Hace algunos días, el abogado Álvaro Varela, ex presidente del Centro de Alumnos de la Universidad de Chile, narró cómo después del golpe de Estado, el entonces fiscal de esa casa de estudios le mandó a decir que nunca se titularía de abogado. Ahora el economista y ex ministro Roberto Pizarro recuerda la huella de Otero en la Sede Norte de la Facultad de Economía, desde donde fue expulsado por Otero por “fomentar ideologías foráneas”, el mismo cargo que se le imputó a personas como Marco Aurelio García, uno de los principales asesores del presidente “Lula” da Silva. La sede fue clausurada y convertida en cuartel de la CNI. Dieciséis de sus estudiantes fueron ejecutados.

Hace algunos días, el abogado Álvaro Varela, ex presidente del Centro de Alumnos de la Universidad de Chile, narró cómo después del golpe de Estado, el entonces fiscal de esa casa de estudios, Miguel Otero, le mandó a decir que nunca se titularía de abogado. Ahora el economista y ex ministro Roberto Pizarro recuerda la huella de Otero en la Sede Norte de la Facultad de Economía, desde donde fue expulsado por Otero por “fomentar ideologías foráneas”, el mismo cargo que se le imputó a alumnos como Marco Aurelio García, hoy uno de los principales asesores del presidente “Lula” da Silva. La sede fue clausurada y convertida en cuartel de la CNI. Dieciséis de sus estudiantes fueron ejecutados.
Miguel Otero no conoce Argentina. Sus dichos son un golpe al corazón a las madres de la Plaza de Mayo y al propio canciller argentino, torturado hasta el cansancio por los esbirros del dictador Videla, homónimo de Pinochet en la represión a los demócratas. Además, el ex embajador, al colocar en entredicho las violaciones a los derechos humanos como política de Estado, ha borrado de una plumada los informes internacionales y nacionales que probaron fehacientemente las aberraciones cometidas durante el régimen de Pinochet.
Parece que hay seres humanos que más allá de realidades insoslayables o que representen institucionalmente al país, en la hora cero revelan su verdadera ideología y ponen en evidencia los profundos sentimientos que los caracterizan. Es el caso de Otero, a quien los dolores de los chilenos, la fuerza de la razón o la propia evolución cultural de la sociedad no lo conmueven. Por ello, sus frases posteriores de arrepentimiento resultaron poco convincentes. En él no hay tránsito alguno a favor de una cultura democrática. Mala cosa para los esfuerzos del Presidente Piñera de desmarcarse de la derecha decimonónica.
Recuerdo bien a Otero, fiscal de hierro en septiembre de 1973, quien como interventor en la Facultad de Economía de la Sede Norte de la Universidad de Chile, me expulsó de las aulas por “fomentar ideologías foráneas”. Conmigo se fueron a la calle y a las cárceles, con el mismo argumento, profesores intachables, incluido Marco Aurelio García (hoy asesor del Presidente Lula) y alumnos brillantes, quienes han tenido posteriormente una vida pública destacada. Estudiantes y profesores argentinos, brasileños, peruanos, ecuatorianos, bolivianos, paraguayos, panameños, norteamericanos y centroamericanos que convivían en las aulas de la Facultad de Economía de la calle República, convertida posteriormente en el cuartel central de la CNI, fueron reprimidos por Otero. Estoy seguro que él no ha recibido ni el olvido ni el perdón de los 16 jóvenes de mi facultad que fueron ejecutados a partir del “pronunciamiento militar”, promovido por el fiscal de la época. Más aún, con sus dichos, el embajador para tiempos oscuros, abrió aún más la herida abierta en los familiares de los jóvenes mártires.
