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	<title>CIPER Chile &#187; Allende</title>
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	<description>Centro de Investigación e Información Periodística</description>
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		<title>Los fantasmas que rondan la muerte de Salvador Allende</title>
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		<pubDate>Tue, 24 May 2011 05:50:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cristóbal Peña</dc:creator>
				<category><![CDATA[Actualidad y Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Allende]]></category>
		<category><![CDATA[Derechos Humanos]]></category>

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		<description><![CDATA[Además de corroborar su identidad, la exhumación de los restos del ex Presidente pretende establecer una verdad histórica. Ya no sólo se sopesa la versión del doctor Patricio Guijón, sino también la de otros médicos y policías que refrendan el hecho. A esto se suma el reciente hallazgo de una copia del expediente original de la Fiscalía Militar, que incluye una declaración del ex ministro José Tohá recogida desde el Hospital Militar y un inventario de los bienes encontrados en el Salón Independencia. Desde la espada de O’Higgins al fusil AK-47 con el que Allende se habría quitado la vida. ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>A comienzos de este año, cuando el ministro Mario Carroza se hizo cargo de la investigación por la muerte de Salvador Allende, una de sus primeras diligencias fue pedir el expediente con que la justicia castrense determinó en 1974 que el ex Presidente se había suicidado. La Fiscalía Militar negó tener el original. Carroza siguió entonces la pista de un antiguo aviso publicado en internet que ofrecía el expediente por dos millones de pesos. El oferente resultó ser el propietario de una empresa de demoliciones que aseguró haberlo encontrado mientras echaba abajo la casa de un ex relator de la justicia militar.</p>
<p>Una semana después de que esa copia le fuera embargada al empresario de demoliciones, el fiscal militar que investigó el hecho, Joaquín Earlbaum, apareció en el despacho del ministro Carroza con otra copia. El expediente original, sin embargo, aún está extraviado. </p>
<p><img src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/Juez-Carroza-presente-en-la-exhumación-del-cuerpo-de-Salvador-allende.jpg" alt="" title="" width="350" height="231" class="right" />Además del informe de autopsia y de la pericia balística que ya se conocían, el expediente incluye elementos que pueden dar luces sobre la verdad histórica más controversial del siglo XX. Entre ellos, un tercer informe de 1973 titulado “Relación de especies encontradas por personal militar en lugar del suicidio”. El documento que firma el coronel Julio Polloni Pérez, director interino de Inteligencia del Ejército, da cuenta de piezas históricas.</p>
<p>En ese inventario se enumarn bienes como la espada de O’Higgins, el fusil AK-47 regalado por Fidel Castro con el que Allende se habría matado, sus anteojos Mustang, su reloj Jaegger LeCoultre y las dos vainillas de las balas que perforaron su cabeza (<strong><a href="#lista-objetos"> ver lista completa </a></strong>). La mayoría de esos objetos se encuentran extraviados y el juez Carroza ofició al Ejército, que debía custodiarlos, preguntando por ellos. </p>
<p>El expediente contiene también las primeras declaraciones recogidas entre 1973 y 1974. Una de ellas es la del ex ministro de Defensa José Tohá, a quien se tomó testimonio mientras permanecía detenido en el Hospital Militar, lugar donde moriría poco después. Contiene también la primera declaración judicial del doctor Patricio Guijón, que reafirmará la tesis del suicidio que permanece hasta hoy.</p>
<h2>Testigo accidental </h2>
<p>Patricio Guijón era el menos político de los médicos personales de Salvador Allende. También el más distraído e ingenuo. Integró el equipo de médicos de la Presidencia por recomendación de su colega y amigo Arturo Jirón, ex ministro de Salud de la Unidad Popular. Fue el único de ese equipo que no salió al exilio tras el golpe de Estado. Siguió viviendo en su casa en Vitacura como cualquier hijo de vecino. En adelante, quien quisiera dar con su paradero no debía más que consultar la guía telefónica.</p>
<p><img class="left" src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/Golpe-de-estado.jpg" alt="" width="350" height="239" />Esa jornada de martes 11 de septiembre de 1973, cuando se reunió junto al resto de sus colegas en La Moneda, hizo y dijo cosas dignas de ser destacadas. Lo primero fue permanecer en funciones, aun cuando el Presidente dejó en libertad de acción a sus colaboradores ante la proximidad del ataque aéreo. Lo segundo fue comentar, en medio del bombardeo de los Hawker Hunters, que muy de seguro “esas bombas deben ser chilenas, porque aún estamos vivos”. Así al menos lo recordó treinta años después en una entrevista con <em>El Mercurio</em>. Lo tercero ya es histórico. </p>
<p>Tras el bombardeo aéreo y con La Moneda en llamas, una vez que Allende ordenó a sus colaboradores que se entregaran a las fuerzas golpistas, el doctor Guijón recordará que cuando comenzaba a salir hizo algo “realmente absurdo”: volvió sobre sus pasos en búsqueda de una máscara de gas como recuerdo a su hijo mayor. Según su relato, estaba en eso cuando abrió las puertas del salón Independencia, donde se había encerrado Allende, y lo vio en los instantes precisos: sentado en un sillón, de espaldas a la pared, el Presidente sostenía un fusil cuyo caño presionaba su barbilla, un disparo seco, parte del cráneo y los sesos volaron por los aires. </p>
<p>Con menos detalles, su testimonio transmitido por la televisión pública en septiembre de 1973 acalló dudas y a la vez despertó sospechas de quienes no creyeron en la versión del suicidio, incluida la propia familia del ex Presidente. El hecho es que desde entonces el cirujano Patricio Guijón quedó convertido en <em>el</em> testigo de la muerte de Salvador Allende. Testigo accidental, que parece haber estado en un lugar y un tiempo equivocados. </p>
<p>Empeñado en establecer una verdad judicial de los hechos, que a la larga será histórica, el ministro Carroza ha tomado declaración a una veintena de protagonistas que sobrevivieron al golpe y viven para contarlo. Protagonistas que sin poner en cuestión el fondo del relato del doctor Guijón, lo han situado en un lugar secundario, denotado imprecisiones, si es que no hechos contradictorios. </p>
<p>Guijón no fue ni por lejos el único que vio a Allende muerto inmediatamente después de que uno o dos disparos secos se escucharon tras la puerta del salón Independencia. Tampoco el único que dice haber presenciado el momento exacto en que aparentemente se disparó. De cualquier modo la verdad judicial no está confiada únicamente a testimonios de sobrevivientes del asalto a La Moneda. La reciente exhumación de los restos de Salvador Allende persigue, además de corroborar la identidad de esos restos, probar la trayectoria que habría seguido el o los impactos de bala que provocaron su muerte. Esto último ante un reciente informe del Servicio Médico Legal (SML) que detectó discordancias entre los impactos encontrados en el lugar de los hechos y la trayectoria del disparo descrito en la autopsia realizada en septiembre de 1973 por encargo del fiscal Earlbaum. </p>
<h2>Disparos secos </h2>
<p><img class="right" src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/Exhumacion-del-ataud-de-Salvador-Allende.jpg" alt="" width="350" height="217" />Aunque en La Moneda había casi cincuenta personas, unas pocas asistieron el momento en que el Presidente Allende se despidió de sus colaboradores más cercanos y se encerró en el salón Independencia. Menos aún son las que sobreviven para contarlo. Una de ellas es el ex detective de la Policía de Investigaciones Gustavo Basaure Barrera. </p>
<p>Miembro de la escolta permanente que Investigaciones dispuso para la custodia del mandatario, Basaure fue uno de los 17 policías que ese 11 de septiembre permanecieron leales junto a Allende en La Moneda. Resistieron el asalto en condiciones muy desventajosas, en un gesto más testimonial que efectivo, y cerca de las dos de la tarde su superior directo les informó que el Presidente había dispuesto que salieran en fila india por la puerta de Morandé 80. No había muchas posibilidades. La Moneda ardía en llamas, el ambiente era irrespirable y la mayor parte del grupo se había reunido en ese sector. Entonces Basaure, que permanecía sentado en un corredor del segundo piso del palacio junto a su compañero Pedro Valverde, presenció cuando Allende terminaba de despedirse y cerraba por dentro la puerta del salón Independencia diciendo que tomaría un par de minutos para meditar. </p>
<p>El policía estaba a unos pocos metros de esa puerta, tres o cuatro, y desde ese lugar escuchó “dos disparos secos, sin estampida”, provenientes del salón. Mientras se incorporaba junto a su compañero, tres o cuatro hombres llegaban corriendo desde el ala sur del pasillo y abrían la puerta del salón. Uno de ellos salió gritando que el Presidente se había matado. </p>
<p>-Yo no entré al salón, pero como la puerta quedó entreabierta me asomé a mirar: aunque estaba casi a oscuras, sin luz, vi que el Presidente estaba tendido en un sillón y tenía una herida en el cuello, aunque no parecía tener sangre. Encima tenía un fusil –dice Gustavo Basaure desde su casa en La Florida.</p>
<p>Pedro Valverde Quiñones, el compañero de Basaure, presenció la escena con mayor detención pero no vive para relatarla. Una posición tanto o más privilegiada tuvo el también fallecido policía David Garrido Gajardo. En 1987, en una crónica de la revista <em>Análisis</em> sobre la muerte de Allende firmada por Mónica González, María Olivia Monckeberg y Patricia Verdugo, el ya ex policía Garrido recordó la escena en los siguientes términos: </p>
<p>“Estábamos al fondo del pasillo, casi frente al living privado del Presidente, cuando lo vi acercarse con Enrique Huerta, el doctor Patricio Guijón y otras personas, las que quedaron  en la puerta cuando él entró. Entonces escuché la voz del Presidente que dijo fuerte: ‘Allende no se rinde’, y de inmediato, dos o tres balazos. El médico dijo: ‘El doctor se mató’, entró en el despacho y, desde mi posición, vi al Presidente sentado, con la cabeza hacia atrás y el casco botado. Había sangre en el muro”. </p>
<p>En esos minutos Basaure no recuerda haber visto al doctor Guijón rondando en el pasillo del segundo piso, paralelo a calle Morandé. Es más: como muchos ex policías presentes ese día en La Moneda, pone en duda que el médico haya regresado motivado por el rescate de una máscara antigás. </p>
<p>–No resiste ninguna lógica –dice el policía, recordando el temor que cundía a esas horas ante el acecho de los militares y la incertidumbre de no saber lo que les esperaría afuera. – En esas circunstancias, ¿a quién se le iba a ocurrir volver a buscar un <em>souvenir</em>? </p>
<h2>El primero de la fila </h2>
<p>Cuando se escucharon los disparos en el salón Independencia, los primeros leales que resistieron junto a Allende habían alcanzado la calle. Contrario a las órdenes del Presidente, la fila no era encabezada por su secretaria Miria Contreras, la Payita, sino por el policía Eduardo Ellis Belmar. De bigotes espesos y contextura gruesa, apenas abrió la puerta y puso un pie en la calle un soldado lo abrazó por la espalda y lo usó de escudo para protegerse de disparos provenientes del Ministerio de Obras Públicas. Inmediatamente después salió la Payita. </p>
<p><img class="left" src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/bombardeo-a-la-moneda.jpg" alt="" width="350" height="241" /><br />
Ya cuando estaba tendido en la acera de Morandé junto a otros detenidos, escuchó la noticia de uno de sus compañeros que se encontraba en su misma posición: el Presidente se había quitado la vida. </p>
<p>Desde La Reina, donde vive, el ex detective Ellis sostiene que ningún militar alcanzó a ingresar a La Moneda desde la puerta de Morandé antes de que Allende se quitara la vida. </p>
<p>-Cuando yo recibí la noticia, los militares aún no habían entrado a La Moneda. Esperaron a que bajaran todos por la escalera que conectaba el pasillo del segundo piso con la puerta de Morandé –dice. </p>
<p>La misma certeza tiene el jefe de la guardia presidencial de Investigaciones, Juan Seoane Miranda, quien dejó La Moneda una vez que se enteró de la muerte de Allende. Recuerda que el dramatismo fue agudizado por el intento del subsecretario general de Gobierno, Arsenio Poupin, de quitarse la vida con una pistola. Alguien logró arrebatársela. Enrique Huerta, el intendente de Palacio, gritó un viva a favor del fallecido Presidente. Recién nada más se había despedido de él. Poupin y Huerta fueron de los últimos en verlo con vida y los primeros testigos de su muerte. Los dos se entregarían y más tarde serían torturados y hechos desaparecer.  </p>
<p>Seoane no pone en duda que Allende se quitó la vida:</p>
<p>-Doy fe de que los soldados no habían entrado todavía. Estábamos únicamente nosotros. </p>
<p>Las versiones de los ex policías son coincidentes. La mayoría de ellos son amigos y suelen reunirse habitualmente. La última vez lo hicieron antes de ser citados a declarar ante el juez Carroza. La única versión discordante es la de Carlos San Martín. Según uno de sus antiguos compañeros, en su reciente declaración judicial dio indicios de la presencia de militares al momento de ocurrida la muerte de Allende. Pese a haber permanecido voluntariamente en La Moneda, San Martín no siente afinidad por la izquierda. Más bien lo opuesto.</p>
<h2>Instante fatal </h2>
<p>En septiembre de 1984, cuando su versión aún era resistida por la izquierda chilena, Patricio Guijón dio una entrevista a revista <em>Cauce</em> en la que evocó la escena que lo anclará permanentemente al pasado.  </p>
<p><img src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/Dr-Arturo-Jirón-editorial-pehuen.jpg" alt="" title="" width="350" height="233" class="right" />Dirá que entró al salón y le tomó al pulso al Presidente, constatando su muerte. Otro absurdo: el cráneo del Presidente estaba abierto y destrozado. La masa encefálica a la vista. Luego, en un acto instintivo, tomó el fusil AK-47 que estaba sobre el cuerpo del Presidente y lo dejó a un lado. </p>
<p>En esos diez a quince minutos que permaneció en el salón hasta la llegada de los militares, Guijón no recuerda haber visto ni escuchado a nadie más. Sin embargo, son varios los testigos que dicen haber visto el cadáver de Allende. </p>
<p>Uno de sus colegas, José Quiroga Fuentealba, testificó hace unas semanas ante el juez Carroza haber presenciado desde el dintel de la puerta del salón Independencia el instante preciso en el que Allende se quitó la vida: “Se escuchan disparos, Huerta abre la puerta y veo la figura del Presidente sentado que empieza a desfallecer”. </p>
<p>Estas contradicciones, unidas a la interpretación de otros hechos y testimonios, no sólo han llevado a cuestionar la tesis del suicidio. Este año, el periodista chileno Camilo Taufic planteó que Allende intentó suicidarse con una pistola pero quedó malherido. La tarea habría sido completada por Enrique Huerta. </p>
<h2>La sombra de Allende </h2>
<p>Pasada las cinco de la tarde, cuando el cadáver del Presidente Allende fue sacado de La Moneda envuelto en un chamanto boliviano, un suboficial de Ejército entró en acción. Por instrucciones del general Javier Palacios, que dirigió la toma de La Moneda, el subteniente Manuel Vásquez Nanjarí tenía la orden de permanecer en todo momento al lado del cuerpo del Presidente. Ser su sombra, pasara lo que pasara. Por eso subió a la ambulancia que transportó el cuerpo hasta el Hospital Militar, y una vez allá, en el quirófano del Departamento de Otorrinolaringología, le hizo guardia hasta pasada la medianoche.</p>
<p>Horas antes, el almirante Patricio Carvajal había sido instruido por Augusto Pinochet para que un equipo de médicos legistas “certifiquen la causa de muerte del señor Allende con el objeto de evitar que más adelante se nos pueda imputar a las Fuerzas Armadas el haber sido las que provocaron su fallecimiento”.</p>
<p><img src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/Mario-Carroza.jpg" alt="" title="" width="350" height="237" class="left" />Vásquez Nanjarí fue testigo del momento en que el cadáver de Allende, ya depositado en el quirófano del Hospital Militar, fue desnudado por completo para un peritaje fotográfico que luego quedó adjunto a la causa que siguió el fiscal militar Joaquín Earlbaum. Y a contar de las ocho de la noche, y por las siguientes cuatro a cinco horas, presenció el procedimiento de autopsia que los peritos médico legistas José Luis Vásquez y Tomás Tobar, apoyados por el perito auxiliar Mario Cornejo, realizaron al cadáver del Presidente. Testigos fueron también los cuatro jefes de sanidad de las Fuerzas Armadas y de Carabineros. </p>
<p>En el informe de autopsia N° 2449/73, que firmaron los peritos Vásquez y Tobar, se concluye que “la causa de la muerte es la herida a bala cérvico-bucocráneo-encefálica reciente, con salida de proyectil” y que “el disparo corresponde a los llamados ‘de corta distancia’ en medicina legal. El disparo ha podido ser hecho por la propia persona”.</p>
<p>Aunque la autopsia entrega detalles del examen interno al cadáver, en su reciente declaración a la policía el ex suboficial Vásquez Nanjarí desconoció que el cadáver haya sido sometido a cirugía. De cualquier modo, lo relevante de su testimonio es que resulta inédito y permitirá recrear con mayor precisión lo que ocurrió con el cadáver de Allende desde que fue encontrado por los militares hasta que fue depositado en una ataúd y conducido en avión hasta el cementerio Santa Inés de Viña del Mar, donde fue enterrado al día siguiente en presencia de Tencha Allende, el edecán naval Roberto Sánchez, unos pocos familiares y cinco sepultureros como únicos testigos. </p>
<p>En 2003, esos mismo cinco sepultureros que participarán de la exhumación de 1990 recordarán en un reportaje de la revista <em>Siete+7</em> que a las pocas horas de ser enterrado en Viña del Mar el ataúd con los supuestos restos de Salvador Allende fue robado por un grupo de pobladores que abandonaron el féretro en plena carrera al ser sorprendidos por militares. “El féretro llegó de vuelta a la tumba en muy mal estado”, recordará uno de los sepultureros. </p>
<p>El mismo año de la primera exhumación, en un reportaje de revista <em>Análisis</em>, una pobladora llamada Ana Vergara que participó del robó del ataúd dirá que el hecho estuvo motivado por la necesidad de certificar que quien se encontraba dentro era efectivamente Salvador Allende. Aunque la cabeza estaba destrozada, Ana Vergara y otros pobladores no tuvieron dudas de que así era.   </p>
<h2>Informes contradictorios </h2>
<p>La exhumación del lunes último persigue el mismo objetivo con métodos científicos. Certificado esto, el equipo liderado por el médico forense español Francisco Etxeberría se abocará a la tarea de contrastar las pericias originales con lo que evidencien los restos óseos. </p>
<p><img src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/Foto-Salvador-Allende-autopsia.jpg" alt="" title="" width="350" height="219" class="right" />Dos informes realizados en 1973 se conocen desde que el año 2000 fueron publicados en el libro <em>La Conjura</em>, de Mónica González: <a href="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/Informe-de-autopsia.pdf" target="_blank">la autopsia</a> y un<br />
<a href="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/Pericia-balística.pdf" target="_blank">peritaje balístico</a>. Si bien ambos estudios debieran ser concordantes, el análisis realizado este año por el Servicio Médico Legal por encargo del ministro Carroza arrojó sorpresas.</p>
<p>La pericia balística fue realizada por funcionarios de Investigaciones que se constituyeron en La Moneda la tarde del 11 de septiembre. En sus conclusiones quedó consignado que “la muerte del señor Allende Gossens se produjo como consecuencia de una herida de bala que tiene su entrada en la región mentoniana y su salida en la región parietal izquierda. No se descarta la posibilidad que se trate de dos trayectorias correspondientes a dos disparos de rápida sucesión”.</p>
<p>Si bien ambos peritajes resultaron coherentes para el fiscal Earlbaum, quien en 1974 estableció que la causa de la muerte de Allende había sido el suicidio, el reciente estudio del Servicio Médico Legal acusó incoherencias entre los peritajes originales al advertir una “discordancia respecto a la trayectoria intracraneana del proyectil disparado”. </p>
<p>Tras la exhumación del cadáver, el equipo a cargo del examen tanatológico deberá resolver las discrepancias entre ambos estudios y contruibuir a cerrar un capítulo de la historia que se arrastra hace casi cuatro décadas.</p>
<div class="recuadro" id="lista-completa">
<h5> Inventario de bienes<br />
</h5>
<p>La siguiente es la lista de bienes encontrados en el Salón Independencia donde murió Salvador Allende. La mayoría se supone perdida.  </p>
<p>-La espada de O’Higgins.<br />
-Bastón estoque de 1903.<br />
-Metralleta AK-47 con la inscripción “A Salvador Allende de su compañero de armas Fidel Castro”.<br />
-Reloj Jaegger LeCoultre.<br />
-Anteojos Mustang.<br />
-Pañuelo azul con lunares rojos.<br />
-Un telegrama despachada desde Rancagua por el intendente de O’Higgins.<br />
-Una carta del 05/09/1973<br />
-Papel con número de teléfono (484209).<br />
-Un llavero marca Flood.<br />
-Un casco modelo NA – iniciales JMF.<br />
-Cinturón de cuero.<br />
-Dos cargadores.<br />
-Dos vainillas.<br />
-Una bala.</p></div>
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		</item>
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		<title>Las inéditas cintas de Nixon sobre Chile y Allende: El lenguaje del imperio</title>
