Dieciocho años atrás, cuando el ex Beatle debutó en Chile, una productora ofreció a última hora dos boletos por el precio de uno. Ni así llenó el Estadio Nacional. Ahora los boletos más caros cuestan entre uno y medio millón de pesos. ¿Qué ha pasado desde entonces? Cambió el poder adquisitivo de los chilenos. Pero también cambiaron los chilenos, sus hábitos musicales y de consumo, y hasta su idiosincrasia. El gerente de la mayor productora de espectáculos dijo sin arrugarse: “A los chilenos nos gusta que haya entradas caras, es algo aspiracional”.
En diciembre de 1993, cuando Paul McCartney debutó en Chile, la productora del concierto inventó una triquiñuela de última hora para revertir la baja venta de boletos: algo así como dos por el precio de uno a quienes exhibieran tres tapitas de la cerveza oficial. Así y todo la capacidad del Estadio Nacional no fue copada. Y quienes compraron los boletos al precio original sintieron –con justa razón- que habían sido objeto de un engaño. Qué engaño. A eso se le llama estafa.
En esto último las cosas no han cambiado mayormente para los consumidores de espectáculos. Quizás porque desde entonces romper las reglas del juego comercial es barato, a veces gratis. Pero donde las cosas sí han cambiado es en los hábitos de consumo del público chileno. Ahora que se anuncia el retorno del ex Beatle a Chile hay público de sobra para repletar un Estadio Nacional con su show. Tan de sobra que DG Medios, la productora que organiza el concierto del 11 de mayo, se da lujo de cobrar lo que le da la gana.
El boleto más caro supera el millón de pesos y su valor lo fija el músico directamente. El valor del resto de los boletos -que va de $532.000 a $28.000- es resorte de la productora. El de medio millón es el precio más caro que se ha fijado en Chile para un concierto. Equivale a más de tres sueldos mínimos. A 32 balones de gas de 17 kilos, que es similar a decir un año de gas. A cerca de 133 entradas al cine. A cerca de 53 discos de los caros. Dieciocho años atrás, cuando McCartney actuó por primera vez en Chile, a nadie se le hubiera ocurrido fijar boletos con esos precios. Ni que se tratara de Lennon y McCartney juntos. Entonces las entradas iban entre los $8.000 y $40.000.
¿Qué ha pasado desde entonces? ¿Qué ha pasado entre el primer y segundo concierto de McCartney? Primero, sin duda, cambió el poder adquisitivo de los chilenos. Pero también cambiaron los chilenos, sus hábitos musicales, sus hábitos de consumo y hasta su idiosincrasia. De 1993 a esta parte las productoras de espectáculos han comprendido las señales de un consumidor que está dispuesto a pagar precios altísimos por el show de una estrella consagrada internacionalmente que llega con el cartel de leyenda. Peor aún, ese tipo de público valora los precios altos. Es como opera la clase ejecutiva de las aerolíneas: quienes pueden y quieren pagar esas tarifas no sólo acceden a un viaje más cómodo sino que también a una sensación de mayor estatus y satisfacción de clase.
Algo similar ocurre con los productos culturales. La satisfacción también va en el costo y la exclusividad que éste implica. Lo dijo sin arrugarse el gerente de la productora Time 4 Fun, Francisco Goñi, responsable de la organización de varios de los más importantes conciertos internacionales de los últimos años: “A los chilenos nos gusta que haya entradas caras, es algo aspiracional”.
La aspiración está fundada en productos concretos pero también en símbolos que lo justifican. Por ello la industria del espectáculo se ha inventado denominaciones rebuscadas, más bien siúticas, para denominar las ubicaciones: Golden, Vip Platinum, Vip Top, Vip Top Premium. Y ahora, con motivo del próximo concierto del bajista de los Beatles, se patenta una nueva categoría: la Premium Hot Sound Package.
El problema no es sólo que los precios de los espectáculos internacionales estén por las nubes. El problema mayor es que el servicio está por los suelos. El Servicio Nacional del Consumidor (Sernac) informó que el año pasado recibió 4.500 reclamos de consumidores de espectáculos. Casi el doble que en 2009. La mayoría de esos reclamos los concentran cinco empresas que fueron demandadas por el Sernac y que no obstante haber sido objeto de multas, sanciones o demandas siguen operando con normalidad. La más importante, Time 4 Fun, recibió denuncias masivas en febrero último por haber empapado con agua putrefacta a los asistentes al concierto del grupo adolescente Paramore. También por quienes compraron entradas carísimas al concierto de Depeche Mode y vieron y escucharon igual o peor que los de galería.
