La Cárcel de Mujeres de Santiago ha experimentado un cambio radical. Hasta 1996, cuando dejó de estar a cargo de las Hermanas del Buen Pastor, las reclusas no eran más de 300. Predominaba el carácter religioso y había potreros con huertos y caballos. Pero el constante aumento de las mujeres como protagonistas de delitos violentos y en el tráfico y consumo de drogas, han hecho del único penal femenino de la capital un mundo donde más de 1.400 internas conviven hacinadas y segregadas por peligrosidad “al ritmo de la cana”. Hoy, las drogas, el lesbianismo, las jerarquías, las peleas, las carretas y el Coa son la tónica de una prisión que da cuenta de otra faceta del nuevo protagonismo femenino en Chile.
Cuando Laura Chávez ingresó en 2001 a cumplir condena en el Complejo Penitenciario Femenino (CPF) de Santiago, nada era como lo recordaba. En 1994, cuando estuvo ahí por primera vez, el recinto de Vicuña Mackena con Capitán Prat era un enorme espacio donde los árboles frutales crecían, los caballos pastaban por un inmenso parque y los huertos y potreros eran un sitio de libre tránsito para las cerca de 300 detenidas. Las monjas y unas pocas gendarmes eran el ingrediente carcelario en una especie de internado de corte religioso que carecía de altos muros de concreto. Nada lo asimilaba a las cárceles masculinas.
Dos años después, todo cambiaría.
Entre 1864 y 1996, la custodia de las mujeres recluidas estuvo a cargo de la congregación de las Hermanas del Buen Pastor. Por más de 100 años la metodología de encierro, basada en la corrección y en la reforma moral, sirvió para controlar a una población penal de escaso crecimiento caracterizada por internas que mayoritariamente habían cometido delitos simples, como el hurto, y sólo en pocos casos, homicidio.
El 84,8% de las presas chilenas es madre, el 61,2% es soltera, el 46,2% es dueña de casa, el 9,8% es extranjera y el 67,5% está condenada. En la cárcel, el 26% se vuelve lesbiana.
Pero el explosivo aumento del tráfico y consumo de drogas y la creciente participación femenina en actividades delictivas de la última década transformó por completo los rostros del delito y de la cárcel de mujeres. Si hasta la década del ’80 su rol correspondía al de señuelo, encubridora o cómplice del pololo, marido o amante delincuente, en los ’90 su participación en delitos contra la propiedad y el tráfico de drogas aumentó tanto en cantidad como en calidad: actualmente la mujer es detenida como autora y se ha incorporado en grupos criminales estables.
Las estadísticas son claras: la población penal femenina en Chile se ha disparado a niveles impensados. Si en los ’80 las mujeres eran el 3% del sistema penitenciario; a fines de la década siguiente la cifra se duplicó: en 1998 ya eran el 7,7%. Actualmente (hasta el 30 de abril de 2008), las mujeres constituyen el 10,3% de la población penal del país, con 3.553 recluidas y 6.325 condenadas con medidas alternativas.
En el CPF de Santiago, con cerca del 45% de las mujeres presas en el país, el fenómeno ha sido aún más notorio. Hasta 1980 la población no superaba las 160 personas, pero ya en 1998 rondaba las 600 y hoy sobrepasa las 1.400 en una cárcel para 855 plazas. Se trata de un alza de 466% desde que en 1996 las religiosas abandonaron el recinto dejando 300 internas. Y la tasa de crecimiento va en aumento.
Su estructura actual–dice el sociólogo y analista de la sub-dirección operativa de Gendarmería, José Escobar– “es de un penal con mujeres caneras. El cambio tiene que ver con tratar de ‘vivir una cana’, o sea, llevar una vida en prisión que se parece cada vez más a la de los hombres”. En los penales masculinos hay una forma de adecuación que distingue a los presos que no están ni muy adentro ni muy por fuera de los núcleos (los que van ‘orillando’) de los que van ‘al ritmo de la cana’. Estos últimos son los que crean agrupaciones que respetan niveles de jerarquía en relación a los delitos cometidos, al historial delictivo y al nivel de choreza. En ese sentido, el mundo de las mujeres encarceladas ha experimentado cambios que apuntan a lo mismo.
Según Escobar, los factores que influyen van de la mano con la inserción de la mujer en todos los aspectos sociales, entre los que está la “contracultura delictual”. Pero a eso se le suman otras variables.
-Ahora las mujeres son más osadas, más desafiantes, se sienten más seguras y eso es producto del tema de la droga. Aquí o afuera una mujer drogada se siente más capaz de hacer cosas que una mujer lúcida quizás no haría –afirma la teniente Carol Araneda, una de las oficiales a cargo de las secciones del CPF.
Los dichos de la teniente Araneda son refrendados por Laura Chávez. Ella estuvo encarcelada el ‘94 por tráfico de marihuana, pero al volver siete años después, no sólo los huertos, viveros, parques y caballos habían desaparecido. Encontró rejas, candados y altos muros con alambrado para segregar por peligrosidad y situación judicial a las presas. Nada era igual.
El recinto está ahora dividido por secciones. Y el régimen de encierro, sometido por la exigencia del orden y la disciplina. Los gritos, las relaciones lésbicas, las ‘familias caneras’, las peleas y las drogas dominan un ambiente cercado por gendarmes con pistolas y armamento largo. Con cinco garitas elevadas en puntos periféricos estratégicos, y rodeado por terrenos pertenecientes a Gendarmería, el CPF ya es una cárcel. Laura debió asumir que allí viviría sus próximos cinco años.
-Si acá no hablas la Coa, te dan vuelta y te comen –afirma la teniente Carol Araneda.
