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Comentarios (4)

Daniela | 14.07.2016
Nada que agregar sobre los devastadores efectos de la violencia sexual infantil (tambien lo sufri) sin embargo quiero problematizar la pertinencia de que el camino sea una politica nacional de prevencion del abuso si lo que se busca es asegurar el deber de la sociedad de garantizar condiciones de vida integrales pro infancia. Aqui hago la diferencia entre una politica de prevencion del abuso sexual infantil y una politica proinfancia que contribuya a generar practicas de cuidado de nuestros niñas niños con sus respectivos respaldos juridicos entre las cuales estan las que penalizan el abuso sexual ojala con el mayor rigor y sin margen a la prescripcion del castigo.
vanesa hermosilla | 04.07.2016
Imprescriptibilidad de las denuncias en Chile a la mayor violacion a los derechos humanos ¿Porque la pedofilia, la violación y abuso sexual es la mayor violación a los derechos humanos? Violenta su derecho a la libertad de su cuerpo, su pensamiento y sexualidad. Violenta su derecho a la expresión, negándole la alternativa de hablar, de buscar ayuda, de detener el abuso, de decir NO. Violenta sus derechos reproductivos, cuando le impone un embarazo y maternidad forzados, producto del abuso. Violenta su derecho a vivir sin violencia, pues el abuso sexual es una expresión de violencia, que además, se traslada a toda su vida, a partir de la secuela y los recuerdos. Violenta su derecho a la vida, porque no le permite vivir plenamente, sino atrapada/o en el horror del abuso, aunque éste ya no esté ocurriendo. O en otras condiciones, porque la muerte es la única “alternativa” que la secuela traumática le permite reconocer. Tema a abordar con urgencia y solicitado vastamente desde hace años por la ciudadania. El abuso sexual toca el cuerpo –aunque el abusador no toque a la niña, niño y adolescentes cuando le habla, le hace gestos o le muestra imágenes pornográficas, hace el vínculo con su cuerpo- llevándoles a sentirse sucias/os, avergonzadas y culpables de su cuerpo. Ésta es solo una de las secuelas que genera el abuso sexual y que les hace sentir su cuerpo expropiado, o bien tratando siempre de huir de su propio cuerpo. Es precisamente esto lo que conlleva a que se instale el mecanismo de disociación que desde niñas/os o adolescentes les hace separar su cuerpo de su vida, sobre todo para no sentir y no recordar la perversidad del abuso. También el abuso sexual toca la psiquis, porque el abusador ejerce su control sobre niñas, niños y adolescentes, utiliza su autoridad de adulto/a para dominar, manipula la confianza, de tal forma que llega a confundir y someter. Las tres esferas: voluntad, cognición y afecto se ven controladas por el abusador. Cuando controla su voluntad, para la niña, niño y adolescente no es posible decir “No” al abusador, cuando ha avanzado en el abuso la situación se complejiza porque llega a sentirse cómplice del abusador, con mucha autoculpabilización y temor a que se sepa lo que le ocurre. Igualmente, invade sus procesos mentales (pensamiento, memoria), de conocimientos distorsionados sobre la sexualidad, sobre su cuerpo, sobre la relación de abuso que el abusador controla. A partir del control, se instala en su mente, pervirtiéndole con conceptos que confunden y angustian a niñas, niños y adolescentes y que asumen como “verdades” que les lleva presentar un estado de impotencia, hasta asumir que no tienen alternativa frente al abusador. El abusador controla afectiva y emocionalmente a niñas, niños y adolescentes, tergiversa el concepto del amor, le hace creer que él es la única persona que le cuida, le quiere y que la mejor demostración del amor es la aceptación del contacto sexual. De esta forma, en la expresión de la secuela traumática se encuentran niñas y adolescentes que asumen estar enamoradas de su abusador. Por otro lado, muchas niñas y adolescentes llegan a asumir en su vida cotidiana que la única forma de mostrar afecto hacia otras personas es a través de las expresiones sexuales. Muchas de estas niñas, adolescentes y aun mujeres jóvenes y adultas que viven la secuela traumática, son juzgadas socialmente por los excesos sexuales que presentan. En relación con la esfera sexual, el abusador invade la intimidad de niñas, niños y adolescentes, les hace sentir que su cuerpo y su sexualidad son algo sucio, que ellas/os rechacen su cuerpo y su sexualidad. Muchas mujeres que vivieron abuso sexual en su niñez y adolescencia asumen que su cuerpo no sirve, así que no importa hacerle más daño, iniciando un proceso autodestructivo que se expresa en diferentes formas (bulimia, anorexia, automutilación, intentos suicidas). Hay mujeres que no pueden desarrollar una vida sexual activa con su pareja, ya que sienten temor, asco, angustia, dolor y el recuerdo del abuso que vivieron siendo niñas o adolescentes, les invade en el momento de la relación de pareja. Otras en cambio, como parte de esta secuela inician promiscuidad sexual, asumiendo inconscientemente que “si alguien tocó tanto mi cuerpo, porqué no van a poder hacerlo otros, si además no vale nada”. Esto es solo parte de lo que genera el abuso sexual en niñas, niños y adolescentes y que se puede trasladar hasta la vida de joven y adulta/o. Fuente: Miguel Adasme
Karen Campusano | 12.06.2016
Hola. Como bien dice el articulo, las agresiones sexuales, el mayor porcentaje viene de un familiar o conocido. Si yo se de una persona que fue acusada de abuso sexual y quedo libre, por no tener antecedentes anteriores, yo me pregunto, como uno puede alertar a sus familiares? Me angustia saber que este tipo, puede estar abusando en sielencio de algun integrante pequeño de su familia. Aun que su abuso no paso a mayores, los padres de la niña afectada, hicieron lo que pudieron con su abogado, pero la justicia una vez mas dejo libre a un pedofilo.
Valentino | 08.06.2016
Buen día, sólo quiero expresar mis felicitaciones a CIPER por el presente artículo, dado que mi experiencia como psicólogo que trabaja con niños, niñas y adolescentes VÍCTIMAS de abuso sexual ha evidenciado qué NO existe una política preventiva frente a este tipo de delitos ni educación desde el sistema familiar y/o escolar, por tanto, estoy totalmente de acuerdo sobre la urgencia de formar una Ley que proteja íntegramente a nuestros niños, niñas y jóvenes.
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