Les escribo para hacer una denuncia por una negligencia en la Clínica Dávila que puso en riesgo vital a mi hija Katleen Leiva, de 16 años. Ella fue hospitalizada el 28 de junio del 2011 en el cuarto piso quirúrgico, habitación 430-D. Estaba diagnosticada con rubeola y el 22 de ese mes su caso había sido avisado al Ministerio de Salud. Luego, el 28, en su control médico, la doctora María Carreño decidió hospitalizarla por un cuadro infeccioso, pero eso fue descartado por el doctor Pablo Gaete, infectólogo, quien ese mismo día diagnosticó un Síndrome de Stevens-Johnson, causado por la ingesta del medicamento carbamazepina (prescrito por la siquiatra Luz Carolina Valdez). El Síndrome de Stevens-Johnson es una enfermedad muy grave. El Doctor Gaete me informó que si se comprometían las vías aéreas, se complicaba.
El 1 de julio mi hija se agravó, por lo que me había comentado el infectólogo comenzó a votar flemas con sangre, sufrió hemorragia nasal y comenzó a hincharse. Ella decía que le dolía un pulmón y todo su cuerpo. Sólo se le administraron calmantes. Comenzamos a pedir un doctor, cosa que nos fue negada y que se indica como un derecho en la carta al paciente. Esto se extendió toda la tarde y la noche. Mi hija esa noche deliró y a la mañana siguiente pedí que se llamara a la doctora Carreño, su médico tratante. De nuevo me fue negado, argumentando que la doctora pasaba visita a cualquiera hora de la mañana (un médico de la UCI me dijo después que si hubiera llegado una hora más tarde, mi hija muere). Tuve que llamarla yo a su consulta en la misma clínica. Ella subió, se dio cuenta de la gravedad de mi hija y fue trasladada a la UCI con diagnóstico de falla multisistémica con riesgo vital.
Cuando ya estaba mejor, volvió a caer con riesgo vital por un edema cerebral y problemas de presión. Todo esto causado porque no nos prestaron los servicios correspondientes a una enfermedad tan grave como el Síndrome de Stevens-Johnson. La respuesta de la Clínica Dávila fue que las enfermeras tenían solo seis meses de práctica y por esto mi hija estuvo a punto de perder la vida. Las enfermeras que estuvieron a cargo mi hija ese día son las señoritas Sandra Carreño y Viviana Maravolí. Ellas no quisieron llamar a un médico, en circunstancias que el doctor a cargo de la sección cuarto piso quirúrgico, Ángel Vargas, nos dijo en la reunión que tuvimos con representantes de la clínica que él estaba en esa sección en esos momentos y que, si él no hubiese podido ir, las enfermeras debían llamar a un doctor de la UCI.
La clínica no se hace responsable por tener enfermeras con tan poca experiencia para enfrentar un caso tan grave como un Síndrome de Stevens-Johnson, argumentando que estas enfermeras ahora están siendo capacitadas y que ya fueron amonestadas. Pero si se cometió un error tan grave, que comprometió una vida de una niña, lo mínimo que se puede hacer es despedir a esas enfermeras que no cumplen ni siquiera con la calidad humana para estar a cargo de personas, pues a mi hija le dijeron que se hiciera mujer y aguantara los dolores.
Yo manejo toda la información que se necesite en caso de que alguien quiera verla e incluso una grabación donde se afirma por parte de la clínica la poca experiencia de las enfermeras.
La clínica ni siquiera se hace cargo del daño sicológico causado a toda la familia y en especial a mi hija, que ya tenía depresión (por eso se le dio el medicamento carbamazepina) y perdió el año escolar. En estos momentos mi hija sufre un cuadro post traumático, porque recuerda lo que pasó esos días en la UTI y en la UCI.

La Carbamazepina es un anticonvulsivante que se usa para tratar el dolor neuropático, también en el trastorno bipolar y está practicamente en desuso en los países desarrollados. Soy terapeuta en medicinas complementarias, siendo profesional de la salud, y al leer este caso una vez más compruebo que la medicina alopática no cura y al revés muchas veces los efectos colaterales de los medicamentos causan más daño que la enfermedad que tratan. Con la cantidad de especialistas y médicos que trataban a esta niña, con medicamentos que al mezclarse producen reacciones adversas y sumado al sistema médico que funciona como negocio y no como servicio, no es raro que se produzcan situaciones como esta. La medicina alopática detecta enfermedades, las trata, puede salvar vidas en caso de accidentes, pero no cura al paciente. Los medicamentos no curan, sólo tapan o alivian el síntoma, pero no curan el origen de la enfermedad. Es una pena que se produzcan situaciones como esta y aunque haya compensación económica, el sufrimiento de esa niña y su familia no se aliviará mientras sigan buscando la cura mediante la medicina tradicional.
No me cabe en la mente tanta cadena de errores, desde la fabricación de medicamentos que puedan gatillar esta enfermedad tan terrible, hasta la aplicación de este coctel de medicina y malos procedimientos . Estoy de acuerdo, los medicamentos lejos de mejorar la enfermedad la empeoran o causan otra! Los médicos alópatas ya no debieran medicar sólo reparar, como dice Patricia en caso de accidentes. No es casualidad que mientras más medicamentos facturados ...hay más enfermedades nuevas y que antes no veiamos!!
Fui "paciente psiquiátrica" durante más de 40 años. En ese período se me administró una cantidad y variedad de medicamentos psicotrópicos que desafían cualquier entendimiento y que me dejaron con un severo daño hepático. Después de dos durísimos golpes en mi vida - y con la ayuda de terapias alternativas y de la psicología jungiana y transpersonal en los últimos cinco años - por fin soy yo misma: una mujer feliz, que contribuye a hacer felices a quienes la rodean, y que ha encontrado el sentido de su vida en el servicio (no servilismo) a los demás. Por favor, libera a tu hija del estigma de la "enfermedad mental" a tiempo. Existen muchas opciones que realmente sanan a las personas, que no sólo alivian los síntomas. Ayuda a tu niñita a confiar en que en su interior están las armas que necesitará cuando deje las "muletas". Si quieres contactarte conmigo, escríbeme a: paulinadelrio@yahoo.com
Sra. Laura con la intencion de aclarar algunos puntos, habiendo un medico de turno en un servicio su deber es estar al tanto de la evolucion continua de cada paciente personalmente, y no un mero recibidor de solicitudes de las enfermeras para evaluar a la paciente, segundo las enfermeras no deciden donde queda un paciente si en un servicio de menor o mayor complejidad, es de resorte del medico tratante, su responsabilidad, tercero el jefe de servicio que por lo general es medico es el responsable de la idoneidad del personal a su cargo, uno no llega trabajar a un servicio porque crea que si, antes siempre hay una evaluacio. Con esto no digo que no exista responsabilidad de las colegas enfermeras, que creo que si la hay, ya que muchas veces la experiencia en nustra practica laboral no es en relacion al manejo clinico de un paciente, sino como logramos hacer que ese medico logre asumir sus responsabilidades. Aqui como siempre se corla el hilo por lo mas delgado, y se limpia la imagen de ese abnegado medico sentado con un cafe en una residencia medica viendo TV, sin importarle mayormente los paciente, o incrementado su sueldo con labores paralelas que le permiten dar una buena atencion.
Que falta de profesionalismo por parte de las enfermeras ya que los medicos en muchas ocaciones estan sin hacer nada cumpliendo horas, en varias ocaciones los medicos estan con los pies sobre los escritorios yo los he visto sin ningun respeto por los pacientes .Espero que su hija este recuperandose y mucha fuerza (demandelos)