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La reforma tributaria es uno de los temas más complejos del debate electoral y no sólo porque provee los recursos necesarios para financiar cambios en Educación o Salud. En un país donde los tributos son vistos como una carga injusta de la que hay que librarse con “astucia” (argumento que justifica la elusión), el impuesto muestra también cómo entendemos el Estado y el rol que nos cabe en él. El abogado Francisco Saffie, autor de la serie “Un sistema diseñado para privilegiar a unos pocos” explica aquí que las reformas planteadas por la oposición están apuntando por primera vez al tema de fondo. No solo se trata de cuánto dinero se va a recaudar, sino de la justicia con que estos dineros se recaudan.

Vea aquí entrevista a Francisco Saffie, explicando los pro y los contra de la reforma tributaria que propone Bachelet.

Es importante rescatar que el movimiento político se encamina en la dirección correcta cuando se busca modificar la matriz económica y social vigente, aquella que asegura que las distribuciones de mercado se mantendrán inalterables

Desde que se hizo pública la propuesta de reforma tributaria del programa de gobierno de la candidata y ex presidenta Michelle Bachelet, la discusión sobre los posibles efectos económicos de la misma no nos ha dejado ver lo importante. Las amenazas de que la inversión bajará, de que el costo de los impuestos se traspasará a los consumidores finales y a los salarios de los empleados (si queda alguno después del alza de impuestos), de que las Pymes desaparecerán, y una larga cantinela que ya es conocida, no han permitido analizar lo qué está detrás de la reforma tributaria propuesta y por qué la oposición plantea una reforma tributaria.

Un primer punto destacable es que la propuesta de Bachelet no se distancia, en lo importante, de aquello que propone el resto de la oposición. Más allá de los intereses de cada candidato por diferenciarse en vista de la primaria, y contra lo que resuena en la prensa dominante, no es Bachelet sino la oposición entera la que está de acuerdo en hacer una verdadera reforma y no sólo un perfeccionamiento a lo que hoy existe, pues esto haría el sistema más neoliberal.

En lo macro, los objetivos de las propuestas de la oposición se pueden resumir en dos puntos: el primero, aumentar la recaudación para financiar gasto público; y el segundo punto, que es más importante, hacer más justo el sistema tributario.

¿Qué supone que un sistema tributario sea más justo? Al menos dos cosas: (i) que se contribuya de acuerdo a la capacidad contributiva, vale decir, que cada uno contribuya de acuerdo a su nivel de ingresos, y (ii) que las personas y empresas paguen lo que les corresponde pagar.

Tal como parecen estar empezando a reconocer aquellos que aspiran al poder representando a la oposición, el tema de la justicia tributaria es primordial. De hecho, antecede al de la justificación del gasto. Sólo cuando decidimos cómo hemos de contribuir (y encontramos en esa contribución la base para justificar la cooperación que caracteriza a una comunidad política preocupada de llevar adelante el proyecto de autonomía individual y colectiva), podemos empezar a hablar de “para qué se aumentan los impuestos”. Contrario a lo que señala la derecha, determinar que todos hemos de contribuir porque la existencia de lo político depende de ello, “no es poner la carreta delante de los bueyes”. La forma en que esto se ha expresado -y empieza a resonar en las campañas- es que no se trata sólo de aumentar las tasas sino de cómo se estructura el sistema tributario para recaudar.

¿Qué supone que un sistema tributario sea más justo? Al menos dos cosas: que cada uno contribuya de acuerdo a su nivel de ingresos, y que las personas y empresas paguen lo que les corresponde pagar

Entonces, ¿qué está en juego? ¿Qué explica la necesidad de una reforma tributaria? No sólo una cuestión de recaudación, sino la necesidad de modificar un sistema tributario estructurado para privilegiar a unos pocos. Porque más allá de las medidas particulares que se proponen –sobre las que sólo podremos discutir en detalle después del 30 de Junio, cuando exista una propuesta común de la oposición en esta materia– la oposición parece, finalmente, estar dispuesta a mostrar que no comparte el ideario económico y social de la derecha. En otras palabras, más allá de los detalles técnicos y su capacidad de conseguir los objetivos deseados, es importante rescatar que el movimiento político se encamina en la dirección correcta cuando se busca modificar la matriz económica y social vigente, aquella que asegura que las distribuciones de mercado se mantendrán inalterables.

Entonces, y sólo hasta que conozcamos los detalles de las propuestas para evaluar si son capaces de cumplir lo que buscan, las medidas para modificar la estructura del sistema, evitar la elusión, aumentar la fiscalización del impuesto a las herencias (como propone Andrés Velasco) y otras que contienen los programas de aquellos que participarán en la primaria de la oposición, deben ser rescatadas como un todo por ir en la dirección correcta. Lo importante entonces, y lo que está detrás de las propuestas de reforma tributaria en los programas de los precandidatos de la oposición, es que todas buscan dar fuerza legal a la idea de que todos contribuimos para el bienestar de cada uno.