		<link>http://ciperchile.cl/2010/06/30/las-ineditas-cintas-de-nixon-sobre-chile-y-allende-el-lenguaje-del-imperio/</link>
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		<pubDate>Wed, 30 Jun 2010 17:29:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Peter Kornbluh</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reportajes de Investigación]]></category>
		<category><![CDATA[Allende]]></category>
		<category><![CDATA[CIA]]></category>
		<category><![CDATA[Desclasificados]]></category>
		<category><![CDATA[Estados Unidos]]></category>
		<category><![CDATA[Nixon]]></category>
		<category><![CDATA[Pinochet]]></category>

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		<description><![CDATA[Acaba de conocerse el contenido de las grabaciones secretas de las conversaciones sobre Chile entre el ex Presidente Richard Nixon y su consejero de Seguridad Nacional Henry Kissinger. Las cintas dan cuenta del grosero lenguaje con el que tramaban el derrocamiento de Salvador Allende, a quien trataban de “hijo de puta” y decían que querían “patear su trasero”. Aunque impreciso en las fechas, uno de los diálogos podría constituir el primer reconocimiento del rol de la CIA en el asesinato del general René Schneider.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/portada-nixon.jpg" alt="" title="" width="370" height="260" class="alignnone size-full wp-image-15093" /></p>
<p class="excerptdestacado">Acaba de conocerse el contenido de las grabaciones secretas de las conversaciones sobre Chile entre el ex Presidente Richard Nixon y su consejero de Seguridad Nacional Henry Kissinger. Las cintas dan cuenta del grosero lenguaje con el que tramaban el derrocamiento de Salvador Allende, a quien trataban de “hijo de puta” y decían que querían “patear su trasero”. Aunque impreciso en las fechas, uno de los diálogos podría constituir el primer reconocimiento del rol de la CIA en el asesinato del general René Schneider.</p>
<p>“Es un estado fascista”, declaraba el Presidente Richard Nixon durante una conversación sobre Chile en el Salón Oval de la Casa Blanca. No hablaba sobre el Chile del sangriento régimen del general Augusto Pinochet. Al contrario, él y su consejero de Seguridad Nacional, Henry Kissinger, se estaban quejando por el triunfo de la coalición de Salvador Allende, la Unidad Popular, en las elecciones municipales de abril de 1971. La única forma en la cual parecían capaces de comprender la creciente popularidad de Allende era comparar al Presidente chileno –un socialista de toda la vida– con Adolf Hitler. “Esto es como una estrategia alemana”, le dijo Kissinger a Nixon el 6 de abril de 1971, durante un encuentro de una hora. Algunas semanas más tarde, el sistema secreto de grabación de Nixon registró a Kissinger sugiriendo que los chilenos “están actuando en esto como actuaban los nazis con el Reichstag”.</p>
<p>Casi 40 años después de que fueran subrepticiamente grabadas, las cintas de Nixon siguen siendo un regalo a la espera de ser entregado a historiadores y a estudiantes de historia. El sistema de grabación se hizo conocido por la infame conversación sobre el escándalo de Watergate, cuando fueron descubiertas y llevaron a la renuncia de Richard Nixon, ante un inevitable <em>impeachment</em> (juicio político).</p>
<p>Pero las grabaciones de Nixon, 3.700 horas de conversaciones que mayoritariamente tuvieron lugar en el Salón Oval durante un periodo de 883 días, entre febrero de 1971 y mediados de julio de 1973, también corresponden a la mayor parte del tiempo en que Salvador Allende fue el Presidente de Chile constitucionalmente electo. Y capturaron las voces sin maquillaje, a veces histriónicas, de un presidente imperialista y sus más altos asesores refiriéndose a Allende como “hijo de puta”, discutiendo cómo “patear su trasero” y “remover” a Allende.</p>
<p><img src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/Richard-Nixon.jpg" alt="" title="" width="239" height="350" class="right" />Esta semana, en Estados Unidos un grupo de historiadores y ex funcionarios del Departamento de Estado, conocido como <a href="http://www.nixontapes.org/chile.html"target="_blank">nixontapes.org</a>, publicó casi 100 páginas de transcripciones y enlaces a audios reales de Nixon, Kissinger, el secretario del Tesoro John Connally y otros altos funcionarios discutiendo sobre Chile. Las grabaciones y transcripciones nos permiten convertirnos en una mosca en el muro que escucha a los más poderosos funcionarios del país más poderosos del mundo discutir qué hacer con un pequeño país de América Latina que desafiaba la hegemonía política y económica de Estados Unidos. A pesar de que todas las referencias a las intervenciones encubiertas que llevaba a cabo la CIA para desestabilizar a Allende permanecen clasificadas (y borradas de las grabaciones) las discusiones que ahora pueden escucharse son un ejemplo de la mentalidad imperialista del Presidente y sus hombres.</p>
<h2>El problema de la expropiación</h2>
<p>De acuerdo a las transcripciones de las cintas, nada parece haber molestado tanto a Richard Nixon como la decisión del gobierno de Allende de iniciar la nacionalización de las empresas estadounidenses que habían dominado la economía chilena por décadas. Nixon creía que la respuesta de Estados Unidos debía ser cortar a Chile todos los créditos bilaterales, incluyendo los préstamos bancarios para exportaciones e importaciones, bloquear los créditos multilaterales y evitar que Chile renegociara su deuda externa. “Quiero que sepas”, le dijo Nixon a Kissinger, “que no quiero hacer nada por Chile. Nada”.</p>
<p>El Departamento de Estado, que era más sensible a las leyes internacionales y a las obligaciones de Estados Unidos con los organismos multilaterales, no estuvo de acuerdo. Pero Nixon encontró un fuerte aliado en su conservador secretario del Tesoro John Connally, quien le dijo que si Washington no se paraba frente a Allende, otros países de América Latina empezarían a nacionalizar negocios estadounidenses. La posición de Connally, le dijo Nixon a Kissinger en una reunión del 11 de junio de 1971, era que “el efecto en el resto de Latinoamérica, sin importar lo que escuchemos desde el Departamento de Estado y el resto, va a ser malo para nosotros, dejar de molestar a los chilenos y ser tan delicado con ellos”. Adicionalmente, continuó Nixon, “en lo que a la opinión pública americana concierne, los americanos mueren de ganas de que golpeemos a alguien en el trasero”. </p>
<p><a title="Mp3" href="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/517-004_Clip2.mp3">MP3</a></p>
<p>“Mis convicciones sobre esto son muy fuertes”, afirmó Nixon. “Todo lo que hacemos con el gobierno chileno será observado por otros gobiernos y grupos revolucionarios en América Latina como una señal de que lo que pueden hacer y salirse con la suya. Por lo tanto, tiendo a estar en contra de hacer cualquier cosa por ellos”. A medida que la reunión seguía, Nixon dijo a Kissinger y Connally: “quizás deberíamos encontrar un lugar para golpear a alguien en el trasero”. </p>
<p><a title="Mp3" href="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/517-020_Clip1.mp3">MP3</a></p>
<p><img src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/Salvador-Allende-2.jpg" alt="" title="" width="233" height="350" class="left" />Luego los tres discutieron sobre Salvador Allende, transformando su esfuerzo por evitar una confrontación con Washington en una suerte de esquema deliberado:</p>
<p><em>Nixon:</em> Oh, maldita sea, John, [Allende] es inteligente.</p>
<p><em>Kissinger:</em> …muy inteligente.</p>
<p><em>Nixon:</em> Es cierto.</p>
<p><em>Connally:</em> Muy inteligente.</p>
<p><em>Kissinger:</em> Entonces— </p>
<p><em>Connally:</em> Incluso muy duro.</p>
<p><em>Kissinger:</em> —Mirando el registro, él—esto debe servir a su propósito de que no haya enfrentamiento [con EE.UU.].</p>
<p><em>Nixon:</em> Eso es correcto.</p>
<p><a title="Mp3" href="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/517-020_Clip3.mp3">MP3</a></p>
<p>Sólo unos meses más tarde, luego de que Allende decidiera crear un “impuesto al exceso de ganancias” a las compañías mineras Annaconda y Kennecott y no pagar compensaciones por nacionalizar sus minas, el 5 de octubre de 1971 Nixon dijo a Kissinger: “He decidido remover a Allende”. Connally puso entonces el tema de un golpe: “…y lo único que usted puede esperar es tenerlo derrocado y, en el intertanto, usted puede lograr su punto para probar, a través de sus acciones en su contra… que lo que está cuidando son los intereses de Estados Unidos”. Para Nixon, Estados Unidos había finalmente encontrado “un tipo al que podemos golpear”. Urgió a sus asesores a “entregarnos un plan. Los voy a golpear”.</p>
<p><a title="Mp3" href="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/584-003_Clip1.mp3">MP3</a></p>
<p>“Todo vale en Chile. Golpeen sus traseros, ¿ok?”, instruyó Nixon a Kissinger al final de la reunión. “De acuerdo”, respondió Kissinger.</p>
<p><a title="Mp3" href="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/584-003_Clip3.mp3">MP3</a></p>
<h2>El asesinato de Pérez Zujovic</h2>
<p><img src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/Edmundo-Pérez-Zújovic.jpg" alt="" title="" width="238" height="350" class="right" />El 8 de junio de 1971, el ex ministro del Interior Demócrata Cristiano, Edmundo Pérez Zujovic, fue acribillado en un descarado asesinato político. En Chile, su asesinato evocó el reciente recuerdo del golpe respaldado por la CIA en contra del comandante en jefe chileno René Schneider, menos de nueve meses antes, cuando la CIA había intentado bloquear el juramento presidencial de Allende creando un “clima de golpe”. En Washington, la transcripción de las cintas desclasificadas revelan que Nixon, Kissinger y el más alto asesor de la Casa Blanca, H.R. Haldeman, tenían un interés particular en la reacción chilena al asesinato de Pérez Zujovic y se les puede escuchar bromeando sobre la situación: </p>
<p><a title="Mp3" href="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/517-004_Clip2.mp3">MP3</a></p>
<p><em>Kissinger:</em> Los hijos de puta nos están culpando a nosotros.</p>
<p><em>Haldeman:</em> ¿Culpando a la CIA? [risas]</p>
<p><em>Kissinger:</em> Están culpando a la CIA</p>
<p><em>Nixon:</em> ¿Y por qué demonios lo habríamos asesinado? </p>
<p><em>Kissinger:</em> Bueno, primero, no pudimos. Estamos—</p>
<p><em>Nixon:</em> Sí.</p>
<p><em>Kissinger:</em> La CIA es muy incompetente para hacerlo. Recuerde—</p>
<p><em>Nixon:</em> Seguro, esa es la mejor parte…</p>
<p><em>Kissinger:</em> —Cuando trataron de asesinar a alguien, tomó tres intentos—</p>
<p><em>Nixon:</em> Sí.</p>
<p><em>Kissinger:</em> —y después de eso vivió tres semanas.</p>
<p>Aquí, Kissinger parece estar refiriéndose, y por primera vez realmente admitiendo, al rol de la CIA en el asesinato del general Schneider. Después de varios intentos abortados de un grupo de militares en retiro y oficiales activos que habían recibido armas y fondos de la CIA, Schneider fue interceptado y le dispararon camino al trabajo el 22 de octubre de 1970. Murió tres días más tarde -no tres semanas, como decía Kissinger-, producto de las heridas.</p>
<p>De acuerdo a las grabaciones, la conversación giró luego hacia cómo la administración Nixon podía transformar el asesinato en una oportunidad para golpear a Allende. El gobierno de la Unidad Popular, informó Kissinger al Presidente, había usado el asesinato de Pérez Zujovic para “imponer le ley marcial y para realizar un fuerte ataque contra nosotros”. La respuesta del Presidente: “Entonces vamos a darle—dejémosle que lo sientan”. Como era de esperar, Kissinger estuvo de acuerdo. “Creo que debemos usarlo como un pretexto”. Más adelante en la conversación, Nixon y Kissinger infirieron que la gente de Allende estaba detrás del asesinato como una maniobra política para ayudar a consolidarlo; estuvieron de acuerdo en que “el asesinato prueba” que Allende estaba “avanzando hacia un gobierno de un solo partido lo más rápido posible”</p>
<p>“Creo que este tipo está tomando el dominio completo de ese país”, declara incorrectamente Nixon. “Déjenme decir que en todas las futuras acciones hacia Chile prefiero la línea más dura”. </p>
<p><a title="Mp3" href="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/517-004_Clip3.mp3">MP3</a></p>
<p><strong>** ** **</strong></p>
<p><img src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/René-Schneider.jpg" alt="" title="" width="237" height="350" class="left" />Desafortunadamente para el bien de la historia, al momento en que Allende fue derrocado el 11 de septiembre de 1973, Nixon ya había apagado su grabadora del Salón Oval. En julio de ese año, durante las dramáticas audiencias del caso Watergate en el Congreso, un asesor de la Casa Blanca reveló la existencia del sistema de grabación secreto. El Congreso inmediatamente exigió que la Casa Blanca entregara todas las cintas; Nixon reclamó “privilegio ejecutivo” y se negó. Sólo después de que la Corte Suprema sentenciara que no podía esconderlas más de las autoridades legales, el Presidente entregó las cintas. Éstas revelaron que había mentido sobre su rol en el “asalto” a la sede del Partido Demócrata en el edificio Watergate, lo que forzó su posterior renuncia.</p>
<p>Sin embargo, otro sistema de grabación secreto no fue detectado y se mantuvo operativo: el de Henry Kissinger. El 16 de septiembre de 1973, el sistema de grabación de Kissinger registró su primera conversación telefónica con Nixon después del golpe en Chile. Su conversación (desclasificada por petición de mi organización) captura sus actitudes mientras un régimen verdaderamente fascista consolidaba el poder a través del derramamiento de sangre en Chile:</p>
<p><em>Kissinger:</em> La cosa en Chile se está consolidando y por supuesto los periódico están balando porque un gobierno pro comunista fue derrocado.</p>
<p>Nixon: ¿No es eso algo? ¿No es eso algo?</p>
<p><em>Kissinger:</em> Quiero decir en vez de estar celebrando—en el periodo de Eisenhower habríamos sido héroes</p>
<p>Nixon: Bueno nosotros no—como sabes—nuestra mano no aparece en ésta siquiera. </p>
<p><em>Kissinger:</em> Nosotros no lo hicimos. Quiero decir que los ayudamos. [referencia a la CIA borrada] creó las mejores condiciones posibles.</p>
<p>Nixon: Eso es correcto. Y esa es la forma en que se va a jugar. Pero escucha, mientras la gente está preocupada, déjame decir que no se van a comprar esta basura de los liberales esta vez.</p>
<p><em>Kissinger:</em> Absolutamente no.</p>
<p>Nixon: Ellos saben que es un gobierno pro comunista y así son las cosas.</p>
<p><em>Kissinger:</em> Y pro Castro.</p>
<p>Nixon: …Olvidémonos de lo pro comunista. Era un gobierno anti americano durante todo el tiempo.</p>
<p><strong>*NOTA: En los diálogos, los guiones largos (—) al final de una frase denotan interrupciones, mientras que cuando aparecen en el medio de una frase significa que uno de los interlocutores recomenzando una frase o una oración incompleta.<br />
Todas las grabaciones pertenecen al sitio <a href="http://www.nixontapes.org/chile.html"target="_blank">nixontapes.org</a></strong></p>
<p><em>*Peter Kornbluh es autor Pinochet: Los Archivos Secretos. (Barcelona: 2004) Dirige el “Chile Documentation Project” en la organización sin fines de lucro National Security Archive en Washington D.C. </em></p>
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		<title>Desclasifican nuevas conversaciones entre Nixon y Kissinger para derrocar a Allende</title>
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		<pubDate>Wed, 10 Sep 2008 23:37:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>CIPER</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reportajes de Investigación]]></category>
		<category><![CDATA[Allende]]></category>
		<category><![CDATA[Kissinger]]></category>
		<category><![CDATA[Nixon]]></category>
		<category><![CDATA[Telcons]]></category>

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		<description><![CDATA[Conversaciones hasta hoy inéditas entre Nixon y Kissinger para impedir que Allende asumiera el poder en 1970, y otras cuando sólo faltaban semanas para el Golpe de Estado, revelan nuevos detalles de cómo ambos se empecinaron en derrocar a la Unidad Popular, al punto de decir: <em>El gran problema hoy en día es Chile.</em> Entre las novedades figura la noticia que le da Kissinger a Nixon: <em><strong>Agustín Edwards ha huido y llega aquí el lunes. Me voy a reunir con él el lunes...</strong></em>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="none size-full wp-image-1066" src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/kissinger.jpg" alt="" width="370" height="264" /><span class="excerptdestacado">Un registro de conversaciones hasta hoy inéditas entre Richard Nixon y Henry Kissinger para impedir que Allende asumiera el poder en 1970, y otro cuando sólo faltaban semanas para el Golpe de Estado, revela nuevos detalles de cómo ambos se empecinaron en derrocar el gobierno de la Unidad Popular, al punto de decir: <em>El gran problema hoy en día es Chile.</em> Entre las novedades figura la noticia que le da Kissinger a Nixon: <em>Agustín Edwards ha huido y llega aquí el lunes. Me voy a reunir con él el lunes&#8230;</em></span></p>
<p>Treinta y cinco años después del Golpe de Estado en Chile, apoyado por Estados Unidos, transcripciones recientemente desclasificadas de las conversaciones del entonces consejero de seguridad nacional de Estados Unidos Henry Kissinger con el director de la CIA Richard Helms, el Secretario de Estado William Rogers y especialmente con el Presidente Richard Nixon, revelan nuevos episodios sobre la trama interna de cómo su administración preparó la desestabilización del primer gobierno socialista elegido democráticamente en el mundo.</p>
<p>Si el 15 de septiembre de 1970, cuando Nixon ordenó a la CIA <strong>&#8220;evitar que Allende asumiera el poder, o lo derrocara&#8221;</strong>, era considerado el punto de partida para las operaciones encubiertas de Estados Unidos que contribuyeron al derrocamiento del gobierno de Salvador Allende, estas nuevas revelaciones cambian el mapa de la operación.</p>
<p>Según estas transcripciones, Nixon y Kissinger iniciaron sus planes para revertir los resultados de las elecciones chilenas tres días antes. Al mediodía del 12 de septiembre de 1970, Kissinger llamó a Helms para agendar una reunión urgente del “Comité 40”, un grupo de alto rango que supervisaba las operaciones encubiertas del gobierno de los Estados Unidos. Aproximadamente 35 minutos más tarde, en medio de un informe verbal que se le entregaba a Nixon sobre un secuestro de avión con rehenes en Amman, Jordania, Kissinger le dijo al Presidente: <strong><em>El gran problema hoy en día es Chile</em></strong>.</p>
<p>Esa <a href="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/02_19700912-1200-nixon2.pdf" target="_blank">transcripción</a> revela cómo el Presidente de Estados Unidos concentró su atención en los esfuerzos por impedir el arribo al poder de Allende. En esa llamada, Nixon exigió ver todas las instrucciones que se le enviaban al embajador de EE.UU. en Santiago, Edward Korry. Al punto de ordenar que el Departamento de Estado fuera alertado de que él <em>quería ver todos los cables enviados a Chile</em>.</p>
<p>-<em>Quiero una evaluación sobre las opciones disponibles</em> -le dijo Nixon a Kissinger.</p>
<p>Cuando Kissinger le respondió que la posición del Departamento de Estado era la de <em>permitir que Allende asumiera el poder y entonces ver lo que se podía hacer</em>, Nixon inmediatamente vetó esa idea. <strong><em>¿Igual como ocurrió con Castro? ¿Cómo ocurrió en Checoslovaquia? La misma gente dijo la misma cosa. No permitas que lo hagan</em></strong>, instruyó el Presidente.</p>
<p><a href="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/agustinedwards.jpg"><img class="right size-full wp-image-1068" title="Agustín Edwards" src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/agustinedwards.jpg" alt="" width="350" height="251" /></a>En esa conversación, Kissinger y Nixon también hablaron sobre Agustín Edwards, el empresario y dueño del diario <em>El Mercurio</em>.</p>
<p>-<em>Agustín Edwards ha huido</em> –le informó dramáticamente Kissinger al Presidente-<em>, y llega aquí el lunes. Me voy a reunir con él el lunes para conocer su versión de la situación</em>.</p>
<p>-<em>No queremos que se filtre un gran artículo respecto de que estamos tratando de derrocar al gobierno</em> –respondió Nixon.</p>
<p>El Secretario de Estado William Rogers, a quien Nixon y Kissinger en buena parte excluyeron de las deliberaciones sobre Chile, era igualmente sensible a esa posibilidad. La <a href="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/03_19700912-1215-rogers3.pdf" target="_blank">transcripción</a> de su conversación con Kissinger dos días después refleja el nivel de preocupación del Departamento de Estado sobre la posibilidad de que Washington pudiera ser descubierto en su intento de subvertir la democracia electoral en Chile. En su conversación del 14 de septiembre, Rogers predijo con precisión: <em>Sea lo que sea que hagamos, probablemente terminará muy mal</em>. También le sugirió a Kissinger encubrir el rastro documental sobre las operaciones estadounidenses <em>para asegurar que el registro documental no se vea mal</em>.</p>
<p>-<em>Mi sensación -y creo que coincide con la del Presidente- es que debemos incentivar un resultado diferente al de <strong>[referencia censurada]</strong>, pero debemos hacerlo tan discretamente que no nos salga el tiro por la culata</em> –le concedió Rogers a Kissinger.</p>
<p>La conversación continúa:</p>
<p><strong>Kissinger</strong>: <em>La única duda es cómo se define “el tiro por la culata”</em>.</p>
<p><strong>Rogers</strong>: <em>Que nos descubran haciendo algo. Después de todo lo que hablamos sobre elecciones, si la primera vez que un comunista (sic) gana una elección, Estados Unidos intenta impedir que el proceso constitucional tome su curso, nos vamos a ver muy mal</em>.  <strong></strong></p>
