El incendio en la cárcel de San Miguel el pasado 8 de diciembre encendió el debate sobre la dureza de las penas otorgadas a los delitos menores. Ariel Andrés Henríquez Sepúlveda es uno de los 81 fallecidos en esa tragedia y como muchos de ellos, no debería haber estado ahí. Participó en un robo para conseguir marihuana y fue condenado a 5 años y un día, pero no era un delincuente, tal como se puede leer en el informe pre-sentencial. Tras evaluarlo, Gendarmería estimó que la libertad vigilada “resulta necesaria” al no apreciar “contaminación criminógena ni asociación a grupo de pares negativos”. Sin embargo, su porfía lo conduciría directo a la celda donde murió.
La carroza fúnebre del Hogar de Cristo avanza por las apacibles calles de Isla de Maipo seguida de un silencioso cortejo de unas 60 personas que caminan hacia el cementerio local. “¡Los gendarmes y pacos de San Miguel son unos asesinos!”, es el único grito que interrumpe la solemnidad del momento y que recuerda que no es un funeral cualquiera. Ariel Andrés Henríquez Sepúlveda es uno de los 81 presos que murieron en el incendio de la cárcel de San Miguel. A diferencia de los sepelios de muchos de quienes fallecieron ese día, acá no hay disparos ni gestos del hampa. Es un funeral de pueblo en que se despide a un joven temporero que tras involucrarse por primera vez en un robo, terminó en una de las prisiones más peligrosas del país.
Ya cerca del cementerio, los familiares y amigos deciden cargar el ataúd para darle una mejor despedida a Ariel. Antes de entrar, un auto abre sus puertas y deja escapar una cumbia que es coreada por casi todos los asistentes: “Lloramos por un amigo / que se ha ido al paraíso / para nunca regresar / lo vamos a extrañar / adiós amigo / querido amigo”. Aplauso cerrado de los presentes y muchos gritos de adiós.
Sus amigos de la villa Las Mercedes de Isla de Maipo son los encargados de subir el ataúd, con unos zapatos de fútbol y un peluche amarrados a la tapa, al nicho más alto del pabellón. Las flores sobran al momento de taparlo, mientras la prima de Ariel, Evelyn, rompe en llanto y Carmen, su madre, repite desconsolada: “Lo mataron. Lo dejaron morir, como a un animal”.
Ariel Henríquez figura en el número 65 de la lista de cuerpos identificados de la tragedia de San Miguel. Recién el domingo 12 de diciembre, cinco días después de ocurrido el incendio, sus familiares recibieron la confirmación de que estaba muerto y pudieron retirar sus restos del Servicio Médico Legal para enterrarlo dos días más tarde.
A Ariel sus amigos de Isla de Maipo le decían Maxi. Sería rebautizado como Chalita cuando ingresó a la cárcel. Era fanático de la ‘U’, tenía 30 años y estaba en el ala sur del cuarto piso de la torre siniestrada en San Miguel, lugar donde se inició el incendio y donde murieron 66 de los presos. Cumplía una condena de 5 años y un día por “robo en un lugar habitado o destinado a la habitación”.
ROBARLE A UN ABOGADO
–Me dejaste para adentro. Es tremendo –dice Luis Vergara Sáez cuando se entera de que uno de los jóvenes que hace siete años robó en su casa murió calcinado en la cárcel de San Miguel. Lo dice sorprendido, pues hasta que CIPER fue a preguntarle por el robo, creía que Ariel Henríquez cumplía condena en la cárcel de Talagante. No sabía que había muerto.
Fue el 31 de octubre de 2003 cuando Manuel Bravo, conocido como Pitufo, entró a la casa de Luis Vergara, quien resultó ser el abogado jefe de la oficina de la Corporación de Asistencia Judicial de Talagante. Ariel, entonces de 23 años, lo acompañaba para vigilar la puerta de la vivienda, aprovechando que adentro no había nadie. Robaron una cámara de fotos, una filmadora, un celular y tres perfumes, para luego cambiarlos por marihuana. Todo avaluado en $1.100.000.
Ariel Henríquez dejó el colegio en 4º básico. Terminó 8º mientras hacía el Servicio Militar y se puso a trabajar en el campo para ayudar a su madre a mantener la casa. Al igual que Manuel Bravo estaba empleado como temporero en una viña de Isla de Maipo hasta la mañana de ese viernes 31 de octubre.
Don Tito, su jefe, los llamó y les dijo que no podrían seguir, que “la pega estaba mala”. No los llamó por su nombre, sino por sus apodos: Maxi y Pitufo. Les dijo que se fueran y que volvieran en la tarde a buscar su sueldo. Entonces se fueron juntos caminando. Apenas puso un pie afuera de la viña junto al Pitufo, el Maxi emprendió un camino que terminó en una celda de la cárcel de San Miguel. Si no fuera por lo que pasó ese día, por lo que aparece detallado en el expediente de su causa archivado en Talagante, Ariel quizás seguiría vivo. El Maxi no habría muerto calcinado.