Los suburbios del penal
Se abre el pesado portón negro de Capitán Prat Nº20 y un camión verde con el sello de Gendarmería ingresa al CPF. Al cerrarse, del camión descienden dos mujeres con sus muñecas esposadas y un chalequillo amarillo sin mangas (el de los imputados, conocido entre las reas como ‘el Pikachu’) escoltadas por dos gendarmes con revólveres en sus cintos. Cruzan lento las primeras rejas hasta el puesto de control. Con la mirada gacha, ingresan a la oficina de clasificación. La escena es rutinaria.
Cada día entra al menos una nueva interna a la única prisión que acoge mujeres en la Región Metropolitana. Y no son raros los días en que ingresan seis o siete. Su situación procesal, el nivel de peligrosidad y datos como, por ejemplo, si sus padres u otros familiares han estado detenidos o si tienen tatuajes o cicatrices, sirven para decidir a cuál de las 12 secciones de la cárcel irán. Al “barrio alto” o al “barrio bajo”, como llaman las internas a las dos alas en que se divide el penal.
El primero corresponde a las secciones donde van las primerizas y las reclusas de mejor comportamiento. En el segundo cohabitan las presas con prontuario, las más choras, las multi-reincidentes.
-Allí las mujeres están más expuestas a riñas y problemas. Son refractarias del régimen interno y para ellas no hay deberes ni obligaciones; sólo derechos –dice la teniente Araneda.
La estancia en el “barrio alto” es una especie de gracia a la que las reclusas acceden por buena conducta. El incentivo mayor es que llegando allí tienen más posibilidades de optar a beneficios intra-penitenciarios como las salidas dominicales, de fin de semana y diarias.
Esa área se divide en los sectores Esperanza, con las imputadas primerizas y unas pocas con medidas cautelares; Pabellón, donde están las que trabajan dentro de la cárcel y las embarazadas; Proceso, donde están las condenadas por el sistema antiguo; y Comunidad Terapéutica, con las pocas mujeres que optan a la rehabilitación voluntaria por drogas. El tratamiento dura año y medio. Actualmente en esa sección hay 12 mujeres y se espera que sólo dos salgan rehabilitadas este año. De ser así, se duplicaría la efectividad de 2007.
Pero la serenidad del sector de la cual hablan las gendarmes es relativa. Cuando Delia Duarte ingresó en 2005 a Proceso, sólo lloraba. Nueve años antes había estado tres meses ahí. Al volver, el cambio era evidente:
-Antes el patio tenía pastito lindo; ahora es puro barro y carpas, igual que una toma de terreno. Habían hecho un comedor horrible donde había casi 200 mujeres, filas para retirar la comida y los primeros días no comía nada, sólo lloraba. Entonces una funcionaria me vio y me dijo: “Vas a tener que ser chora nomás, porque aquí es la ley de la más fuerte. Si eres como pollito te van a pasar a llevar”. Y así no más fue, porque vi mujeres con las caras cortadas y sus brazos llenos de tajos. Casi todas estaban ahí por robo con intimidación, violencia, delincuentes desde cabras chicas… Después de pasar 20 meses ahí, ya no era la misma Delia que llegó.
Entre rejas con amor
En las cárceles de Chile hay todo tipo de mujeres: gordas, flacas, rubias, morenas, viejas, jóvenes, atractivas y feas. De ellas el 84,8% es madre, el 61,2% es soltera, el 46,2% es dueña de casa, el 9,8% es extranjera y el 67,5% está condenada. Al no existir uniformes, cada cual viste con lo que guste y muestra su apariencia según desee. Unas se maquillan o se peinan mientras otras cortan su pelo, fajan sus senos y se visten y actúan como hombres. Esas son las ‘machos’ y en la prisión femenina de Santiago, ellas protegen a sus parejas y se ofrecen para hacer tareas rudas, como armar camarotes o subir televisores. Donde arribó Delia no era la excepción.
Con tres pisos, más de 300 condenadas, algunos perros, unos gatos, y una reja entre las escaleras para evitar los suicidios, Proceso es el sector más sobrepoblado del CPF y el más conflictivo del “barrio alto”. Ahí, los casilleros ya no caben en los dormitorios: están reventados. Y los celulares clandestinos, junto a la droga que ingresa oculta en los genitales femeninos de las visitas, son algo tan normal como las relaciones amorosas entre internas.
Según un estudio realizado en 2003 por la socióloga Paula Silva, el lesbianismo al interior del penal corresponde al 26% de la población y son, en su mayoría, infractoras contra la propiedad (63,4%).
-La mujer recluida es muy sentimental. Al estar encerrada busca afecto y lo encuentra sólo en otra mujer en su misma condición. Pero es circunstancial. Casi todas después se van y siguen siendo heterosexuales –dice el comandante Jaime Concha, jefe del departamento de seguridad de Gendarmería y ex jefe interno del CPF.
A diferencia de los penales masculinos, donde la homosexualidad es algo ‘mal visto’, en el CPF es aceptado tanto por internas como por Gendarmería. Comen, pasean y hasta duermen juntas. Pero también es uno de los principales motivos de conflicto.
-Hay muchas parejas y a veces el amor entre ellas es como una atracción fatal. Eso significa que la mujer no puede ni mirar para el lado, porque ahí el macho asume su rol y se comporta como diciendo “yo soy el hombre y tú me tienes que respetar”. Y cuando se producen infidelidades, vienen los problemas. Al llegar una niña nueva y bonita, tratan de conquistarla y así empiezan. Ahí, cuando pelean los ‘machos’, pelean como hombres. Aunque también hay mujeres que pegan muy bien –cuenta la teniente Araneda.
Los dramas pasionales no están ausentes. Los más recurrentes son producto de la separación de una pareja por el cambio de sección de una de ellas. Entonces el macho empieza a redactar cartas: “Comandante, me quiero cambiar de nuevo, me quiero ir adonde está mi pareja. Si no, me voy a matar”. Según Araneda, eso nunca sucede: si bien los cortes auto infligidos en brazos y estómago y las sobredosis de pastillas para la depresión son comunes, la tasa de suicidios en el CPF es mínima.