<p><strong>Kissinger</strong>: <em>El Presidente opina que se debe hacer todo lo posible para evitar que Allende asuma el poder, pero a través de canales chilenos y con un bajo perfil</em>.</p>
<p>El informe de un comité especial del Senado de EE.UU. que a mediados de los ‘70 investigó las operaciones encubiertas de la CIA en Chile, no citó estas transcripciones secretas, a pesar de que son el registro de las primeras conversaciones sustanciales entre Nixon y Kissinger sobre cómo impedir que Allende asumiera el gobierno. En entrevistas con dos miembros de ese comité del Senado que redactaron ese informe -<em>Acciones Encubiertas en Chile,1963-1973</em>-, ninguno recordaba haber visto estos dramáticos documentos, que incluyen una conversación hasta ahora desconocida entre el Presidente Nixon y su Consejero de Seguridad Nacional, Kissinger, respecto de las posibilidades de derrocar a Allende, sólo diez semanas antes del Golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973.</p>
<h2>La búsqueda de los <em>Telcons</em></h2>
<p>En los días posteriores a la estrecha elección de Salvador Allende como Presidente de Chile el 4 de septiembre de 1970, Henry Kissinger sostuvo una serie de <a href="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/01_19700912-1200-helms1.pdf" target="_blank">conversaciones telefónicas</a> urgentes sobre “cómo hacerlo” en Chile. <em>No permitiremos que Chile se vaya por el alcantarillado</em>, le dijo Kissinger en una de esas llamadas al director de la CIA, Richard Helms. <em>Estoy contigo</em>, le respondió Helms.</p>
<p>Fue el 15 de septiembre, durante una reunión de 15 minutos en la Casa Blanca a la que asistió Kissinger, cuando el Presidente Nixon instruyó al director de la CIA, Richard Helms, de que la elección de Allende <em>era inaceptable</em>. Fue entonces que ordenó a la agencia actuar con su ya conocida frase <em>hay que hacer gritar a la economía para salvar a Chile</em>, como lo registró Helms en sus apuntes.</p>
<p>La CIA lanzó una campaña masiva de operaciones encubiertas –primero para impedir que Allende asumiera el gobierno, y cuando esa estrategia fracasó, para minar su gobernabilidad. <em>Nuestra principal preocupación en Chile es la posibilidad de que [</em>Allende<em>] se consolide, y que su imagen ante el mundo sea su éxito</em>, dijo Nixon ante su Consejo de Seguridad Nacional el 6 de noviembre de 1970, dos días después de que Allende iniciara su gobierno.</p>
<p>Las transcripciones de estas conversaciones telefónicas, conocidas como <em>telcons</em>, fueron creadas originalmente por Kissinger, quien grababa secretamente las llamadas que hacía y recibía (y luego pedía a su secretaria transcribirlas) mientras estaba en el gobierno. Cuando Kissinger dejó la Casa Blanca en enero de 1977, se llevó más de 30 mil páginas de transcripciones, aduciendo que eran “documentos personales”, y los usó selectivamente para escribir sus memorias.</p>
<p>En 1999, la organización National Security Archive inició acciones legales para obligar a Kissinger a devolver estos registros al gobierno. A solicitud del analista del Archivo, William Burr, los <em>telcons </em>sobre las crisis de política exterior de comienzos de los ‘70, incluyendo cuatro conversaciones desconocidas sobre Chile, fueron desclasificados recientemente por la Biblioteca Presidencial de Nixon.</p>
<h2>El “Tanquetazo” hace vibrar a Nixon</h2>
<p>Hasta el momento, la desclasificación de los <em>telcons</em> de Kissinger no ha entregado mucha evidencia de conversaciones telefónicas sobre Chile mientras se desarrollaban las operaciones de la CIA para desestabilizar a Allende en los años que siguieron. Pero a las 11 de la mañana del 4 de julio de 1973, la grabadora clandestina de Kissinger captó otra <a href="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/04_19730704-1100-nixon4.pdf" target="_blank">conversación </a>hasta ahora desconocida con el Presidente Nixon. Menos de una semana después de un abortado Golpe de Estado en Santiago –el <em>tanquetazo </em>del 29 de junio-, Nixon llamó a Kissinger desde su casa de veraneo en San Clemente, California, para hablar sobre Allende y las perspectivas de un pronto derrocamiento de su gobierno.</p>
<p><strong>Nixon:</strong> <em>Sabes, creo que ese tipo chileno podría tener algunos problemas.</em> <strong></strong></p>
<p><strong>Kissinger:</strong> <em>¡Ah, tiene tremendos problemas! Definitivamente tiene tremendos problemas. </em> <strong></strong></p>
<p><strong>Nixon:</strong> <em>Si sólo el Ejército pudiera lograr tener el respaldo de alguna gente.</em> <strong></strong></p>
<p><strong>Kissinger:</strong> <em>Y ese golpe la semana pasada, no tuvimos nada que ver con él, pero igual, parece que salió prematuramente.</em></p>
<p><strong>Nixon:</strong> <em>Es cierto, y el hecho de que haya conformado un gabinete sin militares es, pienso yo, muy significativo.</em> <strong></strong></p>
<p><strong>Kissinger:</strong> <em>Es muy significativo.</em> <strong></strong></p>
<p><strong>Nixon:</strong> <em>Muy significativo porque esos tipos militares allá son bien orgullosos y tal vez ellos&#8230; ¿Cierto? </em> <strong></strong></p>
<p><strong>Kissinger:</strong> <em>Sí, pienso que él está definitivamente en problemas.</em></p>
<p>Sólo diez semanas más tarde, los militares efectivamente derrocaron a Allende en un sangriento Golpe de Estado. El 15 de septiembre de 1973, Nixon llamó a Kissinger nuevamente. Se lamentaron sobre lo que Kissinger calificó como los <em>diarios llorones</em> y la <em>sucia hipocresía</em> de la prensa por concentrarse en la represión de los militares chilenos y las condenas al rol jugado por Estados Unidos. En <a href="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/05_19730916kp5.pdf" target="_blank">este <em>telcon</em></a>, que fue desclasificado en mayo de 2004, Nixon señala:</p>
<p>-<em>Nuestra mano se mantiene oculta en esto. </em></p>
<p>Y Kissinger replica: <em></em></p>
<p><em>No lo hicimos nosotros&#8230; Quiero decir, les ayudamos. <strong>[Censurado]</strong> creó las máximas condiciones posibles&#8230; En la era de Eisenhower, seríamos considerados héroes.</em> <em></em></p>
<p><em>*Peter Kornbluh dirige el Proyecto de Documentación sobre Chile en el National Security Archive en Washington, D.C. y es autor del libro </em>“Pinochet: Los Archivos Secretos”.</p>
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		<title>Introducción a &#8220;Allende en persona&#8221;</title>
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		<pubDate>Fri, 01 Aug 2008 21:31:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>CIPER</dc:creator>
				<category><![CDATA[Actualidad y Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Allende]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>

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		<description><![CDATA[Miguel Labarca Labarca, nuestro padre, nació en Chillán el 21 de febrero de 1909 en el seno de una familia acomodada que no tardó en emigrar a Santiago. Estudió en el Instituto Nacional y luego en la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile. Se incorporó a las luchas juveniles siguiendo la estela de su hermano mayor, Santiago Labarca, que en 1920 había sido presidente de la Federación de Estudiantes de Chile, FECH.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Miguel Labarca Labarca<br />
Allende en persona<br />
Testimonio de una intensa amistad y colaboración</p>
<p>Historia de este libro</strong></p>
<p>Miguel Labarca Labarca, nuestro padre, nació en Chillán el 21 de febrero de 1909 en el seno de una familia acomodada que no tardó en emigrar a Santiago. Estudió en el Instituto Nacional y luego en la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile. Se incorporó a las luchas juveniles siguiendo la estela de su hermano mayor, Santiago Labarca, que en 1920 había sido presidente de la Federación de Estudiantes de Chile, FECH.</p>
<p>Conoció a Salvador Allende durante las acciones estudiantiles de comienzos de los años 30 contra la dictadura de Carlos Ibáñez del Campo. Trabajó en la Cámara de Diputados donde, pese a su juventud, redactaba los discursos del diputado “termal” Gabriel González Videla. Aunque elegido sobre la base de una componenda con el dictador efectuada en las Termas de Chillán, este parlamentario, futuro Presidente de la República, había adoptado una actitud de abierta oposición a Ibáñez. Involucrado en la llamada Conspiración del Avión Rojo, nuestro padre estuvo preso y fue deportado a Ecuador. Regresó a Chile en 1931 a la caída del tirano y fue secretario de la comisión que investigó los actos de la dictadura. Aunque alumno brillante, nunca se recibió de abogado. En 1933 se casó con nuestra madre, Lillian Goddard Álamos, belleza chillaneja también de antigua familia, y fuimos naciendo los tres hijos. Restablecida la legalidad, fue secretario de su hermano Santiago Labarca, que desempeñó la cartera de Educación durante el gobierno de Juan Esteban Montero. Tuvo un puesto destacado en la Municipalidad de Santiago junto al alcalde Guillermo Labarca Húbertson, con quien colaboraba en todos los aspectos. Aunque don Guillermo era un escritor eminente, solía redactarle los discursos, como el que pronunció para dar la bienvenida al Presidente de Ecuador José María Velasco Ibarra. Cuando se advirtió que Velasco Ibarra no traía un discurso de respuesta, nuestro padre escribió a marcha forzada la alocución de agradecimiento del visitante. Participante activo en el Frente Popular, pasó a ser el colaborador más íntimo de la alcaldesa de Santiago Graciela Schnake. Siempre fue vehementemente de izquierda, individualista, sin militancia en partidos, miembro –aunque a menudo “en sueño”– de la masonería.</p>
<p>A comienzos de los 40 partimos a Buenos Aires, donde representó a la editorial Zig-Zag. En Argentina se independizó y creó su propio negocio: Ediciones Labarca. Estando allí asumió un puesto diplomático en la embajada de Chile, donde no tardó en convertirse en brazo derecho del embajador Alfonso Quintana Burgos. Juan Domingo Perón surgía en el horizonte y en la elección de presidente y vicepresidente la embajada chilena cometió el error de abanderizarse con la fórmula Tamborini y Mosca, contra la dupla de Perón y Quijano. Se corrió la voz de que las declaraciones y discursos antiperonistas del embajador Quintana las redactaba Miguel Labarca y que en una tenida masónica había criticado los arrestos dictatoriales de Perón. Cuando éste triunfó con votación arrolladora, nuestro padre tuvo que ser trasladado a París, a un puesto en el Consulado de Chile. Era el año 1946 y allá nos fuimos. En la Embajada en Francia se convirtió en consejero del embajador Joaquín Fernández y Fernández, pese a no ser titular de esa función. Cuando el embajador Fernández estuvo a punto de ser nombrado gobernador de Trieste, que se hallaba bajo fideicomiso internacional, puso como condición que lo acompañara Miguel Labarca. En Chile el presidente González Videla iniciaba la persecución contra los comunistas y nuestro padre se negó a seguir representando a su gobierno. Renunció y permaneció en París dedicado a los negocios. Ganó muchísimo dinero vendiendo productos agrícolas chilenos a la Europa devastada por la guerra.</p>
<p>En 1950 regresamos a Chile y volvió a encontrarse con Salvador Allende. Ese encuentro y la curiosa relación que se desarrolló entre ambos forman la sustancia de este libro. La situación económica de la familia tenía altos y bajos al ritmo de los negocios en que nuestro padre participaba. Hubo períodos de pobreza en nuestra casa, pues la cooperación con Allende era absorbente y tuvo carácter estrictamente voluntario hasta el momento en que fue contratado como secretario de Salvador Allende en el Senado. A lo largo de 22 años, cuatro campañas presidenciales y el trienio del gobierno de la Unidad Popular, volcó todas sus energías y capacidades, que eran muchas, a una estrecha y multifacética colaboración personal con Allende. Entretanto, nuestra madre, comprometida también políticamente, se desempeñaba como dirigenta de la Unión de Mujeres de Chile y de la rama femenina del Frente de Acción Popular, FRAP.</p>
<blockquote class="destacadonews"><p>&#8220;Hace algunos meses, al ordenar algunos efectos que habían pertenecido a nuestra madre, apareció una caja negra de cartón que no habíamos abierto. Estaba repleta de hojas de papel cebolla ajadas y amarillentas. Era el libro. En realidad se trataba de copias bastante borrosas sacadas con papel carbón. Entre los renglones, en los márgenes y al dorso, abundaban las correcciones y agregados hechos por el autor con lápiz de grafito. Ordenar ese cuerpo fue tarea compleja. Había hojas sueltas sin continuidad aparente, capítulos que parecían inconclusos, versiones diferentes de algunos fragmentos. En total eran unas 650 páginas&#8221;.</p></blockquote>
<p>Nuestro padre era un hombre de mente bullente, original, irascible, y su relación con Salvador Allende no estaba exenta de conflictos. Hasta la llegada de Allende al gobierno actuó siempre entre bambalinas, pues prefería el perfil bajo. Pero una vez en la Presidencia, Allende lo nombró Presidente del Consejo de Administración y Gerente General de la Sociedad Química y Minera de Chile, Soquimich. Desde ese puesto negoció la nacionalización del salitre y el yodo, cuya explotación y comercialización pasó a dirigir. Diez meses antes del golpe militar, en un gesto típico de su carácter, renunció al cargo por desacuerdos con algunos funcionarios impuestos por los partidos.</p>
<p>La mañana del golpe la diputada Laura Allende, hermana del Presidente, lo recogió en su citroneta. Rodaron en dirección al palacio de La Moneda, pero las barreras militares ya estaban tendidas y no consiguieron llegar. Más tarde se asiló en la Embajada de Francia y llegó a París, donde él y nuestra madre vivieron muy modestamente. Trabajó hasta jubilarse en una biblioteca municipal de las afueras. En el exilio siempre usó corbata negra en memoria de Allende y siguió los acontecimientos de Chile con angustia y pasión. Durante años escribía largas horas a mano o a máquina en una mesita instalada en uno de los dos cuartos diminutos del departamento parisino. Así nació el presente libro.</p>
<p>En 1987 padeció un infarto cerebral que lo dejó muy limitado hasta su muerte, acaecida en 1989. Esparcimos sus cenizas en el cementerio parisino del Père Lachaise, donde fue despedido con el rito masónico. Buscamos el original del libro que escribía y no lo pudimos encontrar. Averiguamos en las editoriales de Francia, donde quería publicarlo, y también en Chile, adonde había hecho un viaje cuando los militares le levantaron la prohibición de regresar. Nadie sabía nada. En 2000 falleció nuestra madre y dejamos también sus cenizas en el Père Lachaise. Del libro perdido no se volvió a hablar.</p>
<p>Hace algunos meses, al ordenar algunos efectos que habían pertenecido a nuestra madre, apareció una caja negra de cartón que no habíamos abierto. Estaba repleta de hojas de papel cebolla ajadas y amarillentas. Era el libro. En realidad se trataba de copias bastante borrosas sacadas con papel carbón. Entre los renglones, en los márgenes y al dorso, abundaban las correcciones y agregados hechos por el autor con lápiz de grafito. Ordenar ese cuerpo fue tarea compleja. Había hojas sueltas sin continuidad aparente, capítulos que parecían inconclusos, versiones diferentes de algunos fragmentos. En total eran unas 650 páginas. Comenzamos por fotocopiarlas, trabajo que hubo que realizar manualmente hoja por hoja. Luego ordenamos los temas y secuencias, y las páginas aisladas fueron encontrando su lugar.</p>
<p>El libro constaba de dos partes muy distintas. La primera era la rica descripción de la personalidad de Salvador Allende, su forma de ver la vida y la experiencia del trabajo con él. La segunda, un ensayo histórico, político y económico sobre la evolución de la sociedad chilena hasta el período de la dictadura. Esta parte abordaba algunos temas relacionados con el golpe militar que en el momento de la escritura eran novedosos, pero que en las dos décadas transcurridas han sido aclarados y documentados con más amplitud: intervención norteamericana contra el gobierno de Allende, violación de los derechos humanos, política económica de la dictadura militar&#8230; Leyendo y releyendo el texto llegamos a la conclusión de que a comienzos del siglo XXI, la parte que conservaba interés era la primera.</p>
<p>Ése es el libro que hoy entregamos. El autor lo había titulado <em>Veintidós años con Salvador Allende &#8211; Ensayo biográfico-político.</em> La similitud de la primera frase con el título del libro de otro colaborador de Allende y la decisión de excluir el ensayo nos han llevado a dar a la obra otro nombre, que a nuestro juicio refleja su contenido. Sólo hemos corregido las erratas y hecho algunos retoques, convencidos de que se trata de ajustes que nuestro padre no alcanzó a realizar.</p>
<p><strong>Margarita Labarca Goddard, México D.F.<br />
Miguel Labarca Goddard, París<br />
Eduardo Labarca Goddard, Viena – Las Cruces<br />
Junio de 2008</strong></p>
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		<title>Adelanto de &#8220;Allende en persona&#8221;, el libro póstumo de Miguel Labarca</title>
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		<pubDate>Fri, 01 Aug 2008 21:26:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>CIPER</dc:creator>
				<category><![CDATA[Actualidad y Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Allende]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>

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		<description><![CDATA[Nueve meses después de que el libro “Salvador Allende, Biografía Sentimental”, de Eduardo Labarca, sorprendiera a seguidores y detractores de Allende, el escritor y sus hermanos anuncian el rescate de la obra perdida de su padre, Miguel. Quien fuera estrecho colaborador del ex Presidente dejó tras su muerte la maqueta de una “rica descripción de la personalidad de Salvador Allende, su forma de ver la vida y la experiencia del trabajo con él”. La familia Labarca ha autorizado a CIPER para publicar como adelanto uno de los capítulos del libro.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-767" src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/brindis_parada_editada.jpg" alt="Carrera" width="347" height="230" /></p>
<p class="excerptdestacado">Nueve meses después de que el libro “Salvador Allende, Biografía Sentimental” , de Eduardo Labarca, sorprendiera a seguidores y detractores del ex Presidente –no sin que más de alguno de los primeros se escandalizara-, el escritor y sus hermanos anuncian el rescate de la obra perdida de su padre, Miguel. Quien fuera estrecho colaborador del Jefe de Estado dejó tras su muerte la maqueta de una “rica descripción de la personalidad de Salvador Allende, su forma de ver la vida y la experiencia del trabajo con él”. La familia Labarca ha autorizado a CIPER para publicar como adelanto uno de los capítulos del libro, que cuenta dos desconocidas anécdotas del ex Mandatario.</p>
<p>“Hace algunos meses, al ordenar algunos efectos que habían pertenecido a nuestra madre, apareció una caja negra de cartón que no habíamos abierto. Estaba repleta de hojas de papel cebolla ajadas y amarillentas. Era el libro. En realidad se trataba de copias bastante borrosas sacadas con papel carbón. Entre los renglones, en los márgenes y al dorso, abundaban las correcciones y agregados hechos por el autor con lápiz de grafito. Ordenar ese cuerpo fue tarea compleja”.</p>
<p>Así relatan los hermanos Eduardo, Miguel y Margarita Labarca Goddard cómo descubrieron una joya que habían estado buscando desde la muerte de su padre, Miguel Labarca, ocurrida en 1989. La historia de cómo los tres hijos del ex colaborador de Allende y de Lillian Goddard Álamos es interesante por sí sola. Por ello reproducimos acá dicho relato –que además incluye una reseña del autor-, que es a la vez la introducción del libro.</p>
<p>“Allende en persona” será publicado próximamente por la editorial Fondo de Cultura Económica, y en esta ocasión CIPER ofrece como adelanto el capítulo 29, titulado, “Dos guayaberas y una capa castellana”, que relata dos desconocidas anécdotas –ambas en el marco de la actividad política de esos años- protagonizadas por el ex Mandatario.</p>
<h2>Dos guayaberas y una capa castellana</h2>
<p>A alguna distancia, Allende daba físicamente la impresión de ser más pequeño que su real estatura, que superaba a la mediana. Hombros anchos y vigorosos, cuello fuerte y brazos recios y una caja torácica dilatada, imponían a su estampa el aire de un deportista eficiente, siempre en forma y sin exceso de kilogramos. Su actitud alerta y vivaz, no obstante una silueta un tanto cuadrada, aparecía subrayada por su modo de andar, en que la mano derecha hundida, por lo general en el bolsillo del pantalón, imprimía a sus desplazamientos, por la ligera inclinación del hombro, un leve balanceo casi provocativo que llamaría a meditar a cualquiera antes de osar hacerle objeto de una actitud agresiva.</p>
<p>La nota dura de su apariencia se esfumaba al observarle de cerca. Su rostro de piel clara, cuyos matices de cambiante colorido no disimulaban sus impresiones, se veía humanizado por la abundante cabellera ensortijada y obscura, con algunos visos rojizos al trasluz, insertada en una amplia frente de líneas correctas. Una mandíbula cuadrada, rubricada por una barbilla notoriamente breve y aguda, ocupaba el centro del trazo general de ese rostro. Sus anteojos de cristal grueso encajaban en una nariz aguileña atenuada, sobre una boca de línea cordial y predispuesta a la sonrisa, en la que un bigote breve y cano acentuaba su benevolencia.</p>
