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	<title>CIPER Chile &#187; Derechos Humanos</title>
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	<description>Centro de Investigación e Información Periodística</description>
	<lastBuildDate>Thu, 24 May 2012 22:13:29 +0000</lastBuildDate>
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		<title>Derechos Humanos: la calle toma el liderazgo</title>
		<link>http://ciperchile.cl/2012/05/24/derechos-humanos-la-calle-toma-el-liderazgo/</link>
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		<pubDate>Thu, 24 May 2012 22:13:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Piquer</dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Derechos Humanos]]></category>

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		<description><![CDATA[2011 fue un año movilizado. En todo el mundo millones de personas vencieron el miedo y salieron a las calles a exigir sus derechos. Y en muchos casos –si no la mayoría–, la respuesta de las autoridades fue la represión. Chile, con un muerto a manos de la policía y cientos de denuncias por torturas y otros abusos, no fue una excepción. La directora ejecutiva de Amnistía Internacional-Chile analiza en esta columna ese fenómeno, marcado por el fracaso mundial de los líderes y un sistema internacional de gobierno que no ha estado a la altura del valor mostrado por los manifestantes.   ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El año pasado se caracterizó por el fracaso del liderazgo mundial. Mientras, en un país tras otro se respondía a las protestas con fuerza letal. Ahora, que Amnistía Internacional ha presentado su 50º Informe Anual sobre el estado de los derechos humanos en el mundo, está claro que los líderes políticos han roto o incumplido reiteradamente el contrato social entre gobiernos y ciudadanía.</p>
<blockquote><p>Chile ha enfrentado un fenómeno similar. Desde las primeras marchas contra Hidroaysén, se han suscitado manifestaciones por diversos motivos y en diferentes lugares: las movilizaciones estudiantiles en Santiago y diversas ciudades del país marcaron el 2011, continuando con los casos más recientes, como los de Aysén y Freirina. Tras todas estas manifestaciones, ha habido alegaciones de uso indebido de carros lanzaagua, gases lacrimógenos y balines, en algunos casos causando lesiones oculares; denuncias de torturas y otros malos tratos, incluidas palizas y amenazas de violencia sexual, contra estudiantes detenidos arbitrariamente por la policía en manifestaciones estudiantiles. Esto llegó al extremo en el caso de la muerte de Manuel Gutiérrez, en agosto de 2011, tras recibir un impacto de bala disparada por Carabineros en el contexto de las manifestaciones.</p></blockquote>
<p>La respuesta ofrecida por Chile no es única. El fracaso del liderazgo en respuesta a levantamientos en Medio Oriente y el norte de África no se ha limitado a un país.</p>
<p>Mientras un número sin precedentes de personas dejaron a un lado el miedo y tomaron las calles para reclamar sus derechos, muchas autoridades de diferentes países actuaron respondiendo de manera brutal e incluso letal. Sin embargo, las cosas cambiaron para los tiranos del mundo, los torturadores y la policía secreta.</p>
<p>Pero el sistema internacional de gobierno no ha estado en ningún momento a la altura del valor mostrado por los manifestantes y han primado los beneficios y el propio interés frente a los derechos de las personas, e incluso de sus vidas. Con su inacción sobre Siria, Sri Lanka y Sudán, el Consejo de Seguridad de la ONU –encargado de garantizar la paz y seguridad mundiales– ha dado la impresión de ser tristemente innecesario e incapaz de cumplir su cometido.</p>
<p>La persistente brutalidad y el derramamiento de sangre en Siria constituyen un contundente ejemplo de este fracaso del liderazgo. Rusia y China vetaron la petición del Consejo de Seguridad para que cesara la violencia, a pesar de los indicios de crímenes de lesa humanidad perpetrados por el régimen de Al Assad, de que se utilizaron francotiradores y tanques contra los manifestantes, y de que se detuvo y torturó a niños y niñas de tan sólo 10 años.</p>
<p><img src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/Marcha-Carabineros.jpg" alt="" title="" width="233" height="350" class="right" />Quizá no había motivos para sorprenderse por la inacción: Siria es uno de los principales compradores de armas rusas. Y si los otros cuatro miembros permanentes del Consejo de Seguridad –China, Estados Unidos, Francia y Reino Unido– son los principales comerciantes de armas del mundo, ¿podemos realmente confiar en que el Consejo de Seguridad cumpla con su función como guardián de la paz mundial? Sus líderes no son objeto de examen, lo que les permite mantener sus especiales y rentables relaciones con gobiernos represores.</p>
<p>Pero, ¿cómo podemos insertar la rendición de cuentas en el sistema internacional de gobierno? ¿Qué hay que hacer para impartir justicia de modo consecuente? ¿Cómo pueden mostrar los gobiernos un liderazgo legítimo?</p>
<p>En primer lugar, deben acabar con la hipocresía. Hay que escuchar el clamor de los pueblos que piden libertad, justicia y dignidad, lo que significa que debe respetarse la libertad de expresión. Los Estados que afirman defender los derechos humanos deben dejar de apoyar a dictadores por el hecho de que sean sus aliados. Es preciso que los Estados en donde se cometen abusos refrenen a su policía secreta y otras fuerzas de seguridad y permitan que las personas se expresen libremente.</p>
<blockquote><p>En esta materia, en Chile también es necesario que el gobierno esté a la altura de su declaración de respetar “a mil” la libertad de reunión, expresión y manifestación pacífica. Mientras se sigan prohibiendo marchas en términos que afectan el derecho a reunión y sigan existiendo denuncias de violencia policial y malos tratos en detención después de cada manifestación –como ya sucedió en Freirina– y no exista una respuesta enérgica para investigar, sancionar y prevenir abusos, sigue existiendo una deuda en esta materia. Mientras siga la Ley de Resguardo del Orden Público en su actual redacción, en tramitación en el Congreso, seguirá existiendo una contradicción.</p></blockquote>
<p>En segundo lugar, los Estados deben tomar en serio sus responsabilidades en el ámbito internacional. La prueba de fuego será en julio, cuando los Estados miembros de la ONU se reúnan para acordar un Tratado sobre el Comercio de Armas. Será la oportunidad de que los gobiernos se comprometan con los derechos humanos, la paz y la seguridad, votando a favor de un tratado sólido, que impida la transferencia internacional de todo tipo de armas convencionales a países donde exista un riesgo significativo de que se utilicen para cometer graves violaciones de derechos humanos.</p>
<blockquote><p>En este punto, esperamos que Chile dé su apoyo al Tratado de Comercio de Armas en los términos señalados, y sea además instrumental en conseguir apoyos para dicho texto. </p></blockquote>
<p>En tercer lugar, los gobiernos deben invertir en sistemas y estructuras basados en los derechos humanos y el Estado de derecho, y que garanticen la rendición de cuentas, juicios justos y sistemas judiciales imparciales; resarcimiento por los abusos sufridos; el fin de la discriminación, la corrupción y la impunidad, y la igualdad ante la ley.</p>
<blockquote><p>En esta materia, Chile también tiene trabajo por hacer para alinear de una vez por todas la legislación y las políticas a las normas establecidas en los tratados de derechos humanos ratificados por Chile y que se encuentren vigentes.</p></blockquote>
<p>De este modo, los líderes en Chile y en el mundo pueden crear y mantener un sistema que proteja a los débiles y ponga límites a los poderosos.</p>
<p>El año pasado mostró con más claridad que nunca, que como ciudadanía comprometida, todos y todas podemos ayudar a crear un futuro más justo y pacífico. Quienes valoran la libertad y la justicia han de trabajar conjuntamente para proteger los derechos humanos en todas partes. Hemos de recordar que no estaríamos tan cerca de conseguir que se haga realidad un Tratado sobre Comercio de Armas de no ser por los activistas que, en todos los ámbitos, han exigido que se emprendan acciones.</p>
<p>Personas que se han manifestado en un país tras otro han demostrado con contundencia que el deseo universal de libertad y justicia que tenemos los seres humanos no puede aplastarse ni contenerse, a pesar de las fuerzas de represión. Los líderes mundiales han recibido una llamada de atención sobre los derechos humanos: ya es hora de anteponer la justicia a la represión y los beneficios. </p>
]]></content:encoded>
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		<title>Guantánamo: Un decenio de daños a los derechos humanos</title>
		<link>http://ciperchile.cl/2012/01/06/guantanamo-una-decenio-de-danos-a-los-derechos-humanos/</link>
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		<pubDate>Fri, 06 Jan 2012 16:29:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Tom Mackey, Amnistía Internacional</dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Derechos Humanos]]></category>

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		<description><![CDATA[Hace 10 años, tras los atentados del 11/S, el presidente estadounidense George W. Bush dio la orden de establecer una prisión fuera del territorio nacional para recluir a “combatientes enemigos” capturados en la recién declarada “guerra contra el terror”.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Esa prisión, Guantánamo, con sus capuchas y monos de color naranja, jaulas y cercas de alambre de espino, no tardó en convertirse en un símbolo de detenciones arbitrarias, entregas extraordinarias, tortura y otros abusos, y absoluta falta de respeto de los derechos humanos de los detenidos por parte de las autoridades estadounidenses. </p>
<p>Es posible que el presidente Bush lamente haber creado este centro de detención. Al final incluso él dijo que quería cerrarlo. Sin embargo, cuando dejó su cargo, Guantánamo seguía en funcionamiento y había aún 245 hombres recluidos allí.</p>
<p>El sucesor de Bush, Barack Obama, prometió cerrar Guantánamo “en seguida”, en enero de 2010 como lo más tarde. Casi tres años después de formularse esta promesa, Guantánamo continúa abierto, y hay aún más de 150 hombres allí, casi la tercera parte de ellos a pesar de haberse dictado órdenes judiciales de dejarlos en libertad. </p>
<p>Guantánamo se concibió siempre de manera que fuera difícil su acceso. Su situación, en terrenos de una base de la Marina estadounidense en la punta sureste de Cuba, se eligió en parte para eludir la legislación estadounidense sobre el hábeas corpus. Su aislamiento hacia posible su funcionamiento sin ningún escrutinio. Estaba restringido el acceso de los abogados, no se permitían las visitas de familiares y había prácticamente ningún contacto con el mundo exterior. Los hombres llevados allí estaban realmente solos.</p>
<p>Lo que ocurría en Guantánamo no era por accidente. Altos mandos militares lo llamaban “el laboratorio de batalla de Estados Unidos”, reconociendo así un entorno “conducente a obtener información aprovechando las vulnerabilidades de los detenidos”. Los tratos y condiciones inhumanas y degradantes eran habituales, y el centro estaba conectado a sistemas más amplios de detención secreta y tortura. Los responsables no tenían nada que temer, pues Estados Unidos utilizaba el secreto para ocultar las violaciones de derechos humanos y apenas hacía nada para pedir cuentas a sus autores. </p>
<p>A los hombres recluidos en Guantánamo se les negó durante años el derecho a una vista judicial para impugnar la legalidad de su detención. Los pocos que eran sometidos a juicio, no lo hacían ante tribunales de justicia ordinarios, sino ante comisiones militares especiales, con reglamentos que incumplían las normas internacionales sobre juicios justos. Los tribunales militares desempeñan todavía una función primaria, y su uso parece cada vez mas arraigado. </p>
<p>El presidente Obama se ha retractado de su promesa de cerrar Guantánamo, aduciendo que no puede hacer nada debido al obstruccionismo del Congreso, las presiones internas y el clima de temor de Estados Unidos. Pero nada de esto puede ser una excusa válida. Estados Unidos no admite a otros países razones de este tipo, y el resto del mundo no debe admitírselas a ese país. </p>
<p>Estados Unidos habla con fluidez el idioma de los derechos humanos cuando se refiere al panorama mundial, pero tartamudea cuando se trata de su propia conducta. Tanto Bush como Obama prometieron situar los derechos en el centro de sus estrategias antiterroristas, pero Estados Unidos continúa sin cumplir este compromiso.</p>
<p>En lugar de ello, el mensaje que transmite el gobierno estadounidense con la existencia aún de Guantánamo y de las políticas que representa es que el mundo entero es el campo de batalla de una “guerra” global en la que los derechos humanos no son aplicables y en la que Estados Unidos tiene derecho exclusivo a establecer sus propias reglas. </p>
<p>En virtud de este planteamiento, dispensar un trato humano a los detenidos parece una elección política más que un requisito jurídico, que es lo que en realidad es; el derecho a un juicio justo depende de la nacionalidad del acusado o de consideraciones políticas internas, y los derechos humanos pueden descartarse si entran en conflicto con los “valores nacionales”. Es un planteamiento que hace que la justicia se incline en favor del gobierno; que, incluso cuando puede imponerse la pena de muerte, los juicios puedan celebrarse ante tribunales militares, y que los detenidos puedan ser recluidos indefinidamente incluso si un tribunal ordena que sean puestos en libertad. </p>
<p>En virtud de este planteamiento, los detenidos y otras víctimas de violaciones de derechos humanos se ven privados de reparación. Los responsables de los abusos pueden eludir las consecuencias. Las propias víctimas de los atentados del 11/S se ven privadas del derecho a ver que los responsables son juzgados ante tribunales adecuados. Y es un doble rasero, no normas internacionales, lo que se aplica en todo momento. </p>
<p>Estos son los mensajes que Guantánamo envía al mundo, y lo más seguro es que el mundo preste atención.</p>
<p>Si el gobierno estadounidense quiere realmente demostrar su compromiso con los derechos humanos, no solo tiene que cerrar de Guantánamo de inmediato, sino que debe también poner fin a la política de falta de respeto por los derechos humanos que ha llegado a simbolizar Guantánamo. Debe renegar de su doctrina de la guerra global e incorporar las normas internacionales de derechos humanos. Y tiene además que hacer rendir cuentas a los responsables de detenciones secretas, tortura, entregas extraordinarias y demás abusos cometidos durante estos 10 años. </p>
<p>El presidente Obama ha dicho que las detenciones de Guantánamo fueron un “experimento mal orientado”, pero ha dejado que el laboratorio siga funcionando. </p>
<p>Diez años después de su creación, Guantánamo continúa abierto, violando todavía los derechos humanos. Se ha convertido en símbolo de un decenio de agresión de Estados Unidos a los principios más fundamentales de derechos humanos. Guantánamo continuará arrojando su larga sombra hasta que todo lo que representa no sea más que historia. </p>
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		<title>Las masacres de El Mozote</title>
		<link>http://ciperchile.cl/2011/12/21/las-masacres-de-el-mozote/</link>
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		<pubDate>Wed, 21 Dec 2011 22:01:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Daniel Valencia Caravantes, desde El Salvador.</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reportajes de Investigación]]></category>
		<category><![CDATA[Derechos Humanos]]></category>

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		<description><![CDATA[Los Márquez guardan hasta los dientes que hallaron al construir su casa, aquí donde el ejército salvadoreño asesinó a mil personas -la mayoría niños- hoy hace 30 años. Y mientras el Estado sigue negando justicia, El Mozote sigue negándose a convertirse en cicatriz. (Una producción de El Faro, el principal medio periodístico de El Salvador.) ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Vea el documental: <a href="http://elfaro.net/es/201112/noticias/6889/"target="_blank">Las masacres de El Mozote</a></p></blockquote>
<h2>Capítulo 1. Los huesos</h2>
<p>Idalia, la nieta de Orlando Márquez, está hipnotizada por la pantalla del televisor, sentada en una silla plástica, con las piernas dobladas. Idalia tiene seis años y se entretiene con una carrera de atletismo en una casa perdida entre las montañas del oriente de El Salvador. Detrás de la niña, en otra silla, descansan dos de sus bisabuelos y tres de sus tíos. El televisor transmite la edición 16 de los Juegos Panamericanos que se celebran en Guadalajara, México. Es la segunda semifinal de los 200 metros planos y la velocista cubana Nelkis Casabona está en posición de salida. Nelkis arranca y corre, corre y corre hacia la meta… 24 segundos después, las cámaras la muestran caminando con los brazos que le cuelgan aguados a los costados, mientras el estadio estalla en aplausos. La habitación donde están Idalia y sus dos bisabuelos y sus tres tíos también estalla en aplausos, pero la única que aplaude es Idalia, porque sus bisabuelos y sus tíos están muertos.</p>
<p>Es la tarde del miércoles 26 de octubre, y Míriam Núñez, la esposa de Orlando Márquez, toma entre sus manos a los dos bisabuelos y a los tres tíos de Idalia, que descansan en la silla de atrás, dentro de un saco de yute. Abandona la habitación y sale hacia un pequeño patio contiguo a una pequeña casa con paredes de concreto. Después regresa por la silla. Pone el saco sobre la silla y lo abre. Adentro hay dos bolsas plásticas. Toma la más grande y la coloca en este suelo donde hace un año cavaron las bases de su nueva casa.</p>
<p>—Yo le insistí a Orlando que construyéramos aquí, y mire: nunca imaginamos. Fue como si quisieran que los encontráramos -dice Míriam.</p>
<p>Quienes parecieran desear que se les encontrase son los bisabuelos Santos y Agustina, y los tíos José, Edith y Yesenia. Míriam explora el saco y las bolsas dentro del saco.</p>
<p>—Mire –dice, al mostrar el contenido. Hay huesos largos, huesos color café, huesos terrosos, huesos porosos, huesos quemados… Hay también pedacitos de huesos tan pequeños como una canica. O quizá más pequeños. Pone una bolsa en el suelo y saca retazos de ropa: de camisas, de pantalones, de vestido, sandalias de mujer,  zapatitos de niña…</p>
<p>—Mire –repite, mientras su mano saca más de los bisabuelos y tíos de Idalia. Aparecen unos jirones de tela quemados y en la bolsa más pequeña una dentadura pegada a una quijada. También hay dientes: mínimos y de color café.</p>
<p>—Aquí los tenemos, mire: aquí están los restos de mi suegra y de mi suegro, y de los hermanos más pequeños de mi esposo –dice Míriam, mientras coloca un hueso sobre otro, encima de la silla en donde antes descansaban.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>***</strong></p>
<p>Orlando Márquez presintió que aquella sería la última vez que charlaría con Santos, y por eso platicaron y platicaron y platicaron, hasta que se dieron cuenta de que el autobús había ingresado a San Martín, un municipio alejado varios kilómetros al oriente de la terminal de buses en donde Orlando tuvo que haberse bajado, en San Salvador.</p>
<p>Una de las dos cosas que recuerda Orlando de aquella larga y última charla que sostuvo con su padre, el domingo 29 de noviembre de 1981, fue el consejo que Santos le dio para administrar mejor el dinero.</p>
<p>—Ahorrá. Te va a servir en el futuro –le aconsejó.</p>
<p><img src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/Los-huesos-de-la-familia-Márquez-aparecieron-el-12-de-noviembre-de-2010.jpg" alt="" title="" width="350" height="235" class="right" />—Es mi gusto darle estas cosas&#8230; Ahí también van unos cortes para usted –respondió el hijo, mientras enumeraba los regalos que iban en la bolsa: ropa interior para su mamá, vestidos para sus hermanas y zapatos para su hermano.</p>
<p>Orlando también intentaba persuadir a Santos, una vez más, de que sacara a la familia de El Mozote, un caserío escondido en las montañas del norte de Morazán, en el municipio de Arambala.</p>
<p>—Yo sí quisiera venirme, hijo –le dijo Santos a Orlando-. Pero tu mamá quiere quedarse allá, y si tu mamá quiere quedarse, entonces yo me quedo con ella.</p>
<p>—Vénganse conmigo, papá. Aquí es más seguro –insistió Orlando.</p>
<p>—Vamos a ver qué dice tu mamá.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>***</strong></p>
<p>Orlando Márquez había huido de El Mozote a los 22 años. Era 1980 cuando supo que le temía a cuatro cosas: que lo reclutara el ejército, que lo reclutara la guerrilla, que lo matara el ejército o que lo matara la guerrilla. No había nada claro en las montañas de Morazán para esa época, excepto que no había grises, solo blanco o negro. Entonces o se era de un bando o se era del otro; se colaboraba con uno o con los dos; o se huía de los dos.</p>
<p>Orlando Márquez escogió la última de las opciones y decidió probar suerte muy lejos, porque lo último que quería era terminar cargando un fusil, o que lo terminaran cargando a él, muerto, cuando él ya había cargado demasiados cuadernos. Orlando Márquez no estaba hecho para la guerra.</p>
<p>En los dos años siguientes visitó solo dos veces a su familia, porque el norte de Morazán era un territorio lleno de ojos desconfiados, escondidos en cada esquina y en cada cerro. Subir era un calvario peligroso. En aquellos días, las sospechas y sus portadores con frecuencia terminaban aniquilados antes de convertirse en certezas.</p>
<p>Alejado un centenar de kilómetros, y para agilizar sus trámites laborales, Orlando había cambiado el domicilio que registraba su cédula de identidad. En el documento decía que era originario de El Mozote, Morazán, pero que vivía en Lourdes, Colón, La Libertad.</p>
<p>En aquellos años, la calle negra, como le llaman aún a la calle asfaltada que nace en San Francisco Gotera, la cabecera departamental, y termina en Perquín, un pueblo encumbrado entre pinos y cipreses, era la única ruta directa para llegar a cualquier parte del norte del departamento, fronterizo con Honduras. Todos los que subían en autobús (como los que caminaban o iban en sus propios transportes) tenían que identificarse en tres retenes militares distribuidos a lo largo de esa carretera. En esos retenes había soldados malencarados que manipulaban unas listas infestadas con nombres. Para el ejército, Morazán era cuna de subversivos y había que hacer de todo para encontrarlos y exterminarlos, como muy bien lo sabían hacer los regímenes de la época, con todos aquellos que no comulgaban con la bota y el fusil, fueran guerrilleros o no.</p>
<p>En el último viaje que hizo a El Mozote, en enero de 1981, un soldado le cuestionó a Orlando esa incongruencia en su cédula, y aunque las preguntas no pasaron a más, Orlando temió que en un futuro la sospecha fuera más fuerte que cualquier explicación. Lo mismo pensó que le podría ocurrir si el documento lo revisaba una patrulla guerrillera. “Cualquiera podía decir que yo era oreja y ahí no más hubiera terminado”, dice.</p>
<p>10 meses después de su última visita a El Mozote, fue Santos quien viajó a la inversa para visitarlo. Compartieron un fin de semana hasta que se despidieron en la parada del poblado de San Martín.<br />
Semanas después, el 23 de diciembre de 1981, a la casa de Orlando llegó un telegrama. Una vieja amiga de la familia le pedía que se presentara a la caseta telefónica del pueblo, a las 6 de la tarde del siguiente día, para recibir una noticia. El telegrama era de carácter urgente.</p>
<p>A la 6 de la tarde de esa Nochebuena Orlando contestó una llamada y al otro lado la mujer solo lloraba y lloraba.</p>
<p>—¿¡Qué ha pasado, pues!? –preguntó Orlando a la mujer, cuando se cansó de tanto llanto.<br />
La amiga se recompuso y le dio la noticia:</p>
<p>—¡Pídale fuerzas a Dios, Orlando, porque a su familia ya no la volverá a ver!</p>
<p>Orlando guardó silencio mientras el cuerpo se le congelaba.</p>
<p>—Han matado a todos en El Mozote, les han rociado gasolina y les han prendido fuego.<br />
Orlando sintió como que abandonaba este mundo.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>***</strong></p>
<p><img src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/Orlando-Márquez-regresó-a-su-terruño-para-vivir-de-la-tierra-y-el-pastoreo.jpg" alt="" title="" width="350" height="235" class="left" />Orlando Márquez no regresó a la casa de sus padres sino hasta 12 años después, en 1993, un año después de finalizada la guerra. Se sorprendió al ver que El Mozote se había convertido en un pueblo fantasma: sin gente, sin casas, con matorrales tan altos como él. Cuando llegó al terreno de sus padres solo encontró un par de paredes quemadas y pequeños recuerdos de otra época: el tizón para marcar ganado, algunas vasijas quebradas de su madre&#8230;</p>
<p>Acongojado, regresó hasta su comunidad, en Lourdes.</p>
<p>Pero en el año 2000 le llegaron nuevas noticias sobre El Mozote. En el pueblo había cada vez más repobladores y él decidió ir a proteger el terreno de su familia con cercos y alambres. Con el tiempo se cansó de poner el cerco y encontrarlo meses después arrancado. Jubilado, decidió instalarse por temporadas largas, que intercalaba con viajes frecuentes a Lourdes, donde lo esperaban su esposa e hijos.</p>
<p>Cinco años más tarde las noticias viajaron a la inversa. Lourdes cambió demasiado y la colonia donde vivía su familia se había convertido en un territorio controlado por la Mara Salvatrucha, una de las pandillas más violentas del mundo. Míriam le contaba que a los compañeros de colegio de sus hijos los estaban asesinando, le dijo que a veces, en las noches, se escuchaban gritos desgarradores, como de gente torturada. Un amanecer, después de una noche de gritos, Míriam supo que cerca de la colonia apareció la cabeza decapitada de una  mujer.</p>
<p>Fue entonces cuando Orlando decidió que la nueva familia Márquez repoblaría también El Mozote, el lugar del que había huido por culpa de una guerra, el lugar al que regresaría para refugiarse de otra.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>***</strong></p>
<p>Míriam Núñez deja los huesos en la silla y se dirige con paso veloz al cuarto en donde su nieta sigue viendo las carreras. A la casa ha llegado un visitante, Juan Bautista Márquez, un pariente lejano de su esposo, Orlando. Segundos después regresa emocionada, con otra bolsa, más pequeña que todas las anteriores.</p>
<p>Es la primera vez que Míriam ve a Juan; un viejo pequeño, blanco y flacucho que carga en la cabeza un sombrero, en el hombro izquierdo un maletín y en la mano una cuma.</p>
<p>Antes de que Míriam fuera a traer la bolsa, ambos habían caído en la misma conclusión respecto a la dentadura que había sacado del saco. Según Juan, esa dentadura tenía que ser del finado Santos, porque era muy grande para ser de un niño y porque no podía ser la de Agustina, dado que él la conoció bien como para saber que esos no eran sus dientes. Míriam asintió y le pidió que esperara. Luego regresó con la otra bolsa y sacó de ellas dos dentaduras postizas en perfecto estado.</p>
<p>—Esta es la dentadura de mi suegra –dijo Míriam.</p>
<p>—¡Esa sí, mire! Yo la conocí bien a la finada Agustina, porque le venía a comprar cuajadas. Todavía tiene los dientes de oro, mire… ¡Qué barbaridaaad!</p>
<p>Juan Bautista contempla la dentadura y los huesos y aunque esta no es la primera vez que mira a un amigo resumido en ese estado, el impacto es tan poderoso como para que todo le siga pareciendo increíble. “¡Qué barbaridaaaad!”, repite, mientras se frota la frente.</p>
<p>Orlando Márquez aparece luego: alto, grueso y moreno. Juan Bautista se le acerca a Orlando en silencio, y  cuando Orlando termina de hablar, el viejo le pide que ahora lo escuche a él, porque hay algo que nunca le ha contado.</p>
<p>—Yo vine aquí, Orlando. Yo vine después de las masacres, pero no vi nada Orlando. Quise venir a ver porque yo los conocía a todos ellos. Eran los compadres de mi papá. Aquí venía a comprar azúcar y cuajadas de la finada Agustina. ¡Viera qué cuajadas hacía! Pero es que no se aguantaba la hedentina, Orlando.  Y eso me imposibilitó…</p>
<p>Juan Bautista sigue hablando con Orlando Márquez pero lo que le cuenta es apenas el final de muchos escapes que tuvo que hacer para salvarse del Batallón Atlacatl, una unidad élite del ejército salvadoreño entrenada en Estados Unidos, que en cuestión de tres días aniquiló a un millar de personas entre hombres, mujeres, ancianos y niños en siete caseríos del norte de Morazán, en diciembre de 1981.</p>
<p>Y esa, la carrera de Juan Bautista contra la muerte, inicia y termina justo en esta meta, bajo la sombra del árbol de manzano que custodia el terreno y los huesos de la familia de Orlando Márquez. Pero para conocer todo lo que Juan Bautista recorrió, vio y escuchó, habrá que regresar en el tiempo, 30 años hacia atrás, al inicio de todas las masacres de El Mozote.</p>
<h2>Capítulo 2. Los escapes de Juan Bautista</h2>
<p>Juan Bautista no era un hombre feliz aquella mañana del 9 de diciembre de 1981. Consternado por la bomba que había estallado en el caserío, y por los llantos de los familiares del niño y del anciano a quienes esta había afectado, acababa de entrar al terreno de la familia Márquez, en donde quería resguardarse su madre, y es posible que algo le afligiera por dentro. Juan Bautista, entonces con 40 años y la piel más despegada de los huesos, presintió que competiría en una carrera desigual contra la muerte.</p>
<p>Pocos días tenía Juan Bautista como refugiado en El Mozote, un caserío grande y poblado, con un llano en el centro, con cancha de fútbol en las afueras, con escuela, parroquia y un cerro centinela llamado “La Cruz”, que fingía protegerlo todo. A todos. Estaba ahí porque donde vivía, en otro caserío cercano llamado Los González, un soldado patrullero le había aconsejado que huyera, porque se asomaba una nube ofensiva contra la guerrilla y contra todos aquellos que colaboraran con los compas.</p>
<p>Juan Bautista, que sabía que eso de “colaborar” dependía del momento y de la orden del colaborado, se enojó. A su hermano, Nicolás, que había colaborado –en realidad había sido soldado de cuartel, hecho y derecho-, se lo habían matado un año antes, el 30 de septiembre de 1980, otros soldados como Nicolás. “Lo mataron y a mí no se me olvida”, dice Juan. ¿Y por qué lo mataron? Porque sospecharon que era guerrillero. “¿Qué tipo de guerrillero sería este que mataron?”, se pregunta Juan, todavía con rabia, y describe a su hermano: ex comandante con carné y con permiso para portar arma, porque los comandantes de otras épocas podían andar armados.</p>