Delia debió habituarse al nuevo clima con rapidez. A los “machos” que la abordaban, a los robos cotidianos (especialmente en los días de visita), a las peleas, e incluso a que en la noche la despertaran pidiéndole plata para comprar chicota, marihuana o pasta base. Las mañanas son otro infierno. Al amanecer en uno de los dos dormitorios donde duermen más de 100 mujeres en camarotes con cortinas, empieza el desfile hacia el baño de mujeres con baldes y botellas llenas de orina.
Una vez que las internas están bañadas y vestidas, las puertas de los dormitorios se cierran. Algunas se van a la escuela que administra la Municipalidad de San Joaquín (el 30,6% de las mujeres en prisión no posee educación básica completa), otras a trabajar a los talleres del Centro de Estudios y Trabajos (CET) donde cerca del 40% de las presas presta servicios a empresas. El resto pasa el día haciendo manualidades que luego venden, limpiando el sector y la ropa o haciendo nada. A la hora de almuerzo vuelven y el patio se convierte en el punto del reunión.
Cana en familia
Si Esperanza es el sector ideal para las primerizas y mujeres que corren peligro por haber cometido delitos como infanticidio, Pabellón lo es para las embarazadas. Pero el bullicio del “barrio alto” está en Proceso. En el comedor (o rancho), una enorme fila de reas espera inquieta tras una ventanilla enrejada a que las encargadas de la cocina les sirvan comida. A un costado del patio, un grupo de internas jóvenes baila al ritmo del reggaetón que se cuela de una radio mientras la mayoría cocina y comparte en un área que Delia Duarte llama la “toma de terreno”: el sector de las carretas.
Las carpas, ropa tendida y muebles que inundan el patio casi no dejan ver el muro de separación. Sobre el terreno polvoriento, las mujeres han puesto toldos bajo los cuales han instalado sillas, mesas, cocinillas, televisores, casilleros y todo lo necesario para que su carreta sea un lugar tan cómodo como la terraza de su propia casa. Pero no son de uso comunitario. Cada espacio es férreamente defendido por sus dueñas: grupos de amigas o ‘familias caneras’.
-Son verdaderas “familias”: hay una que trabaja y hace de padre (una “macho”) y otra que ejerce el rol de madre y se encarga de que las “hijas caneras” sean buenas hijas. La sobreprotección entre ellas es muy similar a la de una familia en el exterior. Sus típicas peleas son por ganar más espacio. Aquí adentro impera la ley del más fuerte: esta es mi familia, yo la cuido y la protejo y de aquí para allá nadie se mete –relata la teniente Araneda.
Las cabezas de familia suelen ser las “macho” o las que llevan más tiempo presas: las “caneras viejas”, a las que las más jóvenes asumen como madres. Ellas conocen tan bien el sistema que incluso les enseñan a las gendarmes nuevas el funcionamiento del penal en terreno. Por lo mismo, son las más respetadas al interior del CPF.
No influye tanto el delito que hayan cometido, sino la connotación del mismo: la que haya salido más en los medios es más venerada por sus pares.
Pero también importa si son o no reincidentes. “Si son conocidas adentro –cuenta el comandante Concha–, son admiradas por conservar los nexos en el exterior: de lo contrario son utilizadas, principalmente si llegan por drogas, para quitarles dinero”. Eso ocurre con mayor frecuencia en el “barrio bajo” y es uno de los motivos principales para que las internas del “barrio alto” cuiden a toda costa su conducta, evitando ir a parar al otro sector.
-La mujer recluida es muy sentimental. Al estar encerrada busca afecto y lo encuentra sólo en otra mujer en su misma condición. Pero es circunstancial. Casi todas después se van y siguen siendo heterosexuales –dice el comandante Jaime Concha, jefe del departamento de seguridad de Gendarmería y ex jefe interno del CPF.
Alrededor de 700 mujeres dispersas en cinco patios conforman el “barrio bajo”, una zona en que las presas han hecho de la delincuencia y la agresividad un modo de vida. Todas han cruzado el portón de Capitán Prat más de una vez. Allí, las carretas, las relaciones lésbicas y las jerarquías igual se desarrollan, pero los hilos los mueven las presas más peligrosas, las choras; todas ellas orgullosas de serlo.
-Las que viven en el COD y el Patio 1 del “barrio bajo” nunca han ido al gimnasio a participar de algún evento porque llegan y botan las barreras, suben al escenario y se roban los celulares o los micrófonos de los periodistas. ¡Dejan la embarrá! Te cortan cadenas, te agarran el poto, hacen cualquier cosa a los que están allí. Cuando las niñas de Proceso salen a visita y están por ahí afuera las del Patio 1, te cogotean cuando vuelves con las bolsas. Y si no te cogotean, te piden cosas. Si no les das algo, te llega la chorrera de garabatos y te quitan todo a la mala nomás –dice una interna.
Peleas de niñas
Al principio, Laura Chávez no notó el cambio ya que los primeros dos años los pasó junto a su hija en Cuna, la sección a la que van las reas con niños pequeños. Junto a SEAS (Sección Especial de Alta Seguridad), de confinamiento estricto, y la sección de aislamiento, son las tres áreas que están fuera de los barrios. En Cuna hay parvularias que atienden a los niños mientras sus madres trabajan, asisten a la escuela o sólo pasan el día. Actualmente la habitan cerca de 20 presas, pero su permanencia es transitoria. Cuando el niño cumple los dos años de edad debe irse.
-Fue la pena más grande que tuve… Cuando se fue mi hija me quería morir. Y ella también. Lloraba y lloraba –recuerda Laura.
Ya sin una hija que cuidar, Laura debió emigrar a otra sección. Y desembarcó en la más difícil: el COD. Junto al Patio 1, han sido escenario del último motín con quema de colchonetas y barricadas ocurrido en el penal (2006).