Esa mañana, el abogado Luis Vergara dejó cerrada su casa de Villa Las Mercedes, pero cuando volvió alrededor de las 14:30 horas se encontró con la puerta de la bodega desprendida y la ventana de su pieza abierta, fracturada y sin seguros. Alguien había entrado y faltaban cosas. Llamó a Carabineros y les dijo que tenía un sospechoso. A Manuel lo conocía hacía tiempo. Vivía en la misma calle y ya lo habían sorprendido tratando de ingresar en otras ocasiones a las casas de algunos vecinos. Además, el día anterior lo habían visto merodeando. Vergara estaba seguro de que el Pitufo era el culpable.
Al día siguiente, el abogado supo que el Pititore, un hombre que vivía frente a la Plaza de Isla de Maipo, había tratado de venderle las cámaras a un local de fotografía del barrio. Entonces fue con un primo a buscarlo, pero no lo encontraron. El lunes 3 de noviembre de 2003 puso una querella criminal por el delito de robo con fuerza en las cosas. Cuatro días después, los culpables caerían.
El primero fue el Pititore, cuyo nombre real era Mauricio Vergara. Ya tenía sus papeles manchados: había sido condenado por robo con intimidación, hurto y giro doloso de cheques. Cuando lo detuvieron, la policía no encontró nada. Después les dijo que el día del robo, su amigo el Pitufo fue a su casa con otro hombre que no conocía y que le pasaron una mochila con las especies robadas. Así que fueron a buscar a Manuel. Cuando lo interrogaron, confesó que había entrado a la casa del abogado junto al Maxi. Que le entregaron las cosas al Pititore y que éste las trató de vender. Que volvió con $30.000 que se repartieron entre los dos y que con esa plata le compraron unos pitos al mismo Pititore.
Entonces cayó Ariel. Ante la policía confirmó lo declarado Manuel. Pero en el tribunal los tres cambiarían su versión diciendo que habían hablado bajo los golpes de los policías. El Pititore dijo que no sabía qué había en la mochila. Los otros dos señalaron que lo de los 30 mil pesos y los pitos era falso. Como sea, todos habían participado en el robo. Ese día, el juez titular del Primer Juzgado de Letras de Talagante, Moisés Pino, determinó que los tres se quedarían en el Centro de Detención Preventiva de Talagante, donde ya llevaban tres noches. Al día siguiente, Luis Vergara recuperó todo lo robado.
Dos semanas después del robo, los tres fueron sometidos a proceso y a prisión preventiva: el Maxi y el Pitufo por robo con fuerza en lugar destinado a la habitación; el Pititore por receptación. Lo que siguió fue un ir y venir del expediente desde el tribunal de primera instancia a la Corte de Apelaciones de San Miguel. Que se pedía la excarcelación. Que se negaba porque eran un peligro para la sociedad. Entonces se apelaba. Y luego se volvía a negar. Así, una y otra vez hasta febrero de 2004, cuando por fin lograron la libertad provisional bajo fianza. El Pititore tuvo que pagar $15.000, mientras que los otros dos $30.000 cada uno. Además, tendrían que ir a firmar cada 30 días.
A diferencia de Manuel, que en agosto de ese año cayó preso de nuevo junto a su primo el Pete por otro robo en el mismo sector, Ariel no se volvió a meter en problemas. En octubre de 2005 fue citado al Centro de Reinserción Social (CRS) Santiago Sur para ser evaluado antes de que se dictara la sentencia. Pero no apareció. El 30 de diciembre lo volvieron a citar a través de la Bicrim. En febrero de 2006 mandaron a Carabineros a buscarlo. No lo encontraron. El 29 de marzo siguiente avisaron a la tenencia de Isla de Maipo para que lo ubicaran y lo citaran de forma urgente a una audiencia. Pero nada. El Maxi había desaparecido. En junio volvieron a citarlo de urgencia, pero en su casa, su madre decía que Ariel había estado los últimos cinco meses en el sur. Lo mismo pasó en julio. Entonces, el último día de agosto se le preguntó a Gendarmería por sus registros de firmas. La respuesta llegó esa misma tarde: no había constancia de que hubiera firmado. Ese día, Ariel pasó a ser un prófugo.
–De puro porfiado que era no más –es la simple respuesta que dan sus amigos sobre las razones de Ariel para dejar de firmar y presentarse a la justicia. Incluso cuentan que él sabía que lo estaban buscando y que una vez tuvo que arrancar de su casa corriendo desnudo por la villa Las Mercedes, una de las cuantas veces que los detectives lo fueron a buscar.