<p><img src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/Juan-Bautista-hoy-tiene-72-años-y-vive-en-la-comunidad-Segundo-Montes-de-Morazán.jpg" alt="" title="" width="350" height="235" class="right" />El 30 de septiembre de 1980, frente a la alcaldía de Jocoaitique, un poblado también escondido entre las montañas de Morazán, pero al sur de El Mozote y del otro lado de la calle negra, una sospecha mató a Nicolás, porque como colaboraba con la guerrilla…</p>
<p>Alguna vez sospecharon los guerrilleros de Juan Bautista, porque él también, 20 años más joven, había prestado servicio militar, y portaba un salvoconducto del cuartel de San Francisco Gotera, que más de alguna vez lo había sacado de más de algún apuro con los soldados, a quienes les temía más &#8211; después de lo de su hermano- que a los guerrilleros, que le ganaron confianza cuando vieron que Juan Bautista, en lugar de soplarlos, les avisaba por dónde se movía la tropa militar, cuando esta pasaba cerca de Los González.</p>
<p>Así que tras la advertencia de aquel soldado patrullero, sin colaboración de guerrilleros ni de soldados, Juan Bautista armó sus maletas, cargó a su familia y se fue a refugiar a El Mozote.<br />
Y Juan Bautista no fue el único forastero que llegó a El Mozote en esos días.<br />
Entre los huecos que dejaban las montañas se había colado un viento que decía que a un comerciante, llamado Marcos Díaz, colaborador del ejército, los soldados le habían dicho que si la gente de los cantones y caseríos aledaños se aglutinaba en El Mozote, no les pasaría nada. Muchos llegaron entonces, como Juan Bautista, con la diferencia de que muchos, muchísimos, ahí se quedaron para siempre.</p>
<p>Ese 9 de diciembre de 1981 lo cambió todo para Juan Bautista, que vio en ese bombazo que reventó en el caserío una revelación: había que huir de nuevo, hacia cualquier otra parte que estuviera alejada de las balas y las bombas.</p>
<p>A El Mozote esa bomba no le tocaba, pero le cayó, porque alguien calculó mal la distancia del objetivo, que estaba en otro caserío ubicado a dos kilómetros, llamado El Portillón, donde soldados y guerrilleros se disparaban a muerte. El operativo Yunque y Martillo de la Fuerza Armada había iniciado. Y Juan, que tenía buen oído, entendió que aquel tronar de las balas y la explosión de las bombas, que se escuchaban cada vez más fuertes y más cercanas, eran el pitazo de salida para largar a toda prisa en la primera de sus guindas.</p>
<p>—¡Tenemos que irnos, mamá! –le dijo Juan Bautista a Isabel Argueta, de 60 años.</p>
<p>—Andate vos, hijo, para que te defendás vos y a esos niños. A mí me venís a buscar ahí por la casa donde el compadre José María –le dijo, quizá porque creía que en El Mozote no ocurriría nada.</p>
<p>José María era el hermano de Santos Márquez, ese hombre de 40 años que recién había viajado a Lourdes, Colón, para despedirse -para siempre y sin saberlo- de su hijo mayor, Orlando, que se había ido a vivir hasta allá para huir de la guerra.</p>
<p>Atribulado por la decisión de su madre, Juan Bautista se despidió y caminó bajo un árbol de manzano antes de alejarse de los terrenos de la familia de los dos hermanos Márquez. Allá, lejos, en el monte, lo esperaban su mujer y sus seis hijos.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>***</strong></p>
<p>A 30 años de distancia debería ser motivo de llanto el revisar las colecciones de los diarios de esa época y caer en cuenta de que esta historia nunca existió.</p>
<p>“Inició ayer operación de contrainsurgencia la F.A. (Fuerza Armada)”, tituló el matutino La Prensa Gráfica en un amplio reportaje que apareció publicado el 9 de diciembre de 1981.</p>
<p>La nota hablaba de la toma de Morazán por parte del ejército, del control de la zona, de la prohibición del acceso a la Cruz Roja salvadoreña y otras entidades de servicio humanitario para evitar “cualquier lamentable hecho desagradable”.</p>
<p>“Lo más violento de las operaciones podría llegar en las próximas horas, ya que la tropa sigue su marcha en busca de contacto con los grupos terroristas escondidos en tatus, bosques y montañas del departamento de Morazán, según revelaron fuentes militares”, imprimió el matutino.</p>
<p>Un cable emitido un día antes por la United Press International le puso nombre al comando que dirigiría el operativo:“Fuerzas del gobierno, encabezadas por soldados entrenados por los Boinas Verdes norteamericanos, iniciaron una ofensiva contra los guerrilleros en del departamento de Morazán (…) contingentes de las provinciales capitales de San Miguel, La Unión y Usulután, así como la Brigada de Infantería Atlacatl, adiestrados por los Boinas Verdes fueron los asignados a la ofensiva”.</p>
<p>¿Cuántos ojos habrán leído estas notas, sin imaginarse que en los bosques y las montañas quienes correrían para esconderse eran decenas de Juanes Bautistas? ¿Quién habrá imaginado que en nueve poblados de Morazán serían niños, en su gran mayoría, los “terroristas” con los que fieros soldados habrían de entablar combate los días que le sucedieron al 9 de diciembre de 1981?</p>
<p>El 9 de diciembre podría ser recordado, entonces, como el día en el que un fantasma vagó tan lejos como pudo para alejarse de los ojos de los soldados, que sin saberlo él ni ellos, a cada hora le cercaban más el paso. ¿Quién iba a imaginarlo? Ni él lo imaginaba, pero la noche del 9 de diciembre, en el caserío El Hormiguero, del cantón La Joya, ubicado al sur de El Mozote, sería su última noche en paz.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>***</strong></p>
<p>Sus hijos apenas y podían conciliar el sueño con todas las detonaciones que se escuchaban cada vez  más cerca, la noche del 11 de diciembre de 1981. Por primera vez, Juan Bautista andaba cabizbajo y deprimido, con el pensamiento puesto en El Mozote, donde había dejado a su mamá. No reaccionaba, y si dos días antes había salido corriendo de allá, por culpa de las balas que sonaban demasiado cerca,  ahora no hacía nada, solo esperar y esperar que algo ocurriera.</p>
<p>Por suerte para él y para su familia, lo que ocurrió es que otro sobreviviente, que sabía del paradero de Juan Bautista, arriesgó la vida para venir a advertirle que los soldados acababan de arrasarlo todo en el caserío El Potrero, del cantón La Joya. Y ahora marchaban en dirección hacia El Hormiguero.</p>
<p>—Como ellos sabían que solo yo andaba bastantes niños, llegaron a sacarme de la casa y me dijeron: “Mire, don Juan, levántese y vea para dónde se va porque a nosotros ya nos mataron toda la familia, toda la gente de El Potrero”  –recuerda Juan.</p>
<p>A las 10 de la noche del 11 de diciembre de 1981, Juan Bautista corrió de nuevo, hacia el monte, junto a su familia. Antes de desaparecer entre los matorrales que mordían una cumbre, Juan Bautista se detuvo y retrocedió la vista solo para contemplar que los cerros que escondían al cantón La Joya y a El Mozote se habían transformado en diminutos volcanes que escupían humo.</p>
<h2>Capítulo 3. Las aventuras y desventuras de Quicón y Felipón</h2>
<p><img src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/Tras-las-masacres-de-El-Mozote-Andrés-Barrera-compuso-una-canción-en-honor-a-las-víctimas.jpg" alt="" title="" width="350" height="235" class="left" />Es la noche del 19 de julio de 1979. En las montañas de la zona norte de Morazán truenan los morteros y sale humo, pero no de incendios ni ajusticiamientos, sino que estruendo y humo de petardos y de hogueras que celebran, como si fuera propia, la fiesta que en Nicaragua apenas comienza.</p>
<p>Allá, ese día, las columnas guerrilleras del Frente Sandinista para la Liberación Nacional entraron en Managua, la capital de ese pobre país, apoyadas por el pueblo, para consumar la derrota de Anastasio Somoza Debayle, para consumar el triunfo de la revolución sandinista.</p>
<p>En  El Salvador, donde muchos andaban buscando también un triunfo similar, los vasos comunicantes entre los sandinistas y la incipiente guerrilla salvadoreña ya habían cruzado casi todo el país, de punta a punta. En el oriente aguantaron el calor de esas ciudades, se escondieron de los cuarteles y huyeron de infinidad de persecuciones. Aguardaron por años para que el pensamiento y los planes maduraran, fluyeran, cuesta arriba, sobre la calle negra.</p>
<p>Hasta que todo fue propicio, y los vasos comunicantes llegaron donde Andrés Barrera,  un hombre al que la mañana del 20 de julio lo cogió desvelado y festejado en una hamaca, larga como él, hasta donde llegaron dos jóvenes, que le conocían, para molestarlo. Uno de ellos se llamaba Pancho.</p>
<p>—Estos catequistas son jodidos –le dijo Pancho a su acompañante-. Han amanecido desvelados ahora porque anduvieron haciendo fiesta anoche.</p>
<p>Andrés Barrera se recompuso, miró serio a los dos visitantes, con dos ojos que de claros en ese momento no tenían nada, y adoptó una guardia que le exigía el guerrillero que ya llevaba adentro: ese al que llamaban con el seudónimo de Felipón, los que le sabían las andadas. Y quienes conocían esa otra cara, tenían que andar en lo mismo, porque de lo contrario no podían ser otra cosa más que orejas, informantes del ejército. Pancho y su amigo no caminaban por los mismos senderos de la guerrilla, y por eso se puso en guardia Felipón, porque Morazán sudaba desconfianzas.</p>
<p>—¿Allá andabas vos, pues? – preguntó Andrés, serio, intentando zanjar el tema.</p>
<p>—No, pero por ahí dicen que ustedes eran… ¡Esos catequistas son guerrilleros! –soltó Pancho, con una mueca irónica, para la aflicción de Andrés.</p>
<p>Descubierto, Felipón improvisó:</p>
<p>—Mira: por favor, esa broma si la están haciendo en serio, por favor que sea una broma. Porque si van a informar a la guardia, me van a venir a masacrar a toda mi gente aquí, a toda mi familia y a toda la comunidad…</p>
<p>—¡Ya se enojó! –dijo Pancho, riendo-. ¡Son bromas, homb´e! No se enoje.</p>
<p>Pero Felipón quedó enojado, y a finales de ese año se desquitó de Pancho. Le habían encomendado hacer una requisa de armas, y como sabía que el muchacho portaba una, hasta su casa lo fue a buscar. Cuando Pancho se dio cuenta de que la cosa iba en serio, dejó de decir que no tenía el arma y se la entregó. Con todo y municiones.</p>
<p>—O te organizás o te calmás, y dejás de andar hablando tonteras. La cosa así es: ahora ya se descubrió esta cuestión y ahora no hay de otra: los que están con los pobres ya se va a ver, y los que están con los ricos, la fuerza armada y las autoridades represivas también ya se va a ver. Así que ahí ves de cuál lado te vas, porque hoy sí ya se descubrió esta cosa.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>***</strong></p>
<p>Andrés Barrera no era el único guerrillero en La Guacamaya, ni en el municipio de Arambala, ni en el de Jocoaitique, ni en Joateca, ni en Perquín ni en Torola, ni en San Fernando, ni en Meanguera… Andrés Barrera era uno de cientos de campesinos que se habían ido formando por tandas, desde 1972.</p>
<p>Todos eran hombres que bajaron de las montañas para recibir unos cursillos impartidos por unos catequistas católicos que se habían instalado en el departamento de San Miguel.</p>
<p><img src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/Foto-01.jpg" alt="" title="" width="350" height="235" class="right" />Andrés Barrera, eso sí, no había sido el primero en irse de La Guacamaya para recibir la palabra de Dios, los cursos de primeros auxilios, las inducciones sobre igualdad social, los cursos de organización clandestina, y el uso de armas. Todo por etapas, todo enseñado por diferentes profesores. La palabra de Dios, los primeros auxilios y las lecciones sobre igualdad social u organización comunal era enseñanzas de los curas. “Lo otro lo venían a enseñar unos compas con más trayectoria”, recuerda el primero de La Guacamaya que se fue a recibir esos cursos, en 1972. Su nombre es Tereso de Jesús Márquez, amigo y vecino, en esa época, de Andrés Barrera.</p>
<p>Campesino y sin estudios –apenas tenía segundo grado- Tereso se emocionó con la lectura bíblica, con las clases en las que aprendió a inyectar y con unas palabras que en la cabeza le revoloteaban como mariposas libertarias: igualdad, derechos, igualdad, derechos…</p>
<p>Cuando regresó a La Guacamaya, semanas después, rápido convenció a uno de sus mejores amigos, y entonces Andrés Barrera también quedó sintiendo las mismas mariposas locas en la cabeza.</p>
<p>Con el tiempo, Andrés Barrera se convirtió en encargado, en La Guacamaya, de una de las primeras células guerrilleras de lo que después sería el Ejército Revolucionario del Pueblo, que comandaba el frente de guerra en Morazán. Tereso, convertido en “Quicón”, vagó por todos los cerros haciendo lo mismo que alguna vez hizo Jesús de Nazaret, con la diferencia de que él, cuando salía a pescar más hombres para la causa, siempre iba acompañado de dos escoltas y una carabina.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>***</strong></p>
<p>Las aventuras de Quicón y Felipón fueron aventuras de guerreros clandestinos hasta que la guerra, injusta, se las cobró bastante caro.</p>
<p>Contrario a cualquier lógica conocida por Andrés y Tereso, el ejército les demostró que podía darles grandes sorpresas. Nunca se imaginaron ellos, ni nadie, que las familias que no lograron huir del campamento ubicado en La Guacamaya serían asesinadas de manera salvaje por los soldados, el 11 de octubre de 1980, un año antes de todas las masacres de El Mozote.</p>
<p>El operativo militar había arrancado en Perquín, en la cumbre del departamento, y luego bajó por Torola, se metió por El Rosario, cruzó la calle negra, y se metió en La Guacamaya, de donde no habían logrado salir todos.</p>
<p>Ese día, Felipón, como encargado del campamento, movilizó a toda la gente hacia el río Sapo, para esconderla ahí. Entre el grupo iban su esposa, Maclovia Márquez; y su suegra, Heriberta Márquez. Iban también todos sus hijos, que sumaban nueve, más uno que todavía no había nacido.</p>
<p>Por este último, Maclovia detuvo la marcha, y le dijo a Andrés que hasta ahí llegaba, hasta la primera cumbre que la alejaba de La Guacamaya. “Yo ya no aguanto caminar”, le dijo, mientras se colocaba la mano derecha en la cadera, que sostenía una panza que ya casi le reventaba.</p>
<p>Andrés, indeciso, fue vencido por las responsabilidades de Felipón, que tenía que proteger a las familias del campamento, compuesto por unas 300 gentes. Entonces aceptó que se quedaran atrás su mujer, su suegra, y sus cinco hijos pequeños, que andaban entre los 11 años y los 17 meses, más el que estaba por nacer. Los más grandes, los más jóvenes, se quedaron con su padre.</p>
<p>A los días de esa primera masacre, Andrés Barrera regresó a La Guacamaya, y en el lugar donde asesinaron a su mujer, a su suegra y a sus hijos solo encontró un sostén. “Estaba empapado de sangre, todavía húmedo. Y un codito de un niño. Fueron los que logré enterrar, al lado de donde me los habían enterrado unos compas”.</p>
<p>Entre la gente que logró huir iba Tereso de Jesús, junto a la mayoría de sus familiares. A Tereso también le mataron una tía, hermana de su papá, que aceptó quedarse para cuidar a su hija, y a los hijos más pequeños de su hija, que, embarazada, ya no aguantó el paso del campamento. “Maclovia era mi prima”, dice, entre sollozos, con la voz quebrada, Tereso de Jesús Márquez.</p>
<p>Ahora ni la cólera que les provocó tanta muerte, que los estimularía durante 12 años para guerrear con más fuerza, los consuela del todo. Ganó el país, dicen, ganó la paz, ganó la democracia. Pero a costa de un gran sacrificio que duele, dicen, sobre todo porque no hay justicia ni para sus inocentes ni para los de los demás, que pagaron por ellos, ellos que hasta ya perdieron aquella esperanza que les decía, al oído, que todo iba a cambiar.</p>
<p>—Fueron heridas un poco&#8230; que no tan luego se pueden cicatrizar&#8230; Yo me alegro cuando veo gente que a diferencia de cómo las conocí… y ahora con los buenos carros, buena casa… Y todo eso gracias a esta revolución que se hizo, que costó un precio alto de sacrificio y de sangre. Por lo menos algotros no quedamos tan fregados –dice Felipón, mientras sonríe, con una mueca irónica que le nace en el labio superior, rompiéndole las arrugas.</p>
<p>Tras la masacre de La Guacamaya, en octubre de 1980, Felipón y Quicón siguieron con sus andanzas. Quicón buscó entre los caseríos a más guerrilleros, hasta que en enero de 1981 llegó a El Mozote, donde nunca consiguió uno solo, apenas algunos colaboradores. Entre estos, uno que se llamaba Marcos Díaz, que era comerciante, que había sido soldado, y que colaboraba con ambos bandos, porque los colaboradores respondían a las órdenes de los colaborados.</p>
<p>A dos cosas llegó esa vez Quicón: a hacer lo que ya bien sabía, y a despedirse, obligado, de una tía. Esa vez, Clementina Argueta le dijo a Tereso: “¡Ya no vengás, ya no vengás, que por tu culpa nos van a matar!”. Enmudecido y triste, sin poder defenderse, Tereso le dijo adiós a Clementina, a su tío Cesáreo y a su prima Hilda. 11 meses más tarde, el  11 de diciembre de 1981, morirían masacrados todos ellos, más otro primo llamado José, y los tres hijos, niños todos, de Hilda.</p>
<p>La despedida que Felipón le dio a El Mozote tuvo que ver más con la lejanía, los disparos, las montañas y el humo. La célula guerrillera de La Guacamaya se había desplazado hacia un lugar llamado Las Pilas, cuando se enteró del operativo que realizaría el Ejército en toda la zona. Las Pilas es una cumbre ubicada en una dirección opuesta a otra cumbre, desde donde Juan Bautista, que huía del caserío El Hormiguero, del cantón La Joya, observaba lo mismo que el guerrillero Felipón.</p>
<p>—De ahí divisábamos para el llano, para toda esa zona. Se oía la tirazón y se veían las humazones de las casitas. Por donde quieran se miraba las humazones de esos cerros.</p>
<h2>Capítulo 4. El hombre gato</h2>
<p>El hombre gato bajó de una cumbre, se metió al caserío y cruzó entre dos casas y no se dejó escuchar. Quizá le ayudó el hecho de que era pequeño el hombre gato. Pequeño y sigiloso. Quizá le ayudó también que era de noche. De todos los hombres que estaban esa noche en el caserío, él era el único que no era soldado.</p>
<p>Antes de aventarse al llano que lo separaba de su casa,  y del patio de su casa, el hombre gato se acurrucó en la esquina de una pared y olfateó hacia todos lados. También miró hacia arriba y hacia abajo, a un lado y al otro. ¡Tas! Ya estaba el hombre gato más cerca de su casa, arrastrándose entre unos matorrales.</p>
<p><img src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/Sotero-Guevara-hoy-tiene-73-años-y-vive-en-la-comunidad-Quebracho.jpg" alt="" title="" width="350" height="235" class="left" />Pero tuvo que detenerse y pensársela bien, antes de intentar otro movimiento veloz. En la casa no se escuchaba ninguna bulla, y había demasiados soldados cerca, como para arriesgarse por la puerta. Lo mejor era bordear, buscar el patio de su casa por una vía más alejada del llano. En esas estaba, cavilando, cuando sintió un golpe en la nuca. “¡Ya me agarraron!”, pensó el hombre gato.</p>
<p>El susto se le pasó cuando se dio cuenta de que un perro vagabundo le había quitado una de sus nueve vidas.</p>
<p>—¡Diomecuarde! Yo me asusté, pego el salto para atrás y el perro hijueputa, hubiera visto…</p>
<p>El hombre gato, después del susto, logró llegar a la fosa que tanto andaba buscando. Él había ayudado a cavarla, por recomendación de los compas, que habían aconsejado eso a los habitantes del cantón La Joya para que se protegieran de los bombardeos. Al hombre gato le habían ayudado, además, sus dos hijos mayores, Santos y José, que para esa fecha ya eran unos prominentes guerrilleros.</p>
<p>-Llego yo, a gatas, para dicha fosa, y andaba un foco (una linterna). Me puse embrocado, en la orilla, y vide…</p>
<p>En la fosa había una docena de cuerpos apilados. El cuerpo que estaba encima de todos era el de una niña que dormía, acurrucadita, encima de los muertos.</p>
<p>El hombre gato estuvo tentado a pararse, como hombre, para que alguien lo viera y lo arrojara junto a esos cuerpos. El hombre gato, lo que más quería en la vida era estar con esos muertos.</p>
<p>No dejó de pensar eso sino hasta cuando se acordó de que en el Cerro Brujo, a tres kilómetros de distancia, había dos niños, agazapados, que lo estaban esperando. Así que retrocedió, de nuevo a gatas, hasta que logró encaramarse en un cerro, mientras dejaba el caserío que a sus espaldas terminaba de extinguirse en llamas.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>***</strong></p>
<p>Sotero Guevara salió de la cueva en donde se refugiaba en el río La Joya y llegó a la cima del Cerro El Brujo a las 6 de la tarde del 11 de diciembre de 1981. A esa hora había quedado de juntarse ahí, en ese escondite, con su esposa.</p>
<p>Sotero Guevara se había despedido de Petronila a las 3 de la madrugada. Agarró camino para las cuevas junto a sus dos hijos varones,  Anastasio y Lucas; y ella se quedó, junto a Catalina, la hija menor de ambos, para echar tortillas, para que en el monte no les agarrara el hambre. Se suponía que Petronila saldría del cantón La Joya inmediatamente después, pero los soldados frustraron sus planes. A las 8 de la mañana, La Joya ya había sido tomada.</p>
<p>Un día antes del inicio de las masacres, una docena de helicópteros volaron encima del cantón La Joya y descargaron soldados en las cumbres de Quebracho y Arada Vieja. Desde esas cumbres, los soldados atacaron y lograron destruir algunas casas. Era un blanco fácil todo allá abajo de esos imponentes cerros que lo cercan todo en los cuatro puntos cardinales. Por su geografía, La Joya es un sumidero, y por eso todos huían hacia las quebradas o hacia los cerros para ocultarse entre el follaje o las vaguadas.</p>
<p>Ese 10 de diciembre, hubo otra mujer que también se despidió de su marido creyendo que podría librarla fácil. Era Rosa Ramírez, la esposa de Pedro Chicas, un hombre alto, grueso y blanco, uno de los líderes del cantón La Joya. “¡Que Dios te ampare entonces, mujer!”, le dijo Pedro Chicas a Rosa, quien se equivocó al creerle a un tío cuando este le dijo que no pasaría nada. Pedro Chicas se fue ese 10 de diciembre a una cueva escondida en el río, y Rosa, que esquivó durante horas a las balas y las bombas, se arrepintió de no haberle hecho caso a su marido. Rosa logró huir hasta muchas horas después de que cesaran las primeras bombas y tronazones, en la madrugada del 11 de diciembre.</p>
<p>Rosa también subió el cerro El Brujo y ahí se juntó con otras familias más,  y con Sotero Guevara, que desesperado preguntaba por su mujer y su hija. Rosa Ramírez le dijo que no las había visto, y eso bastó para que Sotero le dejara a Anastasio y Lucas, porque él se regresaría a La Joya por la mujer y la hija que se le habían quedado.</p>
<p>Sotero Guevara hoy es un viejo infinitamente pequeño y delgado. Está lleno de arrugas y da la impresión de que si se le toca muy fuerte, podría quebrarse. Hace 30 años era igual de pequeño, pero su cuerpo no estaba tan marchito. Era ágil, tan ágil como para moverse como la guerra le había enseñado: a gatas.</p>
<p>Aquella noche, hace 30 años, todos le advirtieron que no fuera loco, que si se iba solo sería para ir a fracasar, como habían fracasado ya muchos otros. Los familiares de Sotero que no lograron salir fueron nueve, los de Pedro Chicas fueron 13. Se lo dijeron, que podía fracasar, pero Sotero no entendió razones. Bajó del cerro y en tres horas ya se había puesto en el caserío, que ahora estaba oscuro, silencioso e infestado de soldados.</p>
<p>En una fosa encontró Sotero Guevara a su familia: a Petronila y Catalina, a su hermana Justa, a su sobrina Jacinta y a los hijos de esta: Roque, de 5 años, y María, de seis.<br />
Al siguiente día, Sotero Guevara esperó la noche, la del 12 de diciembre, para convertirse en gato de nuevo. De nuevo le advirtieron y de nuevo regresó a la fosa, se acercó al borde, encendió su lámpara y contempló a sus familiares.</p>
<p>Esa noche Catalina estaba desnuda bajo la luz de la luna. Las llamas la habían dejado limpita.</p>
<p>—Es que yo no hallaba fundamento. Yo quería estar allí con los muertos. Para qué le voy a mentir… allí quería estar –dice Sotero Guevara.</p>
<p>Cuando regresó al cerro El Brujo, le contó al resto de refugiados que en La Joya ya no quedaba nada, que lo habían arrasado y quemado todo. El grupo, entonces, decidió separarse. Hubo unos que se fueron con Rosa Ramírez y los familiares de Pedro Chicas, en dirección a unos descampados en donde podían encontrar ranchos abandonados. Otras familias tomaron otras direcciones y Sotero Guevara decidió quedarse, con sus hijos, cerca de La Joya.</p>
<p>A los ocho días, la familia de Pedro Chicas, con Pedro Chicas incluido, se reencontró con Sotero Guevara en el llano de La Joya. Mientras enterraban a los muertos que podían, le contaron que habían sobrevivido en los descampados del El Rincón, pero que unas patrullas los habían corrido hasta Jocote Amarillo, donde descubrieron que también había ocurrido otra desgracia.</p>
<p>Y esa, de la que hablaba la familia de Pedro Chicas, fue en la que por poco asesinan a toda la familia de Juan Bautista.</p>
<h2>Capítulo 5. Dos familias, dos masacres</h2>
<p><img src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/El-Batallón-Atlacatl-masacró-a-campesinos-adentro-y-afuera-de-sus-viviendas.jpg" alt="" title="" width="350" height="235" class="right" />La noche del 12 de diciembre de 1981 fue la última noche que agarró a Juan Bautista desprevenido. También fue la última noche que se refugiaría bajo un techo seguro. A partir de esa noche, la luna lo agarraría a él y a su familia en quebradas, montes y matorrales. A sus hijos, incluido uno de dos años, se les extinguiría el llanto y el hambre, y la cocina quedaría relegada para aquellos momentos nocturnos en los que Juan lograría apilar las rocas necesarias para el filtro que escondería el humo que desprenderían las ramas secas.</p>
<p>Al límite. Así aprendieron a vivir Juan Bautista y su familia. Pero eso era mejor que regresar a cualquier casa. El susto que pasarían en Jocote Amarillo les enseñó que había que estar siempre alertas.</p>
<p>El 12 de diciembre, un compa desarmado -porque la guerrilla tenía pocas armas en esa época- le advirtió a Juan que el ejército seguía avanzando, le contó que El Mozote y el cantón La Joya estaban arrasados y los regañó por seguir escondidos donde menos debía. &#8220;Juan: vos sos muy confiado para estar en casa”, le dijo, y luego se marchó, en dirección a La Guacamaya.</p>
<p>A la mañana siguiente, Juan Bautista dejó a su mujer en la casa de Santos del Cid, un amigo que les brindó refugio a él y a otros más. A las 6:30 a.m. se movió con sus hijos mayores para inspeccionar el terreno, y luego los dejó cerca de la casa, escondidos entre unas peñas rodeadas por arbustos. Entonces Juan se abrió paso hacia una quebrada cercana, pero se detuvo.  En una casa que le quedaba decenas de metros escuchó una tronazón.</p>
<p>Juan Bautista palideció. Tanto, que la impresión aún lo hace dudar de si fue cierto que algunas balas le zumbaron cerca o si se las imaginó. Lo que sí fue cierto es que desanudó el camino que había hecho, regresó a la casa de Santos del Cid pero a ninguna otra más, porque ahora los disparos se escuchaban más cerca. Juan agarró a su mujer, a los niños más pequeños, y se fueron allá adonde había dejado a los más grandes. Se acurrucaron entre las piedras y los arbustos y esperaron. Y esperaron…</p>
<p>Juan Bautista logró salvar a la familia de su anfitrión y a su anfitrión también, pero hubo una mujer a la que no pudo salvar. Se llamaba Genoveva Díaz, quizá con los mismos años que tenía su madre. “¡Aquí es que se esconden los guerrilleros!”, recuerda Juan que gritó un soldado antes de ingresar a la casa donde la única guerrillera que había era una anciana que no podía caminar.</p>
<p>Cuando los soldados dispararon, Juan no pudo ver nada, pero sí lo escuchó todo. Y oír cómo mataban a la anciana, y ver cómo se quemaba la casa después de la balacera, fue para Juan Bautista otra revelación: a esas alturas, él ya sabía que su madre también estaba muerta.</p>
<p>La masacre duró dos horas, aproximadamente. Juan Bautista escuchó y vio lo que pudo. Hubo otro, sin embargo, que un día antes, una masacre antes de la que se salvó Juan Bautista, vio lo que Juan solo alcanzó a escuchar.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>***</strong></p>
<p>Cavilando. Así tuvo que haber llegado Antonio Pereira a su milpa, la mañana del 12 de diciembre de 1981. 30 minutos habían pasado desde que él había consolado el miedo de su madre con la misma estrategia que utilizó su mujer para consolarlo a él.</p>
<p>Antonio Pereira, antes irse a trabajar, le había rogado a Natalia Argueta que se escondiera en el río Sapo, ubicado a un kilómetro del caserío Los Toriles. Pero por más que le recordó la advertencia que días atrás había dado una patrulla guerrillera (“salgan de las casas porque los soldados arrasarán con todo”), ella no dejó de creer en otra que habían dado los soldados, semanas antes que los guerrilleros. La de los soldados decía que matarían a aquellos que anduvieran en el monte. Cuando Natalia vio que su marido no cedía, le tocó el punto débil: “Primero Dios no pase nada”.</p>
<p>En el caserío Los Toriles la gran mayoría eran evangélicos.</p>
<p>Antonio Pereira, sin embargo, como a muchos otros, le parecía demasiado extraño que se escucharan tantas detonaciones dos días seguidos, todas provenientes de todas las direcciones. Desde Arambala, el municipio en donde el Batallón Atlacatl había iniciado el operativo, dos días atrás, los soldados venían cercándolo todo en una formación que se asemejaba a la de una herradura.</p>
<p>Vencido por su mujer,  Antonio Pereira escondió sus temores y fue a saludar a Simeona, su madre, que vivía en la casa contigua. Entonces, cuando ella le dijo “está feo esto”, antes de despedirse, él le contestó como le había contestado su mujer: “Primero Dios no pase nada”.</p>
<p>El problema es que sí pasó.</p>
<p>Antonio Pereira recién había llegado a su milpa cuando observó que los soldados bajaban por una de las lomas que rodean el caserío. Entonces corrió en dirección a su casa, pero ya no pudo avisarle a nadie porque los soldados habían llegado antes que él.</p>
<p>Cuando la tropa ingresó al caserío, Antonio Pereira ya no supo si había corrido para sacar a su familia de su casa o para meterse junto a ellos, porque el miedo lo obligó a esconderse entre unos matorrales desde donde podía verlo todo: tenía de frente la puerta de su casa y la de su mamá.</p>
<p>Los soldados primero entraron como intrusos por la puerta de su casa, a la fuerza, y en un primer momento Antonio Pereira pensó que a su familia se la llevarían a algún refugio, pero rápido entendió que aquello no era más que un deseo, porque a los refugiados no los sacan encañonados, como sacaban ahora a Natalia, a Mario y a María, en ese orden, que lloraban y marchaban en línea recta, uno detrás del otro, mientras los soldados los arriaban decididos, tanto los de adelante como los de atrás, hasta que todos se perdieron tras unos árboles y una casa, la de Abilio Vigil, quien nunca pudo ver quiénes lo encañonaron a él, a su familia y a la de Antonio, porque Abilio Vigil era ciego.</p>