<p>Según alguien, que lo juzgaba devotamente desde una íntima adhesión femenina, Allende resultaba casi conmovedor desprovisto de sus anteojos. La cortedad de vista tan seria imprimía a su mirada el erratismo doloroso de quien tiene que vencer el desamparo para desenvolverse con normalidad. Deportista múltiple y conductor de automóviles con el placer de la velocidad, desarrolló una asombrosa precisión de reflejos, seguramente por una imposición del subconsciente, que compensaba la inferioridad visual de la que era víctima y que muy pocos observadores descubrían.</p>
<p>Antes de ser Presidente, por lo general prefería conducir personalmente su automóvil en las rutas, dirigiéndose con urgencia de un punto a otro del territorio a altas velocidades. Cuando tenía verdadera confianza con quien se sentaba a su lado, le advertía: <em>“No te descuides. Fíjate bien en al camino: tú, pones los ojos; yo, las muñecas…”</em>, con lo cual aludía a la habilidad que se le atribuía en política, de ser “la mejor muñeca del maquineo parlamentario”. El sistema de colaboración automovilística arrojó siempre excelentes resultados. Después de años y años de recorrer incesantemente miles de kilómetros en todo tipo de circunstancias, jamás tuvo un accidente mientras hacía de chofer.<br />
<img class="right" title="Allende en un momento de pausa" src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/guayabera_leyendo_editada.jpg" alt="" /><br />
Al iniciarse el viaje, sus pasajeros se inquietaban cuando escuchaban las recomendaciones que daba al improvisado oficial de ruta. Pero una vez que apreciaban su manera de desenvolverse tras el manubrio, se creaba una atmósfera de tranquilidad. Además, solía rubricar su actitud afirmando: <em>“¿Ven ustedes…? Para mala suerte de mis adversarios, soy inmortal…”</em></p>
<p>En el orden físico, como en todos los demás aspectos, personificaba el esfuerzo y la constancia. La madurez de la edad ennobleció sus rasgos y modales, dotando sus gestos de serenidad y atenuando las reacciones agresivas o desafiantes. Vestía cuidadosamente, pero deslizando un sello juvenil y aun de alegría de colores. No podía menos que reconocerse que, en las circunstancias y actos que lo requerían, hacía gala de una corrección hasta solemne en su presentación y comportamiento. En una ceremonia, se presentaba con la genuina dignidad cívica de la autoridad republicana.</p>
<blockquote class="destacadonews"><p>Después de visitar reiteradamente Cuba, cobró devoción por la guayabera, ya que por naturaleza era sensible al calor. La adoptó sin reticencias para el verano. Su convencimiento de que se trataba de algo esencialmente lógico si la temperatura era ardiente, le hizo presidir algunas sesiones del Senado, cuando el aire acondicionado aún no se instalaba, en guayabera tropical. Salvo el secretario de la corporación, funcionario permanente que identificaba la respetabilidad parlamentaria con la gravedad vacua, nadie se indignó.</p></blockquote>
<p>En general, en la vida diaria, usaba chaquetas de tipo deportivo, así como abrigos de cuero o chaquetones de paño grueso o <em>jerseys</em> amplios y cómodos. En muchos casos, una camisa de color, sin corbata, acentuaba su despreocupación aparente. Al principio, se consideró su falta de formalismo en la vestimenta como una afectación. Con el correr de los años, esta circunstancia pasó a ser connatural a su imagen, tanto más cuanto sabía distinguir con claridad las diferenciaciones impuestas por los convencionalismos razonables.</p>
<p>Después de visitar reiteradamente Cuba, cobró devoción por la guayabera, ya que por naturaleza era sensible al calor. La adoptó sin reticencias para el verano. Su convencimiento de que se trataba de algo esencialmente lógico si la temperatura era ardiente, le hizo presidir algunas sesiones del Senado, cuando el aire acondicionado aún no se instalaba, en guayabera tropical. Salvo el secretario de la corporación, funcionario permanente que identificaba la respetabilidad parlamentaria con la gravedad vacua, nadie se indignó.</p>
<p>La guayabera se difundió y el dueño de una gran tienda de artículos para hombre que mantenía excelentes relaciones con Allende, le pidió prestada una de las suyas para copiarla y producirla comercialmente. Al devolvérsela, el amigo le hizo llegar dos ejemplares de los producidos en sus talleres. El comerciante anunció que pondría la marca “Chicho” a sus guayaberas. Allende –que difícilmente perdía el buen humor– tomó el teléfono y manifestó al fabricante: <em>“Temo que te vaya a ir mal con la venta de las guayaberas. Tu tienda es de lujo y sólo para ricos. La epidermis de tus clientes se va a erizar cuando se den cuenta del significado de la marca… Si quieres ganar dinero, fabrica un tipo popular y véndelas barato en las poblaciones. No te cobraré participación alguna”.</em></p>
<p>No se supo más de las guayaberas de la gran tienda, que al parecer no se llegaron a fabricar. Allende me regaló las dos muestras. Al poco tiempo llegó una factura con un precio sumamente alto por las guayaberas. El pago se hizo de inmediato.</p>
<p>Si el episodio de la guayabera amarga un poco la boca, otro, el de la capa española, demostró que los hombres abiertos de alma pueden desempeñar un papel positivo en las relaciones entre los Estados.</p>
<p>Una noche, cerca de las doce, concurrí a Tomás Moro a hablar con el Presidente acerca de un serio problema causado por la Corfo que me parecía urgente resolver. España había abierto sus fronteras desde antiguo al nitrato de Chile, nuestro abono natural, cuya empresa productora yo dirigía. El Presidente estaba ya enterado a grandes rasgos de ciertos tropiezos que habían surgido en las transacciones y ni siquiera interrumpió su partida de ajedrez. Me dijo: <em>“Te encuentro toda la razón. España es un gran cliente para nosotros en materia de salitre. Nos otorga facilidades excepcionales, a pesar de contar con una buena industria para producir salitre sintético. Tenemos que cumplir el compromiso contraído y que yo he patrocinado.  Hay que realizar la operación de la que me hablas, la cual, además de ser adecuada para Chile, implica reciprocidad hacia un país que nos trata bien, no obstante su posición política tan distinta. Por lo que me explicas, veo que en los obstáculos que han puesto a última hora algunos servicios chilenos hay un prejuicio político explicable, pero que yo no acepto”.</em><br />
<img class="left" title="Saludando a sus adherentes" src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/saludando_editada.jpg" alt="" /><br />
“Resulta –respondí– que ya se ha comunicado la negativa a la Embajada de España y creo que se originará un problema personal para el embajador, quien se ha esmerado en buscar una solución conveniente, y una tirantez de fondo con el gobierno español”. <em>“No te preocupes… yo arreglaré en el acto las cosas. El embajador, como buen español, debe acostarse tarde y me parece un hombre llano y muy cordial. Voy a telefonearle de inmediato”</em>, dijo Allende.</p>
<p>Ante el insólito requerimiento, el telefonista de guardia de la casa presidencial le debe haber dicho algo sobre la hora, porque el Presidente insistió: <em>“Échele, échele para adelante, no más…”</em> La respuesta fue muy rápida. El señor embajador aún no se había retirado a sus habitaciones. El diálogo telefónico resultó cordial, pero breve. Se resolvió celebrar una entrevista de inmediato, aceptándose la proposición del Presidente de que yo fuera a buscar al diplomático a su residencia. Así se hizo. Durante el breve trayecto, nos abstuvimos de cambiar impresiones. Al llegar a la residencia de Tomás Moro nos aguardaba el Presidente en los jardines, arrebujado en su capa azul de médico chileno.</p>
<p>El desarrollo de la entrevista no tuvo complicaciones. Allende repitió más o menos lo mismo que antes me manifestara. El diplomático reaccionó con firmeza y claridad, lo que puso en evidencia que, por desgracia, no me había equivocado al apreciar las proyecciones adversas del cambio de frente chileno. La negativa de la Corfo, que acababa de comunicársele, significaba desentenderse de un convenio que se había logrado tras vencer obstáculos administrativos en Madrid y hacer frente a intereses españoles atendibles. Pero, en fin, todo se dio por superado, comprometiéndose el Presidente a impartir las órdenes de rigor en la mañana, y yo experimenté el tremendo alivio de saber que las 80 mil toneladas de salitre que España recibía, tendrían acceso al mercado.</p>
<p>La conversación se prolongó en un terreno de extrema simpatía y derivó hacia el tema de la capa que lucía Allende. El embajador aseveró que, sin ánimo de herir al Presidente, debía decirle que su capa no era digna de alguien de su categoría. En seguida, al apreciar el entusiasmo auténtico de Allende por el tema, el diplomático, buen psicólogo, explicó las características, preciosismos y secretos para iniciados que han de reunir las capas castellanas de prosapia.</p>
<p>El Presidente arguyó, algo desolado, que en la época de juventud de nuestra generación sólo vestían capa los poetas, entre ellos Neruda, que lo hacía en la bohemia santiaguina con especial autoridad. Allende explicó que posteriormente, en sus viajes por España, no había osado comprarse una por temor a parecer figurante de cine. El embajador replicó: “Presidente, permítame darme una satisfacción muy sincera. Tengo yo dos capas auténticas. Esta misma noche, cuando me mande a dejar, le haré llegar una”. En el clima de cordialidad que se había creado, habría sido impertinente rechazar. Una importante negociación había alcanzado una solución caballeresca que superaba los convencionalismos de la razón de Estado.</p>
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		<title>La verdadera historia del rescate del último discurso de Salvador Allende</title>
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		<pubDate>Thu, 26 Jun 2008 23:21:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Miguel Varas</dc:creator>
				<category><![CDATA[Actualidad y Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Allende]]></category>
		<category><![CDATA[Derechos Humanos]]></category>
		<category><![CDATA[Prensa]]></category>

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		<description><![CDATA[Al cumplirse cien años del nacimiento de Salvador Allende, el último mensaje que pronunció a pocos minutos del bombardeo de La Moneda y de su propia muerte, ha vuelto a emerger en distintos rincones del mundo. De allí que el rescate de la cinta que lo contenía desde los estudios de Radio Magallanes, la única emisora que lo transmitió, sea un episodio histórico. Su protagonista hasta ahora era el periodista Hernán Barahona, recientemente fallecido. Pero esa historia es refutada por los testimonios que nos presenta el Premio Nacional de Literatura, José Miguel Varas:  “Guillermo Ravest fue quien se dedicó junto con el radio controlador Amado Felipe a hacer numerosas copias del histórico discurso en pequeñas cintas magnéticas y fue él también quien las sacó del local de la radio, con evidente riesgo para su vida”. La controversia llegó al Tribunal de Ética del Colegio de Periodistas, el que dictó su fallo el pasado 7 de abril. ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="left" src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/portada-allende.jpg" alt="" width="366" height="277" /></p>
<p class="excerptdestacado">Al cumplirse cien años del nacimiento de Salvador Allende, el último mensaje que pronunció a pocos minutos del bombardeo de La Moneda y de su propia muerte, ha vuelto a emerger en distintos rincones del mundo. De allí que el rescate de la cinta que lo contenía desde los estudios de Radio Magallanes, la única emisora que lo transmitió, sea un episodio histórico. Su protagonista hasta ahora era el periodista Hernán Barahona, recientemente fallecido. Pero esa historia es refutada por los testimonios que nos presenta el Premio Nacional de Literatura, José Miguel Varas:  “Guillermo Ravest fue quien se dedicó junto con el radio controlador Amado Felipe a hacer numerosas copias del histórico discurso en pequeñas cintas magnéticas y fue él también quien las sacó del local de la radio, con evidente riesgo para su vida”. La controversia llegó al Tribunal de Ética del Colegio de Periodistas, el que dictó su fallo el pasado 7 de abril.</p>
<p>Vuelvo a leer con emoción la crónica de Guillermo Ravest Santis, con su estilo terso y vibrante, modelo de gran estilo de periodismo, sobre el último discurso del Presidente Salvador Allende, transmitido por Radio Magallanes el 11 de septiembre de 1973, minutos antes del comienzo del bombardeo a la Moneda. Ravest, director de la emisora, fue quien se dedicó junto con el radio controlador Amado Felipe a hacer numerosas copias del histórico discurso en pequeñas cintas magnéticas y fue él también quien las sacó del local de la radio –con evidente riesgo para su vida, del que en ese momento no tuvo conciencia- y las hizo llegar a la dirección clandestina del Partido Comunista para su distribución entre los corresponsales extranjeros.</p>
<p>La crónica fue solicitada a Guillermo Ravest por Faride Zerán, directora de la revista Rocinante, en la que yo me desempeñaba como editor. Apareció en la edición Nº 58, de agosto de 2003, junto con un notable testimonio del periodista Leonardo Cáceres, responsable de los servicios noticiosos de Radio Magallanes. Ambos materiales constituyen un documento periodístico e histórico sobre un momento trascendental de la vida de Chile. Y por eso, me parece muy conveniente que se reproduzcan ahora en las páginas de CIPER. Conveniente y necesario, porque en torno a estos hechos y sus protagonistas se tejieron versiones erróneas.</p>
<h2>Medio siglo de periodismo</h2>
<p>Nacido en Llay Llay, importante nudo ferroviario de la V Región, el 3 de julio de 1927, Guillermo Ravest Santis proviene de una familia estrechamente vinculada a los ferrocarriles: su abuelo, su padre, sus tíos y otros parientes fueron todos ferroviarios. También él pudo haber seguido el recto camino de los rieles pero se enamoró tempranamente del periodismo. Con este oficio ha mantenido un romance de medio siglo, que dura todavía.</p>
<p>En 1950 trabajó en la agencia COPER (Cooperativa de Periodistas), creada por el veterano Albino Pezoa para dar trabajo a profesionales de la prensa “cesanteados” por motivos políticos por el régimen de Gabriel González Videla. Después, entre 1952 y 1972 trabajó en los diarios El Siglo, El Espectador, Ultima Hora y La Nación, en el Departamento de Prensa de Radio Balmaceda, en la revista Qué Pasa de Buenos Aires, en el diario Puro Chile, en  Televisión Nacional y, por último, en Radio Magallanes. Junto con su esposa Ligeia Balladares, también periodista, debió partir al exilio después del golpe militar.</p>
<p>Ambos llegaron a Moscú en 1974 y organizaron el equipo de periodistas chilenos que produjo, bajo dirección de Ravest, los diarios programas “Radio Magallanes”, que se emitían por las ondas de la emisora estatal soviética, al mismo tiempo que los de “Escucha Chile”.</p>
<p>Viajaron en 1980 a México y regresaron a Chile en 1983, en cuanto sus nombres dejaron de aparecer en las listas de proscritos. Trabajaron en el diario ”Fortín Mapocho”, fuerte opositor a la dictadura. Entre 1983 y 1989, Guillermo trabajó en las ediciones clandestinas de “El Siglo”.</p>
<p>La pareja Ravest-Balladares reside desde hace más de 20 años en San Miguel Tlaixpán, pequeña localidad cercana a la Capital Federal de México. Ambos han seguido cultivando al periodismo y también la literatura en calidad de cuentistas y narradores casi clandestinos. Guillermo Ravest es autor de un libro de memorias titulado “Pretérito Imperfecto”, que ofrece, sin duda, enorme interés porque ha sido testigo privilegiado de un período histórico turbulento, cuyas consecuencias siguen proyectándose en el presente y en el futuro. Se espera que sea publicado pronto en Chile.</p>
<div class="recuadro">
<h5>Testimonio:<br />
&#8220;Necesito que me saquen al aire inmediatamente, compañero&#8221;</h5>
<p class="datosautor datosinterior">Por Por Guillermo Ravest Santis, ex director de Radio Magallanes</p>
<p><img class="right" title="Salvador Allende en La Moneda el día del golpe de Estado" src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/allende3.jpg" alt="" /><br />
El golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 me encontró en Radio Magallanes, de la cual era director, y cuyos estudios entonces ubicados en el sexto piso de Estado 235, tenían acceso por la entrada del Pasaje Imperio. A eso de las seis de la mañana, me despertó un telefonazo de Lucho Oliva, ingeniero a cargo de los equipos de nuestra radioemisora. “Chino –me dijo- ahora sí que empezó el golpe. Para que lleguemos juntos al centro te paso a buscar en mi auto, altiro”.</p>
<p>Aquel “altiro” demoró mucho más de una hora, razón por la cual, luego de traspasar varias barreras de militares, llegamos a Estado con la Plaza de Armas alrededor de las siete y media. Allí me despedí de mi mujer y mi hijo, quienes se dirigieron a la Comisión de Propaganda del Partido Comunista en Teatinos 416 y al Conservatorio Nacional de Música, sus lugares de trabajo y estudio, respectivamente.</p>
<p>Radio Magallanes ya vivía una nerviosa actividad. El periodista Ramiro Sepúlveda me informó de las novedades y de la ubicación de los reporteros en sus respectivos frentes de trabajo. Anotamos una sola baja: el redactor de los noticieros de la mañana, seguramente presa del pánico, abandonó la radio. Nunca más supe de él, en los 30 años transcurridos. En cambio, periodistas de los turnos vespertinos decidieron reforzar el equipo matinal porque pensaron, atinadamente, que allí eran más necesarios. Otros, como Hernán Barahona, reportero político en el Congreso, cumplido con su comentario de aquella mañana -como él mismo lo ha recordado-, se retiró de la radio. Desde que yo llegué a la Radio Magallanes alrededor de las 8:00 y hasta que se levantó el toque de queda, no lo vi más.</p>
<p>A ratos nos atropellábamos, pues en algunos momentos tuvimos hasta tres radiocontroles metidos en el estudio. En esos instantes nos acoplamos a la Radio Corporación para difundir las primeras alocuciones que hizo el Presidente Allende. Esta era una forma de coordinación que usábamos en tiempos de la Unidad Popular, bajo el nombre de La Voz de la Patria, para tratar de contrarrestar, en mínima medida, el potencial con que entonces contaba –en número y en kilowatios- el sistema radial de la derecha golpista. En tres oportunidades difundimos esa mañana, como La Voz de la Patria, las palabras de Allende alertando al pueblo sobre la sedición ya en marcha.</p>
<p>La madrugada anterior, fuerzas del Ejército habían dado inicio a la “Operación Silencio”. Allanaron e inutilizaron las plantas transmisoras de las radios de las universidades de Chile y Técnica del Estado y la Luis Emilio Recabarren, de la CUT. Entretanto, encabezadas por la emisora de la SNA, la red nacional de las Fuerzas Armadas de Chile atronaba con sus bandos y oficializaba radialmente el golpe militar. Por sus sostenida connivencia con la sedición sólo el Canal 13 dominaba las pantallas. En ese clima nos dimos cuenta que habíamos quedado solos en el aire. Recién habían sido acalladas la Radio Corporación, dirigida entonces por el Partido Socialista; la Portales, que venía navegando entonces la tortuosa ambigüedad de Raúl Tarud y la Sargento Candelaria, partidaria de la Unidad Popular.</p>
<p><img class="right" title="Allende ofreciendo una rueda de prensa" src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/allende5.jpg" alt="" /></p>
<p>Poco antes, en una breve reunión habíamos resuelto con Leonardo Cáceres, nuestro jefe de prensa, y Amado Felipe, jefe de radiooperadores, dar cumplimiento a decisiones operativas previamente acordadas para circunstancias como las que estábamos viviendo. Estábamos conscientes de que, ubicados a apenas cinco cuadras de La Moneda, podíamos ser allanados. Con todas sus consecuencias. Desde hacía casi dos horas un bando de la Junta Militar amenazaba a las emisoras que no se plegaran a la red golpista, de un ataque por “fuerzas de aire y tierra”.</p>
<p>Me correspondió proponer a los integrantes del pequeño equipo que debería apostarse en la planta transmisora de la Magallanes, ubicada en Renca, para tratar de seguir emitiendo en cualquier emergencia. Todos aceptaron inmediatamente. Ellos fueron: los periodistas Ramiro Sepúlveda, Jesús Díaz, Carmen Flores –reportera recién egresada de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile- y el locutor Agustín Cucho Fernández.</p>
<p>Ya estaba en su apogeo aquel desigual combate que la propaganda pinochetista, por tres décadas, ha querido presentar como la “batalla de La Moneda”. Esa de la media docena de regimientos apoyados por un comando operativo de tres de los jefes golpistas –el Mendocita recién empezaba merecer su apelativo como arrenquín-, más  el Estado Mayor de las FF.AA., tanques, cañones y helicópteros, contra un puñado de una cincuentena de patriotas. El testimonio documental de ese asalto fue investigado para la historia y la dignidad nacional por la doctora Paz Rojas, Iris Largo y otros igualmente dignos, en el libro Páginas en Blanco.</p>
<p>Había ido a buscar un cigarrillo a mi oficina cuando, inesperadamente, sonó la Plancha. Éste era el nombre que dábamos al teléfono a magneto, accionado a manivela, que nos comunicaba directamente con el despacho presidencial de La Moneda. Los golpistas ya habían amenazado bombardear el histórico palacio de gobierno. Contesté el llamado telefónico. Era la inconfundible voz del Presidente Allende.</p>
<p><img class="right" title="La Moneda bajo el bombardeo" src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/la-moneda-bombardeada.jpg" alt="" /><br />
- ¿Quién habla?<br />
- Ravest, compañero&#8230;<br />
- Necesito que me saquen al aire, inmediatamente, compañero&#8230;<br />
- Deme un minuto, para ordenar la grabación&#8230;<br />
- No, compañero. Preciso que me saquen al aire inmediatamente, no hay tiempo que perder&#8230;</p>