¡Qué gran diferencia entre Otero y el General Balza!, a quien conocí en Quito cuando yo era embajador y él Comandante en Jefe del Ejército argentino. Al saber que yo había sido detenido en Buenos Aires, gracias a la Operación Cóndor, me habló lleno de emoción: “Embajador Pizarro, le ruego me perdone por lo que le hicimos. Esto nunca más sucederá en mi país”. Con estas palabras, que ya las había hecho públicas a su propia nación, me sentí reparado por Argentina. Eran las palabras de un hombre valiente, que sin hacer cálculos políticos me reiteraba personalmente lo mismo que dijo en una visita a Santiago: “¿Quiénes éramos las FF.AA. para decidir los que tenían que vivir o morir? ¿Quiénes éramos para recurrir a macabros procedimientos, como el homicidio, la desaparición forzosa de personas, la tortura, la privación ilegítima de la libertad y la reducción a servidumbre?” (El Mercurio, 27-09-03)
Las palabras del General Balza me reconciliaron con Argentina, país que quiero y respeto. Por otra parte, en junio del 2003, el Comandante en Jefe del Ejercito chileno, el General Cheyre, pronunció al fin el demorado y esperado “nunca más”, que no fue capaz de efectuar Pinochet. Ello abrió camino al reencuentro de los militares con la ciudadanía. Sin embargo, los civiles instigadores del golpe y la represión en Chile han mantenido hasta ahora un riguroso silencio. Éstos no tienen la humanidad y valentía del General Balza, ni la inteligencia y dignidad del General Cheyre. Es el caso de Otero, quien nunca debió haber sido nombrado embajador en Argentina.
*Rector de la Academia de Humanismo Cristiano. Ha sido ministro de Mideplan, embajador en Ecuador y decano de la Facultada de Economía de la Universidad de Chile.

Los reconocimientos públicos son buenos pero es más importante que se entregue la información que los militares tienen sobre los desaparecidos. La forma organizada de "trabajar" de los represores chilenos, tanto civiles como militares, hacen imposible que toda esa información no haya quedado registrada y sistematizada.
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Personas como esta prefieren llevarse a la tumba sus cargos de conciencia, si es que los tienen. Y lo peor es que no están solos, hay quienes lo apoyan a pesar que le dieron la espalda a Pinochet. Al menos este señor es consecuente con su fascismo hasta el final.
Es notorio la salida de madre de algunos de los "Colaboradores" del nefasto regimen militar, en que simplemente borran con el codo lo que escriben con la mano.Otero cae en ese error garrafal y como el hay otros que aun no reconocen ni dictadura ni detenidos desaparecidos.Menos aun la tortura y otras aberraciones.Ademas, aun quedan ex-uniformados con las mismas ideas,con una fuerte complicidad de silencio acerca de lo que hicieron.Fui torturado en un cuartel y conozco al capitan que lo hizo,pero nunca ha reconocido su actuacion.¿Que queda entonces para civiles comprometidos con esta"Omertá" respecto al regimen dictatorial?.-
Sr Pizarro, muy interesante su artículo que nos muestra una faceta mas del SR Otero, el fiscal verdugo de la dictadura militar en la Un. de Chile, en aquellos años. Sin embargo, no elogie mucho al Sr Marco Aurelio Garcia, porque, conforme la prensa independiente brasileña, el es co-participe de la desatrosa politica internacional de Lula.
Que bueno que aparecen publicados los testimonios de personas que vivieron en carne propia la mano de la dictadura. Otero y los otros civiles que justifican los crímenes de la dictadura, por supuesto que siguen desde su impunidad, mirando con desprecio a sus victimas. Ni una sola palabra de reconciliación, ni un solo gesto de humanidad. La senadora Evelyn Mattei ha declarado que JUSTIFICA el golpe de estado. Que fue necesario. Esta gente no ha cambiado en nada. Siguen tan golpistas como siempre. Sería hora de ponerlos en el banquillo de los acusados por exaltación de la violencia y el crímen.
Señor Pizarro, de usted y de tantos otros chilenos que, sin importar la nacionalidad, son verdaderos seres humanos, no se puede esperar otra cosa que no sea bregar por el bien común,pero me pregunto¿ qué otra cosa se puede esperar de sujetos de la calaña de Otero?. Alguién puede creer que quienes justificaron y callaron, por lo menos, crímenes atroces como los cometidos en nuestro país, merecen el calificativo de personas. Qué otra cosa se puede esperar de este tipo de sujetos, que actuaciones como las comentadas?. yo por lo menos, nada.