En todo caso, no le duró mucho. El 4 de octubre de 2006 fue detenido en su casa. Declaró que no recordaba cuándo había dejado de ir a firmar y que fue porque olvidó el número de la causa. Se comprometió a ir a la evaluación en el CRS Santiago Sur para el informe pre-sentencial. Luego de eso, salió libre de nuevo y se volvió a esfumar. La condena salió en diciembre, más de tres años después de cometido el robo. El Pititore fue sentenciado a 100 días y al pago de 5 UTM. El Pitufo recibió por los dos robos 10 años y un día.
Para el Maxi, el juez tenía reservados 5 años y un día que se harían efectivos en cuanto apareciera. Pero no apareció. Lo citaron en varias oportunidades. Ordenaron de nuevo su aprehensión. Cuando el 14 de febrero de 2008 cayó detenido, por fin se presentó para la evaluación en Gendarmería. Su informe Pre-Sentencial se realizó cuando la sentencia ya estaba dictada. Está fechado el 28 de marzo de ese año y dice que muestra arrepentimiento por el hecho y que manifiesta temor por la posible privación de libertad. Si bien afirma que ha tenido problemas de abuso de alcohol y drogas, al momento de realizarse el informe no habría estado consumiendo. Agrega que “no se aprecia contaminación criminógena ni asociación a grupo de pares negativos”. Al final, dice que se estima que su inclusión a la medida de libertad vigilada “resulta necesaria”. Así, con esa palabra destacada. Pero el 6 de junio volvió a ser detenido y ese mismo día entró en calidad de rematado a la cárcel de San Miguel. Lo que vino después es historia conocida.
LA MÁXIMA PENA
A diferencia de Ariel, que era un primerizo, Pitufo había cometido otros delitos, lo que le valió la condena que cumple en la cárcel de Colina II. Desde ahí le mandó un mensaje al celular de Sandra, una de las hermanas de Ariel, al enterarse del incendio. Le decía que su dolor lo sentía como propio y que no se preocupara, porque Ariel estaba con Dios descansando. También llamó a Carmen Sepúlveda, la madre de su amigo, para darle un mensaje similar.
La familia de Ariel culpa al abogado Vergara por lo sucedido, pues consideran que la sanción fue muy alta para un primerizo, que según ellos ni siquiera entró a su casa a robar, por lo que no debería haber estado en San Miguel. Carmen, la madre de Ariel, dice que el abogado se ensañó con ellos.
En la familia incluso conversaron qué hacer con el hombre que metió preso a su primo. Mientras una tía quería ir con pancartas a gritar a la puerta de su casa, su prima Evelyn piensa que quizás es mejor poner velas, de manera muy respetuosa.
–Yo igual la quiero pelear, quiero que haya justicia, pero también sé que él se metió a robar, para qué andamos con cosas. Nadie le dijo nada. Él fue por las suyas. Yo no estoy justificando esa parte –agrega.
Según Vergara, sólo le interesaba la devolución de las cosas robadas desde su casa. Las cosas efectivamente se devolvieron, pero no se retiró la querella. El abogado argumenta que ya no dependía de él retirar la acción legal. Comenta que le extrañó mucho lo alta de la pena otorgada por el delito. Intentando entender la decisión del tribunal, Vergara menciona el hecho de que eran dos ladrones. El Código Penal señala como agravante del delito de robo y hurto “ser dos o más los malhechores”.
Pero lo cierto es que en el expediente hay constancia de que el 20 de mayo de 2004 el abogado no sólo no retiró la querella, sino que adhirió a la acusación “solicitando que se les aplicara el máximo de las penas establecidas para este delito”. La máxima de las penas fue lo que recibió Ariel. Pero no fue sólo la insistencia del abogado Vergara lo que llevó a este primerizo a una cárcel dura como San Miguel, sino también su insistencia por eludir una y otra vez de la justicia.
LA PORFÍA QUE LO LLEVÓ A LA CÁRCEL
Descrito por sus familiares y amigos como alguien muy cariñoso y ‘mamón’, Ariel fue a dar a la cárcel de San Miguel en el año 2008 después de un largo enredo judicial. Iba en un bus de vuelta del trabajo junto a su mamá, pero él se bajó antes para ir a la casa de su hermana.
–Cuando se bajó, vi un auto blanco y me dio una corazonada extraña. En la noche llegó mi hija diciéndome que habían detenido al Maxi –dice Carmen, su madre. Cinco años después del robo, fue a dar al ala sur del cuarto piso de la torre 5 de la cárcel de San Miguel, donde moriría el 8 de diciembre de 2010.
Una vez en Santiago, la distancia y la dificultad de conseguir dinero para el pasaje hicieron que su madre no pudiera viajar mucho a verlo. Incluso su hermana Carola lo fue a ver una sola vez, para su cumpleaños, el 20 de julio de este año. Las personas que más lo visitaban eran su tía Eliana Sepúlveda, y la hija de ésta, Evelyn Torres, quien se hizo muy cercana a Ariel en su estadía en la cárcel.