-Si eres conflictiva te rayan altiro la cancha con un “no poh, qué te creí, o peleai o no”. Eso es si llegai haciendo boche… A no ser que vengai de la calle con problemas con una recluida. Como que te acusen de haberle quitado el marido a otra. Ahí las demás empiezan “ah, así que soi patas negras”. Pero si mantení bajo perfil vai a estar tranquila –dice Laura.
En el CPF las peleas son típicas de mujeres: mechoneos, patadas, rasguños y combos. Ahora se agregó el uso de puntas o armas blancas. “Aquí hay mujeres que tienen puntas y algunas se las fabrican, pero no es como los hombres que se hacen lanzas y estoques con pedazos de fierro de las camas o de los marcos de las puertas. En los allanamientos encontramos más colonias que armas. Claro que hay cuchillos o unos guantes a los que ellas mismas les ponen una especie de puntitas en los nudillos para defenderse”, relata la teniente Carol Araneda.
Los principales motivos de las reyertas entre presas son las drogas, el dinero, el territorio y, sobre todo, las parejas, las peleas más bravas. Algunas han dejado a más de una interna en el hospital. A pesar de que nunca se han registrado muertes por riña, sí se dan los casos de heridas con armas corto punzantes.
-Una puñalada y listo. Es más fácil, rápido y no deja marca. Cuando eso ocurre, casi siempre es en la noche y en las piezas. Las mujeres son astutas, nunca lo van a hacer de día, delante del personal. En cambio, los dormitorios son grandes. En promedio albergan entre 30 y 40 mujeres y se presta para los ataques –dice la teniente Araneda.
Según las internas, al día siguiente de una riña, estén moreteadas o malheridas, nadie dice nada. Saben que hablar les significaría represalias y algunos días aisladas en los ‘rosados’: una zona con 12 celdas personales que, aunque iluminadas, son húmedas y sólo caben un par de colchonetas. Allí, la comida se entrega a través de una ranura por la puerta de metal y no se permite fumar. Las reclusas pueden salir sólo dos veces al día para ir al baño. A diferencia de las cárceles de hombres, donde los que cometen alguna falta grave –como participar en un motín, riña o trafico interno de drogas– aceptan los castigos sin chistar, acá las mujeres gritan y se quejan sin parar hasta el fin del aislamiento. En promedio, los castigos duran 10 días.
La cárcel en receso
Son las 14:00 horas y afuera del CPF cuatro filas de personas empiezan a mostrar ansiedad e impaciencia ante la inminente apertura de puertas. Es jornada de visitas y con bolsas de mercadería en sus manos, platos de comida y niños en sus brazos, en las tres filas de mujeres unas se empujan y otras se cuelan mientras se escuchan gritos que no perturban a las que aprovechan la espera para darle pecho a sus hijos. En la de hombres –que nunca es muy numerosa– hay más calma. Algunos conversan, otros fuman. Hace calor, y el polvoriento patio se empieza a llenar de basura mientras que al interior del penal el ambiente es eufórico.
Cada día hay dos horarios de visita: de 9:30 a 11:30 y de 14:00 a 16:30 y las secciones tienen derecho a dos por semana.
-Ese día todas se levantan: ya no hay dolores de espalda, de muelas o de cabeza. Nadie está enferma y desde el día anterior empiezan a tratarnos bien, siendo que tres días atrás te empapelaron con garabatos. Se ponen sus mejores ropas, como si fueran a una fiesta. Se planchan el pelo, se pintan, le llevan regalos a los hijos y tratan de no cometer ninguna falta para estar ahí cuando las llamen y aprovechar el tiempo con sus familiares –cuenta la teniente Araneda.
A sólo minutos de que las visitas han ingresado al gimnasio, las mesas ya están llenas de comida, los niños corren de un lado a otro y un hombre va grupo a grupo difundiendo la palabra del Señor. Parece una gran convivencia donde las reclusas muestran su mejor cara. Sonrisas, besos, abrazos y algunos llantos en el único lugar del recinto con cámaras de vigilancia.
Delia Duarte sabía casi siempre quién iba a verla. Poco antes de la visita se conseguía un celular –$500 el minuto– para llamar a su madre. Cuando llegaba junto a sus hijos, salía de inmediato, al igual que las demás reas, con su mejor pinta y sillas para cada una de sus visitas. Ese es el único momento en que las presas tienen contacto con el exterior. Sólo ahí pueden pedir ropa y útiles de aseo y también ingresar droga y celulares.
De pronto, en el gimnasio suena una bocina. Han transcurrido casi tres horas y hay que despedirse. Las sonrisas se congelan. Los familiares y amigos se retiran por un lado, las reclusas por el otro. Al cruzar la pesada puerta de madera ya les ha cambiado la cara. Se les revisa la encomienda (que ya había sido registrada al ingreso) y sus cuerpos: abajo los calzones, afuera los sostenes.
Ese era el minuto en que Delia recuerda haber visto a varias reclusas llorar porque era la tercera o cuarta visita a la que sus maridos no iban o que, habiéndose conseguido un privilegiado espacio en los venusterios para visitas conyugales, regresaban sin huellas de amor.
-Tenían que volver al patio con su bolso, con la radio, con la comida. Y todas sabían que el marido no había llegado –relata Delia.
En este punto se encuentra una gran diferencia con las cárceles de hombres. Mientras en éstas las parejas, madres o hermanas acuden incondicionalmente y sin pausa, en los penales femeninos la asistencia masculina es mínima y en su mayoría está compuesta por hijos y padres.
Condena de ‘pelo a pelo’
Una mujer con un gato en brazos se pavonea de estar enloqueciendo y llevar 8 años ahí. Le quedan dos para salir en libertad. No dice su nombre, pero sí que no ha postulado a los beneficios intra-penitenciarios porque tiene mala conducta. Y se jacta de ello.
