María Cartagena, ex temporera, cuenta una historia increíble. Luego de convertirse en uno de los rostros en la lucha por los derechos humanos y de pasar 17 años tratando de dar con su hermana Eloísa, se llevó la sorpresa de su vida: en vez de militares o agentes de la dictadura, acá el victimario fue su cuñado.

Los grandes y bellos ojos claros de María Cartagena brillan en varias ocasiones hasta que la última barrera de contención se derrumba y un torrente de emociones y dolores estalla. Todo su cuerpo se estremece, pero María hace acopio de sus fuerzas y asfixia sus sollozos. Y es que esta mujer de estatura imponente y rostro limpio ha sido implacable para cumplir con su deber de pasar inadvertida durante sus casi 59 años de vida. Incluso en los momentos límites. Pero ahí están sus múltiples huellas tanto en la defensa de las temporeras en Copiapó, trabajo que ha hecho por más de 20 años, como en la búsqueda de detenidos desaparecidos durante la dictadura, tarea que la llevó a convertirse en una estrecha colaboradora del obispo Fernando Ariztía de Copiapó, uno de los pilares de la defensa de los derechos humanos en Chile.
Como miles de mujeres chilenas, María fue una modesta dueña de casa. Su misión: mantener funcionando con lo que fuera la olla y el techo que daba cobijo a sus siete hijos y a su marido. Hasta que la noche del Año Nuevo de 1974 su vida dio un giro brutal y sorpresivo. Ese día María cambió de piel y a los 23 años comenzó a escribir otra historia. Una que la empujaría a ser protagonista anónima del submundo de los perseguidos y la conduciría hasta los parronales para ganar el sustento de los suyos. Dejemos que ella misma nos cuente su historia:
“Hasta 1974 yo era una dueña de casa muy apegada a la Iglesia Católica. Una mujer muy humilde y tímida porque fui criada por mi abuela en Ovalle. Mi mamá trabajaba y mi papá atendía el Club Árabe y el Club Social, y como tenían siete hijos, casi nunca estuve con mi mamá. A los 15 años ellos se separaron y me mandaron a estudiar a Copiapó, pero después mi mamá me mandó a buscar para que la ayudara con mis hermanos. Primero me mandó a trabajar a las tiendas, y después fui secretaria de don Raúl Salamanca, abogado de Ovalle. Don Raúl me enseñó mucho. Pero yo no fui feliz en mi juventud… La separación con mi madre, y los golpes, muchos golpes de mi mamá… Yo era la regalona de mi papá y por eso mismo creo que mi mamá me tenía celos. Y me duele decirlo porque ella está en este momento muy grave en la Unidad de Cuidados Intensivos en el Hospital de Copiapó. Y yo estoy sufriendo por ella.
Si he de ser sincera, debo decir que nunca tuve lo que se llama una mamá. Entonces, cuando me casé, me aferré mucho a mis hijos. El primer año de casada fue malo, mi marido me golpeaba. Yo nunca fui coqueta, pero los hombres me miraban…Un día mi papá se enteró de lo que me pasaba y me dijo que yo no tenía que dejarme golpear más porque lo tenía a él. Y por un tiempo se acabaron los golpes. Sufrí mucho, pero tenía a mi papá que me ayudaba incluso con dinero. Hasta que en 1985 mi papá se enfermó y con siete niños tuve que empezar a trabajar. Cuando a él le dio un infarto, ya no tuve más ayuda y me fui a los parronales. No sabía que me quedaría en los parronales por 20 años.
La desaparición de Eloísa
“Ayudaba a sacar gente que era perseguida, me atreví a ir a las minas a darles comida y muchas otras cosas que me pedía el obispo. Éramos pocos, casi puros abogados. Y con mis siete hijos yo despertaba pocas sospechas. Fíjese que esta es la primera vez que hablo de lo que hice en esos años.”
Mi vida cambió para el Año Nuevo de 1974. Ese día desapareció mi única hermana: Eloísa Cartagena. Desapareció junto a su marido. En Ovalle todos decían que la habían matado los carabineros. Fue terrible para mí, porque éramos muy unidas. Desde entonces, todos los años nuevos para mí son diez minutos de dolor. Me puse a buscarla y fue así como me relacioné más con la Iglesia Católica y el obispo Fernando Ariztía. Me incorporé a la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos y ahí me hice una mujer fuerte. Trabajar en los parronales me hizo más fuerte aún.
