El fallo final de la ministra Jessica González no amerita proclamar victoria, dice la columnista que es además sobrina de Karadima. Y ello porque nada puede reparar todo el daño ocasionado por el abuso, los silencios y el tiempo transcurrido. Ese mismo tiempo que permite que el abusador quede impune. ¿Cómo es posible cometer delitos de esta naturaleza y salir sin ninguna sanción? Sin restarle méritos a la acuciosa investigación de la jueza, se plantean las tareas urgentes que deja planteado este fallo histórico y complejo.
Al tomar conocimiento del resultado de la resolución de la justicia civil en el caso Karadima, siento la necesidad de reaccionar, compartiendo una reflexión posicionada sobre los abusos cometidos por este sacerdote, sus particularidades y en especial sus efectos para nuestra sociedad.
Quiero antes que todo señalar que si bien esta decisión me parece muy relevante, no quiero en ningún caso dar la sensación de un aire de triunfo. En estos casos tan graves y complejos, con todos los costos asociados, no hay victorias ni ganadores. Estos hechos jamás tendrían que haber sucedido y no hay ningún proceso ni resolución que pueda reparar todo el daño ocasionado por el abuso, los silencios y el tiempo transcurrido. Ese mismo tiempo que ahora es argumento para no poder aplicar una sanción penal.
La resolución en este caso ha sido histórica, ya que ha llegado hasta un punto mucho más avanzado de lo que se veía posible. Muchos de antemano creyeron que no tenía sentido insistir en perseguir penalmente un hecho que se sabía estaba prescrito. Afortunadamente hubo personas que estuvieron dispuestas a seguir adelante: los denunciantes, el querellante y los actores judiciales que sostuvieron esta investigación hasta este resultado.
Lo primero que me interesa destacar es que esta resolución establece con claridad que los hechos abusivos por los cuales se denunció al sacerdote Fernando Karadima efectivamente ocurrieron. ¿Por qué esto es tan importante? Pareciera absurdo tener que demostrar que las víctimas estuvieron expuestas a las situaciones abusivas. Ellos lo saben, porque lo vivenciaron. Sin embargo, es necesario que hechos como estos reciban el reconocimiento claro y sólido desde una autoridad como la judicial. Es un modo de nombrar lo ocurrido como lo que es: un hecho delictivo. Es una prueba de una investigación prolija y acuciosa, que permitió que una Jueza de la República se formara la convicción sobre los hechos.
Es un logro importante respecto del derecho a la Verdad que tienen las víctimas. El esclarecimiento y la reconstrucción de la memoria histórica, permiten que se den a conocer los hechos ocurridos y sean reconocidos por la comunidad como graves e inaceptables. Esto se suma a la verdad ya instalada a nivel mediático y por la resolución del Vaticano.
Por otra parte, otra de las funciones que tiene la justicia penal es poder centrar las responsabilidades en quien corresponde y aplicar sanciones por los delitos cometidos. En este caso esto no es posible por estar ante un hecho prescrito. Es decir, el paso del tiempo en un sistema como el actual, puede transformarse en un factor de impunidad: se establecen los hechos, incluso se puede determinar la participación del autor, pero éste no puede ser penalizado.
Este resultado entonces, junto con ser un gesto de justicia, tiene una contracara que puede ser leída como profundamente injusta y dar lugar a gran indignación en la ciudadanía. ¿Cómo es posible cometer delitos de esta naturaleza y salir sin ninguna sanción?
Esta reflexión debe dar pie a una revisión de los plazos de la prescripción de los delitos sexuales por parte de los legisladores, analizando si es válido y justo darle como mensaje a las víctimas -cuando se atreven y pueden denunciar su abuso- que ya es tarde para buscar la justicia.
El anhelo de justicia que en este caso no ha sido solamente de los denunciantes, sino de una parte importante de la ciudadanía, incluyéndome, ante la indignación que hoy genera saber que el señor Karadima no será sancionado, puede ser una fuerza importante para reducir en algo el sentimiento de traición que pueden haber sentido las víctimas. Esto al ofrecer una visión alternativa de personas que rechazan el abuso de poder y la violencia sexual en cualquiera de sus manifestaciones. Al existir un reproche manifiesto hacia el autor, se legitima a las víctimas como tales y se reconoce su dignidad.