-Me porto mal –dice–. Si yo paso castigada en los “rosados”. Lo más que he pasado ahí fueron 17 días por apuñalar a una loca que me andaba “pintando los monos”. Si yo soy chora. No le voy a aguantar a nadie que me pase a llevar.
No son pocas las mujeres que tienen esa actitud y casi todas están en el COD o en Patio 1, donde el interés por los beneficios que da Gendarmería a las condenadas es casi nulo. Para acceder a ellos se consideran los informes de conducta, la participación en talleres y en la escuela y los informes psico-sociales de su entorno externo. Pero allí muchas optan por cumplir su pena completa, o como ellas dicen, de ‘pelo a pelo’. Todo a cambio de no perder su status delictivo.
En ese ambiente las diligencias criminales no cesan. Al interior del CPF, la droga se vende al doble del precio ‘de mercado’. Pero también es común el trueque: unas zapatillas de un valor cercano a los $50.000 pueden servir para obtener un par de pitos o un poco de pasta base.
Según un estudio realizado por la socióloga Claudia Gibbs en 2001, el 50% de las recluidas por delitos contra la propiedad y el 20% de las presas por tráfico consumen drogas a diario. Y como la oferta suele no ser suficiente para la demanda, los síndromes de abstinencia se han convertido en un verdadero problema de salud en el penal.
-Una puñalada y listo. Es más fácil, rápido y no deja marca. Cuando eso ocurre, casi siempre es en la noche y en las piezas. Las mujeres son astutas, nunca lo van a hacer de día, delante del personal. En cambio, los dormitorios son grandes. En promedio albergan entre 30 y 40 mujeres y se presta para los ataques –dice la teniente Carol Araneda.
Cuando una comisión de la Corte de Apelaciones de Santiago visitó el recinto en abril de 2007, la encargada de enfermería “solicitó un mínimo de once horas dentales adicionales, así como la contratación de un auxiliar dental, en razón de la supremacía numérica de las consultas odontológicas”. Este aumento, según explican en la enfermería del CPF, se debe a la falta de higiene sumada al desgaste en los dientes producido por la contracción muscular propia del síndrome de abstinencia.
Ante eso, Gendarmería reconoce no poder hacer mucho. Como la mayor parte de la droga ingresada lo hace entubada al interior de la vagina, es imposible detenerla. Sin una orden judicial que permita la revisión en un hospital de la sospechosa, sus cavidades quedarán sin registrar. El problema de drogas y violencia en el CPF está lejos de terminar o quizás, apenas empezando.
Actualmente, con 40 funcionarias durante el día y 25 de noche, Gendarmería aún puede controlar la situación al interior de las secciones. Pero la población penal sigue en aumento. Y su evolución, ‘al ritmo de la cana’.
Mujeres delincuentes en cifras
Las estadísticas policiales y judiciales de los últimos años demuestran que la participación de mujeres en actividades delictivas ha aumentado de forma alarmante. Según los datos recogidos por CIPER, entre 1997 y 2004 las detenciones femeninas efectuadas por Carabineros crecieron de un 7,7% a un 13,7%. El alza más importante en ese lapso es de delitos contra la propiedad : de un 12,1% a un 40,3%.
Los datos del Departamento de Estadísticas Policiales de Investigaciones son igualmente reveladores: las mujeres puestas a disposición de los tribunales de justicia entre 2000 y 2004 se elevaron de un 12% a un 15%. Si en el primero de esos años fueron 4.010 mujeres aprehendidas por Investigaciones por distintos delitos, para 2006 la cifra se había duplicado: 8.344.
Hasta noviembre de 2007, 7.908 mujeres habían sido detenidas y puestas a disposición de tribunales, con un promedio de 718 por mes.
En los últimos dos años, la mayoría de las detenciones femeninas realizadas por Investigaciones corresponde a delitos contra la propiedad, alcanzando en ambos años el 30% de las detenciones totales.
La cantidad de mujeres atendidas por la Defensoría Penal Pública también ha mostrado un aumento constante desde el inicio de la reforma. Durante el año 2003, las mujeres representaron el 11,3% de los imputados atendidos por la Defensoría y durante 2004, el 13,6%. En 2005, se atendió un total de 20.269 imputadas a las cuales se asociaron 20.938 delitos, representando el 15,4% del total anual.
En 2006, el 14,6% de los imputados ingresados fueron mujeres; y al año siguiente, sólo hasta septiembre, el 15,2%. En total, en 2006, 29.384 mujeres fueron ingresadas como imputadas; para septiembre de 2007 ya habían 26.876, con un promedio de ingreso trimestral de 8.958.
- La inserción de la mujer en todos los ámbitos a nivel nacional también lleva a una participación en todas las actividades y, entre ellas, a la contracultura delictual. Y es bien difícil decir cuál es la variable que determina directamente este fenómeno, porque son varias. Esto implica un cambio en la posibilidad que tienen las mujeres en la solventación de sus hijos, la falta de acceso a mayores grados de educación y el cambio en la estructura familiar chilena. O sea, hay varios factores y muchos son históricos: la marginación, situaciones de carencias psico-sociales… Además, existe una gran relación entre la deserción escolar, madres solteras sin apoyo de un sólido esquema familiar y con la necesidad de solventar la educación y el alimento –explica el sociólogo y analista de la sub-dirección operativa de Gendarmería, José Escobar.
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Si bien es cierto que La Cárcel de Mujeres de Santiago ha experimentado un empeoramiento radical esto no quiere decir que esta antes haya estado mejor porque no es lo más adecuado que monjas se hagan cargo de personas que han cometido delitos y que estas cumplan un rol de carceleras. El aumento en la cantidad de reclusas es una muestra clara del empeoramiento social que Chile está sufriendo y donde las mujeres no quedan excluidas. El periodo de reclusión tiene que ser un período de rehabilitación y debe estar acoplado a los avances en el reacondicionamiento social más que al tiempo de castigo emitido en las cortes. Si se envía a mujeres a lugares donde van a ser escolarizadas en el delito y en la inmoralidad con la escusa que están pagando una condena es mejor dejarlas en libertad porque la medicina hoy es peor que la enfermedad.