Ayudaba a sacar gente que era perseguida, me atreví a ir a las minas a darles comida y muchas otras cosas que me pedía el obispo. Éramos pocos, casi puros abogados. Y con mis siete hijos yo despertaba pocas sospechas. Fíjese que esta es la primera vez que hablo de lo que hice en esos años. Ni mi familia ni siquiera mi marido supieron que yo llevaba gente perseguida a la casa y los presentaba como parientes lejanos. Y como mi marido pasaba en la calle, no se daba cuenta de las visitas. Sólo cuando fui a los cerros a darle comida a una persona que estaba allí escondida dijeron en la población que yo tenía un amante. Le llevaba comida al ex alcalde Celindo González, que está vivo todavía. Me dijeron que era él, pero se disfrazaba y al final nunca supe si de verdad lo alimenté a él. Por ese comentario mi marido me empezó a pegar más y más. Y ni siquiera por eso hablé…
Las versiones que se conocieron en Punitaqui y Ovalle decían que a mi hermana la habían matado los carabineros. Y hasta algunos contaron que habían visto cómo la sacaron en un camión tolva. Pero mi hermana nunca fue política. Ninguno de mi familia se metía en política. Sabía de un abuelo que fue revolucionario, pero nadie más. Un día de 1989, un jefe que tenía en la Unifruti, don Jaime Rodríguez, me pilló llorando. Le conté lo que me pasaba, que no encontrar a mi hermana era como una culpa, que yo la sentía cerca y soñaba con ella.
-Trabaje en la cosecha y la va a encontrar -me dijo.
Y entendí lo que quería decir. Junté $ 850.000 pesos en esa cosecha, trabajando desde la siete de la mañana hasta las siete de la mañana del otro día, dormía una hora y seguía trabajando. Fue un momento muy especial, juntaba plata para mi hermana y al mismo tiempo eran las grandes manifestaciones por la recuperación de la democracia y yo participaba de todo eso. El abogado que me ayudó fue don Eduardo Morales. Junto a Viviana Poblete y Leonor Cifuentes encabezaban esa gran batalla en mi región. Aprendí mucho en ese tiempo.
En enero de 1990 pasó algo distinto: algo me molestaba, como que por cualquier parte mi hermana me hacía sentir su presencia y me recordaba que la buscara. En febrero fue peor, sentí que me estaba volviendo loca. Lloraba sola en el parronal, lo único que le pedía era que me diera una pequeña pista para encontrarla. Hasta fui a hablar con una vidente. Le llevé dos fotos, porque nosotras éramos idénticas. Y la vidente me dijo: “Ella se llama Eloísa, está muerta y está en Ovalle. No te puedo decir más”. Bueno, ese febrero de 1990, trabajé en las últimas cosechas con mucho dolor de espalda. Y un día, al llegar de las parras a mi casa, mi marido me dijo:
-María, no sabís na quién está donde tu mamá: el “Chato”, el hijo de tu hermana.
Yo no lo veía desde que el niño tenía 2 años, cuando desapareció mi hermana, porque a él lo dejaron con la mamá de mi cuñado, que también desapareció. ¿Y sabe qué me pasó? Se me quitaron todos los dolores y me fui corriendo a la casa de mi mamá. Ahí estaba el “Chato”, ya tenía 20 años. Y le digo:
-Chatito, ¿dónde está tu papá?
-En San Julián -me dice.
Yo no sé por qué le pregunté eso al niño. ¡Se lo juró! Si yo iba a ver al hijo de mi hermana que no había visto desde que ella desapareció. Fue ahí que vi claritas muchas dudas en mi familia… Dudas que me dejaron marcada (su voz se quiebra)… Y decidí ir a Investigaciones. Yo había estado en contra de esos policías y también de Carabineros, les hacía protestas con velas, apoyaba a los niños cuando protestaban y se tomaban la universidad, di la cara y me pegaron… ¡Cuántas veces lo hicieron carabineros y “ratis” conmigo! Pero esa vez fui a hablarles… Y también les lloré. Llevaba en un sobre toda mi platita que había ganado en la cosecha, los $850 mil pesos. Y les dije que esa plata era de ellos si me ayudaban a encontrar a mi hermana. Les dije que había aparecido el hijo de ella, les pedí que lo tomaran detenido junto a uno de mis hermanos, que ambos tenían que saber algo. Les dije que tenía una duda terrible… Y ellos me escucharon y me dijeron:
“¿Cómo lo hacemos?”.
-Les cuento mi plan –les respondí-, lo he soñado toda una noche. Miren, el lunes detengan a mi hermano y al “Chato”. Yo sé que en diez minutos les van a decir dónde está el marido de mi hermana. Porque desaparecieron juntos, mi hermana con su marido, y si ahora aparece él solo, tiene que saber dónde está mi hermana.
Pero los policías me dijeron que no podían hacer lo que les pedía. Y como vieron que estaba tan desesperada, me preguntaron:
-¿Cuándo desapareció su hermana?