<p>A partir de ese momento los segundos fueron las hebras de un nudo que en el pecho a Antonio se le amarraba fuerte, que apretaba más fuerte; y se descubrió solo y con dos manos labriegas incapaces de defenderse –y defenderlos- de los soldados que se los habían llevado hasta aquel lugar donde los ojos de Antonio ahora eran tan inútiles como los de Abilio Vigil.</p>
<p>El nudo en su pecho volvió a apretarse fuerte… más fuerte… más fuerte… más fuerte…  hasta que los balazos tronaron allá, donde sus ojos ya no llegaban. Fue ahí cuando el nudo se le reventó, revolviéndole todo por dentro, con la furia de un tropel de recuerdos que ahora sentía salvajes.</p>
<p>Mario, su varoncito de 10 años al que le gustaba jugar con las vacas; María, su muchachita de 14 a la que le gustaba ir a la escuela; Natalia, la esposa a quien había conquistado en el pueblo de Jocoaitique, 20 años atrás, habían desaparecido para siempre.</p>
<p>Cuando logró que los ojos se le desempañaran,  los soldados ahora caminaban de regreso hacia la casa de su madre, Simeona, de 85 años. Ahí también estaban sus hermanos, Juan Ángel y Bertolino, sus respectivas familias y Nelly, una de sus sobrinas. Los soldados entraron igual pero salieron diferente: ya nadie marchó en línea recta porque arremangaron a la gente contra la pared. A 10 contra la pared. Para entonces, Antonio ya no tenía incertidumbres en la cabeza y lo que estaba a punto de atestiguar serían puras certezas.</p>
<p>—Viera eso, eso es duro: estar viendo que le están matando la familia a uno. Cuesta aguantarse. Y entonces uno piensa: uno solo con las manos, ¿a qué iba a llegar? Hubiera andado algo, tal vez… Pero así nomás, solo a caer allí también&#8230; Por eso mejor me quedé, tuve aguante de quedarme y estar viendo.</p>
<p>Nelly, su sobrina, se separó del grupo y rogó para que no mataran a su abuelita, pero más ligero le dieron a ella para que dejara de hacer bulla.</p>
<p>La espalda de un soldado se interpuso entre Nelly y Antonio, que no la volvió a ver sino hasta cuando otro estallido se convirtió en un recuerdo seguido de otro recuerdo: un disparo, un cuerpo de niña de 10 años derrumbándose a los pies de un soldado.<br />
El silencio que produjo ese disparo dio paso al silencio de las víctimas y a la furia desatada de los victimarios, que tampoco dijeron nada. Los únicos que hablaron fueron los fusiles. El grupo contraminado era una rueda humana desordenada, amontonada y temblorosa; el grupo armado eran unas espaldas y unos perfiles sin rostro ni identidad que apenas y se meneaban mientras disparaban. La rueda, con vida, recibió ráfagas provenientes de seis fusiles activados por seis pares de manos. Cuando los fusiles se callaron, el silencio de verdad fue silencio, los cuerpos quedaron amontonados unos sobre otros, y Antonio Pereira creyó que había terminado todo, mas no sabía lo equivocado que estaba.</p>
<p>—El objetivo de ellos era acabar con todo -dice, y recuerda al soldado que se acercó y pinchó el bulto en el que terminó convertido la rueda humana. Luego el soldado se alejó y desde la lejanía les aventó un objeto que Antonio no alcanzó a distinguir pero sí a escuchar. Y la explosión no la escuchó una sino que dos veces más, tres en total –tres en total: uno, dos, tres- hasta que sus familiares quedaron resumidos en otras cosas que ya no podían llamarse cuerpos humanos.</p>
<p><img src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/Antonio-Pereira-de-73-años-perdió-a-toda-su-familia-en-la-masacre-ocurrida-en-el-caserío-Los-Toriles.jpg" alt="" title="" width="350" height="235" class="left" />Hoy sí, cuando todo había terminado, Antonio Pereira comprendió que en el mundo ya no habría quién por él. Y eso, todavía hoy, 30 años después, lo hace guardar silencio, guardar silencio, guardar silencio… y se limpia los ojos que no lloran pero que se empañan.</p>
<p>La masacre en Los Toriles duró cuatro horas, desde las 8 de la mañana hasta el mediodía. De las 18 familias que ahí vivían solo una sobrevivió completa, gracias a que la casa se hizo invisible detrás de un cerro. Antonio Pereira salió de su escondite hasta en la noche, bajo la luz de la luna que, según recuerda, durante los días de las masacres alumbro más fuerte que nunca. De noche enterró a sus víctimas, mientras otros tres hombres, amigos de toda la vida antes de la masacre; esposos sin mujer, padres sin hijos después de la masacre, también enterraron a los que pudieron. Cuando todos estuvieron cansados, Antonio decidió por la suerte del resto de cadáveres.</p>
<p>—Les dije: enterremos la familia que es de nosotros para salvar que no se los coman los animales. Los demás ahí que queden porque no se ajusta.</p>
<p>Todos asintieron y se convencieron aún más cuando en la mañana del 13 de diciembre cayeron disparos sobre Los Toriles. Luego de la masacre, el ejército dejó a uno que apuntaba su mira contra los fantasmas. Los muerteros agarraron rumbos distintos en esa guinda y ni alcanzaron a despedirse.</p>
<p>Antonio Pereira recaló en el río Sapo, ubicado a un kilómetro del caserío. A diferencia de Juan Bautista, que en esa misma mañana, en Jocote Amarillo, también corría hasta una casa para salvar a su familia, Antonio Pereira pegó carrera solo y sin familia, y así estuvo durante 15 largos días, y luego durante cuatro largos años.</p>
<p>Cuando se cansó de roer guineos verdes caminó y caminó y caminó hasta que se refugió en un pueblo llamado Masala, donde ya no había soldados ni guerrilleros ni peligros. Todavía hoy no sabe explicarse cómo fue que en medio de tanto sufrimiento le entraron ganas de trabajar. “Solo quería trabajar”, dice. Cuatro años después se casó de nuevo y se hizo una nueva familia. Y entonces caminó y caminó y caminó de nuevo y terminó viviendo en El Mozote, desde donde sale todas las mañanas para ir a cultivar la milpa que le crece allá donde enterró a aquella otra familia que tanto él quería.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>***</strong></p>
<p>Juan Bautista no salió de su escondite, en Jocote Amarillo, sino hasta en la madrugada del 14 de diciembre de 1981.</p>
<p>Cuando él y los suyos salieron, de inmediato caminaron hasta la casa en la que se habían refugiado, y ahí encontraron el cadáver calcinado de la anciana Genoveva Díaz.</p>
<p>Caminaron más y encontraron el de otra mujer, rodeada por cuatro cuerpos de niños también muertos, también calcinados.</p>
<p>En los alrededores de esa casa, bajo la luz de la luna, que lo alumbraba todo, Juan Bautista contó 10 cadáveres más, hasta que se cansó de ver tanta muerte y caminó de regreso con su mujer y sus hijos hacia el monte.</p>
<p>Pasarían varios días para que el miedo lo abandonara por completo. Pero no fue sino hasta cuando se convenció de que las tronazones habían desaparecido cuando decidió regresar a donde todo había comenzado.</p>
<p>—Entonces yo salí de regreso por el mismo camino que ya había pasado, regresé a El Hormiguero. Ahí nos mantuvimos. No recuerdo cuántos días, pero ahí nos estuvimos.</p>
<p>Una mañana, otro compa que se cruzó por El Hormiguero le contó a Juan Bautista que en El Mozote ya no había soldados, porque los habían hecho retroceder más allá de Arambala, el municipio en donde las masacres habían iniciado.</p>
<p>Entonces, resuelto, alistó a su familia y se la llevó hasta las cercanías de El Mozote, donde la dejó escondida, porque a buscar el cadáver de su madre decidió que tenía que ir solo.</p>
<p>Llegó hasta las cercanías del cerro La Cruz, pasó bajo un árbol de manzano pero hasta ahí pudo llegar, porque la hedentina era demasiado poderosa, porque en el terreno de la familia Márquez todo era irreconocible, porque todo estaba quemado hasta los huesos.</p>
<h2>Capítulo 6. Los reencuentros</h2>
<p><img src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/Foto-02.jpg" alt="" title="" width="350" height="263" class="right" />La mujer sigue sacando huesos. Tantos que da pena. Ya no caben en la silla, pero ella los sigue sacando. “A mis hijos les daba miedo al principio”, dice. Uno de sus invitados, que desde hace varios minutos se ha quedado hipnotizado, reacciona cuando escucha la palabra miedo.  “No, no hay que tenerles miedo”, corrige.</p>
<p>Míriam Núñez, entonces, le cuenta una infidencia.</p>
<p>—Mire: a mí no me dieron miedo, pero me impresionó al principio encontrar tanto hueserío. Pasé enferma como cuatro meses, con fiebres y calenturas. Pregúntele a mi esposo. Él se puso malo también.</p>
<p>—¡Es que no es así no más! -dice Juan Bautista, reflexivo.<br />
—¡Yo me impacté tanto! Ni creía. Mi esposo me había contado, había leído el libro, pero como uno lee libros de historias… Y ahora ya no es cuento porque ahora es la propia realidad.</p>
<p>Míriam sigue sacando huesos. Juan Bautista se desahoga:</p>
<p>—Y aún así la gente no cree… Es tan dura la gente, usted…</p>
<p>Míriam saca un zapato de niña, tierroso, y se le queda viendo.</p>
<p>—¡Imagínese! ¿Cuántos años tiene todo esto y no se ha destruido por completo? 30 años parece, ¿vedá?</p>
<p>Míriam, entonces, decide que tiene que contarnos cómo fue la masacre en El Mozote.</p>
<p>—Estos huesos están aquí porque a la mayoría los quemaron ahí en lo que es ahora la plaza. Ahí hicieron fila: a las que eran mujeres aparte, y hombres aparte. Ahí en esa iglesia encerraron a unos ancianos y ancianas. A esos los mataron adentro. Y todos los que estaban haciendo fila afuera los mataron afuera. Y de ahí los recogieron todos juntos y les dieron fuego. Y aparte de eso a los niños los habían metido en la casa de…. ¿cómo se llama este señor? …</p>
<p>Míriam busca apoyo en Juan Bautista, pero Juan Bautista no interviene porque Míriam recuerda el nombre del hombre que hace 30 años esparció un rumor, que viajó por las montañas de Morazán, para que a El Mozote llegaran cientos de campesinos a refugiarse. Entre estos Juan Bautista.</p>
<p>—¿Comó se llama este señor …? ¡Marcos Díaz! Yo no soy de aquí, pero he leído el libro, le estoy diciendo lo que he leído y no me estoy inventado nada. Ahí habían encerrado a los niños. Y la señora que quedó de sobreviviente, que se llamaba Rufina Amaya, ella escuchaba los gritos de los niños. ¡Mamá, nos están quemando! ¡Mamá, nos quieren matar! Entonces en esa casa de Marcos Díaz encerraron solo niños. Y a los adultos los mataron en el parque, en el llano… Eso es todo lo que le puedo decir.</p>
<p>Juan Bautista guarda silencio, satisfecho. Míriam Núñez ha hecho un buen extracto del relato que él  ya había escuchado, completo,  21 años atrás, cuando se reencontró con Rufina Amaya.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>***</strong></p>
<p>Es el 30 de octubre de 1990. En los pasillos de los tribunales de San Francisco Gotera, cabecera del departamento de Morazán, dos campesinos están sentados y están nerviosos. Ambos saben que todo puede acabar aquí,  adentro de una casa con paredes blancas. Pero también todo puede comenzar. Y esa pequeña posibilidad los anima a estar ahí, y es más fuerte que el miedo que les provoca estar ahí. La guerra todavía no ha terminado y el ejército sigue teniendo demasiado poder.</p>
<p>Los campesinos estaban animados también porque ya uno de ellos, antes que ellos, sí se atrevió a poner la denuncia, a sabiendas de que el viaje podía ser peligroso. Todo eso lo habían deliberado ellos, junto a sus abogados, cuando se reencontraron, nueve años después de haber huido de esas tierras arrasadas, en los reasentamientos del norte de Morazán, ubicados a las orillas de una calle que hoy siguen llamando calle negra.<br />
Tras las masacres, los civiles que huyeron de la guerra y la gran mayoría de los sobrevivientes terminaron refugiados en unos campamentos ubicados en Colomoncagua, Honduras, hasta que en 1989, gracias a la presión internacional, retornaron a Morazán, que para los últimos años de la guerra, fue una zona controlada por la guerrilla.</p>
<p>Antes de poner la denuncia, los campesinos se reunieron junto a sus abogados en la clandestinidad. Las últimas reuniones ocurrieron en una casa de unas monjas católicas, en la cabecera del departamento. Ahí acordaron todos que había que interpretar roles. Uno pondría la denuncia y otros dos serían los testigos. Uno de estos contaría el resultado de varias masacres, la otra, la testigo principal, diría cómo había sobrevivido y cómo es que había visto, casi de manera completa, la masacre en el caserío El Mozote.</p>
<p>Entonces Pedro Chicas, un hombre blanco, alto y determinado, otrora líder de un cantón llamado La Joya, llegó a decir a ese juzgado: “Mi nombre es Pedro Chicas y vengo a poner una denuncia…”.</p>
<p>Cuatro días después fue el turno para Juan Bautista Márquez y Rufina Amaya.</p>
<p style="text-align: center;">El relato de Rufina se robó los silencios del juez y de la auxiliar del juez. Se robó también algunas lágrimas de Juan Bautista, quien ya lo había escuchado antes, pero que entonces sintió como que aquella fuera la primera vez.<br />
<strong>***</strong></p>
<p><img src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/Rufina-Amaya-en-la-puerta-del-juzgado-de-San-Francisco-Gotera.jpg" alt="" title="" width="350" height="235" class="left" />Para 1990, las masacres de El Mozote seguían siendo ocultadas por los gobiernos de El Salvador y Estados Unidos.</p>
<p>La primera denuncia ocurrió el 27 de enero de 1982, cuando muy lejos de El Salvador, The New York Times y The Washington Post dijeron -de manera simultánea- que en el departamento de Morazán, cientos de campesinos habían sido masacrados por el ejército salvadoreño, según denunciaba un grupo de sobrevivientes, entre ellos, Rufina Amaya, la única sobreviviente del caserío El Mozote.</p>
<p>El primer funcionario salvadoreño en negar la masacre fue el entonces embajador de El Salvador en Estados Unidos, Ernesto Rivas Gallont. “Rechazo enfáticamente la afirmación de que el ejército salvadoreño haya matado mujeres y niños. Este tipo de actuación no está de acuerdo con la filosofía de las instituciones armadas”.</p>
<p>En Estados Unidos, luego de las publicaciones, a los dos autores de las notas los acusaron de inventar las historias con el interés de favorecer a la guerrilla salvadoreña. En ciernes estaba la aprobación del Congreso estadounidense para incrementar la ayuda militar a El Salvador.</p>
<p>Aunque al público el gobierno de Estados Unidos negaba las masacres, en enero de 1981 varios cables diplomáticos entre San Salvador y Washington ya planteaban lo contrario.  Esos cables, ahora desclasificados, muestran cómo la información que el entonces embajador de Estados Unidos, Deane Hinton, transmitía a Washington, fue en escalada progresiva. “No se puede probar ni descartar la violencia contra civiles. La guerrilla no hizo nada para desalojar la zona. Civiles murieron durante la Operación Rescate pero no hay evidencias de que fueran masacrados por el ejército de El Salvador. El número de civiles muertos no se acerca ni por asomo al número descrito por otros reportes internacionales”, decía en un primer cable, en enero de 1981.<br />
Luego, en otro memorando, ya ofrecía una versión de lo que pudo haber ocurrido: “La población estimada del Mozote durante la masacre era de unos 300 habitantes. Batallón Atlacatl condujo la operación rescate del 6 de diciembre al 17 de 1981. La guerrilla conocía la existencia de la operación desde el 15 de noviembre. Los civiles que estuvieron presentes durante la operación y las batallas con la guerrilla podrían haber resultado muertos”.</p>
<p>Antes de que el Times y el Post informaran al mundo de las masacres, a El Salvador, solo la clandestina Radio Venceremos, voz de la guerrilla, la contó.</p>
<p>En la segunda mitad de diciembre del 81, los periódicos de El Salvador solo reportaron lo que informaba el ejército salvadoreño.</p>
<p><strong>La Prensa Gráfica, 10 de diciembre de 1981. </strong>(…) Felicidad. Miles de campesinos acuden a saludar a las tropas que están llegando a las zonas que durante varios meses han sido amenazados por los grupos extremistas.</p>
<p><strong>La Prensa Gráfica, 19 de diciembre de 1981. </strong>(…) La Fuerza Armada ha considerado como exitosa la Operación Rescate, tanto en el aspecto militar como en el social, ya que miles de campesinos que huyeron del terror que habían implantado los extremistas están regresando paulatinamente a sus terrenos o casas, para rehacer su vida.</p>
<p><strong>Diario Latino, 30 de diciembre de 1981. </strong>(…) Afirman que los grupos terroristas han dejado de funcionar con la que lo venían haciendo desde hace algunos días, debido a que se la ha causado una considerable cantidad de bajas entre sus militantes.</p>
<p>Para cuando Pedro Chicas, Rufina Amaya y Juan Bautista pusieron la denuncia, nueve años más tarde, la masacre de El Mozote seguía sin existir. El juez de la causa, Federico Portillo, quería que siguiera sin existir. Los fiscales del caso querían que siguiera sin existir. Sin embargo, dos años después, todo cambiaría, cuando los sobrevivientes se reencontraron, por primera vez, con los huesos de todas sus víctimas.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>***</strong></p>
<p>Las inspecciones fueron más rápidas de lo que debieron haber sido.</p>
<p>Rufina Amaya descubrió los huesos de El Mozote el 27 de mayo de 1992. Lo que había contado era cierto. Que los soldados habían asesinado a cientos de niños era cierto. Que habían violado y asesinado a las mujeres más jóvenes en el cerro La Cruz era cierto. Que habían metido ancianos y ancianas en el convento, adonde los masacraron, era cierto. Que habían matado a su marido y a sus cuatro niños era cierto. Cristino, el mayor de esa camada, tenía nueve años; María Isabel, la menor, ocho meses.</p>
<p>Todo lo que Rufina Amaya gritó, muchos años antes, cuando el mundo le dio la espalda, era cierto.</p>
<p>Semanas más tarde, un hombre esperó ansioso a que unos forenses argentinos desenterraran a los suyos. Mientras lo hacían, en su cabeza navegaba el recuerdo de cuando se arrastró, a gatas, para ver cómo habían fracasado sus familiares. Cuando uno de los forenses sustrajo del agujero una muñequita, Sotero Guevara sintió como si esa muñequita fuera Catalina, su hija, el cuerpo que él alumbró con una lámpara durante las noches del 11 y 12 de diciembre de 1981. “Era colochita, bien bonita la  muñequita. Me había costado cincuenta centavos. Cuando la vi… ¡Ay Dios! Entonces sí me quebré, mire. Le dije: con su permiso, pero yo me voy a retirar a meditar… y me fui por ahí, a esconderme detrás de un palo”.</p>
<p>En esa exhumación también participó Pedro Chicas, que enseñó dónde estaban sus muertos. Luego dijo que podía enseñar más enterramientos, pero el juez del caso se enojó, ya no quería ver más restos, y lo suspendió todo a las 3:30 de la tarde.</p>
<p>Antonio Pereira se reencontró con los suyos dos meses después, y de nuevo sintió aquel nudo que alguna vez le apretó el pecho, más fuerte, más fuerte, más fuerte, cuando recordó la última vez que vio a su mujer y sus hijos, cuando marchaban, con el pelotón apuntándole sus cañones,  hacia la casa donde vivía la familia de un hombre ciego.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>***</strong></p>
<p><img src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/Foto-03.jpg" alt="" title="" width="350" height="235" class="right" />Las masacres de inicios de diciembre de 1981 se extendieron en un radio tan amplio que llegaron hasta una cueva del Cerro Ortiz, en donde se refugiaron algunos sobrevivientes, hasta que los soldados los ubicaron y les lanzaron granadas. Los soldados también llegaron hasta Cerro Pando, el día 13, y ahí acabaron con una comunidad, compuesta en su gran mayoría de familias evangélicas, que se resguardaron adentro de un templo, donde oraban, pidiéndole a Dios que las salvara.</p>
<p>Pero Dios no atendió los ruegos y ahí dejó, que se murieran, orando, mientras los soldados les disparaban.</p>
<p>En las inspecciones y exhumaciones que se realizaron entre 1992 y 1993, a identificar esa masacre llegaron otros sobrevivientes, a los que Juan Bautista conoció mejor en la repatriación de 1989.</p>
<p>Pero las masacres se extendieron en un radio tan amplio, que muchos sobrevivientes nunca han sido escuchados, porque nadie supo de ellos antes o después del paso del ejército por la zona.<br />
Ese es el caso de Anatolio Argueta, un hombre que cuando niño, a los 11 años, se quedó solo en el mundo, porque el ejército le mató a todo: tíos, primos, hermanos, hermanas, sobrinos, abuelos, padres… A 50 parientes le mataron.</p>
<p>Anatolio solo se salvó porque fue un mal hijo, que desobedeció a su padre y se fue con unos primos a ver qué era eso de las escuelas de menores que los guerrilleros estaban inaugurando en unos montes alejados del cantón. Tres días después masacraron a su familia, y hasta muchos días después le llegó a él la noticia.</p>
<p>Lo que más le impresionó a Anatolio cuando regresó a su caserío fue que los zopilotes y los perros habían devorado casi todos los cuerpos. “Solo una niña estaba enterita, porque la mataron en una hamaca, y ahí no la alcanzaban los animales”.</p>
<p>A partir de ese día, Anatolio Argueta se hizo dos promesas: que entonces sí se haría guerrillero, para buscar justicia en la venganza, y que nunca más pondría un pie en la que era su casa. La segunda no la cumplió, porque en un tablón donde antes estaba su casa nos cuenta su historia, 30 años después. La primera tampoco la cumplió porque cuando en la guerra entendió que se estaban matando entre hermanos la venganza ya no tenía sentido.</p>
<p>Por eso, Anatolio Argueta, ahora pide justicia para él y sus familiares.</p>
<p>En ese mismo cantón, Domingo Tobar, un ex soldado que meses antes de las masacres se había convertido en guerrillero, también perdió a su familia. A su mujer, a sus hijos, a sus padres y hermanos. Todo eso le duele a Domingo Tobar, pero lo que más le duele es que 30 años después, sigue sin saber qué le pasó a su bebé de nueve meses. Porque de la bebé no encontró rastros, y eso, ignorar si está viva o está muerta, lo sigue torturando 30 años después… Domingo Tobar sigue buscando el rastro de lo que podría ser un fantasma.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>***</strong></p>
<p><img src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/Foto-04.jpg" alt="" title="" width="350" height="235" class="left" />Durante las inspecciones, Juan Bautista también recorrió de nuevo el camino que lo llevó hasta Jocote Amarillo, donde casi muere, por desprevenido, junto a toda su familia,  en la mañana del 13 de diciembre de 1981. En los días de las inspecciones, en 1992, Juan Bautista también guió otra expedición.</p>
<p>11 años atrás, después de que intentó sin éxito identificar los restos que había en el terreno de la familia Márquez, en las afueras de El Mozote, cerca de un árbol de manzano, Juan Bautista se topó con un guerrillero que custodiaba la zona. El guerrillero estaba al pie del cerro La Cruz.</p>
<p>Armado, le cercó el paso y le dijo que se retirara, que no iba a dejarlo entrar al caserío, porque era demasiado lo que había ahí, y aunque quisiera, no lo iba a poder soportar.</p>
<p>Juan Bautista, aunque enojado, no tuvo más remedio que aceptar, porque cuando intentó acercarse al terreno de la familia Márquez no soportó la hedentina.</p>
<p>Entonces se le ocurrió que su familia podía haber fracasado en Ranchería, otro caserío cercano a El Mozote, donde de haber huido antes de la masacre, pudo haberse refugiado su mamá.<br />
11 años después, en los días de las inspecciones, Juan Bautista reencontró en Ranchería a sus 19 cadáveres, tal cual y adonde los había dejado la primera vez.</p>
<h2>Capítulo 7. Los verdugos que nunca existieron</h2>
<p>Por la calle negra que atraviesa el departamento de Morazán, patrullan hoy unos soldados que en la solapa cargan, bordado, el nombre del comandante que dirigió todas las masacres de El Mozote.</p>
<p>En nada tienen que ver esos soldados de hoy, con los soldados de hace 30 años. Pero mucho tienen que ver con la ironía, la burla, la demostración de poder del ahora.</p>
<p>“Tercera Brigada de Infantería, teniente coronel Domingo Monterrosa Barrios”, se llama el regimiento que domina toda la zona oriental del país. Ese es el nombre que llevan bordado en la solapa los soldados.</p>
<p>Los verdugos que no existieron siempre fueron –y han sido-“héroes” para un ejército y un país que le temen verse frente al espejo de la historia.</p>
<p>El primero en llamarlos así fue el ministro de Defensa de aquellos días, José Guillermo García. La Prensa Gráfica reportó el 17 de diciembre de 1981, cuatro días después de finalizadas las masacres, que José Guillermo García calificaba como “verdaderos héroes” a los soldados que arriesgaban su vida en las montañas de Morazán, para librar al país de la guerrilla.</p>
<p>Tres años más tarde, el 23 de octubre de 1984, Domingo Monterrosa murió luego de un atentado explosivo de la guerrilla, ocurrido en el municipio de Joateca, en las montañas de Morazán. La guerrilla activó una bomba en el helicóptero en que viajaba el comandante, junto a otros oficiales, periodistas de la Fuerza Armada y unos sacerdotes castrenses.</p>
<p>Un día después,  la Asamblea Legislativa declaró duelo nacional. Tres días de duelo nacional: uno, dos, tres…</p>
<p style="text-align: center;"><strong>***</strong></p>
<p><img src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/Foto-05.jpg" alt="" title="" width="350" height="235" class="right" />¿Sí existieron? ¿Sí existen? Los oficiales denunciados por la Comisión de la Verdad y por Tutela Legal del Arzobispado sí existen, sí existieron. La gran mayoría eran oficiales graduados con honores, expertos en guerra, entrenados en la Escuela de las Américas.</p>
<p>Lo que no existe, o quieren hacer creer que no existe, es un registro de las actividades realizadas por cada uno de ellos en las fechas de las masacres. Ni de ellos ni de las tropas de San Miguel, San Francisco Gotera, más los comandos del Batallón Atlacatl que lideraron las masacres.</p>
<p>A los militares que han dirigido a la Fuerza Armada de El Salvador, durante los últimos 30 años, sus jefes, civiles, siempre les han creído que esos archivos no existen.</p>
<p>Por ejemplo, el 21 de julio de 1992, el juez Federico Portillo pidió a la Presidencia de El Salvador que informara de los operativos realizados por el ejército, en los días de las masacres, en el departamento de Morazán.</p>
<p>En respuesta, Óscar Santamaría, entonces ministro de la presidencia del gobierno de Alfredo Cristiani, contestó:</p>
<p>“Al revisar el libro de registro de operaciones militares que lleva el Ministerio de Defensa, no se encontró orden militar alguna para realizar operativos militares durante el mes de diciembre de 1981 en la zona de Meanguera, departamento de Morazán, ni antecedentes de ninguna clase que se relacionen con la supuesta operación militar”.</p>
<p>Esa respuesta se incluyó como ejemplo, por parte del Estado salvadoreño ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, para rechazar los alegatos de los demandantes, quienes aseguran que no se las ha hecho justicia. El Estado salvadoreño asegura que sí, que el caso ya fue juzgado.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>***</strong></p>
<p>El 1 de septiembre de 1994, el juez Federico Portillo aplicó al caso de las masacres de El Mozote la ley de amnistía de 1993. Lo cerró. ¿Pero a quién aplicó la amnistía, si los militares que perpetraron las masacres nunca existieron, porque según la Fuerza Armada los archivos de esos operativos no existen? ¿A quién hizo responsables, si no había -no hay aún- forma de comprobar que los denunciados estuvieron ahí?</p>
<p>Aunque el operativo sí existió, los verdugos no existieron, porque alguien quiere que así sea.</p>
<p>Pero los denunciados sí existieron. Siguen ahí, con una vida normal. El Faro encontró a uno el pasado octubre, y aunque no quiere hablar, no niega nada acerca de las masacres.</p>
<p>En sus informes, Tutela Legal del Arzobispado incluyó el nombre del subteniente Luis Ángel Pérez Reyes, como comandante de una sección del Batallón Atlacatl al momento de la masacre.</p>
<p>Pérez Reyes llegó a coronel en su carrera militar, y ahora trabaja como gerente de la alcaldía de Santa Rosa de Lima, en La Unión. Se molestó el coronel cuando El Faro, vía telefónica, le preguntó por la masacre en la que participó.</p>
<p>“No estoy interesado en hablar”, dijo el coronel. “Eso pasó hace mucho tiempo ya”, se escudó el coronel. “¡No tengo tiempo!”, gritó el coronel. “Tal vez en otro momento la llega a leer usted (mi versión) en algún libro”, terminó el coronel, antes de colgar el teléfono.</p>
<p><img src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/Pintada-que-apareció-en-el-caserío-El-Mozote-después-de-perpetrada-la-masacre-del-11-de-diciembre-de-1981.jpg" alt="" title="" width="350" height="235" class="left" />El caso de las masacres de El Mozote ya no está en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, sino en la máxima instancia de justicia continental: la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Eso porque el gobierno civil siempre le ha creído a sus militares, porque ni la Fiscalía ni el juez fueron a secuestrar los archivos militares de la época, en lugar de pedirlos prestados. A menos que algo diferente ocurra, las masacres de El Mozote seguirán en la impunidad. A menos que ocurra algo más que pedir perdón a las víctimas por parte del Estado.</p>
<h2>Capítulo 8. Las despedidas</h2>
<p>Pedro Chicas está sentado en una banca y se siente humillado. Durante 20 años ha liderado en la fase judicial las peticiones de justicia para las víctimas de la masacre, y le enoja presentir que se acerca la hora para que él claudique. A Pedro Chicas se le está acabando el tiempo.</p>
<p>Pedro Chicas está sentado en una banca de su casa, dispuesto a dar su testimonio, pero no lo puede dar. Un cáncer en la garganta le ha ido cortando el habla poco a poco, y ahora apenas y puede pronunciar monosílabos.</p>
<p>Los viejos ya están viejos, y no faltará mucho para que guarden silencio y dejen de contar sus historias para siempre. Rufina Amaya falleció hace cuatro años, el 20 de mayo de 2007, sin ver justicia.</p>
<p>Los viejos ya están viejos, y delgados. Juan Bautista, Sotero Guevara, Antonio Pereira y Pedro Chicas han perdido los músculos, y ahora son piel que se pega cada vez más a sus huesos.</p>
<p>Pedro Chicas se frota las manos, ladea la cara, carraspea, mientras una muchacha lee un papel y dice que su nombre es Pedro Chicas, y que lo que tiene que contar es que el 10 de diciembre… Pero la muchacha no es Pedro Chicas, porque Pedro Chicas está a su lado, escuchando aquello que tanto quiere decir, las veces que sean necesarias. Pero no puede.</p>
<p>Somos salvajes, porque queremos que Pedro Chicas hable, que su voz quede grabada en el vídeo, en el audio, y le disparamos una pregunta.<br />
Entonces Pedro Chicas, con el poco aire que le permite pasar su garganta, devuelve cuatro enfáticos gemidos:</p>