–La primera vez que lo fui a ver fue el dolor más grande de mi vida. Yo lo estaba esperando y no salía y no salía. Pensaba que lo habían matado o violado ahí dentro. Después de mucho rato, salió diciendo que creía que no iba a ir nadie –señala Carmen, su madre.
Nunca contó nada de lo que pasaba adentro. Tampoco se quejó. Su prima Evelyn cree que por su personalidad no dijo nada. Ella y su mamá eran su contacto con el exterior.
En una de sus visitas, Evelyn lo notó más flaco de lo normal y hablando muy bajito. Lo notó enfermo. Consiguió una audiencia para que lo atendiera un médico y tras el examen fue diagnosticado con tuberculosis. Por esta razón fue trasladado al hospital de la Penitenciaría, donde tenía su pieza individual y podían visitarlo más seguido. Incluso en ese lugar pudo ponerse a estudiar para sacar 1º y 2º medio. Pero la profesora dejó de ir y pasó menos tiempo del esperado en ese lugar. Pese a que les dijeron que iba a estar ahí por lo menos un par de meses, Evelyn cuenta que no pasó ni una semana antes de que lo devolvieran a San Miguel.
Ninguno de sus amigos de la villa Las Mercedes presentes en el funeral lo fue a visitar a la cárcel. Explicaron que significaba mucho tiempo para ellos ir a Santiago, ya que perdían 2 días de trabajo al enrolarse para la visita y luego ir a verlo. Y como temporeros no se lo podían permitir. No vieron a su amigo desde el día en que lo detuvieron, el 6 de junio de 2008, hasta el domingo 12 de diciembre de 2010, día en que su cuerpo fue entregado en el Servicio Médico Legal y velado en la casa de su madre.
ACCIONES LEGALES
El pasado miércoles 15, a una semana de ocurrido el incendio, la madre de Ariel, Carmen Sepúlveda fue hasta el Centro de Justicia para presentar una querella criminal junto a familiares de otros 9 reos muertos en el incendio, contra quienes resulten responsables de cuasidelito de homicidio y homicidio por omisión. La acción fue presentada en el 11º Juzgado de Garantía de Santiago por el abogado de la ONG Defensoría Popular, Rodrigo Román. Con ella se busca establecer las responsabilidades en la tragedia. Los abogados señalaron que manejan datos que apoyan la tesis de una seria negligencia en la mantención de la red seca del recinto, además del hecho de que Bomberos tuviera que apagar el fuego desde afuera, lo que habría provocado que se generara mucho vapor, causando la muerte de reos al quemarse sus vías respiratorias. La responsabilidad de que Bomberos no pudiera ingresar al recinto, también hay que establecerla.
Previo a la presentación formal de la querella, Carmen dio un paso adelante con los ojos llenos de lágrimas y se paró frente a los micrófonos y cámaras: “Yo no quiero plata. Lo único que quiero es que caigan los que ese día estaban ahí. Podrían haberlos ayudado y no los ayudaron, los dejaron morir. A mi hijo lo dejaron morir. Yo soy un ser humano y si se está muriendo alguien, no voy a dejar que se muera. Yo no vi a mi hijo, porque estaba todo quemado. A mi hijo lo enterré ayer y no quiero que vuelva a pasar lo mismo. Ojalá que en este país haya justicia. Si tuviéramos plata mi hijo no hubiera estado ahí, porque aquí la justicia se mueve con dinero”.
La familia también busca establecer por qué en el certificado de defunción de Ariel figura que su muerte, provocada por ‘intoxicación por monóxido de carbono / incendio’, ocurrió a las 05:00 horas, en circunstancias que la información oficial es que el incendio partió cerca de las 05:40 horas.
Esta querella se suma al trabajo del fiscal Alejandro Peña, quien está a cargo de la investigación de las causas de la tragedia en la cárcel de San Miguel, y a otras 2 querellas presentadas por familiares de los fallecidos.
LA DESPEDIDA
La última visita que recibió Ariel Henríquez fue la de su madre, una semana y media antes de la tragedia. En la fila para entrar, le robaron cuatro empanadas que le llevaba a su hijo, pero a él no le importó. Cuando llegó la abrazó por detrás, asustándola. Conversaron de muchas cosas y él preguntaba por su familia, sus amigos.
–Lo último que me dijo fue: ‘Te amo, vieja. Te amo’. Y me dio un beso apretado. Nunca más lo vi –señala con la voz quebrada.
Evelyn, la prima de Ariel, y su hermano le habían comprado una polera para regalársela para Navidad y ahora no saben qué hacer con ella. Solían decirse el uno al otro que algún día iban a ser famosos y salir en la tele. Prefiere pensar que su primo no sufrió. Sabe que murió calcinado, pero prefiere pensar que murió tranquilo, después de sufrir mucho en esta vida.
