Una de las propuestas que más se repiten para solucionar el déficit de la educación chilena es dar más atribuciones a los directores para que puedan echar a los malos profesores. Fernando Atria cuestiona que eso signifique alguna solución y se pregunta a dónde van a ir esos profesores despedidos sino a los colegios más vulnerables.
Uno de los argumentos que más se repite en el debate educativo es la idea de que la educación es algo que ocurre en una sala de clases, donde un profesor se enfrenta a un grupo de estudiantes. Lo que importa, se dice, es lo que ocurre en esa sala y, algo más ampliamente, en la escuela. Por esto, las reformas deben tener un “foco en el aula”, y en la medida en que miren a las escuelas deben dar facultades a los directores para que puedan ejercer con creatividad, entusiasmo y visión sus dotes de liderazgo.
Dicho de otro modo, si lo que es decisivo en el proceso educativo es lo que ocurre en la sala de clases, entonces la razón por la que algunos establecimientos tienen resultados peores que otros se debe a que en ellos no ocurre lo que debiera pasar en la sala de clases. Y eso a su vez se debe a que la autoridad del establecimiento no lo ha hecho bien, lo que puede ser por incompetencia o porque no tiene las facultades que necesita.
Como queda claro, el sentido de este lugar común es atribuir responsabilidades por el desempeño insuficiente. Y de eso fluye una recomendación obvia: poner un “foco en el aula” por una parte, y atender al “liderazgo” en los establecimientos educacionales.
En algún sentido es obvio que la educación ocurre en el aula, por lo que debe importarnos mucho lo que pase dentro de ella. Pero no se puede ignorar, como lo hace este lugar común, que lo que ocurre en la sala es consecuencia de una serie de circunstancias externas a la sala misma. Dicho de otro modo, en términos generales, en la sala de clases ocurrirá lo que es probable que ocurra, dado el contexto en el que esa sala de clases existe. Si en una sala de clases están agrupados estudiantes “vulnerables”, es improbable que pase lo mismo que en aquella en la que están agrupados estudiantes que provienen de familias cuyos padres son profesionales. Por supuesto habrá excepciones, peculiaridades locales. Pero las excepciones no implican nada, así como el hecho de que haya fumadores longevos no muestra que fumar no es perjudicial para la salud. En ese sentido, preocuparse solamente (o prioritariamente) de la sala de clases es lo que corresponde hacer cuando el sistema en general está funcionado adecuadamente, pues entonces los problemas de algunos establecimientos podrán enfrentarse localmente. Cuando el problema es uno de organización del sistema completo, abogar por un foco en la sala de clases implica ignorar la causa del problema, y transformar defectos estructurales en acusaciones particulares de desempeño deficitario.
Esta lógica se aplica en muchas áreas. Es obvio, por ejemplo, que el problema de las relaciones laborales ocurre en la empresa, entre trabajadores concretos y empleadores concretos; y que las prestaciones de salud se dan en consultorios concretos, con pacientes y doctores concretos. Pero sería absurdo decir que por eso uno debe despreocuparse de la legislación laboral, o de la manera en que está organizado el sistema de salud, porque lo que ocurra entre empleador y trabajadores en la empresa, así como lo que ocurra entre médico y paciente en el consultorio, dependerá, en una medida considerable, de las reglas conforme a las cuales esas relaciones deban desenvolverse.
Por eso, antes de proclamar la importancia de poner el “foco en el aula”, es necesario contar con un sistema educacional organizado de un modo tal que haga probable que en las salas de clases se desarrolle de modo adecuado el proceso educativo.
En cuanto al “liderazgo” en los colegios, una de las medidas que ha sido apoyada con más entusiasmos es la de permitir a los directores deshacerse de profesores de desempeño insuficiente. No es la única medida, pero fue la más notoria de las discutidas respecto de este asunto (el “liderazgo”) cuando se aprobó la ley “de calidad y equidad en la educación”, que permitió al director de una escuela despedir, en ciertas condiciones, hasta un 5% de la dotación decente de la misma cada año.
Hay varias razones por las cuales esta reforma fue tan aplaudida. Una es la ya mencionada: se creía que era necesaria para dar a los directores facultades en ejercicio de las cuales pudieran comportarse como “líderes”. La otra es que la posibilidad de despido se cree indispensable para dar a los profesores “incentivos” a desempeñar sus cargos correctamente. “Con los incentivos correctos”, se dice, “mejorará el desempeño docente”, y de ese modo mejorará la calidad de la educación.