-Hace 15 años, en Ovalle- les dije.
-María, anda donde tu mamá, que ella abra un juicio en Ovalle –y me dijeron paso a paso lo que tenía que hacer.
Así fue como me comuniqué con don Carlos Stuardo, un policía de Ovalle. Ese día me voy donde mi mamá y le digo:
-¿Le gustaría encontrar a su hija?
-Claro, es lo que más deseo -me respondió.
-Pero, ¿caiga quien caiga? -le digo.
-Ah, no, pos -le escucho.
¡No me quiso ayudar! Yo ya no podía parar. Me fui donde uno de mis hermanos:
-Chico, mi mamá no me quiere ayudar, ¿tú quieres encontrar a la Elo?
Y mi hermano partió a convencer a mi mamá.
-No tengo plata para ir a Ovalle y tampoco para abrir el juicio -dijo ella.
-Aquí hay plata -le supliqué-.
Usted solamente reabra el proceso que yo doy la cara por toda la familia, pero busquémosla.
El domingo mi mamá se va a Ovalle. A la mañana siguiente abrió el juicio y ese mismo lunes, a las 12 del día, detuvieron a Guillermo Villar, el marido de mi hermana. A las seis de la tarde ya había confesado que fue él mismo quien mató a mi hermana. La estranguló… Y él mismo la enterró…
Su marido la enterró frente a Lagunillas. Estaba enterrada sola, con pura arena y piedras, en un basural junto a muchos animales muertos… Y estaba embarazada de cuatro meses… Después, se la llevaron a Santiago. Y mire como son las cosas, a mi hermana la encontramos el 1 de marzo y el 2 de marzo aparecieron los desaparecidos de Pisagua. Así que mi hermana tenía en la patita el número 62. Y me la entregaron en junio para que yo la enterrara. Yo le compré el cajoncito… No quise que nadie la viera, porque teniendo tanta familia en Ovalle nadie la había buscado. Y era mi única hermana… Siempre tuve la duda de si estaba metida en política. Y no lo estaba. Apareció en la lista de los detenidos desaparecidos, pero no era una desaparecida…
Lo peor fue que encontrarla me significó el desprecio de la familia, porque tomaron preso a mi cuñado. Cuando apareció Guillermo, el marido de mi hermana, les contó a ellos la historia de que mi hermana iba arrancando por la Cordillera y se había reventado en sangre. Les pidió que a mí no me dijeran nada, que después él mismo me contaría. Estuvo poco tiempo preso: solo ocho meses…
-Un día decidí ir a verlo a la cárcel. Me atreví porque con todo lo que había aprendido de los palos de la dictadura, ya no era la misma mujer que cuando mi hermana desapareció. Me enfrenté con él y no fue capaz de decirme por qué lo hizo. Después, los mismos presos políticos del penal donde estaba lo acuchillaron. Y ya no pude ir más. Sé que ahora está inválido. Desapareció junto con mi hermana y apareció 15 años más tarde porque conocía como funciona la ley de prescripción. Lo peor es que varios en la familia sabían donde estaba. Hasta mi mamá…
“El proyecto que dio origen a este trabajo fue el ganador de las Becas AVINA de Investigación Periodística . La Fundación AVINA no es responsable por los conceptos, opiniones y otros aspectos de su contenido.”
entre a esta pagina buscando a un pariente que hace 30 años que no veo. es muy interesante la evolucion de la entrevistada. refleja sus cambios y su condicion de vida. es emotivo y esperanzador. excelente trabajo.
La pérdida de un ser querido duele, sin duda, pero no poder ir a algún sitio a dejar una flor, imagino que duele aún mucho más. Conocí a una persona que me confesó que su marido no era un detenido desaparecido, sino que se había ido al Brasil con otra mujer.Siempre yo había pensado que esto era un invento. Es increíble como hay y hubo historias emocionalmente devastadoras dentro del horror del pasado, es bueno conocerlas y honra a las personas que las comparten,hay que ser valiente para admitirlas, porque al final la historia se debe escribir siempre con la verdad.Interesante artículo, tremendo también que haya sufrido tanta violencia intrafamiliar.
