El reciente índice Paz Ciudadana-Adimark sobre percepción de victimización de la delincuencia, que en líneas generales concluye que ha existido un aumento de 4,9% en los niveles de victimización de la ciudadanía, arroja interesantes perspectivas de análisis. Un cambio evidente con lo que ha venido ocurriendo en años anteriores, es que figuras políticas que antes estaban atentas al escrutinio del Gobierno sobre indicadores de percepción de la delincuencia –el caso más notable es el del senador Alberto Espina, referencia obligada en la materia– hoy, en cambio, callan. O bien se podría mencionar que el Gobierno en el poder, el mismo que hizo de la lucha contra la delincuencia su slogan de campaña, hoy parece estar “al debe” al respecto –lo que muestra, una y otra vez, que la amenaza y modificación legal que llama a la aplicación de penas más altas jamás será un factor decisivo en el control del delito.
Pero el ministro del Interior, Rodrigo Hinzpeter, siempre ocurrente, ha querido ir más lejos. No se queda con análisis simplones sobre quiénes hoy callan, ni sobre cuáles son las razones para hacerlo. En primer lugar, descalificó las encuestas a las que su coalición siempre concedió la última palabra en materia de delincuencia:
“Esta lucha siempre tendrá alzas y bajas pero así como ninguna encuesta vuelve victorioso a un gobierno, ninguna encuesta puede derrotar a un gobierno en su compromiso por brindar a cada compatriota una vida con más seguridad y menos temor”. (La Tercera, 19 de julio de 2011).
El ministro reclamó contra la exigencia ciudadana, misma que, sin embargo, sirvió de eje para la campaña política de la Alianza por Chile, y luego culpó a la prensa:
“La ciudadanía es muy dura para juzgar a los gobiernos, algo tiene que ver la influencia de la televisión, y la verdad es que la cantidad de delincuencia que transmiten los noticiarios es realmente impresionante” (El Mostrador, 3 de agosto de 2011).
Finalmente, y empujando un poco su imaginación, ha preferido sugerir una explicación propia:
“En los últimos años el nivel de delincuencia ha tenido dos ‘peaks’ en dos momentos específicos (…). Esos dos peaks coinciden con el período de los pingüinos del año 2006 y los pingüinos, por llamarlos del mismo modo, del año 2011. En ambos casos hemos tenido una compleja situación de orden público con los estudiantes” (El Mostrador, 3 de agosto de 2011).
Y digo que dicha explicación es parte de su imaginación porque, al menos a la luz de los indicadores que hoy sirven de sustento para ella, se trata de una afirmación falsa. En efecto, los ‘peaks’ de percepción sobre la delincuencia no se ubican en los años 2006 y 2011, sino en los años 2009 y 2011. Esto ya debiera ser antecedente suficiente para descartar la vinculación entre victimización y las protestas.
Así, si uno toma los indicadores en materia de distribución entre hechos delictuales cometidos (o intentados) dentro del hogar y en la vía pública, y presta atención a estos últimos –la protesta tiene lugar, precisamente, en las calles– nota que la percepción ciudadana sobre delincuencia era de 80,5% en 2006. Por debajo del 81,9% de 2004; 81,1% de 2005; 83,8% de 2009; y 82,8% de 2010. Las cifras muestran que no hay vínculo necesario entre el aumento de las movilizaciones, en 2006 y 2011, y el aumento de la percepción ciudadana sobre victimización.
El índice arroja, además, otros datos que deben colocarse sobre la mesa a efectos de escrutar las palabras del ministro. Por ejemplo, que el alza en los niveles de victimización haya sido más alta en regiones, siendo que las protestas más masivas se han realizado en Santiago. O que el sector de Santiago donde mayor alza se ha producido haya sido el sector surponiente, siendo que la comuna de Santiago –epicentro de las protestas– se encuentra ubicada en el sector suroriente.
Quizás valga la pena recordarle al Ministro Hinzpeter que cuando uno se refiere al ejercicio de derechos, con ánimo, claro está, de restringirlos (el mismo día 3 de agosto hemos conocido su decisión de no autorizar más marchas por la Alameda), los intereses que el Estado debe alegar deben ir más allá de intuiciones, conjeturas y apreciaciones personales. La Relatoría Especial para la Libertad de Expresión, órgano vigilante de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, ha venido insistiendo hace años sobre el especial cuidado que debe tener la autoridad de Estado en vincular la protesta a hechos de violencia. Ni el derecho de reunión ni la libertad de expresión deben considerarse como contrarias al orden público sin más razones que la animadversión a las mismas.
Las opiniones de la autoridad, presta a restringir las movilizaciones, además, deben considerar que los hechos de violencia son muy pocos en comparación con la inmensa mayoría que participa de las marchas pacíficamente. La medida de prohibición, en este contexto, carece de proporcionalidad. Cuando hay derechos involucrados su regulación no solo debe obedecer a causas reales, más que a percepciones y conjeturas, sino que, además, de todas las medidas disponibles la que restringe de forma más severa los derechos debería ser la última invocada. En Chile, en cambio, y sobre todo en materia de libertad de expresión, su restricción innecesaria es siempre la primera carta en juego –y tres condenas internacionales, de las cuatro que han tenido al Estado de Chile como protagonista, así lo indican.