<p>Sin sacarme la bocina de la oreja, grité a Amado Felipe –quien se encontraba al frente de las perillas del control en el estudio- que instalara una cinta para grabarle y a Leonardo Cáceres, que corriera al micrófono a fin de anunciar al Presidente. Allende debe haber escuchado esos gritos. Le pedí: “Cuente tres, por favor, compañero, y parta&#8230;”.</p>
<p>Pese al nerviosismo de esos instantes, Amado Felipe –un gordo hiperkinético siempre jovial, hijo de refugiados españoles- tuvo la sangre fría o la clarividencia histórica de empezar a difundir al aire los primeros acordes de la Canción Nacional, a los que se mezcló la voz de Leonardo Cáceres, anunciando las que serían las últimas palabras del Presidente constitucional.</p>
<p>La tensión del momento explica por qué en esa grabación no sólo aparece la voz de Allende. A Felipe se le quedó abierto el micrófono de ambiente, hecho que aclara por qué en su original ella registrara mi voz pidiendo a gritos a alguien: “¡Cierren esa puerta, huevones!”. Los asaltantes de La Moneda, por su parte, le pusieron o añadieron su música de fondo: balazos, disparos de artillería y hasta ruidos de aviones. No eran momentos protocolares. Tras su última frase y, sin colgar, Allende me añadió un escueto: “No hay más, compañero, eso es todo”. Y como siempre ocurre en ciertas circunstancias solemnes o dramáticas, no faltó el añadido de una nota ridícula. Soy su autor. A modo de despedida le dije: “Cuídese, compañero”.</p>
<p>Tras haber presentado a Allende ante el micrófono. Leonardo se acercó a mi lado, junto a la Plancha. Ambos habíamos escuchado aquellas últimas palabras. Le comenté escuetamente: “Este es su testamento político. Flaco, estamos sonados&#8230;”. Con un locutor y otro periodista proseguimos la transmisión de la Magallanes. Estuvimos de acuerdo en difundir por segunda vez el discurso de Allende. Alrededor de las 10.20 de esa mañana, imprevistamente, nos sacaron del aire. Tratamos de establecer comunicación telefónica con la planta. Nadie respondió. Dedujimos que ya estaba en poder de los golpistas y nuestros compañeros muertos o detenidos.</p>
<p>En una breve reunión decidimos que lo único cuerdo en ese momento era desalojar los estudios. Amado Felipe, quien era el secretario político de nuestra célula del PC, y yo, decidimos quedarnos para revisar si en los estudios había papeles con nombres o menciones partidarias. Todo indicaba que un estilo de fascismo mapochino actuaba ahora desembozadamente.</p>
<p>Tras una despedida que no dejó de ser emocional, porque no era seguro que volviéramos a vernos vivos, varios compañeros reiteraron su fervor irrenunciable hacia la causa que encabezara el Presidente Allende. Cada uno partió a su hogar, porque ya se había hecho público que a las 14 horas comenzaba el toque de queda. Los dos compañeros de “seguridad” que nos había asignado el Comité Regional Capital del PC, prefirieron quedarse con nosotros.</p>
<p>Los dos días siguientes fueron agobiadoramente largos y tensos. Nos dividimos la tarea de la vigilancia de la radio, ahora convertida en ratonera, pues contaba con un solo acceso por la escalera y los ascensores. Nos esforzábamos por no ser sorprendidos si ocurría el allanamiento. Dormíamos por turnos. Volvimos a hacer una acuciosa revisión de todos los estudios. Lo más provechoso que hicimos con Amado Felipe fue dedicar muchas horas a reproducir las últimas palabras de Allende en unos pequeños carretes de cinta magnética. Así llegó el mediodía del jueves 13. Levantado el toque de queda, cerramos los estudios con llave. Nos despedimos antes de abandonar el pasaje Imperio. A Amado Felipe nunca más lo volví a ver.</p>
<p><img class="left" title="El equipo de Escucha Chile de Radio Moscú. Están: Volodia Teiltelboim, José Miguel Varas y Guillermo Ravest" src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/radio-moscu.jpg" alt="" /></p>
<p>Tres meses más tarde yo me asilaba en dependencias de la embajada de la entonces República Federal de Alemania, en un piso alto frente al Municipal, mediante los oficios solidarios del Agregado de Prensa Raban von Metzinger. Tuve que hacerlo porque a los generales de la Junta no les agradó que Allende los hubiese tratado en su discurso como lo que eran: traidores. Se ordenó mi detención; la evadí al costo de permanecer con mi mujer y mi hija chica, tres meses en una oficina de esa embajada y diez años en el exilio.</p>
<p>Aquel jueves me encontré con Ligeia, mi mujer, en Huérfanos frente al cine Central. Toda la gran manzana estaba atestada de militares armados. A ella le habían asegurado que ya era viuda, pues “a todos los de la Magallanes los mataron”. Pero algún militar que se distrajo de las interferencias telefónicas a la radio posibilitó que nos pudiéramos contactar por esa vía el día anterior. Y aunque no sabía qué podría ocurrir después, me avisó que pasaría a buscarme apenas levantaran el toque de queda. Junto con abrazarnos, emocionados hasta la pepa del alma, ella me preguntó: “¿Traes algo comprometedor?”. Cándida y honestamente respondí que no. Al menos así lo consideraba. Pero en el abrazo me delataron las cintas grabadas. Me miró como sólo ella sabe hacerlo.<br />
-Bah, de veras –respondí- son copias del discurso de Allende.</p>
<p>También me sacó, entre nuevos abrazos, mi carnet del PC. Los metió sigilosamente en su bolsa del infaltable tejido. Y como dos viejos amorosos caminamos despacio hacia la casa de nuestra hija en el centro. Allí permanecimos un día. Y partimos hacia nuestra casa en Macul.</p>
<p>Así creí que terminaba esta historia. Pero siguió. Por medio de un “correo” envié diez de esas cintas grabadas a don Américo Zorrilla, quien participaba entonces en la dirección clandestina del PC, pues ya había recibido el encargo de repartir el resto entre el enjambre de corresponsales extranjeros que entonces pululaba en Santiago.</p>
<p>Nunca volví a ver a Amado Felipe, nuestro jefe de radiooperadores: incluido “democráticamente” en lista negra por los empresarios radiales y absolutamente cesante, se suicidó tiempo más tarde.</p></div>
<div class="recuadro">
<h5>Testimonio<br />
&#8220;El control bajó el volumen de la música y yo anuncié al Presidente&#8221;</h5>
<p class="datosautor datosinterior">Por Leonardo Cáceres</p>
<p><img class="left" title="Leonardo Cáceres" src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/leonardo-caceres.jpg" alt="" />El 11 de septiembre de 1973 era martes y estaba nublado. Me desperté muy temprano, cuando el teléfono me transmitió la nerviosa información de un amigo que trabajaba en Investigaciones: estaba confirmado que había un levantamiento militar en curso, y en Valparaíso, la escuadra que participaba en la Operación Unitas había vuelto al puerto. Yo nunca había estado en un golpe de Estado. No sabía ni remotamente qué hacer ni de qué preocuparme.</p>
<p>Miraba pensativo por una ventana de mi casa, en la calle Tomás Moro, cuando vi que se abrían las puertas de la cercana residencia presidencial y tres o cuatro autos Fiat, escoltados por varias “tanquetas” de carabineros, salían a toda velocidad y se dirigieron hacia la avenida Colón. Ya no me cupo duda, algo grave estaba pasando: en uno de esos autos iba el Presidente Allende.</p>
<p>En mi citroneta me fui al centro, donde trabajaba como jefe de prensa de Radio Magallanes. En camino por Apoquindo y Providencia fui escuchando radio. Pasaba de la Agricultura, que emitía la marcial voz de Gabito Hernández alternada con la lectura de los primeros bandos militares y discos de Los Cuatro Cuartos, Los Quincheros y similares; a la Corporación y la Portales. De pronto escuché la voz del Presidente. Fue su primer mensaje. Él se había comunicado con Radio Corporación, como supe después.</p>
<p>Las emisoras de izquierda (Portales, Corporación, Magallanes, Candelaria, Recabarren y alguna más) integraban una cadena voluntaria y militante, La Voz de la Patria, que se enganchaba cada vez que era necesario para respaldar al Gobierno Popular, como réplica a la poderosa cadena de la oposición que tenía como cabeza a la Agricultura.</p>
<p><img class="right" title="Allende hablando frente a una multitud" src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/allende1.jpg" alt="" /></p>
<p>Llegué a la radio, en calle Estado con Agustinas, poco después de las 8. Ya estaban todos. Guillermo Ravest, el director, Eulogio Suárez, el gerente; los periodistas, los locutores. Se vivía un clima de máxima tensión, con la adrenalina a tope. Se intercambiaban las noticias con los rumores en medio de una sensación de caos. Sonaban todos los teléfonos al mismo tiempo. El Presidente volvió a dirigir al país un breve mensaje.</p>
<p>Hicimos la “pauta” del día sobre la marcha, envié periodistas a las sedes de los partidos y de la Central Única de Trabajadores, a la Asistencia Pública y, en especial, despachamos un móvil con tres periodistas a la planta transmisora de la Radio. ¿Quién podría asegurarnos que los golpistas no intentaran silenciar las radios, y para ello ocuparan los estudios de la calle Estado? En ese caso, la radio podría seguir transmitiendo desde la misma planta.</p>
<p>Muy temprano, ese día, los militares habían silenciado la radio de la Universidad Técnica del Estado. Poco después la Corporación. Así, la Magallanes quedó sola en el aire.</p>
<p>Redactábamos noticias a toda velocidad y las pasábamos al estudio para que los locutores las leyeran entre un disco y otro del Quilapayún o el Inti Illimani. En cierto momento entré al estudio y me quedé ayudando a leer unos comunicados de los cordones industriales y de la CUT. De pronto Ravest aparece agitando los brazos y tocando el cristal que separaba al estudio de la sala de control. En esta última había un teléfono a magneto conectado en directo con la oficina del Presidente en La Moneda. Había teléfonos similares a éste en las radios Portales y Corporación. Ravest nos dijo por comunicación interna que Allende estaba en línea y que teníamos anunciarlo de inmediato, sin esperar el final del disco que tocábamos. De inmediato. El control bajó el volumen de la música y yo anuncié al Presidente.</p>
<p>Ninguno de nosotros sabía que ésta iba a ser la última vez que el Presidente Allende hablara al país. No lo sabíamos, pero yo creo que sí. Era clarísimo, estaba hablando con la vista fija en los chilenos del futuro, en los que iban a sobrevivir al golpe, en los que iban a oír su voz diez, veinte o treinta años después. Allende habló para la historia.</p>
<p><img class="left" title="Allende y los GAP el día del golpe" src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/allende4.jpg" alt="" /></p>
<p>El trabajo seguía, nervioso, en los estudios. Escuchábamos la voz del Presidente y al mismo tiempo ordenábamos los textos que se iban a leer a continuación y discutíamos con los periodistas. El radioperador había dejado abiertos los micrófonos del estudio mientras se emitía la voz del Presidente y por eso, en las grabaciones de ese histórico discurso, se oyen de fondo voces y órdenes.</p>
<p>Terminó el discurso presidencial y siguió la transmisión especial&#8230; hasta que alguien nos avisó que la planta transmisora había sido asaltada por un comando militar, el personal que allí estaba había sido detenido, y nosotros ya no estábamos en el aire. Nadie se fue a su casa, todos nos quedamos en la radio esperando lo que iba a venir.</p>
<p>Un par de horas después vimos por las ventanas de la calle Estado, que daban al poniente, a los aviones Hawker Hunter que lanzaban cohetes sobre La Moneda. Segundos más tarde, las llamas de un gigantesco incendio. Se quemaba la historia, nuestra historia, se incendiaban los símbolos de estabilidad y confianza en nuestra patria, en la democracia, en el avance hacia un país mejor y más justo. La feroz hoguera duró 17 años.</p></div>
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		<title>Clarín: Los errores de la Concertación que le regalaron un triunfo a Joan Garcés</title>
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		<pubDate>Mon, 12 May 2008 22:21:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>John Dinges</dc:creator>
				<category><![CDATA[Actualidad y Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Allende]]></category>
		<category><![CDATA[Clarín]]></category>
		<category><![CDATA[John Dinges]]></category>
		<category><![CDATA[Prensa]]></category>
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		<description><![CDATA[La decisión del CIADI que ordena al gobierno de Chile pagar más de US$ 16 millones de indemnización a los verdaderos dueños del diario <em>Clarín</em>, Víctor Pey y la Fundación Allende de España, dejó al descubierto el error de estrategia de la Concertación: de no haber pagado US$ 9 millones a otros supuestos dueños del diario, el Tribunal hubiera rechazado el reclamo de Pey en su totalidad. Fue esa decisión la que llevó a los jueces del CIADI a fallar que <em>“hubo manifiesta denegación de justicia”</em> para Pey. Si en 2000 se intentó así impedir el resurgimiento de Clarín, sólo retrasó un proyecto que ya empieza a preparar motores.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/clarin-11-septiembre-1973.jpg" alt="" width="366" height="238" /></p>
<p class="excerptdestacado">La decisión del CIADI que ordena al gobierno de Chile pagar más de US$ 16 millones de indemnización a los verdaderos dueños del diario <em>Clarín</em>, Víctor Pey y la Fundación Allende de España, dejó al descubierto el error de estrategia de la Concertación: de no haber pagado US$ 9 millones a otros supuestos dueños del diario, el Tribunal hubiera rechazado el reclamo de Pey en su totalidad. Fue esa decisión la que llevó a los jueces del CIADI a fallar que <em>“hubo manifiesta denegación de justicia”</em> para Pey. Si en 2000 se intentó así impedir el resurgimiento de Clarín, sólo retrasó un proyecto que ya empieza a preparar motores.</p>
<p>Hay que leer y ver en forma clara la reciente decisión del Centro de Resolución de Controversias del Banco Mundial (CIADI) para entender lo que implica el fallo que condenó al gobierno a pagar más de US$ 16 millones a los verdaderos dueños del diario <em>Clarín</em>: Víctor Pey Casado y la Fundación Presidente Allende de España, ambos representados por el abogado Joan Garcés.</p>
<p>Primero, la decisión deja al descubierto una errada estrategia del gobierno basada más en un cálculo político que en los hechos objetivos de la historia de la expropiación del diario de mayor circulación en Chile, llevada a cabo por el régimen militar.</p>
<p>Segundo, y tal vez más importante para el país con la prensa masiva con menos diversidad política de toda América Latina: el monto del pago ordenado -aunque mucho menos que los US$ 517 millones pedidos originalmente- deja en la puerta la posibilidad de lanzar un nuevo diario <em>Clarín</em>. Y ello, porque una vez conocida la resolución del CIADI, incluyendo los montos, tanto Pey como Garcés han dicho que no hay ningún cambio a su voluntad de sacar el diario a la calle.</p>
<p>Tercero, el gobierno cometió un grave error –según el Tribunal- al compensar a otras personas por la expropiación de <em>Clarín</em>. De no haber sido por esta acción del gobierno en 2000, en la famosa Resolución 43 del Ministerio de Bienes Nacionales, el Tribunal hubiera rechazado el reclamo de Pey en su totalidad. O sea, el gobierno de Chile está pagando dos veces por la misma confiscación: una vez a personas que no eran los verdaderos dueños de <em>Clarín</em>, lo que ha tenido como resultado el que se lo obligue a pagar una segunda vez al verdadero dueño según el Tribunal: Víctor Pey.</p>
<p>De refrendarse este fallo del CIADI, el gobierno de Chile terminará gastando más de US$ 30 millones del erario chileno por la expropiación que en dictadura se hizo del diario <em>Clarín</em>. Y esto, porque a los más de US$ 16 millones que deberá pagar a Pey hay que agregar los US$ 9 millones que se pagaron en 2000 a otros dueños, los US$ 5 millones que se han gastado en la defensa jurídica ante el CIADI según el calculó del ex ministro de Economía Alejandro Ferreiro, y los millones que se gastarán en la misma defensa con la decisión del gobierno de reclamar la nulidad del fallo ante el CIADI.</p>
<h2>Los hechos</h2>
<p><a href="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/peylaudo08mayo2008.pdf">El texto de la decisión de CIADI </a>tiene 236 páginas. Darse el trabajo de leerla toma tiempo, pero es instructivo. Porque la decisión del tribunal con más credibilidad y prestigio en el ámbito del comercio internacional, rechaza en casi cien por ciento la versión de los hechos que ha prevalecido en la percepción pública en Chile, una versión única de los opositores a Clarín dentro y fuera del gobierno.</p>
<p><img class="right" title="Víctor Pey" src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/victor-pey1.jpg" alt="" />1-. “Víctor Pey nunca compró el diario <em>Clarín </em>a su dueño Darío Sainte Marie, el famoso “Volpone”. <strong>RECHAZADO</strong>.</p>
<p>En el párrafo 179, el tribunal concluye: “El Sr. Pey Casado procedió efectivamente a la adquisición de las sociedades CPP S.A. y EPC Ltda., contrariamente a lo que alega la Demandada [el gobierno de Chile]. En segundo lugar, estima que esta adquisición debe ser considerada como una inversión de acuerdo al artículo 25 del Convenio CIADI”. En otro párrafo (197), el Tribunal comenta la debilidad del argumento del gobierno: “La convicción del Tribunal se ve reforzada por el hecho de que la versión de los hechos defendida de manera activa por el Estado de Chile no se sustenta en ninguna prueba pertinente…”</p>
<p>2-. “Los verdaderos dueños de <em>Clarín </em>son los herederos de Volpone y de varias personas más a quienes el gobierno pagó una compensación de $9 millones de dólares por una decisión administrativa del Ministerio de Bienes Nacionales, en virtud de la Resolución 43 del 28 de abril de 2000”. <strong>RECHAZADA</strong>.</p>
<p>El párrafo 674 del fallo dice: “En resumen, en este caso concreto, al conceder compensaciones -por razones que sólo ella [la Demandada/gobierno de Chile] conoce y siguen sin explicarse- a personas que, según el Tribunal de arbitraje, no eran propietarias de los bienes confiscados, y al paralizar o rechazar las reivindicaciones del Sr. Pey Casado referentes a los bienes confiscados, la República de Chile cometió una manifiesta denegación de justicia y se negó a tratar a las Demandantes [Víctor Pey et al.] de manera justa y equitativa&#8221;.</p>
<p>3-. “Salvador Allende se apoderó del diario <em>Clarín </em>en 1972 después de haber amenazado físicamente a Volpone, obligándolo a vender el diario a Víctor Pey como testaferro y a salir del país”. <strong>NO FUE CONSIDERADO.</strong></p>
<p>Si bien entre sus argumentos ante el CIADI el gobierno apenas menciona esta versión y no menciona la supuesta &#8220;amenaza&#8221;, sí argumenta en contra de la acusación de que el diario fue comprado por testaferros (ver los párrafos 138 y 139). No obstante, en Chile, el gobierno avaló la versión del testaferro y la amenaza como verídica.</p>
<p>La referida versión está basada en lo escrito por el fallecido periodista Román Alegría en su libro <em>Entre dos generales</em>, la que ha sido muchas veces citada por la prensa chilena. Una investigación de CIPER a esta misteriosa aseveración concluyó que, a pesar de algunas evidencias, entre ellas la descripción de riñas entre Allende y Volpone hechas por su viuda Carmen Kaiser, la trayectoria de la relación entre ambos en absoluto confirma que Allende le haya arrancado el diario por la fuerza a Volpone.</p>
<p><a href="http://ciperchile.cl/2008/04/30/la-vida-al-limite-del-creador-de-clarin/">En la investigación de CIPER </a>queda claro que, si nos remitimos a los hechos, poco después de dejar Chile Sainte Marie seguía vinculado al Presidente Allende. Lo anterior está avalado además, por una carta enviada a Allende desde España –publicada en <em>El Mercurio</em>-, en la que Sainte Marie le muestra afecto y lealtad.</p>
<p>En la carta, de mayo de 1972 (después de la supuesta amenaza de muerte), Volpone le dice a Allende: “…a pesar de todo lo que me has pelado y desplumado en nuestra larga y peleadora amistad, yo y Clarín no sólo hemos estado siempre firme junto al pueblo, sino también firme junto a ti”.</p>
<p>4-. “Víctor Pey es chileno y por lo tanto la compra de Clarín no pudo haber sido una inversión extranjera”. <strong>RECHAZADO.</strong></p>
<p>El gobierno ha insistido en la nacionalidad chilena de Pey para argumentar la incompetencia del tribunal, que sólo tiene jurisdicción sobre casos de inversión extranjera. Pey sostiene que fue privado de su nacionalidad por el gobierno de Pinochet y que además, formalmente, renunció a su nacionalidad chilena. La conclusión del Ciadi, después de un largo análisis de la ley chilena y las leyes internacionales, rechaza en el párrafo 323 el argumento del gobierno: “El Tribunal de arbitraje estima que no está en condición de admitir la excepción de incompetencia basada en el argumento de que la primera parte demandante poseía en la fecha pertinente la nacionalidad chilena”.</p>
<p>5-. “La confiscación de <em>Clarín </em>ocurrió mucho antes de la entrada en vigor del tratado APPI, de marzo de 1994, que rige las inversiones entre Chile y España”. <strong>ACEPTADO</strong>.</p>
<p>Si bien el Tribunal rechazó el argumento de Pey referido a que la confiscación conformaba una violación continua que seguía desde la época del régimen militar hasta la entrada en vigor del tratado APPI en tiempos de democracia, es en este punto donde se agrega una ironía que se constituye en el triunfo de Víctor Pey.</p>
<p>Este capítulo del fallo (de la página 185 a la 211), es uno de los pocos puntos en discusión en que el CIADI da la razón al gobierno de Chile y en un tema importantísimo. Como el daño ocurrió antes de entrar en vigencia el tratado (1994), Pey no hubiera tenido ningún derecho a reclamar contra Chile, y su petición de compensación hubiera sido rechazada por completo.</p>