<p>“¡Que se haga justicia!”</p>
<p style="text-align: center;"><strong>***</strong></p>
<p><img src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/Foto-06.jpg" alt="" title="" width="350" height="235" class="right" />En la casa de Orlando Márquez ya nadie está viendo el televisor. Se acabaron las carreras y la nieta de Orlando, Idalia, corretea por el patio, mientras Míriam bromea con sus invitados, porque a sus invitados se los están comiendo los jejenes.</p>
<p>Orlando Márquez aún no se va hacia la milpa, en donde ha dejado embalada la corta de la temporada, porque espera que le terminen de preparar la comida del siguiente día. Dice que tiene que ir a acampar porque últimamente en la zona se han estado robando las siembras.</p>
<p>Juan Bautista asiente, y le dice que dentro de poco él también tendrá que hacer lo mismo con su milpa, que todos los días llega a cuidar en unos terrenos que tiene cerca de El Mozote. Se lamenta también por lo caro del transporte, y rememora aquellos años, los de antes de las masacres, con un “antes no era así esto”.</p>
<p>En eso, Míriam Núñez se para en la puerta del cuarto y llama a Juan Bautista porque quiere enseñarle una foto. Es una fotografía viejísima, de más de 30 años. En el retrato se ve cómo eran Agustina, Edith y Yesenia antes de convertirse en los huesos que hoy están en el saco. Detrás de Míriam, los huesos de sus suegros y de sus pequeños cuñados ya están descansando de nuevo en una silla de plástico.</p>
<p>—El único que hace falta es don Santos y José. De ellos no tenemos fotos –dice Míriam.</p>
<p>En la imagen aparece una Agustina alta, blanca y de semblante serio. Su hija Edith es pequeña, pero no tanto como Yesenia. Y Yesenia me mira directo a los ojos mientras descansa para siempre en los brazos de su madre.</p>
<blockquote><p><strong>*Nota de la redacción:</strong> El lunes 28 de noviembre de 2011, el Juzgado Segundo de Primera Instancia de San Francisco Gotera ordenó la exhumación de los restos sin rescatar bajo los cimientos de la casa de Orlando Márquez. Los forenses del Instituto de Medicina Legal no solo encontraron más restos de los padres y hermanos de Orlando, sino también los huesos de otras siete personas.</p></blockquote>
]]></content:encoded>
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		<title>UDP lanza libro con casos reales de “Los Archivos del Cardenal”</title>
		<link>http://ciperchile.cl/2011/12/13/udp-lanza-libro-con-casos-reales-de-%e2%80%9clos-archivos-del-cardenal%e2%80%9d/</link>
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		<pubDate>Tue, 13 Dec 2011 20:07:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>CIPER</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blog]]></category>
		<category><![CDATA[Derechos Humanos]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>

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		<description><![CDATA[Escalofriantes episodios de violaciones de derechos humanos en dictadura, como los casos de los cuerpos hallados en Lonquén y el asesinato de Tucapel Jiménez, fueron retratados en la serie de ficción “Los Archivos del Cardenal” transmitida por TVN y, de forma paralela, reporteados por investigadores de la Universidad Diego Portales y periodistas de CIPER. Este jueves 15 el libro que recopila esas investigaciones será lanzado con el DVD de la serie, en el Museo de la Memoria. ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Con el título &#8220;Los Archivos del Cardenal. Casos Reales&#8221;, el próximo jueves 15 de diciembre se lanzará el libro que reúne 18 investigaciones periodísticas realizadas por la Escuela de Periodismo de la Universidad Diego Portales (UDP) en colaboración con CIPER, sobre los casos de violaciones a los derechos humanos y el trabajo de la Vicaría de la Solidaridad que inspiraron la serie de ficción &#8220;Los Archivos del Cardenal” transmitida por TVN. </p>
<p>La presentación del libro se realizará en el Museo de la Memoria y Los Derechos Humanos (Matucana 501) a las 19:15 horas, con entrada liberada, y contará con la participación del rector de la UDP, Carlos Peña, y el director del Centro de Estudios Públicos (CEP), Arturo Fontaine. El libro estará disponible junto al DVD de la serie televisiva.</p>
<p>El equipo fue encabezado por los investigadores de la UDP Andrea Insunza y Javier Ortega, y contó con la participación de la directora de CIPER Mónica González; los periodistas de CIPER Francisca Skoknic y Juan Cristóbal Peña; y de las periodistas Alejandra Matus y Ana María Sanhueza. Además, su sumaron a las investigaciones los estudiantes de periodismo Daniel Arrieta, Javiera Matus y Jordan Jopia.</p>
<p>A partir de julio pasado y de forma paralela a la transmisión de la producción televisiva , el equipo del Centro de Investigación y Publicaciones de la Facultad de Comunicación y Letras de la UDP publicó semana a semana en un <a href="http://www.casosvicaria.udp.cl/"target="_blank">sitio web especial</a>, reportajes sobre los episodios reales que inspiraron la serie de ficción.</p>
<p>Las investigaciones incluidas en el libro son las siguientes:</p>
<p>•	<strong>Lonquén: el fin del adjetivo «presunto»</strong>, Alejandra Matus<br />
•	<strong>El saludo del MIR a la bandera</strong>, Alejandra Matus<br />
•	<strong>La peña que nunca terminó</strong>, Andrea Insunza<br />
•	<strong>El COVEMA y la monja misteriosa</strong>, Alejandra Matus<br />
•	<strong>El debut de Corbalán</strong>, Alejandra Matus<br />
•	<strong>Las imperdonables</strong>, Alejandra Matus<br />
•	<strong>El Fanta: las razones de un verdugo</strong>, Francisca Skoknic<br />
•	<strong>Lo Curro: un cuartel familiar</strong>, Juan Cristóbal Peña<br />
•	<strong>Las armas químicas de Pinochet</strong>, Mónica González<br />
•	<strong>Conejillos de Indias</strong>, Alejandra Matus<br />
•	<strong>El miedo a Tucapel</strong>, Alejandra Matus<br />
•	<strong>Un crimen para encubrir otro</strong>, Ana María Sanhueza<br />
•	<strong>El hombre que olía a muerte</strong>, Andrea Insunza y Javier Ortega<br />
•	<strong>Confesiones de un agente</strong>, Mónica González<br />
•	<strong>Un padre desesperado</strong>, Daniel Arrieta y Javiera Matus<br />
•	<strong>La victoria de la CNI sobre el MIR</strong>, Alejandra Matus<br />
•	<strong>La muerte llega a la vicaría</strong>, Andrea Insunza y Javier Ortega<br />
•	<strong>El hombre tras Ramón Sarmiento</strong>, Alejandra Matus</p>
]]></content:encoded>
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		<title>El homenaje y funa a Krassnoff, capturado por el lente de Kena Lonrenzini</title>
		<link>http://ciperchile.cl/2011/11/23/el-homenaje-y-funa-a-krassnoff-capturado-por-el-lente-de-kena-lonrenzini/</link>
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		<pubDate>Wed, 23 Nov 2011 17:30:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>CIPER</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blog]]></category>
		<category><![CDATA[Derechos Humanos]]></category>

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		<description><![CDATA[El lunes 21 se realizó en el Club Providencia el homenaje a Miguel Krassnoff, ex agente de la DINA condenado 144 años de cárcel por asesinatos y torturas. La destacada fotógrafa Kena Lorenzini, vicepresidenta de la Corporación Humanas, retrató la llegada de los invitados y la indignación de cientos de ciudadanos, algunos de los cuales decían haber sido víctimas de Krassnoff. <a href="http://lorenzinilorenzinikena.blogspot.com/"target="_blank">En su blog</a> Lorenzini acotó, sobre este registró: “Ciudadan@s hicieron el trabajo que correspondía a los poderes LEGISLATIVO y EJECUTIVO... dicho esto, me callo. Que este fragmento fotográfico hable por sí mismo”.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><object classid="clsid:D27CDB6E-AE6D-11cf-96B8-444553540000" width="620" height="503" id="soundslider"><param name="movie" value="http://ciperchile.cl/SLIDES/funa_labbe/soundslider.swf?size=1&#038;format=xml" /><param name="allowScriptAccess" value="always" /><param name="quality" value="high" /><param name="allowFullScreen" value="true" /><param name="menu" value="false" /><param name="bgcolor" value="#FFFFFF" /><embed src="http://ciperchile.cl/SLIDES/funa_labbe/soundslider.swf?size=1&#038;format=xml" quality="high" bgcolor="#FFFFFF" width="620" height="503" menu="false" allowScriptAccess="always" allowFullScreen="true" type="application/x-shockwave-flash"></embed></object></p>
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		<title>La liberal expresión de Labbé</title>
		<link>http://ciperchile.cl/2011/11/17/la-liberal-expresion-de-labbe/</link>
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		<pubDate>Thu, 17 Nov 2011 18:56:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Domingo Lovera Parmo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Derechos Humanos]]></category>

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		<description><![CDATA[En los años 60 la corte suprema de Estados Unidos defendió la libertad de expresión del grupo racista del Ku Klux Klan que propala  ideas en contra  de los negros y los judíos. Por el contrario, varios países europeos condenan hoy las manifestaciones de nazismo y prohíben los homenajes a Hitler y a sus criminales ¿De cuál de estos dos casos está mas cerca el homenaje a Miguel Krassnoff promovido por el alcalde de Providencia, Cristián Labbé? El abogado Domingo Lovera analiza un tema que apunta a conceptos básicos de la democracia.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote>
<p style="text-align: right;"><em>“Mi canto es una cadena sin comienzo ni final,<br />
y en cada eslabón se encuentra el canto de los demás.”</em><br />
<strong><em>VÍCTOR JARA</em><em></em></strong></p>
</blockquote>
<p><em></em><em>1. Hacia el final de los años 60s, la Corte Suprema de los Estados Unidos defendió la libertad de la KKK – un grupo de personas que promueven la supremacía del blanco, la raza caucásica – a expresar discursos de odio. Tal y como se lee <a href="http://www.kkk.com/" target="_blank">hoy en su sitio web</a>, ellos y ellas resisten lo que, a sus ojos, es “la guerra contra los blancos”. Entonces, una serie de encuentros desarrollados por la agrupación habían servido de campo fértil para dirigir discursos ofensivos en contra de afrodescendientes y judíos, entre otros grupos: “los negros deben devolverse al África, los judíos a Israel,” se reporta en los expedientes del caso </em><em>Brandenburg v. Ohio</em>, 395 U.S. 444 (1969) p. 447.</p>
<p>¿Cómo justificó su decisión la Corte Suprema? En su concepto, la libertad de expresión defiende la manifestación de ideas y opiniones, salvo cuando logre acreditarse que, por medio de ellas, se incita directamente a la comisión de actos ilegales o es muy probable que así ocurra. Cuando alguna ley, ordenanza o autoridad impide la manifestación de ideas sin tener en cuenta el criterio del daño inminente y real – el criterio que utilizó la Corte – entonces hay una afectación indebida de la libre expresión que debe repararse.</p>
<p>2. Una protección similar reclama por estos días el alcalde Labbé. Como es de público conocimiento, el alcalde estimó prudente realizar (asistir, promover, participar en) un homenaje al brigadier Miguel Krassnoff, agente de tortura del régimen dictatorial de Pinochet. Frente a los reclamos del mundo sensible a las violaciones cometidas durante la dictadura – lamentablemente, en Chile, no se trata de un repudio transversal – el profesor de ciencias políticas (como firma a veces el coronel (r) Cristián Labbé) aseguró que se trata, sencillamente, del ejercicio de la libertad de expresión.</p>
<p>¿El homenaje a un agente de tortura del régimen dictatorial, puede ser considerado libertad de expresión, como reclama Labbé? A la luz de la doctrina liberal, con la cual comulga la decisión de la Corte Suprema de los Estados Unidos antes parafraseada, desde luego. El acto de Labbé, en que se debe celebrar y repasar el historial de torturas del festejado, mientras de fondo deben sonar marchas y los huasos quincheros, no presenta una amenaza real y cierta – como advertía la Corte de <em>Brandenburg</em> – que sus asistentes vayan a salir a mantener vivo el legado de violaciones (actos ilegales) que dejó la dictadura. Frente a la ausencia de tales pruebas, debe prevalecer la libertad de expresión.</p>
<p>3. Sin embargo, no es ésta la única forma en que puede concebirse la libertad de expresión. En una república democrática, donde cada uno de sus miembros es titular de igual dignidad, la libertad de expresión resulta ser corolario de la igual agencia moral que se nos reconoce a cada uno y una de nosotras. Esa agencia moral es la que nos habilita para participar en la formación del discurso público, discurso frente al cual el Estado no es insensible y que, por eso, amplía el ideal de autogobierno. Por ello es que hay que poner atención y mirar con fuerte sospecha los intentos por restringir la libre expresión. Porque cuando se niega la libertad de expresión a ciertos grupos – como quiere hacerse con las restricciones a la protesta – se desconoce la igual agencia moral de esas personas para tomar parte en la formación de la opinión pública.</p>
<p>Pero lo mismo ocurre cuando, a pretexto de estar ejerciendo la libertad de expresión, se busca promover la negación misma de la agencia moral que la justifica, esto es, cuando se pretende negar el valor de la vida de todas y todos quienes conformamos la comunidad. Por ello es que en una república respetuosa de la igual agencia moral de sus integrantes, la negación de dicha dignidad debe ser motivo de repudio. Esto es lo que ocurre, por ejemplo, en algunos países de Europa, donde el discurso de apología o negación del régimen nazi es duramente castigado.</p>
<p>4. La apología a los crímenes cometidos por la dictadura de Pinochet – como pretende serlo un homenaje a un asesino de lesa humanidad – no pueden ser ejercicio de libertad de expresión y se sitúan fuera de los valores que, como comunidad, compartimos. No puede configurarse como ejercicio de libertad de expresión la reivindicación del terror dictatorial y la eliminación sistemática de parte de los miembros de nuestra comunidad. No puede ser ejercicio de libertad de expresión la celebración de la erradicación, ya no solo del discurso público, sino del mundo de aquellos y aquellas que fueron perseguidas por la dictadura.</p>
<p>Cuando aceptamos que la libertad de expresión puede servir para justificar la celebración de la perpetración sistemática de crímenes, entonces la libre expresión, que se justifica en la igual dignidad, sirve de herramienta para negar la agencia moral y pertenencia a la comunidad de otros y otras. Sirve, a fin de cuentas, a perpetuar la misma exclusión de que fueron objeto miles de personas durante la dictadura. Claro que, entonces, el dicho que predica que la palabra es más fuerte que la espada sonaba a puro sinsentido.</p>
]]></content:encoded>
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		</item>
		<item>
		<title>Asesinato de Jaime Guzmán: Oscuros secretos de la transición chilena salen a la luz</title>
		<link>http://ciperchile.cl/2011/10/05/asesinato-de-jaime-guzman-oscuros-secretos-de-la-transicion-chilena-salen-a-la-luz/</link>
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		<pubDate>Wed, 05 Oct 2011 14:00:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cristóbal Peña</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reportajes de Investigación]]></category>
		<category><![CDATA[Derechos Humanos]]></category>

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		<description><![CDATA[En la Dirección de Inteligencia del Ejército (DINE) lo conocían como Gustavo Benedetti. Su verdadero nombre: Lenin Guardia, “un informante que me entregaba todos los trabajos a mí o a mi secretario”, afirmó su agente controlador, el coronel Raúl Rojas Nieto, quien dijo que la relación se inició en 1987, cuando el futuro asesor de inteligencia del gobierno de Aylwin tejía vínculos privilegiados con la jefatura del FPMR. Más tarde advirtió al Ejército del crimen de Jaime Guzmán. ¿Para quién trabajaba realmente Lenin Guardia? Esta historia devela una oscura conjunción de intereses que urge desentrañar.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>A Raúl Ernesto Rojas Nieto le quedaba una última carta que jugar. Una carta que rompía su lealtad al Ejército pero lo salvaba de caer en contradicciones ante la justicia. A fines de 2010, al declarar en el proceso judicial por el asesinato de Jaime Guzmán, el ex coronel y agente de la Dirección de Inteligencia del Ejército (DINE) había reconocido que uno de sus informantes estrella le había prevenido del atentado del que sería objeto en 1991 el senador y líder de la UDI por parte del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR). A ese informante lo conocía como <strong><em>El Noruego</em></strong>.</p>
<p>El agente Rojas Nieto no habló por iniciativa propia. Habló porque no le quedó otra opción cuando sólo días antes, el que fuera su superior y jefe máximo de la DINE, general (r) Hernán Ramírez Rurange, le contó al juez Mario Carroza que la información que hizo llegar oportunamente al general Augusto Pinochet, quien quedó de alertar al senador, le había sido proporcionada por el coronel Rojas Nieto. Este último admitió el hecho, pero en su primera declaración judicial aseguró no recordar el verdadero nombre de <strong><em>El Noruego</em></strong>. Entonces, como el juez programó un careo entre los dos militares, Rojas Nieto le mandó a decir que quería volver a declarar. </p>
<p>Raúl Rojas Nieto había recobrado la memoria.</p>
<p>En su segunda declaración judicial, el coronel (r) Rojas dijo que <strong><em>El Noruego</em></strong>, a quien también conocía por el apodo de Gustavo Benedetti, no era otro que <strong>Lenin Gilberto Guardia Basso</strong>. “Un informante de la DINE que me entregaba todos los trabajos a mí o a mi secretario personal”, detalló el ex agente DINE, quien agregó que “para tener calidad de informante se requiere de un periodo de tiempo anterior importante. Por ejemplo, yo llegué el año 1987 a la Dirección y pienso que él (Guardia) debe haber estado antes”.</p>
<p><img src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/Lenin-Guardia.jpg" alt="" title="" width="231" height="350" class="right" />Aunque Guardia negó tener calidad de informante, pues se definió como “una persona que se dedica a realizar análisis de la contingencia, todo ello de manera independiente”, sí reconoció ante el juez Carroza que “mantenía conversaciones de análisis” con personal de la DINE. Conversaciones y negocios. Todo mientras asesoraba en materias de seguridad al subsecretario de Interior del gobierno de Aylwin, Belisario Velasco. 	</p>
<p>Pero sus contactos iban todavía más lejos. En el mismo proceso judicial por la muerte de Jaime Guzmán, un alto jefe de la Central Nacional de Informaciones (CNI) aseguró que al menos desde fines de los ‘80 Lenin Guardia mantenía contactos con la comandancia del FPMR. Esos contactos plantean un escenario perturbador. Si el Ejército de la época tenía acceso a la comandancia del FPMR, bien pudo inducir algunas de las acciones subversivas de mayor impacto político. </p>
<h2>APRECIO MUTUO</h2>
<p>El mismo Lenin Guardia contó alguna vez que el fallecido general Herman Brady Roche, que para 1973 era comandante de la Guarnición de Santiago, intercedió a su favor para conseguir que saliera sano y salvo del país tras el Golpe de Estado. El militante del Partido Socialista, hijo de padres comunistas y con un pasado en el MIR, se estableció en Francia y más tarde en Cuba y Alemania Oriental. En Europa fue allegado a Carlos Altamirano, lo que según el asesor le generó enemistades con sus correligionarios. </p>
<p>En su última declaración ante el juez Carroza, Guardia recordó que en los días posteriores al retorno de la democracia, Osvaldo Puccio lo recomendó ante Enrique Krauss como asesor en seguridad. Sin embargo, su cercanía con Altamirano –afirmó- habría significado el veto de Marcelo Schilling y otros militantes socialistas que poco más tarde lideraron el combate a la subversión. “A pesar de ello soy llamado a trabajar con Belisario Velasco, lo que me vale una pugna con el resto de los socialistas que forman parte de la Oficina”, testificó a fines de 2010.</p>
<p>La Oficina era el nombre coloquial con que se conocía al Consejo de Seguridad Pública. Una de las personas que conoció su origen dice que las desconfianzas hacia Guardia no decían relación con su cercanía a Altamirano. Lo que generaba sospechas eran sus vínculos con los servicios de inteligencia del Ejército. En 1985, con motivo del remezón provocado por los tres profesionales comunistas degollados, el asesor coordinó un encuentro celebrado en su casa entre el general Humberto Gordon, entonces mandamás de la CNI, y dirigentes del Partido Comunista. El interés del general era descartar la participación de la CNI en los asesinatos. </p>
<p>El analista nunca aclaró cómo llegó a ganarse la confianza del jefe de la CNI. Lo que está fuera de dudas es que entre ambos había una relación de aprecio mutuo. En 2001, cuando Lenin Guardia cayó detenido por el caso de las cartas bombas, la policía encontró tres revólveres. Uno de ellos le había sido obsequiado por el general Gordon. </p>
<h2>LA TARIFA</h2>
<p><img src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/edwards13.jpg" alt="" title="" width="350" height="234" class="left" />A fines de 1991, cuando Cristián Edwards aún se encontraba secuestrado por el FPMR, Lenin Guardia llegó hasta el despacho del subsecretario Velasco con una primicia. Traía el nombre de uno de los secuestradores, Ricardo Palma Salamanca, que además resultó ser uno de los dos pistoleros que disparó contra Jaime Guzmán.   </p>
<p>“Le hice presente a Velasco que me parecía necesario que la información que le daba fuera trabajada por un organismo de investigación policial. Después de eso yo me desligué del asunto”, se lee en la declaración que el analista de inteligencia dio en 1996. </p>
<p>Según un funcionario del gobierno de la época que conoció este capítulo, Guardia puso precio al nombre de Ricardo Palma Salamanca: $30 millones. Un precio justo si se considera que gracias a ese dato la policía pudo resolver los dos casos que marcaron la transición política. Pero muy elevado atendiendo a que el soplo no fue fruto de un trabajo de inteligencia. Al menos no aparentemente. Se lo confidenció su pareja, la psiquiatra Consuelo Macchiavello Forni, quien tenía de paciente a la hermana de Ricardo Palma. </p>
<p>Dubilia María Consuelo Macchiavello Forni era parte de un equipo de profesionales de la Fundación de Ayuda Social de las Iglesias Cristianas (Fasic) que asistía a víctimas de la dictadura. Entre esas víctimas se encontraba Marcela, la hermana de Ricardo Palma.</p>
<p>Desde fines de los ochenta, cuando comenzó a confidenciarle secretos de su vida, Marcela Palma desconocía por completo que su psiquiatra era pareja de un analista de inteligencia de filiación socialista. Es más: ni siquiera había escuchado hablar de Lenin Guardia. Igualmente desconocía que su psiquiatra estaba emparentada con el general Herman Brady Roche por medio de la esposa de este, Inés Macchiavello.  </p>
<p>Brady, ex ministro de Defensa de la dictadura y el único de los generales que tuteaba a Pinochet, fue el mismo oficial de Ejército a quien Lenin Guardia agradeció de haberlo salvado tras el Golpe de Estado. El mismo a quien en sus últimas declaraciones identificó como el hombre que lo vinculó al coronel Rojas Nieto y otros militares de la DINE. Y el mismo con quien se asoció en 1993 para hacer negocios en una empresa formada un año antes junto a otros militares. La sociedad tenía el nombre de <strong>Carlos Durán y Compañía Limitada</strong> y estaba especializada en seguridad. </p>
<p>Herman Julio Brady Roche fue procesado por la desaparición de varias de las personas detenidas el día del Golpe de Estado en La Moneda. Murió a comienzos de este año, tras pasar los últimos dos en estado vegetal. </p>
<h2>JEFE DE JEFES</h2>
<p><img src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/Ricardo-Palma-Salamanca-PDI.jpg" alt="" title="" width="263" height="350" class="right" />Lenin Guardia pudo haber tenido aciertos fortuitos. Datos como el de Ricardo Palma Salamanca que no le demandaron mayor esfuerzo. Pudo también haber mostrado un exceso de amateurismo, presa del nerviosismo y la ambición, como ocurrió en 2001 al ser sorprendido enviando cartas bombas para generar una sensación de inseguridad que perseguía ampliar su campo laboral.  Pero también hay que reconocer que, en su mejor momento al menos, accedió a lo más alto y granado de su especialidad. Que había ahí un trabajo que demandaba esfuerzo y talento. No se explica de otra forma que sus buenos oficios llegaran tanto a la inteligencia del Ejército como a la comandancia del FPMR.</p>
<p>Sobre esto último hay evidencias consistentes en el testimonio judicial que entregó Krantz Bauer Donoso, comandante de la Brigada Azul de la CNI, especializada en el combate al FPMR. Bauer le contó al juez Carroza que en 1989, la CNI siguió los pasos de “un oficial de alta jerarquía en el FPMR, educado en una escuela militar en Cuba y compañero de Galvarino Apablaza”. Este alto oficial se reunió en el Tavelli de Providencia con una mujer que luego de una corta reunión partió a un segundo encuentro. “Cuatro cuadras más allá lo esperaba un auto bonito al cual se sube, y revisada la patente del vehículo su propietario resultó ser <strong>Lenin Guardia</strong>”, contó el ex jefe de la CNI.</p>
<p>El alto oficial del FPMR fue identificado por Bauer Donoso como <strong>Aníbal Maur Sibanik</strong>, “una persona tan importante como (Raúl) Pellegrin” dentro del FPMR y candidato a sucederlo cuando éste fue asesinado tras el asalto al cuartel Los Queñes, en 1988. Precisamente en los días posteriores a ese hecho, la CNI detectó la entrada a Chile de Maur, un ciudadano argentino nacido en 1950 a quien los servicios de inteligencia de la dictadura consideraban el cerebro en las sombras del FPMR. El jefe de jefes. </p>
<p>El mito pudo haber tenido su origen hacia fines de los ’70 en La Habana, cuando Maur Sibanik participó junto a Jacinto Nazar y otros dirigentes del Partido Comunista (PC) chileno en una discusión que impulsó la lucha armada contra la dictadura. Era uno de los oficiales más brillantes de su generación, hijo de un matemático de origen judío polaco que llegó a la Argentina arrancando del nazismo y en 1970, atraído por el ascenso de Allende al poder, se trasladó a Chile junto a su familia. Fue en este país, mientras estudiaba Ciencias en la Universidad de Chile, que Aníbal Maur Sibanik asomó como dirigente comunista. Más tarde, en el exilio en La Habana, fue uno de los primeros militantes del PC chileno en ingresar a las Fuerzas Armadas Revolucionarias. </p>
<p>Desde mediados de los ’80, tras un breve paso por Nicaragua, tuvo a su cargo la estructura de apoyo del FPMR en Buenos Aires. Tenía contacto permanente con la comandancia del FPMR, y en uno de esos contactos la CNI detectó su entrada al país y descubrió el vínculo con Lenin Guardia.</p>
<p><img src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/Anibal-Maur-en-La-Habana-década-70.jpg" alt="" title="" width="350" height="238" class="left" />Aníbal Maur no puede corroborar el hecho. En 2000, mientras conducía un Mazda Miata descapotable por una carretera argentina, perdió el control y se mató. Sin embargo, su viuda confirma hoy que el jefe del FPMR en Argentina tuvo encuentros con el analista de inteligencia. Los tuvo al igual que algunos de los comandantes de la Dirección Nacional del FPMR encabezada por Galvarino Apablaza, artillero como Aníbal y uno de los más cercanos a este. </p>
<p>“Para Aníbal fue una sorpresa volver a verlo tiempo después en televisión”, cuenta la viuda de Maur Sibanik. “<em>Mira,</em> me comentó, <em>ese tipo es el mismo con el que nos reuníamos (en el FPMR)</em>”. </p>
<h2>LA OPORTUNIDAD</h2>
<p>La información sobre Guzmán que Lenin Guardia vendió al Ejército pudo haberla obtenido de primera fuente. Pero también, como dijo él a la justicia, pudo haberla recogida del gobierno de Aylwin, que unas semanas antes del asesinato de Jaime Guzmán recibió un informe de la Dirección de Inteligencia de Carabineros alertando del hecho. El informe estaba basado en el contenido de panfletos firmados por el FPMR que amenazaban con matar a Jaime Guzmán y Manuel Contreras. </p>
<p>En esas fechas, el FPMR tenía otros políticos en la mira a los que también espiaba sus rutinas. Francisco Javier Cuadra era uno de ellos, y en 2010, al reabrirse la investigación por la muerte del senador, aseguró haber sido alertado por el general (r)  Jorge Ballerino del peligro que corría. Ese fue el primero de varios secretos de la transición que comenzaron a salir a luz. El segundo apunta a la responsabilidad de Pinochet en el asesinato de Jaime Guzmán. </p>
<p>Nadie aún ha podido explicar por qué el entonces comandante en jefe del ejército nunca advirtió a Jaime Guzmán del peligro que corría, pese a que se había comprometido a ello cuando el general Ramírez Rurange, jefe de la DINE, le confidenció el dato que trajo Lenin Guardia. </p>
<p>El asesinato de Guzmán ocurrió a la semana siguiente, pocos días después de que el Presidente Aylwin diera a conocer el Informe sobre Verdad y Reconciliación que sentaba una verdad histórica sobre las violaciones a los derechos humanos en dictadura. Como terminarían por reconocer los propios dirigentes del FPMR, la muerte del senador UDI sólo podía favorecer a los intereses de un Ejército que demorará varios años en liberarse de la tutela de Pinochet.  </p>
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		<title>Andrés Valenzuela: Confesiones de un agente de seguridad</title>
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		<pubDate>Fri, 30 Sep 2011 20:48:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mónica González</dc:creator>
				<category><![CDATA[Actualidad y Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Derechos Humanos]]></category>

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		<description><![CDATA[En noviembre de 1984, el régimen militar decretó Estado de Sitio y clausuró las revistas opositoras, entre ellas <em>Cauce</em>. Se buscó impedir la publicación de la entrevista que Mónica González, actual directora de CIPER, le hizo a Andrés Valenzuela (<em>Papudo</em>), suboficial activo de la Fach y agente del Comando Conjunto. En diciembre la publicó <em>El Diario de Caracas</em>, en Venezuela. Esta es la versión del diálogo en que, por primera vez y en plena dictadura, un militar reveló cómo los servicios de seguridad torturaron, asesinaron y desaparecieron a los opositores. Un testimonio que con los años fue confirmado punto por punto en tribunales.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>“Quiero hablar de detenidos desaparecidos” dijo y su voz hizo eco en las paredes. En sus manos estrujaba un ejemplar de la revista <strong><em>Cauce</em></strong>, donde se denunciaban crímenes cometidos en la zona norte de Chile por los mismos servicios de seguridad a los que él hasta ese día <strong>(27 de agosto 1984)</strong> perteneció. Trémulo, ansioso, consciente de la desconfianza que inspiraba, las palabras salían de su boca a borbotones. </p>
