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El dirigente Francisco Figueroa tuvo un ácido debate con el ex ministro Sergio Bitar que fue comentado infinidad de veces en Internet. Mientras Bitar lo trataba de “niño”, Figueroa le anunciaba que “nuestra generación llegó a la política para quedarse”. El debate evidenció el quiebre entre la clase política y los estudiantes. En esta columna Figueroa vuelve a desafiar a esa dirigencia que en estos días muestra escaso apoyo en las encuestas: “Si ustedes no nos representan no es porque no creamos en la política. Muy por el contrario. Es porque estamos forjando entre millones una cabeza política propia”.

En un debate en CNN con el ex ministro de Educación Sergio Bitar, el vicepresidente de la FECH, Francisco Figueroa, le enrostró el haber firmado la creación del famoso Crédito con Aval del Estado (CAE) y con ello haber “financiado el negocio de los bancos, pagando con plata de los chilenos las ganancias de éstos y de las universidades privadas con fines de lucro”. Bitar, molesto, contestó: “¿Qué te hace suponer que tienes la moral? No me vengas a plantear eso a mí porque tengo mi vida entera dedicada a la política y he estado preso y he estado exiliado para que venga un niño a descalificarme”.

El dirigente estudiantil, sin embargo, terminó su presentación provocadoramente: “Las indecencias que se han cometido con estudiantes y familias no van a seguir. Porque nuestra generación llegó a la política para quedarse y eso es lo que profundamente irrita al ex ministro Bitar, porque han tenido el monopolio de la política. Han estado acostumbrados a que sólo les pidamos que por favor nos resuelvan el problema. Eso va a dejar de suceder”.

¿Puede surgir de este movimiento un liderazgo que capitalice el bajo apoyo que tienen el gobierno y la Concertación? El dirigente aborda ese punto en esta columna:

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Varias son las estrategias que nuestra clase política ha improvisado para desactivar la actual movilización. La derecha se debate entre el autoritarismo de personajes como Carlos Larraín y el estilo “Leonardo Farkas” de los empresarios que creen que lo único que importa es cuánto dinero se pone sobre la mesa. Mientras, la Concertación no decide si apoya la represión para ofrecer “gobernabilidad”, o si se suma al oportunismo populista de quienes llaman a refundarlo todo sin hacerse antes una verdadera autocrítica.

Pero lo que tienen en común estas estrategias, más allá de que por ahora han fracasado, es que todas ellas suponen que esto es un estallido de descontento que ellos deben y pueden administrar. Se niegan a entender que este movimiento responde a la emergencia de nuevos sectores sociales y sus malestares, constituidos al margen del “pacto de la transición”, fuera de sus clientelas, a contrapelo de este modelo de desarrollo y su sostén político-institucional.

En definitiva, fallan al no comprender que este movimiento vino para quedarse. ¿Por qué? Porque la Concertación y la Derecha nunca han querido para Chile lo que exigimos los estudiantes y esta nueva mayoría social. Básicamente: una nueva democracia, más participativa e inclusiva, y sacar al mercado del ámbito de los derechos, es decir, construir un sistema de derechos sociales universales.

Es en el marco de estas grandes transformaciones que la reforma de nuestro sistema educacional adquiere sentido. Queremos más y mejor educación pública en todos los niveles porque necesitamos un modelo de desarrollo fundado en la igualdad social y la producción extendida de conocimiento. Igualdad porque sólo así existirán comunicación y entendimiento, condiciones fundamentales para poner en común el potencial creativo del pueblo en la construcción de una mejor sociedad.

Si ustedes no nos representan no es porque no creamos en la política. Muy por el contrario. Es porque estamos forjando entre millones una cabeza política propia.

Y producción extendida y libre de conocimiento porque, tal como lo fue el cobre en el siglo XX, el conocimiento será la principal riqueza y fuente de progreso de nuestro país en el siglo XXI. Aprovecharlo dependerá de la capacidad que tengamos de utilizar productivamente la ciencia, la tecnología y la cultura, pero sobretodo, de poner el conocimiento en manos de Chile como se hizo con el cobre el siglo pasado, de orientar la producción del conocimiento, a través de la colaboración y no la competencia, al servicio de toda la sociedad.

Pero todo esto, sabemos, implica asumir el desafío de construir una nueva fuerza afirmativa. Ni Concertación ni Derecha lo harán porque está sumergidas en la farándula y los intereses creados, y la elite empresarial tampoco porque lo suyo es básicamente el rentismo, el negocio fácil y el emprendimiento tipo La Polar.

Hoy la clase política, en particular sus sectores supuestamente democráticos, debe hacerse una sincera autocrítica, actuar con humildad para implementar los cambios que este movimiento demanda y tener muy claro que no bajaremos esta movilización para darles “gobernabilidad”, pero tampoco la extenderemos espuriamente para darles la oportunidad de encabezarla. Si ustedes no nos representan no es porque no creamos en la política. Muy por el contrario. Es porque estamos forjando entre millones una cabeza política propia.

Por eso es que somos necesarios y no podemos delegar la proyección de este movimiento a los mismos de siempre. Por eso es que esta generación y este movimiento llegaron para quedarse. Porque no seremos sangre nueva para viejas derrotas.