<p>Pero el gobierno de Chile cometió un grave error que dio vuelta el destino del caso. En abril de 2000, en virtud de la Resolución 43 del Ministerio de Bienes Nacionales, un acto administrativo no judicial, el gobierno decretó que otras personas –y no Víctor Pey- eran los dueños de <em>Clarín </em>y los indemnizó en US$ 9 millones.</p>
<p><a href="http://ciperchile.cl/2007/11/02/clarin/">En la investigación que hizo CIPER de los hechos</a>, se comprobó en documentos y entrevistas con los actores principales, que la decisión del Ministerio de 2000 tenía como fin anular el litigio con Pey y la Fundación Allende de España en el CIADI, el que ya había comenzado en Washington. La resolución lleva la firma del entonces ministro Claudio Orrego, quien reconoció en una entrevista con el autor: <strong>“Entiendo que el Comité de Inversiones Extranjeras estaba involucrado. Recuerdo que se invocó el tema internacional [el pleito en el CIADI] como uno de los factores de premura para resolverlo rápidamente”</strong>.</p>
<p>A juzgar por la reciente decisión del Ciadi, al gobierno le salió el tiro por la culata. El Tribunal ha considerado la Resolución 43 una “nueva desposesión” de la propiedad de Víctor Pey que, por haber ocurrido en 2000, cae dentro de la vigencia del tratado entre Chile y España.</p>
<p>En efecto, en el párrafo 600, el Tribunal primero da la razón al gobierno: “Después de examinar los hechos y pretensiones de las partes, el Tribunal llegó a la conclusión de que la expropiación resultante del Decreto N° 165 no se puede considerar un hecho ilícito continuo y no se le pueden aplicar las disposiciones sustantivas del APPI”. Pero inmediatamente concluye que la “desposesión” de la Resolución 43 reactiva el vigor del tratado: <strong>“En cambio, las disposiciones sustantivas del APPI son aplicables <em>ratione temporis</em> a la violación resultante de la Decisión N° 43 y a la denegación de justicia alegada por las Demandantes, ya que dichos actos son posteriores a la entrada en vigor del tratado”.</strong></p>
<p>El reciente vuelco en el caso también determinó el monto y los intereses de la indemnización. El Tribunal rechazó la petición de Pey de ser indemnizado en $517 millones, cálculo hecho sobre los dineros que la inversión de Pey dejó de recibir durante todos los años después de la clausura de <em>Clarín en 1973</em>.</p>
<p>En cambio, concedió a Pey $10 millones, prácticamente el mismo monto que el gobierno le adjudicó a <em>Clarín </em>para efectos de la indemnización a otras personas por la Resolución 43. Según el fallo, los intereses corren no desde el año 1973, sino desde 2000, es decir, desde el momento de la “nueva desposesión”. La suma llega a superar los US$ 16 millones gracias a otros conceptos de recuperación de gastos en el proceso.</p>
<h2>Otra vez Joan Garcés</h2>
<p><img class="left" title="Joan Garcés" src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/joan-garces.jpg" alt="" />El caso <em>Clarín </em>es la segunda gran victoria legal del abogado español y ex asesor personal de Salvador Allende, Joan Garcés, contra el gobierno de Chile. La primera fue la estrategia jurídica iniciada en España y que culminó con la detención del ex dictador Augusto Pinochet en Londres en 1998. En ese juicio, Garcés también fue el cerebro de la estrategia legal que permitió enjuiciar y encarcelar en su domicilio a Pinochet y que estableció nuevos principios de derechos humanos en el ámbito internacional.</p>
<p>Para Pey, la victoria en el caso <em>Clarín </em>es la otra cara de la misma medalla. En ambos casos, el adversario fue el gobierno de Chile y en ambos Garcés tuvo que lidiar contra los argumentos y la fuerzas del gobierno que tomaron la defensa del régimen militar.</p>
<p>La victoria, tanto en el juicio a Pinochet como en el caso <em>Clarín</em>, ha sido la destrucción de la impunidad frente a las injusticias de la dictadura. No obstante, la decisión final del proceso en Londres tuvo un resultado algo ambiguo: el ex dictador fue condenado a la extradición a España, avalando los cargos contra él, pero gracias a una negociación política se le permitió volver a Chile por supuestas razones de salud.</p>
<h2>El nuevo Clarín prepara motores</h2>
<p>¿Cómo se explica la férrea oposición de gobierno contra la relanzamiento de un diario que seguramente se alinearía con los principios de la Concertación? Es difícil juzgar motivos. Pero para este observador parece obvio que el gobierno se ha dejado intimidar por los argumentos de la derecha.</p>
<p>Lo que ha prevalecido en las acciones de gobierno ha sido más bien un cálculo político de costo-beneficio. El costo está graficado por el temor a enfrentar el poder del opositor emblemático a todo lo relacionado con <em>Clarín</em>: <em>El Mercurio</em>. La empresa de medios chilenos más importante no quiere la resurrección del diario que en su momento lo superó en circulación nacional. Quiere continuar con la situación casi duopólica establecida por el régimen militar, que le ha asegurado su favorable situación económica durante tantas décadas.</p>
<p>Otro núcleo opositor a <em>Clarín </em>está en sectores de la Democracia Cristiana que teme que su relanzamiento tendría el efecto dentro de la Concertación de inclinar el balance político hacia el Partido Socialista, además de darle voz por primera vez a la izquierda allendista que nunca ha formado parte de la coalición oficialista.</p>
<p>El argumento opositor de derecha ha sido contundente: han acusado al gobierno de complicidad con el proyecto de Pey y Garcés de formar un nuevo diario de izquierda al presentar una débil defensa ante el CIADI. El gobierno ha capitulado intentando ponerle fin al litigio con una apresurada y finalmente errada estrategia de pagar a personas cuyos reclamos por la propiedad de <em>Clarín </em>fueron rechazados. Después, han contratando abogados de derecha para su defensa en Washington.</p>
<p>Al gobierno le queda una sola movida: la petición de nulidad. Con ello, podría demorar el pago de la indemnización unos dos años. Un lapso que para Víctor Pey, a sus 92 años, se vuelve vital para su inclaudicable decisión de lanzar al nuevo diario <em>Clarín </em>a las calles de Chile.</p>
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		<title>Clarín: Texto completo del fallo</title>
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		<pubDate>Fri, 09 May 2008 14:50:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>CIPER</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reportajes de Investigación]]></category>
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		<description><![CDATA[La resolución del tribunal del Banco Mundial confirma a Víctor Pey como propietario del diario <em>Clarín </em> y ordena al Estado chileno indemnizarlo con más de US $16 millones por su confiscación, ocurrida en 1973. En la página 235 está consignado el dictamen que le da la razón a Pey y a la Fundación Presidente Allende, las partes demandantes.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/clarin11sep1973.jpg" title="Portada del 11 de spetiembre de 1973" class="left"/> <span class="excerptdestacado">La resolución del tribunal del Banco Mundial confirma a Víctor Pey como propietario del diario <em>Clarín </em> y ordena al Estado chileno indemnizarlo con más de US $16 millones por su confiscación, ocurrida en 1973. En la página 235 está consignado el dictamen que le da la razón a Pey y a la Fundación Presidente Allende, las partes demandantes, y especifica los montos que obliga a pagar al Estado. El gobierno de Chile decidió pedir la nulidad del juicio, lo que podría extender el proceso otros dos años. Vea el <a href="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/peylaudo08mayo2008.pdf"target="_blank">texto completo del fallo </a>en español. A la izquierda, la portada de <em>Clarín </em>del 11 de septiembre de 1973 que no alcanzó a circular. </span></p>
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		<title>El testamento no revelado de Volpone y la misteriosa desaparición de sus Memorias</title>
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		<pubDate>Wed, 30 Apr 2008 06:34:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Francisca Skoknic</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reportajes de Investigación]]></category>
		<category><![CDATA[Allende]]></category>
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		<category><![CDATA[John Dinges]]></category>
		<category><![CDATA[Prensa]]></category>
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		<description><![CDATA[Su muerte en Madrid el 16 de febrero de 1982, no fue noticia en Chile. Veintiséis años más tarde, el testamento de Darío Sainte Marie, hasta ahora secreto,y la misteriosa desaparición de las Memorias que escribía son rescatados por CIPER a propósito de la millonaria indemnización por la expropiación de su máxima creación, el diario Clarín. En 1972 lo vendió a Víctor Pey y adquirió departamentos en Marbella y Madrid avaluados hoy en unos 3 millones 200 mil euros, los que fueron objeto de una polémica repartición tras su muerte. Su última voluntad incluía el mandato sobre dos cartas manuscritas de Allende a Volpone, las que pidió que fuesen entregadas a Fidel Castro. ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="right" src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/volponerotativa.jpg" alt="" width="366" height="255" /></p>
<p class="excerptdestacado">Su muerte en Madrid el 16 de febrero de 1982, no fue noticia en Chile. Veintiséis años más tarde, su testamento hasta ahora secreto y la misteriosa desaparición de las <em>Memorias </em>que Darío Sainte Marie escribía al momento de su muerte, son rescatados por CIPER en la víspera del fallo del CIADI que zanjará la millonaria indemnización por la expropiación de su máxima creación, el diario <em>Clarín</em>, el de mayor circulación en Chile hasta el golpe de Estado. La polémica repartición de sus bienes españoles -entre ellos seis departamentos en Marbella y Madrid avaluados hoy en unos 3 millones 200 mil euros- también incluía el mandato sobre dos cartas manuscritas de Allende a Volpone, las que Sainte Marie pidió que fuesen entregadas a Fidel Castro. Vea los documentos del testamento de Volpone</p>
<p>El 16 de abril de 1984, en una céntrica calle de Madrid, el notario español Domingo Irurzun Goicoa dio por fin el acuerdo para la repartición de los bienes de Darío Sainte Marie, según lo estipuló en su testamento que CIPER revela hoy a sus lectores. Habían transcurrido más de dos años desde su muerte, un intervalo en el que se sucedieron múltiples rencillas y polémicas y un misterioso hecho: la desaparición de las hasta ahora desconocidas <em>Memorias </em>que Volpone escribió hasta sus últimos días, así como de todos sus libros, correspondencia y manuscritos, los que guardaba en su departamento madrileño.</p>
<p>La decisión final sobre la repartición de sus bienes la había legalizado ante el notario madrileño Francisco Javier Monedero Gil el 28 de marzo de 1979, siete años después de que llegara abrumado a un Madrid aún dominado por Franco. Siete años en los que muchas cosas habían cambiado, empezando por la separación con su esposa, Carmen Kaiser. Pero no sólo eso. En uno de sus anteriores testamentos, aparecen como albaceas Salvador Allende y Eduardo Frei Montalva. Y en otro, nombra como abogado partidor de la sociedad conyugal a Carlos Altamirano Orrego. Pero lo más importante fue siempre quién se quedaba como custodio de sus hijos.</p>
<p><img class="left" title="Los hijos de Volpone en las linotipias de Clarín" src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/hijos-de-volpone-en-taller.jpg" alt="" /> En el testamento que hizo en 1979 –obtenido por el periodista John Dinges, codirector de CIPER, tras una solicitud de información oficial-, y con el que invalidó todos los anteriores, no hay políticos. La albacea que eligió fue la abogada <strong>Aranzazu de Sasía Rodríguez</strong>, esposa del periodista Carlos Alberto Cornejo, padrino de su hijo menor, Jean Paul Sainte Marie, e hijo de uno de sus amigos de infancia. Y como administrador, <strong>Francisco Carralero y Peñalver</strong>, Paco, un ex policía que trabajó como mayordomo y asistente personal de Volpone en Madrid.</p>
<p>En el documento notarial, Sainte Marie no hace ni una sola mención a <em>Clarín</em>. Para algunos, eso prueba que para entonces reconocía que la venta de su diario a Víctor Pey estaba saldada. En todo caso, tampoco hace referencia a su casa en Reñaca –que su mujer Carmen Kaiser salvó de manos de los militares y traspasó a su nombre- ni a sus residencias en Cajón del Maipo y calle Dieciocho, expropiadas por la dictadura.  Lo extraño de su testamento es la cláusula especial en la que estipula que su amigo Carlos Alberto Cornejo, periodista de <em>Clarín</em>, &#8220;<strong>entregará a don Fidel Castro las dos cartas manuscritas que dirigió don Salvador Allende al testador, como aporte a la constante histórica del rol que cumplió el diario <em>Clarín </em>durante el largo proceso político que instauró constitucionalmente el gobierno de la Unidad Popular en Chile</strong>&#8220;.</p>
<p>Lo que sí queda claro es que Darío Sainte Marie recibió en Madrid una gran cantidad de dinero. El testamento madrileño consigna bienes por 24 millones 417 mil 559 pesetas de la época (US$ 168 mil de entonces), lo que equivale a 331 mil euros de hoy (US$ 515 mil). Gran parte del dinero lo tenía invertido en una decena de departamentos ubicados en el corazón de Madrid y en el balneario top de Marbella. Buen ojo para el negocio inmobiliario tenía Volpone: luego del boom inmobiliario español, esas propiedades se valorizaron notablemente y una sola vale más que el total del dinero que Volpone invirtió entonces. Un departamento de 183 metros cuadrados en la planta baja del edificio Edén Roc 1 en Marbella, fue la primera compra inmobiliaria de Sainte Marie en España un año después de dejar Chile. El inmueble, ubicado justo frente al Paseo Marítimo del balneario, tenía dos dormitorios, terraza y estacionamiento.</p>
<p>En mayo de 1975 adquirió los cuatro departamentos donde vivió con sus hijos hasta que murió en 1982. Todos estaban en el sexto piso del edificio Centro Colón de Madrid, cerca del Paseo La Castellana, en el número 16 de la calle del Marqués de la Ensenada.  Actualmente, un departamento de 60 m2 en el mismo edificio se vende en 612 mil Euros.  Además de la excelente ubicación, el edificio Colón tiene la gracia de que está muy bien equipado –con restaurante y lavandería-, pues funciona como una suerte de apart hotel. Volpone tenía además un estacionamiento en el mismo edificio.</p>
<p>Por esa misma fecha compró un pequeño estudio de 37 m2, en la calle Otero de Madrid. Un par de años más tarde, en noviembre de 1977, volvió a invertir en Marbella, en dos departamentos de 160 m2 cada uno en el piso 17 del edificio Diana. Ese mismo mes, Volpone compró otros dos departamentos –de 74 m2 y 151 m2- con sus respectivos estacionamientos en el complejo Marbella 2.000, ubicado en la avenida Duque de Ahumada, justo frente al muelle. Hoy, pisos similares están avaluados en 355 mil y 490 mil Euros respectivamente.</p>
<p>Pero no todo eran inversiones inmobiliarias. De acuerdo al testamento, al momento de su muerte tenía varias cuentas en el Banco Hispano Americano de Madrid (hoy Banco Santander) por 744 mil pesetas, 3.436 dólares y 10.746 marcos alemanes, además de un depósito a plazo por 55.272 dólares. En el Banco Español de Crédito de Málaga guardaba 55 mil pesetas y tenía además acciones de Indus S.A. equivalentes a 2,6 millones de pesetas. Y su joyita: un auto Jaguar avaluado en 50 mil pesetas y que manejaba su chofer.</p>
<p>El testamento causó más de un conflicto entre sus herederos. De partida, Volpone quiso excluir a su esposa Carmen Kaiser “por haber contraído dicha señora nuevo matrimonio civil en un país indeterminado de América del Sur, por lo cual no la considera legítima y, a mayor abundancia, la deshereda en todos los derechos que pudieran corresponderle”.</p>
<p><img class="left" title="Carmen Kaiser" src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/carmenkaiser.jpg" alt="" />Esta declaración revela el estado en que quedó su relación con Carmen Kaiser tras la separación. Quienes lo frecuentaron en esa época dicen que estaba muy herido, que temía que la derecha aprovechara el que su mujer tuviera otro hombre para atacarlo. Además, la nueva pareja de Kaiser era derechista, camionero y sobrino de la esposa del almirante y miembro de la Junta Militar, José Toribio Merino. Y que por todo eso se fue a España.</p>
<p>Carmen Kaiser desmiente estas versiones y asegura que el quiebre no fue traumático. Afirma que ella viajó en numerosas ocasiones a Madrid y se hospedaba en uno de los departamentos del Centro Colón junto a sus hijos. A veces pelearon, admite, pero luego se arreglaban. Al momento de escribir los protocolos de Estoril, Sainte Marie la incluyó como destinataria de una renta vitalicia que se contempló como una alternativa del acuerdo, pero no se concretó.</p>
<p>Lo cierto es que la cláusula en que Volpone desheredaba a su ex mujer, Carmen Kaiser, no se pudo cumplir. Y ello porque no se acreditó el segundo matrimonio contraído por Kaiser con Tito Rosenkrans. La abogada Aranzazu de Sasía, albacea de Sainte Marie y esposa de Carlos Alberto Cornejo, quienes estuvieron hasta el minuto final junto a Sainte Marie, afirma a CIPER que incluso se pagaron investigaciones privadas para encontrar el certificado del segundo matrimonio de Kaiser. Para ello se contaba con el testimonio de su hija Dorotea, quien aseguró que viajó junto a su madre y su pareja a Uruguay o Paraguay –no recordaba con certeza- donde se realizó el trámite. Pero en ninguno de los dos países fue hallado. Sí se dejó constancia de que en diciembre de 1975 ambos habían cambiado la figura de sociedad conyugal a separación de bienes.</p>
<p><img class="left" title="Volpone y Allende en la piscina de Casa de Piedra" src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/galeriavolpone131.jpg" alt="" /> No fue la única cláusula de la última voluntad de Volpone que no se cumplió: &#8220;El testador designa legatario de su correspondencia personal, informes, papeles y libros a don Carlos Alberto Cornejo&#8221;. El periodista falleció el 23 de mayo de 2003 en Madrid. Su viuda, Aranzazu de Sasía, relata hoy desde su despacho jurídico en Madrid:</p>
<p>-Cuando murió Darío, pasó algo igual que en la película <em>Zorba el griego</em>: a los pocos días no quedó nada en el departamento en el que murió. Se llevaron todo, hasta los adornos. Nunca supimos qué pasó con sus libros, cartas y documentos. Los documentos  nunca aparecieron. Por esa razón, Carlos no pudo cumplir con la cláusula en que Darío le pedía que le entregara a Fidel Castro las dos cartas manuscritas de Salvador Allende.  Entre esos legajos de documentos deberían haber estado sus <em>Memorias</em>.</p>
<p>El ex senador Alberto Jerez asegura: “Creo que alcanzó a escribir 600 páginas&#8230;”.  Aranzazu de Sasía revela además que más tarde se logró abrir una caja de seguridad que Volpone dejó en el Banco Hispanoamericano (hoy Santander). “Cuando Darío descubrió en Chile que su mujer tenía otra pareja, le incautó todas las joyas y las depositó en esa caja de seguridad en Madrid. Como albacea fui testigo de su apertura. Las joyas fueron inventariadas y se subastaron en la casa de remates española Durán. Todo se hizo con notarios y con todos los certificados. La familia recibió el producto de la subasta”.</p>
<p>Finalmente, Carmen Kaiser, sus hijos Carmen Dorotea, Carmen Paola, Carmen Verónica y Jean Paul; además de Francoise, la hija de Carlos Darío Sainte Marie Kaiser (muerto en 1990), recibieron parte de la herencia.  El hijo de los Cornejo-De Sasía también fue incluido por Volpone (era su ahijado) como beneficiario de la herencia, así como Francisco Carralero y Peñalver.</p>
<p>Los bienes españoles de Sainte Marie fueron repartidos en 1984, pero la posesión efectiva se realizó en Chile un año más tarde en el 2º Juzgado Civil de Santiago. El inventario de bienes inmuebles consideraba una propiedad en Amunátegui del 232 al 256 y <a href="http://ciperchile.cl/2007/11/02/casa-de-piedra/">la casa de San José de Maipo</a>. Esta última le fue devuelta a su familia por el Ministerio de Bienes Nacionales a través del decreto 174 de 2001, aunque ya la ocupaban desde comienzo de los ‘90.</p>
<p>La familia Sainte Marie también debió compartir estos bienes con Julián Cornejo y la sucesión de Carralero y Peñalver. En diciembre de 2003, los Sainte Marie, a través de la Sociedad Inmobiliaria e inversiones Refugio de Lagunillas, compraron en $26 millones la parte de  los herederos españoles de Volpone.  Sin embargo, sus herederos parecen haber sacado poco provecho de la herencia. Carmen Kaiser asegura que por apuros económicos prácticamente “regaló” su legado inmobiliario. “Debía pagar 1 millón de pesetas mensual de administración, ¿y con qué pagaba si no teníamos ni con qué comer? Los vendimos mal para pagar las deudas. Al final, no quedó nada”, asegura.</p>
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		<title>La vida al límite de Darío Sainte Marie, creador de Clarín</title>
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		<pubDate>Wed, 30 Apr 2008 06:33:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Francisca Skoknic</dc:creator>
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		<description><![CDATA[A horas del fallo que pondrá punto final a la larga disputa por la indemnización del diario <em>Clarín</em>, la impronta de su creador, Darío Sainte Marie, el hombre que remeció con sus titulares la política chilena del siglo pasado, resurge en boca de los protagonistas de la época. Con despliegue de crónica roja y de hilarantes apodos a los políticos, Volpone logró convertir su diario en el más leído por los chilenos. Atesoró secretos, potentes y peligrosos, cuyo destino es hoy el último misterio del hombre que falleció abrumado y solo hace 26 años en Madrid.