Desde este reproche debe surgir un compromiso de no reiteración de los hechos, un “no más” genuino, y mucho más que una declaración de buenas intenciones, debe activar mecanismos concretos para que este tipo de hechos no se generen y si se llegan a generar, no se sostengan en el tiempo, puedan ser visibilizados, denunciados y detenidos. No queremos más figuras que como Karadima, lleguen a tener un poder tal, discrecional y sin contrapesos, que dé lugar a este tipo de prácticas de abuso de conciencias y abusos sexuales. No queremos contextos institucionales que no ofrezcan suficientes condiciones de resguardo a sus miembros, sean laicas o religiosas, públicas o privadas.
No se aceptan abusos de poder y si se detectan, se investigan y sancionan, tanto administrativamente como penalmente. De lo contrario, estamos frente a negligencias inexcusables. Ya es hora que las instituciones también asuman sus responsabilidades y puedan visualizar cómo reparar el daño causado, lo cual no solamente exige “gestos” de disculpas, sino también -¿por qué no?- indemnizaciones y/o compensaciones por los daños y perjuicios ocasionados.
Más allá de tener opinión o tomar posición en un caso “emblemático” como este, estamos interpelados como sociedad. Es importante analizar cómo este tema nos abre la pregunta acerca de qué hemos hecho –o no hecho- para que estas situaciones sean posibles y tan cerca nuestro, por tanto tiempo. También, qué estamos dispuestos a hacer para que no se vuelvan a generar. Como nos comprometemos con la prevención, con la detección, con el control de la condiciones de protección y con la denuncia de eventuales casos.
Esta es la señal más importante, que las personas sepan que de llegar a ser víctimas, hay un sistema que las ampara, las protege y adopta medidas para resarcir el daño. Esto ayuda a recuperar confianzas, a creer en que hay salidas y a que las personas den los pasos necesarios en sus procesos de justicia, reconocimiento y reparación.

Algo de consuelo nos queda, sería bueno estudiar las prescripciones de los delitos sexuales, para poder prevenir, o después de sucedidos (lamentablemente) poder denunciar a la justicia para que ésta aplique la ley, y no sentir el desamparo que nos hace sentir esta señora con la balanza en mano y los ojos vendados, (pero a medias a mi parecer) un abrazo y admiración a los denunciantes y también a los que aún no se atreven y a los que nunca se atreverán.
Y el cura Cox, cuando sera entregado por la mafia del vaticano? Que karadima le guarde un sitio en el infierno, donde por sus meritos ya han logrado con creces asegurar un lugar.....
Sí podemos encontrar un motivo para festejar esta resolución: el establecimiento de la verdad ante la ley, ya es una ganancia inconmesurable. Desde que su verdad nos convenció, nos conmovió y nos escandalizó, quienes lo denunciaron ya habían ganado lo más importante: desnudar hipócritas y dejarnos estupefectos ante una realidad desconcertante e indignante. Por supuesto que es incomprensible que un crimen de esta naturaleza prescriba: no es el robo de una hogaza de pan ni el ladrón fue un simple hambriento. Las consecuencias del abuso sexual son tantas, a tan largo plazo y tarda tanto tiempo la víctima en tomar conciencia de lo que le ha ocurrido y el porqué, que es absurdo que un delito como el abuso prescriba . El escalofrío y el desamparo que recorren el a quien ha sido víctima, cuando tiene que enfrentar a otro cuerpo, no prescribe. Las náuseas no prescriben. La humillación no prescribe. La verguenza no prescribe. Las relaciones que no pudo o que mal pudo entablar a lo laro de su vida, no prescriben. Claro que se puede sanar, pero las consecuencias que en su vida tuvo el haber vivido este robo del normal desarrollo sexual, que el abuso, no quedan sobreseídas. Por último, hay cabe destacar la valentía de la autora de esta columna quien, pese a ser pariente del señor Karadima, se atreve a asumir públicamente la culpabilidad del mismo.
Ahora terminado el juicio civil espero que Mons.Ezati (la Iglesia chilena) lo retire de la casa de las Siervas de Jesús y lo confine a un monasterio de claustro donde sus tentáculos no puedan seguir operando y pueda finalmente cumplir con lo determinado por el Vaticano, "Retiro de oración, penitencia y reflexión" sin contacto alguno con las personas que lo han apoyado ya que a través de su abogado Juan Pablo Bulnes se ha observado la influencia que ha operado en la casa de las Siervas de Jesús. Esta persona debe cumplir la sanción del Vaticano, separarlo de todo contacto con sus antiguos colaboradores. Es la esperanza que nos queda a los católicos, pues ha sido un gran dolor para los creyentes, ya que no ha sido penalizado por la justicia civil, que se atenga a lo dictaminado por el Vaticano.