El argumento descansa en una comprensión extraordinariamente implausible de lo que motiva a una persona: en la lógica del economista, que cree que lo único que mueve a cada agente es su interés, estrechamente entendido. Así, los profesores sólo se desempeñarán mejor si trabajan bajo la amenaza del despido. El argumento es pintoresco, porque es especialmente común oírlo entre gerentes de bancos y directores de sociedades anónimas, que suelen trabajar de acuerdo a contratos que les aseguran generosos beneficios en el evento de que su relación laboral sea terminada unilateralmente. Pero incluso asumiendo que uno sólo puede desempeñarse de modo adecuado cuando trabaja bajo la amenaza del despido basta pensar por un minuto para ver por qué es absurda la idea de que facilitar el despido de profesores puede dar solución al déficit de la educación pública.
¿Qué hará un profesor que es despedido de un establecimiento educacional por desempeño deficiente? Una posibilidad es que se olvide de su título profesional que le tomó al menos cinco años obtener y por el cual quedó probablemente endeudado y se dedique a un oficio alternativo: que lo contrate un banco como “ejecutivo de cuentas”, o que ponga un almacén de abarrotes en el garaje de su casa, o que transforme su automóvil particular en un taxi, etc. Pero asumiendo un mínimo de racionalidad, lo que hará antes de castigar de esa manera lo que probablemente es su principal activo profesional será ir a otros establecimientos a ofrecer sus servicios. Y la pregunta que es demasiado obvia pero que nunca es formulada es: ¿por qué ese otro establecimiento habría de contratarlo, si ya fue despedido de uno por desempeño deficiente? La respuesta es tan obvia como la pregunta: sólo será contratado en la medida en que este segundo establecimiento, por alguna razón, esté en condiciones tales que deba ser menos exigente con los profesores que contrata. Puede ser porque las condiciones de trabajo son más duras, o puede pagar menos, o porque los estudiantes son más “vulnerables”, o porque queda en una zona más marginal, o porque en general tiene menos prestigio, etc. Sea la razón que sea, la posibilidad de los directores de despedir profesores tenderá a agudizar algo que es evidente que ha de ocurrir: tenderá a producir entre los profesores la misma segregación que el sistema tiende a producir entre los estudiantes.
Claro, como la segregación de profesores ocurrirá aun sin esa posibilidad de los directores, y como después de todo, cinco por ciento no es una cifra considerable, podría decirse que la cuestión no es grave. Pero lo importante es lo que significa la importancia que se le ha dado a la medida en sí misma: es una declaración oficial (a través de una ley!) de que la segregación de profesores es algo que no es problemático en sentido público; es algo, al contrario, que la ley no tiene problema alguno en fomentar. Como lo veíamos al principio, esto es lo verdaderamente escandaloso del sistema educacional chileno: no que sea desigual, porque es difícil lograr en el mundo que las cosas sean verdaderamente como deben ser; lo escandaloso es que el sistema educacional chileno aplaude las diferencias, y cuando no se han producido espontáneamente cambia las reglas para que se produzcan.

Comparto las ideas expuestas, me parece que si alguien quiere irse a estudiar a otros países, queda en libertad de hacerlo, ya que NO vivimos en comunismo, como muchos quieren creer con estas ideas. Además serán siempre minoría. Me gustaría dejar otra interrogante ¿¿por qué tenemos que armar un sistema educacional que fomente la segregación, si lo únicos interesados en ella son el 10 o 20% más rico de la población?? ¿¿que acaso no son más importantes el restante 80 o 90% de los ciudadanos que somos la mayoría??. En cada uno de los discursos de los presidentes electos en nuestro país, SIEMPRE se da mucho énfasis al interés de la nación y sobre todo de "las mayorías", pero vemos claramente que cada política pública implementada es cada vez más restrictiva y más segregadora dependiendo del nivel económico de cada quien....... la libertad de Chile se resume en una simple frase: "cada uno tiene tanta libertad como dinero tenga para comprar"
Siempre es bueno debatir y reflexionar. Pero, como decía algún comentarista en uno de los posts anteriores, uno se queda con la impresión general de haber perdido bastante tiempo leyendo las reflexiones de don Fernando. Baste decir que el modelo que propone de "excluir el gasto privado en educación" (sic) no se aplica ni en la China comunista. Desde 1998 se han creado en ese país más de 70.000 establecimientos de educación privada. Por cierto, que no hace mucho nos admirábamos todos de los logros educacionales de los chinos y otros países asiáticos en el informe PISA. Aunque tampoco cabe llamarse a engaño. Cualquiera que sepa algo de educación sabe que en estos logros más que el "modelo" lo que cuenta es la cultura de esfuerzo y el cociente intelectual de partida. Qué lástima que la discusión haya girado en pocos meses de la calidad de la educación a los proyectos de ingeniería social de algunos docentes.