El enojo del Gobierno con la forma en que la ciudadanía le hace ver que cumple mal su palabra empeñada en un tema tan sensible para las actuales autoridades como el control de la delincuencia (eso exhibe, finalmente, el índice Paz Ciudadana-ADIMARK), no debe servir de excusa para callar las críticas que se formulan en materia de política educacional. El vínculo que el ministro advierte entre movilizaciones y victimización, falso, a la luz de los datos, más bien parece un arrebato con que se busca culpar a los estudiantes movilizados de todo lo que ocurre en Chile.

armen un sitio web que se llame "nosotroselpueblo.cl" y construyan una constitución, para enseñarles a la clase politica como debe ser un orden social desde el pueblo y para el pueblo. Saludos y fuerza.
Me parece que esa vinculación que hace el ministro entre las movilizaciones y victimización no sólo es falsa, sino también una grave provocación ¿Hasta cuándo piensan que se puede insultar la inteligencia de los y las ciudadanas de este país? ¿De verdad creen que así su palabra tendrá agún valor a la hora de los acuerdos y compromisos? Con esto el ministro está cavando la tumba del diálogo con la ciudadanía, pues no puede haberlo sin que haya primero respeto. Se agradece la columna y su publicación.
Estimado Sr. Piñera Hoy se conmemora un año del derrumbe de la mina San José. Ese día hombres sencillos se vieron enfrentados al terror, al punzante horror de la muerte… estaban solos, dependían de sus decisiones pero contaban con la solidaridad…”Sabíamos que afuera nos estaban buscando”… Si sr. Presidente hace 1 año de esa crisis (amenaza o oportunidad). La más difícil en la cual podía ponerlo su “propia gente”: “emprendedores” que buscan la máxima ganancia al mínimo costo. Nadie creía que era posible. Ni siquiera Goldborne. Pero su “olfato emprendedor” – no sé si saco cuentas, me gustaría creer que no a pesar de que la evidencia dice lo contrario- lo llevo a perseverar. Incluso a nivel de marketing, lo que se podía ganar superaba ampliamente la alta posibilidad de que los mineros estuvieran muertos. Hoy, 12 meses después se enfrenta a la crisis de la educación. Sr. Presidente las cacerolas sonaron anoche. Y cuando el sonido fue uno solo, reconocí a esas personas que votaron por ud. (yo no): La peluquera que se levanta todos los días para trabajar mas de 12 horas continuas, sin previsión, sin salud, y que sueña con que sus hijos terminen la universidad aunque al egresar pasen años pagando ese crédito bancario, el profesional cesante haciendo “peguitas” o “consultorías”, el pequeño productor que cada madrugada reparte por los almacenes, esos que todavía dan crédito sin cobrar intereses. El carabinero que besa a sus hijos y prefiere dejarle el pan a ellos en vez de tomar desayuno…en fin Ud. sabe de quienes hablo. si Ud. Sr Presidente Piñera creyera en ellos la mitad de lo que ellos creen en ud, sabría lo que hay que hacer. Tal como lo sintieron esos mineros cuando todo se desplomo alrededor de ellos, Concentrese. Conectese con lo que la evidencia demuestra. La mejor educación del mundo es pública. 33 mineros sobrevivieron al concentrarse y entender q este era un momento crucial y mortal: perder era morir, ganar, empezar una nueva forma de vivir. Habrán duelos aún en la victoria, sino pregúntele a los mineros. Sr. Presidente, nada más importa ahora: su “propia gente” esta dispuesta a hacer el sacrificio: Si, sí incluso el presidente de la asociación de bancos esta abierto a un alza de impuestos específicamente para una educación, estatal, gratuita y de calidad. Es hora de actuar a la altura de las circunstancias. Haga lo correcto. No con gases lacrimógenos dentro de jardines infantiles, no apaleando nuestros hijos, corriéndonos de nuestras calles, tirando el guanaco a nuestros departamentos, o infiltrando carabineros para hacer desordenes. Sr. Presidente, Su “propia gente” -mineras transnacionales saqueadoras del paisaje, compradores de esclavos con baratijas, explotadores del retail, bancos y financieras accionistas de la ilusión educacional, usureros de la libertad consumida en el acto de consumir, hacedores de esclavos de créditos e intereses- ya tiene todo el resto del botín. La tierra, el agua, los bosques, los alimentos, la energía, nuestro trabajo, nuestra privacidad, nuestra voluntad frente al marketing... si tienen incluso nuestros genes y las semillas… Si sr. Presidente. Así es. Tienen todo ya. ¿Porqué no nos dejan entonces la educación?. Nos hemos resignado mansamente mientras nos quitaban lo demás. A diferencia del mapuche y palestino, nosotros nos resignamos a pelear por lo importante. Pero no se engañe Sr. Presidente esta pelea vale la vida. Educación o Vida.
wuauuu...me encanto tu comentario!!!......representa mucho lo que siento.
Por lo visto, mañana seremos muchos mas de los que ellos creen.