La lista de reclamos formales es larga. Ya está dicho: 4.500 en 2010. Pero como ocurre en otras actividades económicas en Chile, las empresas de espectáculos están sujetas a sanciones irrisorias. A veces basta con devolver el precio del boleto. A veces ni eso. La diferencia con otras actividades es que las productoras de espectáculos disponen de una fuerza de seguridad totalmente gratuita y están exentas del pago del impuesto al valor agregado. Las productoras dirán en su favor que en caso contrario el IVA se cargaría a los consumidores. Los consumidores se preguntan por qué si los espectáculos no pagan IVA sí lo deben hacer los libros.
Cuando los discos compactos no podían ser pirateados, o al menos costaba muchísimo hacerlo, los precios de los discos estaban por las nubes. Todavía lo están. Pero ahora que cualquiera copia un disco original en su casa, la industria ha acusado el golpe, obligándose a bajar en algo los precios. Considerando lo que vale un boleto en una ubicación donde se pueda escuchar y ver medianamente bien a un músico como McCartney, es una lástima que de momento no exista la posibilidad de asistir al concierto de un clon de una estrella de la música.

Muy interesante artículo, sobre todo porque toca lo peor de la naturaleza de nuestras actuaciones. Me parece degradante la actitud pasiva para aceptar este tipo de abusos y más con las cláusulas prepotentes de las empresas funniest. Mccartney suena maravilloso en un buen equipo de música.
Muy buen comentario, aunque no comparto algunas cosas, entiendo que lo de las empresas que se dedican a esto, hace bastante rato que están abusando, lo malo es que parece que a poco les importa, más bien les importa solo hasta que el artista de turno se vá...
Muy caras las entradas, las pagan solo para subir el ego aunque no tengan idea de quien estan viendo. a jose luis Pincheira no tienes idea de como suena Paul en vivo es una lo has visto en un concierto alguna vez. yo si y suena de puta madre.
Puede que McCartney suene increíble en vivo, pero no es justificación para cobrar tales precios. Lamentablemente quienes pueden pagar esos valores, lo harán, anulando cualquier reclamo del cliente común. En eso se sustenta la inmoralidad de este negocio: la gente paga lo que sea que le digan, sin cuestionamientos. Se expresa por estos días también con Miley Cyrus, para cuyo concierto se agotaron las entradas más caras en una hora aproximadamente -y no estamos hablando de una "leyenda"- Muchas personas -y lo digo porque les puedo asegurar que jamás pagaría un precio tan excesivo, por ningún espectáculo- perdieron su dignidad y con ello disminuyó su capacidad de exigir lo que les corresponde. Se conforman, simplemente. Lo peor de esta situación es que nada cambiará hasta que los consumidores pongamos un límite y no accedamos a pagar espectáculos a estos precios indecentemente altos.
No es Mccartney el problema. Somos nosotros los Chilenos, los de la generación de la extensión virtual del sueldo. El ciudadano crediticio como decía por ahí cierto erudito. Estoy seguro que mas del 80% comprara la entrada con crédito. Yo lo máximo que he llegado a pagar por una entrada han sido 80.000 pesos. Mas no gracias. Me quedo en casa. Ese es mi limite. El problema se va a arreglar cuando la ciudadanía decida no endeudarse mas y sencillamente no pague por las entradas caras, así los empresarios sabrán cual es el limite. Hoy no hay limite. Si todos nos pusiéramos de acuerdo en no ir tengan por seguro que las empresas de espectáculos cambiarían sus tarifas, es cosa de fijarse que paso con el famoso boicot de Buses de Montgomery. Ahí se ve el poder de la gente organizada. Y que decir del "costo por servicio" de ciertas empresas de espectáculos. Eso queda para otro reportaje.
Para los refanáticos será transportarse al pasado y creer que escuchan en vivo y en directo a la banda completa. The Beatles fue una banda excepcional, con muchísimos fanáticos en todo el mundo, y si uno de los dos integrantes vivos de la banda se da la vuelta al planeta intentando ilusionar a la gente, encantándolas como si estuvieran en los años '60 tendrá un valor superior e impagable la experiencia. El lucro es salvaje y se desviste para atraer estas emociones. Para los que puedan pagar que lo disfruten, yo seguiré escuchando algunos discos...