Comparto los argumentos del profesor... La estrategia sería asimilar el "interes individual" (la eticidad) con el "interes colectivo" (punto de vista moral) en el sentido habermasiano. Así, estos aspectos tenderían a igualarse o a asimilarse (de ahí el argumento de que las personas con recursos, toda vez que quieran mejorar la educacion de sus hijos por medio de usar sus puestos de privilegio para presionar al Estado y/o a los colegios por mayores recursos educativos, tiendan a favorecer los intereses generales. La idea es la integración del sistema educativo -y agregaría, un mayor pluralismo-. Mi duda apunta a la acogida de este tipo de propuestas y la sordera (que raya casi en lo obtuso) de "la mayoría" de la clase política para apuntar con coraje a los problemas de fondo y a promover realmente los valores de la integración social y el pluralismo... entre otros, más allá del terreno de lo discursivo. Gran aporte profe...
Para entender los problemas de la educación y de la alta segregación que hay en nuestro país hay que retroceder a aquellos tiempos donde la corona española nos legó a la nueva república sus formas de pensar y de ver la sociedad. Ellos hacían muchos distingos entre las distintas clases sociales y por supuesto que los más poderosos eran los más importantes(ver la constitución de 1833). Hay muchos escritos de cómo actuaron las clases privilegiadas de Chile al cumplirse los 100 años en 1910 de nuestra independencia. A ellos les duele mucho que la clase media y baja o las etnias lleguen a suplantarlos en la dirección del país o siquiera sentirse iguales a los demás. Ellos siempre buscan ser los privilegiados. Por ahí hay que buscar las razones de fondo de los problemas de la Educación.
Mira yo tengo solo dos comentarios. Primero muy acertada la conclusión final, la integración social no se va a conseguir exclusivamente eliminando el lucro en la educación. Pero un sistema educativo que genere desigualdades es insostenible. En mi opinión la educación tiene que ser una política de estado que se analice acuciosamente, y que dicho análisis oriente los programas que se lleven a cabo. Pero también quería hacer un comentario sobre el punto 8, yo pienso que en gran medida la mala educación en Chile obedece a dos factores, la desigualdad social y una asignación de recursos a los colegios inspirada en el mercado (la subvención por alumno). Pero eso no quita que haya profesores malos, y que hay que hacer algo con eso.
No sé, yo no he perdido nada de mi tiempo leyendo las 10 columnas, a mi gusto he aprovechado el tiempo de manera increíble, más que yendo a marchas o asistiendo a algunos foros. Me ha hecho demasiado sentido su razonamiento profesor, ojalá otros docentes tomaran su actitud y se unieran a este debate sobre el fondo de la educación que queremos para nuestro país. A la forera que dijo esto: '' Cualquiera que sepa algo de educación sabe que en estos logros más que el "modelo" lo que cuenta es la cultura de esfuerzo y el cociente intelectual de partida'' ¿de verdad esperas que alguien te responda esto?. Sin duda alguna creo que la exclusión del gasto privado en educación y la integración de todo estudiante en un sistema público es la mejor forma de crear un sistema de educación igualitario que promueva la movilidad social y la justicia social. Y amigos, no se trata de ser comunista (que no lo soy), si no de pensar que es lo mejor y más justo para nuestro querido país.
Profesor Atria: Me han gustado mucho sus columnas. Si bien concuerdo con muchísimos de sus puntos, y con otros no tanto (aunque se refieren más bien a los alcances de lo que dice, y no a sus puntos de partida), el principal aporte de esta serie de columnas está en obligar a posibles contendores (e.g. aquellos que no confían en la integración, o en un rol preponderante del Estado en la educación) a revisar y sofisticar sus argumentos y premisas habituales. En definitiva, lo que está en juego son dos paradigmas: uno que sostiene que la escuela debería reproducir las condiciones del hogar (valores, creencias, estilos de vida que sean los mismos al mío); y otro que apunta a que la escuela debería alejarnos del hogar para llevarnos a la ciudad (donde el peso de la herencia no cuente). Esperemos, algún día, llegar a lo segundo
Fernando: Como fiel seguidor de tus columnas, mantengo la costumbre de comentar solo cuando encuentro un contraargumento o cuando surge una diferencia, siempre en el ánimo de contribuir al debate. En este caso, pienso que como en cualquier función laboral, el profesorado debe ser evaluado y se le debe exigir eficiencia, eso es clave y sería de sobremanera injusto para con el resto de las profesiones el hecho de que gozaran de impunidad laboral. Ahora, no tiene por que darse del hecho de que un profesor desvinculado de un colegio por deficiente, anclase si o si en uno de menores recursos, eso es algo que se puede resguardar y velar para que no ocurra, así se mejora la calidad del profesorado lo cual es un punto clave dentro de cualquier reforma. Evidentemente, la desvinculación no puede ser antojadiza y debiese ser producto de exaustivos procesos de evaluación. Mi humilde punto de vista, de todas maneras te felicito Fernando por este arduo trabajo de desmitificación.