He aquí una reflexión completa y convincente, por ser documentada, contundente y maciza.. Mi respeto y mis felicitaciones a la distinguida columnista María Soledad Latorre..
La decisión de denunciar a veces toma tiempo, en mi caso desde mi infancia hacia mi vida adulta. Es ahora que me siento capaz, luego de muchos años de terapia, de denunciarlo y nombrarlo. Siento que es muy importante para poder cerrar heridas, la validación y el reconocimiento por parte de la justicia formal de los casos de abusos sexuales, independientemente de la fecha de en que se cometieron.
Hubiera sido más alentador que Karadima pagara con cárcel.
Y El Cardenal Errazuriz debe pagar por todos los casos en que se vio involucrado como protector de abusadores. Protegiò al diàcono Narvaez, Al obispo Cox, a Kardima Etc
Y ahora a un convento con monjas que lo tratan con excesivo condescendencia como un santo!
Sería bueno que los denunciantes exijan una compensación económica, esta visto que la IC es poderosa y podría indemnizar a las víctimas. Karadima mismo dijo que Errazuríz habría pagado 500 millones para que no apareciera un libro en el que salía un "poco perjudicado". Ezatti podría mandar a Karadima a hacer alguna labor a las capillas de las poblaciones o campamentos, que hay de sobre en el país, claro que supervigilado y con una pulsera con chip para que sea monitoreado en el mas mínimo movimiento, y durmiendo en alguna cárcel como el común de los cristianos, que cumplen alguna condena con reclusión nocturna. El mundo cristiano es uno solo, no hay cristianos verde claro y cristianos verde oscuro, (como el chiste) o los hay?
leer esta columna me provocó la misma sensacion que cuando compro un boleto de loteria y no gano absolutamente nada.
Lo que más me molesta es el abuso de poder de la iglesia católica y de sus redes con gente poderosa. Vean como un poster de propaganda que mostraba al papa besando a un imán árabe no duró ni un día en Italia, mientras que un cura que arruina la vida entera de hombres jóvenes es enviado a un convento a una "vida de oración y penitencia", que injusticia..¡¡
" hay un sistema que ampara, protege y adopta medidas para que los delitos no vean la luz. Esto ayuda a los abusadores intocables, por tanto no hay salidas para las víctimas. En este caso como en muchos otros no hay procesos de justicia,si bien existe reconocimiento qué pasa con la reparación. ?
Me sumo a la sensación de los comentarios, ojalá hubiese abogados entre los que piensen así y busquen cuál de los hechos delictuales de tal vil personaje no prescribe..., ya que en Chile hay más sanción para hechos que tengan que ver con "platas"que con inconmensurables daños a personas inocentes, y, como Al Capone, "caiga por detalles".
Ahora que se acabó el ESPECTACULO empiecen a buscar otra victima y por favor dejen TRANQUILO al Padre Fernando Karadima. El Padre tiene la consciencia tranquila y está en Paz consigo mismo; el SEÑOR lo protege y esto no es mas que una dolorosa PRUEBA que DIOS le hizo vivir y que es un homenage a su FE CRISTIANA! Que Dios los perdone y que la Virgen los ayude a tranquilizar sus consciencias
Concuerdo absolutamente con los comentarios, pero mi pregunta es : Nuestro Sistema de Justicia ¿Estará dispuesto a estudiar lo de la Prescripción?. Siempre que aparecen "vacios" en una ley determinada, nunca he sabido si se ha solucionado esa falencia. Espero y confío en que sí. Por otro lado, si no hay castigo, ¿porqué no hay algún tipo de indemnización para las víctimas?.En este caso me quedo con un gusto amargo con respecto al castigo. Recluirlo a un monasterio para ser atendido como rey por monjas, a mi no me suena a castigo, más bien a premio. Bien alimentado, y bien atendido, ¿qué más?.