–Me pasó algo muy especial el sábado en la tarde. Me fui a fumar un cigarro al patio y me senté con las manos tomadas. Y tuve una visión. Lo veo acostado durmiendo. Lo único que vi fue que me tomó las manos, igual como las teníamos con él la última vez que lo vi. Me transpiraban las manos y lo único que me dijo, 3 veces, fue “no me soltís”. Y de a poquito solté las manos y sentí las de él ir. Mi consuelo es de que él murió durmiendo –dice.
La familia espera que su muerte no sea en vano. Evelyn confiesa que sería feliz si les llega alguna indemnización para poder cumplir el sueño de Maxi, que era comprar un terreno y una casa para su mamá. Pero aclara que eso no es lo central. Esperan que hechos como el incendio en la cárcel de San Miguel no vuelvan a suceder, para que otras familias no tengan que pasar por el mismo sufrimiento.
Carmen, Eliana y Evelyn se lamentan de no poder volver a verlo ni hablar con él, sobre todo porque consideran que Ariel no merecía estar ahí ni morir de esa manera.
–Todavía tengo un teléfono registrado de él. Pero aunque llame, nadie va a contestar –concluye Evelyn.

[...] This post was mentioned on Twitter by Montserrat Nicolas, Abelardo Caroca, René Naranjo S. and others. René Naranjo S. said: Demoledor relato de la realidad chilena @ciper Ariel Henríquez, el joven temporero que murió en cárcel de San Miguel http://bit.ly/f7eHFn [...]
Sin perjuicio de que, personalmente, creo es imposible abstraerse a la magnitud de la horrible tragedia que significo la muerte de 81 presos en el CP San Miguel (Y menos aún al dolor de sus familias), me veo en la obligación de señalar que este reportaje incurre en profundas equivocaciones, tanto de forma como de fondo, a la hora de señalar las responsabilidades concernientes a la condena efectiva (Y eventual fallecimiento) del Sr. Ariel Henríquez. En primer lugar, me parece absolutamente ilógico el intento de trasladar la culpa (Moral, en este caso) al abogado Luis Vergara por la muerte del Sr. Henríquez. El Sr. Vergara, como víctima directa de un delito de acción penal pública, al denunciar dicho crimen, no hizo más que ejercer los legítimos derechos que, muy probablemente, cualquier ciudadano en nuestro país, en la misma situación, hubiera ejercido. No es el señor Vergara un ser humano sediento de sangre o un ensañado verdugo, como se insinúa en el reportaje, si no que una persona lesionada tanto en su propia intimidad personal como la de su familia (No es lo mismo un simple hurto o un “lanzazo” a que entren a robar a tu propio hogar) como a la propiedad privada. La gravedad del delito (Robo en lugar habitado) no es menor: nuestro legislador, ha decidido establecer una pena que parte en 5 años y un día de presidio para dicha conducta. Cabe preguntarse: ¿Si la víctima de un delito no puede ejercer las mínimas acciones legales ofrecidas por nuestro derecho, que otra solución le queda? ¿Pretenden acaso los periodistas que hubiera sido preferible la impunidad del delito (Para que no hubiera existido proceso alguno, ni cárcel para el imputado) o quizás que el Sr. Vergara tomara justicia de propia mano, como en tiempos pretéritos? Una segunda cuestión a señalar, es que se comete una grave desprolijidad a la hora de reprochar el que no se haya otorgado el beneficio de la libertad vigilada al Sr. Ariel Henríquez en su momento. Un rápido vistazo al Art.15 de la Ley 18.216 que regula las medidas alternativas a la prisión hubiera dado una certera respuesta: “Artículo 15.- La libertad vigilada podrá decretarse: a) Si la pena privativa o restrictiva de libertad que imponga la sentencia condenatoria es superior a dos años y no excede de cinco; b) Si el reo no ha sido condenado anteriormente por crimen o simple delito, y c) Si los informes sobre antecedentes sociales y características de personalidad del reo, su conducta anterior y posterior al hecho punible y la naturaleza, modalidades y móviles determinantes del delito permiten concluir que un tratamiento en libertad aparece eficaz y necesario, en el caso específico, para una efectiva readaptación y resocialización del beneficiado” Evidentemente, los requisitos señalados taxativamente por la ley 18.216 a efectos de establecer la libertad vigilada, no se habían cumplido. Tratándose la pena del Sr. Henríquez de las llamadas “aflictivas” (Esto es igual, o superior a 5 años y un día) , era absolutamente imposible que el juez de la causa decretara la libertad vigilada, so pena de incurrir en todas las consecuencias procesales y disciplinarias, que el fallar en contra del sentido expreso de la ley, establece. No esta demas recordarles, que la existencia de un informe presentencial de Gendarmería (Por muy favorable que sea), tal como lo señala el mismo Art.15, es tan solo uno de los tres requisitos copulativos necesarios para otorgar el beneficio de la libertad vigilada. Finalmente me gustaría señalar que las nefastas consecuencias del incendio en CP San Miguel claramente podrían ser evitadas con la existencia de una nueva regulación en materia de medidas alternativas, el control de la gestión de gendarmería o en una digna inversión pública en materia penitenciaria. Pero el culpar a las víctimas de los delitos por ejercer sus derechos o culpar a los jueces por seguir la ley al pie de la letra, no me parece lógico ni creíble.
