La tragedia humanitaria que ha vivido Colombia en los últimos quince años fue peor en estas colinas caribeñas que se extienden en quince municipios de Sucre y de Bolívar y en sus alrededores al noroccidente del país. Los colombianos se han estremecido con los relatos de sus masacres, El Salado, Chengue, entre otro medio centenar, y con los retratos de maldad de los autores comandados por “Cadena” y Vecino”. También ha constatado, después de sentencias ejemplares como la que dictó la Corte Suprema contra el cacique sucreño Álvaro García, que políticos cómplices, aprovecharon el miedo, para ampliar su poder y fortunas.
Insólito. Hollman Morris, uno de los más destacados periodistas colombianos, director y conductor del programa de TV Contravía, ganador de una de las 12 prestigiosas becas Nieman de la Universidad de Harvard para este año, se ve impedido de viajar a ese país debido a que el gobierno de Obama le niega la visa. La decisión ha desatado una ola de protesta e indignación en la comunidad de periodistas y medios de comunicación de Latinoamérica y Estados Unidos. No sólo por la excelencia del trabajo de Morris, retribuido con importantes premios internacionales por mostrar un trozo de la historia no contada de su país, sino también porque sus investigaciones han develado lazos secretos entre paramilitares y aliados políticos del Presidente de Colombia, Álvaro Uribe, y lo han puesto en la mira de esas mafias llevando las amenazas hacia él y su familia a un punto critico.
Periodistas internacionales se pronuncian sobre la importancia de la libertad de expresión para la democracia, y sobre la delicada situación de los periodistas en latinoamérica y particularmente en Colombia. También envian sus mensajes de apoyo al grupo de trabajo del programa Contravía, y a su director Hollman Morris, por la salida al aire de la nueva temporada.
De acuerdo a distintos autores hay guerras necesarias, opcionales, pero también las hay estúpidas. La guerra contra la droga en América Latina –y su piedra angular, el Plan Colombia- caería en esta última categoría. No es simple estupidez. Es un negocio de miles de millones de dólares que explican muchas de las decisiones de Estados Unidos en la región.
La siguiente investigación publicada por Semana.com da cuenta de la instalación de la gran minería aurífera en la Serranía de San Lucas, en el noroeste colombiano. Para dar tranquilidad a las faenas y evitar ofensivas guerrilleras o de los narcos, se reforzó el Ejército en la zona. “En lugar de tranquilidad, hubo mayor tensión”, asegura el reportaje. Y así lo indican las sospechosas muertes de dos líderes de los pequeños mineros de la región que se oponían al desembarco de las transnacionales. Ambos fueron muertos a tiros por los militares e inicialmente identificados como guerrilleros, pero documentos oficiales reunidos por Semana.com, lo ponen en duda. Una de las empresas que se instaló en la zona es la sudafricana Anglo Gold Ashanti, la que hasta fines de 2007 estuvo asociada con Antofagasta Minerals -el brazo minero del grupo Luksic- para sondear reservas de oro en el sur colombiano.
Estados Unidos ha invertido miles de millones de dólares para combatir el narcotráfico a través del Plan Colombia. Pero mientras entrega apoyo militar y financiero para terminar con los cultivos de coca, esta exhaustiva e impactante investigación revela que parte del dinero que busca fomentar siembras alternativas fue entregado a empresas productoras de palma ligadas a narcotraficantes y paramilitares. Los mismos que por años aterrorizaron a los campesinos, asesinando y saqueando sus tierras para después arrebatárselas y cultivar allí miles de hectáreas de palma que funcionaron como una buena pantalla del lavado de dinero.
Arturo Torres, uno de los periodistas de investigación más importantes de Ecuador, acaba de publicar El juego del Camaleón, libro en el que revela los secretos del ataque que ordenó el Presidente Uribe al campamento de las FARC en territorio ecuatoriano y que culminó con la muerte del segundo jefe de la guerrilla, Raúl Reyes. Su investigación da cuenta de un proceso de inteligencia y espionaje que antecedió al bombardeo, además de la intensa colaboración que el grupo armado articuló en Ecuador. Todo ello avalado en decenas de entrevistas y centenares de documentos y fotografías que Torres recopiló en su país, Venezuela y Colombia hasta estructurar una historia que hoy sacude al Ecuador. CIPER publica la introducción y el capítulo II del impactante libro.
Las FARC han recibido en menos de un año los más duros golpes estratégicos a sus estructuras militares. Ante el rescate de Íngrid Betancourt, los tres estadounidenses y los once militares colombianos, pierden sus mayores cartas de negociación política y vitrina internacional. ¿Cuál será el paso que darán?
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