<p>Era uno de esos hombres a los que once años de régimen militar transformaron primero en carceleros, luego en torturadores y más tarde en asesinos. “Sin querer queriendo, me fui transformando”, susurró luego de muchas horas, agobiado por el cúmulo de detalles relatados. Cientos de hombres y mujeres pasaron por sus manos, por sus ojos y oídos. Muchos de ellos fueron salvajemente torturados. Hasta la muerte. Otros, despojados de toda dignidad, obligados –al límite de la resistencia- a entregar a sus propios compañeros, fueron luego expulsados a la calle. Hombres sin hueso y sin alma. Una manera diferente de matar. Todos ellos dejaron sus huellas en <strong>Andrés Antonio Valenzuela Morales</strong>, 28 años, miembro de la Dirección de Inteligencia de la Fuerza Aérea de Chile, FACH.</p>
<p>El relato que a continuación se transcribe es un episodio más en una larga historia de once años de violencia, muerte y destrucción. Es una historia simple que involucra a centenares de personas. Muchas de ellas han luchado durante años para que sus familiares –detenidos desaparecidos- regresen algún día con vida. Este relato les cortará las esperanzas para siempre. Una historia simple que retrata en forma descarnada la crueldad de un régimen, el abuso de poder que transformó a campesinos, jóvenes ciudadanos de Chile, en vulgares asesinos al amparo de la autoridad.</p>
<p>Esta es la historia de Andrés Valenzuela y de todos aquellos que hicieron que un día este hijo de campesinos quisiera “volver a ser un humano”. </p>
<p>¿Cuántos murieron sin haber claudicado jamás, sabiendo que su testimonio quedaba en las manos de sus captores asesinos?</p>
<p>Este relato es una prueba fehaciente de que todos esos sacrificios no fueron en vano. De alguna manera cada uno de esos prisioneros aportó para que un día Andrés Valenzuela se decidiera y relatara lo que hasta hoy el régimen militar ha intentado por todos los medios acallar. </p>
<p>Este es el mérito del relato de Andrés Valenzuela. Es el primero que compromete a muchos torturadores, asesinos, responsables de muertes fríamente planificadas. Es el primero también que entrega la verdad sobre algunos detenidos desaparecidos. Es el primero que penetra en el agobio y la desesperanza acumulados en los hombres que dicen representar el poder. Muchos hombres más, como Andrés Valenzuela, esperan algún día tener la valentía de dar un salto y hablar. </p>
<h2>LA PREPARACION</h2>
<p>“Sólo necesito hablar” musitó, mientras extendía su tarjeta de identificación militar (TIFA) número 66.650, válida hasta el 3 de septiembre de 1986.</p>
<p>“Quiero hablarle sobre cosas que yo hice, desaparecimiento de personas…”</p>
<p><strong>-¿Recuerda nombres? </strong><br />
Sí. Los hermanos Weibel Navarrete, por ejemplo…</p>
<p><strong>-Explíquese. Usted está muy nervioso y la carga emocional que ambos tenemos es grande. No será fácil este trabajo pero es necesario que explique y con detalles. Grabaremos todo y después veremos qué se publica. ¿Está de acuerdo? </strong><br />
Me da lo mismo.</p>
<p><strong>-Yo no quiero que a la salida lo maten. </strong><br />
Va a suceder, pero al menos hablé.</p>
<p><strong>-¿Cuándo entró a los servicios de seguridad? </strong><br />
El año 1974. Llegué a hacer el Servicio Militar al Regimiento de Artillería Antiaérea de Colina. Allí seleccionaron personal para llevarlo a la Academia de Guerra de la FACH, en avenida Las Condes. En ese momento estaban terminando los procesos de los prisioneros. Al parecer, a mí los jefes me consideraban vivaracho y por eso creo me sacaron para trabajar en los “grupos de reacción”.</p>
<p><strong>-¿Qué hacían en los grupos de reacción? </strong><br />
Acompañábamos a los que hacían allanamientos.</p>
<p><strong>-¿Quién los seleccionó? </strong><br />
Un instructor cuyo nombre no recuerdo. Pero él no tiene nada que ver porque la selección fue al azar, no más. Fuimos alrededor de 60 conscriptos los seleccionados. Nos dividieron en dos grupos. La mitad se fue a trabajar a la Academia de Guerra; el resto, trabajamos directamente con prisioneros.</p>
<p><strong>-¿En qué lugar? </strong><br />
En los subterráneos de la Academia de Guerra.</p>
<h2>EL PRIMER PRISIONERO</h2>
<p><strong>-¿Usted venía de Papudo? </strong><br />
Sí. De ahí llegué a Colina y luego pasamos a depender de la Fiscalía de Aviación. Nosotros pasamos a los subterráneos, el lugar donde estaban los detenidos. Era la primera vez que veía a un prisionero. Creo que no lo voy a olvidar nunca…</p>
<p><strong>-¿Por qué? </strong><br />
Nos formaron y nos dijeron que lo que íbamos a ver teníamos que procurar olvidarlo y el que hablara algo… Empezaron las amenazas y uno, que era muy joven, se impactaba. Descendimos al sector de la cocina. Bajamos una escalera de caracol, que era como un vértice; había tubos. Me dio la impresión de ir como en un submarino, un barco. Cuando salimos, pasamos cerca de unos baños. Éramos seis o siete hombres que íbamos a relevar a los reservistas, los primeros conscriptos. Los otros eran sólo reservistas, gente que habían llamado a cumplir ese trabajo. Recuerdo que, al doblar, lo primero que vi fue mucha gente de pie, con esposas, algunos con uniforme de la Fuerza Aérea. El capitán Ferrada <strong>(Gustavo Ferrada)</strong> estaba entre ellos. Ese fue el primer impacto. Uno viene de un regimiento donde tiene que saludar a medio mundo. Todavía recuerdo que se rieron cuando le pregunté al oficial cómo me dirigía a Ferrada; si le decía capitán. El oficial me dijo: “¡No, huevón, son prisioneros! Están con uniforme porque no tienen otra ropa”.</p>
<p>Lo que más me impactó fue ver a unas mujeres detenidas. Estaban de pie, con unos letreros que decían: <em>“De pie 24 horas”</em> y firmaba el <em>“Inspector Cabezas”</em>. Después supe que Cabezas era el coronel Edgar Ceballos, está en servicio activo todavía. Yo no entendía nada, hasta que el oficial me explicó que había que sentarse en la puerta de las piezas, con fusil, y “protegerlos”: es decir, impedir que conversaran. Había un reglamento interno que había que hacer respetar. La primera pieza que me tocó a mí fue la número 2; en ella estaban una señora de edad y Carol Flores (<a href="#notas-pie">Nota 1</a>), quien pasó luego a ser nuestro informante. </p>
<p><strong>-¿Recuerda otros nombres? </strong><br />
Se suponía que había prisioneros considerados de cierta importancia y que podrían venir otros a rescatarlos. Por eso, las medidas de seguridad eran muy severas. Los reservistas pasaban junto a un prisionero y le decían: “A ver, huevón, párate, te quedai de pie”. Mandaban a sus presos como se les daba la gana. Yo comencé a preguntar por los prisioneros y decían: “Mira, con este hay que tener cuidado, porque es karateca. Es Víctor Toro”. A mí me impactó mucho; lo había escuchado nombrar por los diarios, era famoso. Era como estar frene a un personaje conocido. Retamales había otro, Moreno. También conocí allí a Arturo Villabela Arauco, enyesado. Había caído en un tiroteo. Así terminó mi primer día en la AGA. </p>
<p><strong>-¿Hizo turnos en la noche también? </strong><br />
Sí, y me asusté mucho. Nos habían dicho que en caso que sonara la alarma toda la academia se oscurecía y se encendían unos reflectores. Había más ametralladoras punto 50 y desde ahí mismo alumbraban los reflectores durante la noche. Una noche sonó la alarma. Teníamos orden de que, en ese caso, todos los prisioneros tenían que tenderse con las manos en la nuca, estuviesen como estuviesen, desnudos, heridos… Y si el oficial daba la orden debíamos disparar contra los prisioneros. Yo estaba frente a la pieza donde se encontraba la señora de edad, era la esposa de un diputado comunista, estaba con sus hijos…</p>
<p><strong>-¿Era Jorge Montes? </strong><br />
Sí, él era. Bueno, comenzó a sonar la sirena, todo quedó oscuro y se encendieron unas luces. Los detenidos actuaban en forma automática. Esto lo venían viviendo casi a diario y, a veces, se hacía para probarlos. Esa noche vi que el oficial de turno tomo una granada, le sacó el seguro y empezó a pasearse con la granada por el pasillo. Miraba todo, trataba de controlarnos ya que estábamos muy tensos. Él decía: “Tranquilos, muchachos, si quieren rescatar detenidos, van a cagar, porque van a morir todos: yo tiro la granada en el pasillo”. Recuerdo que en esa oportunidad, Flores dijo que no nos asustáramos porque eso pasaba todos los días. Así comenzó el proceso. Yo hacía guardias diarias hasta que me sacaron para los grupos de “reacción”</p>
<h2>LA CAPTURA DEL MIR</h2>
<p><strong>-¿Cuánto tiempo estuvo en la Academia de Guerra? </strong><br />
No recuerdo exactamente, pero deben haber sido unos seis meses más o menos. Luego nos fuimos a casas de seguridad.</p>
<p><strong>-¿Qué pasaba con los detenidos de la Academia? </strong><br />
Yo solamente hice guardias. Vi que  les pegaban, los castigaban y, además, continué participando en allanamientos.</p>
<p><strong>-¿En qué consistían los castigos? </strong><br />
En golpes, aplicación de electricidad. En realidad, nunca vi morir a nadie, pero nosotros estábamos aislados, no existía confianza para… En un enfrentamiento, sí, murió el “Coño” Molina (<strong>José Bordaz Paz</strong>, <a href="#notas-pie">Nota 2</a>), del MIR. Murió también un oficial del Ejército <em>(el teniente<strong> Hugo Cerda Espinoza</strong>, hijo de un oficial jefe del Hospital Militar, Hugo Cerda Pino)</em>, de mala suerte no más… En ese tiroteo yo participé, después me fui metiendo más.</p>
<p><strong>-¿Qué más recuerda? </strong><br />
Había un hombre de cuyo nombre no me acuerdo, que intentó suicidarse. Tenía incluso la marca en la garganta: se había cortado con una botella o un vaso, en el baño. La verdad es que yo en ese momento era centinela no más, después me fui metiendo más.</p>
<p><strong>-¿Cómo sucedió? </strong><br />
Sin querer queriendo, fueron seleccionando gente y todas las veces me incluyeron.</p>
<p><strong>-¿Sabía usted lo que estaba haciendo? </strong><br />
Sí. Me daba cuenta.</p>
<p><strong>-¿Y lo hizo? </strong><br />
Tenía que trabajar en alguna cosa.</p>
<p><strong>-¿Le había hecho daño a usted o a su familia, el gobierno de la Unidad Popular? </strong><br />
No, en nada.</p>
<p><strong>-¿Qué edad tiene? </strong><br />
28 años.</p>
<p><strong>-Eso quiere decir que tenía 19 años cuando fue destinado a trabajar en casas de seguridad de la DINA. </strong><br />
No, yo nunca estuve en la DINA. Pertenezco al SIFA, Servicio de Inteligencia de la Fuerza Aérea. En ese tiempo, teníamos problemas graves con la DINA, pensábamos que era inoperante. Por lo menos así opinaban nuestros jefes. Nosotros, siendo tan pocos, actuábamos más efectivamente que ellos. Por ejemplo, nuestro grupo logró detener a toda la cúpula del MIR.</p>
<p><strong>-¿Y cómo siguió después su itinerario en la SIFA? </strong><br />
Ya le dije: pasé a los grupos de “reacción”. Realizábamos allanamientos, hacíamos guardia frente a las casas, controlábamos el tránsito mientras el resto allanaba, sacaba a la gente de la casa, detenían gente.</p>
<p><strong>-¿A qué lugar llevaban a los detenidos? </strong><br />
Primeramente a la AGA. Pero nosotros en esa época no sabíamos más. No nos preocupábamos de los detenidos. Si los soltaban o los juzgaban, no teníamos idea. Sé que los torturaban. La primera vez que me tocó presenciar un trabajo de esos fue con una mujer. Me chocó mucho. Era una niña del MIR cuyo nombre olvidé.</p>
<p><strong>-Descríbala. </strong><br />
Era una muchacha muy joven de buena situación económica, pelo rubio…</p>
<p><strong>-¿Por qué le chocó? </strong><br />
Es que nunca había presenciado algo así. Yo estaba considerado entre los centinelas paleteados digamos. Entonces la hicieron pasar al baño y allí le sacaron la cresta y yo los vi. Otra vez me impresionó mucho un hombre que tenía la piel morada. Estaba enteramente morado, morado (<em>Víctor Hugo Salinas Vilches, 55 años, detenido el 13 de septiembre de 1973. Le preguntaron una y otra vez por las armas sin creer que Salinas no sabía ni siquiera disparar</em>).</p>
<p><strong>-¿Qué le hicieron a la mujer? </strong><br />
Le pusieron corriente y ella gritaba. Era novia de un muchacho del MIR, karateca. No recuerdo la chapa que usaba, nos estaban haciendo una prueba para ver quiénes podían quedar definitivamente en el servicio.</p>
<p><strong>-¿En qué consistían esas pruebas? </strong><br />
Nos empezaban a meter de a poco dentro del sistema y veían como aguantábamos, cómo reaccionábamos. Parece que yo reaccioné bien porque ya llevo diez años en esto.</p>
<h2>LA CASA DE SEGURIDAD</h2>
<p><strong>-¿Usted me habló de dos casas de seguridad que tuvieron?</strong><br />
Sí. Fue antes de irnos a Colina. La primera casa estaba ubicada en el paradero 20 de Gran Avenida (<em>Santa Teresa Nº 037, expropiada al dirigente del MIR, José Bordaz</em>). Hoy día funciona allí una sociedad no sé si de diabéticos o de antialcohólicos.</p>
<p><strong>-¿Cuántos detenidos había allí aproximadamente?</strong><br />
Se iba rotando, pero llegamos a tener alrededor de 40 detenidos, repartidos en tres piezas. Incluso había algunos metidos dentro de los closets.</p>
<p><strong>-¿Qué tipo de torturas aplicaban?</strong><br />
Corriente, los colgábamos, golpes de manos y pies…</p>
<p><strong>-¿Murió gente en ese lugar?</strong><br />
Sí. Uno fue el llamado “Camarada Díaz”. Tenia unos 50 años, medio canoso, bajito, de contextura regular (<strong>Humberto Castro Hurtado</strong>, <a href="#notas-pie">Nota 3</a>). El otro era un joven al que le decían “Yuri” (<strong>Alonso Gahona Chávez</strong>, <a href="#notas-pie">Nota 4</a>). Fue colgado en una ducha y como antes le habían aplicado corriente, tenía mucha sed. Abrió con la boca la llave y tomó agua. Luego llegó un centinela y le cortó el agua, pero él nuevamente la volvió a abrir y nosotros dejamos que el agua corriera. Debe haber estado unas horas con el agua de la ducha corriendo por el cuerpo. En la noche falleció de una bronconeumonia fulminante. </p>
<p><strong>-El “Camarada Díaz”, ¿era Víctor Díaz, subsecretario general del Partido Comunista?</strong><br />
No, no era él. Llegó en una oportunidad un equipo que no sé de dónde provenía, podría haber sido DINA. No los conocía y empezaron a interrogarlo sobre armamento. Tengo entendido que Díaz sabía dónde estaba el armamento del Partido Comunista. Él no contestó nada y le pegaron bastante. Eran alrededor de nueve hombres lo que conformaban el grupo y entre todos le dieron. Antes ya le habían pegado, estaba bien golpeado.</p>
<p><strong>-¿Habló?</strong><br />
No. No habló. Lo dejaron después allí y dijeron que iban a volver al día siguiente para seguir interrogándolo. Parece que notaron que estaba muy débil. Falleció esa misma noche.</p>
<p><strong>-¿Qué hicieron con el cuerpo?</strong><br />
No lo sé. En el grupo que lo sacó estaba Roberto Fuentes Morrison.</p>
<p><strong>-¿Dónde estaba la otra casa de seguridad?</strong><br />
En el paradero 18 de Vicuña Mackenna (“Nido 18” estaba ubicada en Avenida Perú Nº 9.035). Esa casa parece que pertenecía a un hombre de apellido Sotomayor, del MIR (<strong>Humberto Sotomayor</strong>). Era una casa grande de madera que tenía un taller mecánico y unos maniquíes. Parece que la esposa de él era modista. Allí se suicidó un hombre alto que andaba con una chaqueta de cuero café claro y pantalones café. Eran dos hermanos, comunistas. En ese tiempo trabajábamos solamente al Partido Comunista.</p>
<p><strong>-Cuando dice nosotros, ¿a quiénes se refiere?</strong><br />
Al Comando Unido que actuaba junto a gente de Carabineros y la Armada. (<em>Por la Armada el jefe era el entonces capitán Manuel Barra von Kretschmann y el teniente Daniel Guimpert; y por Carabineros, al mando de la entonces DICAR estaba el general Rubén Romero Gormaz y el teniente Manuel “Lolo” Muñoz Gamboa</em>)</p>
<p><strong>-Usted habló de los hermanos Weibel Navarrete, ¿qué pasó con ellos?</strong><br />
En ese tiempo nosotros trabajábamos en la Base Aérea de Colina. Allí estaba el menor de los Weibel: Ricardo. (<em>Fue detenido el 26 de octubre de 1975</em>). Estuvo con nosotros algunos días (<em>hasta el 6 de noviembre</em>). Yo conversaba mucho con él porque me tocaba hacer guardia si es que no tenía que salir a los operativos. Supe que era chofer de micro de la línea Recoleta-Lira. La primera vez que lo detuvimos yo participé, era en la avenida El Salto, cerca del Regimiento Buin. Luego fue en la casa, un equipo que integró el propio comandante Fuentes Morrison. Un día, cuando iba entrando a mi servicio, lo vi y le pregunté: “Y ¿qué pasó?”. No sé, me contestó, parece que hay algunas cosas que aclarar. Estaba muy nervioso, me dijo que creía que lo iban a matar. Ricardo se impactó mucho por la operación del helicóptero. Ellos sintieron cuando aterrizó.</p>
<p><strong>-¿Se lo llevaron en un helicóptero? </strong><br />
No, se fueron en un vehículo, junto a Rodríguez Gallardo (<a href="#notas-pie">Nota 5</a>). Yo después saqué conclusiones y pienso que lo fueron a buscar por eso, porque lo iban a matar…</p>
<p><strong>-¿Quién lo detuvo en la segunda oportunidad?</strong><br />
Recuerdo que fue Fuentes Morrison. Yo no fui. Lo fueron a buscar amistosamente. Llegó con una polera solamente. Lo sacaron varios más y lo mataron a balazos.</p>
<p><strong>-¿En qué lugar?</strong><br />
En Peldehue. No sé exactamente el lugar, pero sí sé que fue en Peldehue, en los terrenos militares.</p>
<p><strong>-¿Cuántos prisioneros más iban en esa operación?</strong><br />
Como ocho o nueve personas.</p>
<p><strong>-¿Qué hacían con los cadáveres?</strong><br />
Me imagino que los quemaron porque iban con combustible. Llevaban un bidón con diez litros de combustible, llevaban además chuzos y palas. Me imagino que los quemaron para desfigurarlos y después los deben haber enterrado. También como le dije iba “El Quila” Rodríguez Gallardo, dirigente de la Juventud Comunista (<em>detenido el 28 de agosto de 1975</em>). “El Quila” incluso se despidió de nosotros. </p>
<p><strong>-¿Cómo estaban cuando partieron?</strong><br />
Estaban enteros. Weibel se quebró un poco pero no como para llorar, muy luego se recuperó. Otro de los hombres que salieron era pintor o dibujante.</p>
<h2>El amigo informante</h2>
<p><strong>-¿Quién entregó a Miguel Rodríguez Gallardo?</strong><br />
El informante Carol Flores; nosotros le decíamos <em>Ricardo</em>. Él entregó a casi toda la gente del Partido y de la Juventud. Vivía en una casa en la calle Los Tulipanes.</p>
<p><strong>-Pero, ¿a Rodríguez Gallardo también lo entregó?</strong><br />
Sí, tengo entendido que habían sido compañeros de estudio. Miguel Rodríguez Gallardo fue un prisionero que llegué a admirar por su valor. Fue respetado incluso por los mismos jefes nuestros, por su inteligencia, por su hombría. Murió por sus convicciones. Pensó que lo que hacía estaba bien. Nunca lo pudimos quebrar, en ninguna circunstancia, ni mental ni físicamente. Estuvo en un armario, vendado; para que no se le fuera la mente buscaba dibujos en las tablas, se imaginaba situaciones, estuvo tanto tiempo vendado que llegó a desarrollar el sentido del oído más que nosotros, el olfato. Él cayó detenido poco antes que florecieran los árboles y en el “Nido 20” (<em>la casa de seguridad del paradero 20 de Gran Avenida</em>) había árboles y un día dijo “yo sé donde estoy: en el paradero 20 de Gran Avenida, la sirena que suena y que da la hora, yo la conozco”. Parece que en su juventud había sido bombero en esa compañía. También reconoció un pito de una fábrica que había por allí. El escuchaba y sacaba cuentas.</p>
<p>Antes de eso lo tuvimos en un hangar en Cerrillos, en el lado civil del aeropuerto. Allí un día nos dijo que estaba detenido en Cerrillos. Nosotros le preguntamos: “Pero, ¿cómo sabes? Puede ser Pudahuel, la Base Aérea El Bosque”. No, dijo, “escucho todas las indicaciones que da la torre de control y nunca ha dado la salida de un avión de combate ni tampoco de pasajeros: tiene que ser Cerrillos”. Así nos fuimos haciendo amigos de él. Cuando lo llevamos a Colina, estuvo perdido un tiempo. Sabía que era un lugar donde se hacía instrucción, que era un regimiento porque escuchaba los conscriptos en la mañana que trotaban y cantaban.</p>
<p><strong>-¿Cómo murió?</strong><br />
En los terrenos militares de Peldehue junto a Ricardo Weibel.<br />
<strong><br />
-¿Por qué esa gente tenía que morir?</strong><br />
No lo sé. Eso lo dictaminaba el jefe.</p>
<p><strong>-¿Usted no sintió nada? ¿No se había hecho amigo de él?</strong><br />
Sí, sentí pena, a varios de nosotros les pasó lo mismo, porque cuando él se fue sabía que lo iban a matar. Incluso nos dio la mano, se despidió de nosotros, nos agradeció que le diéramos cigarrillos. Nos conocía hasta los pasos. El sabía quien estaba de guardia, cuando era yo me llamaba y decía: “Papudo, dame un cigarrillo…”.</p>
<p><strong>-¿Qué pasó con José Weibel, miembro de la comisión política del Partido Comunista?</strong><br />
Yo participé directamente en su detención. Lo bajamos de una micro, lo seguíamos desde su casa. Hacía varios días que era vigilado. (<em>Fue detenido el 29 de marzo de 1976</em>). Actuaban otros tipos que no eran de la Fuerza Aérea, actuaban como agentes, era gente de derecha, habían sido de Patria y Libertad. En la micro iba con su señora. </p>
<p><strong>-¿Qué sucedió?</strong><br />
No recuerdo bien. Hubo un robo. Nosotros buscábamos la posibilidad de bajarlo. Iba una señora que no tenía nada que ver con nosotros ni con la DINA, le robaron y nosotros dijimos que éramos de Investigaciones y lo bajamos culpándolo del robo. Lo conducimos luego a una casa de seguridad que teníamos en Bellavista.</p>
<p><strong>-¿En qué lugar?</strong><br />
Cerca de donde hay unas canchas de tenis, casi al llegar a la esquina. Creo que ahora construyeron un edificio de departamentos y parece que en el primer piso de la casa reparan lavadoras. Allí vivíamos los solteros del servicio y también teníamos detenidos. </p>
<p><strong>-¿Qué hicieron con él?</strong><br />
Fue interrogado, estaba junto a <strong>René Bazoa</strong>, que también había sido detenido pero mucho antes y era nuestro informante. Lo usábamos para que sacara información a los otros. Había otro informante que le decían el “Fanta” (<strong>Miguel Estay</strong>), este cayó junto con René Bazoa y todavía es informante de los servicios de seguridad. Ahora usa el pelo muy corto, cortito, y barba. </p>
<p><strong>-¿Está usted seguro?</strong><br />
Totalmente. Hace cuatro días lo vi llegar a una de las oficinas nuestras en Amunátegui N° 54 pero trabaja indistintamente para varios servicios incluyendo SICAR.</p>
<p><strong>-¿Qué pasó con José Weibel?</strong><br />
Bueno, él fue interrogado y de allí salió un equipo y lo mataron en el interior del Cajón del Maipo y luego lo tiraron al río. </p>
<p><strong>-¿Podría identificar el lugar?</strong><br />
Creo que sí porque allí se hicieron otras operaciones, la de <strong>Carlos Bratti Cornejo, por ejemplo.</p>
<p></strong><strong>-¿Quién era Bratti Cornejo?</strong><br />
Fue colega mío. Soldado primero de la Fuerza Aérea, pero trabajaba en nuestro servicio, claro que llegaba esporádicamente a la Academia de Guerra porque trabajaba en la Base Aérea El Bosque, trabajaba todo el sector de La Granja. Lo mataron en el Cajón del Maipo junto al informante comunista Flores (Carol Flores).</p>
<p><strong>-¿Los mataron a los dos?</strong><br />
Sí, porque intentaron cambiarse de servicio e irse a la DINA. En ese tiempo la DINA les ofreció mejor remuneración económica, automóvil, casa. Los jefes se reunieron y decidieron que eso era traición porque la información nuestra la estaban pasando a la DINA y entonces ellos llegaban antes que nosotros a ejecutar una operación. Por ejemplo, incautar automóviles. Una vez se descubrieron unos tanques de combustible que tenía el MIR, no recuerdo el lugar pero quedaba cerca de Las Condes, sólo nosotros sabíamos de su existencia y llegó la DINA y los requisó. Hubo sospecha de que alguien estaba pasando información y se supo que eran ellos. En la institución se les hizo un proceso y el director de Inteligencia lo dio de baja. Dos meses después salió la orden, los empezamos a buscar y los mataron.</p>
<p><strong>-¿Recuerda usted detalles de la “operación Bratti”?</strong><br />
En ese tiempo nosotros estábamos viviendo en la casa de Bellavista, éramos ocho agentes más o menos. Me pasó a buscar <strong>Adolfo Palma Ramírez</strong> alrededor de las diez de la noche y me dijo que había una operación. Nos fuimos a “La Firma”, como le llamábamos nosotros, que es la casa de calle Dieciocho, el ex local del diario <em>Clarín</em>. Allí había otros oficiales de Carabineros, de la Marina. Estaban todos los jefes del Operativo Conjunto. Me sorprendió que hubiera pisco en la mesa, una especie de cóctel pequeño. Uno de los presentes me dio una pastilla y me dijo que me la tomara. Yo me di cuenta de inmediato que era droga. La conversación siguió hasta que el trago se terminó. Yo no sabía de qué se trataba. A un centinela le dijeron que trajera “el paquete”, así llaman a los detenidos. En ese momento vi que entraron con Bratti esposado y los ojos vendados.</p>
<p><strong>-¿Desde cuándo conocía a Bratti?</strong><br />
Él ingresó antes que yo. Yo lo conocí el año 1974 en la Academia de Guerra, después dejé de verlo un tiempo hasta que apareció nuevamente trabajando con nosotros.<br />
<strong><br />
-¿Qué paso luego? Me refiero a cuando llegó esposado…</strong><br />
Le hicieron preguntas. Se notaba que estaba muy choqueado. Estaba drogado. Le dieron órdenes luego al centinela para que lo sacara de la especie de living en que nos encontrábamos y salimos a los vehículos. Creo que iban dos autos. Adolfo Palma iba en uno de ellos conduciendo. A mi lado iba un agente de Carabineros y otro oficial de Carabineros también. Nos dirigimos al Cajón del Maipo. </p>
<h2>ASESINATOS EN EL CAJON DEL MAIPO</h2>
<p><strong>-Descríbame el lugar en el Cajón del Maipo donde mataron a Bratti.</strong><br />
Hay que pasar San Alfonso, El Melocotón y cuando el camino cruza el río, pasábamos el puente e inmediatamente doblábamos a la izquierda. Nos internábamos por un camino de tierra unos 10 ó 15 kilómetros, no recuerdo con exactitud. Allí había unos acantilados.</p>
<p><strong>-¿Estaba vivo Bratti?</strong><br />
Drogado creo, pero vivo. Lo pararon al frente de una piedra y él insistió en que le sacaran la venda y le soltaran las esposas. Supuso que lo iban a matar. Palma le preguntó que cómo quería morir, si quería arrancar. Se pretendió hacer un juego macabro por cierto. Bratti dijo que quería morir sin venda y sin esposas. Estaba muy entero. Palma entonces, se dirigió a mí y me ordenó que le retirara las esposas. Recuerdo que cuando me acerque a sacarle las esposas, él me dijo que hacía mucho viento y agregó: “Está fría la noche <em>Papudo</em>”. Sí, le contesté, pero yo estaba quebrado a pesar de estar drogado. Tenía miedo, pensé que los demás que participaban eran todos oficiales, salvo un agente de Carabineros y que quizás me iba a ir yo también con Bratti p´abajo. Me dio mucho miedo cuando me ordenaron: “¡Ya, sácale las esposas!”. Ellos estaban como a diez metros. Cumplí la orden, me devolví donde Palma y me mandaron a los vehículos. No recuerdo a qué fue, si a buscar algo, no sé. Cuando iba caminando hacia los vehículos, en una noche muy clara, sentí la ráfaga. Cuando volví al lugar había cordeles y ya estaba muerto. Me dijeron que lo amarrara y le pusiera unas piedras y lo tiramos por el acantilado.</p>
<p><strong>-¿Le puso sólo piedras? ¿No incluyeron amarras con alambre?</strong><br />
No lo recuerdo. El hecho es que después se comentó que debíamos haberle puesto otra cosa porque apareció el cadáver, a los pocos días, en el Canal San Carlos. Palma me dio la mano para que yo me acercara al acantilado y lo soltara en el río.</p>
<p><strong>-¿Usted lo tiró al río?</strong><br />
Sí, yo lo hice. En ese instante pensé que también me iban a soltar a mí. Me dio mucho miedo pero lo solté. Después regresamos a los vehículos y volvimos a “La Firma” donde tomamos otra botella de pisco y luego me fueron a dejar a la casa. Lógicamente me pidieron que no hiciera comentarios de lo que había sucedido, pero dentro del servicio se sabía de todas las operaciones que se realizaban.</p>
<p><strong>-¿Cómo supo usted que estaba drogado?</strong><br />
Sentía como que no pisaba, no coordinaba. Recuerdo además, que fumaba y era como que no estuviera fumando. </p>
<p><strong>-¿Qué sintió cuando asesinaron a su compañero de servicio?</strong><br />
Hasta ese momento pensaba que nos había traicionado. Porque nos dijeron que pasaba información al MIR y al Partido Comunista. Sentía pena pero en el fondo tenía rabia porque nos dijeron que había entregado una lista con nuestros domicilios, los lugares que frecuentábamos, etcétera, para que nos mataran. Pensé entonces que estaba actuando bien por el hecho de que Bratti era un funcionario.</p>
<p><strong>-¿Cómo supo usted que esa no era la verdad? </strong><br />
El año 1979 estuvimos trabajando en Antofagasta, no en subversión. Y Adolfo Palma Ramírez me dejó en una oportunidad en su casa porque viajaba a Chuquicamata. Le cuidé su casa y me dediqué a escuchar casettes. Encontré declaraciones de detenidos, entre ellas las de Bratti. Ahí supe la verdad: se le acusaba de traición por querer pasarse a la DINA. Yo le hice saber a Fuentes que Palma tenía grabaciones con declaraciones de Bratti y de otros detenidos. Para ese entonces ya no estaba Palma en la FACH. Fuentes dijo que estaba bien porque eso iba a ser un respaldo en caso de que mañana él cayera detenido para entregar información.</p>
<p><strong>-¿Participó Palma en muchas operaciones de detenidos desaparecidos? </strong><br />
En casi todas. Era el segundo de a bordo después de Roberto Fuentes. Él había sido de Patria y Libertad. Fue uno de los que participaron en el asesinato del comandante Arturo Araya Peters, el edecán de Allende y se jactaba de eso (<strong><em>asesinado por un comando de Patria y Libertad con armas entregadas por la Marina, el 26 de julio de 1973</em></strong>). </p>
<p><strong>-¿Hay algún otro funcionario que haya sido eliminado? </strong><br />
No, de la FACH es el único que yo conozco.</p>
<p><strong>-¿Y Calor Flores? </strong><br />
No era funcionario de la FACH. Era informante.</p>
<p><strong>-¿Por qué mataron a Flores? </strong><br />
Porque intentó irse a trabajar a la DINA. Fue en 1976, no recuerdo si era DINA o si ya era CNI. En ese problema también estuvo metido Otto Trujillo, era de Patria y Libertad, lo había traído el comandante Fuentes Morrison al servicio. También estuvo implicado en el grupo que se quiso pasar a la DINA. A él lo dejaron en libertad. Por la influencia de Fuentes no lo mataron.</p>