RESPETADOS SRS. SOLO DOS COSAS RESCATABLES DE ESTA NOTA INVESTIGATIVA: 1)EL ABANDONO DEL SISTEMA ESCOLAR POR PARTE DEL FALLECIDO, SI TUVIESEMOS LAS CONDICIONES OPTIMAS PARA ATENDER Y MANTENER EN EL SISTEMA ESCOLAR A ESTOS JOVENES VUNERABLES OTROS SERIAN LOS DESTINOS DE TANTOS CARENCIADOS (RESPONSABLE DIRECTO EL ESTADO QUE DEBE HACERSE CARGO DEL SISTEMA MUNICIPAL). 2)LA DUREZA DE LAS PENAS A JOVENES POSIBLES DE RESCATAR A EXPERIENCIAS DE VIDA CONSTRUCTIVAS PARA SI MISMOS Y LA SOCIEDAD, VIA LA EDUCACION Y LA ESPERANZA DE SER MEJORES.
comparto la opinion de Samir, mucho se ha intentado sensiblizar el tema abordando los casos como si fuese un error que esa gente estuviese presa. En lo personal no me da ni un apice de pena, un delincuente es un delincuente aqui y en la quebrada del aji , independiente de si fue un robo para comprar marihuana o una violacion con homicidio, es una persona que debe estar en la carcel. Los ultimos años a existido una sobrepreocupacion por el bienestar y derechos de los delincuentes y muy poco o nada de la indefencion en que se encuentran las victimas de los delitos.
Que desgracia... Un reportaje más para demostrar que personas buenas condenadas injustamente no deben morir de la forma que murieron.... como si los delincuentes que cometen delitos de gravedad y que son condenadas de manera justa... merecieran semejante muerte... El mostrador, LUN, MEGA TVN viendo el problema desde la misma perspectiva..
El señor Lucio representa muy bien al chileno medio. Cree que tiene una superioridad moral por ser decente y honrado. No concibe esta categoría como una construcción social sino como algo natural. El es del país de los buenos, los otros son los malo y les deben caer las penas del infierno. Si se mueren por el crimen de Estado a el no le da un ápice de pena. A mi tampoco me dan pena los delitos contra la propiedad cuando sn de gente que le sobra. Lo considerare una forma no tradicional de distribución del ingreso. Con el razonamiento de Don Lucio ya no existe la justicia, existe la venganza. El Estado se comporta como un nivel moral y ético igual que quien comete un delito. Por otra parte, no es cierto lo que dice don Lucio que un delincuente es un delincuente. No todos los delincuentes van a la cárcel. No fueron a la cárcel los dueños de las farmacias por coludirse para subirle los precio a los enfermos, no ira a la prisión el hijo de Francisco Vidal, no fueron a prisión gran parte e los genocidas y terroristas de Estado durante la dictadura militar, no van ala cárcel los agricultores que hacen trabajar a sus trabajadores con pesticidas que provocan malformaciones, no fue a la cárcel el carabinero asesino de Matías Catrileo, no van ala cárcel los ministros por casos de corrupción, no va la cárcel un empresario por pagar sueldos de hambre...dejémonos de hipocresías, la cárcel es para los pobres delincuentes, no para quienes cometen ilícitos en términos genéricos, salvo para los hipócritas como don Lucio. Sigamos así don Lucio y la pobreza y la miseria nos seguirá explotando en nuestras caras.
Dura historia... las causas... uf!!!! sistema económico voraz, falta de educación, de medios, mal entorno familiar, en fin... infinitos y nadie se hace cargo. Pero, responsabilizar a la víctima de cualquier modo por todo lo que pasó, no sólo es insostenible, sino que peligreoso. Llamo la atención de quien escribió el artículo, primero por su enorme desconocimiento en materias legales y, segundo por el juicio de valor implícito en frases como... "no solo no retiró la querella (no se puede; infórmese), sino que además se adhirió a la acusación"...¿Que quiere usted? ¿Que la víctima de un robo no ejerza sus derechos? ¿El DELINCUENTE fue obligado a robar? ¿Que hubiera pasado si en la casa había personas? ¿No tuvo derecho a defensa el procesado? (investigue esa parte también). Se lo dice un veterano que luchó contra la dictadura en la primera línea, pero que no tiene la enfermedad infantil del izquierdismo de victimizar a los criminales y de criminalizar a las víctimas. Ergo, pique más alto y escriba cosas de mayor profunidad, investigación y deje que las conclusiones las saque LIBREMENTE el lector. Atentamente, Francisco Aguilera.