Corrijan el error ortográfico que hay en el texto "si bien los cortes auto infringidos en brazos y estómago y las sobredosis de pastillas para la depresión son comunes... Obviamente los cortes son AUTO INFLIGIDOS
Me gustaría saber de dónde obtuvieron las cifras y datos estadísticos, los que no son siempre citados en el texto, lo que me parece una falencia, ya que le resta credibilidad al reportaje de investigación. Por ejemplo, cuando se habla de que el 84,8% es madre, el 61,2% es soltera, el 46,2% es dueña de casa, el 9,8% es extranjera y el 67,5% está condenada.... esos porcentajes quedan en el aire. Igualmente, cuándo se menciona que el lesbianismo al interior del penal corresponde al 26% de la población, y se refiere un estudio realizado en 2003 por la socióloga Paula Silva, creo que debería vincularse a más información sobre este estudio. Tampoco me parecen sólidos los datos relativos al porcentaje de mujeres privadas de libertad que estudian o trabajan. Cuando se entrega información específica al CPF de Santiago, puedo deducir que esa cifra se obtuvo de Gendarmería, pero eso tampoco queda claro, ni siquiera se cita a la fuente.
Que tal Juan Pablo. Es verdad que te faltó citar la fuente de varios de los porcentajes que nos expones, pues sólo en el recuadro las consideras. Esto no quiere decir que el artículo no sea importante, por el contrario, el que no hayas citado todas las fuentes nos hace preocuparnos mas del tema, y nos lleva a preguntarnos sobre qué otros organismos gubernamentales trabajan en el tema en cuestión. El sociólogo tiene razón, al decir que el quiebre cultural y valórico es en gran medida el responsable del aumento en la cantidad de mujeres que van a parar a la carcel, además del tráfico y consumo de drogas y de la baja escolaridad de las involucradas. Hay que agregar tambien, que si bien es cierto que las hermanas del Buen Pastor ya no están a cargo del manejo de las cárceles de mujeres, no por ello se han desligado de participar en la asistencia espiritual de las detenidas y de su entorno familiar. Tambien a ésta contracultura delictual y todos los otros cambios que han contribuido negativamente al desenvolvimiento de la mujer en la sociedad actual, hay que agregar el tibio rol protector del Estado, que no ha contribuido a minimizar los múltiples problemas que afectan no sólo a la mujer, sino a toda la sociedad en su conjunto, pues todos los organismos creados por éste para ayudar a solucionar las falencias de la misma, tienden sólo a mejorar lo ya deteriorado, sin muchos resultados positivos. La ayuda mas efectiva la están proporcionando las distintas instituciones de la iglesia como Hogar de Cristo, Fundación las Rosas, Un Techo para Chile, y tantas otras. Sin esta ayuda el problema sería mucho mas grave, y todas estas instituciones se financian con aportes privados en gran medida. Si bien es cierto que por parte del Estado tenemos a Sename a Sernam y otras, son todavía muy insuficientes para ofrecer una verdadera prevención de los problemas dela sociedad. Hay que recalcar que ni el estado, ni los gobiernos del momento, ni la sociedad en su conjunto han sabido ejercer su rol protector, para contrarrestar la influencia negativa de la globalización y su avalancha de anti-valores llegados desde afuera, y de los adquiridos made in home. Anti-valores que propugnan el debilitamiento del rol de la familia y su importancia básica y principal. Especialmente los distintos gobiernos de turno parecen haberse coludido con este sistema neoliberal que propugna sólo la importancia de los bienes materiales, y pisotea y destruye los valores más básicos de la sociedad, y que es a mi juicio el verdadero responsable de tanto descalabro. Tambien hay que recalcar el poder destructivo de las drogas, tanto en su poder corruptor, como la rápida adicción a ellas por parte de quienes las consumen, y su dificil y escasa reabilitación. Por ello lo mas importante de para revertir en forma eficaz el problema de la mujer y su rol en la sociedad actual, el Estado y toda la sociedad en su conjunto tiene que ocuparse principalmente de prevenir los males que la atacan, además de tratar de arreglar lo que no está bien. Construir una sociedad mas justa, que de a cada uno lo que necesita es tarea de todos, pero principalmente del estado y sus gobernantes, que son a quienes la sociedad les confía su manejo.
Si no entiendo mal, la intención de este artículo es dar a conocer los cambios negativos, en términos de calidad de vida para las reclusas, que ha experimentado la cárcel de mujeres de Santiago. Si es esa la intensión no logro entender el tratamiento que se le da al tema del lesbianismo, dado que se le equipara absurdamente con otros elementos como la droga y la violencia "Hoy, las drogas, el lesbianismo, las jerarquías, las peleas, las carretas y el Coa son la tónica de una prisión que da cuenta de otra faceta del nuevo protagonismo femenino en Chile." Generalmente en esta web se publican artículos que destacan por su objetividad y por el respeto y valoración de las personas, creo que este artículo es la excepción.