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			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="right" src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/volpone-y-allende.jpg" alt="" width="366" height="234" /></p>
<p class="excerptdestacado">A sólo horas del fallo que pondrá punto final a la larga y polémica disputa por la indemnización del expropiado diario <em>Clarín</em>, la impronta de su creador, Darío Sainte Marie Soruco, el hombre que remeció con sus titulares la política chilena del siglo pasado, resurge en boca de los protagonistas de la época. Con despliegue de crónica roja y de hilarantes apodos a los políticos, el mítico Volpone logró convertir su diario en el más leído por los chilenos al tiempo que concentraba los odios de la derecha. Atesoró secretos, potentes y peligrosos, cuyo destino es hoy el último misterio del hombre que falleció abrumado y muy solo hace 26 años en Madrid. </p>
<p>Al llegar a término la larga y polémica disputa por la indemnización del expropiado diario <em>Clarín </em>en 1973, la agitada vida de su fundador, Darío Sainte Marie Soruco, así como los misterios que dejó al fallecer en Madrid el 16 de febrero de 1982, resurgen en boca de muchos testigos que CIPER buscó para reconstruir episodios hasta hoy inéditos.</p>
<p>Uno de esos misterios, directamente relacionado con el fallo que en los próximos días emitirá el Centro de Resolución de Controversias del Banco Mundial (CIADI), está en el último testamento que redactó en España y que <a href="http://ciperchile.cl/2008/04/30/el-testamento-no-revelado-de-volpone-y-la-misteriosa-desaparicion-de-sus-memorias/">CIPER revela a sus lectores</a>.</p>
<p>En uno de los acápites de ese testamento, Sainte Marie estipula que su amigo Carlos Alberto Cornejo, el periodista y director del suplemento dominical de <em>Clarín</em>, “entregará a don Fidel Castro las dos cartas manuscritas que dirigió don Salvador Allende al testador, como aporte a la constante histórica del rol que cumplió el diario <em>Clarín </em>durante el largo proceso político que instauró constitucionalmente el gobierno de la Unidad Popular en Chile”.</p>
<p>¿Por qué era tan importante para Volpone que Castro supiera de boca de Allende el rol de <em>Clarín </em>en la UP? ¿Era realmente ése el contenido de las cartas que guardó? Aún no hay respuesta a estas interrogantes. Y ello, porque esas cartas, así como toda su correspondencia personal, informes, papeles, libros y los manuscritos con parte de la historia de este país que se llevó a Madrid, fueron legados en ese mismo testamento a Cornejo y desaparecieron misteriosamente desde el departamento madrileño en que vivió Volpone hasta su muerte, sin que hoy se sepa cuál fue su destino.</p>
<p>No es el único misterio a 26 años de la muerte de Sainte Marie. Varios testigos de sus últimos años aseguran que Volpone estaba escribiendo sus <em>Memorias</em>. Todos los políticos y periodistas de esa época saben que Volpone conocía muchos secretos, potentes, peligrosos. De allí la importancia de los escritos, correspondencia y documentos que guardaba y que también desaparecieron.</p>
<p>A la luz de este hecho inédito no son pocos los que comenzarán a preocuparse por los secretos que Volpone atesoró durante los largos años en que estuvo en el centro del poder.</p>
<h2>El agravio que le cambió la vida</h2>
<p>Las cartas de Allende a Sainte Marie y que este último dejó bajo custodia en su testamento para que fuesen entregadas a Fidel Castro, dan cuenta de la trama central que se esconde en las bambalinas del inminente fallo del CIADI por la venta de <em>Clarín</em>: la intensa relación amor-odio entre Volpone y Salvador Allende, los que nacieron con sólo dos años de diferencia.</p>
<p>Se conocían desde niños. Allende creció en Valparaíso y estudió en el Liceo Eduardo de la Barra, Sainte Marie en los Padres Franceses del puerto. La Universidad de Chile los juntó en Santiago más tarde. Allende estudió Medicina mientras Sainte Marie ingresaba a la Escuela de Derecho. Habrían disputado el protagonismo político universitario de la época de no mediar el agravio que hizo que Sainte Marie cambiara su rumbo. Siendo candidato a la presidencia del Centro de Alumnos de Derecho, en un acto público le gritaron un insulto por ser boliviano (nació en Santa Cruz de la Sierra). Entonces, Sainte Marie juró que nunca más se expondría: no volvió a decir un discurso y se retiró de la primera línea política.</p>
<p>Allende, en cambio, era electo presidente del Centro de Alumnos de Medicina y luego vicepresidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECH), desde donde combatió la dictadura del general Carlos Ibáñez del Campo.</p>
<p><img class="left" title="Volpone, primero a la izquierda" src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/volponeibanez.jpg" alt="" /> Fue entonces que ambos se enfrentaron desde trincheras opuestas. Porque el joven Sainte Marie fue el hombre de confianza de Carlos Ibáñez del Campo, llegando a tener influencia directa sobre sus decisiones. Primero, como mano derecha de su ministro de Hacienda Pablo Ramírez, el excéntrico autor del llamado “milagro económico” de Ibáñez y fundador de la Contraloría, el hombre con fama de homosexual que recorría por las noches distintos locales nocturnos en compañía de sus asesores, los que serían conocidos como “los niños de Pablo Ramírez”. Ahí surgió también la otra leyenda de Volpone, por los rumores sobre su supuesta homosexualidad, lo que todos los que lo conocieron rechazan.</p>
<p>Más tarde, el periodismo como herramienta de poder lo capturó. Fue director de <em>Zig Zag </em>y en Estados Unidos ejerció como editor de Associated Press. Allí su círculo se amplió. Conoció a presidentes, dictadores y políticos de toda América Latina. Escribió una serie de libros sobre distintos países, volúmenes gruesos de tapas duras que recopilaban datos estadísticos. Por encargo de Fulgencio Batista escribió <em>Cuba en Cifras</em>; mientras que su cercanía con el dictador dominicano Rafael Leonidas Trujillo y Juan Domingo Perón, le sirvió para escribir varios reportajes.</p>
<p>-Conocía la historia política de casi todos los países de América Latina, no sólo desde el punto de vista formal, sino de cómo en tal familia la mujer había tenido un enredo con este otro y había tenido el diario tal y había llegado a ser senador acá… Del mismo modo sabía la historia de todos los políticos y de todas las familias chilenas -recuerda Víctor Pey.</p>
<p>De regreso en Chile, en la elección presidencial de 1952 en la que Ibáñez arrasó, Darío Sainte Marie extrañamente apoyó al candidato de la derecha, Arturo Matte Larraín. Un amigo de Volpone cuenta: “No fue oportunismo político, sino un gesto de nobleza. Estando Darío muy mal económicamente, su madre tuvo un cáncer terminal y quien financió los gastos fue Matte. Darío se lo dijo a Ibáñez y éste, apenas ingresó a La Moneda, lo llamó”.</p>
<p>Así, durante el segundo gobierno de Ibáñez fue su principal consejero personal. Dicen que puso y sacó ministros, como su hermano Osvaldo Sainte Marie en Relaciones Exteriores, y desde su posición privilegiada cobró revanchas políticas y diseñó estrategias.</p>
<p>De la mano de Ibáñez desembarcó nuevamente en el periodismo al ser nombrado director de <em>La Nación</em>. Diariamente se reunía con el presidente Ibáñez y luego hacía punzantes titulares que muy pronto lo harían famoso. Como aquel que en grandes letras denunció como “contrabandistas y maleteros” a los parlamentarios sorprendidos trayendo artículos importados desde el entonces puerto libre de Arica. La portada llevaba, entre otras, la foto del senador Salvador Allende. Esa portada motivó uno de los tantos quiebres entre ambos.</p>
<h2>El orejero del poder</h2>
<p>En 1954, siendo director de <em>La Nación</em>, Sainte Marie convenció a Ibáñez de  crear un diario de la tarde al que llamaron <em>Clarín</em>. Fue un gran fracaso. Pero Volpone se aferró a su criatura. El periodista Enrique Gutierrez recuerda:</p>
<p><img class="left" title="Sainte Marie en un cambio de folio de Clarín" src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/galeriavolpone3.jpg" alt="" /> -Finalmente Volpone logró que Ibáñez, su animita como  le decía –tenía su fotografía en el living de su departamento de calle Dieciocho y no permitía que nadie hablara mal de él-, le vendiera Clarín en unos pocos pesos. Al principio fueron socios a través de la mujer de Ibáñez. Luego, lo transformaron en matutino y en la campaña presidencial del ‘58, Ibáñez decide apoyar a Allende en contra de Alessandri y puso a <em>La Nación </em>y en especial a <em>Clarín </em>al servicio de Allende. Ahí empezó la relación de amor y odio entre Volpone y Allende. Cuando asumió Alessandri, sacaron a patadas a la gente de <em>Clarín </em>del edificio de <em>La Nación</em>. Ahí se refugiaron en un departamento que tenía uno de los directores de <em>Clarín</em>, Román Alegría Rodríguez. En calle Lira estaba la imprenta Horizonte, de los comunistas, y ahí se imprimía <em>Clarín</em>.</p>
<p>Al comenzar el gobierno de Alessandri, el diario <em>Clarín </em>había comenzado a capturar al público popular. Pero estaban limitados por la imprenta. Debían esperar que se imprimiera <em>El Siglo </em>y <em>Ultima Hora</em>. No podían subir el tiraje. Gutierrez, que trabajó desde el inicio en Clarín y fue tres veces subdirector del diario, recuerda que en ese tiempo en Chile había muy pocas rotativas:</p>
<p>-Alguien le pasó el dato a Volpone que la Sociedad Periodística del Sur tenía una vieja rotativa botada a la que habían adaptado como criadero de gallinas. También supo que había por ahí un mecánico alemán de rotativas muy borracho pero que era un mago. Volpone compró esa rotativa, se compró una casa vieja y en un año el mecánico alemán hizo funcionar la máquina. En algún momento llegó a tirar 100 mil ejemplares por hora, nadie sabe cómo. La imprenta propia fue la que permitió el despliegue de Clarín que ya estaba instalado en la nueva casa.</p>
<p>Fue entonces que Volpone, el hombre seducido por el poder, llevó a su máxima expresión la capacidad de hacer portadas irónicas, hilarantes y tan destructivas para sus enemigos como favorables para sus amigos. Con el tiempo, <em>Clarín </em>se transformaría en su más poderosa arma de influencia.  Aunque la crónica roja y el deporte fueron las herramientas que lo llevaron a encabezar el diario de mayor circulación en Chile, fue su irreverencia política la que más hizo ruido.</p>
<p>El ex senador Alberto Jerez, quien lo conoció en 1963, cuenta que la gran virtud de Volpone era su capacidad de elegir gente:</p>
<p>-Haber podido juntar en <em>Clarín </em>a Alberto Gamboa, Eugenio Lira Massi, Alejando Arellano, Mario y José Gómez López&#8230;, eso no lo hace cualquiera. Clarín fue lo que fue por Darío, pero más que nada por los periodistas.</p>
<p>Volpone se metía poco en el día a día, pero sus titulares y los motes con que calificaba a los políticos eran una marca difícil de borrar. Uno de esos episodios lo relata el periodista Enrique Gutierrez:</p>
<p>-Hernán Millas hizo  una columna donde contó que habían encontrado a Enrique Ortúzar Escobar, ministro de Justicia de Jorge Alessandri, con su amante, la que todo indicaba era una reportera de la época. Lo había pillado la señora y lo había agarrado a carterazos. Hicimos la gran campaña de los carterazos y Ortúzar nos tomó un odio a muerte. En eso entran los radicales al gobierno y aprobaron la llamada <em>Ley Mordaza</em>. Entre otras cosas establecía que las informaciones policiales no podían tener títulos mayores de 3 columnas y el porte de la letra no podía ser mayor a 24 puntos. ¡Hasta eso! Nosotros sacamos una primera página en blanco el día que salió la ley. Era una ley con nombre y apellido del odio que nos tomó el señor Ortúzar.</p>
<p>Así fue como el senador Isauro Torres pasó por obra de Volpone a ser conocido como <em>manos pochas </em>y el solterón Jorge Alessandri como <em>La Señora</em>, mientras que su gobierno era <em>El Circo del señor Corales </em>y sus ministros los <em>payasos mayores</em>.</p>
<p>Eduardo Frei se salvó de sus dardos gracias a la gran amistad que los unió, la que cultivaban en reuniones sociales con esposas incluidas. Volpone lo aconsejaba informalmente y tuvo línea abierta con La Moneda mientras Frei gobernó. Con Allende fue distinto.</p>
<h2>Allende-Volpone: amor y odio</h2>
<p>Periodistas y políticos de la época coinciden en que ser testigo de las conversaciones entre Sainte Marie y Allende era un placer: mezclaban encendidas discusiones políticas con bromas rápidas y agudas. Hasta que uno de los dos sobrepasaba el límite y las relaciones se cortaban. Pero la separación duraba poco.</p>
<p>Un tema recurrente era la afición de Allende por la ropa de Sainte Marie. Sus prendas -muy elegantes, las que traía del extranjero- eran un imán para el líder socialista. Además, tenían la misma talla, desde el número de zapatos hasta el sombrero. Allende acostumbraba pedir cosas prestadas y no devolverlas, lo que para Volpone nunca fue divertido. Alberto Jerez fue testigo:</p>
<p><img class="left" title="Volpone junto a Régis Debray" src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/galeriavolpone8.jpg" alt="" /> -Me llamó Allende desde La Moneda para decirme que había conseguido que el general Torres, presidente de Bolivia, liberara a Régis Debray, el conocido intelectual francés condenado a 30 años por haber estado con el Che Guevara en la guerrilla. Me pidió que lo invitara a mi casa por un tiempo. Así se hizo, Debray llegó, lo iba a ver mucha gente pero él no salía ni hacía declaraciones. Un día me llama Allende y me dice: “Tenemos una comida en Cerro Castillo, por qué no vas con Régis, pero juntémonos en la casa de Darío Sainte Marie”. Cuando llegamos con Debray, Darío andaba como loco corriendo y diciéndole a los empleados “¡cierren ese mueble!, ¡pongan llave a ese closet!”. Qué pasa, le dije. “Es que viene Salvador y yo voy a quedar pilucho porque se va a llevar toda la ropa que parezca elegante”.</p>
<p>-Esa chaqueta de cuero con la que Allende aparece en las fotos del “Tanquetazo” (junio de 1973), era de Sainte Marie. Volpone la trajo de España, Allende la vio en la casa de San José de Maipo, le gustó, se la puso y se la llevó –cuenta el ex editor de <em>Clarín</em>, Enrique Gutiérrez.</p>
<p>La mujer de Volpone hasta 1972, Carmen Kaiser, no tiene la certeza, pero sí recuerda la irritación de su marido por los “robos de Allende”.</p>
<p>-Una vez instalado en La Moneda, Allende enviaba a sus GAP a la Casa de Piedra para tomar “prestadas” desde las alfombras finas hasta baúles llenos de prendas recién llegadas de Europa -afirma.</p>
<p>El periodista Alberto Gamboa, ex director de <em>Clarín</em>, recuerda uno de esos episodios en la Casa de Piedra: “Nos tomamos unos whiskies y de repente, el presidente dice que se tenía que ir. El living estaba frente a un inmenso jardín donde llegaban los autos. Ahí estaba el auto de Allende, sube el chofer y el ayudante, el presidente se despide y le dice a ambos que agarren dos armaduras y se las lleva. Vieras como pataleaba el viejo Sainte Marie, parecía una vieja histérica”.</p>
<p>A Kaiser no le produce ninguna gracia la pérdida de las dos armaduras que ella misma compró en un club de esgrima. Menos luego de que se conociera que una de ellas, que estaba en la casa presidencial de Tomás Moro y fue saqueada para el Golpe, fue devuelta a la familia de Allende.</p>
<h2>Firme junto a Allende y Tomic</h2>
<p>La elección de 1970 supuso un desafío para Darío Sainte Marie y su diario. Si bien Volpone no tenía ni ideología ni lealtad con los partidos, proclamaba la lucha contra la oligarquía y el poder económico.</p>
<p>Ya en el proceso de definición del candidato de la izquierda, Allende estaba pendiente del apoyo del diario. La pauta del periódico consistía en una serie de entrevistas hechas por el entonces subdirector Alejandro Arellano a los cinco precandidatos. Jacques Chonchol abrió la serie. Entonces, Volpone llamó a Arellano para preguntarle cuál sería el orden de las siguientes entrevistas. Cuando llegó el turno de Allende, la última del ciclo, Arellano fue informado que la haría el director Alberto Gamboa, el más allendista de los editores.<br />
-Quiso asegurarse de que no le ningunearan a <em>Chicho </em>-recuerda Arellano.</p>
<p>Darío Sainte Marie era además muy cercano al candidato de la DC, Radomiro Tomic. Cuenta el ex editor de informaciones de <em>Clarín</em>, Enrique Gutiérrez, que el día en que proclamaron a Allende como candidato de la izquierda, Volpone, José Gómez López y él estaban con Tomic en la casa del Cajón del Maipo:</p>
<p><img class="left" title="Portada de Clarín durante la campaña de 1970" src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/portadatomic.jpg" alt="" /> -Tomic seguía considerando que él ya era Presidente de Chile. Cuando se fue, Volpone dijo: “Está loco Radomiro, el <em>Cuadrado </em>lo va a hacer mierda. Y no le digan más <em>Cuadrado</em>, ahora es <em>Salvita</em>”.</p>
<p>El respaldo de <em>Clarín </em>a Allende requirió de gestos explícitos. Víctor Pey recuerda que tal como sucedía a menudo, el candidato y Sainte Marie estaban peleados a comienzos de 1970. Allende hizo una maleta y se presentó sin avisar en la casa del Cajón del Maipo. “Vengo a quedarme una semana”, le dijo. Con ese gesto, rompió el hielo y consiguió que <em>Clarín </em>le hiciera campaña.</p>
<p>A partir de entonces la instrucción fue que <em>Clarín </em>iba a destinar igual de espacio para Tomic y Allende, mientras que a Alessandri se le haría la guerra sin cuartel. Los periodistas del diario no reclamaron, aunque confiesan que, en la práctica, eran muchos más los allendistas y naturalmente Clarín se cargaba para ese lado. Volpone no chistaba.</p>
<p>Al revisar los diarios de la época, se percibe un bizarro intento de equilibrio. <strong>“Se hizo chico el Caupo para la manifestación de anoche de S. Allende”</strong>, titula el <em>Clarín </em>del 12 de agosto de 1970. Unas páginas más adelante anuncia: <strong>“Hoy al mediodía no habrá taxis: estarán con Tomic”</strong>. Alessandri se lleva la peor parte: <strong>“La Señora se calienta los juanetes</strong>”, reza la lectura de una foto con el candidato subido a un podio y con una estufa en los pies.</p>
<h2>Las “baticolas”</h2>
<p>Un mes antes de las elecciones, un editorial del diario explicaba esta esquizofrenia: “Los avisos del Comité de Fumigación Nacional (contra Alessandri) han sido una creación gratuita y espontánea del propietario de <em>Clarín</em>, Darío Sainte Marie, quien nunca ha cobrado un centavo en su aporte a la tarea del contraataque político&#8230; La gente se pregunta por qué no se define por uno de los candidatos: Radomiro Tomic propone sustituir el régimen capitalista y neocapitalista, es por lo tanto una expresión legítima del pueblo; Salvador Allende propone también, y a su manera, destruir el régimen capitalista y establecer la justicia social. Es, por lo tanto, una expresión legítima del pueblo. ¿Por qué a uno o al otro vamos a cerrar nuestras páginas?”.</p>