Los artistas ya se pasaron la voz de que acá pueden ganar el doble de plata. Me parece una burla decir que los chilenos pagamos más caro por razones aspiracionales. No me gustaría ser inconsecuente, pero creo que se paga caro por un servicio que no te deja muchas otras posibilidades; es lo que hay. Por eso cada vez que voy a un concierto trato de saltar la reja. Es una weá ética. Me acuerdo cuando unas gringas -durante el último show de FNM- pasaban por la separación cancha-vip y decían algo como ''¿qué es esta mierda? No estoy de acuerdo con esto tampoco".
Fui el 93...quede con la sensacion de plata botada...MEDIOCRE...18 años despues, musicalmente no hay novedades en su repertorio. Esta claro que no voy y les recomiendo no botar la plata con este tipo.
Yo lo ví el 93, era otro momento, la "democracia" incipiente y los megaconciertos eran una forma de sacudirnos tantos años de oscurantismo y tristeza. Pagué 40 lucas que en esos años no era poca plata y los pagué feliz porque el concierto para mi gusto fué maravilloso, con Linda y un Paul que a sus 52 años desplegaba una energía y buena onda increíbles, sumado al mensaje ecologista, pacifista y de amor que nos llenaron de alegría. Si hoy los chilenos pagan por un asunto "aspiracional" me parece un síntoma de decadencia. Hoy no pagaría por volver a ver a Paul, pues ya es casi penoso un viejete haciendo rock and roll, casándose con minas que podrían ser sus hijas y dando que hablar más en la farándula que en las páginas de la música rock. Aún soy fanática de los Beatles, Mcartney me cae super bien, escucho su música, pero prefiero recordarlo hasta fines de los 90 y basta.
¡Muy buen comentario R. Arriagada! Agrego como incidente la desgraciada jornada que vivieron los fanáticos de U2 la noche previo al concierto y que nadie señaló. El precio de las entradas es una consecuencia de la isla que aun es Chile. Es sabido entre las productoras que puedes traer a cualquier artista decadente y lucrar de maravilla en estas tierras. Como ejemplo "Rafael" tocará en Temuco y hay entradas de 55.000 pesos. Esto para un artista que hace años no canta o expone buena musica. Estamos dispuestos a pagar lo que sea por ver a "artistas" que alguna vez soñamos en conocer cuando eran vigentes: más vale tarde que nunca ¿no?
Si hay gente del ABC1 que pagarán un millón de pesos para que Paul les cante "Michelle" , por algo será. La nostálgia vale la plata, cobre todo con lo pobre que está el día a día sin escuchar Michelle.
balones de gas de 17 kilos???....................jaja.
Se acusa al consumidor de pasivo, pero si bien hay mucho de eso, la verdad es que tampoco tenemos mucha ayuda de la institucionalidad... El SERNAC es básicamente un saludo a la bandera que sólo logra resultados cuando las empresas tienen voluntad de resolver los problemas. En el caso de las productoras claramente no. En el pasado concierto de U2 aquellos que quisieron hacer el esfuerzo de pasar un día entero esperando para entrar al Inner Circle tuvieron que lidiar con una deficiente preparación en cuanto a las condiciones de higiene (6 baños quimicos para 3000 personas). Si bien el espectáculo por si mismo fue de primer nivel (mérito de los artistas), la organización fue penosa... Pero ante la posibilidad de reclamar algún tipo de reparación o indeminzación por las molestias, la única solución es recurrir a la justicia. Y con los costos que eso conlleva y los tiempos asociados, pocos (o nadie) están dispuestos a seguir con los reclamos. Necesitamos una institución que se haga cargo de los problemas y que, si hace falta ir a la justicia, se encargue y lo haga en nuestro nombre como consumidores.
Ya, no me gustó el precio de las entradas, ¿qué hago? ¿Cómo alego? ¿No voy no más y me pierdo la oportunidad de disfrutar de un espectáculo al que quiero ir aunque sea desde la galería? Leo mucho alegamiento y poca sugerencia concreta. Ya po, ¿qué hace uno para que estas cosas no sigan pasando?