La sobrepreocupación y garantías de las que se queja el señor Lucio no son garantías para los delincuentes, son garantías para todos. La línea que separa la vida honrada del delito puede ser muy tenue. Ejemplo: si usted, señor Lucio, después de una noche de copas, aun cuando lo haga con cuidado, sube a su vehículo y conduce, está cometiendo un delito. Si usted, señor Lucio, se pone a reñir con otra persona que lo ha insultado y, debido a un movimiento mal calculado o a no saber medir su fuerza lo golpea con rudeza al punto de quebrarle, por ejemplo, un brazo, usted ha cometido un delito. Si, Dios no lo quiera, sus hijos un amigo o usted mismo termina vendiendo cantidades pequeñas de droga porque se ha convertido en un adicto, usted comete un delito. Si descarga material de internet protegido por Derechos de autor, usted comete un delito. Si una madre, con el dolor de su alma, sabiendo que el niño que lleva en si vientre nacerá muerto y decide terminar el embarazo, comete delito. Es decir, podría estar en el trance de pasar por la prisión preventiva o ser un reo rematado luego. Así que, estimado, no cante victoria tan pronto al sentirse parte del reino de los buenos. Los delitos no son realizados por personas malas o buenas, sino solo por personas. Y, al caer en el sistema penal, las personas comienzan a entender de que van las garantías y los derechos.
El asunto de los que se incenerarón, salvo dos execciones el resto no herán blancas palomas,y se han victimizado por parte de la prensa, sin hacer mayores comentarios que el evento fue provocado para demostrar a ese nivel la choreza de un super macanudo dispuesto a matar para salir con la suya. Por otro lado esta la neglijencia de gerdanmeria con un claro abandono de funciones por no haber segregado como corresponde, el ministerio de justicia cae también en abandono de funciones por no auditar las carseles. Y los pensionistas del sistema carselario se estan aprovechando de las sircuntancias y momento para presionar por libertades que en su gran mayoria no lo meresen.
Después de leer algunos comentarios, le encuentro toda la razón a ministro Lavín. En Chile necesariamente se deben aumentar las horas de Lenguaje.
Si Felipe desea etiquetarme como el tipico chileno medio que se cree con una superioridad moral por mi parte por los ejemplos que el pone opino que es el tipico discurso del resentido social que cree que da lo mismo que le roben a los ricos porque "total tienen de mas". Jamas don Felipe he defendido a los dueños de farmacia u otros por el estilo, es mas tambien condene y repudie su actuar. Sin embargo su postura es mas reprochable y peligrosa ya que es la tipica persona que se pone a defender a los criminales, como cuando las mecheras en los supermercados le pellizcan el brazo a la guagua para que llora y llegue gente como usted a retar a los guardias porque estan "molestando a la probre señora", esa pobre señora es un delincuente independiente si roba a una empresa sin rostro o a mi hija con un cuchillo de vuelta del colegio. Finalmente no tiene que ver con superioridad moral tiene que ver con historias personales, para mi un delincuente es un delincuente (independiente si le roba a alguien de mucha plata o alguien de mucha plata le roba a millones de pobres). Por lo demas cuando una persona normal se muere el cortejo funebre no pasa por la carcel, hay que ser muy flaite y haber pasado mucho tiempo metido ahi para que te lleven una vez muerto por ahi.
Es difícil separar causas de consecuencias, en el caso en cuestión en que hay vidas perdidas es aún mas complejo por las implicancias morales y éticas. Sin embargo lo concreto es que cada uno de los que estaban presos llegaron allí por que nuestra sociedad a impuestos esos límites....y los límites son para respetarlos, nadie puede quitar la vida, robar, agredir, asaltar, sobrepasar la velocidad permitida y pretender "que aquí nada a pasado" ...y por las circunstancias que rodearon este desenlace pasen a ser lo que no han sido y que no han respetado la vida y la esencia de vivir en una sociedad que debe practicar los límites que nos hemos puestos. Otra cosa es porque llegaron a delinquir y el tema de las oportunidades, un ejemplo: miles de jóvenes con becas dadas por el Estado para rendir la PSU simplemente no fueron. Este mismo jóven no mostro una conducta de querer cumplir con la rigurosidad que la ley le impuso de estar libre, firmar, y presentarse a las citaciones.....tenía oportunidades y salidas alternativas. No es el Sr Vergara el culpable, ni la sociedad debe sentir culpa por estos hechos.Si debemos hacer el esfuerzo colectivo por mejores oportunidades de educación para evitar la delincuencia y de reclusión para aquellos que no respetan la sociedad que nos hemos dado y la forma de vida que queremos.
No hay justicia sin defensa es el lema que tiene la nueva DEFENSORIA PENAL pero es una mentira más de los políticos de mi país. La reforma procesal penal la hizo Lagos para darles pega a toda la manga de tinterillos ineptos que salen de las universidades y que no tienen donde ir a ganarse la vida. No hay distinciones entre criminales los echan a todos al mismo saco, CHILE un país "moderno" para los que tienen "dinero" Espero que algún dia exista una verdadera "revolución" en mi país, por las armas, porque en democracia ya se vió que la concertación es lo mismo que la derecha, se casan entre ellos, se arreglan los cargos entre ellos, se tapan los desfalcos entre ellos, se ayudan entre ellos Y QUE EL PUEBLO SE JODA.