<p>Volpone rara vez escribía las editoriales y cuando lo hacía, nunca las firmaba, pero todos los políticos identificaban su pluma dura y sarcástica. Se las bautizó “baticola” y ocupaban más de media página. Los días previos a las elecciones escribió varias “baticolas”. En la víspera de los comicios se lanzó una vez más contra la derecha y Alessandri: “Las emprendimos contra él y su séquito de facinerosos y mendaces&#8230; con sorna, a puteada limpia, dando la cara y el apellido, sin buscar resquicios o escapes idiomáticos, en los meandros del buen decir, para descubrir en sus debilidades físicas e inepcias mentales al apatronado ‘candidato presidencial de los ricos` y a su cohorte de Judas y falsarios”.</p>
<p>Un quiebre poco perceptible en este equilibrio se produjo a mediados de agosto. <em>Clarín </em>publicó una página en la que “expone” las características y proyecciones de los tres candidatos. Un futuro gobierno de Tomic fue calificado de difícil; el de Alessandri, imposible; y el de Allende, muy difícil. El candidato de la UP, según <em>Clarín</em>,  “deberá afrontar el recelo y hostigamiento” de EE.UU. y de la mayoría de los países que lo siguen, además que “la galopante inflación heredada y la guerra que en todos los frentes internos y externos le haría la plutocracia criolla, colocaría a su gobierno en continuas situaciones de apremio abocándolo a numerosos problemas y complejas soluciones, algunas contradictorias y hasta impopulares”.<br />
-Volpone pidió esa página y ahí empezaron los odios de Allende -dice Enrique Gutiérrez.</p>
<p>En la parte periodística, en cambio, el apoyo al candidato de la izquierda era notorio. El 30 del mismo mes, Alberto <em>Gato</em> Gamboa y Augusto <em>Perro</em> Olivares, quien sería asesor de Allende en La Moneda y se suicidó allí el día del Golpe, le hicieron la última entrevista antes de la elección cuyo titulo fue una cita del candidato: <strong>“El pueblo debe estar listo para defender la victoria”. </strong></p>
<p><img class="left" title="Portada de Clarín tras el triunfo de la UP" src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/portadaclarin11.jpg" alt="" /> -Allende tuvo unos pocos votos más que Alessandri, muy pocos. Si no hubiese contado con el apoyo de <em>Clarín</em>, Allende no los habría tenido. Volpone creía, y tenía base fundamentada para ello, que la elección la había ganado Allende gracias a él, que a él se la debía. Yo le escuché varias veces: “Tú me la debes a mí”: Y eso no era gratuito. Claro, Tomic tenía la mitad del diario con avisos, todos pagados religiosamente. Y los de Allende, no: Volpone decía que era por su “corazoncito” -asegura Pey.</p>
<p>El problema fue que tras ganar la elección, Allende no lo llamó más. Y Volpone, acostumbrado a ser el orejero presidencial, se ofendió profundamente. Varios testigos recuerdan alusiones al respecto. Pey sostiene que él le insistió a Allende que retomara la relación, pero tardó unos tres meses en hacerlo. El propio Pey llevó a Volpone a la casa de la <em>Payita</em>, la secretaria y pareja de Allende a El Cañaveral. Como siempre, se hicieron un par de bromas y el disgusto quedó atrás.</p>
<p>Durante su mandato, Allende visitó varias veces la casa de Sainte Marie en Reñaca y San José de Maipo acompañado de la <em>Payita</em>. Incluso en esta última participó en un asado con los periodistas de Clarín con quienes se bañó en la piscina, como lo atestiguan las fotos de la época.</p>
<p>“Hubo una reconciliación con Allende, pero Volpone creía que su colaboración implicaba más que eso”, dice Pey, quien cree que Sainte Marie nunca pisó La Moneda con Allende. Contra todo pronóstico, su amigo fue el mandatario que menos lo escuchó. Y ese alejamiento puede dar luces de lo que sucedió más tarde.</p>
<h2>Favor o amenaza</h2>
<p>Fue el fallecido periodista Román Alegría quien en su libro <em>Entre dos generales </em>entregó la versión más escandalosa de los hechos que provocaron la decisión de Sainte Marie de vender <em>Clarín </em>en 1972. Cuenta Alegría que Allende estaba indignado por las críticas del diario y por eso amenazó a Sainte Marie y lo obligó a vender. Esta versión sitúa a Pey como testaferro del mandatario.</p>
<p>Carmen Kaiser, la ex mujer de Volpone, cuenta que todo sucedió una noche en que Allende y la <em>Payita </em>llegaron a cenar a su departamento de calle Dieciocho. Como siempre que Allende los visitaba, lo esperaba un plato de chuletas de novillo con mote y papas. Todo parecía normal hasta que llegó el café, cuando Volpone le habría planteado: “Mira, Salvador, le estás poniendo ruedas al país y te lo estás llevando, eso no lo voy a permitir. O paras esto o tal como te hice presidente, mañana te saco”. Según Kaiser, Allende quedó de llamarlo al día siguiente temprano, cuestión que cumplió. Le ofreció mandarlo a buscar, pero Volpone prefirió ir en su propio auto hasta El Cañaveral.</p>
<p>“Volvió muy serio”, asegura Kaiser. “Salvador me ha dicho que o le entrego el diario a un precio irrisorio o me mata. Dice que le echará la culpa a la derecha, me pondrá en una cureña con una bandera y me llevarán al cementerio. ‘Carmencita se va a ver muy bien de negro con todos los niños`, me dijo. Yo ya estoy cansado, no quiero más con tanta traición”, relata Kaiser. Por eso, acota, Sainte Marie firmó una serie de papeles y partió a los pocos días a España.</p>
<p><img class="left" title="La servilleta con cálculos de pagos por la propiedad de Clarín" src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/servilleta.jpg" alt="" /> Carmen Kaiser dice que incluso Pey apareció en los días siguientes a ofrecerle un acuerdo que ella rechazó. Para probarlo, muestra un pequeño papel con anotaciones de cálculos de fórmulas de pago por la venta de <em>Clarín</em>.</p>
<p>Víctor Pey reconoce su letra y también los cálculos, pero asegura que él nunca se entendió con ella, sino directamente con Sainte Marie. Además, es enfático en rechazar cualquier presión para la venta del diario.</p>
<p>Pey, entonces conocido empresario de la construcción (con una de sus empresas construyó el puerto de Arica), era muy amigo de Sainte Marie y por esos días estaba a cargo de las obras del nuevo edificio del diario, las que llevó a término.</p>
<p>-Darío tuvo un problema familiar súbito e inesperado. Creyó que esa situación era incompatible con permanecer en el país: tenía que irse. Se sintió profundamente abrumado -relata Pey.</p>
<h2>Separación matrimonial y escala en La Habana</h2>
<p>El problema que Pey no precisa es la separación de Sainte Marie y su mujer, Carmen Kaiser, a raíz de la nueva relación de ella con el hombre con el que se casó más tarde en Uruguay, pese a que nunca anuló legalmente su matrimonio con Volpone. Tanto Kaiser como sus hijos -Jean Paul y Paola Sainte Marie- niegan que la separación gatillara el viaje de Volpone. Reconocen que la familia pasaba por un momento difícil, pero insisten en que fue presionado para vender y que se le pagó mucho menos de lo que valía el diario.</p>
<p>Más allá de las especulaciones, lo cierto es que al momento en que ocurrieron los hechos nadie se enteró de la venta.</p>
<p>Alberto <em>Gato</em> Gamboa, entonces director de <em>Clarín</em>, recuerda que Volpone estaba acosado en esos días por la presión política pero sobre todo por su situación familiar. “La idea de Allende era ser socio y manejar la línea política del diario”, asegura. Y afirma que si bien Sainte Marie nunca dio luces de la venta, sí quiso marcar distancia del presidente. Antes de partir a Madrid, lo llamó a su departamento vecino al diario y le anunció que partiría a Alemania a hacerse un tratamiento y luego pasaría un tiempo en España.</p>
<p>-La advertencia que me dejó fue que tomara distancia del presidente: “Usted no haga caso a ninguna cosa que le diga o pida Allende, y si el <em>Cuadrado </em>se pone muy cargante, usted me llama a mí. No le dé pelota”. De hecho, hasta poco antes del Golpe, me seguía comunicando con Sainte Marie a España como dueño del diario –recuerda Gamboa.</p>
<p>El subdirector de la época, Alejandro Arellano, dice haber recibido otras instrucciones: “El que se va a quedar en mi lugar se llama Víctor Pey, tú lo conoces, y ante cualquier duda recurre a él”, recuerda que le dijo Sainte Marie. “Yo supuse que estaba dejando un representante”, asegura. Y si bien nunca hubo una declaración oficial respecto de la venta, después de un tiempo el dato empezó a circular.</p>
<p>Durante los primeros días de abril de 1972, Darío Sainte Marie dejó definitivamente Chile. Según Pey, antes de aterrizar en Madrid, Volpone hizo una escala en La Habana, a donde llegó invitado por Fidel Castro.</p>
<p>No era la primera vez que estaba en Cuba. Después de sus visitas en la época de Batista volvió junto a su amigo Carlos Altamirano a reunirse con Castro. Un testigo de esos encuentros asegura que la primera vez que se vieron no hubo mucha química porque a ambos les gustaba hablar demasiado y que los escucharan. Pero a Sainte Marie le gustaba decir “es mi amigo”.</p>
<h2>El “Barbudo” o la CIA</h2>
<p>Tras la escala en Cuba, Volpone se instaló en Madrid, donde vivía su hija Verónica, internada en un colegio especial por un retraso neuromotor. Todavía no cerraba las negociaciones con Pey por la venta del diario, y como éste se negaba a volver a España antes de la muerte de Franco, se dieron cita en Estoril, Portugal.</p>
<p>El encuentro tuvo lugar en el Hotel Palacio. En una esquela que lleva membrete del hotel, Pey escribió a mano los términos del acuerdo que bautizaron como “Protocolos de Estoril”. Eran las 19:30 del sábado 13 de mayo de 1972, según consta en el documento.</p>
<p><img class="left" title="Víctor Pey" src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/victor-pey.jpg" alt="" /> Se fijó un precio de US$ 1.580.000 que Pey pagó con un primer depósito de US$ 500 mil. El monto acordado, reconoce Pey, no corresponde a la tasación de <em>Clarín</em>, sino simplemente a la cantidad que consiguió reunir para comprar el diario como se lo pedía Sainte Marie. “En esa época de crisis, una casa que hoy valdría 100 mil dólares se podía comprar por 5 mil o 10 mil dólares. Hubo gente que tuvo tal pánico que vendió el auto por 500 dólares”, dice Pey. Sainte Marie tenía urgencia y la derecha estaba interesada en quedarse con Clarín, pero ambos coincidían que no podía caer en manos que no garantizaran la línea editorial.<br />
-Yo me resistí a comprarlo, debe darse cuenta lo que significa cambiar de rubro. Yo estaba metido en la construcción, entonces pensaba terminar la obra y vender el diario a gente que garantizase la misma posición política -cuenta Pey.</p>
<p>Para pagar a Sainte Marie, Pey dice haber liquidado todos sus bienes y empresas y haber pedido dinero prestado. Hoy no tiene papeles que acrediten dichas gestiones, pero asegura que no recibió “ni una chaucha ni de la KGB, ni de Allende ni de Fidel”. Su afirmación responde a la acusación de que funcionó como testaferro de Allende y que los fondos se consiguieron en Cuba. Con “el <em>Barbudo</em>”, como dice Carmen Kaiser. Esta tesis es reforzada por la ruta del pago de <em>Clarín</em>: los dineros fueron depositados primero en el Banco de Cuba, pasaron por el Banco de Checoslovaquia y terminaron en el Hispanoamericano de Suiza, país en el que se reunieron por segunda vez Pey y Volpone en 1972.</p>
<p>La explicación de Pey para la elección de los bancos es que Sainte Marie estaba obsesionado con la CIA y quiso que la operación no pasara por ninguna entidad occidental, por lo que optaron por instituciones de la órbita socialista y un destino neutral: Suiza. La prueba de la normalidad de la relación entre Volpone y Allende –dice Pey- es que mientras estuvieron en Ginebra éste andaba preocupado por mandarle un regalo a su amigo presidente. Finalmente eligió un pijama.</p>
<p>El punto parece importante para determinar si hubo o no en ese momento un quiebre con Allende. Si nos remitimos a los hechos, es claro que poco después de dejar Chile Sainte Marie seguía vinculado al Presidente.</p>
<p><img class="left" title="Portada de Clarín del 11 de septiembre de 1973" src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/portadaclarin11-091.jpg" alt="" /> La primera evidencia es una carta publicada por El Mercurio en 1975, la que fue encontrada en los archivos de La Moneda después del Golpe. En la misiva -fechada en mayo de 1972, justo después del encuentro de Estoril-, Volpone llama a Allende “<em>Peyuquito</em>” y a Pey, “<em>Vitoquito</em>”: &#8220;Has de saber, <em>Peyuquito</em>, que a pesar de todo lo que me has pelado y desplumado en nuestra larga y peleadora amistad, yo y <em>Clarín </em>no sólo hemos estado siempre firme junto al pueblo, sino también firme junto a ti. <em>Vitoquito</em>, como siempre, que es el más cuerdo de los dos, te lleva el &#8216;Pacto de Estoril&#8217; en su canulita”, dice la carta. Y en su postdata agrega: “En cuanto a nuestros mutuos y recíprocos méritos y grandes hazañas, históricamente yo te elegí presidente e históricamente tú has realizado un gobierno único, tal vez en la historia del mundo. Yo soy el Miranda moderno y realizado, tú aún eres un Bolívar en formación.&#8221;</p>
<p>En la misiva se menciona por primera vez a los “elefantes”, pagos cuyo monto y significado no está claro. De acuerdo al informal contrato, “durante 1973 se sacarán los elefantes del año 1972”. Esto explicaría por qué el 11 de septiembre de 1973 los pagos no habían concluido.</p>
<p>Es por eso que cuando Alejandro Arellano llega en 1973 a su exilio en Madrid, encuentra a Volpone muy preocupado por los “elefantes” y por la suerte de Víctor Pey, de quien no había tenido noticia desde el Golpe.</p>
<p>Arellano tomaba té todos los martes con Volpone en su departamento de Centro Colón, donde las tartas del goloso Sainte Marie eran la excusa para largas conversaciones. Uno de esos martes Arellano encontró a Volpone conversando con Pey. La semana siguiente le preguntó qué tal le había ido con los “elefantes”. En un lenguaje muy típico suyo, Sainte Marie le dio a entender que todo estaba arreglado.</p>
<p>Distinta es la versión de la familia Sainte Marie. Insisten en que el último pago, que vencía el 11 de septiembre de 1973, no se hizo. Pey descarta la fecha, pero reconoce que hubo una letra de US$ 10 mil que nunca apareció.</p>
<h2>El declive de Sainte Marie</h2>
<p>La estadía de Volpone en Madrid marcó un giro radical en su vida. En Chile salía muy poco y prefería que la gente fuera a verlo a su casa, donde circulaba en bata de levantarse sin importar la investidura del visitante. En Madrid esa tendencia se agudizó progresivamente.</p>
<p>Durante los primeros años hacía pequeños viajes a Portugal, Marbella u otras ciudades españolas. Su hija Paola recuerda haber ido a Aranjuez con su padre, Alberto Jerez y Joan Garcés y cuenta que casi todos los días Volpone la llevaba al cine y a caminar por el barrio. También recibía visitas de amigos chilenos exiliados en Madrid o en otros países. Nada comparado con la intensa vida política que tenía en Chile.</p>
<p>Tres de sus hijos se mudaron con él a Madrid, sumándose a Verónica, interna desde antes. Por la diferencia de edad, Volpone era una especie de abuelo al que había que respetarle la hora de su siesta y visitar sólo en horarios determinados. Vivían en los departamentos vecinos al suyo en el edificio Centro Colón y en esa vida de adolescentes con plena independencia los agarró la locura de la movida madrileña del postfranquismo.</p>
<p>-Tenían departamento y mesada. Eso no se hace con niños que han vivido como pollitos con su familia, súper cuidados. Si los metes en otro país, lo que ya es muy difícil, no resulta. Por el estatus de vida, los autos, un club en que sólo tenían que firmar… fue el error más grande de la vida -se lamenta hoy Carmen Kaiser.</p>
<p>Con el transcurso de los días, la salud y el ánimo de Darío Sainte Marie fueron decayendo. Aunque nadie lo sabía, siempre había sido depresivo.<br />
-Se acostaba y me decía “voy a dormir por si mañana o pasado necesita algo el presidente”. La única que entraba a su habitación era yo. Podía estar hasta diez días encuevadito -recuerda Carmen Kaiser.</p>
<p>Sus depresiones se agudizaron. Un amigo de la época asegura que Volpone pasó una temporada internado. Víctor Pey también supo de su “depresión” ya que “lo llevaba al médico, al acupunturista e incluso a yoga”. El ex senador Alberto Jerez se impactó la primera vez que lo vio en España: “Lo encontré en la tina, lleno de diarios, leyendo con avidez. No quiso salir. Días después lo convencí que pasara al living y después paseábamos por los parques del Prado”.<br />
-Me decía “he perdido a mi mujer, mi diario y mi patria” y yo hacía lo imposible por subirle el ánimo. Es probable que la depresión haya ayudado al declive de su salud –afirma Jerez.</p>
<p><img class="left" title="Hijos y nietos junto a lugar donde están las cenizas de Volpone en Casa de Piedra" src="http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/cenizasvolpone.jpg" alt="" /> Cuando murió, en 1982, su familia estaba completamente fragmentada. “Nunca más la familia se reunió de nuevo. Los cinco hermanos nos vinimos a reunir después de más de 16 años, en Reñaca, un fin de semana del ‘85”, cuenta Jean Paul Sainte Marie.</p>
<p>Para todos ellos el año 1972 marca un antes y un después. La separación de sus padres, la partida de Volpone, el Golpe y la división de los hermanos, duele hasta hoy. Ninguno terminó una carrera y todos han vivido en permanente inestabilidad.</p>
<p>Hasta hoy Carmen Kaiser habla de Volpone como si siguieran casados. Fue ella quien llegó hasta el cementerio de Madrid a rescatar las cenizas de Volpone para traerlas clandestinamente a Chile y enterrarlas en su casa de San José de Maipo, como él quería.</p>
<p>-Siempre digo que nuestro destino en la década de los ‘60 era otro. Nuestra vida era otra. Se lo puedes preguntar a los hijos de personajes tan gigantes como lo fue Darío Sainte Marie, y es difícil sobrellevar esa grandeza del progenitor. Si a eso le sumas la debacle que hubo en la familia, peor -dice el menor de los Sainte Marie.</p>
<p>Jean Paul y Paola coinciden en que recién hoy comienzan a estabilizarse, trabajando juntos por recuperar lo que fue la Casa de Piedra en honor a su padre. Lo que no logran borrar es la ira por haber perdido <em>Clarín</em>. Reconocen que le fue vendido a Víctor Pey, pero siguen afirmando que la transacción fue ilegítima pues se hizo bajo presión y a un precio irrisorio. Si bien fueron indemnizados en 1993 por un decreto que repartió US$ 9 millones entre quienes el gobierno consideró los dueños del diario, se quejan de que a ellos les correspondió un paupérrimo porcentaje, ya que el resto se entregó a quienes aparecían como propietarios según el estudio del abogado del gobierno de la época, Enrique Testa, quien compró parte de esos derechos y se benefició del arreglo.</p>
<p>-Ese arreglo nos deja la sensación de que siempre estamos al final, de que continuamente estamos siendo expropiados, asaltados, que la gran estafa es a costa de lo nuestro, los derechos del diario, la primera supuesta venta, el aprovechamiento de estos supuestos accionistas, el aprovechamiento vergonzoso de Testa, el aprovechamiento de Pey con Garcés. Un continuo robo. Pestañamos y nos roban -dice Jean Paul, reflejando la sensación que más parece unir hoy a los Sainte Marie.</p>
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