 de noviembre. Todo esto mientras el Partido Republicano, que ha inventado la estrategia de “attack politics” –la política como deporte de sangre-, va a tener desde hoy ocho meses para golpear a los demócratas indecisos.
La clásica hostilidad de estos lances ha regresado: al favorito de los republicanos le han “desempolvado” un supuesto romance con una lobbista en la portada del New York Times. Otro motivo para que los ultraconservadores del partido gobernante se sigan resistiendo a un candidato que les es inevitable, pero que no les gusta. Insólito, pero McCain parece ser más agradable para los demócratas: Obama dice que lo admira.
Esta no es una temporada electoral normal. El Súper Martes no fue decisivo y los votantes latinos están jugando un rol clave en el empate entre los demócratas Barack Obama y Hillary Clinton. Ya no son sólo una “primera minoría” sin relevancia política. Tanto, que en el equipo de la senadora dicen que “el camino a la Casa Blanca pasa por la comunidad latina”.
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