Yo evangelice en la carcel de mujeres durante el periodo en que las madres del Buen Pastor tenian a cargo esa funcion. Ellas no eran las carceleras. Siempre lo fue Gendarmeria de Chile. La diferencia estaba en que las madres llevaban el control de las situaciones sociales que alli se daban y el Estado respetaba sus orientaciones. A medida que fue creciendo el $$ destinado a las carceles fue creciendo tambien el interes de hacer a un lado a la organizacion religiosa. Asi ahogadas por no poder sustentar economicamente su maravillosa labor fueron sacadas de los penales por sus autoridades religiosas. Eso marco la gran diferencia. Yo segui evangelizando en los tiempos posteriores. Cuando ellas ya no estaban. Y soy testigo de que cada dia el nuevo sistema fue ahogando y poniendo rejas tambien a una labor de humanidad y de rescate de personas. Entro Gendarmeria de Chile con todos sus sistemas de control de la poblacion y sus profesionales. Entraron las rejas, salieron los jardines. Entraron nuevas formas de orientacion de la realidad penal y salieron los verdaderos encuentros humanitarios, espirituales. Nunca mas las internas salieron de paseo con las madres en la vieja Van que ellas conducian. Nunca mas las Gendarmes volvieron a compartir de esa forma tan cercana con mujeres que no habian tenido la misma suerte de llevar una vida diferente. No quiero decir que Gendarmeria no sea humanitario. No. Quiero decir que pastelero a tus pasteles. Para Gendarmeria un interno en las carceles es alguien del que debe dudar siempre y a quien debe quitarle espacios de llibertad. Para las religiosas un preso es alguien con quien se puede sonar con la rehabiitacion y el cambio. Y para ello se tomaban mucho tiempo. Regalaban su tiempo para oir,para acompanar. Hoy la Iglesia sigue estando presente a traves de la P.Penitenciaria, pero es una presencia limitada por las autoridades a dias y horas y si les acomoda tambien a la ausencia de esas visitas. La diferencia esta en que las madres vivian con ellas. Hoy son "visitadas" La droga, el lesbianismo han siempre parte de la cultura carcelaria. Y las madres sabian de la existencia de ese cancer. Pero este era ocultado porque ellas ahi adentro representaban una presencia moral,una presencia espiritual que cualquier encarcelado valora muchisimo. Eran Cristo y eran Maria. Esto es lo que la mujer encacelaa ha perdido. Y Chile ha perdido. Y la familia chilena ha perdido. Por que no volver a pensar en reconstruir pasos bien dados en pos de la rehabilitacion de verdad?
Me ha gustado mucho el artículo. Da una pincelada fiel, o por lo menos eso espero, de lo que acontece en el recinto. Sin embargo, me parece innecesario que se hable de esa manera del lesbianismo, equiparándolo a delitos al nombrarlo de la siguente manera:"Hoy, las drogas, el lesbianismo, las jerarquías, las peleas, las carretas y el Coa son la tónica de una prisión que da cuenta de otra faceta del nuevo protagonismo femenino en Chile". Así se insinúa el lesbianismo como algo negativo. El que se diga que entre ellas tienen relaciones amorosas y sexuales (aquí se podría poner el porcentaje, por ejemplo), incluso se peleen en caso de infidelidad, es más que suficiente para que el lector sepa de qué se está hablando. La insinuación, con independencia a lo que piense el periodista o haya sido su intención, solamente revela una mentalidad que subyace en nuestra cultura chilensis, haciéndonos más daño aún. Saludos y gracias, Roberto
Hola, pienso que Gendarmería de Chile, debería tomar conciencoa con respecto a esta realidad, el Centro Penitenciario Femenino de Santiago, siempre ha sido el hermano pobre de las carceles de Santiago, la Institución no ha sido capza de visualizar la construcción de un nuevo penal femenino en santiago, el cual ayudaria a disminuir el hacinamiento que allí se encuentra y de alguna forma velar por la seguridad del personal uniformado que allií labora, además de inyectar más personal, buscar la forma de motivar a las uniformadas, par que quieran trabajar en ese establecimiento.
hola, me parece patético y aburdos los comentarios sobre en centro de reclusión de mujeres cuando estaba a cargo de una congregación de religiosas. para hacer ese tipo de comentarios, ¡joder!, hay que informarse, una cosa es la superficie y otra, muy distinta, la de fondo con respecto al adoctrimiento y la clase de rehabilitación que estas hermanas propugnaban. existen tantos fuentes litetarias (un libro publicado por LOM llamado, curiosamente, cárcel de mujeres), como ensayísticas al respecto. llegar a decir una burrada (no se le puede llamr de otra forma) como "La ayuda mas efectiva la están proporcionando las distintas instituciones de la iglesia" es exagerar y betaificar el rol de la iglesia (la mejor persona que ayuda se queja de la injusticia, pero nunca, nunca, dice que él es el justo). cualquier sociólogo o antropólogo con dos dedos de frente dirá que en gra parte, la imagen representacional o simbólico de la mujer impulsado por la iglesia católica en latinoamerica (es decir, obvio, la virgen maría) ha sido la culpable en gran medida de los espacios en los cuales ha sido marginada la mujer (quien quiera saber más al respecto, que lea huesos en el desierto, del periodista sergio gonzález rodríguez, sobre las asesinadas de ciudad huárez, en méxico). realmente, este tipo de opiniones "ellas ahi adentro representaban una presencia moral,una presencia espiritual que cualquier encarcelado valora muchisimo. Eran Cristo y eran Maria. Esto es lo que la mujer encacelaa ha perdido. Y Chile ha perdido. Y la familia chilena ha perdido", a final de cuentas, son para la risa y demuestran a ojo de buey desde donde son proferidas. yo, por mi parte, valoro la intensión de contrarrestrar el pasado del presente del CPF, pero soy una persona desconfiada si el presente (y esto se nota en los comentarios de las reclusas expuestos en el artículo, elegidos explicitamente para provocar un efecto de luz, el antes con sus jardines con caballos al aire libre, y la sobra, la actual delectividad intracarcelaria). si alguien me viene con esa frase cliché, pegada a la boca de los chilenos, de que todo tiempo pasado fue mejor, me vienen naúseas y me siento como cuando a uno lo caga la paloma que, feliz, uno contempla sobrevolar los cielos. eso es cosa de revisar nuestra historia.