la idea es que el probado como culpable, Karadima, no "busque otras víctimas".para hacer lo que ya hizo; cierto, tiene una conciencia "tan peculiar" (rímese) que, aún así, le permite estar en paz, "satisfecho de sí" habiendo hecho vivir a niños la destrucción progresiva de su confianza basal ; lo protejen señores "de este mundo", la prueba (reprobada) es para la iglesia católica y para nuestro sistema judicial. lo que hizo se lo hizo a cristo... si sabe leer las palabras. La carga a las siervas de dios de ser las siervas del demonio... ¡vaya! si ni ezzati puede controlarlo,que la dueña de "una casa del Señor" lo expulse, porque supongo que lo pedido por el vaticano debe primar por sobre el condenado por la misma iglesia...
Karadima y su amigo Errázuriz Por Jorge Queirolo Bravo La iglesia católica es una institución corrupta, anquilosada en el pretérito y dirigida por una pandilla de malhechores embrutecidos por la soberbia y el poder. Una buena porción de sus miembros no escapa a esta última condición, por lo que no nos debe extrañar que el cardenal Francisco Javier Errázuriz haya omitido efectuar las acciones necesarias para conocer y sancionar el comportamiento depravado del presbítero Fernando Karadima Fariña. Esta conducta del cardenal Errázuriz forma parte de una política institucionalizada de parte de la iglesia para proteger a los numerosos sacerdotes que cometen abusos sexuales. La iglesia católica tiene los valores totalmente trastocados. Maneja un código ético radicalmente opuesto al que poseemos los demás seres humanos. Favorece la maldad y se opone a lo bueno, constructivo o justo. Además es hipócrita. ¿Quieren muestras? Éstas sobran. He aquí algunas. Se escandaliza ante el divorcio, que no es más que la disolución de un vínculo matrimonial que funciona mal y no merece seguir existiendo; estigmatiza la homosexualidad, cuando en sus filas hay un altísimo porcentaje de gays; es misógina hasta la médula, por lo que mira a la mujer como un mero objeto y no permite el sacerdocio femenino; desaprueba los métodos anticonceptivos, cuando sabe que casi todos los católicos los utilizan; etcétera. Pero si un sacerdote viola a un niño indefenso y el asunto se sabe o se denuncia, el obispo respectivo, en cuya jurisdicción está radicado el caso, traslada al clérigo imputado a otra parroquia, donde éste podrá seguir haciendo lo mismo con la más absoluta impunidad, sin que importe el gravísimo daño previamente causado a ese menor. Más bien la tendencia es casi invariablemente la de tratar de ocultar lo acontecido e intimidar por cualquier vía a los afectados, especialmente a los atribulados padres. Ésa es la iglesia católica real, un reducto ideal para inmorales, degenerados, pedófilos, mentirosos, ladrones, delincuentes, mafiosos y violadores. Con mucha propiedad se puede aseverar, sin temor a equivocarse, que la iglesia católica es una muy eficaz escuela del delito. Así que no nos admiremos de que Errázuriz se haya quedado cruzado de brazos. Proceder así solamente constituye parte de la evidente esencia de la institución que éste representa. Por suerte, cada día son menos los que creen en los cuentos baratos de esa máquina imparable de fabricar mentiras que es la iglesia católica. Yo no los creí nunca y con orgullo puedo decir que toda la vida he sido ateo. Esperemos que la feligresía católica despierte y asuma que ha sido mañosamente engañada a través de muchos siglos por los embustes de sus supuestos pastores. Sería el verdadero signo de que los tiempos están cambiando para bien. La justicia tarda pero al final siempre llega.
Gracias a la tremenda labor periodística que permite la edición del gran e increiblemente doloroso libro Los secretos del imperio de Karadima. Por mi parte quedé impresionada con el terrible daño causado a la gente devota de una persona enferma. Claramente a ninguno de los que hemos sido testigo a través de las noticias y creemos en la veracidad de los valientes denunciantes nos dejará tranquilos la "condena" pero nos queda esperar que la vida de alguna forma entregue paz a las victimas de tan grande monstruo y su impunidad y estoy segura que Karadima encontrará su propio infierno. Gracias a uds por darnos a nosotros un testimonio sincero, de lo más profundo y sólo me queda enviar mis respetos y esperanzas por un futuro mejor a todas las victimas de abusos en Chile y seguir por último con el boca a boca para que esta historia nunca sea olvidada ni ojalá repetida.