Por supuesto don fernando dice muchas cosas atinadas, pero en otras se pisa la cola, si los ultraricos, son una minoría y no que pueden que muchas veces mandan a sus hijos al extrnajero, cual es el problema....el tema que el habla de otros "privilegiados" y lo asimila a los hijos de un profesional, medico, abogado, ingeniero. me parece que podría partir por él....¿en qué colegio estudian o estudiaron sus hijos señor Atria? con que sistema de salud se atiende? soy ingeniero y profesor y trabajo en una institución 2privada por poco mas de 500.000 al mes y estoy de acuerdo con que, de algun modo, exista selección, de echo la selección natural, fue elaborada por millones de años de evolución en el universo. Mis hermanos y yo somos todos profesionales habiendo estudiado en colegios publicos, y teníamos compañeros, de mejor o igual situación y se dedicaron al carrete y perder el tiempo y hoy culpan al sistema....la diferencia que nuestros padres y abuelos educaron con el lema del esfuerzo y no son casos puntuales....usted desprecia esos casos puntuales por que "son despreciables estadisticamente" y quiere creer que a todos los niños chilenos de los colegios publicos se les condena al fracaso, a la mala calidad etc. se nota que no ha hecho clases jamás desde su comoda catedra en la Universidad en cambio llevo años haciendo clases en colegios publicos y CFT y le puedo dar testimonio de los cientos y miles de casos de muchachos, generosos en carencias, que han salido adelante. Se que desde la altura de su magisterio (magister dixit) tal vez no se molestará en responderme, pero quiero invitarlo a un debate publico, frente a padres y alumnos y veamos que piensa la gente
Excelente reflexión, sólo me queda un cabo suelto: respecto del punto 10 cuando hablas del caso de los "ultra-ricos" que enviarían a sus hijos a estudiar a Europa, dices que son un grupo estadísticamente insignificante. Es cierto, pero su relevancia es infinitamente mayor dado que son (y sus hijos serán) dueños de una gigantesca porción del país (entre empresas, servicios, gobierno, etcétera). Son pocos, pero con mucho poder, y como toda familia, buscará reproducir sus privilegios. De esta manera, el sistema que propones ¿seguiría siendo tan inclusivo? Entiendo que es difícil lograr un sistema "perfecto", pero creo que vale la pena pulir las ideas al máximo. Gracias por tus artículos, son buenos llamados a reflexionar de forma constructiva y concreta luego de estar informado de lo charcha de nuestro sistema educativo. Saludos.-
Nuevamente no concuerdo con mucho de los argumentos esgrimidos por el Sr Atria. Para rebatir algunos puntos pone " viajes a Europa" para ridiculizar un argumento. Las clases complementarias fuera del horario son muy comunes ya sea por nivelación o complementar conocimientos. El Sr Atria piensa que el sistema educacional debe terminar a las 18:00 o 20:00 el mismo piensa que es ineficiente (en USA los niños ingresan a las 07:30 y salen a las 13:00).
Mer, mientras el currículo cubra los aspectos de importancia, la composición de alumnos sea más heterogénea y la calidad del profesorado y sus condiciones de trabajo mejoren, te aseguro que se avanzará en la dirección correcta. Súmale a eso un rediseño del ingreso a la educación superior y las distancias serán menores. Claro que habrá pre-universitarios pero el punto es que la política de ingreso no marche al ritmo de los preuniversitarios sino de lo que se requiere como cometencias de entrada. Obvio que habrá clases particulares pero si el número de alumnos por clase disminuye es menos probable que el que no paga por las clases particulares se qude sin aprender el currículum. La desigualdad seguirá, seguramente, pero me conformo con que el sistema educacional no sea una permanente exaltación del misma.