La verdad es que no me extraña la historia de María Cartagena , pero desgraciadamente una golondrina no hace verano, me gustaría que fuesen muchas más en ese caso , y no ,con lo que verdaderamente pasó. Lo importante es no seguir revolviendo sobre lo mismo y avanzar ,ya que lo que pasó ya no se puede remediar,sólo nos puede dejar una enseñanza a futuro y a los que debe darseles esta enseñanza es a las nuevas generciones ,que lo único que están viendo son recriminaciones y odios. ¡Por favor enseñemosles el amor y no el odio ! ----------------------
Muy buena la nota, reconstruye un drama humano, pero Eloisa Cartagena nunca fue reconocida como detenida desaparecida, el mov de derecho humano era prudente y se requeria que la persona hubiera sido vista en recintos de tortura, o existiera antecedentws mayors ademas de la simple ausencia Lo cierto amiga ximena que no es odio sino justicia y la tarea es lograrla ma alla de lo hipocritas llamado a olvidar y perdonar que hacen lo profitadres del silencio y lo olvidadizos profesionales. Vean la publicacion Donde estan o el informe retting y no hay un elosisa cartagena reclamada como detenida desaparecida
Aquí tenemos un ejemplo de las historias de aquellos q
KIERO BUSCAR A MI HERMANO LLAMADO ALEX ANGEL CAHUANA LIMAY K CUANDO NACIO LO LLEVARON UNOS ESTRANGEIOS EN NACIO EN AGOSTO DEL 1989 EN CAJAMARCA PERÙ SU MADRE ES MARIA CONSTANSA LIMAY DELGADO Y SU PADRE NO LO RECONOCIO SE LLAMA CONSEPCION CAHUANA CUSQUISIBAN EN CUNTO NACIO CASI ALOS 6 MESES FUE ENTREGADO AUNOS ESTRANGERO EL TUBO UNA GEMELA LLAMDA PERLA CAHUANA LIMAY KIEN SI SE KEDO CON SU MADRE ELLA SE K SE ENCUNTRA EN LIMA YO VERONICA CAHUANA LIMAY BUSCO A MIS DOS HERMANOS YO VIVO CON MI MADRE Y MI PADRE EN CAJAMARCA PERU SI ALGUIEN SAVE DE ELLOS AVISENME AL NUMERO 976821848 O AL CORREO VEYCA_ESCALY@HOTMAIL.COM
Relatos como éste sólo demuestran la precaridad absoluta de estos torcidos procedimientos de ddhh y el golpe furioso a la verdadera justicia. Tanto que se habla de muertes y torturas y se inician juicios de a oidas, se condenan a los que una vez nos liberaron de las penas del infierno al mismo destino y, el Estado (a costa del sudor del pueblo) beneficia a esta clase privilegiada y mentirosa. Claro que tiene que haber habido víctimas, pero ello ocurrió en ambos bandos de la guerra civil y armada y sólo a unos se les perdonó, a los otros, los que respondieron defendiendo a la ciudadanía se les castigó. Casos como el de esta señora que no muestra ni un ápice de remordimiento por su odio contra el ejercito que resulto no ser más que una fantasía y otros de cientos de aprovechadores como la amiga de Brenda tienen a nuestro país sumido en el odio y la miseria. pd. Brenda, deberías ser mas humana y denunciar a tu amiga, por culpa de la inmoralidad de ella, esta pagando de forma injusta mucha gente.
Mi nombre es Angelica Villar Cartagena soy hija de Eloisa Cartagena y creo necesario exponer todo mi rechazo hacia este reportaje , la razon es muy simple existen muchos datos e informacion que no corresponden y que distan enormemente de la realidad. Quisiera dejar en claro que no tuve , ni tengo problemas personales ni de ninguna indole con mi tia la Sra. maria cartagena, sin embargo,quiero decir que cuando mi madre fue encontrada yo estaba presente, y la informacion entregada sobre mi persona y mi hermano no corresponde. Mi tia estaba en ese momento con la familia entregando informacion sobre mi madre en radios y diarios locales , debido al gusto que ella tiene por aparecer en estos medios, sin embargo, el hecho que ella cuenta sobre la conversacion con mi hermano Guillermo Villar nunca existio. Me da mucha tristeza saber que se esta jugando con el nombre de mi madre y peor aun que mi tia lucre o juegue con el nombre de su hermana. Siento que se ha tomado atribuciones que no le corresponden ni a ella ni a nadie mas que a los hijos. puede que el hallazgo de mi madre coincidio con los eventos sobre detenidos desaparecidos pero digo firmemente que no tiene nada que ver un hecho con otro.Aunque el cuerpo de mi madre ayudo a esclarecer muchas dudas sobre el reconocimiento de cuerpos y mas aun aparecio en la revista Ercilla dejo claro que no tiene relacion con los detenidos desaparecido, no habia entregado una respuesta a este reportaje debido a que ninguno de nosotros ni mi hermano Guillermo Villar Cartagena ni yo, Angelica Villar Cartagena , teniamos informacion de la existencia de dicho reportaje, el cual fue encontrado en la web por casualidad. Gracias por este espacio.
YO TAMBIEN KIERO BUSCAR A ALGUIEN PERO A MI MAMA