<p><strong>-¿Qué pasó con Trujillo después? </strong><br />
Trujillo ahora está trabajando para el SIM, el Servicio de Inteligencia Militar. Recuerdo que como castigo se le mandó a Punta Arenas, él era de allá. Fuentes lo trajo después a Santiago. De repente aparecía trabajando para nosotros. A Trujillo le dijeron que regresara a Punta Arenas, que no volviera más a Santiago, que se olvidara del asunto y de sus amigos. Luego apareció en el SIM trabajando con René Bazoa. Andaban juntos. Hace poco Otto Trujillo fue requerido por la justicia por una estafa. Estuvieron unos detectives en la oficina y le consultaron a Fuentes por él. Fuentes contestó que no tenía idea en consecuencia que sabía que estaba en el SIM.</p>
<p><strong>-¿Qué pasó con Palma Ramírez? </strong><br />
En Pudahuel tiene una distribuidora de frutas, un local grande.</p>
<p><strong>-¿En qué lugar? </strong><br />
Es por José Joaquín Pérez, una calle paralela a esa (da la dirección exacta)). A Palma le decíamos también “Fifo”.</p>
<p><strong>-¿Hubo otras operaciones en el mismo lugar del Cajón del Maipo?<br />
Sé de varias, una de ellas la de José Weibel, pero en las otras yo no participé. Carol Flores también fue muerto allí.</p>
<p></strong><strong>-¿Está seguro que allí mataron a José Weibel? </strong><br />
No sé si lo llevaron con otras personas pero sí sé que Weibel murió allí.</p>
<h2>EL VIAJE EN HELICÓPTERO</h2>
<p><strong>-Usted me dijo que también supo de una operación en que lanzaron detenidos desaparecidos desde un helicóptero. </strong><br />
En ese tiempo estábamos en la Base Aérea de Colina, trabajábamos cuatro servicios: SICAR, Armada, Carabineros, Ejército y nosotros. Supe de una sola operación pero puede que hayan hecho más. Fue en el año 1976, cuando fue combatida la Juventud del Partido Comunista.</p>
<p><strong>-Cuénteme todo lo que recuerda de la operación. </strong><br />
Llegó un helicóptero de la FACH a Colina y sacaron alrededor de diez o quince personas. Entre esas personas recuerdo claramente que iba un ex regidor (<em>hoy concejal</em>) de Renca que era cojo, tenía sus años, deben haber sido los mismos que cayeron con él en la redada. (<em>Se trata de <strong>Humberto Fuentes Rodríguez</strong>, detenido desaparecido desde el 4 de noviembre de 1975. Fue arrestado en una camioneta amarilla con distintivo FACH</em>).</p>
<p><strong>-¿Salieron vivos de la Base Aérea? </strong><br />
Sí, los drogaban, les daban unas pastillas pero parece que no eran muy efectivas, porque se daban cuenta. Uno de los que participó, “Fifo”, me contó después que uno había despertado en el vuelo y le había pegado un fierrazo. Luego empezaron a lanzarlos al mar, frente a San Antonio creo.</p>
<p><strong>-¿Les hacían algo antes de tirarlos? </strong><br />
Dicen que los abrían.</p>
<p><strong>-¿Que los abrían…?</strong><br />
El estomago, para que no floten. Iban comandos de seguridad del Ejército, creo que con el corvo, antes de tirarlos al mar, los abrían. Fue una sola vez que llegó el helicóptero. Recuerdo a otro de los que se llevaron, de unos 45 ó 50 años, comunista, peladito, medio moreno, en una oportunidad intento suicidarse y se quebró un brazo. Se lo llevaron, lo vio un médico y estuvo enyesado harto tiempo. Él también se fue en el helicóptero. Había otro que hacía caricaturas. Los otros no los recuerdo.</p>
<p><strong>-Trate por favor…</strong><br />
Intento, pero no recuerdo ni siquiera sus chapas.</p>
<p><strong>-¿Recuerda los nombres de agente de seguridad que participaron en dicha operación? </strong><br />
Rolando Fuentes Morrison es uno y Palma Ramírez. Esos dos eran los jefes. En ese tiempo los que trabajábamos en esto éramos muy pocos militares, la mayoría era de afuera. Me acuerdo del “Luti”, llegaban de repente a la oficina pero dos eran extremistas de derecha que habían participado en atentados, como el asesinato de Araya Peters, por ejemplo, asaltos bancarios, etcétera, durante el período de la UP. Les conocía las chapas no más, nunca les supe los nombres. Eran de buen nivel social. Ellos hacían generalmente todo el trabajo de seguimiento. Los mandaba Palma. Nosotros participábamos en la captura solamente.</p>
<p><strong>-¿Qué otras operaciones se hicieron en Colina? </strong><br />
Murió otra persona, era de aspecto similar al “camarada Díaz” que murió en la casa de seguridad. Lo mataron los del Ejército, lo interrogaron y lo dejaron allí. Luego lo fuimos a ver y estaba muerto. Lo llamamos, entonces se devolvieron y lo echaron en el portamaletas del auto. No sé qué pasó después con él. </p>
<p><strong>-¿En qué estado estaba? </strong><br />
Golpeado, con moretones por todo el cuerpo, muy rígido. Tengo entendido que le pusieron corriente directa, de 220. Se le ponen dos cables directamente del enchufe, no de la máquina especial con que se tortura. Tiene que haber sido el año 1976 porque ese fue el año en que trabajamos en Colina, totalmente separados de la Base. Al interior de ella había una cárcel recién construida para los funcionarios que tienen que cumplir penas militares.</p>
<p><strong>-¿Funcionaba como centro de torturas? </strong><br />
Sí. Estaba nueva. Ellos no la usaron. Incluso creo que no la usaron más porque allí funciona ahora otra cosa. Después fue cuando tuvimos problemas con el Ejército.</p>
<p><strong>-¿Qué tipos de problemas? </strong><br />
Ellos querían mandar todas las operaciones y echaban a correr la antigüedad entre los jefes. Después, el Ejército optó por no operar con nosotros y empezaron a trabajar aparte. Nosotros seguimos trabajando igual con la Marina y Carabineros. Luego nos fuimos a trabajar a la calle Dieciocho, en el ex edificio del Clarín, que ahora pertenece a DICOMCAR. Ahí teníamos a los detenidos. De ese lugar sacamos a los que mataron en la Cuesta y ahí también cayo detenido Contreras Maluje.</p>
<p><strong>-¿Participó René Bazoa en esa detención? </strong><br />
Él era el informante nuestro. Estuvo detenido en Colina. No era informante de antes porque fue torturado en Colina, él cambio su vida por la entrega de información. Digo esto porque él fue testigo de la operación que se hizo con el helicóptero y con la citroneta. Bazoa llegó con varios más, una mujer, uno que le decían “Fanta” (<strong>Miguel Estay</strong>). Después apareció Bazoa trabajando con nosotros.</p>
<p><strong>-¿Con ustedes o con la DINA? </strong><br />
Él empezó a trabajar con los servicios de la FACH y después tengo entendido que se lo pasaron al Ejército cuando nosotros dejamos de trabajar la subversión.</p>
<p><strong>-¿Quién asesinó a René Bazoa? </strong><br />
Tengo entendido que fue el Ejército, el SIM.</p>
<p><strong>-¿Quién entregó a Carlos Contreras Maluje? </strong><br />
(<em>El 3 de noviembre de 1976, a las 11.30 horas en Nataniel Cox, entre Coquimbo y Aconcagua y poco después de haber sido atropellado por un microbus, fue detenido por personal de seguridad. Desde ese día se encuentra desaparecido</em>).<br />
Un hombre alto, medio moreno, nariz respingada, abultada, ojos café, pelo negro y brillante. Él había estado detenido en el edificio del <em>Clarín</em> y entregó a Contreras porque dio el contacto. No recuerdo el puesto que tenía este hombre en las Juventudes Comunistas, pero era importante. Lo llamábamos “José”. Había otro, el “Macaco” que le decían, bajito, morenito, nosotros le pusimos “Macaco” porque le encontrábamos cara de mono. Había otro comunista que cayó con el “Macaco”, era de finanzas y tenía un departamento en el centro. A ése le decíamos “Relojero”. Todos esos detenidos se iban el día viernes a sus casas y los pasábamos a buscar el domingo a lugares previamente concertados, la Plaza Ñuñoa, por ejemplo. Cuando ellos nos entregaron a Carlos Contreras Maluje, se fijaron de a poco las reglas.</p>
<p><em>(Los tres comunistas informantes serían presumiblemente: Vargas, Mallea y Saravia).</em></p>
<p><strong>-¿Murieron estos hombres? </strong><br />
De todos ellos el único que murió fue Contreras Maluje.</p>
<p><strong>-¿Dónde vivía “José” (Vargas)? </strong><br />
Por el sector donde está la Municipalidad de Las Condes, creo que la calle se llama Paul Harris. Tengo entendido que todavía vive allí porque hace poco tiempo pasamos con un jefe por allí y dijo: “Por aquí vive José”. Ahí me di cuenta que todavía era un informante porque comentó que se había contactado con no sé qué nombre, el de una agente de la CNI.</p>
<h2>MUERTE DE UN COMUNISTA</h2>
<p><strong>-¿Qué pasó con Carlos Contreras Maluje? </strong><br />
Recuerdo todo muy bien porque yo participé. Lo detuvimos con un familiar o un amigo de Contreras en San Bernardo. Íbamos con el informante “José”, que estaba detenido. En ese momento teníamos prácticamente a toda la directiva de las Juventudes Comunistas, nos faltaba Contreras. Para entonces ya trabajábamos sólo con la Marina y Carabineros.</p>
<p><strong>-¿Dónde funcionaba el cuartel general? </strong><br />
En calle Dieciocho. Cuando cayó “José”, en el interrogatorio, él dijo que tenía un contacto con Contreras en una casa de San Bernardo. Y nos dijo: “Si me sueltan, yo hago el contacto con él y luego nos agarran”. Lo soltamos, hicimos todo el operativo y detuvimos a Contreras Maluje junto a un joven. Nos costó mucho detenerlo porque era más o menos fornido. Cuando bajábamos por Gran Avenida uno de los vehículos atropelló a una persona y seguimos. Llegando al cuartel comenzó el interrogatorio de Contreras. Le preguntábamos por todos los que teníamos detenidos, y él respondía que hacía tiempo que no los veía o decía no conocerlos. Le preguntamos por José, y contestó que no lo veía desde hacía mucho tiempo. Le sacamos la venda y le mostramos a todos los dirigentes que teníamos detenidos. Se dio cuenta –creo- que lo había entregado José. En ese momento, él dijo que tenía un “punto” (<em>un contacto</em>) con otro dirigente, no recuerdo con quién, en la calle Nataniel. Los jefes se reunieron porque había algunos que no querían efectuar la operación por la importancia que tenía Contreras en el Partido Comunista. Suponía que estaba tramando algo. Se decidió que la operación se llevara a cabo y salimos. Lo largamos en Nataniel y empezó a caminar hacia Avenida Matta. De repente, yo por radio escuché que dijeron: “Se tiró a la micro el sujeto”. Contreras había sido torturado hasta las últimas horas de la noche anterior, tenía las muñecas rotas con las esposas. Cuando escuchamos por la radio yo estaba como a siete cuadras del lugar. Cuando llegamos ya se había juntado mucha gente.</p>
<p><strong>-¿Qué sucedió después? </strong><br />
Al vernos empezó a gritar que éramos de la CNI o de la DINA, no me recuerdo bien ya, que lo queríamos matar, que avisaran a la farmacia Maluje de Concepción. Gritaba además, cual era el pecado de ser comunista. Después empezó a hablar con gestos porque estaba semiinconsciente. Ahí llegaron todos los demás vehículos que estaban participando en el operativo y también un radiopatrullas de Carabineros. Ellos no sabían qué hacer, si llevarse detenido al chofer de la micro (<em>Luis Rojas Reyes</em>) y miraban a los tipos que se bajaban de los autos con radios, metralletas, pistolas. Luego, uno de los carabineros tomó al chofer y lo llevó a la parte trasera del vehículo para tomarle los datos y después le dijo: “ya súbase y váyase no más”. Cuando quisimos subirlo al vehículo, Contreras Maluje gritaba que no, que no quería que se acercaran los de la DINA. Le pidió incluso ayuda a Carabineros y decía: “Me han torturado” y mostraba las muñecas que tenía rotas. No quería subirse pero lo logramos meter a un automóvil Fiat 125 celeste cuya patente estaba a nombre del director de Inteligencia de la Fuerza Aérea, general Enríque Ruiz Bunger. A todo esto el general no tenía idea. En todas las operaciones el que mandaba era Roberto Fuentes Morrison. Incluso ese auto no debió haber participado en el operativo porque andaba con la patente derecha, no era una patente falsa. Por eso lo llamaron después a declarar por el proceso que hubo.</p>
<p><strong>-¿A qué lugar lo llevaron? </strong><br />
Al cuartel de la calle Dieciocho. Allí fue golpeado. Llegó herido, con la cabeza rota y un brazo facturado. Lo bajaron como un paquete. Lo tiraron dentro del calabozo a puras patadas. Le dieron fuerte. Dijeron que había traicionado.</p>
<p><strong>-¿Cuándo y cómo lo mataron? </strong><br />
En la noche. Estuvo todo el día en el calabozo. Le pegaron por pegarle porque ya nadie le preguntaba nada. Un suboficial de Carabineros le pegó una patada en la cara y le fracturó la nariz. Al otro día, cuando llegué, supe que lo habían llevado a enterrar al mismo lugar de la Cuesta donde yo había ido antes. Un equipo de Carabineros salió temprano a hacer el hoyo. Yo estaba ahí y les pregunté dónde iban, y respondieron: “al mismo lugar donde fuimos la otra vez”.</p>
<p><strong>-¿Quién dirigió la operación? </strong><br />
Roberto Fuentes Morrinson.</p>
<p><strong>-¿Dónde está ubicado el lugar donde fue enterrado Carlos Contreras Maluje y otros detenidos desaparecidos? </strong><br />
En una Cuesta en el camino Melipilla. Es una bifurcación del camino principal y nosotros doblamos a la derecha. Recuerdo que hay un desvío, avanzábamos por ese camino hasta un puente, pasando el puente empezaba la Cuesta. Como en la tercera o cuarta curva había un camino secundario, una huella. Había que internarse por allí unos 100 metros. Allí procedíamos a dejar los detenidos y los fusilábamos en el lugar. Allí mismo eran enterrados.</p>
<p><strong>-¿Sin dinamitarlos? </strong><br />
No. Sólo se les disparaba con armas con silenciador.</p>
<p><strong>-¿Llegaban vivos allá? </strong><br />
Sí.</p>
<p><strong>-¿Cuánta gente llevó usted? </strong><br />
Dos personas, pero anteriormente habían ido con otros detenidos al mismo lugar, unas ocho personas más o menos. En la operación en la que yo participé había un olor típico de cementerio. Se notaba que antes habían ido a hacer otras operaciones. Esas operaciones se hacían en conjunto con el SICAR y la Armada.</p>
<p><strong>-¿Qué sabe de las muertes de otros detenidos desaparecidos, como Eduardo Paredes, Bautista Von Showen, Enrique París…? (<em>le entrego una lista haciendo una pausa entre cada hombre</em>)</strong><br />
No, no tengo idea.</p>
<p><strong>-¿No hacían comentarios entre ustedes? </strong><br />
Mucho compartimentaje. Lo que hace mi unidad no tiene por qué saberlo otra.</p>
<p><strong>-¿Por desconfianza? </strong><br />
Sí, mucha.</p>
<h2>EL JURAMENTO DE LA FACH</h2>
<p><strong>-¿Sabía usted que en cualquier momento también lo podían matar? </strong><br />
Siempre lo supe.</p>
<p><strong>-¿Hizo algún juramento en la FACH antes de iniciar su trabajo? </strong><br />
Tengo un documento firmado en la Dirección de Inteligencia de la FACH en el que se dice que todo lo que haga no debo comentarlo, y si el día de mañana me echan del trabajo, debo seguir llevando una vida normal, pero no debo involucrar a nadie. Incluso dice que el que cae detenido, cae solo, todas las acciones las hizo solo, nunca contó con el apoyo de la institución.</p>
<p><strong>-¿En qué otras operaciones participó? </strong><br />
En Fuenteovejuna y Janequeo.</p>
<p><strong>-¿Cómo fueron esas operaciones? </strong><br />
Había que detectar a los que mataron al intendente de Santiago, Carol Urzúa. A nosotros nos llamaron cuando ya la operación estaba armada. Al equipo de contra subversión de la FACH le pidieron una colaboración. La CNI ya había hecho los seguimientos, tenía detectadas las casas, todo. Ahí cayeron presos los que están detenidos actualmente, a uno que le decían “Pitufo” Palma. El día de la operación estuve todo el tiempo en una camioneta. De repente se nos avisó que si salía el “uno” -los teníamos por número de acuerdo a su importancia-, se iniciaba toda la operación. Por radio escuché: “salió el uno, ¡síganlo!”, hizo contacto con otro y después se separaron y los detuvieron a los dos. A otro lo agarraron aquí al frente de Capuchinos, uno gordo, no recuerdo su nombre.</p>
<p><strong>-Continúe…</strong><br />
Al que más recuerdo es a Palma, que fue sacado de un colectivo o de un taxi. En la tarde nos dirigimos a la casa de Fuenteovejuna. Nos reunieron antes en un supermercado por ahí cerca. Éramos alrededor de 60 agentes. Llegó un jeep con una ametralladora punto 30, nos reunió uno de la CNI, tengo entendido que es oficial de Carabineros, y dijo: “Bueno, aquí ningún huevón vivo, todos muertos”.</p>
<p><strong>-¿Cuántos sospechosos eran? </strong><br />
Tres. Nosotros cerca de sesenta. De repente yo vi entrar el jeep que se estacionó. Justo al frente de la casa hay un pasaje. Dieron la orden por radio que tomáramos todas nuestras posiciones y luego, el mismo oficial preguntó si estaba lista la base de fuego. Yo no tenía idea de qué se trataba: era el jeep que estaba preparado, el jeep que tenía la CNI con una ametralladora que sale con un mecanismo hidráulico. Salió la ametralladora y empezó a disparar a la casa durante alrededor de un minuto. Después, por un altavoz se les conminó a rendirse diciéndoles que estaban rodeados por fuerzas de seguridad. Uno salió con las manos en alto, y cuando venía saliendo lo rafaguearon. De adentro respondió el fuego una mujer. Inmediatamente la casa comenzó a incendiarse por los efectos de una bengala.</p>
<p><strong>-¿La bengala fue lanzada por ustedes? </strong><br />
Sí, por uno de los agentes que estaban apostados en el interior y al parecer cayó en algunos documentos, papeles y se dio inicio al incendio de la casa.</p>
<p><strong>-¿La bengala tenía por objeto incendiar la casa? </strong><br />
No. Iluminarla para ver si había más personas adentro. Sabíamos que había dos muertos, pero eran tres personas, aún no teníamos conocimiento que Villavela había muerto. Por la posición en que fue encontrado posteriormente supimos que murió con las primeras ráfagas de ametralladora sorpresivas.</p>
<p><strong>-¿Cuál fue su papel en la operación? </strong><br />
Disparar en caso de que alguien saliera de la casa. En realidad no fue necesario. Era una cosa de locos, toda la gente disparaba. Yo le disparé a un foco que había frente a la casa para obscurecer más el sector. Después, me preocupé de sacar a la gente de las casas de los lados, a los vecinos.</p>
<p><strong>-¿Qué pasó después? </strong><br />
Llegó investigaciones y tomó en sus manos el caso, el asunto digamos legal. Luego, nos fuimos a Janequeo, en Quinta Normal, y como algunos de nuestros agentes se encontraban sin balas, por haber utilizado todo el stock, pasamos a buscar a nuestra oficina. Cuando llegamos a Janequeo ya nos estaban esperando. El mismo jeep estaba haciendo su trabajo.</p>
<p><strong>-¿Cuántos eran los sospechosos? </strong><br />
Dos personas y deben haber habido unos cuarenta agentes, entre gente de la CNI y de la Fuerza Aérea. Sé que a uno de los extremistas lo mataron pasando una plaza que hay por ahí cerca. No llevaba armas, después apareció en la presa con un arma, pero se la puso la CNI. “José”, un argentino, murió en el patio de la casa.</p>
<p><strong>-¿Qué paso con los cadáveres? ¿También se hizo cargo Investigaciones? </strong><br />
Después que nosotros terminamos nuestra parte en la operación, nos devolvimos a la oficina. La CNI siguió trabajando sola.</p>
<p><strong>-¿Sabe usted de donde provino la información sobre este grupo mirista? </strong><br />
No, no lo sé. Sí sé que el MIR y el Partido Comunista están infiltrados por la CNI.</p>
<p><strong>-¿En este momento? </strong><br />
Sí.</p>
<p><strong>-¿Cómo lo prueba? </strong><br />
Me lo dijo un agente de la CNI. Hacen operaciones, matan personas cuando quieren. Ellos saben dónde está fulano, zutano, perengano. Incluso la gente que se asiló recientemente en la Nunciatura estaba vigilada.</p>
<p><strong>-¿Por qué quiso hablar conmigo? </strong><br />
Porque quería desahogarme. Compré la revista <em>Cauce</em> y me puse a leer. No tenía idea sobre la muerte del cuñado de Juan  Delmás. Vi quién era el periodista que había escrito esa crónica y la escogí. Pero a esto le vengo dando vuelta hace varios meses. Hoy día me decidí.</p>
<p><strong>-¿Qué otros trabajos de este tipo a desarrollado? </strong><br />
Desde fines de 1976 en adelante la Fuerza Aérea se retiró de la acción antisubversiva. Sólo actuamos esporádicamente porque Roberto Fuentes, el comandante, tiene contactos y es muy amigo con la gente de la CNI.</p>
<p><strong>-¿Roberto Fuentes Morrison sigue perteneciendo a la Fuerza Aérea? </strong><br />
Sí, pero ni siquiera trabaja, la jefatura no le da trabajo. Está ahí no más. </p>
<h2>LA ESTRUCTURA DEL TERROR</h2>
<p><strong>-¿Qué contactos tiene usted con la CNI? </strong><br />
Todos los servicios tienen un contacto que se llama el “canal técnico”. Para traspasar informaciones hay contactos personales.</p>
<p><strong>-¿No ha habido ningún operativo en el que le haya tocado participar? </strong><br />
Sí, un operativo para el que nos solicitó Carabineros. Nosotros, el equipo que yo conformo, estamos bien considerados dentro del trabajo de la contra subversión. Nos tienen por buenos. Fuimos llamados para hacer unos allanamientos en Pudahuel.</p>
<p><strong>-¿Qué indicaciones les entregaron? </strong><br />
Tienen que ir a esta casa y estos son los dos sujetos que buscamos. Creo que estaban involucrados en la muerte de un carabinero. El pasaje creo que se llamaba “Apolo”.</p>
<p><strong>-¿Descubrió algo? </strong><br />
Armas, no. Sólo documentación, propaganda, nada de importancia…</p>
<p><strong>-Pero la televisión mostró armas…</strong><br />
Esa vez se hizo un allanamiento en el que participaron alrededor de 200 carabineros. Se allanó creo la mitad de la comuna de Pudahuel. Si en otro lado aparecieron armas, a mí no me consta. Todo se llevó a la Comisaría de Santo Domingo. Estaba en el suelo todo el material incautado, pero armas no había en ningún lado.</p>
<p><strong>-¿Qué pasó en la Comisaría? </strong><br />
Cuando llegamos a la Comisaría de Santo Domingo, pasado Matucana, había más de cien detenidos de Pudahuel y algunos de Renca. Estaban todos en el patio de la Comisaría, puestos contra la muralla, vendados, con capucha. Luego ingresó un vehículo con los vidrios polarizados, sacaban uno a uno a los prisioneros y los ponían al frente del auto, con las luces altas. Les sacaban las capuchas y en el interior del auto había uno que indicaba quiénes eran y quiénes no eran. Al parecer era un hombre que había caído detenido tres días antes.</p>
<p><strong>-¿Su señora sabía qué clase de trabajo realiza? </strong><br />
Sabe que trabajo en seguridad, pero no los trabajos específicos que yo realizo.</p>
<p><strong>-¿Cuándo se casó? </strong><br />
Hace seis o siete años. Conviví con ella y me casé legalmente después.</p>
<p><strong>-¿Cuándo la conoció? </strong><br />
En 1975, creo. Llegué a vivir a su casa, de uniforme, como aviador. Y de repente pelo largo, me pasaban a buscar en auto, bajaban tipos con ametralladoras. Se dio cuenta que tenía que ver con seguridad.</p>
<p><strong>-¿Nunca le preguntó nada? </strong><br />
Sí, pero yo le decía que eran trabajos institucionales, nada que ver con la DINA o la CNI.</p>
<p><strong>-¿Ella se preocupaba? </strong><br />
Sí, mucho. Mi señora después se empezó a dar cuenta y tuvo la certeza con la operación de Fuenteovejuna. Llegué con mi pantalón con sangre y ella había escuchado las noticias. Me preguntó si trabajaba en el lugar y tuve que decirle que sí. Como ella es muy reservada, no dijo nada pero sé que se tiene que haber preocupado mucho.</p>
<p><strong>-¿No le dieron ganas de hacer otro trabajo? </strong><br />
Yo llegué a hacer el Servicio Militar a la FACH, a los 18 años, cuado recién salí del liceo.</p>
<h2>TRATAMIENTO PARA LOS NERVIOS</h2>
<p><strong>-¿Nunca estuvo relacionado con actividades políticas? </strong><br />
No. El año 1973 tenía 17 años. Llegué a esto en una forma…, quiero decir que no lo busqué. De repente me vi involucrado en esto.</p>
<p><strong>-¿Saben sus padres qué tipo de trabajo ha realizado? </strong><br />
Saben que soy agente de seguridad, o sea la parte legal del asunto, la seguridad del territorio pero nunca en…</p>
<p><strong>-¿Conoció a Osvaldo Romo? </strong><br />
No. Lo único que sé es que le decían “El Dedo de Yeso”, porque lo usaba para indicar…, al menos dentro del servicio se le conoce así.</p>
<p><strong>-¿Dónde vive? </strong><br />
En la población Juanita Aguirre, de la Fuerza Aérea.</p>
<p><strong>-¿Arrienda o es propietario? </strong><br />
La Fuerza Aérea nos da la casa. No pagamos arriendo.</p>
<p><strong>-¿Ha estado enfermo de los nervios alguna vez? </strong><br />
Sí, estuve en tratamiento, hay varios casos, muchos hospitalizados.</p>
<p><strong>-¿Dónde los hospitalizan? </strong><br />
En la Clínica Ñuñoa. Hay un convenio con esa clínica. A mi me atendió un psiquiatra.</p>
<p><strong>-¿Le preguntaba sobre estas mismas cosas? </strong><br />
No, porque el médico es del servicio. Yo pedí asistencia médica porque estaba muy tenso, nervioso. Conversé con un psicólogo y éste me mando a sacarme un electroencefalograma. Después me citó varias veces a conversar con él, armé cubos, etcétera, luego determinaron que mis problemas eran derivados de mis problemas económicos.</p>
<p><strong>-¿Fue en profundidad el tratamiento? </strong><br />
No. Fue muy superficial.</p>
<p><strong>-¿Después cómo se sintió? </strong><br />
Los problemas continúan pero me siento bien. Lo que quiero decir es que los problemas que tengo son conmigo mismo. O sea, lo que estoy haciendo ahora.</p>
<p><strong>-¿Pero por qué no le contaba esto al psiquiatra? </strong><br />
No se lo podía decir. ¿Cómo le voy a decir que estoy aburrido de esto, que me quiero ir, que no quiero trabajar más acá, que estoy asqueado de este trabajo. ¡Imagínese!, el psiquiatra del servicio… Me iba a durar re poquito la vida. </p>
<p><strong>-¿Cómo se llamaba el psiquiatra? </strong><br />
Hay tres médicos. El que me atendió no sé si es psiquiatra o psicólogo. Es muy importante, está considerado entre los mejores de Chile. Incluso ha participado en foros en televisión. Tengo entendido que trabaja en Canal 7 y hace campañas de propaganda.</p>
<p><strong>-¿Cómo se llama? </strong><br />
Aracena.</p>
<p><strong>-¿Le hacía preguntas relacionadas con su trabajo? </strong><br />
No, con mi familia nada más. Del trabajo no porque sabe todo. Nos conoce bien a todos. Otro de los médicos se apellida Rey y el tercero participa poco, su nombre no lo recuerdo pero tiene cara de loco, es más bajo que yo, usa los pantalones cortos, camina medio raro, usa anteojos ópticos, pelo liso, semi canoso. Pero Aracena sí que ha participado en contra subversión.</p>
<p><strong>-Si un compañero suyo desaparece, ¿pueden preguntar a sus jefes por él? </strong><br />
Se pregunta, siempre que no exista lo que se llama cobertura, o sea, que fue trasladado, que fue dado de baja o en último término que fue sorprendido en una u otra cosa y está detenido. Ahí nadie lo puede visitar porque el que lo visite se va de baja. Le echan a perder la imagen como se dice.</p>
<p><strong>-¿Qué misión estaba cumpliendo usted en este momento? </strong><br />
Hacía un curso de cuatro meses de Inteligencia de seguridad territorial, pero de eso no voy a hablar ni una sola palabra.</p>
<p><strong>-¿Qué piensa usted del general Pinochet? </strong><br />
No me gusta. Creo que es el pensamiento de la Fuerza Aérea. No nos gusta porque es un dictador. Se rompieron las relaciones digamos cuando salió el general Gustavo Leigh. Dentro de los generales hay una cierta división por el general Pinochet…</p>
<p><strong>-Y a usted, ¿por qué no le gusta? </strong><br />
Pienso que las ideas se deben combatir con ideas. Esto lo vengo pensando desde hace mucho tiempo. Si alguien me dice a mí que es comunista y… bueno, yo no lo puedo matar, tengo que demostrarle que está equivocado. Es que un país no se puede…</p>
<h2>“HAY MIEDO”</h2>
<p><strong>-¿Está convencido de lo que esta diciendo? </strong><br />
Totalmente.</p>
<p><strong>-¿Sus compañeros opinan lo mismo? </strong><br />
No se pronuncian abiertamente. Hay miedo a las represalias. Uno no puede opinar libremente. Nadie le va a preguntar a uno o a un jefe “¿qué te parece el general Pinochet?”. Eso no se hace.</p>
<p><strong>-¿Conoció usted al general Leigh? </strong><br />
El día que dejó de ser miembro de la Junta de Gobierno. Trabajábamos en una casa de seguridad, pero no en contra subversión. De repente, llegó un oficial nuestro y eligió gente. A mí me eligieron -creo por la experiencia- para que prestáramos protección a la escolta del general. Nos fuimos al Ministerio de Defensa en un Fiat 125 y no nos querían dejar pasar. Le tiramos el auto encima a un centinela del Ejército que tenía cortado el camino por Gálvez. El conscripto no hizo nada, no se atrevió. Luego esperamos que saliera el general. Había muchos periodistas en el sector, gente que aplaudía y en eso llegó un auto Chevy Nova. Se bajó un oficial rubio y conversó con nuestro oficial y le dijo que la seguridad del general Leigh estaba en manos de ellos. Nuestro oficial le dijo que no, que lo escoltaríamos hasta su casa y que las únicas órdenes que esperábamos eran del general Leigh, que seguía siendo nuestro comandante en jefe. Pero ya había jurado el general Fernando Matthei. Recuerdo que uno de los guardaespaldas del general Leigh le pegó un puñete a un comando del Ejército que no lo quería dejar pasar hacia una oficina. De todas maneras no nos dejaron entrar al Ministerio. Se armó una discusión entre los dos oficiales y el nuestro dijo: “Ustedes se bajan, en caso de que este Chevy Nova se mueva, lo repelen”. No se atrevieron.</p>
<p><strong>-¿Qué pasó después? </strong><br />
Luego nos fuimos escoltando hasta el edificio Diego Portales. Nosotros nos bajamos con nuestras armas en la mano y creo que el general Leigh se asombró mucho. Cuando bajan hay un centinela que dice: “Baja el uno”, ese es el general Pinochet; “baja el dos” y así sucesivamente. Cuando salió el general Leigh, dijo “baja el…” y no supo qué decir. Lo acompañamos hasta su casa. Allá Leigh nos formó a todos y se despidió de cada uno de nosotros y nos dijo que teníamos que seguir prestándole apoyo al nuevo comandante en jefe. Cuando le dijeron que alguien quería hablar con él, respondió que no quería a nadie de la Junta, ni ministro ni nadie. Se juntó mucha gente fuera de la casa. Nosotros seguimos vigilando el lugar y echamos a los CNI: estaba lleno de autos de la CNI. Para evitar problemas se fueron.</p>
<p><strong>-¿No pensó nunca que todas las cosas y trabajos como usted les llama iban a salir un día a la luz? </strong><br />
Sí, lo pensé.</p>
<p><strong>-¿Hay gente de la FACH en la CNI en estos momentos? </strong><br />
No. Los retiró el general Matthei después del caso de la dinamitada.</p>
<p><strong>-¿Causó mucha conmoción en la FACH? </strong><br />
Sí, pero no por un problema sentimental. Encontramos que era un trabajo mal hecho. Una estupidez. Por eso mismo causó revuelo, porque había mucha gente nuestra trabajando en la CNI.</p>
<p><strong>-¿Pero no habían retirado el año 1976 a su gente de la CNI? </strong><br />