En Chile los palos van porque bogas y porque no bogas. . Si los jueces sueltan a los delincuentes, hablamos de la puerta giratoria, de que falta mano dura, que tolerancia cero, etc. . Si los jueces meten presos a los delincuentes, hablamos de represión, de que el sistema no discrimina entre los delincuentes verdaderos y los que no, que no hay rehabilitación, de que están todos hacinados, etc.
Fuera de que urge una revisión de las penas impuestas por delitos menores, hay que reconocer que el joven Ariel no se ayudó nada para evitar la cárcel....Tuvo muchas oportunidades y las dejó pasar. Demuestra que la falta de escolaridad condena a los jóvenes a desconocer sus derechos y, sobre todo, desconocer su potencial, su valía. Este caso ilustra de manera elocuente aquello de que "toda persona persigue, consciente o inconscientemente, su destino a través de las decisiones que toma cada día"... Mi realidad hoy, es la consecuencia de las decisiones de ayer.
Qué manera más torcida de presentar una historia... Seguramente si entran a robar a la casa del que escribió este reportaje, él se contentará con recuperar las especies y no pondrá demanda... Si el joven no se presentó a firmar y no se presentó a las evalauciones de gendarmería, estaba en abierta reveldía. Sume: participa en un robo + no se presenta a las sitaciones + escapa de la policía = AGRAVANTES, de allí la condena que está tipificada en la ley. Que haya muerto calcinado, no es motivo para decir que era un niñito bueno como alguien comentó.
Lamentable nivel del reportaje. La victimización que se hace del victimario así como la criminalización de la víctima es ridícula y, como alguien señalo por ahí, peligrosa. Mal por CIPER que me tenía acostumbrado a otro nivel de objetividad y calidad en sus artículos.
Comparto plenamente la opinión de Samir...
Concuerdo con Samir. El tipo robo y, si cayo preso, fue su culpa por no ir a las citaciones, firmar, etc. Mal enfocado el reportaje.
sr echenique y figueroa estoy de acuerdo con los comentarios de sus lectores , pienso que el señor Henriquez tenia que pagar su delito con la sociedad ,pero no haber muerto en esas circuntancias . 1. Pienso que hacen falta carceles para primerisos ,porque mesclarlos con la poblacion penal sin hacer la diferencia por delitos es darle las herramientas para que aprendan mas .2.-Tambien pienso que en chile la justicia no es pareja para todos, espero que el caso de la carcel de san miguel no vuelva a suceder , y que no solo se piense que con un par de millones se aplaca el dolor de 81 familias, solo espero que las investigacines lleguen a los culpables y que paguen de la misma manera ,como ellos estaban pagando sus delitos con la sociedad. doy las gracias a todas las personas que leen este reportaje y respeto sus opiniones , deseo tambien y en particular dar las gracias a CIPER CHILE y a su equipo de trabajo por ser tan respetuosos con nuestra familia y amigos de Ariel henriquez sepulveda,en especial al señor Juan Pablo Echeñique. se despide atentamente Evelyn Torres Sepulveda y Familia.
al igual que mi hermana evelyn, creo que todas las personas cometemos errores en la vida,pero creo que la forma en que murieron estas personas no son dignas tal y como tambien vivian a diario dentro de la carcel de san miguel,las condiciones de vida dentro de las carceles no son dignas de un ser humeno por muchos errores que hayan cometido, sin tener en varios casos a tencion medica, comida,baños dignos, solo me queda decir que que el sufrimiento por el cual estamos pasando con la perdida de nuestro primo, no se lo damos a nadie, a nombre de toda mi familia le damos el pesame a todos los que perdieron a sus seres queridos en esta tragedia.
no es mi intención ni la de mi familia, que mi sobrino quede como un santo menos como una blanca paloma, sabemos que cometió un error y lo pago muy caro al igual que los otros 80 victimas. espero que a las personas que han opinado tan duro,nunca tengan que lamentar algo presido, ya que aquí en este país ahí justicia de una manera para la gente de escasos recursos, y otra para los que tienen dinero, el ejemplo mas claro de esto es el de el NEGRO PIÑERA, que es de conocimiento publico; conducía en estado de hebriedad, choco, hirió a una persona e huyo del lugar ¿y cual fui su condena? y así como tantos otros casos de personas que tienen dinero,como tía de ARIEL, les doy las gracias a CIPER y a los periodistas, Juan Pablo Echenique y Juan Pablo Figueroa, por darse el tiempo de realizarnos un reportaje a nuestra familia, ojala las familias de las otra victimas puedan opinar, gracias.