Hay algo de cierto en eso de que somos aspiracionales y todo, pero no es menor entender que no hay mucha oferta en relación a la demanda de espectáculos de este calibre. Es bastante simple entender que el monopolio sobre un producto tan escaso haga cobrar precios ridiculamente altos y debido a la demanda haya gente que paga. Por último esto va más allá de McCartney, que es un gran músico desde todos los ángulos, y que en realidad es dueño de cobrar lo que quiera por su talento, así como la gente es libre de pagar lo que pidan por verlo.
Solo leo quejas y justificaciones, la cosa es simple, aceptas o no... no le vas a pedir a la empresa que cobre precios "decentes" o "no abusivos" si eso a ellos no les interesa, entonces tienes 2 alternativas 1º aceptas ser abusado, degradandote por una idolatría sustentada en no se que o 2º protestas del modo mas simple. NO ASISTIR A ESTE TIPO DE EVENTOS. Si no digo yo que los ídolos son un pésimo elemento!!
Yo soy fanático del rock; de adolescente sufría por conseguir el último CD de Pink Floy, conseguir con los amigos el VHS pirateado del pirateado de Marillion o encargarle un poster de Maiden todo doblado al pariente que iba a USA. Pero no por ese fanatismo estoy dispuesto a llenarle los bolsillos a estos ladrones de las productoras. Con dolor en el alma me privo de estos placeres para no lucrarlos. Es de todos conocidos los precios que cobran por los mismos conciertos en Argentina o Brasil, eso unido a que no pagan impuestos, que el Estado, por medio de Carabineros, les brinda ingentes recursos humanos y seguridad, me hacen pensar que, a menos que cambie la ley, la única y lamentable opción que tenemos es no asistir a los conciertos.
Creo que el comentario de Andrés "No me gustaría ser inconsecuente, pero creo que se paga caro por un servicio que no te deja muchas otras posibilidades; es lo que hay. Por eso cada vez que voy a un concierto trato de saltar la reja. Es una weá ética" es de las frases más sobresalientes que he leído en mucho timepo. Verdaderamente estas para el Pulitzer o el Nobel con ese alto nivel moral y de pensamiento.
En mi opinión, no existe nada inmoral de cobrar 1 millón por una entrada; más bien lo encuentro ridículo, pero si alguien cree que el espectáculo vale la pena, allá él o ella. El problema central es que la relación precio/calidad está desbalanceada en favor del organizador/artista, y el cliente se siente, con justificación, abusado. Baños desaseados, malos accesos, malos tratos de los funcionarios, mala comida, mala amplificación/sonido, son experiencias que lamentablemente son difíciles de erradicar mientras esta industria no se profesionalice y fije estándares de calidad que protejan al cliente. Los empresarios olvidan que quienes les pagan el sueldo son sus clientes, salvo contadas excepciones. Cuál es la solución? Yo partiría aprovechando medios como éste para denunciar a aquellos empresarios abusadores y que presten un mal servicio, y recomendando a aquellos que hacen bien su trabajo. No hay que olvidar el peso que hoy dia las opiniones del publico pueden tener en medios como internet, y en especial en redes sociales y blogs. Si viven una mala experiencia, haganselo saber a sus artistas favoritos también; la mayoría están haciendo uso de las herramientas como facebook o twitter para conectarse con sus seguidores, y si se empienza a hacer reiterado el descontento ellos se verán afectados directamente.
Muy simple, esta la rara mezcla del "productor de eventos" y el "publico chileno", un negocio ,que como negocio ,resulta en lo que indica el columnista,,,primero que nada esta el olfato mercantil del "rara avis" productor de eventos que sabe que su materia prima llamada "publico",carece de buen critrerio, eso da la pauta para "el negocio del año"..bueno al fin de algo tienen que vivir estos llamados productores...y un dato al pasar, generalmente estos artistas famosos, deciden darse una vuelta por Chile, cuando se sienten que estan mas pasados de moda que el hilo negro.. asi de claro....,,,
Los hechos recientes han demostrado el fin de las influencias de los políticos. Ahora prima una nueva fuerza, "la fuerza del consumidor", que ve insatisfechas sus necesidades por bienes y servicios que le proporciona el mercado. Ello ha dado origen a las protestas por la educación, salud, La Polar y, en general, la falta de supervisión que debe tener un gobierno en un mercado imperfecto. A costalazos hemos aprendido economía,ahora le toca a las autoridades.