Sí, pero como una semana antes se  había enviado nuevamente gente en comisión, por un año. Cuando se supo el caso de la dinamitada, al día siguiente llegó una orden del general Matthei pidiendo que toda la gente regresara. La orden llegó a las ocho de la mañana a la CNI, a la diez se retiró toda la gente. Y al que no quería regresar se le dio de baja en la Fuerza Aérea y la CNI se hacía cargo de ellos, pero no como funcionarios FACH.</p>
<p><strong>-¿No provocó problemas eso? </strong><br />
Problemas con el Presidente Pinochet, sí. Cuando se pidió gente nuestra para la CNI fue por una orden de él. En realidad pidieron de todas las instituciones. La única rama que retiró su gente fue la FACH, los otros siguieron trabajando. Nosotros pensamos que iba a haber un quiebre porque el general Matthei pasó a llevar una orden del Presidente.</p>
<p><strong>-¿En qué forma? </strong><br />
Cuando se solicitó gente nuestra para la CNI, la FACH se opuso, pero luego salió una orden directa del Presidente de la República exigiendo que Matthei enviara gente. Con el problema de la dinamitada… se pensó que habría un quiebre. El mismo Álvaro Valenzuela, jefe de operaciones de la CNI, que quedó a cargo de nuestra gente, primero estaba muy prepotente y después tuvo que aceptar que los regresaran a la unidad de la FACH. Por eso mismo, después la Fuerza Aérea solicitó a todo el personal de seguridad que entregáramos toda la numeración de nuestro armamento. Para tener absoluto control y que nuestras armas no aparezcan mezcladas en un hecho delictual o algo raro que no tenga relación con la institución. Eso pasó hace como dos meses más o menos. </p>
<p><strong>-¿Hubo otro momento de quiebre institucional que usted recuerde? </strong><br />
Sí, debe haber sido en febrero o marzo, marzo más seguro. Parece que hubo un quiebre al interior de la Junta, porque nosotros tuvimos que vigilar durante una noche el movimiento de los regimientos. Fue una sola noche porque al otro día se levantó la alerta.</p>
<p><strong>-¿En qué lugar vigiló usted? </strong><br />
Tuve que controlar con mis compañeros el área de Independencia, el Regimiento Buin. Ver si había movimiento de camiones, cualquier cosa extraña. También debíamos estar alerta en mi unidad por si había movimiento desde Peldehue y El Salto.</p>
<p><strong>-¿Ocuparon todo Santiago me imagino? </strong><br />
Por supuesto. Se comentó después que se estaba esperando que Pinochet firmara un decreto que afectaba a la Fuerza Aérea y entonces nosotros íbamos a estar en contra de esa iniciativa. Quisimos evitar sorpresas, como sucedió con el caso del general Leigh y por eso controlábamos por si había movimientos para destituir al general Matthei.</p>
<p><strong>-Volvamos a lo personal, el adiestramiento que ustedes tienen, ¿no lo lleva a pensar que el tipo de trabajo que están haciendo es absolutamente anormal? </strong><br />
Pienso que sí. Uno actúa, no piensa, sólo actúa. Queremos ser eficientes y por eso mientras menos huellas quedan, mejor hecho está el trabajo que uno realiza.</p>
<p><strong>-Para las protestas, ¿no jugaban un papel? </strong><br />
Nunca hemos participado. Hacemos un día común y corriente. La orden la impartió el general Matthei, él está muy preocupado de la imagen de la institución, quiere que la FACH desarrolle solamente su labor profesional y no pretenda más.</p>
<p><strong>-¿En qué consiste su trabajo institucional? </strong><br />
Básicamente en la defensa territorial, para eso fueron creadas las Fuerzas Armadas.</p>
<h2>LA MAQUINA DE MUERTE</h2>
<p><strong>-¿Ha matado a sangre fría alguna vez? </strong><br />
No.</p>
<p><strong>-¿Estaba usted realmente consciente del tipo de trabajo que hacía? </strong><br />
Sí, hasta ahora.</p>
<p><strong>-Pero… ¿se da cuenta? </strong><br />
Sí.</p>
<p><strong>-¿Cómo pudo hacerlo? </strong><br />
Es una máquina que lo va envolviendo a uno hasta el punto de la desesperación, como me ha ocurrido a mí ahora. Sé que en este momento me estoy jugando la vida. Yo sé que quizás mi familia no me va a acompañar. Ni siquiera están de acuerdo con lo que he hecho, pero tenía que contarlo. Me sentía mal, estaba asqueado. Como le decía, quiero volver a ser civil. </p>
<p><strong>-Pero usted lleva diez años como agente de seguridad, ¿no cree que de todas las balas que ha disparado…?</strong><br />
Es muy probable porque he participado en varios tiroteos. Es muy probable…</p>
<p><strong>-¿Ha torturado? </strong><br />
Sí.</p>
<p><strong>-¿En qué consistían esas torturas? </strong><br />
Aplicación de corriente, golpes…</p>
<p><strong>-¿Cómo se comporta usted como padre? </strong><br />
Soy un mal padre.</p>
<p><strong>-¿Por qué? ¿Les pega a sus hijos? </strong><br />
No, pero juego raramente con ellos.</p>
<p><strong>-¿A qué lo atribuye? </strong><br />
No lo sé. Creo que en todo este tiempo he empezado a mirar la vida de otra manera. Me he dado cuenta de la situación por la que he pasado. No quiero que mis hijos me quieran. Sé que cualquier día me van a matar y no quiero que sufran. Por eso soy así en mi casa. Incluso mis hijos quieren más a los tíos. Cuando éstos llegan, mis hijos corren, los abrazan, los saludan… Cuando llego yo, a veces corren y yo no les hago mucho caso. Los quiero, pero no en el sentido que debería ser…</p>
<p><strong>-¿Pero usted ha querido alguna vez a alguien? ¿Ha sentido cariño por alguna persona? </strong><br />
Sí, claro que sí, pero tengo una forma muy particular de querer a las personas. No sé como explicarlo… Prefiero que a mí no me quieran. Con mi familia soy muy distinto. No visito nunca a mis padres.</p>
<p><strong>-¿Siempre fue así? </strong><br />
No. Cuando era muchacho me iba bien en los estudios. Era cariñoso y regalón de mis padres a pesar que soy el hermano del medio, somos tres hermanos. Era muy sentimental, después todos esos valores los fui perdiendo.</p>
<p><strong>-¿Y no se daba cuenta? </strong><br />
Claro que sí y eso me producía conflictos.</p>
<p><strong>-¿Cómo los solucionaba? </strong><br />
No los solucioné nunca en realidad. Los dejaba pasar.</p>
<p><strong>-¿Tiene resentimientos contra la institución? </strong><br />
Contra ella, claro que no. Contra los que me transformaron, sí. Con los jefes que me llevaron a hacer lo que hice. Contra la institución no, tampoco contra las Fuerzas Armadas.</p>
<p><strong>-¿Quiénes fueron esos jefes? </strong><br />
Roberto Fuentes Morrison.</p>
<p><strong>-¿Cuándo lo conoció? </strong><br />
El año 1974, en la Academia de Guerra. Él no era de la FACH. Tengo la impresión que el año 1975 fue nombrado subteniente de reserva. Él siempre dio a entender que antes estaba infiltrado en Patria y Libertad. En 1980 fue baleado, le pegaron dos balazos y lo ascendieron a comandante. En este momento es comandante de escuadrilla, de reserva claro. Le gusta mucho lucir el uniforme.</p>
<p><strong>-¿Qué tipo de persona es Roberto Fuentes? </strong><br />
Es alegre, siempre se le ve alegre, jovial.</p>
<p><strong>¿Siempre fue él el que ordenaba matar? </strong><br />
Siempre salía en los operativos y era él que participaba con los jefes de Carabineros, de la Marina y del Ejército que trabajaban con nosotros. Dictaminaban a quien se mataba, por eso dudo que los jefes máximos de la FACH sepan qué pasó realmente.</p>
<p><strong>-¿Está seguro que en este momento Fuentes Morrison no hace nada en la FACH? </strong><br />
Nada, a excepción que a veces trabaja con la CNI, pero porque él se ofrece para cooperar, hace contactos, favores personales. Ahí me enteré que en la CNI hay diversas unidades o agrupaciones. Una se llama la Agrupación Azul que se ocupa de los partidos políticos y así por cada área que tienen que trabajar: periodistas de oposición, sindicatos&#8230; Llevan años ya especializándose. Hay un área MIR, otra Partido Socialista, Partido Radical. Incluso se hacen bromas entre ellos porque los que más trabajo tienen son los que se ocupan del MIR.</p>
<p><strong>-¿Tenía muchos amigos Fuentes? </strong><br />
Tenía amigos en diferentes lugares. Por ejemplo, uno de los que está detenido por la muerte de un obrero del POJH en Pudahuel, Joaquín Justo Piña Glamesti, era su amigo desde el tiempo de Patria y Libertad. En una oportunidad fuimos juntos a la Municipalidad de Pudahuel a hacer un trabajo. Buscábamos una persona, teníamos la dirección pero no lo podíamos ubicar en Pudahuel y fuimos a la Municipalidad. Cuando salimos, Fuentes subió a un funcionario de la Municipalidad al auto y comentaron que había que ir a ver a Piña y Fuentes dijo: “yo a mi gente no la boto, así que voy a ir a verlo a la cárcel”. Luego nombró a los otros que estaban presos con Piña. El que iba con nosotros en el auto respondió que se acordara que habían trabajado muchos años juntos y le dijo a Fuentes: “de ti aprendimos”. Ahí me quedó claro que habían trabajado juntos y que también pertenecieron a Patria y libertad. Siguieron conversando, hicieron alusión a que Fuentes había sido autor de la voladura de un oleoducto durante la época de Allende.</p>
<h2>EL FUTURO</h2>
<p><strong>-¿Tiene miedo por su vida? ¿Ha pensado qué le va a pasar en el futuro? </strong><br />
Ahora sí tengo miedo.</p>
<p><strong>-¿Qué medidas ha pensado tomar para el futuro? </strong><br />
No sé… dejo que el tiempo diga… No sé qué va a pasar conmigo.</p>
<p><strong>-¿Sabe alguien que vino a conversar conmigo? </strong><br />
Nadie, absolutamente nadie.</p>
<p><strong>-¿Usted se acaba de graduar? </strong><br />
Claro, tengo aprobado el curso. Me espera una nueva destinación. Tengo que graduarme mañana.</p>
<p><strong>-¿Y lo va hacer? </strong><br />
No. No voy a estar.</p>
<p><strong>-¿Va a ser una sorpresa para todo el mundo…?</strong><br />
Sí, para todos. Sé que va a ser un remezón fuerte dentro de la Fuerza Aérea, con repercusiones en muchos lugares, en la CNI…</p>
<p><strong>-¿Pero usted en ningún momento se pudo oponer a ejecutar ese tipo de trabajo? </strong><br />
Tenía18 años y quería saber, nunca había estado con prisioneros y quise ir a ver. Le puedo decir que dentro de los servicios hay gente joven que llegó como yo y se metió tanto en la violencia que creo que ahora no pueden vivir sin violencia.</p>
<p><strong>-¿Y qué pasará si quedan sin trabajo? </strong><br />
Por eso hay muchos casos de delincuencia. Carabineros que han sido sorprendidos asaltando servicentros, por ejemplo. No sé, creo que después de esto cuesta entrar en el mundo de la ley.</p>
<p><strong>-¿Pensaba usted que estaba por sobre la ley? </strong><br />
Siempre pensé que estaba por sobre la ley…</p>
<p><strong>-¿Se sentía muy poderoso? </strong><br />
Yo no. Pero a veces sí, tiene razón, poderoso, no yo como persona, el sistema lo encontraba poderoso.</p>
<p><strong>-¿Eso lo llevaba a ser prepotente en su casa? </strong><br />
No. Nunca he sido prepotente ni peleador. En ese aspecto hasta he sido cobarde para pelear con otra persona de igual a igual. No me dominó la violencia hasta ese extremo.</p>
<p><strong>-¿A otros compañeros suyos sí? </strong><br />
Ya le dije que no quiero dar los nombres de mis compañeros. Un día venía con un colega, en auto, habían atropellado una persona la que estaba debajo de la micro hecha pedazos. Nosotros veníamos comiendo un sándwich y él pasó en el auto muy despacio. Noté que gozó con el espectáculo.  Yo miré y volví la cara. Había visto muchos muertos pero me impactó esa escena, no tanto el muerto, sino mi colega. Él siguió comiendo y era muy sano. Y eso es lo que creo que me ha llevado a hacer lo que estoy haciendo con usted. Me he dado cuenta del cambio que hemos tenido desde que éramos conscriptos, pavos algunos, otros tontos, sin mundo.</p>
<p><strong>-¿Qué hace en sus horas libres? </strong><br />
No me gusta llegar a mi casa. Leo mucho. Me gusta leer. Antes me gustaba mucho jugar fútbol, después dejé de ir a la cancha.</p>
<p><strong>-¿Qué le habría gustado hacer en la vida? </strong><br />
No lo sé. No lo he pensado nunca.</p>
<p><strong>-¿No recuerda lo que quería ser cuando usted era un adolescente? </strong><br />
Aunque le parezca irónico, policía, detective, carabinero también.</p>
<p><strong>-¿Qué le gustaría que fueran sus hijos en el futuro? </strong><br />
Doctor, cualquiera de los tres.</p>
<p><strong>-Cuando veía usted a un médico que era del servicio y que participaba de esos trabajos, ¿qué sentía? </strong><br />
Vi a un médico poniendo pentotal, eso me impactó.</p>
<p><strong>-¿Dónde lo vio?</strong><br />
En Colina. No sé qué médico era. No recuerdo. Se la puso al “Quila” (Miguel Rodríguez Gallardo)… Fue hipnotizado también… No hubo caso. Por eso le digo que es una de las personas que nosotros considerábamos enemigos que yo admiré, por su temple, su valentía, sus convicciones. A veces nos quebrábamos nosotros al lado de él cuando veíamos cómo le daban. Él siempre estuvo entero.</p>
<p>Yo diría que al principio cuando uno empieza, primero llora, escondido, que nadie se de cuenta. Después siente pena, se le hace un nudo en la garganta pero ya soporta el llanto. Y después, sin querer queriendo, ya se empieza a acostumbrar. Definitivamente ya no siente nada de lo que está haciendo…</p>
<div class="recuadro" id="cifras-dispares">
<h5>NOTAS</h5>
<p>*1-. CAROL FEDOR FLORES CASTILLO: Trabajaba en la Municipalidad de La Cisterna, vivía junto a su esposa en San Bernardo. Con el Golpe de estado quedó sin trabajo y se convirtió en soldador. Su padre era suboficial de Carabineros en retiro. Fue detenido junto a sus dos hermanos el 5 de agosto de 1974 en la casa de sus padres y llevado a la Academia de Guerra Aérea (AGA). Allí fue visitado en tres oportunidades por su esposa.<br />
Fue liberado después de ser torturado el 23 de octubre de 1974. En su ausencia había nacido su primer hijo. Tras ser dejado en libertad comienzan a visitarlo agentes de la SIFA, entre otros Roberto Fuentes Morrison alias “Wally” hasta que se convierte en informante. Desapareció el 30 de mayo de 1976. Su cadáver apareció el 2 de julio de ese mismo año.</p>
<p>*2-. “Coño” Molina: José Bordas Paz, uno de los principales dirigentes del MIR, fue detenido el 5 de diciembre de 1974, en una ratonera que le hicieron en la calle y que terminó en una cacería a balazos  en pleno barrio Vitacura. El equipo estaba al mando del coronel Horacio Otaíza y Edgar Ceballos. </p>
<p>*3-. HUMBWERTO CASTRO HURTADO (“CAMARADA DIAZ”): Obrero de 54 años, quien vivìa en una modesta casa en calle General Las Heras, en el pa5adero 30 de Gran Avenida junto a su esposa y sus dos hijos. Todos ellos presenciaron su detención, la que se produjo el 3 de septiembre de 1975 a las 2:30 de la madrugada.</p>
<p>*4-. ALONSO GAHONA CHAVEZ: Era un esforzado obrero de la Municipalidad de La Cisterna que había quedado solo, a cargo de sus dos pequeños hijos: Yuri (7 años) y Evelyn (6 años). Fue detenido por un grupo del Comando Conjunto, el que integraba su amigo Carol Flores, el 8 de septiembre de 1975. Su hijo “Yuri” se llego a mimetizar con un árbol a la salida del campo de prisioneros de “Tres Alamos”, esperando cada día su regreso. El tablero de ajedrez en el que su padre lo inició a mover los peones fue mudo testigo nocturno de su angustia. Sus largas caminatas durante las cuales le enseñaba a contar quedaran para siempre en su recuerdo.</p>
<p>*5-. MIGUEL ANGEL RODRIGUEZ GALLARDO: Casado con Rosalba Mendoza, tres hijos. Era ex grumete de la Armada y trabajaba como tornero mecánico. Fue arrestado el 28 de agosto de 1975.</p>
<p>*6-. Arsenio Leal Pereira, casado con Rosa Carrasco, cuatro hijos,  fue otro de los detenidos asesinados por el Comando Conjunto y que Andrés Valenzuela identificó. Fue detenido en su casa, frente a su esposa e hijos en la madrugada del 29 de agosto de 1975. Cuando le entregaron el cadáver a su mujer el 9 de septiembre de 1975, le dijeron que se había suicidado. Así lo describió: <em>“Parecía un viejito de 80 años en circunstancias que tenía 44 años. Tenía manchas violáceas bajo los ojos y en la parte superior izquierda del tórax. En sus piernas y brazos tenía manchas moradas. Las puntas de los dedos evidenciaban rastros de violencia: no tenía uñas. Los testículos los tenía aplastados como si hubiesen sido golpeados. En uno de sus hombros tenía una extraña marca: una quemadura. Tenía un orificio de bala, marcas en los tobillos y en los brazos de haber sido amarrado, un hoyo que le atravesaba la mano derecha, la frente golpeada y la nariz chueca. El pelo estaba pegado por sangre seca. Alrededor del cuello tenía una huincha de mezclilla…”</em>.</div>
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		<title>Las acusaciones que llevaron al juez Romano a huir de Argentina y pedir asilo en Chile</title>
		<link>http://ciperchile.cl/2011/09/21/las-acusaciones-que-llevaron-al-juez-romano-a-huir-de-argentina-y-pedir-asilo-en-chile/</link>
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		<pubDate>Wed, 21 Sep 2011 23:10:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Pablo Figueroa</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reportajes de Investigación]]></category>
		<category><![CDATA[Derechos Humanos]]></category>

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		<description><![CDATA[Desde que llegó pidiendo asilo político, el juez argentino Otilio Romano ha sido un dolor de cabeza para el gobierno de Chile. Huyó de Mendoza para evadir un juicio en su contra por 103 acusaciones de crímenes de lesa humanidad. La UDI le pidió a La Moneda que dilate el proceso hasta que se extradite a Galvarino Apablaza, algo que resulta difícil frente a las acusaciones que enfrenta Romano. CIPER tuvo acceso al documento que detalla cómo Romano y otros jueces protegieron a victimarios y omitieron información clave que pudo impedir desaparecidos y secuestros en Argentina. En su nueva casa en Algarrobo, Romano espera que Chile lo acepte como refugiado.    ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando a Luz Faingold se la llevaron sólo tenía 17 años. Ella no figuraba en la lista de personas que debían ser detenidas ese día por orden del juez federal Luis Francisco Miret, pero tuvo la mala suerte de haber llegado ese 28 de agosto de 1975 a la casa donde estaban León Glogowski, Ismael Calvo y otras ocho personas que sí aparecían en su nómina como presuntos subversivos. Apenas tocó a la puerta, los seis policías que alcanzó a ver y que habían ingresado a la fuerza la jalaron hacia adentro, la encapucharon, la encañonaron y la tiraron al suelo junto a los demás. Así había sucedido con cada una de las personas que llegaban a ese domicilio. Jamás apareció en la escena una orden de detención, pero eso no importó: a todos se los llevaron al Departamento de Informaciones de la Policía de Mendoza.</p>
<p>Cuatro días después, el papá de Luz acudió a la justicia para pedir la restitución de su hija. Como era menor de edad y no existía una orden de detención con su nombre, la ley argentina establecía que debía ser entregada a sus padres. Pero el juez Miret, que sabía desde el mismo día del allanamiento que entre los detenidos había una menor, no hizo nada. A sabiendas de que la detención era ilegal, la mantuvo detenida e incomunicada. El fiscal de la causa, Otilio Romano, también sabía lo que estaba pasando con Luz, pero no investigó y el mismo día que presenció la audiencia de la joven, dictaminó que debía seguir encerrada e incomunicada.      </p>
<p>Durante los días que Luz estuvo secuestrada, los policías la golpearon, la torturaron y la violaron. El 5 de septiembre de ese mismo año, tanto Miret como Romano participaron en los interrogatorios a algunos de los detenidos. Entonces les contaron de golpizas, torturas y robos que habían sufrido desde el momento del allanamiento. También les relataron que los habían hecho firmar con los ojos vendados documentos con confesiones en medio de golpes y amenazas. Les mostraron ahí mismo sus magulladuras. Pero los magistrados sólo se limitaron a formular preguntas formales. Ninguna de sus declaraciones fue investigada. Ni siquiera la de León Glogowski que además dijo que “escuchó a la señorita (Luz) Faingold a gritos reclamar que no la ultrajaran”. </p>
<p><img src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/Luis-Francisco-Miret.jpg" alt="" title="" width="276" height="350" class="right" />El 19 de septiembre de 1975, después de pasar por un centro clandestino de detención y un hogar de menores, Luz volvió a la casa de sus padres. Ni Miret ni Romano hicieron algo para investigar y determinar lo que le había pasado. </p>
<p>De eso han transcurrido 36 años y hasta hace sólo unos meses, los dos magistrados formaban parte de la cúpula del Poder Judicial argentino. Tanto Miret como Romano eran miembros de la Cámara Federal de Apelaciones de Mendoza, pero ya no. Luis Francisco Miret fue <a href="http://www.diariojudicial.com/contenidos/2011/03/11/noticia_0007.html"target="_blank">destituido en marzo por el &#8220;mal desempeño&#8221; de su función durante la década del ‘70</a>, cuando estuvo implicado en crímenes de lesa humanidad. Lo mismo pasó hace menos de un mes con el juez Otilio Romano, aunque con él, la cosa ha sido un poco más complicada, sobretodo desde que escapó a Chile.</p>
<h2>EL MAGISTRADO PRÓFUGO</h2>
<p>La tarea que tenía que cumplir en Mendoza a fines de agosto el secretario del Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados, Marcelo Bová, era sólo un trámite. Su misión era llegar hasta el domicilio del juez Otilio Romano y entregarle la notificación de la suspensión de su cargo y de la apertura de un proceso judicial en su contra. Pero no pudo hacerlo. Cuando llegó, el conserje del edificio le dijo que Romano ya no vivía allí.  </p>
<p>Apenas Romano supo que ya no rendirían frutos las medidas cautelares y otros recursos legales que interpuso para dilatar durante un año y medio el proceso de su destitución, optó por huir. El 25 de agosto el Consejo de la Magistratura de la Nación aprobó suspenderlo y abrir un juicio político en su contra por haber sido “funcional” al terrorismo de Estado que imperó durante la última dictadura en Argentina, entre 1975 y 1983. Así, Romano quedó sin fuero y disponible para ser detenido o al menos quedar con arraigo en su país. Pero el juez se anticipó a todo eso: un día antes de que se aprobara su suspensión, Romano subió a un avión, cruzó la cordillera y aterrizó en Chile con la idea de radicarse como refugiado político.  </p>
<p>Desde entonces, lo de Romano se ha convertido tanto en un asunto diplomático entre Chile y Argentina como en una cuestión política que enfrenta a la UDI con el gobierno. Especialmente desde que el fin de semana pasado <a href="http://www.elmostrador.cl/noticias/pais/2011/09/17/justicia-argentina-pide-captura-de-juez-otilio-romano/"target="_blank">se emitiera desde Argentina una orden de captura internacional</a> en su contra.</p>
<p>Para evitar que la situación de Romano pase a ser un impasse diplomático, la Presidenta argentina Cristina Fernández le solicitó a su embajador en Chile que el consulado no intercediera en su detención, dejando que todo se solucione a través de la vía jurídica. Aunque oficialmente se negó, se ha especulado que el caso Romano tendría que ver con la cancelación de la visita que tenía agendada Fernández para el 19 de septiembre a la Parada Militar. Aunque en Chile también ha resultado difícil mantener el tema fuera del área política. </p>
<p>El 12 de septiembre la comisión política de la UDI le solicitó a La Moneda que dilate el proceso de refugio político al ex juez Romano, o que al menos no lo agilice hasta que el gobierno argentino le quite la condición de asilado a Galvarino Apablaza, cuya extradición fue solicitada en septiembre del año pasado por ser el principal inculpado en el asesinato en 1991 del ex senador Jaime Guzmán, fundador de la UDI. Al día siguiente, el ministro de Justicia, Teodoro Ribera, militante de Renovación Nacional, dijo que el gobierno no aplicaría ese principio de reciprocidad y que Romano no sería usado como una “moneda de cambio”.</p>
<p><img src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/Omar-Palermo-losandes-com-ar.jpg" alt="" title="" width="273" height="350" class="left" />Mientras una comisión presidida por la jefa del Departamento de Extranjería y Migración (dependiente del Ministerio del Interior) evalúa si el caso del juez se ajusta a las exigencias contempladas en <a href="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/LEY-20430_15-ABR-2010.pdf"target="_blank">la ley que establece las disposiciones legales para la protección de refugiados</a>, Romano goza de una visa de residencia temporal por un máximo de ocho meses, el mismo plazo que tiene la comisión para decidir si le otorga o no el asilo. Ahora, espera la respuesta en la casa que posee en Algarrobo. </p>
<p>-No sé de qué carajo se me acusa –dijo el juez argentino a <em>El Mercurio</em> cuando le preguntaron por las acusaciones que lo llevaron a considerarse un “perseguido político”.</p>
<p>Pero Otilio Romano sabe muy bien cuáles son los delitos que lo complican. CIPER tuvo acceso <a href="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/requerimiento-juicio.pdf"target="_blank">al documento que el fiscal general Omar Palermo presentó para requerir el juicio</a> tanto de Romano como de otros tres funcionarios del Poder Judicial de Mendoza involucrados en crímenes de derechos humanos. El extenso informe entrega el detalle de al menos 103 casos en que jueces y fiscales de esa provincia recibieron información de secuestros, torturas, allanamientos ilegales y desapariciones ocurridas durante la dictadura en Argentina, y no hicieron nada. El de la detención ilegal y la violación de Luz Faingold es sólo uno de muchos.</p>
<h2>JUECES POR LA IMPUNIDAD</h2>
<p>Todo comenzó con una denuncia hecha en abril del año pasado que se refería a omisiones de hacer cesar privaciones ilegítimas de libertad o de investigar casos de tortura que habían sido denunciados antes los magistrados. En la acusación también se incluía el caso de Rebecca Celina Manrique Terrera, que sólo tenía nueve meses cuando fue detenida junto a sus padres.  Ellos nunca aparecieron. Su hija había sido sustraída. Cuando esos delitos se investigaron en 1987, diez años después del secuestro, los jueces de la Cámara archivaron la causa sin indagar lo que había ocurrido. La decisión fue notificada y ratificada por Romano el 17 de septiembre de 1987.    </p>
<p>Una vez recibida la denuncia en la Oficina Fiscal, el fiscal Palermo se dio cuenta de que todo lo relatado era muy similar a lo que ya se estaba investigando desde noviembre de 2009. Por lo mismo, se revisaron todos los expedientes reservados en el Archivo General relacionados con lo que ocurrió durante la época de la lucha antisubversiva, entre 1975 y 1983. Eso dio origen a la revisión de más de 900 sumarios, entre ellos 350 <em>hábeas corpus</em> interpuestos a favor a personas secuestradas. El resultado: “en ninguno de los casos los magistrados intervinientes promovieron medida alguna a los fines de investigar la posible comisión de un hecho ilícito”.</p>
<p>La investigación que dio inicio a la causa contra Miret, Romano y otros dos jueces –Rolando Carrizo y Guillermo Petra–, según consta en el documento, determinó que “el terrorismo de Estado contó en Mendoza con la complicidad de miembros de relevancia de un Poder Judicial que se adaptó sin más al <em>plan sistemático de represión y aniquilamiento de la subversión</em> imperante en aquellos años”. El texto indica:</p>
<p>“Su actuación fue determinante para que, en su conjunto y sin perjuicio de la determinación de responsabilidad individual de cada uno de sus miembros, el Poder Judicial Federal de la provincia de Mendoza evidenció una clara voluntad de no investigar las atrocidades que se cometieron. Esta afirmación está basada en un hecho incontrovertible: pese a las innumerables denuncias de cientos de desapariciones y/o homicidios, torturas, privaciones ilegales de libertad y abusos sexuales, entre otros numerosos delitos que se cometieron  durante aquellos años, no hubo un solo funcionario de las fuerzas de seguridad que resultara imputado o seriamente investigado por la comisión de esos hechos”. </p>
<p><img src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/Luz-Faingold.jpg" alt="" title="" width="241" height="350" class="right" />Las acusaciones que pesan contra Romano y los demás jueces apuntan a que su actuar durante esos años no sólo fueron casos aislados, sino que una conducta sistemática de protección a las fuerzas de represión de la dictadura argentina. La investigación del fiscal Palermo determinó que la mayoría de las denuncias recibidas fueron archivadas o sobreseídas provisoriamente, lo que en los hechos fue definitivo: sin una investigación que recabara nuevos antecedentes, resultó imposible reabrirlas. Se determinó también que fiscales y jueces omitieron la promoción de una indagación en casi todas las denuncias que indicaban claramente la existencia de secuestros, torturas y desapariciones; los sumarios policiales instruidos para averiguar privaciones ilegítimas de libertad eran archivados inmediatamente después de que los denunciantes decían no poder reconocer a sus victimarios; y si se acusaban torturas en los interrogatorios a personas encausadas por la <a href="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/Ley_20840.pdf"target="_blank">Ley 20.840</a>, que penalizaba las actividades subversivas en Argentina, la denuncia simplemente era omitida. </p>
<p>La forma más común en que los jueces de Mendoza investigados habrían protegido la impunidad de los represores fue a través del rechazo de cientos de hábeas corpus, el recurso más utilizado por las víctimas o sus familiares para la obtención de su derecho a libertad, sin considerar siquiera si la detención era legal o si incluso existía un decreto que la justificara. Se eliminaban sin otra tramitación que la meramente formal. </p>
<h2>EL HABEAS CORPUS DE LUIS MORIÑA</h2>
<p>Lo último que se oyó de Luis Rodolfo Moriña Jung fueron sus gritos. Unos días antes, durante la madrugada del 22 de noviembre de 1975, catorce hombres con uniforme policial, armas y capuchas sobre sus rostros, entraron a su casa en la ciudad de Mendoza. Jamás mostraron una orden de allanamiento. En cosa de minutos y en medio de gritos y amenazas, encerraron a sus padres y a su hermana en el baño. Moriña tenía 24 años y estudiaba medicina. Así fue que se lo llevaron y lo convirtieron en uno de los cerca de 30.000 detenidos desaparecidos de la dictadura en Argentina.</p>
<p>Ese mismo día, el hermano de Moriña presentó un recurso de <em>hábeas corpus</em> ante el entonces juez federal de Mendoza, Luis Francisco Miret. Al día siguiente, Miret envió un oficio al auditor del Comando de la Octava Infantería de Montaña, Arnaldo Kletz, ordenándole que le informara si Moriña estaba detenido y, en caso de estarlo, dónde se encontraba, por orden de qué autoridad y por qué causa. De todo eso tuvo conocimiento el juez Otilio Romano, que entonces era procurador fiscal. </p>