Esto es lo que la mujer encacelaa ha perdido. Y Chile ha perdido. Y la familia chilena ha perdido”, a final de cuentas, son para la risa y demuestran a ojo de buey desde donde son proferidas. yo, por mi parte, valoro la intensión de contrarrestrar el pasado del presente del CPF, pero soy una persona desconfiada si el presente (y esto se nota en los comentarios de las reclusas expuestos en el artículo, elegidos explicitamente para provocar un efecto de luz, el antes con sus jardines con caballos al aire libre, y la sobra, la actual delectividad intracarcelaria) es una isla separada del pasado. si alguien me viene con esa frase cliché, pegada a la boca de los chilenos, de que todo tiempo pasado fue mejor, me vienen naúseas y me siento como cuando a uno lo caga la paloma que, feliz, uno contempla sobrevolar los cielos. eso es cosa de revisar nuestra historia.
primero que nada el que hable mal de las religioasa es un fracasado. porque cuando las religiosa tomaron el mando todo era hermoso. la mujer no era descrimidad. era tratada con amor era escuchada,comprendida. por ende tenia su libertad dentro de la carcel tenia muchos beneficios que hoy no tienen . y maldigo el dia en que sacaron a las religioas del buen pastor a ellas las respenta. sobre todo el hombrecito que se atreve hablar mal porque .1 tu no las conoces. .2 tu no viviste con ellas no sabes. culturisate para hablar de ellas hombre tenias que ser . simpre ocpacando cuando tu no eres nada a mis religioas me las respetas
hola señorita nancy. la verdad yo creo conocerla si no mal recuerdo usted estava de novicia cierto. conocio a las religiosas tanto como yo yo estuve interna en puente alto si es usted me gustaria saver yo le devo muchas disculpa a usted ya que comportamiento no fue muy grato ya que las dos corpartiamos mucho con las religiosas y si es usted yo era la regalona de la madre eliana recuerda bueno espero tener contacto con usted dejeme su correo.
bueno espero que este super bien
Encontré muy interesante el artículo, aunque concuerdo con los primeros comentarios sobre la falta de referencia hacia la proveniencia de los datos. Eso es fundamental al momento de realizar juicios como los que se hacen aqui. Además, seria muy interesante saber de donde viene tal investigacion, ya que dudo que sea de manos de Gendarmeria, debido a la poca consistencia y regularidad de los estudios realizados ahi (que en realidad provienen de Unicrim, el cual ni siquiera tiene los datos actualizados del CPF). Yo acabo de terminar mi tesis en el CPF y me gustaria añadir algo. Este articulo expone muy negativamente la vida de las internas, y por el contrario aquellas entrevistadas en mi estudio hablan bastante bien de su vida adentro, refiriendose a ella como tranquila (si se quiere), no les falta nada, y a parte de los problemas psicologicos y las enormes penas de estar privadas de libertad, hay poco que le cambiarian al sistema de reclusion. La situacion no es ni cercanamente tan terrible como la de la carcel de hombres, y dicho por las mismas gendarmes, ambas carceles no pueden siquera ser comparables (especialmente para efectos metodologicos).
bueno primero que nada. muy bueno el reportaje de diana felicito a la primera reina y pucha hojalas se porten bien para que tengan mas beneficios .les deceo lo mejor
..interesantísimo vuestro artículo, muestra una cara poco conocida del sistema carcelario chileno, y en éste, la sociología puede ayudar no sólo a explicar, sino también puede apoyar en la gestión e implementación de sistemas más humanos que, junto con atender las normas y procedimientos de gendarmería, promueva estrategias y acciones que entregue luz y esperanza a las reclusas, punto especialmente relevante cuando se asume que un alto porcentaje de las reclusas son madres y, por lo mismo,tienen mucho peso en la crianza y en los modelos de madre, mujer y ciudadana.. ..si se les apoya como madres, no sólo se puede contribuir a un mejor proceso dentro de la cárcel, sino además, se favorecerán mejores oportunidades para sus hij@s, y ese es un esfuerzo que bien vale la pena promover
yo estuve ahy mas de 5 años y no crean que todo es tan tan malo es verdad lo que dice esto pero igual hay cosas positivas dverian publicarlas salen bkn las cabras en las fotos xao y gracias
yo estuve ahy mas de 5 años y no crean que todo es tan tan malo es verdad lo que dice esto pero igual hay cosas positivas dverian publicarlas salen bkn las cabras en las fotos xao y gracias por decir la realidad de las cosas
porque cuando un ser como nosotros mismos por un error lo condenan a pasar como un animal encerrado sin tener un poco de cariño, me gustaria saber de esa perpona que desea lo peor para ellas se ponga en el lugar de una de ella Somos unos canallas esto es para todos e incluido yo El Estado deberia financiar un proyecto que sea no solo "mejorar"sino rehabilitar a estas mujeres y entregarles herramientas que sean util a la sociedad y vuelvan a ser seres humanos "como nosotros"
Hola! es muy cierto lo de citar las fuentes bibliográficas porque le resta creidibilidad. Me pareceria interesante que hablaras mas de la escuela carcel que les da muchas oportunidades a las reclusas muy importantes. Esto muy interesada en este tema, porque estoy haciendo una investigación en la carcel...podrias darme mas info????? gracias!!!!!
hola soy pilar me gustaria que me contesten lo que les voy a preguntar 1.-porque se le quita la maternidad a la mujer que esta presa 2.-porque los bebes que nacen dentro de un recinto penitenciario son marginados y marcados desde que nacen 3me gustaria trabajar en ayuda a la mujer presa en periodo de gestacion
Estimada Pilar, Las normas al interior del CPF establecen que sólo los niños menores de dos años pueden vivir junto a sus madres en un sector especial dentro del penal (Cuna). Eso quiere decir que si una mujer recluida tiene un hijo mayor a esa edad, éste no puede convivir con ella dentro del recinto, o que al cuplir esa edad, debe salir de la prisión. En ese momento se entrega su tuición a algún familiar o, en su defecto, a centros del Sename. Sobre las mujeres en estado de gestación, hay muchas en esa situación al interior del penal. Para poder trabajar con ellas debe acercarse hasta el CPF y conversar con la persona que esté a cargo. Equipo CIPER