<p>Pasaron dos días. Como la respuesta no llegó, Miret se comunicó con Kletz y le dio dos horas para contestar. Al mediodía del 26 de noviembre, desde el Comando se informó que Moriña sí estaba “detenido a disposición del Poder Ejecutivo Nacional (PEN) en uso de las facultades que le confería el Estado de Sitio en el país”. Luego de eso, Miret solicitó al Ministerio del Interior una copia autenticada del decreto que ponía a Moriña a disposición del PEN. Ese documento llegó el 1 de diciembre de ese mismo año: Moriña se encontraba detenido “en virtud del Decreto nº 3608 del 27/11/75”. Miret se limitó a dejar constancia de la respuesta, aunque ni siquiera advirtió que la orden de detención fue realizada cinco días después de que Moriña fuera secuestrado.             </p>
<p>Un mes y medio después, a pedido del hermano de Luis Rodolfo Moriña, el juez federal Rolando Carrizo solicitó mediante oficio al Comando que se informara dónde estaba detenido. La respuesta llegó el 19 de febrero de 1976 y decía que Moriña estaba prófugo. Antes de eso, el 11 de diciembre de 1975, Romano había solicitado el sobreseimiento definitivo de la causa, lo que, sin haberse diligenciado ninguna medida investigativa, el 6 de abril de 1976, fue acogido favorablemente por el juez Carrizo.</p>
<p>Años después, en otra investigación, Daniel Pina declaró que fue detenido en su casa poco antes que Luis Moriña. Pina era su vecino y compañero de la facultad de Medicina, pero después del secuestro, ambos se encontraron detenidos en la Compañía de Comunicaciones de Montaña Nº 8. Allí fueron brutalmente torturados. Pina dijo que escuchó los gritos de Moriña durante una de las sesiones de tortura. Después de eso, nunca nadie lo volvió a ver con vida. </p>
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		<title>El dossier secreto que unió a dos mujeres, un sacerdote y a Gabriel Valdés en febrero de 1974</title>
		<link>http://ciperchile.cl/2011/09/21/el-dossier-secreto-que-unio-a-dos-mujeres-un-sacerdote-y-a-gabriel-valdes-en-febrero-de-1974/</link>
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		<pubDate>Wed, 21 Sep 2011 17:32:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Natalia Bogolasky</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reportajes de Investigación]]></category>
		<category><![CDATA[Derechos Humanos]]></category>

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		<description><![CDATA[Gabriel Valdés se inclinó y le dijo sigilosamente al sacerdote Fernando Salas: “ahora páseme su maletín y yo le pasaré el mío”. La escena tuvo lugar en un café de Nueva York. En la maleta del sacerdote estaban los documentos que acreditaban el asesinato de 160 personas durante los primeros meses de la dictadura y era imperioso difundirla. Para que llegaran a la ONU, se recurrió a ese intercambio que parece sacado de una película de la Guerra Fría, y a una cadena de la que formó parte la poetisa Rose Styron y la historiadora Joanne Fox Przeworski, ambas estadounidenses. ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Santiago, febrero de 1974. Las calles de un Santiago agobiante serían la ruta que recorrerían dos mujeres estadounidenses que desembarcaron en el Hotel Carrera y que sin conocerse entonces entrelazarían sus vidas con un sacerdote católico chileno y el diplomático Gabriel Valdés en la búsqueda de información para un expediente clave que debían sacar de Chile clandestinamente. Su objetivo: rescatar a miles de chilenos de la muerte a sólo cinco meses del Golpe militar que derrocó al Presidente Salvador Allende, trastocando la vida, los ritmos, la fisonomía y hasta los ruidos de las calles de Chile. Esta es la historia inédita de la búsqueda y el rescate de ese dossier que finalmente llegó a las manos de Valdés en Nueva York y que permitió hacer la primera denuncia por violaciones de derechos humanos ante la ONU. Con ello se logró lo que el sacerdote Salas y el Comité Pro Paz buscaban: que la presión mundial pusiera freno a la impunidad con que había estado actuando la dictadura hasta ese momento.</p>
<p>La poetisa <strong>Rose Styron</strong>, autora de <em>By Vineyard Light y Thieves Afternoon</em> (viuda del novelista William Styron, autor de <em>Las Confesiones de Nat Turner</em> y <em>La Decisión de Sophie</em>), embarcó en Nueva York para el viaje que la llevaría a su primera misión en terreno como miembro de Amnistía Internacional. Para facilitar su tarea decidió simular ser una simple turista y aterrizó en Santiago de la mano de Susan, su hija mayor de 17 años. Lo que Rose no sabía en ese tórrido verano era que ese viaje la marcaría de por vida. </p>
<p>Su experiencia previa era su conocimiento sobre las violaciones a derechos humanos que se cometían en la Unión Soviética y en Sudáfrica. Un camino que inició en 1968, cuando Rose Styron y su marido William Styron, fueron invitados a una conferencia de escritores en la Unión Soviética donde eran los únicos occidentales. Estando allá, entre charlas y conversaciones íntimas, comprendieron que el hecho de ser los únicos estadounidenses traía consigo una responsabilidad; y para sus nuevos amigos, una oportunidad: la posibilidad de hacer escuchar sus voces en otros mundos, de transmitir sus historias y dramas. Volvieron a Nueva York cargados con libros y poemas para traducir. De ahí a involucrarse activamente en la defensa de los Derechos Humanos, fue –dice Rose – sólo cosa de tiempo.</p>
<p><img src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/06-Inge-photo.jpg" alt="" title="" width="227" height="350" class="right" />Cuando la historiadora <strong>Joanne Fox Przeworski</strong> aterrizó en Santiago, traía consigo el rostro, olor y los sonidos de Molly, su pequeña hija de tan sólo seis meses a la que dejó en buenas manos para asumir lo que sentía era su deber. Chile no era un punto en el mapa, lo conocía muy bien. Mientras Rose Styron escribía, traducía poemas rusos, ayudaba a fundar la filial norteamericana de Amnistía Internacional y trabajaba por la libertad de Nelson Mandela encarcelado en Sudáfrica, Joanne Fox Przeworski iniciaba su relación con Chile. Entre 1970 y 1972 preparaba su disertación para doctorarse de historiadora mientras vivía en Santiago junto a su marido Adam Przeworski, profesor de FLACSO.</p>
<p>El Golpe de Estado en Chile sorprendió a las dos mujeres en Estados Unidos. Cinco meses después, por distintas rutas, ambas se embarcaron en una de las aventuras más importantes de sus vidas. Mientras Rose lo hacía por encargo de Amnistía Internacional, Joanne era parte de la “Comisión de Chicago investigadora de la situación de los Derechos Humanos en Chile” y la única que conocía Chile y hablaba español. </p>
<p>-Aunque de poco me sirvió al principio porque cuando llegué apenas reconocí el país en el que había vivido hasta sólo dos años antes. Era increíble: un país tan hermoso, con gente encantadora, hospitalaria, abierta a los extranjeros, se transformó en un monstruo totalitario y xenófobo, un lugar donde los vecinos se apuntaban con el dedo y se acusaban unos a otros. Algo difícil de creer, terrorífico –recuerda Joanne.</p>
<h2>LA RUTA QUE NADIE QUIERE RECORDAR</h2>
<p>No sólo el toque de queda había cambiado radicalmente la vida de los santiaguinos. En ese mes de febrero, el calor agobiante no daba tregua y acentuaba la tensión de las calles por donde circulaban incesantemente mujeres y hombres de distintas edades que buscaban en reparticiones públicas, hospitales, Servicio Médico Legal y comisarías, urgente respuesta sobre el destino de sus seres queridos encarcelados o simplemente desaparecidos, una palabra que todos ellos se negaban a pronunciar. </p>
<p>La escasa información disponible y las no respuestas acrecentaban la angustia de los familiares que cada día iniciaban el recorrido de los muertos. Una ruta que se hizo más agobiante desde que en noviembre de 1973, el Estadio Nacional, el principal campo de prisioneros instalado por el nuevo orden, fuera cerrado. Desde entonces, los 7 mil prisioneros que según la Cruz Roja Internacional figuraban encarcelados en esa instalación deportiva a fines de septiembre de 1973, ya no figuraban como detenidos. ¿Dónde están?, era la pregunta sin respuesta.</p>
<p>La pregunta cobraría un dramatismo inédito cuando años después el Informe Rettig y la Comisión Valech darían cuenta de que hasta ese mes de febrero de 1974 se registraron 1.896 víctimas de la violencia imperante, entre ejecutados políticos y detenidos desaparecidos. Eras sus familiares los que deambulaban por las calles buscando respuestas que nadie entregaba.</p>
<p>Para entonces, era un secreto de Estado los movimientos en Peñalolén, donde se ultimaban los trabajos de acondicionamiento que convertirían a Villa Grimaldi y otros recintos en cárceles clandestinas. La tensión sofocaba, los escondites se hacían cada día más escasos e inseguros mientras embajadas, como la francesa y la sueca, países donde se concentró el exilio chileno en Europa, estaban sobrepoblados y afectadas por el hacinamiento (<a href="#nota-uno">Nota 1</a>).</p>
<p>Para ensombrecer aún más esa cotidianeidad, la situación económica era apremiante. A las 4.601 personas que fueron despedidas de sus trabajos entre octubre de 1973 y diciembre de 1974, se sumó en diciembre de 1973 una variación anual del IPC de 508,1,  la mayor registrada hasta ese momento.</p>
<p><img src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/Joanne-Fox-Przeworski.jpg" alt="" title="" width="235" height="350" class="left" />En medio del caos, el 6 de octubre de 1973 y por iniciativa del Cardenal católico Raúl Silva Henríquez y del pastor luterano Helmuth Frenz, fallecido en estos días, se había constituido el Comité Pro Paz. Un alero creado por las  Iglesias Católica, Metodista, Luterana, Evangélica, Ortodoxa, Pentecostal y la Comunidad Israelita para proveer de apoyo espiritual y de ayuda legal a todos los perseguidos. Sólo el departamento penal de ese comité en sus dos años de existencia atendió siete mil casos de arrestados, procesados, condenados y petición de ubicación de personas detenidas desaparecidas. </p>
<p>No hubo tregua para los funcionarios del Comité Pro Paz ese verano de 1974. Mientras analizaban cómo romper la censura impuesta, su departamento penal preparaba un Recurso de Amparo masivo por 131 personas a presentar en marzo, apenas reiniciado el Año Judicial (<a href="#nota-dos">Nota 2</a>). </p>
<p>Bajo condiciones de presión extrema por el aumento de las demandas y el acoso de que eran objeto por parte de las autoridades que negaban la represión masiva, los directivos y abogados del Comité Pro Paz entendieron que una vía para intentar frenar la violencia era informar a la comunidad internacional de los atentados contra los derechos humanos de los que eran testigos a diario. Para ello era menester comunicar información documentada e irrefutable de cada caso para así poder obtener solidaridad, presión y ayuda internacional. En febrero de 1974 se reuniría la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en Nueva York para dar inicio a su tredécima sesión. La cita se convirtió en un hito al que había que llegar con los expedientes ultra chequeados de las víctimas.</p>
<p>Fue entonces que Rose Styron y Joanne Fox Przeworski entraron a jugar un rol clave en la historia.</p>
<h2>VIGIA EN EL HOTEL CARRERA</h2>
<p>Joanne y su grupo se hospedaron en el Hotel Carrera, justo a un costado del palacio de La Moneda. “Desde el techo del hotel podíamos ver el Palacio de gobierno bombardeado. Una semana antes habían asesinado a un turista italiano y mi marido estaba nervioso de que estuviera ahí, pero qué podía hacer, nadie más hablaba español, nadie más había estado ahí como yo, además, tenía muchos amigos en el país”, relata Joanne al teléfono desde su casa en Red Hook, NY.</p>
<p>Un corresponsal de la CBS les advirtió apenas llegaron al hotel que había que tener cuidado con lo que se decía entre esos muros. </p>
<p>-Como no podíamos tener ninguna conversación importante en las habitaciones porque nos estaban escuchando, subíamos a la terraza frecuentemente. Y fue desde ahí que divisé a Rose Styron por primera vez. Ella estaba con su hija. Yo no la conocía pero recuerdo haber comentado: “¿¡Qué hace esa rubia de vacaciones en este lugar a seis meses del Golpe!?” –cuenta Joanne</p>
<p>Lo que Joanne no sabía era que Rose Styron no estaba turisteando, sino en una misión de Amnistía Internacional:</p>
<p> -Querían que averiguara el paradero de los ministros del Presidente Allende que habían sido arrestados, llevados a centros de detención o de tortura a lo largo de Chile. Debía averiguar en qué condiciones estaban, si es que estaban vivos o muertos para que Amnistía pudiese ubicarlos y desplegar acciones por su vida y libertad. Además, PEN (Asociación Mundial de Escritores) me había pedido que intentara rescatar el último manuscrito de Pablo Neruda que supuestamente había sido enterrado bajo cemento en una esquina de Santiago. Fui a esa esquina y la verdad es que no encontré cemento alguno que diera la impresión de haber sido removido recientemente –recuerda Rose desde un café en Nueva York. </p>
<p><img src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/William-Styron.jpg" alt="" title="" width="226" height="350" class="right" />Transcurridos 37 años de ese verano, resulta extraño imaginar qué impulsó a Rose Styron a llevar con ella a su hija Susan a una misión que revestía riesgos, peligros. Una inquietud que la hizo recordar exactamente las recomendaciones que le dieron justo antes de subir al avión que la llevaría a Santiago:</p>
<p>-En el aeropuerto de Nueva York nos explicaron que la información que averiguáramos íbamos a tener que memorizarla, nunca escribir nada para así no poner en riesgo a nadie. Entendí que no era precisamente un lugar agradable. Pero nunca imaginé que podía llegar a ser un lugar tan peligroso para nosotras. Jamás imaginé que iba a ser una misión tan peligrosa. ¡De haberlo sabido obviamente nunca le hubiese pedido a mi hija que me acompañe! Lo que no sabíamos todavía en el detalle era la participación del gobierno norteamericano en el Golpe. No sabíamos del rol que había jugado Henry Kissinger. Supimos recién estando en Chile. Y fue estando allá en Santiago cuando realmente me percaté de los riesgos de la misión.</p>
<p>Rose Styron recuerda muy bien lo que ocurrió apenas salió a la calle: “Viajamos como madre e hija de vacaciones. Parecíamos una dupla inocente. Nos seguían para todos lados en unos vehículos, pero no tenían idea lo que estábamos haciendo realmente. Nos metimos en el juego y logramos averiguar muchas cosas. Logramos sacar toda la información que buscábamos de las propias mujeres de los prisioneros políticos a las que conocí a través de la señora del ministro de la Iglesia Metodista chilena, Samuel Araya. También recibí información de embajadores.</p>
<p>El calor del verano fue el gran colaborador que tuvo Rose para realizar su tarea: </p>
<p>-Cuando finalmente conocí a la mujer de Samuel Araya, le caímos bien mi hija y yo, confió en nosotras y decidió ayudarnos. Para ello coordinó una reunión con personas que nos podrían dar información. Como era verano, un día nos citó a una piscina ubicada en un hotel en las afueras de Santiago. Empezamos a jugar con una gran pelota roja. La tirábamos de un lado al otro dentro de la piscina  y las mujeres se nos iban acercando una a una y cuando ya estaban lo suficientemente cerca nos entregaban información. Después, se iban rotando. Fue así como nos fueron informando dónde estaban sus maridos, en qué prisión, las torturas de las que eran víctimas, en qué condiciones estaban. ¡Era tremendo! </p>
<p>Esa información de primera mano significó para Rose sumergirse en un mundo que la sobrecogió. Un estímulo para acelerar la recepción de la información oficial que debía recibir del Comité Pro Paz. “Ellos estaban realizando copias de documentos para que yo pudiera llevarlos fuera del país. Parte de la información estaba en mi cabeza y el resto en esos papeles”, cuenta Rose.</p>
<p>En esos mismos momentos, otra mujer estadounidense, Joanne Fox Przeworski, giraba sus pasos en torno al Comité Pro Paz:</p>
<p>-Fuimos a la sede del Comité Pro Paz (ubicada en calle Santa Mónica). Ahí sacamos fotografías a los documentos sobre desaparecidos, torturados, los relatos de sus familias. Éramos como espías de películas viejas, espías inexpertos eso sí. Ellos querían que transportáramos fuera del país esa información, que la hiciéramos pública.</p>
<h2>LAS REDES SACERDOTALES</h2>
<p>El padre jesuita Fernando Salas fue el primer secretario ejecutivo del Comité Pro Paz. Ese verano de 1974, tenía 32 años y recién había sido ordenado sacerdote. Treinta y siete años más tarde, en la tranquilidad del Colegio San Ignacio desde donde acompaña a familias, el padre Salas decide hurgar en esos a días de “sufrimiento amontonado” y recuerda que en ese momento la necesidad, y especialmente la conveniencia de recibir apoyo de gobiernos o entidades internacionales, se hacía cada vez más latente. </p>
<p><img src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/Fernando-Salas.jpg" alt="" title="" width="350" height="253" class="left" />-La Conferencia Episcopal chilena tenía posturas divididas, encontradas, respecto del gobierno militar, pero de alguna manera primaba el deseo de que hubiese respeto libertad, justicia, y que no hubieran torturas. Por eso, a comienzos de 1974, el primer paso del Comité Pro Paz fue empezar a pensar cómo poder hacer que los obispos hablaran de esto y al mismo tiempo tratar de ir consiguiendo apoyo internacional. Entonces se empezó a reunir un conjunto de documentos que podían mostrar de manera fehaciente que había personas que habían sido torturadas, que habían desaparecido, y probarlo en forma documentada. Así fue cómo surgieron los primeros 160 casos. Por cada uno de ellos pudimos demostrar con documentos, fotos, testimonios, certificados de defunción qué les había sucedido.</p>
<p>Esos documentos son los que Rose Styron y Joanne Fox Przeworski buscaban llevar fuera del país. Y fue en calle Santa Mónica, en la sede del Comité Pro Paz, que Joanne escuchó hablar por primera vez de Rose Styron: </p>
<p>-Estando ahí un cura nos comentó que tenía unos documentos que nos quería entregar pero que había otra mujer norteamericana que estaba dispuesta a llevarlos a Estados Unidos y que decía poder hacérselos llegar directamente a Edward Kennedy (que en esos momentos era senador y miembro de la Comisión de Relaciones Exteriores, a cargo de la Subcomisión de Refugiados del Congreso de EE.UU.). Yo no tenía ese tipo de conexiones por lo que claramente era mejor que los llevara ella. Esa mujer era Rose Styron, la rubia que había visto desde el techo del hotel, a quien no conocí hasta mucho después, ya de vuelta en nuestro país.   </p>
<p>Al igual que Rose, Joanne no se dio por satisfecha con la información que logró reunir en el Comité Pro Paz. Siendo la única de su grupo que conocía el país y hablaba español, aprovechó esa ventaja: “prefería ir sola a visitar a mis amigos para evitar ponerlos en problemas. La mayoría estaban escondidos o a punto de dejar el país”. Y hubo nuevos contactos que le dejarían huellas imborrables. Joanne relata:</p>
<p>-También nos reunimos con un grupo de monjas, mujeres maravillosas, fuertes y que estaban extenuadas. Durante el día trabajaban y durante la noche enterraban cuerpos de manera clandestina, acompañando a las familias en esos difíciles momentos. Ellas también nos entregaron documentación. La escondieron en una hermosa caja de pañuelos que parecía un regalo, pero adentro había miles de hojas tan delgadas como tela de cebolla, hojas repletas de valiosa información. Uno de los textos ahí guardados era <em>Estadio Chile</em>, el último poema escrito por Víctor Jara desde el estadio donde fue torturado y más tarde asesinado.</p>
<p>Trasladar información detallada sobre torturas, asesinatos, detenciones y desapariciones que ocurrían en el Chile de ese entonces constituía un riesgo. Rose Styron cuenta que utilizó un bolso con fondo falso que le entregó la señora del Presidente de la Fundación Ford en Chile y su ropa interior para esconder los archivos. Además, debió cambiar su vuelo de regreso a Estados Unidos, que misteriosamente había sido trasladado de Braniff a Lan, a su aerolínea original. Al salir de Chile se percataron que el peligro persistía por lo que, al llegar a Lima donde el vuelo hacía escala y después de esconderse junto a su hija en el baño del aeropuerto, lograron llegar a destino ellas y los documentos.</p>
<p><img src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/Gabriel-Valdés.jpg" alt="" title="" width="208" height="350" class="right" />El sacerdote Fernando Salas recuerda muy bien que una vez que tuvieron los primeros 160 casos documentados, “se hizo un resumen y un análisis del conjunto de la situación y se les envió a los obispos. Fue un resumen, no les mandamos todos los antecedentes, porque al ser un grupo de unas 30 ó 40 personas no íbamos a sacar tantas copias”.</p>
<p>La represión continuaba y el acoso de las nuevas autoridades también. Qué hacer con toda la documentación de los 160 casos de torturados y desaparecidos forzados acreditados por el Comité Pro Paz era la pregunta apremiante. Fernando Salas dice que en ese momento surgió la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas como la instancia de mayor peso mundial en la materia. Y empezaron a planificar la forma más expedita y segura de hacerlos llegar. Y fue entonces que emergió el nombre de Gabriel Valdés, el ex canciller del Presidente Eduardo Frei Montalva y que en ese momento ocupaba un alto cargo en la ONU en Nueva York, como el elegido para recepcionar el expediente más valioso del Comité Pro Paz.</p>
<p>Fernando Salas recuerda: “Se preparó todo ese dossier y tomamos contacto con la persona más cercana no sólo a la defensa de los chilenos de todo abuso y violencia, sino que también a la persona más cercana a Naciones Unidas: Gabriel Valdés. Nos pusimos de acuerdo para hacerle llegar los documentos. La pregunta era cómo hacerlos salir de Chile. Al final, después de conversaciones internas, fui yo mismo a llevárselos. Entonces, en un porta documentos más o menos gordo, de esos que se conocen como James Bond, pusimos todos los documentos, el dossier completo de las 160 personas. Me fui en un viaje extremadamente tenso y me junté con Gabriel Valdés en la sede de Naciones Unidas de Nueva York. Él era en ese momento la cabeza del programa del PNUD en América Latina”. </p>
<p>Ya en Nueva York, la situación seguía siendo tensa. Cuando finalmente Fernando Salas se sentó frente a Gabriel Valdés en un café cercano a la sede, aún no se decidía a soltar su maletín:</p>
<p>-Estábamos tomando un café con unos sándwiches y Gabriel Valdés me dice: “Tú me vas a dejar este material, ahora vamos a ir a un local donde podamos comprar un porta documentos equivalente para que no te quedes sin ninguno”. Entonces fue y él mismo compró un porta documentos nuevo, vacío. Y lo cambiamos. Ese maletín lo usé durante años después. Era un recuerdo permanente de Gabriel Valdés y de la necesidad que teníamos de la solidaridad internacional, de que nos ayudaran porque en Chile no podíamos resolver los problemas solos.</p>
<p><strong>- ¿Y cuáles fueron las consecuencias de haber sacado de Chile esa cantidad de información?</strong><br />
El resultado de esos documentos, y me consta, es que esa fue la primera vez que llegaron documentos en cantidad importante a la ONU de lo que estaba ocurriendo en Chile y de cuya autenticidad y valor dábamos fe todos los que estábamos ahí trabajando. Eso fue lo que movió las resoluciones de las Naciones Unidas haciéndole serias observaciones al gobierno de Chile en esos momentos. </p>
<p>De ahí en adelante, las violaciones a los derechos humanos en Chile estuvieron presentes en todo foro y conferencia internacional sobre la materia. El primer efecto se hizo sentir en marzo de 1974, una semana después que utilizara esa tribuna Hortensia Bussi viuda de Allende, con un telegrama enviado por la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas a la Junta Militar, expresando su preocupación por los numerosos reportes dando cuenta de las violaciones a los Derechos Humanos y solicitando su cese inmediato. Además, demandó la protección de figuras públicas y políticas que corrían riesgo de muerte. </p>
<p><img src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/Rose-y-su-marido-en-Chile.jpg" alt="" title="" width="350" height="253" class="left" />Dos meses después, en mayo de 1974, el Consejo Económico y Social de la ONU aprobó la resolución 1873 sobre protección de los Derechos Humanos en Chile. Un mes más tarde, en junio, fue el turno de la Organización Internacional de Trabajo (OIT) la que insistió ante la Junta Militar chilena -con la aprobación de otra resolución- instándola a poner término a la violación de los Derechos Humanos de los trabajadores y a cerrar los campos de concentración. En agosto, la Subcomisión de las Naciones Unidas para la Prevención de la Discriminación y la Protección de las Minorías aprobó la resolución número 8 con respecto al respeto de los Derechos Humanos Universales que estaban siendo vulnerados en Chile.</p>
<h2>LOS HILOS INVISIBLES</h2>
<p>Una vez que Rose Styron llegó a Nueva York lo primero que hizo fue encargarse de la información que tanto trabajo le costó sacar de Chile llegara al Congreso de los Estados Unidos. Sería sólo el comienzo de un largo trabajo que la uniría a muestro país y a Joanne Fox Przeworski. “Le entregamos todo ese material a Amnistía Internacional y ellos se lo dieron al <em>New York Review of Books</em> que publicó una edición que yo ayudé a escribir llamada <em>Terror in Chile”</em>.</p>
<p>Esa edición de <em>Terror in Chile</em> recogería también la información y el aporte de la historiadora Joanne Fox Przeworski. Así, la publicación lograría juntar a las dos mujeres que coincidieron en Santiago atravesando la misma estremecedora ruta sin que sus pasos se cruzaran, salvo aquella tarde en que al ver a Rose y a su hija desde la terraza del Hotel Carrera, Joanne exclamó: “¿¡Qué hace esa rubia de vacaciones en este lugar a seis meses del Golpe!?”. </p>
<p>-Amnistía Internacional usó la información para ayudar a los presos políticos y comenzó a trabajar para sacarlos fuera del país. Yo fui a Washington para consultarle al senador Edward Kennedy la posibilidad de impulsar un programa que aceptara a estos prisioneros como refugiados políticos ya que en esos años Estados Unidos sólo aceptaba refugiados de países comunistas. También hablé con el Fiscal General, para ese entonces ya era Presidente Gerald Ford y con él también hablé para que ayudara a los prisioneros chilenos. Entre Amnistía, el Fiscal General, Edward Kennedy y el Congreso, logramos sacar a varios prisioneros de Chile –cuenta Rose Styron.</p>
<p>Distintas fueron las vías que encontró Joanne Fox Przeworski, una vez de vuelta en Chicago, para seguir trabajando por los prisioneros chilenos: utilizó circuitos artísticos para ejercer presión y dar cuenta de la realidad chilena.</p>
<p>-Me puse en contacto con Joan Jara para confirmar la versión que yo había recibido del poema <em>Estadio Chile</em> y que había traído conmigo desde Chile. Junto a mi marido y a un grupo de estudiantes universitarios nos pusimos a traducir la información y le entregamos a Pete Seeger (cantante y activista estadounidense) el poema de Víctor Jara junto a otras historias dramáticas. Él cantó y contó estas historias y explicó lo que estaba ocurriendo en Chile frente a miles de personas en un concierto masivo que dio en Chicago. Recuerdo que cuando le dije a Seeger “mira, tengo el poema del Pete Seeger de América Latina”, él me respondió: “No, Víctor Jara es el Joe Hill de América Latina”. Y así fue como introdujo el poema frente a ese gran público.</p>
<p><img src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/ONU.jpg" alt="" title="" width="261" height="350" class="right" />Los hilos invisibles que alimentaron el flujo constante de información fehaciente y documentada de la violencia ejercida en Chile, no se detuvo jamás. Manos invisibles se encargaron de mantener ese caudal. Así fue como el 6 de noviembre de 1974, la Asamblea General de la ONU aprobó la resolución 3219 que condenó a la Junta Militar y le encargó al Secretario General del organismo el desarrollo de las “medidas apropiadas para restablecer los Derechos Humanos en Chile”. </p>
<p>Al año siguiente, tras acoger una petición de la Asamblea General de la ONU, la Comisión de Derechos Humanos estableció un Grupo de Trabajo cuyo objetivo fue investigar e informar acerca de la situación en Chile. El grupo, presidido por el paquistaní Ghullam Ali Allana e integrado por otros cuatro miembros, sólo en 1978 fue autorizado a ingresar al país por las autoridades chilenas. El grupo se disolvió en 1979 y dio paso a un Relator Especial para investigar sobre las desapariciones forzadas y la situación en este país, el que se mantuvo hasta el retorno a la democracia. </p>
<p>El apoyo internacional a Chile tras el Golpe militar ha pasado a la historia como uno de excepción en torno al cual se desarrollaron un sinnúmero de acciones a nivel internacional para intentar frenar las torturas, las ejecuciones sumarias y las desapariciones forzadas.</p>
<p>Para Roberto Garretón, abogado experto en Derechos Humanos que participó activamente en el Comité Pro Paz y luego en la entidad que la sucedió, laVicaría de la Solidaridad, el fuerte apoyo tuvo que ver con la impresión mundial que causó el derrocamiento del Presidente Allende, y como consecuencia de eso, la interrupción de una de las democracias más antiguas y estables de América Latina. “La brutalidad del régimen militar y el grave atropello a los Derechos Humanos se tradujo en un apoyo internacional generalizado. Además, el hecho de que la información haya sido proporcionada primero por el Comité Pro Paz y luego por la Vicaría de la Solidaridad, le dio al caso chileno un fuerte marco de credibilidad”, explica.</p>
<p>-Chile es un país desagradecido, porque no ha retribuido nunca la inmensa solidaridad que recibió del mundo entero desde el primer día del Golpe. El único país que ha recibido más solidaridad fue el pueblo de Sudáfrica en tiempos del Apartheid. La transición chilena ha sido injusta pues no hemos retribuido nada, y lo único que mandamos al extranjero son militares y carabineros para las operaciones de paz, como si no tuviéramos mejores productos de exportación –concluye Roberto Garretón.</p>
<div class="recuadro" id="nota-uno">
<h5>Nota 1:</h5>
<p>Hasta julio de 1975, la Vicaría de la Solidaridad calcula que se entregaron 9.401 salvoconductos a personas asiladas, refugiadas o expulsadas.</p></div>
<div class="recuadro" id="nota-dos">
<h5>Nota 2:</h5>
<p>Y se insistió en ese camino una vez que el Comité Pro Paz se convertiría en Vicaría de la Solidaridad, a pesar de que de los más de 800 recursos de amparo presentados entre el 11 de septiembre de 1973 y comienzos de julio de 1974, solamente uno fuera acogido.</p></div>
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